Título: Dos son mejor que uno.
Parejas: Alfred F. Jones x Arthur Kirkland [UsaxUk]
Resumen: Todo tiene su riesgo. Meterse en problemas resulta ser un dolor de cabeza y más cuando estás apostando lo que tanto luchaste por obtener. Alfred F. Jones, capitán del equipo de Futbol Americano, aceptará cualquier cosa para evitar su expulsión, aunque esto sea ponerse bajo el mando del estricto Presidente del Consejo Estudiantil, Arthur Kirkland.
Advertencias: Relación Hombre x Hombre.
Disclaimer: Hetalia pertenece a Hidekaz Himaruya. El título y la canción pertenecen a Boys like Girls. La idea y el escrito si son de mi propiedad.
Capítulo 2
Maybe two is better than one
There's so much time
To figure out the rest of my life.
A Arthur le desagradaban muchas cosas. Entre ellas, se podía contar el té frío, la gente impuntual, los hotdogs, las hamburguesas o cualquier tipo de comida asquerosamente americana. Eran cosas que en el transcurso de su vida, se fueron dando y así él pudo colocarlas en su lista negra. Sin embargo, había cosas que odiaba desde el mismo momento que llegó a la tierra. No, solo había una cosa.
Y era cualquier cosa que proviniera de Francia.
Siempre supuso que era un sentimiento meramente nacional por todos los conflictos que tenía Inglaterra con el país franco, algo que se dio cuando de pequeño le enseñaban historia inglesa y bueno, pudo sacar sus propias conclusiones. Pero se dio cuenta al entrar a la Academia de porque realmente odiaba cualquier cosa relacionada al país del amor: La culpa la tenía su padre, un reconocido diplomático, que se fue a relacionar con esa familia, que tenía cierto hijo indeseable.
No quería volver sobre sus desagradables infantiles recuerdos con el maldito frog, aunque eso siempre costara. Y muchísimo, porque tenerlo que ver todos los malditos días de su miserable existencia, era todo un reto.
─ Pero, mon cherié, ¡no me digas que no es una estupenda idea!
─ ¿Hacer un lavado de autos vestidos de manera sugerente? ¿En qué diablos estabas pensando?─ clamó Arthur dando un fuerte puñetazo al escritorio. Ya hacía una hora que estaban discutiendo de lo mismo, retrasando lo programado en la agenda del día, y realmente se estaba cansando ─. Francis, no dejaré que tus pervertidos deseos se concreten y manchen la reputación de no solo el colegio, sino del Consejo.
Francis Bonnefoy, el odioso francés que había compartido casi toda la vida con el inglés, lo miró ofendido desde su asiento, al otro lado del escritorio de Arthur. Realmente había puesto mucho esfuerzo de su parte en imaginar –como diría Kirkland– o en planear –como diría él– tan ¿ambicioso? proyecto, cuyo fin era recolectar ganancias para el tan esperado Baile de fin de año. Ese Baile que el inglés estaba programando minuciosamente y sería el que lo catapultara a la fama entre los estudiantes, asegurándose, una vez más, su puesto de Presidente Estudiantil.
─ Lo que pasa es que eres anticuado y no sabes lo que la gente quiere ─ protestó el Vicepresidente, fulminando con la mirada a Arthur ─. Sabes que me votaron porque yo traería al lugar una brisa fresca, rejuvenecedora, llena de sensualidad y magnetismo animal. Traigo arriba mío todo lo fran…
─ Cállate. Ya empiezas a decir sandeces. La respuesta es no y no se discute más. Ahora, si me disculpas, seguiré con lo mío ─ lo interrumpió, frunciendo sus cejas hasta hacerlas una sola. Francis no volvió a hablar de nuevo, mitad indignado, mitad pensativo en que poder hacer para provocar al inglés, mientras se cruzaba de brazos y miraba al otro lado, recorriendo con sus azules ojos las tapizadas paredes de la estancia.
Y joder que era horrible el lugar. Parecía una oficina de un viejo de 80 años con sus muebles de madera vieja pero lustrada, el tapiz que se podía encontrar en una casa de artículos usados –aunque Arthur lo negara constantemente–, el aire cargado de pesadez, los cuadros firmados por reconocidos artistas que a nadie le podía interesar.
Francis había ofrecido algo más moderno pero Kirkland se aferraba a lo viejo, alegando que le gustaba ese estilo de oficina madura, lo que él precisamente quería demostrar ante todo el mundo. Ni una computadora había podido traficar Bonnefoy al salón. Siempre que entraba se hacía la nota mental que algún día, encerraría a su compañero en algún lugar y pondría las manos sobre el lugar. Obviamente, luego tendría que huir a un lugar lejano para evitar que el inglés lo asesinara con esas horribles cortinas color crudo.
Su celular empezó a vibrar, con la llegada del tan esperado mensaje de texto. Embozó una sonrisa tonta en los labios que pasó desapercibida para el británico, porque sino este habría levantado sus cejas en señal de gran sorpresa. No era una sonrisa muy usual en el otro, siempre abundaban las pervertidas sí, pero la de alguien totalmente ilusionado no. Menos para Francis, que siempre se llevaba a la cama todo lo que tuviera pulso y considerara atractivo.
─ ¿Sabías que Alfred, el rubio del equipo de futbol, tiene un hermano? ─ comentó el francés, tecleando rápido una respuesta para el amante del maple ─. Recién hace una semana que me he enterado. Tienes que verlo, son totalmente diferentes. No creo que Mathieu sea capaz de hacer cosas tan locas como su hermano.
─ Primero, odio que me interrumpas cuando estoy trabajando ─ gruñó el otro, dejando de lado sus papeles para otorgarle una mirada 'made in England' ─. Segundo, deja en paz al pobre chico. Seguro que ya debes estar acosándolo por todo el colegio. Tercero, esperemos que ese chico no salga al hermano. Menudo problema que tengo ahora por su culpa.
Francis iba a protestar sobre la referencia hacia su agitada vida amorosa pero le interesó más lo último. Al parecer, lo que le comentó Antonio a Gilbert y a él de pasada para ir a clases, era cierto: el profesor Beilschmidt le habría pedido al Presidente que fuera el tutor de Jones.
Automáticamente, el francés tuvo un interesante plan que debía llevar a cabo. Si Arthur aceptaba, pasaría mucho tiempo en calidad con Alfred. Alfred, el mismísimo hermano de Matthew, aquel ser que se negaba a caer en su red. Ya que se proclamaba como el mejor amigo de Kirkland, no sería nada raro que de vez en cuando se lo viera caer donde daba tutorías su compañero. Y podría entablar una conversación con el capitán de futbol americano, convertirse en un conocido y así poder tener acceso más fácil a su presa.
O si, podría resultar complicado pero no veía otra forma de solucionar su problema. Si bien, la mayor complicación resultaba ser que Arthur aceptara, por lo que al oír su respuesta su inocente y desinteresada duda al respecto, no se sorprendió.
─ No creo que acepte. Mi agenda ya está ocupada desde principio de año y poner tutorías, especialmente a ese imbécil, será un estorbo y entorpecerá todo.
El otro se quedó callado, mirándolo fijamente, jugueteando con uno de sus ondulados mechones rubios. El inglés se limitó a ignorarlo, como era su costumbre, volviendo a lo suyo. Ya se había resignado a que Bonnefoy fuera una molestia constante. Y Francis podría decir que Arthur era aún más por no hacer lo que sus superiores le decían, solo porque arruinaba sus planes.
─ Creo que deberías aceptar ser el tutor de Jones.
Arthur trasladó su mirada de los papeles al rostro del francés, con las cejas levantadas. Muy pocas veces Francis opinaba acerca de sus asuntos privados –a menos que sean claro, asuntos amorosos, donde se sentía con todo el derecho a evocar su sagrada opinión como el más capacitado en darle una respuesta eficiente a sus preguntas o dudas– por lo que lo tomó por sorpresa. E, inmediatamente, le pintó que había algo raro allí.
Al notarlo, Francis se apresuró a explicarse ─ Creo que sería una oportunidad bastante buena, ¿no? Tú podrías sacarle provecho a la situación. ¡Ese chico será la solución de todos tus problemas!
─ Explícate.
Bien, era ahora o nunca, el momento para que saliera bastante convencido el inglés para aceptar. Si no, sabía que jamás podría volver a sacar el tema a colación. Francis Bonnefoy tragó duro, buscando el pretexto más coherente, por lo que empezó a ver por todas partes hasta que fijó su mirada en su celular y vio su fondo de pantalla.
Torre Eiffel. Francia. Amor. Sexo. Gente atractiva con quien pasar una noche excelente. Gente atractiva que se ve con cualquier cosa. Incluso de manera insinuante. '¿Hacer un lavado de autos vestidos de manera sugerente?'. Proyecto del Consejo. Dinero recaudado.
Bingo. Aunque a muchos le resultara extraña la deducción.
─ Alfred es muy popular entre los chicos del colegio. Si aceptas ser su tutor, podrás obligarlo para lo que sea, como los actos del Consejo, y eso conllevaría a mayores ganancias. Esas ganancias que tan interesado estás buscando…
Bingo nuevamente. Las cejas de Arthur empezaron a colocarse en su posición normal y este se veía en un estado pensativo, lo que significaba que estaba considerando la idea. Francis ya sentía cada vez más cerca el cuerpo del hermano de Alfred bajo el suyo ─. No sé, eso es lo que veo. Supongo que tú ya habías considerado lo que podrías sacar de provecho.
─ Por supuesto que ya lo había pensado, pervertido frog. Yo pienso en todo ─ objetó Kirkland, con una nota de indignación en su voz, como si lo hubieran insultado de manera grave. Bonnefoy puso los ojos en blanco, dejando pasar el ofensivo sobrenombre: era obvio que no lo había pensado ─. Pero es que estoy tan ocupado que no consideré la idea en todos sus aspectos. Ahora iré a decirle al profesor mi respuesta.
El rubio embozó una sonrisa triunfadora, a espaldas del otro, a pesar que pronto se le desvaneció cuando supo, con la voz autoritaria del otro, que lo tendría que acompañar a hacer los deberes que le competían para esa tarde y los que habían surgido a última hora. Decepcionado porque no podría buscar a Matthew y presionarlo para que aceptara cualquier especie de cita con él, salió tras Arthur a rastras, protestando y peleando como era la costumbre de ellos dos.
- (n J n) Daaaa~ -
─ ¡Dime que esos rumores que circulan no son ciertos, Alfred! ─ exclamaba Bertram, tomándose de sus rubios cabellos, exagerando lo que había escuchado minutos atrás por parte de Feliks Lukasiewicz, el polaco que tenía fama de ser chismoso y vestirse de mujer varias veces a la semana ─. Ahora estamos todos siendo vigilados por los de la Lista A. ¡Inclusive Gilbert y eso que es solo la mascota!
─ Pues, ciertos son. Y, no sé, si nos comportamos correctamente, no creo que haya problema con esos chicos, ¿no? ─ comentó Alfred antes de llevarse la pajilla a la boca, mientras todos en la mesa –jugadores, porristas, gente popular– lo miraba fijamente ─. Hey, ¿qué miran?
─ Ains, es que eres tan inocente aún. No sabes el inferno que es ─ se lamentaba el danés, dándole unas palmaditas en la espalda. Él desde que pisó la Academia le había asignado un tutor y no podía resultar ser más que un odioso sueco que jamás hablaba a menos que sea para darle una reprimenda. Se llevaban más que mal, pésimo ─. No te dejan respirar un segundo. Un paso en falso y ¡zas! dentro de la oficina del viejo Beilschmidt.
─ No lo asustes de esa manera, pobre Alfred ─ saltó una de las tantas chicas que había por allí con el uniforme de cheerleader. Las otras gorjearon en su apoyo ─. Seguro que no es tan malo después de todo. No sabemos mucho acerca de Arthur para juzgarlo de esa manera. Apenas lo vimos en la apertura del ciclo.
─ Pues, yo lo conozco por mis primos, y no es precisamente una persona agradable de tratar ─ agregó Im Yong Soo a la conversación, al terminar de devorar su segundo plato de su comida preferida, el kimchi ─. Además, si lo vimos solo contadas veces, no es una persona fácil. Lo siento, Alfred, pero bienvenido al infierno de los tutores diabólicos.
Varias voces femeninas alzaron en protestas y pequeñas discusiones comenzaron a surgir. Cada uno daba su opinión del tema y Alfred se sentía mortificado, sin saber muy bien que decir, aún con las secuelas que le trajo la conversación de la mañana con el entrenador Vargas. Él, que tanto quería desaparecer solo por ese día, dejar de ser el héroe, era la comidilla del Instituto. Vaya a donde vaya, podría escuchar murmuros tras su espalda por haber sido tan estúpido y comportarse como un verdadero pendejos.
─ ¡Peludas! ─ exclamó Bertram entusiasmado al lado de una bonita chica rubia, quien sostenía una revista para adolescente y se reía por el comentario, recriminándole a la vez que no se decía así, sino 'espesas'. Pronto, todos se interesaron en la conversación y Jones pudo escuchar algo de sacar saber cuál era la verdadera personalidad de Arthur Kirkland.
─ A ver, espesas… ¡Acá está! Espesas: indican mal carácter, irritabilidad pero eficiencia en el trabajo ─ leyó, acompañada por unas cuantas risas. Una amiga suya comentó que una vez se lo cruzó por el pasillo al inglés y se había sorprendido lo anchas que eran las cejas. Buscó rápidamente la parte para 'Anchas' ─. Significa que denota energía, vitalidad y constancia en las dificultades.
─ No suena mal después de todo. Igual, si realmente es mi tutor… ─ opinaba Alfred, devorando una de sus papas fritas, mucho más animado ─. Podremos ver más de cerca sus cejotas y descubrir más acerca de su personalidad forma de ser. ¡Incluso podremos descubrir nuevos tipos de cejas con solo observarle!
─ Eso debe doler, ¿no, mon ami? Sacar tu personalidad por el aspecto de tus cejas. Aunque debo decir que acertaron bastante bi…
─ Cállate, maldito frog ─ gruñó una voz bastante fría y que mostraba que en el fondo, la persona estaba enojada. Furiosa, más bien. Alfred, que se encontraba de espaldas, solo atinó a echar un vistazo a lo callado que estaban sus amigos y volver a desear que ese día pasara lo más rápido posible. Que ese infierno de jueves terminara, el viernes se pasara volando y poder irse bien lejos el fin de semana. Aunque antes tuviera que sobreponerse al endemoniado Arthur Kirkland ─. Jones.
─ Ergh, ¿cómo andas, Kirkland? Hacía mucho que no te veía por acá, siempre sueles comer en otro lado ─ saltó Alfred al girar, intentando lucir simpático con una enorme sonrisa. No obstante, se topó el Presidente en brazos como jarras y las tan mencionadas cejas se encontraban hechas una por el fruncimiento que ejercían sobre ellas. Los ojos verdes exigieron que los azules lo miraran y el americano pudo jurar que vio un brillo malicioso en ellos.
─ Vengo a aclararte varias cosas, Jones. Así que escúchame bien y graba esto en tu cabeza de mosquito ─ Arthur parecía escupir cada una de las palabras, pasando por encima lo que había dicho Alfred ─. Primero, vete al mismísimo diablo tú y tus amiguitos y sus estúpidas conversaciones tan poco culturales. Segundo, no quiero verte más con esa chaqueta por infringe las normas del colegio. Estamos en una Institución educativa, no en un curso de aviación. Tercero, seré tu tutor desde ahora en más.
Alfred no sabía por dónde protestar. Ok, sabía que había estado mal tomar de broma el tema de las cejas –parecía que Arthur era bastante susceptible al respecto– pero no era motivo para que lo insultase de esa manera a él y a sus amigos. Con exigir unas disculpas estaba bien. Lo otro era que tendría problemas con él por su chaqueta que jamás de los jamases se la quitaba. Antes muerto que quitársela.
Y con respecto a la tutoría, pues, mucho no podía decir. Al fin y al cabo, los rumores estaban en lo cierto.
─ 4.30 en la Sala del Consejo Estudiantil. Mañana, viernes, así que trae lo que tengamos que hacer para la próxima semana ─ agregó el inglés, al ver que el otro no respondía. Francis, detrás suyo, respiraba cada vez más aliviado ya que, si Alfred osaba a responderle a Arthur, todo se iba por la borda. De la forma más literal posible, para su disgusto ─. Vamos a ver si se te quita un poco lo tonto, aunque debe ser genético.
Ahí Bonnefoy iba a protestar porque defendería a los genes magníficos de su Matthew pero Alfred fue más rápido, soltando un comentario mordaz ─ Y tú deberías ver si las cejas se te arreglan un poco, aunque debe ser genético. ¿No?
Un unísono 'Ohhhh' recorrió todo el comedor, lugar donde cada estudiante había puesto toda su atención en el catastrófico encuentro del Presidente y el Capitán. La atmósfera estaba tensa y nadie habló de más, a la espera del desenlace que, muchos pensaron, que sería la furia desatada del inglés. Pero este se limitó a fulminar con la mirada y ordenar a Francis que lo siguiera, abandonando el recinto con la frente alta pero con el orgullo herido.
Cuando ya no se vieron más las dos cabezas rubias, todos estallaron en un aplauso y su mesa fue la más ruidosa de todas, alentándolo por su valentía. Un sonido que Arthur pudo escuchar perfectamente, aumentando su ira y el miedo a perder lo planeado por parte de Francis.
Alfred volvió a sentarse, con una sonrisa de satisfacción de los labios, hasta que se dio cuenta de que tendría que lidiar mañana con el inglés mañana. Y todos los días que tuviera asignada tutoría, además de empezar mal su informe para su poco querido profesor titular.
Y Dios solo sabía de qué manera él, Alfred F. Jones, iba a vivir el resto del año escolar.
Notas: Al fin pude actualizaaaaaaaaaaaaaar. Han sido un infierno [palabra de excelencia en estos momentos xD] poder actualizar o encontrar tiempo para poder escribir. Exámenes, el cargador de mi computadora roto, la falta de inspiración [¿Me creerían que terminé de escribir el fic hace solo unos minutos, de un tirón? D:]. Lo siento por la demora D: Yo odio esperar, así que entiendo lo que pasa. El tercer capítulo tiene 1/4 listo y no creo que sea problema que actualice antes de irme de viaje el 22.
Aaaaaaaaaaah, y golpéenme si me sale OoC los personajes ;_; Me costó Francis. No quería que siempre pelearan con Iggy, así que lo pinté medio ¿sumiso? pues, más paciencia para dejar que la voluntad de Arthur se imponga.
Otra cosa. Gracias a aquellos que dejaron RR al igual que leyeron el fic (:
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