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Capítulo II

"Sensaciones"

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Volver a ser humana era muy tentador, aunque claramente no estaba cien por ciento segura de cómo funcionaba el bendito poder de Alexandre. Ya casi no recordaba mi vida como humana, sólo recordaba el ardiente y doloroso fuego recorriendo cada rincón de mi ser.

Mi madre muchas veces me llamó la atención diciendo que de vampiro sólo tenía la apariencia, ya que mi mentalidad y carácter seguían siendo los mismos de la despistada e irresponsable Isabella Marie Swan humana, cosa que me sorprendía porque siempre pensé que no volvería a ser la de antes, pero entre tantos de mi "especie" con los que ahora debía convivir día a día desde hace unas semanas me había dado cuenta de que lo que ella decía de mí era la más pura verdad, y en este punto, no tenía la más mínima intención de cambiar las cosas.

Mi misión me había sido encomendada y ya estaba en marcha, debía buscar a Alex para que me ayudara a dominar mejor su don de camuflaje y luego viajar en mi forma humana a conocer a los dichosos Cullen. Todo debía hacerse con la más absoluta discreción ya que la vidente podría arruinarlo todo. Mi trabajo allí consistiría simplemente en poder estar un momento en su presencia y luego regresar a Italia con sus dones en mí, para luego esperar su visita.

- ¡Vamos Bella! – Me reprendió Alex – Otra vez estas en las nubes.

- Lo siento – Dije avergonzada de que después de varias horas no hubiese sido capaz de transformarme.

- Está bien, vamos una vez más – Apuntó – Hay que sincronizarnos.

Una vez más dejé que el manto cálido me cubriera al completo. Pude sentir el calor recorriéndome de pies a cabeza, olí la sangre que tanto odiaba pero que al mismo tiempo me hacía agua la boca, pude escuchar como mi corazón muerto por siglos ahora latía con una fuerza e intensidad incontenibles.

La sorpresa más grande que me llevé fue que estando en forma humana conservara intacto mi poder y mis agudos sentidos. Alex permanecía erguido frente a mí con su vista fija en mis ojos, observé mis manos y nuevamente sus ojos, su rostro. Dedicándome una adorable sonrisa se adelantó a mí y cogió el espejo más cercano a él.

- Todo es tan irónico – Dijo observándome con esmero - ¿No crees?

- ¿Irónico? – No le encontré sentido a su pregunta.

- Obsérvate Bella – Con un rápido movimiento puso el espejo contra la pared y quedamos frente a él – Aún entonces eras hermosa, observa tu piel…

Estaba de acuerdo, bueno, sólo con una parte de su comentario. Posé mi vista en mis ojos color chocolate, mi cabello castaño, mi piel casi translúcida heredada de la sangre alvina de mi madre.

- Es como si hubieses estado destinada a ser inmortal.

- Claro, destinada…- Susurré. Entonces llegó a mi mente el momento, la situación que desencadenó el conflicto que me hiso lo que en esos instantes era.

- ¿Alguna vez me contarás tu historia? – Preguntó.

- Algún día – Prometí – Ahora tengo una misión, es la primera como nueva guardiana y no me gustaría fallar. Gracias por tu ayuda.

- ¿Te has enamorado alguna vez? – Preguntó como si no hubiese escuchado nada de lo que dije, su pregunta era muy fuera de lugar. - ¿Aunque sea una vez?

- No le veo la importancia a eso – Dije evitando su mirada de curiosidad.

- No tiene nada de malo – Insistió.

- Está bien – Respondí con un poco de disgusto, odiaba ese tipo de interrogatorios – Jamás me he enamorado.

- Pues…- Volvió a hablar, esta vez serio – Entonces por tu propio bien y también el de la guardia, no lo hagas.

No comprendí su comentario e hice caso omiso a este. De pronto la puerta se abrió y entró Marco.

- Evita seguir siendo indiscreto Alexandre – Dijo Marco regañándolo. El aludido asintió y salió sin decir más, pero no sin antes dirigirme una mirada cargada de algo que no pude descifrar. – Hay nuevas órdenes para ti, mi querida Bella.

- Escucho.

- Verás – Comenzó – Saldrás en el primer vuelo de esta mañana hacia Phoenix.

Sólo asentí, ya estaba al tanto de eso.

- Luego harás transbordo en Seattle y a Forks llegarás en automóvil.

- Claro, eso ya me ha sido informado – Lo miré con curiosidad - ¿Qué es lo nuevo?

- Tendrás un acompañante – Mi curiosidad iba en aumento, odiaba que todos fueran tan misteriosos – Alexandre irá contigo.

- ¿Porqué él? – Pregunté. Fruncí el ceño involuntariamente.

- Simplemente porque los Cullen están al tanto de todos los de la guardia, menos de la existencia de él.

- Bueno, si es así no hay problemas – Acepté pensando que hasta podría resultar divertido.

Nos quedamos en silencio un momento, por mi parte no tenía nada más que decir pero un extraño presentimiento me decía que él sí, y que no era muy agradable.

- Necesitas decirme algo – Claramente no era una pregunta. Él asintió lentamente - ¿No es fácil de decir?

- No me es sencillo explicarte esto – Hiso una seña para que tomara asiento frente a él – Hay cosas que les he ocultado a todos aquí. Nunca he dejado a Aro leerme. Y todo por un secreto que debía guardar hasta el momento apropiado – Hiso una pausa prolongada – Creo que este es el momento.

- A juzgar por las circunstancias y las palabras de Alex, es inevitable pensar que ellos están al tanto de esto – Estaba segura de eso.

- Exacto – Confirmó y prosiguió – Cómo estás enterada, los Volturi existimos desde tiempos remotos. Una vez, tuve la casualidad de conocer a una inmortal con un poder increíble. Ella era vidente.

- ¿Similar a la chica Cullen? – Pregunté.

- No, esto era diferente, su poder superaba límites, pasaba de lo increíble. Sus visiones eran casi reales y poseía la capacidad de sumergirte en tu futuro. Por supuesto nunca accedió a estar en la guardia y menos a que Aro la tocara. Y hace mucho tiempo acudí a ella en compañía de Demetri.

- ¿Sabes?, no comprendo absolutamente nada – Interrumpí – Todos creen que Demetri me encontró…

- Así es – Confirmó.

*Flash Back*

- ¡Papá no lo hagas! ¡Soy yo, Bella! – Exclamaba llorando cada vez más.

- ¡No eres más que un monstruo! ¡Igual que tu madre! – Gritaba él con el arma con que estaba dispuesto a arrebatarme la vida.

A pesar de la oscuridad que reinaba y la espesura del bosque logré divisar sin dificultad los ojos llameantes de mi agresor, sin embargo, estaba totalmente indefensa. Mi padre, mi propio padre afirmaba que yo era un monstruo.

Mis rodillas sangraban pero aún así intenté ponerme de pie y quizá poder encontrar ayuda cerca del lago que estaba atravesando el bosque, pero fue en vano, me fui a tierra una vez más, emití un grito que quedaría grabado por siempre en mi memoria. Empuñó el arma y se dispuso a atravesar los pocos metros que nos separaban, ya estaba todo perdido, me quedaba sólo resignación a la muerte.

Cerré fuertemente los párpados esperando el impacto que acabaría con todo. Pero no llegó. Mis fosas nasales se dilataron al oler sangre y no era mía. Mi estómago se revolvió y mi cabeza comenzó a dar vueltas, no sólo por el aroma, sino también por mi significativa pérdida de sangre. Tenía los nervios al límite y me estremecía de pies a cabeza.

No quería abrir los ojos, estaba aterrada, de pronto el olor a sangre se intensificó para luego desaparecer por completo. De un momento a otro y sin previo aviso una mano rosó mi mejilla, estaba helada, el contacto era agradable pero me rehusaba a abrir los ojos por miedo a lo que fuera a encontrar, pero lamentablemente no pude contenerme mucho más y los abrí de golpe, y lo que a continuación observé me llevó a creer que milagrosamente estaba en el cielo.

- Tranquila – Dijo el primer ángel con una voz de terciopelo – Te ayudaremos querida.

- No…no…- Me era imposible hilar una frase coherente a causa de la impresión que provocaba en mí aquellos seres tan perfectos y de una belleza de tal magnitud que podía observarse en la más negra noche – No me hagan daño por favor.

Supliqué, y el segundo ángel que se mantenía un poco más alejado llegó hasta mí lugar en menos de un abrir y cerrar de ojos, se arrodilló frente a mí para quedar a mi altura. Vestía al igual que el otro, una gran capa roja, le miré los ojos, era casi lo que más destacaba de ellos, eran de un rojo carmesí intenso, cosa que le daba un toque diabólico a su hermosura.

Nuevamente comenzaron a brotar lágrimas de mis ojos, las pocas que quedaban, sentía que moría lentamente, ya no me quedaban fuerzas. La sangre abandonaba mi cuerpo al igual que mi razón. En ese momento comencé a tomarle el peso a todo lo que estaba ocurriendo, me desangraba lentamente, moriría. Sentía la necesidad de gritar pero no podía emitir sonido alguno a causa del dolor provocado por la enorme herida en mi abdomen y una de mis rodillas fuera de su lugar.

De a poco la vista se me iba nublando, mientras los dos ángeles permanecían a mi lado. Él que estaba arrodillado frente a mí posó una mano sobre mi frente, se sentía tan bien ese contacto ya que mi cabeza ardía como el fuego vivo.

- Es hora maestro, si no te apresuras morirá – Murmuró el otro ángel que permanecía erguido a unos cuantos pasos más de distancia.

- Tranquila querida Bella – Dijo el aludido en un tono suave y paternal. ¿Cómo sabía mi nombre? - ¿Quieres que te ayudemos? – Asentí casi sin fuerzas.

- Sólo hazlo ya maestro.

- Silencio Demetri, calla – Dijo sin quitar la vista de mí.

Tomó mi mano y la acercó a su rostro, no tenía la más mínima idea de lo que ocurría conmigo pero ya no me importaba, ya me había dado por vencida y a menos que ellos fueran ángeles reales podrían salvarme en el estado en que me encontraba.

Sentí su respiración rozar mi muñeca, eso hiso que mis vellos se erizaran y un tipo de electricidad recorriera mi cuerpo abatido.

- Sólo dolerá un poco, Bella – Murmuró el ángel y de un momento a otro reaccioné con el contacto de sus labios en mi piel, para que después de unos escasos segundos un fuego abrazador comenzara a abrirse paso lentamente a través de mi brazo.

Minutos más tarde experimenté aquel intenso dolor en la mayor parte de mis extremidades. El sentir ese fuego dentro de mí, que parecía querer llegar a un lugar en específico hacía que quisiera gritar y retorcerme donde sea el lugar en el que estaba, pero no podía hacerlo, mi cuerpo no respondía. Quería pedir ayuda, quería a mi madre a mi lado, pero lo que en ese momento deseaba con mayor intensidad era, estar muerta.

*Fin Flash Back*

- Su nombre era Margaret – Siguió explicando sacándome de mis pensamientos – Ella me habló sobre ti Bella – Me quedé en silencio, esperé hasta que el volvió a hablar- Muchos años antes de que fueras concebida acudí a ella por un consejo personal, y entonces me habló de ti. Dijo que apenas nacieras yo debía encontrarte, cuidar de ti y esperar el momento adecuado para actuar, nos encomendó esa misión a Demetri y a mí.

- Sentí su presencia desde que era una niña – Dije atando cabos sueltos – Pero aún así… ¿no es todo cierto?

- Ella dijo que te enamorarías – He ahí el comentario de Alexandre – Y todos, de alguna u otra forma nos veríamos involucrados.

- El futuro siempre es incierto y puede ser modificado – Solté de pronto sintiendo mi pecho oprimido.

- No es el caso – Respondió Marco – Si no hubieses aceptado estar entre nosotros, de todos modos te cruzarías en su camino y él en el tuyo.

- ¿De quién se trata? – Pregunté con verdadera curiosidad.

- No estoy autorizado a revelar esa información – Hiso un gesto de disculpa – Sólo tú puedes descubrirlo – Se dirigió hasta la puerta en ademán de marcharse – Mucha suerte Bella.

- Gracias – Dije sinceramente. Se retiró rápidamente y mantuve mi postura, estaba realmente confundida.

Todo se me hacía muy extraño e incómodo, no estaba acostumbrada a pasar demasiado tiempo en presencia de humanos. Alex estaba distante – por primera vez en las semanas de conocernos – desde nuestra salida de Volterra no nos dirigimos la palabra y eso me tenía extrañamente inquieta.

- ¿Qué es lo que he hecho? – Pregunté en voz alta con la vista baja.

- ¿A qué te refieres?- Preguntó a su vez tratando sin éxito ignorarme.

- ¿Qué he hecho para que me ignores de esa forma? – Repetí ahora mirándolo a los ojos, su expresión se suavizó.

- ¿Te afecta que sea así? – Dijo un tanto desconcertado.

Su expresión fue la misma por algunos segundos, no sabía que decir estaba como hundida en su mirada tan penetrante y mi corazón comenzó a golpear fuertemente. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. Sentí un cosquilleo en las manos y estas sudaban, maldito cuerpo humano. ¿Qué ocurría? Esa sensación me era totalmente desconocida.

- Estas nerviosa, Bella – Dijo mientras alzaba mi mano pero la quité rápidamente y junté las dos en mi regazo, no quería verle la cara en ese momento, me sentía avergonzada, había visto inconscientemente su mente - ¿Qué has visto?

- Todo – Murmuré son volver la cabeza. Aun no lograba controlar ese estúpido don. - ¿Cómo eso puede ser posible?

- ¿Qué? – Preguntó - ¿Enamorarse sin tener corazón?

- Ni alma – agregué ahora viéndolo – tú estabas al tanto de todo lo que Marco me dijo…y aun así te enamoras de mí.

- Claro que lo sabía, pero eso habla de ti, no de mí.

Tomó un mechón de mi cabello que estaba suelto y lo acomodó detrás de mi oreja. Cerré los ojos suavemente y es que me estremecía el contacto con su piel. Mi corazón volvió a acelerarse, él ahora estaba a escasos centímetros de mí rostro, distancia que perfectamente podría haber acortado, pero la Bella cobarde ganó por la simple razón de que todos esos sentimientos eran otra vez nuevos para mí.

- Ahora, la decisión correcta es sólo tuya. – Dijo.

- ¿Así que vamos directo a Seattle? – Su rostro cambió por que claramente mi pregunta no iba acorde a la situación.

- Si, no hay transbordo pero si una escala en Phoenix – Respondió.

- En ese caso – Quedé pensativa un momento – Creo que pondré un poco de música.

Él no dijo nada y se acomodó en su asiento mientras yo hacía lo mismo y me ponía los auriculares. Todo era extraño, había algo en mí que en esos momentos no me era indiferente, explicarlo es imposible porque era primera vez que lo sentía.

Pasaron por mi mente las imágenes fugaces de la mente de Alex. Estaba enamorado de mí, cosa que nunca me hubiese imaginado. Me giré en mi asiento y me quité los auriculares, me quedé mirándolo de frente, él me ignoraba pero no me di por vencida y seguí en esa postura hasta que se dignó a mirarme también.

- ¿Qué? – Preguntó. Solté una pequeña risita al ver su ceño fruncido.

- Nada, es sólo que…- Me quedé en silencio, no podía decir lo que tenía pensado. Seguí viéndole sin decir una palabra por algunos segundos que me parecieron eternos. El corazón me comenzó a latir de forma tal que creí que lo expulsaría por la boca. Pero no aparté la vista.

- ¿Tienes algo que decir? – Dijo al oír mi corazón latir desbocadamente. Se acercó más y quedamos a menor distancia que la vez anterior, su respiración rozaba mis labios.

Me acerqué un poco más pero nos quedamos inmóviles, ya creía que estaba fuera de mis cávales, se me ocurría que la poca cordura que me quedaba ya me estaba abandonando. Algunos asientos más adelante una pareja se besaba apasionadamente y una que otra persona los observaba de soslayo. Me uní a ellos y sin darme cuenta tenía una estúpida sonrisa de satisfacción pintada en la cara. Alex continuaba mirándome extrañado.

"Eres muy extraña" – Oí que decía.-

- ¿Qué soy extraña? – Dije sentándome bien en el asiento.

- ¿Qué? – Preguntó a su vez cómo si no hubiese oído.

- Dijiste que soy muy extraña – Comencé a decir pero me interrumpió.

- Espera – Dijo con una expresión muy poco habitual en él – Yo no dije nada, eso lo pensé.

- Pero no estamos en contacto – En ese momento comprendí lo que ocurría, no lo había tocado pero aun así escuchaba su mente.

Puse atención a lo que decía el piloto, estábamos en el aeropuerto de Phoenix, pero mis pensamientos fueron interrumpidos por muchas voces a la vez. Comencé a entrar en pánico cuando todas las voces se agolparon y me impedían razonar. Tomé mi cabeza con las manos y la puse entre las rodillas, Alex estaba preocupado y cuando puso una mano sobre mi espalda sin querer un gemido de dolor salió de mi boca. Y entonces la intensidad de las voces disminuyó sólo a un murmullo y sin saber cómo.

- ¿Qué es lo que ocurre? – Preguntó alarmado Alex.

- Yo…no lo sé – Era verdad, no tenía la más mínima idea pero mecánicamente me incorporé – Vuelvo pronto.

No esperé respuesta, sólo caminé por el pasillo angosto entre los asientos hasta llegar a la segunda sala de primera clase, entré sin siquiera mirar a la azafata e inmediatamente di con lo que buscaba.

Dos de ellos estaban en el mismo avión, "maldito don", pensé con despecho y es que captaba todo como si fuera un imán. En mi mente revisé las fotografías que había visto de ellos y los identifiqué. Él tipo que en ese momento sujetaba una computadora portátil era el "líder" Carlisle Cullen y el otro chico, a juzgar por su cabello y rasgos perfectos era Edward. He ahí la razón de las voces.

Me quedé como una verdadera estúpida viéndolos desde la distancia y sin darme tiempo de reaccionar la azafata estaba a mi lado. ¿De qué me servían mis instintos si dejaban que mi mente vagara sin control a cada momento?

- Disculpe señorita ¿Puedo ayudarla?

- No, no se preocupe – Dije esto y tuve la intención de irme pero sentí la mirada de Edward como un puñal en la espalda. Voltee a verlo y él me miraba fijamente.

"No puedo leerla"

Sus pensamientos eran de una frustración y enojo casi colérico y me desesperaba, ¿no podía leerme?, oh, claro el escudo protege mis pensamientos.

Antes de volver a mi asiento lo miré de soslayo y su expresión había pasado de ser totalmente neutra a preocupación. Al volver Alex me miró exaltado.

- Hay dos de ellos aquí, eso es lo que ocurre – Dije respondiendo a su primer pensamiento – Por eso puedo leerte a pesar de que no estamos en contacto físico.

- ¿Y ahora qué hacemos? – Preguntó.

- Pues, sólo seguir con el plan, uno de ellos me vio así que debemos ser cuidadosos. Nada de errores, no podemos ponernos en evidencia.

- ¿Puedes calmarte? – Dijo casi enfadado.

- ¿Qué?

- Estas temblando – Dijo – Todo saldrá bien.

Estúpido. Estúpido cuerpo humano.

- Si… - En mi interior rogaba porque así fuera, aunque no era precisamente lo que me importaba en ese instante. Ese tal Edward Cullen…su rostro deambulaba por mi mente sin rumbo, como si buscara un lugar donde poder instalarse.

Llevaba lentillas y me pregunté cómo serían sus ojos, rojos carmesí como todos o como los míos, un extraño dorado. Me estremecí en una extraña mezcla de placer y satisfacción al saber que volvería a verlo para averiguarlo.

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Bien, ahí está el segundo :) debo decir que lo releí y me di cuenta de que el primer capítulo fue muy malo jeje

pero lo bueno se aproxima (666)

¡Un beso enorme lectoras!

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Aggata ~