Capítulo II Adaptarse
Penélope Cidefreud estaba más que despierta, a pesar de no se más de las seis y media de la mañana, ese día se había levantado con un gran ánimo, ya que la noche anterior se había pasado más de dos horas hablando con el único que podía llamar amigo; Hyoga Kido, el joven que mes y medio atrás había dejado Inglaterra para regresar a su país, Japón.
Los casi dos meses trascurridos, tras la partida del rubio, ambos jóvenes procuraban darse un tiempo para hablar, ya que la distancia provocaba que la diferencia de horarios fuera muy grande, sin embargo, los dos se esforzaban por mantener la amistad de más de cinco años de historia.
La mujer de no más de veintiocho, fijó su mirada al calendario gastado que estaba pegado a un costado del espejo del baño y se fijo que ya eran más de cuatro meses que no visitaba a Margaret.
Penélope acostumbraba ir una vez al mes desde la trágica muerte de su única amiga, casi su hermana.
Ellas se conocieron en un evento para estudiantes de la carrera de leyes, antes de entrar a la escuela, la razón; para que los alumnos empezaran a conocerse mejor, y no había sido tan mala idea, ya que ella conoció ahí a Margaret Collingwood y a Hyoga Kido, y desde el principio se hicieron muy buenos amigos, con el andar del tiempo, se hicieron tan estrechos a pesar de ser tan diferentes:
Maggie era la luz del sol, su piel algo morena en comparación a Hyoga, sus cabellos eran unos rizos bellísimos, que con el color castaño oscuro daba la impresión de que eran de chocolate, sus ojos más expresivos que los de cualquiera, y de un verde, un tanto aceitunados. Siempre estaba alegre, le caía bien a todo el mundo por su confianza y su forma de tratar a la gente, como si hubiera ido a un curso especial de "Aprenda a tratar ala gente por más difícil que esta se ponga", siempre hacía reír a las personas, parecía que estuviese preparada un comentario graciosos, pero no era así todo era completamente improvisado, su carisma aún en las circunstancias más difíciles la hacían parecer más fuerte, aunque su complexión dijese lo contrario, ya que era un poco baja de estatura en comparación con Penélope y más delgada de lo normal. Sus padres estaban muertos, y a ella no le afectaba ya que nunca convivió con ellos; Su madre de fugó con un actor norteamericano cuando ella tenía tan solo siete años, cinco años después se enteró que había muerto en un secuestro, y su padre a raíz de eso se hundió en el alcohol, y siete años más tarde falleció a causa de una falla renal. Casi nunca hablaba de ellos ya que no tenía recuerdos ni buenos ni malos. Quizás esa era la razón por la cual ella era tan abierta con la gente, para no sufrir la indiferencia que sufrió con sus progenitores.
Hyoga era el perfecto príncipe, alto con un porte muy característico de ingleses -aunque no lo era- muy guapo, de color azul del cielo, y de cabello rubio, que siempre traía un tanto desarreglado pero era eso lo que le daba un estilo único, su cuerpo atlético ya que desde su adolescencia practicaba el esgrima, era un foco cuando salía ya que llamaba la atención de hombres y mujeres por igual. De personalidad sería era la adoración de toda chica en la universidad, ese aire místico que solo lo da un estudiante del extranjero y junto con su arrolladora voz era el causante de confesiones y el odio-envidia general a Maggie y Penny. Originario de Siberia para después ser adoptado y educado en Japón hacía que el rubio nunca dejara de hablar de su familia, su hermana, su cuñado y sus dos hermanaos, la fundación a la que quería tanto, lo interesante era que se negaba rotundamente a volver, inclusive en las vacaciones, o navidad no fue para ir con su familia. Por una razón que jamás confesó, solo un indicio de la muerte de su abuelo pero para ellas no era razón suficiente.
Y finalmente Penélope Cidefreud, Penny, como le decían Hyoga y Maggie, si Margaret era como la brisa del sol y Hyoga un príncipe, ella era solo ella, discreta y a la vez preocupada, su apariencia física llamaba mucho la atención ya que era demasiado pálida, algo que era en cierta forma normal, pero en ella destacaba más, su cabello era (muy al contrario de su piel) de un negro ébano, lo tenía algo corto ya que según su idea ecologista; que un cabello corto gasta menos agua y ojos castaños claros, su carácter era muy fuerte, responsable, ambiciosa, pero demasiado tímida. Su padre siempre estaba enfrascado en el trabajo, mientras que su madre una ama de casa, muy difícil de complacer, nada de lo que ella hiciera era suficiente, los tres jóvenes de carácter, ambiciones y propósitos diferentes, y aún así jamás se separaron.
Penélope salió de su apartamento ubicado en el centro de Bayswater, el sol matutino le venía bien y lamentaba no poder ir al baño turco de Bishops Bridge al que acostumbraba ir una vez a la semana, pero ahora tenía algo mucho más importante que hacer y nada se lo impediría. Extendió la mano para pedir un taxi.
El taxista estaba viendo a través de su espejo que la hermosa joven que tenía como pasajera estaba bastante desanimada, quizás pro que iría al cementerio "St George".
Penélope tenía clavada la mirada en la ventana, pero realmente no miraba nada, solo pensaba en lo que le diría a su amiga, no estaba segura de como presentarse y poner un excusa ante la ausencia ¿qué más hacer? No podía decirle la verdad. Si, si podía pero no quería.
—Señorita ya llegamos —la sacó de sus pensamientos.
La mujer pagó la cuenta y salió del auto para comprar una docena de flores de las que más le gustaban a su amiga; Tulipanes.
Entró y caminó un largo tramo ya que las cenizas de Margaret estaba localizada en el mausoleo de la familia Cidefreud, ya que Margaret no tenía a nadie más que a Hyoga y a ella, Penélope convenció a Hyoga para que los restos de la amante y amiga estuvieran en el mausoleo de la familia Cidefreud.
Abrió la puerta de metal un tanto gastado y vio que el recinto estaba un poco sucio, así que empezó limpiar, no era justo que estuviera así el último descanso de su amiga. Cuando hubo terminado, entonces habló.
—Hola Maggie, mucho tiempo sin visitarte —paró de momento—, Te he traído tus flores favoritas —Mencionó mientras acomodaba el ramo en el florero de plata— ¿Sabes? tengo que disculparme por los meses que pasaste sin mi visita, y no hay excusa, simplemente me llena de vergüenza que no he podido cumplir con lo que me encargaste— Cuando dijo eso se quedó en silencio todo, era claro que no recibiría respuesta pero ella aguardó— Mira sé que me encargaste que Hyoga fuera feliz, y en verdad lo deseo, pensé que con ir a Japón ese aire misterioso que siempre portaba, desaparecería de un momento a otro, pero no fue así, Hyoga se ve no propiamente triste, melancólico quizás, no es el rubio que conocemos, le pregunto, y te imaginaras; me cambia el tema. ¡ah! mira —Sacó algo de su bosa de mano— Hyoga me la mando anoche, y la imprimí para dejártela, ya que las que tienes están algo viejas y Himeno ha crecido mucho —Puso las fotos a un lado de las cenizas, y contempló las otras dos fotos, la primera, era cuando Himeno tenías apenas una semana de nacida, la segunda de una de sus clases de natación, y la más actual era de Himeno con su uniforme del jardín de Niños, era un vestido por debajo de la rodilla sin ceñir, de tela oscuras con líneas rojas, arriba un cuello en forma circular de color blanco con un enorme moño rojo, y al fondo se contemplaba la hermosa casa en la que Hyoga creció—, se que estás orgullosa de ella, bien pues ya me voy amiga, estaré de vuelta el próximo mes , esta vez sin falta.
—Acerca de Hyoga no te preocupes planeo un viaje a Japón, en cuanto tengo un poco de tiempo lo haré y entonces averiguare que es lo que pasa. Adiós Mag.
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La pequeña Himeno estaba sentada en el suelo con su mesita de manualidades que su tía Saori le regaló, esa mesita estaba equipada para todo, tenía pinceles y acuarelas de un lado, lápices de cera y de madera por el otro y justo en medio tenía muchas hojas de papel, provocando que la niña estuviese mucho tiempo haciendo dibujos, dibujos que su padre le pegaba en la pared de su cuarto, ya que después de dos meses ya estaba instalada en su propia recamara, cosa que por unos días le provocaba miedo y a la mitad de la noche iba a refugiarse en los brazos de su papá, cosa que aún seguía haciendo cuando tenía miedo pero con menos frecuencia, la última vez había sido hace tres noches y por eso Himeno se sentía sumamente orgullosa, terminó los últimos detalles del dibujo, y pensó que era el mejor que hubiera hecho hasta ahora, era un paisaje, lleno de flores y un lago en medio, ¡inclusive pintó mariposas de color azul!, sonrió y vio la hora; eran las cinco de la tarde, supuso que su padre aún no llegaba entonces se paro para buscar la ayuda de su tío Shun.
Bajó las escaleras poco a poco ya que no quería caerse y así dirigirse a la cocina donde a esa hora el joven doctor estaba preparando el té para recibir as toda la familia.
Así fue Shun estaba vaciando el contenido del recipiente de metal en una tetera de porcelana con una camelias pintadas el joven al ver a la pequeña niña viéndolo le saludo.
—¿Tienes hambre cariño? — Con su hermosa sonrisa, el joven estaba acostumbrado a hacerle un emparedado de pavo con lechuga, a esa hora de la tarde, sabía que los niños comían a todas horas y más ella ya que siempre estaba jugando y se sorprendió que Himeno le contestará con una negativa.
—Tío es que quiero darle este dibujo… —
—¡ah! Quieres dárselo a tu papá, vamos, tal vez ya hayan terminado —A Himeno no le dio tiempo de decir más cuando su tío le tomo de la mano y salieron por la puerta de atrás que estaba en la cocina, atravesando todo el enorme jardín estaba la entrada a la fundación donde ya todos los niños estaban reunidos haciendo sus deberes, mientras las cocineras estaban terminando la cena, que Shun supervisaba a diario y preparaba el menú de todos los días, ya que era parte de su trabajo, Shun llevó a la niña a las oficinas de la fundación que se encontraban atrás de los dormitorios, el guardia al verlos acercarse se abrió paso y con una sonrisa el castaño agradeció.
La oficina de Hyoga estaba en el primer piso de un edificio que solo contaba con la planta baja y el primer piso, así que al terminar de subir las escaleras lentamente ya que Himeno aún no podía subirlas bien, dirigiéndose al fondo del pasillo del costado derecho.
Shun tocó tres veces, y abrió la puerta.
~0~
Hyoga estaba maldiciendo su suerte, y eso a l vez, le causaba algo de culpa, ya que el hecho de que él estuviera en ese lugar era por su promesa, no por decisión propia, así que técnicamente era culpa de Margaret, y él; lógico jamás lo diría.
—Aquí están las últimas tres solicitudes para adoptar a los niños de Hong Kong —Ikki le ofreció las hojas—, dos de estos niños tiene familiares que se harán cargo de ellas y el otro será adoptado por una familia que es infértil.
—Hum —Dijo a manera de respuesta, sin verle a los ojos, ése era el verdadero problema. Durante el tiempo pasado desde que regresó inmediatamente se puso a trabajar con los asuntos legales (que eran demasiados), sin imaginarse por un segundo que la mayoría de su trabajo lo haría con Ikki, ya que el hecho de traer menores de un país era muy complicado por todo el papeleo que implicaba y es hay donde ambos jóvenes actuaban.
La situación era por demás difícil ya que no solo vivían en la misma casa sino que en trabajo prácticamente estaban todo el tiempo juntos, al principio Hyoga pensó que sería normal, solo era cuestión de tiempo antes de que el trabajo empezara a ponerse más ligero, pero no fue así que ya cada vez tenían más asuntos que resolver y es a ambos no les parecía en lo más mínimo. Estuvo tentado a decirla a Saori que mejor le diera otro tipo de trabajo, pero se rectificó si alguien se iría, sería el moreno sentado frente a él. Cuestión simple de orgullo, una vez se fue él y ahora era el turno de Ikki, aunque solo fuera del área de trabajo.
Pero a pesar de las incomodidades habían hecho un gran dueto, invencible, según decían las últimas noticias en las revistas sociales "La Fundación Kido para Niños Desamparados se ha hecho más eficiente desde la llegada de su abogado, Hyoga Kido, uno de los niños que el Señor Mitsumasa Kido tomara bajo su protección, que para llenar de orgullo a este país esta haciendo mancuerna con su hermano Ikki Kido que se conoce en todo el…" No quería recordar más acerca del maravilloso hombre que todo el Japón conocía, si ojalá lo conocieran verdaderamente...
Levantó su mirada para ve a un Ikki muy concentrado con su trabajo, estaba transcribiendo una carta que entre ambos habían armado para el gobierno de China pidiéndole que dejara pasar a unos niños nipones, victimas de un secuestro. El moreno se veía increíblemente maduro con esa camisa de seda blanca y una corbata color magenta que por alguna manera le hacía resaltar más sus ojos, ese cabello un poco desordenado le daba el toque juvenil que lo caracterizaba… tal y como recordaba. El rubio de reprendió mentalmente, no debía de pensar en el pasado así que se levantó bruscamente de su asiento.
—Voy con Saori a que me firme estas formas para enviarlas vía fax —Se dirigió a la puerta sin esperar respuesta.
—Si. Está bien —Le respondió el moreno
Ikki vio salir al rubio y de inmediato se reclinó en su asiento, dejando escapar un suspiro, vaya que estos días se habían sido demasiado tensos, no pensaba que el trabajo que haría con Hyoga sería tan demandante, pero él ante Hyoga no mostraba ningún desencanto, aunque por dentro maldecía su suerte, sabiendo perfectamente que el rubio sentía lo mismo, pero no podía hacer nada, las cosas ya estaban así, y solo queda enfrentarlo, eso sin contar que no hablaban más que de trabajo, nada social, y no es por que el moreno no lo deseaba pero realmente no había muchos temas de conversación entre ellos. Vivir en la misma casa implicaba saber todo lo que acontecía, en el trabajo era lo mismo, así que solo quedaba el pasado, claro que no hablarían de la estancia del rubio en Inglaterra y mucho menos del pasado entre ellos y un antiguo romance, así que las pláticas eran omitidas.
De repente Ikki escuchó que alguien tocaba la puerta, estaba a punto de decir adelante cuando vio a su hermano.
—Hola hermano —Saludó el castaño. El moreno le iba a devolver el saludo cuando vio entrar a la hija de Hyoga—, ¿no está Hyoga?
—No, salió, necesitaba hablar con Saori —Contestó sin dejas de ver su trabajo, el solo ver ala pequeña Himeno le ocasionaba un constante dolor en el corazón ya que representaba el fruto del amor que el rubio profesaba a alguien mas, la niña constituía que Hyoga lo había olvidado.
—Qué lástima veníamos a verlo —Shun miró su hermano que tenía la miraba enfocada en la laptop, aunque su mente estaba en otra parte, su verdadero sentir desde la llegada del joven de los ojos azules era una gran lástima a si mismo, ya que a diferencia de Hyoga, Ikki tenía seis años sin relacionarse sentimentalmente con alguien más.
Después de la partida del que creía el amor de su vida, entró en un pozo lleno de decepción, pero con una pizca de esperanza, esperanza de que el rubio regresara directamente a sus brazos y él lo aceptaría sin ningún reproche, pero al cabo de unos meses el moreno cayó en cuenta de que jamás regresaría, sin interés alguno de relacionarse con alguien más, conoció casualmente al una maestra recién contratada en la fundación; Esmeralda, una joven de hermosos ojos verdes, cabello largo y una dulce voz, Ikki jamás intentó nada con ella a no ser por unas noches en donde hubo sexo ocasional, y la mujer cansada de luchar por obtener más de Ikki lo había dejado por la paz, al ver que sin importar cuanto ella se esmerara por tratar de conquistar al moreno, este no tenía el más mínimo interés de algo.
Y después de seis años Ikki Kido seguía sintiendo el mismo amor por Hyoga.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la insistente melodía del celular de Shun.
—Voy a contestar afuera —Dijo sacando el aparato de su bolsillo para salir, dejando a la niña con Ikki.
No era lo que Himeno esperaba, quedarse sola con su tío Ikki no era bueno ya que desde la llegada de ella y su padre a Japón, el tía Ikki era el que menos se acercaba a ella, casi no le hablaba y siempre la miraba muy seriamente, su padre le dijo que no se preocupara tanto, que él siempre ha sido así, pero eso no era verdad, ella veía las pocas ocasiones que iba a la escuela por algún niño o que traía alguno y los miraba con otros ojos, era amable y hasta sonreía, ¿Por qué no era lo mismo ella?, no entendía la razón del enojo de su tío, ella no le había hecho nada, pero pensaba arreglarlo, por eso estaba ahí.
—¿Qué… qué haces tío?
La palabra tío le hacía sentir extraño, y claro no estaba acostumbrado ya que evitaba a toda costar estar con la niña, y ahora, en ese momento se sentía acorralado.
—Estoy terminando un escrito para extraditar a unos niños que fueron secuestrado en China —contestó sin mirar a la pequeña.
—China es muy grande ¿Verdad? —Como casi todos los niños a esa edad siempre cambiaban el tema drásticamente, era algo propio de ellos, les contabas algo y salían con otro tema.
—Muy grande, es un país demasiado grande.
—Y en China ¿Hay muchos chinos? —Esa simple pregunta hizo que al moreno se le marcara una sonrisa en el rostro, no muy llamativa, pero al final una sonrisa, y entonces por primera vez desde que la niña estaba en la oficina Ikki la vio.
Al ver que si tío la miraba diferente y le sonreía ella automáticamente le respondió de igual forma, pero una sonrisa más grande, mostrando sus pequeños dientes.
—Así es, hay mucho chinos en China —Al decir eso la niña empezó a reírse, Ikki la vio detalladamente y vio gentos que Hyoga tenía; la misma forma de la sonrisa.
—Tío ten —La niña por segunda vez había cambiado de tema y ahora le ponía en su escritorio. Era una hoja de papel un tanto arrugada, como si hubiese estado mojada, así que la tomo y le dio la vuelta.
Al verla algo en su corazón hizo "clic", era un dibujo nada sobresaliente, claro, pero sentía el esmero y amor que la pequeña Himeno le había impregnado, miró de nuevo a la pequeña que estaba ansiosa de una respuesta.
—Gracias, me gusta mucho, lo meteré aquí, así lo veré todo el tiempo —metió el dibujo en la angosta apertura del escritorio y el cristal protector, donde Ikki tenía ciertas cosas, cuando apenas levanto el cristal las hojas que estaban encima se deslizaron un poco.
—¿Es mi papá? —HImeno no pudo evitar ver una foto que estaba debajo de donde ahora estaría su pequeña obra de arte, era una foto de su papa, pero una que jamás había visto, ya que a pesar de que su papá tenia muchas fotos de ellos en Inglaterra, no tenía nada de él mismo —, yo nunca he visto fotos de mi papa cuado era mas joven ¿Puedo verla bien?
Ikki estaba de una sola pieza, esa foto llevaba en sus escritorio seis largos años, y todos los días sin falta la contemplaba un poco.
—Claro, ten —tomó la foto con una pluma y se la dio, vio como la pequeña observaba esa foto mientras él recordaba su origen…
Acababan de hacer el amor, Hyoga se había incorporado para tomar un cigarrillo, y mientras lo prendía sentía como Ikki le besaba la espalda de una forma arrebatadora.
—¿Quieres hacerlo de nuevo? —La respuesta literal no se escuchó, pero la intensidad de los besos aumentaron— Vamos que no tenemos tiempo, sabes perfectamente que no tardan en llegar y mira que me costó mucho zafarme del evento, ponte a pensar lo que me dirían cundo me vean aquí
—Van a decir que te quedaste haciendo el amor con el hombre al que amas —Hyoga exhaló el humo y dejó el cigarro en el cenicero para así ponerse encima, sentándose en los muslos del moreno.
—Que narcisista eres
—Me amas ¿no?
—Si, te amo ¿y tu? —De nuevo la respuesta no llegó, ya que de inmediato sintió como Ikki le sujetaba el cuello para besarlo, mientras que la otra mano le empezaba a masturbar con delicia— Ikki no podemos — Hyoga se incorporó nuevamente para tomar su cigarrillo y tomar dirección a la ventana para quedarse viendo afuera, entonces Ikki sin más tomo su cámara instantánea para impregnar ese recuerdo…
Así era la foto de Hyoga mirando por la ventana en un lejano día de invierno.
— ¿Porque mi papá no trae ropa? —
Por un instante el moreno no supo que decir— Porque hacía mucho calor —claro que no le diría le verdad.
—¿Puedo quedarme con la foto tío?, por favor, es que no tengo fotos de mi papa, bueno si tengo pero solo las de Inglaterra.
En ese momento a Ikki se le ocurrió una idea.
—Esta bien, pero si me das a cambio una de las que tienes — La pequeña bajo la mirada pensativa— De esa forma todos ganamos ¿no crees?
—¡Sip! Después de la cena te la doy.
—Es un trato entonces —Al momento de decir eso la pequeña se le aventó directo al pecho para abrazarlo, y por segunda vez el mayor de los hermanos Kido se sintió perturbado, un calor hipnotizador se adueñó de él.
Por su parte Himeno se sentía realmente feliz, su idea de que si tío Ikki la quisiera estaba funcionando y ahora escogería la mejor foto para no decepcionarlo.
—Gracias tío.
~0~
—¿Eso es todo?
—Si, solo es cuestión de que Ikki consiga los permisos y después entró yo directamente —Contesto Hyoga
—Bien, me alegro que los asuntos de China estén casi listos, y eso que llevas poco tiempo, no me imagino lo que resolverás cuando Himeno tenga diez años — Dijo Saori revisando las copias de los documentos que se enviarían —Tocando el tema de la niña ¿Cómo está?, ¿si se está adaptando?
—Si, ya tiene amiguitos en la escuela, y se ve muy alegre —Contesto con pereza, ya sabía qué sentido tomaría la conversación
—A diferencia de ti, me disculpo por hacerte trabajar con Ikki —Ya Saori había hablado de eso con Hyoga pero la mirada triste que Hyoga cargaba desde su llegada no cambiaba para nada, no podía ser indiferente ante eso.
—Saori, basta, basta ya de consuelos, realmente estoy cansado, esa mirada triste que dices no está, no se de donde lo sacas, si, es difícil trabajar con Ikki pero lo he tomado con madurez, ya no soy un niño que necesita protección, ¿Cuándo lo vas a entender?— La actitud de Saori en sobreprotegerlo le estaba cansando, era como un acoso, siempre preguntando como se sentía, y disculpándose a cada oportunidad que se le presentara.
—Esta bien Hyoga, bueno si no tienes otro asunto…
El rubio entendió la indirecta, así que salió de la oficina, entendía que Saori se molestara, pero el ya estaba molesto por esa actitud, era tan pesado. Como en antaño, cuando era la única que sabía de la relación que tenía con el moreno, y en ese momento se dio cuenta de algo, Saori era demasiado entrometida.
—Cuanta razón tenía Ikki —Dijo a la nada— Si lo hubiera escuchado antes…
No quiso recordar, y no necesitó de un gran esfuerzo cuando vio que a la salida de la oficina que ahora compartía con Ikki estaba Shun, que terminaba una llamada.
—Shun ¿qué pasa?
—Hola es solo que Himeno quería verte así que la traje esta adentro con Ikki…
Hyoga no dejo que el castaño continuara con la explicación ya que de inmediato abrió la puerta para ver que si pequeña hija estuviera bien.
Y si lo estaba ya que se quedo en una sola pieza al que Himeno estaba abrazando a Ikki como si la vida se le fuera en ello, y eso le sorprendió al rubio.
Cuando se escuchó el pomo de la puerta Ikki miró a esa dirección abriendo paso a un Hyoga preocupado que de inmediato le cambio el semblante, algo que le causó una sonrisa interna.
—Amor ¿Qué haces aquí? —preguntó Hyoga
—Nada papi solo vine por ti ¿Ya terminaste?— La pequeña se separó de Ikki como si nada y busco de inmediato la mano de su padre.
—Ya vete, no es mucho lo que hay que hacer hoy —Inesperadamente, Ikki se ofreció a terminar el trabajo, el rubio solo asintió y salieron del despacho.
—Vaya que buen tipo eres —Su hermano pronunció esas palabras con cierto toque burlón.
—Cállate —Shun solo sonrió
—Bien, ya me voy también, tengo que ver lo de la cena ¿estarás para la cena?
—Si —El castaño asintió y salió dejando a Ikki pensativo ¿Qué tanto le había cambiado una niña de cinco años que solo había estado con él cinco minutos?
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La hora de la cena estaba casi por llegar y Himeno Kido Collinwood aún no sabía que foto le daría a su muy querido tío Ikki, la intención de ella era darle la mejor foto, pero había tantas y no se decidía, había varias fotos, por ejemplo una de la navidad pasada en Londres, están en la foto ella y su padre muy abrazados, de fondo un lindo árbol de navidad, otra en su clase de natación, en la guardería, de recién nacida, en fin, de muchas formas.
—Hija ya es hora de la cena, te estamos esperando —Súbitamente Himeno fue sorprendida por los tres toques que antecedieron al rubio.
—Si papá, pero tengo una pregunta, de nuestras fotos ¿cuál es tu favorita?
Hyoga no se esperaba que su hija estuviese viendo las fotos, él siendo tan distraído había puesto todas las fotos de Ingleterra en una vieja caja de galletas de metal, y su niña las había sacado todas.
—Todas me gustan, pero la que me gusta más es… —No dijo más ya que se inclinó para buscar— Es está.
Himeno la tomó y sonrió.
—Ya vamos a cenar papá —La niña tomo de la mano a Hyoga que se preguntaba para qué quería su hija esa foto, no le importaba que la perdiese ya que al final de cuentas los recuerdos más intensos son lo que se almacenan en el corazón.
Ikki vio bajar a Hyoga junto con su hija, y ahora con sus sentimientos encontrados sonrió internamente, Hyoga realmente se veía tan intensamente maduro y atractivo con una hija y fue en ese momento donde Ikki Kido de veintinueve años decidió que reconquistaría al rubio, el rubio que siempre fue suyo.
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Ya era más de las nueve de la noche, Ikki estaba demasiado ansioso, esperaba a la pequeña Himeno con su intercambio, sabía que cada noche algunos de sus tíos le estaría leyendo algún cuento, y las ganas de leerle un cuento a la niña estaba aumentando esperaba que una noche de esas, lo hiciera.
—Tío, soy Himeno —Ikki inmediatamente abrió— Gracias, tío Shun me leyó "El Nuevo Traje del Emperador" que tonto siempre estuvo en calzones.
—Así es linda, ¿Trajiste la foto?
—Sip, ten —La niña extendió su brazo, Ikki tardó en reaccionar pero cuando la tomó y la vio bien le dio mucho gusto, era la mejor foto en el mundo; Hyoga estaba sentado tocando el piano, al parecer en un salón de clases, cantándole a Himeno que estaba sentada enfrente, en lugar del atril, muy feliz.
—¿De dónde es la foto?
—En la casa de los papas de mi tía Penny, es una casa muy grande no como esta, pero casi, y tienen un lindo salón y tía Penny nos saco esa foto, tenía tres años y medio —Ikki estaba escuchando con mucha atención la historia de aquella imagen, a pesar de no ver a la pequeña, se imaginaba a Hyoga tocando el piano, aunque no era bueno en las artes, sabía que su rubio hacía el mejor esfuerzo— ¿Te gusta la foto?
—Claro que me gusta, muchas gracias —La pequeña estaba más que feliz por lo que había hecho, por fin su tío Ikki la quería— Ya vete a dormir que es tarde y mañana hay escuela —La niña asintió, se despidió y se fue.
Hyoga estaba subiendo las escaleras, tenía algunos papeles para revisar, sin embargo el cansancio y las ganas de darle el beso de las buenas noches a su hija era mucho más grande, que hacer el trabajo que bien podía terminar mañana, cuando estuvo en el pasillo de las habitaciones vio que la puerta del cuarto de su hermano mayor se habría, el primer acto fue quedarse ahí parado solo observando quién salía del cuarto, abrió los ojos sorprendido, ya que era Himeno la que salía.
—Hija ¿qué haces aquí? ¿Qué te hizo? —Hyoga sabía perfectamente que Ikki no quería a Himeno pero que la niña saliera del cuarto de este en la actitud más tranquila, no entendía.
—Nada papi, mi tío Ikki ya no está enojado conmigo —
El rubio sonrió y dirigió a su hija hasta su cuarto donde la arropo prendió la lámpara de luces en formas de mariposas que empezaron a girar cubriendo todo el cuarto de mariposas, le dio un beso en la frente y salió. No dijo nada la niña por que no era correcto preguntar por más detalles, no entendía por qué el moreno estaba bien con la niña o que tramaba con eso, y lo iría aclarar.
Escuchó que alguien llamaba a la puerta.
—Pasa —Dijo, particularmente esa noche estaba de muy buen humor, cosa que le duró muy poco ya que Hyoga entró azotando la puerta a su paso.
—¿Me puedes decir que es lo que hacía con mi hija adentro de tu cuarto? —La mirada de enojo era evidente.
—Nada solo vino a darme algo, ya que hicimos un intercambio —Contesto el moreno muy serenamente, cosa que hizo enojar más al rubio.
—¡Déjate de estupideces y dime qué estaba haciendo MI hija contigo! —El moreno no dijo más, le dio la espalda a Hyoga y tomo la foto para después enseñársela desde lejos, pero no lo suficiente para que el rubio viera de que se trataba, cuando Hyoga la vio, miro en forma de sorpresa a Ikki, queriendo encontrar las respuestas a todas las incógnitas.
—Himeno me la dio a cambio de una que yo le di —Ikki ni siquiera estaba pensando en las consecuencias o es que si las habría, solo pensaba en Hyoga
—¿Qué foto le diste? —
—Una tuya por supuesto, una que he conservado durante tantos años —Paro para ver la cara de estupefacción del hombre, rió internamente, en verdad gozaba de esto —Una tarde de invierno, la familia fue a una fiesta de beneficencia, tu y yo nos quedamos aquí haciendo el amor ¿Recuerdas?
Hyoga Kido si recordaba esa ocasión, las caricias de Ikki, sus besos, la forma tan apasionada de penetrarlo, y el paisaje gélido de la ventana daba un toque romántico, casi sublime.
—¿por qué lo hiciste? —Preguntó evadiendo la pregunta
—Himeno me regalo un dibujo que hizo, para conservarlo, lo puse debajo del vidrio de mi escritorio, y es así como vio la foto, me la pidió porque dice que no tiene ninguna tuya de cuando vivías aquí —el mayor noto el nerviosismo en Hyoga— ¿por qué no le cuentas nada antes de Inglaterra?, ¿Tanta vergüenza te damos?, no, quise decir, ¿tanta vergüenza te da decirle a tu hija que estuviste enamorado antes de conocer a su madre? —El enojo de Hyoga era mayor, no podía creer la inmadurez con la que el moreno actuaba, seguía siendo el mismo de tantos años atrás.
—Idiota ¿cómo crees que le voy a decir eso, mi vida comenzó cuando conocí a Margaret —Ikki no le sorprendió nada la respuesta, de hecho se la esperaba, así que cuando el rubio se disponía a irse, él lo tomo del brazo para voltearlo y olvidando el hecho de que ese rubio tonto lo abandonara, lo besó como deseaba hacerlo desde hace dos meses.
El beso era intenso, Hyoga podía sentir la pasión que Ikki le imprimía, él no puso objeción, solo e dejó ser, hasta que el mayor penetro su boca con la lengua buscando la suya decidió que era el momento de parar, se separo y le dio un golpe en la mandíbula aprovechando la distracción de Ikki y después salir huyendo de esa infernal habitación.
Y fue en ese momento donde Hyoga, había comprendido de que la adaptación apenas empezaba, y que aún había algo de ese amor que él creía extinguido
Capítulo II Fin
