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Capítulo III

"Colapso"

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Estaba demasiado ansiosa, por una parte Alex no me quitó los ojos de encima en lo que restó del viaje, y mi mente… por dios, todas esas voces en mi cabeza me volvían loca, en momentos así deseaba haber muerto desangrada aquella noche…pero eso era muy melodramático. No podía permitirme pensar en eso allí, tenía una misión y no podía echar a perder todo, no podía cometer siquiera un pequeño descuido.

El pueblo era bastante pequeño pero a la vez muy acogedor, no podía quejarme de eso ya que viví mucho tiempo en lugares así, estaba acostumbrada. Me sentía un poco cansada porque no me alimenté antes del viaje y ver tantas personas reunidas me hacía agua la boca. Mi garganta quemaba pero no podía permitirme beber sangre humana, me asqueaba, yo sólo bebía de animales, pero la primera me volvía loca con su aroma. Quité rápidamente ese pensamiento, pero otro acudió al instante, su mirada…realmente se había quedado grabada en mi mente, buscó un lugar y lo encontró, no lo podía sacar de mi cabeza.

¿Qué me ocurría? ¿Qué era ese extraño ardor en mi cuerpo? Mis vellos se erizaban y un calor ardiente acudía a mi rostro cuando revivía el momento en que lo vi escrutarme con una mirada penetrante. Ojala alguien pudiera haberme respondido o siquiera ayudado. Algo estaba ocurriéndome con este cuerpo humano, algo que buscaba incansablemente una salida, quería gritar, gritar como nunca. Alex intuía que algo me pasaba pero se negaba a preguntar, se me hacía casi imposible no escuchar sus pensamientos, pero no me importaba. Lo único que en ese instante necesitaba era volver a verlo a él

- ¿Segura que podrás con dos más? – Preguntó en voz alta después de haber pasado mucho tiempo en silencio.

- ¿Por qué no habría de poder?

- Estas muy ansiosa, y eso no es normal en ti, además cuando absorbiste el poder de ese Cullen te pusiste muy mal Bella.

- Alexandre, te agradecería que no te metieras con mi forma de ser, ah y no pienses de ese modo – Dije omitiendo su pregunta y concentrándome en lo que pensaba.

- Y yo Isabella, te agradecería de antemano que dejaras de hurgar en mi cabeza.

Esto era de lo más extraño. ¿Alex enamorado de mí? Aquello era simplemente irreal, nunca me enfrenté a una situación así y en ese momento me di cuenta de que todo no sería tan sencillo como creí.

- ¿Lista? – Preguntó cogiendo mi mano para ver si así me tranquilizaba un poco, y milagrosamente sin saber cómo, lo logró.

- Si – Dije estrechando más su mano.

Estábamos de pie en frente del instituto de Forks para poder llevar a cabo todo de una buena vez porque ya sentía que si aguantaba un poco más la presión acabaría conmigo. Entramos como si nada para recorrer el establecimiento y todos sin excepción nos observaban atentamente. Eso hacia aumentar mucho más mi ansiedad.

Aro había dispuesto las cosas para que Alex y yo pasáramos por simples estudiantes de instituto que se mudaban desde una ciudad grande a ese pequeño poblado, y claro, debían acabar sus estudios así que como "hermanos" que éramos fuimos a conocer nuestra nueva escuela.

"Pero no pueden ser hermano, van cogidos de la mano"

Escuché el pensamiento de alguien y recién recordé que tomaba la mano de Alex, se suponía que éramos hermano. Una pequeña parte ya estaba arruinada pero podríamos acabar con eso bien.

Entre los dos había un silencio de hierro y no me gustaba para nada, él no quería hablarme, lo sabía obviamente, pero se negaba a pensar si quiera en el porqué de ello mientras entonaba el himno Alemán, era tan infantil, no podía evitar leerlo pero una parte de su mente me impedía el paso. Al darme cuenta de eso preferí no seguir intentándolo, hasta que por fin llegamos a nuestro destino.

- Buenos días chicos – Esa era la directora, era obvio ya que estaba pensando en que castigo darles a unos chicos que había sorprendido bebiendo dentro de la escuela.

- Señora Davis – Dije a modo de saludo dándole mi mejor sonrisa.

- Así que tu eres Isabella y tú…- Miró nuestras manos aun entrelazadas.

- Lo siento, él es mi novio – "Buena excusa Bella", pensé sarcástica.

- A mi hermano se le han presentado algunos inconvenientes, no ha viajado conmigo.

- Bueno, no hay problema querida – Ahí respiré mas aliviada – Pueden iniciar su recorrido.

Muchas gracias.

Esperaba que no nos dejara en manos de alguien que nos mostrara todo, eso sólo sería una pérdida de tiempo.

Vaya cosa que se me ocurrió decir y me creía un vampiro con mucha imaginación. Pero al contrario de mí, a Alex le pareció una idea excelente y por su mente comenzaron a pasar un centenar de pensamientos respecto a eso.

- No des por sentado lo que no podría ocurrir – Dije entre dientes – Deja de pensar estupideces que esto no es divertido.

- Yo creo que todo es posible – Al decir eso en su rostro se dibujó una sonrisa burlona, le gustaba hacerme enfadar.

- Vamos, piensa en cualquier otra cosa hasta que salgamos de aquí ya sabes con quien nos encontraremos.

Se me encogió el estómago al pensar con quien nos encontraríamos. Los Cullen, especialmente Edward.

No pude evitar reír, no podía ser ruda con él a pesar todo lo que me avergonzaran sus pensamientos, correspondí sus risas y a continuación todo ocurrió tan rápido que me tomó un poco más del tiempo necesario procesarlo.

"- ¿Eres imbécil o qué?, aléjate de ella ni pienses en acercártele, tiene algo que no es normal, no te expongas." – Era lavoz suplicante y a la vez llena de ira de una chica.

"No puedo quedarme así, ustedes no lo entienden en lo más mínimo" – En ningún lugar confundiría esa tan peculiar voz, aunque sólo la haya escuchado una única vez y en mi mente.

"Por supuesto que no lo hacemos" - Ahora ella sonaba dura y decidida – "Bien, haz lo que se te de la grandísima gana, luego no vengas a lloriquearnos"

Estaba observando la escena a través de alguien más, otros ojos que no eran los míos, no sabía quién era pero si estaba segura de que no era algo parecido a un humano. Miles de emociones chocaron contra mí en un instante como si de pronto pudiera sentir a todos a mí alrededor de forma más específica y aguda. Alex me movió tomándome por los hombros, hasta ahí no había recordado el haberme detenido en medio del corredor, todas las personas que pasaban cerca o no observaban la escena de igual modo. Mis músculos estaban contraídos, algún tipo de fuerza desconocida me impedía moverme.

- ¿Qué ocurre? – Murmuró Alex sabiendo que yo lo escucharía. Sentía su miedo, que a la vez se reflejaba en sus ojos.

- Están aquí – Mi voz sonaba tan aterrorizada como si estuviera en una mala película de terror. – Es demasiado…no creo resistir tanto.

- Mantente tranquila pero trata de estar alerta – Tomó mi mano y prácticamente me obligó a moverme hacia afuera. La campana tocó y todos se dirigieron a sus respectivos salones, cosa que me ayudó a mantener la concentración por que no tenía sangre ni pensamientos a mano.

Mi estómago se contrajo haciendo que quisiera vomitar. Nos encontrábamos en el estacionamiento y para mi suerte estaba vacío. Mis piernas flaquearon haciéndome caer de rodillas, el golpe no dolió pero una sensación diferente me embargó, la sed.

- ¿Hace cuanto te alimentaste? – Preguntó en voz alta Alex, me percaté entonces que mis sentidos estaban de alguna forma bloqueados.

- No lo sé…no recuerdo – Dije sincera dejando que me tomara en sus brazos para dejarme en un asiento cerca de allí.

Una puntada atravesó mi cabeza haciendo que inconscientemente llevara mis manos a ella, sentía que iba a explotar, pero aun así, con todo el dolor pude darme cuenta de que alguien se acercaba así que traté de poner mi mejor apariencia, aunque al parecer fue en vano.

- ¿Está todo bien? – Era la voz de una chica, era suave y a la vez cautelosa, el dolor entonces aumentó y mi intento de decir algo se fue a la basura.

Los deseos de vomitar volvieron y no pude controlarlo esta vez. Nunca me imaginé que un vampiro pudiera vomitar, jamás lo había visto o escuchado, pero quizá era un síntoma de no haberme alimentado en semanas, además sabía perfectamente que no podría tirar fuera ningún tipo de comida. Ni miré a mi alrededor, sólo me puse por unos segundos de pie pero la fuerza de gravedad fue más rápida que mi velocidad y fui a caer otra vez al suelo de cemento donde vomité nada más que un montón de sangre.

Escuché un sonido de sorpresa desde donde estaba de pie aun la chica que había aparecido y pronto sentí unas manos envolver mi cintura para darme la vuelta. Alex limpió los restos de sangre en mi boca, miré su rostro que se veía extremadamente preocupado. Miré más allá de él y reconocí a la chica menuda y de cabello negro terminado en puntas hacia los lados. Sus rasgos finos estaban contraídos en una mueca de sorpresa y confusión, pero al momento su expresión se relajó.

- Hay que llevarla al hospital – Dijo acelerada agachándose a mi lado – Mi padre es médico.

- No – Respondió Alex en tono sombrío – Médicos no. Sólo la llevaré a casa, se pondrá bien, ya verás.

- Como tú digas – Dijo Alice irónica mientras se encogía de hombros. - ¿Dónde se están quedando? Podría llevarlos.

- No es nece…-Comenzó a decir Alex pero lo atajé, me sentía realmente mal.

- Eso sería bueno – Dije con un hilo de voz pero sabía perfectamente que me escucharía - ¿Cuál es tu nombre?

- Alice Cullen – Sonrió e hiso un gesto para que le dijera el mío.

- Soy Isabella Swan, este es Alexandre mi…un amigo.

- Bien, ese es el auto de mi hermano – Dijo señalando un volvo plateado al otro lado del estacionamiento junto a un BMW rojo descapotable. – Vamos.

Sabía que no debía hacer aquello, pero mi cuerpo humano – vampiro estaba realmente débil. Al parecer ella no se dio cuenta de lo que éramos, pero aun así Alex no dejaba de estar tenso a mi lado mientras le daba las indicaciones a Alice de donde se ubicaba la cabaña donde nos estábamos quedando.

Llegamos a la casa y Alice se quedó viéndome de forma extraña antes de despedirnos y darle las gracias por llevarnos. Alex me depositó en la única cama que allí había para que pudiera descansar un poco mientras esperaba que el trajera un poco de…sangre para mí, todo sin decir una palabra.

Me quedé donde Alex me dejó y desprendí el camuflaje intentando encontrar una respuesta a lo que me había pasado afuera del instituto, quizá mi mente no resistió el absorber todo ese poder de una sola vez y simplemente colapsé y sumado a la falta de sangre…bueno, es para nunca más estar tanto tiempo sin alimentarme.

Mis sentidos aun estaban un poco 'averiados', aún no podía saber si el poder de Alice funcionaba en mí, tampoco es como si no pudiera esperar pero no podía evitar sentirme curiosa. Mi garganta comenzó a quemar entonces ¿por qué no lo había sentido hasta ahora?, mi pecho bajaba y subía de forma frenética, no es que me faltara el aire, sino que era un acto reflejo por haber sido humana por más de veinticuatro horas. No sé cuánto tiempo habrá pasado hasta que vi a Alex entrar en la habitación con una especie de termo y un vaso transparente con lo necesario para ponerme bien.

- Está fresca – Dijo alcanzándome el vaso con el líquido rojo.

- ¿De qué es?

- Sólo bebe – Estaba definitivamente enfadado por algo. – He recibido una llamada de Jane.

- ¿Por eso estás así? – Pregunté mientras bebía y sentía mis músculos tensarse ante el efecto tan rápido de la sangre. Él entornó los ojos y volvió a mirarme.

- Me han asignado otra misión, en Egipto – Su tono era sombrío – Tu te quedarás unas semanas más.

- ¿Qué? Ese no era el plan – No pude evitar la sorpresa en mi voz.

- Pues hubo un cambio de planes – Dijo – Les comenté lo que pasó hoy y Aro quiere que te quedes cerca de los Cullen para aprender a dominar lo que absorbiste.

- ¿Me quedaré sola? – Eso sonó tan infantil. – Digo…¿Sólo debo quedarme y listo?

- Si – Se quedó pensativo por un momento – Pero quizá podrías decirle a Edward Cullen que te haga compañía.

Se levantó rápidamente y se afirmó en la pared frente a mí con el rostro neutro.

- ¿Por qué me miras así? – Preguntó al yo dirigirle mi peor mirada.

- Eres un…

- No me insultes, sé que accediste a que esa Cullen nos trajera porque él es su hermano.

- Escucha Alex, sé lo que sientes por mí pero no tienes el derecho de hablarme así. – Me puse de pie quedando frente a él. - ¿Por qué te enoja tanto que piense en él?

- Insinúas que estoy celoso – Afirmó con el fantasma de una sonrisa. Estaba claro que quería provocarme y lo estaba logrando. – Ni siquiera es tan guapo.

- ¿Y tú lo eres más?

En un pestañeo Alex me tenía sujeta contra la pared cubierta con su cuerpo que estaba pegado al mío. Mi cuerpo se recuperaba de a poco de su debilidad y cuando miré a sus ojos vi el deseo latente en ellos, sonreí ante aquello, nunca antes nadie me había deseado de esa forma.

Sentí el familiar calor de cuando su capa de camuflaje lo cubría, se supone que los vampiros sentimos todo con mucha más intensidad que los humanos, pero la mezcla entre sentidos humanos y vampiros es algo incomprensible. Dejé nuevamente caer el camuflaje sobre mí mientras una de sus manos viajaba sin restricción por toda la extensión de mis caderas, el contacto me estaba enloqueciendo.

Sus labios contra los míos fue lo mejor de todo, eran cálidos y se amoldaban a los míos como si fueran un perfecto rompecabezas. Entonces de un momento a otro estábamos en el suelo y él sobre mi cuerpo. No sé en qué momento quité su camiseta pero no me importó demasiado, sus manos rápidamente quitaron mi remera y buscaron el broche de mi sujetador en un movimiento torpe pero al no lograr sacarlo simplemente lo arrancó de un tirón, reí contra su boca mientras él bajaba de forma rápida y efectiva mis vaqueros y luego quitaba los suyos, cuando eres un vampiro la ropa sólo queda destrozada a un lado.

Quedé sólo con mis pequeñas bragas blancas y él con un bóxer apretadísimo. Separé un poco más las piernas y sus caderas se dirigieron directamente a mi centro donde creó fricción con nuestros sexos, me escuché a mi misma gimiendo de placer, hacer eso con el cuerpo humano era realmente placentero.

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- ¿A qué hora debes estar en el aeropuerto? – Pregunté a Alex observándolo mientras recogía su ropa desparramada en toda la habitación.

- En dos horas – Me quedó mirando y luego se acercó para besarme, yo seguía desnuda sobre la cama.

- Nunca lo había hecho en el piso – Dije riendo.

- Bueno, no es que quisiera que luego sólo quedaran astillas en vez de cama – Levantó una ceja y lo atraje más hacia mí y comenzó otra vez el juego de manos. – Está bien, ya basta sino perderé el avión.

Alex se fue y entonces me quedé pensando en lo que había pasado, el estaba enamorado de mí, pero yo no me sentía de igual forma hacia él, no lo quería como él a mí y al parecer estaba muy lejos de sentir algo similar. Pero otra cosa más importante estaba en mi cabeza en ese momento, mi cuerpo estaba recuperado con la sangre animal pero en ningún momento pude escuchar la mente de Alex, eso me tenía inquieta ¿acaso los poderes se habían esfumado?

El timbre de pronto me sacó de mis pensamientos, no tenía idea de quién podría ser, yo no conocía a nadie allí…

- Hola Isabella - …excepto, claro, a los Cullen. Era Alice - ¿Te sientes mejor?

- Alice – Dije casi sin poder creérmelo – Si…estoy mucho mejor. ¿Qué te trae de visita?

Enfoqué mi vista atrás de ella y estaba el chico pelirrojo en que no había dejado de pensar.

- Oh – Al parecer se dio cuenta hacia donde iba mi mirada – Él es mi hermano mayor Edward.

- Hola – Se limitó a decir el aludido, pero sentí su mirada insistente en mi rostro.

- Le comenté a Ed lo que pasó en la tarde y pasábamos a ver si te sentías mejor. ¿Podemos pasar?

- Oh, sí claro.

Me hice a un lado en la puerta para que entraran y Alice recorrió el lugar con un solo vistazo, obviamente no necesitaba más, Edward permaneció frente a mí y no pude evitar que mi corazón comenzara a latir desbocadamente, a veces me preguntaba si aunque tuviera camuflaje eso sería sólo mi imaginación ya que mi corazón estaba muerto.

- Que acogedor – Dijo Edward sonriendo de forma tranquilizadora, quizá se dio cuenta de que los nervios me mataban.

- ¿Y tu amigo? – Preguntó Alice bajándome de mi nube.

- Alex tuvo que viajar de urgencia – Expliqué – Un problema familiar.

- ¿Te has quedado sola? – Dijo abriendo exageradamente los ojos, yo asentí – Eso no puede ser, ha habido tantos asesinatos y desapariciones en las últimas semanas, una chica no puede quedarse sola, menos tu Isabella estas recién llegada.

Si hubiese sabido que yo era una de ellos y que podía protegerme sola, no habría dicho algo tan inocente como eso. Intenté escuchar sus pensamientos pero fue inútil.

- Bueno espero que no te moleste que me quede contigo ¿cierto? Así no estarás sola, además mañana no hay instituto y nos podremos conocer – Dijo Alice dando pequeños saltitos de emoción.

- Eh, yo…-

- Si lo sé, será genial – seguía diciendo sin prestarme atención.

Edward me miró divertido.

- Te compadezco – Dijo en un susurro casi en mí oído y se me subieron los colores al rostro.

Pasó un rato en el que Alice no dejaba de hablar y preguntarme cosas sobre los lugares que había visitado y Edward seguía ahí, riéndose de las cosas que decía su hermana y no dejaba de mirarme hasta que el móvil de Alice comenzó a sonar y salió a la terraza así que no logré escuchar.

- Lo siento Bella, tengo una emergencia – Ahora miró a Edward – Es Jazz, ¿crees que podrías quedarte con Bella?

- No hay problema – Dijo éste como si nada.

Alice se fue y sólo quedamos Edward y yo, sentía que las palabras no salían.

- Y entonces… ¿tienes hambre? – Pregunté como para decir algo. Yo ni siquiera comía y el tampoco, pero claro, había que aparentar.

Me dirigí a la cocina y a los segundos sentí su presencia en el marco de la puerta.

- Te vi en el vuelo a Seattle esta mañana – Dijo de pronto. Me quedé helada junto a la heladera.

- ¿Ah, si? – Traté de quitar la tensión de mi voz.

Otra vez intenté escuchar sus pensamientos pero sólo conseguí silencio.

- Sabes Bella, puede ser que Alice no se dé cuenta – Me giré lentamente para mirarlo y él simplemente seguía con él sus rasgos relajados y su voz suave. Me tensé completa. – Pero yo sé que algo no está bien.

- ¿Qué algo no está bien? – Afortunadamente mi voz no se quebró.

- ¿Qué eres Isabella? Porque, que tu corazón este latiendo no quiere decir que seas humana.

Su pregunta quedó en el aire y sentí que me faltaba el oxígeno, estaba prácticamente ahogándome, sabía que no necesitaba respirar pero tenía los nervios a flor de piel. Edward de pronto me miró con los ojos como si fuesen a salirse de sus orbitas, no me había dado cuenta del porque hasta que miré mis manos. El camuflaje se había desvanecido debido quizá a la tensión de mi cuerpo. Ya no había necesitad de escuchar de mis labios lo que realmente era, él lo vio con sus propios ojos y sólo eso bastó.

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Reviews? *-*

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¡Hola lectoras! espero que este capítulo sea de su agrado miren que me puse a escribir

en vez de estar estudiando

jeje pero bueno, esos son detalles.

Espero sus comentarios :)

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Aggata