¡Atención! : Esta historia fue creada por mí, excepto por los personajes que pertenecen a Stephenie Meyer.
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Sumary: ¿Mi corazón está muerto? ¿Entonces por que late tan rápido cuando él esta cerca?, soy inmortal pero siento que muero sin su cuerpo junto al mio.
¿Esto es amor? ¿Pasión? ¿Obsesión? No. Es. Mi. Perdición.
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Latidos de un corazón muerto.
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Capítulo I
"Guardiana"
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Todo el mundo afirma que los cambios siempre son para mejor e incluso pueden transformar tu vida para bien. Eso es una grandísima mentira, es decir, yo ni siquiera estoy viva.
Mi madre siempre tuvo la idea de cambiar mi vida. Ella, yo…no. Para ello, estuvo preparándome durante largos años, alguna vez traté de disuadirla pero era completamente inútil. Las madres realmente son imposibles.
- ¿Piensas ignorarme para siempre? – Preguntó mi madre frunciendo el entrecejo a la vez que se tendía en la cama de aquella habitación de hotel.
- Simplemente creí que no deseabas hablarme – Murmuré sin prestarle demasiada atención.
Volterra me agobiaba, y estar privada de mi libertad en un hotel inmundo jugaba con mi paciencia.
- ¿Alguien ha estado poniendo cosas en tu cabeza? – Dijo en todo hostil, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba frente a mí. No me moví ni un centímetro.
- Sabes que aunque alguien lo quisiera, solo perdería su tiempo – Exclamé de igual forma, sin embargo mi vista siguió perdida en la puesta de sol.
Estaba realmente frustrada y confundida, no me creía preparada para enfrentar lo que se me venía encima, y con justificada razón. ¿Cuál era esta razón? Simple, luego de mi transformación me mantuvieron oculta de ellos e Italia desde los inicios formaba parte de mi lista negra.
Pero claro, ellos ya estaban al tanto de mi existencia. Muchas veces sentí la presencia de algunos vigilándome pero trataba de mantenerme alejada, a mí y a mi mente, siempre fue solo una presencia a la que no le daba la menor importancia. Entonces, en la penumbra de esa habitación necesitaba dar un rumbo a mi existencia, necesitaba poder decidir correctamente entre mis opciones tan limitadas ya que de eso dependía mi futuro.
El sol se alzaba por un momento más, majestuoso sobre los enormes e indestructibles – según decían – muros de Volterra. No comprendía como tantas personas iban y venían inconscientes día tras día del peligro al que estaban expuestos simplemente por su existencia, solo por esa cálida sangre que corría por sus venas.
Mientras la anhelada oscuridad envolvía todo a su alrededor con su espeso manto, aun cavilando mi decisión me encaminé hacia el Volturi más cercano. Como siempre, era Demetri.
- Señorita Swan – Dijo a modo de saludo sin quitar la capucha de su capa negra – Confiábamos en que su decisión sería la correcta.
- Claro, como no – Contesté no pudiendo evitar mi característico deje de ironía. Dejé entonces que el Volturi me guiara a mi destino – Demetri, ¿Sería mucho pedir el que solo me llamaras Bella? Digamos que no soy una desconocida para ti.
El solo sonrió ante mi comentario.
Seguimos por muchos pasadizos y puertas muy antiguas hasta una sala totalmente iluminada que debía ser según mi percepción algo así como una recepción. Demetri se detuvo y lo imité, a los pocos minutos de espera ante nuestros ojos apareció una mujer para informar que nos esperaban. Era humana, eso me sorprendió, pero en algún momento había escuchado de mi madre que a los Volturi les fascinaba la sensación de poder y superioridad sobre los humanos, razón por la cual tenían a unos cuantos trabajando para ellos. ¿A qué humano estúpido le agradaría ser la mascota de tipos como ellos?
Mi guía me sacó de mis pensamientos en el momento en que nos detuvimos ante una gran puerta dorada al final del corredor. Agudicé mis sentidos, necesitaba saber cómo sería recibida. Sentí tensión, miedo, entusiasmo, excitación y hasta felicidad, catorce personas estaban en total reunidas en la siguiente habitación. El vampiro erguido a mi derecha me lanzó una mirada fugaz y la enorme puerta se abrió de par en par, dejando en evidencia a aquellos catorce pares de ojos que predije.
Observé detenidamente a cada uno de los presentes, nueve de los cuales poseían extraordinarios y en algunos casos letales dones. Pero mi vista se centró especialmente en uno, Jane. Esa chiquilla me ponía de los nervios.
Me decidí a entrar y rápidamente Aro comenzó a acercarse hasta mi lugar con los brazos abiertos y con una – a mi opinión – falsa sonrisa. Seguido claramente de su escudo, Renata.
- ¡Hija mía! – Exclamó con un entusiasmo paternal que en algún momentos de mi vida podría haber creído – Sabía que tu elección sería la correcta, estamos muy conmovidos.
- Muchas gracias Aro, me alegra estas aquí, pero ¿podrías pedir a Jane que dejase de atacarme? Es un poco incómodo – Hice una mueca mirándola de soslayo.
Aro asintió, levantó la mano derecha por sobre su cabeza y de inmediato ella relajaba su postura. Claramente me estaban probando.
- Vamos Isabella, acércate hija – Pidió Marco dedicándome una cálida sonrisa desde su lugar. Me acerqué cuidadosamente hasta quedar a vista completa de todos los presentes quienes me examinaban con esmero.
Observé con cautela a cada uno en los que sentía mayor energía mientras captaba sus poderes, un intenso cosquilleo recorría mi cuerpo al hacerme de ellos: Alec, Chelsea, Demetri, Heidi, Renata, Marco, Aro y Jane.
- Señorita Swan – Llamó mi atención Cayo de forma autoritaria e irónica.
- Bella – Corregí instintivamente – Sólo Bella.
- Mis disculpas, Bella – Prosiguió él – Antes de que estés completamente dentro y formes parte de nuestra guardia, necesitas estar al tanto de nuestras reglas – Asentí en silencio – Tendrás libertades y derechos, como también limitaciones y deberes que deberás cumplir al pie de la letra.
- Podrás obtener absolutamente todo lo que desees – Intervino Aro – a cambio por supuesto, de tu obediencia y predisposición.
Presté atención a cada una de las reglas dictadas por los tres líderes Volturi, y lo encontré más estúpido de todo es que debía pedir permiso cuando quisiera salir. Al acabar, Aro se aproximó a mí con su mano izquierda extendida.
- ¿Me permites? – Preguntó, asentí y posó su mano sobre la mía.
Sentí como entraba en mi cabeza, buscando hasta en los lugares más recónditos de mi memoria. Su don quedó automáticamente en mí – ese es mi don, absorber los de los demás – y comencé a hacer lo mismo pero al parecer él no lo notó.
Divisé un centenar de rostros, gran parte de ellos inmortales. Imágenes y más imágenes, sentimientos, muerte, dolor, inteligencia, suspicacia. Sentí que aprendí mucho más de él y los Volturi que en años de preparación.
Me di cuenta en el momento en que volvió en sí y me observaba cuidadosamente con una sonrisa de satisfacción.
- Es…es… ¡simplemente increíble! – Exclamó lleno de excitación.
Todos los presentes lo miraron sorprendidos por la exclamación de tal magnitud, nuevamente todos centraron su atención en mí.
- Es extraordinaria maestro – Dijo Demetri – Es como tener a los tres de Olympic, los Cullen en uno solo.
- Bien hecho Demetri – Murmuró Aro.
- Tengo una duda y quiero que alguien la resuelva – Intervino Cayo, ¡santo cielo como me desesperaba! – Dicen las malas lenguas que tu poder, joven Bella es incluso mejor que el de nuestra querida Jane. ¿Sería mucho pedir una demostración?
Busqué a Jane con la mirada, ella me observaba con su característico rostro aniñado y neutro. Sentí como hacía su primera descarga como para pillarme desprevenida, pero mi escudo aun estaba en su lugar.
- Te doy treinta segundos y volveré a activar mi escudo. – Dije, y todos comenzaron a murmurar sorprendidos – Luego, será mi turno.
Desactivé mi escudo y de inmediato acudió un dolor desbordante, caí al suelo de rodillas, no grité, mi voz no se quebró. Cerré los ojos con fuerza e hice nudillos para tratar de apaciguar el dolor, era como si mi cabeza fuera a estallar en cualquier momento, aunque todo era inútil. Pero aun así no caería ante ella, luego sería su turno.
Activé mi escudo nuevamente y al abrir los ojos vi la sonrisa de suficiencia e ironía de ella.
- Bien – Dije controlando mi voz – He cumplido, ahora no sería del todo malo que probaras la magnitud de tu poder en carne propia ¿No estás de acuerdo Jane?
No esperé a que respondiera, solo me limité a actuar.
Dejé todo fluir y me centré en su menudo cuerpo. De un momento a otro cayó sobre sus rodillas retorciéndose y tratando desesperadamente calmar el dolor, cosa que se le hiso imposible. Era un espectáculo digno de ver. Quité mí vista de ella y miré a mí alrededor. Todos estaban atónitos y por lo que murmuraban, nunca – después de Jane – habían presenciado algo así.
- Extraordinario – Dijeron al unísono Marco y Cayo mientras Alec levantaba a su hermana.
- Su don – Interrumpió Aro – Es que absorbe, sin quitar ningún poder a nadie, ya que automáticamente quedan en ella. Es como un efecto espejo.
Luego, la bienvenida fue muy cálida a pesar de todos los rostros llenos de sorpresa, por no decir miedo.
Me mudé allí y las siguientes semanas no me topé con Jane, Marco personalmente lo dispuso así ya que ninguno de ellos tenía la costumbre de tener que lidiar con conflictos entre la guardia y obviamente preferían evitarlos.
Extrañamente me sentía bien estando con todos ellos. Aquel día en que llegué fue el último que estuve con mi madre, y pesar de todo, no me arrepentí, sabía de alguna forma que estaría mucho mejor sin ella.
Logré adaptarme rápidamente, sobre todo a las reglas que me habían sido impuestas. Simplemente allí lo tenía todo y hasta me había ganado el aprecio de Sulpicia, Atenodora y Dídima, las esposas de los lideres Volturi.
- ¿Quién es el chico que me encontré hace un rato? – Pregunté a Sulpicia recordando un momento de día en que iba un tanto distraída por los pasillos y me topé con un chico del cual no logré saber nada.
- Es mi hijo – Respondió Atenodora sonriente, digamos que un poco más de lo normal.
- ¿Tu hijo? – Pregunté un poco confusa - ¿Cómo es que tienes un hijo y yo no lo sabía?
- Así es, su nombre es Alexandre – Dijo Dídima con un extraño tono de voz.
- Vaya, no estaba al tanto de eso – Me quejé medio en broma, y me quedé pensando que quizá la próxima vez que me lo encontrara podría hablar con él - ¿Y qué tal es?
- Es un amor – Dijo Sulpicia.
- Si que lo es – Murmuró Atenodora aun sonriendo.
Me quedé en silencio pensando en algo totalmente diferente, me preguntaba cuándo podría salir a alimentarme ya que hace días no lo hacía y no me rebajaría a beber sangre humana.
- Estas muy distraída – Llamó mi atención Sulpicia - ¿En qué piensas?
- Sólo…tengo deseos de salir a dar un paseo, creo que buscaré a Aro para el permiso – Dije mientras besaba la mejilla de cada una – Nos vemos luego.
- Creo que le gustó – Murmuró Atenodora en el momento en que cerraba la puerta. Sonreí ante su comentario, pues ni siquiera logré ver el rostro del chico claramente.
Salí de la habitación y me dirigí al gran salón con mi capa gris en mano.
- Si no quieres llevarte una sorpresa te aconsejo que no entres aun – Dijo la voz divertida de un chico a mi espalda en el momento en que giraría la manilla de la puerta. Me di media vuelta y era él, Alexandre.
Al instante se escuchó un grito ahogado y de inmediato un intenso olor a sangre.
- Oh, ya veo, hora de la cena – Dije haciendo una mueca inconsciente de asco. – Gracias.
- No hay de que – Respondió cordialmente y se dio media vuelta para marcharse.
Con ese movimiento una fragancia muy particular llegó a mí. Sangre. Hasta ese momento no lo había advertido, él era humano. ¿Cómo podía ser hijo de Atenodora?
- Espera – Pedí y él volvió a acercarse - ¿Cómo es que eres humano?
- ¿Piensas que soy humano, Bella? – Una sonrisa torcida se extendió por su rostro. - ¿Quieres probar?
Extendió su mano y puse la mía sobre ella, su piel era cálida. Hiso una seña para que cerrara mis ojos, al instante dirigió mi mano a su pecho.
- Sólo siente, y déjate llevar.
Hice lo que me indicó, me dejé llevar. Sentí un pequeño calor recorrer mi brazo y luego el resto de mi cuerpo, acababa de absorber algo pero aun no sabía que era. Su corazón latía cada vez con mayor fuerza bajo mi mano y el olor de su sangre hacía que mi garganta quemara como nunca. De pronto su pulso comenzó a descender y a volverse a mi misma temperatura. Abrí los ojos de golpe, había engañado mis sentidos, ya que era tan inmortal como yo.
- Te engañe – Dijo sonriendo dulcemente.
- Ya veo…camuflaje – Murmuré sorprendida por qué había pasado desapercibido ante mi don – Interesante…
Ahora lo observé más detenidamente, sus ojos brillaban de un rojo intenso como los de cualquier neófito, su contextura era moderada y su cabello lacio dorado. Me sentí extraña cuando sin prever sus movimientos besó mi mejilla.
- Mucho gusto, Bella – Dijo – Hace rato no tuve la oportunidad de presentarme, mi nombre es Alexandre, puedes llamarme Alex.
- Lo sabía – Respondí – Eres hijo de Atenodora.
Él asintió en silencio y de pronto las puertas se abrieron a nuestras espaldas.
- Disculpad las molestias – Dijo Aro con una gran sonrisa.
- Gracias Aro – Entré al salón seguida de Alex – Necesito vuestro permiso para dar una vuelta por la ciudad.
- Claro que lo tienes Bella, ve y diviértete – Dijo Marco.
Con una sonrisa en mi rostro asentí y salí del lugar pero sin antes dar una mirada de despedida a Alexandre.
El cielo estaba totalmente estrellado y las calles casi vacías. Me quité mi capa gris, la tomé y sólo me limité a caminar bajo la luna llena.
- Bella… - Murmuró alguien a mi lado.
- ¿Alec?
- Vaya, si que estás muy distraída últimamente – Dijo Alec sentándose junto a mí.
- Si, lo siento – Me disculpé.
- Veo que conociste a Alex – Dijo de pronto.
- Claro, me lo topé dos veces hoy, tiene un don muy particular.
- Así es – Miró a su alrededor - ¿Qué haces tan sola por aquí?
- Nada, solo quise salir a tomar aire – Esta vez me senté frente a él – Jane se pondrá furiosa.
- ¿Debería hacerlo? – Preguntó expectante.
- Digamos que no soy de su agrado, ¿no?
- Mi hermana solo es caprichosa, sólo tiene celos, ya que antes ella era la consentida de Aro – Por primera vez sonrió – Y no soporta la idea de que alguien sea mejor que ella.
- Nunca se pasó por mi mente el quitarle protagonismo ni lugar a nadie.
- Eres muy inocente, pese a tu edad – Susurró – Todos estamos felices de que estés con nosotros.
- Gracias, no lo esperaba de ti – Dije y él levantó su mano para que yo la estrechara y así lo hice, digamos que era una forma más fácil de comunicarse - ¿Aro quiere verme?
- Necesita darte algunas instrucciones ya que muy pronto tendremos unas visitas muy importantes para él.
- Oh, está bien – Me levanté – Creo que podríamos continuar esta conversación en otro momento.
- Me encantaría – Dijo antes de desaparecer.
Ya estaba tomándole cariño a todos los de la guardia, Alec comenzaba a abrirse, cosa que no me esperaba ya que nunca en las semanas que llevaba allí lo había visto siquiera sonreír. Me encaminé a mi habitación y ahí me esperaban Aro, Renata – que no se separaba de él – y Jane.
- Veo que haces amistades muy rápido Bella, me alegro – Saludó Aro – Alec me ha comentado que habéis estado charlando.
- Si, es muy agradable – Dije mirando a Jane de soslayo.
- Bueno, tendrás mucho tiempo para seguir conociendo a todos si así lo deseas – Dijo sentándose – Por ahora necesito que estés informada de lo que en unas semanas ocurrirá.
- Alec me comentó algo al respecto – Murmuré sabiendo que por lo más bajo que hablara él me escucharía.
- Tendremos una vistas muy importantes – Prosiguió – Y quiero que estés atenta a cada uno de sus movimientos ya que si todo sale como hemos planeado, nuestra guardia podría aumentar en número.
Aro lentamente se levantó y se dirigió a la salida seguida por Renata. Se detuvo junto a mí y me tomó por los hombros con una cálida sonrisa en su rostro.
- Confiamos en ti Bella – Sólo asentí – Jane te dará el resto de las indicaciones. Nos vemos Bella.
Ya estaba ansiosa por conocer a esos Cullen ¿Qué tenían de especial?
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Por fin cumplí con comenzar a subir este fic, estaba impaciente, sólo espero que les agrade. Si lo odian, si lo encuentran malo, aburrido, si tienen alguna sugerencia o algo espero sus reviews, al menos por consideración ;)
Besos lectoras y sobre todo, gracias a todas aquellas que me han seguido en mis otros fic, ahora incursiono en otra categoría y espero realmente saber hacerlo bien. No adelantaré nada sobre los otros capítulos, bueno...sólo que no serán más de diez.
Aggata.-
