¡Hola! ¿Cómo han estado? Espero que muy bien n_n. Aquí ando de vuelta con el 4° capítulo de mi historia. Hace varios días me topé de nuevo con la serie de Death Note por televisión de cable, y era el capítulo donde Mello secuestra a Sayu. Me fijé claramente en sus ojos, y descubrí que eran azules! xD. Me pareció muy gracioso, porque cuando empecé a escribir esta historia, busqué una imagen de Mello para familiarizarme muy bien con su apariencia y todo, pero en esa imagen sus ojos eran marrones. Me burlé de mi misma, ya que era mejor haberle puesto atención en el animé, que a una simple imagen xD.
En fin. Muchísisisimas gracias por sus comentarios, me hace muy feliz saber que les gusta esta historia. He de confesar que mi historia está estancada hasta este capítulo. Mi inspiración parece que se tomó unas vacaciones o de plano renunció a su contrato, porque no se me ocurre nada para continuarlo! T-T. Aprovecho para comentar que acepto ideas propias para seguir, porque de verdad que mi cerebro está seco ._.
Gracias y a leer!
Capítulo No. 04: "Jealous"
El sonido del timbre la hicieron volver a la realidad. Desde que la profesora comenzó con la clase, Rose no le había puesto atención; estaba completamente ida en sus pensamientos. Se levantó de un brinco de su pupitre, y con la misma velocidad guardó sus cosas y salió del salón. Iban ella y Asuii por el pasillo, alegremente platicando…
-Entonces, ¿en qué trabaja Mello-san?- le preguntó Asuii, con verdaderas ganas de saberlo.
En ese momento, Rose recuerda…
Flash Back
-Este trabajo es algo arriesgado, ya que se vive constantemente tras el asesino mas peligroso del mundo…así que te pediré absoluta discreción, además de que no expongas tu vida a situaciones en donde puedes perderla, ¿de acuerdo?- le pidió Near, fijando sus ojos sobre los de la chica.
Fin Flash Back
Al volver en sí, voltea a ver a Asuii y le sonrié apenada.
-Lo siento, me pidieron que no le dijera a nadie sobre su trabajo.
-¡Ahh, Rose!
-Lo siento de verdad Asuii-chan, pero no puedo decírtelo.
-Está bien; si te pidieron eso, fue porque es alguien realmente importante- le guiñó un ojo, en señal de que la apoyaba. Rose sonrió agradecida. Dieron un paseo mientras esperaban a qué el sonido del timbre les indicara que podían regresar a sus clases. Esa mañana, Rose se veía muy animada, de alguna forma.
Al cabo de un par de horas, las clases terminaron, y todos los alumnos comenzaron a desalojar el colegio. Como casi siempre, antes de irse a casa, Rose se dirigió a la biblioteca a entregar uno de los tantos libros que había pedido prestados, con afán de continuar con el buen hábito que su padre le había dejado: la lectura. Shinji Reed era un filósofo muy reconocido en Japón y en el mundo, quién había escrito una gran variedad de libros, y fue por eso que le inculcó a su hija la lectura, algo que a él le apasionaba profundamente. Su madre, Alice Reed, era una pianista muy competente, al nivel de los mejores del mundo. Su delicadeza y destreza con el piano también se la heredó a la joven Rose, privilegiándola con un talento impresionante ante el piano, y una voz tan dulce como lo era la de su madre. Sin duda alguna, Rose era una combinación de sus padres, quiénes con amor, le enseñaron lo que mejor sabían hacer.
Cuando salió de ahí, por costumbre, volteó hacía el final de la Avenida Principal, aquélla por donde Mello siempre aparecía. Se quedó como hipnotizada observando el horizonte, en espera de que él apareciera. Sonrió cerrando los ojos, y decidió dirigirse a casa… probablemente, estuviera ocupado. Caminó por toda la banqueta, cruzó un par de avenidas más, y llegó a su departamento. Era temprano, y por eso el lugar se encontraba solo. Abrió en silencio la puerta, y encendió la luz.
Subió a su habitación y dejó su mochila sobre la silla de su escritorio. Empezó a desvestirse, y a colgar su uniforme exactamente donde lo había tomado esa mañana. Si que era una persona exageradamente ordenada. Al terminar, bajó las escaleras despreocupadamente, sin esperarse por supuesto de su inesperado huésped. Casi gritó al encontrárselo tranquilamente en la sala.
-¡Mello!¡Qué haces aquí!- exclamó bastante alto, ensanchando más la sonrisa del rubio.
-Vine a visitarte preciosa, ¿qué no ves?- le dijo, sarcástico como siempre suele ser. La chica se acercó un poco a él.
-Me hubieras avisado que venías, te habría preparado algo- le dijo un poco apenada, por verse en esas circunstancias.
-Jaja, no te preocupes muñeca, así estamos bien- le aseguró, tratando de quitarle su preocupación. Ella sonrió, y él correspondió a su sonrisa.
-Ven, siéntate conmigo- le pidió el muchacho, y ella obedeció. Se sentó a su lado, y Mello pasó un brazo por su hombro. Se acercó al rostro de la chica, y le propinó un pequeño y suave beso. La chica se sorprendió ante eso, y se le quedó mirando.
-Tenía tantas ganas de verte…- él le dijo al oído, poniéndola más roja que el carmín. El chico volvió a acercarse, y la volvió a besar con delicadeza. Rose no entendía esa actitud del rubio, pero si que le encantaba. Aún a pesar de saber que estaba mal, era muy débil como para rechazarle. Mello le gustaba mucho, y era en parte por eso por lo que nunca obstruía sus caricias, por lo que se dejaba querer por él. Hacía tiempo que no se sentía tan bien con un chico, y eso completaba la otra parte del porqué. Aunque, también se moría de ganas de saber porqué él se comportaba de esa manera con ella. Cuando se separaron para tomar aire, ese lapso ella lo aprovechó para preguntarle la razón de su actitud.
-Mello, ¿por qué haces esto?- le cuestionó, mirándolo con profundidad. El chico se puso serio un momento, para luego resaltar su hermosa sonrisa.
-No tengo muy bien definida mi respuesta, pero…- se acercó otra vez- lo único que te puedo decir, es que tus labios me vuelven loco.
Y la besó, otra vez. Ésta vez, la obligó a abrir sus labios para depositar su lengua. Ni siquiera le dio tiempo de reaccionar a su respuesta, ya que la tomó por completo. Rose estaba muy confundida, aunque seguía incapaz de ponerle un freno, pero comprendió que era necesario aclarar de una vez por todas su situación. No podía seguir besuqueándose con un chico que no era su prometido, o mínimo su novio, sino más bien una especie de amigo. Le detuvo en seco su beso, y le obligó a mirarle a los ojos.
-Mello, debemos detener esto…- le dijo, frenándolo poniendo su mano sobre su pecho. El chico se extrañó ante ese comentario.
-¿Por qué dices eso, muñeca?- le preguntó con voz seductora, pegando sus labios a su oído. Ella tuvo que resistirse para seguir hablando con claridad.
-Mello, tú y yo no somos novios o algo parecido como para tener esta conducta tan…- se lo soltó tan rápido, que el chico comenzó a reír. Ella se sorprendió por su risa.
-No te la quiebres tanto pensando en eso, primor. ¡Qué más da si tú y yo no somos novios!- le dijo, con esa sonrisa cínica que adornaba su rostro la mayoría de las veces. Aquéllas palabras, molestaron mucho a Rose, pero más allá de enojarle…, la hirieron.
-¡Cómo puedes decir eso, Mello!
Y el chico, borró su sonrisa. Al ver la seriedad de los ojos de Rose y que estaban a punto de llorar, su sonrisa se borró involuntariamente.
-Para mí…sí es importante- le reveló, con los ojos en el suelo. Mello, por primera vez en su vida, se sintió culpable. Culpable por su egoísmo e irresponsabilidad, ya que a él nunca le había le interesado una relación "comprometida". Agachó su rostro, y luego se acercó a ella.
-Rose, yo…
-Tan egoísta como siempre.
Una voz lo detuvo. Al escucharla familiar, se volteó hacía de donde se había escuchado, y se sorprendió al encontrarse con el infantil rostro de Near.
-¿Qué haces aquí?
- Pregunto lo mismo.
Y Mello entrecerró los ojos, molesto. Near volteó a ver a Rose.
-Perdónalo, él no tiene relación con la palabra compromiso y responsabilidad…- le dijo, acercándose a ella, y obligándola a mirarle.
-Near-kun.
Y él le sonrió. La chica se dejó caer al sillón, con aire triste.
-¿Ya ves lo que haz hecho?
-¡Y eso a ti que te importa imbécil, deja ya de acosarla!- le gritó, cabreado se podía notar.
-Yo creo que el acosador es otro, besándola sin su permiso y sin tomar responsabilidad por ello.
Mello se quedó callado. Como siempre, odiaba que Near tuviera razón, pero nunca lo reconocía.
-Deberías de ser más considerado con ella, Mello- se escuchó decir al más joven de los 3, aunque esta vez su voz no mostraba superioridad o sarcasmo…más bien, era de verdadera lástima.
-No deberías de meterte en los asuntos que no te llaman- dijo en voz baja, aunque lo suficientemente alto para que Near lo escuchara.
-Tal vez; pero no puedo permitir que te aproveches de ella de esa manera.
-¡Yo no me estaba aprovechando de ella, yo sólo…!
-¿Tú qué Mello?- lo interrumpió el albino, acusándole con la mirada. El chico no supo con qué continuar. Near sonrió ante eso.
-Ya veo.
Se puso de pie, y extendió una mano hacia Rosemary. Ella le miró, confundida.
-Sería bueno que te despejaras un poco de esto- le propuso, dándole a entender que quería que saliera con él (literalmente).
-Sí…
Y tomó su mano. Mello miraba la escena con cara de disgusto.
-No te ves tan linda cuando lloras- le declaró el albino, cabreando al rubio más de la cuenta. Ella le sonrió con cierta timidez, pero se podía notar que ese comentario le había gustado. Cuando estuvieron dispuestos a salir del departamento, Mello la detuvo tomándola de la otra mano.
-No vayas con él, Rose- le pidió, más que una orden, sonó como una petición. La chica se quedó atónita mirándole. Near esperó paciente la reacción de la chica.
-Lo siento Mello, tú no eres mi NOVIO para pedirme tal cosa…
Y se soltó de su mano. Le dedicó una última mirada, y se marchó con Near. El rubio quedó impactado por esas palabras, llegándole hasta lo más profundo.
-.-
El cielo ya se había oscurecido. Por los alrededores, se encontraba un festival, en donde la gran multitud se veía alegre. Rose había invitado a Asuii a que fueran juntas a ese festival, ya que ella se moría de ganas de ir. Ella se encontraba en casa de Asuii vistiéndose con la ya muy conocida Yukata…
-¡Jamás había usado algo como esto!- exclamó Rose, mirándose en el espejo fascinada por la yukata. Asuii se le acercó por detrás…
-Son muy lindos, verdad?
-¡Claro!
En ese momento, Asuii decidió abordar a Rose con la duda que la traía inquieta desde la tarde.
-¿Vas a invitar a Mello-kun, verdad?
El silencio se hizo presente. Rose había bajado la vista un momento, recordando lo de hace unas horas.
-No.
-¿Por qué no, Rose-chan?
-¡Porque es un estúpido!
Eso último hizo sorprender a la oriental. La ojivioleta volvió a bajar su vista.
-Hoy, me ha demostrado que no le intereso…
-¿Pero, por qué dices eso?
-¡Me besó sin permiso!
Asuii se extrañó.
-Pero, ¿no lo había hecho ya antes?
-Sí; pero esta vez, fue más intenso…
La oriental calló. Rose miró a la ventana.
-Le dije qué porque hacía tal cosa, y él me dijo que no tenía definida su respuesta, pero que mi boca lo volvía loco. Fue entonces que me volvió a besar, pero yo lo detuve, diciéndole que no estaba bien tener este tipo de conducta si él y yo no éramos novios…- relató, con mirada ausente. Asuii se quedó en silencio, esperando el final del relato.
-Entonces, el me dijo con sarcasmo que no me quebrara tanto mi cabeza, que qué más daba si él y yo no éramos novios.
La oriental se quedó muda. Nunca se imaginó que el rubio fuera a ser tan egoísta y manipulador.
-¿En serio hizo eso? No tiene vergüenza.
Rose siguió observando hacia afuera, con los ojos empapados de lágrimas. Realmente, las palabras de Mello le dolieron. Le apretujaron el corazón, cuando este estaba más lleno de esperanzas que nunca. Ella pensó, que ahora sí sería feliz con un hombre, que era posible conocer el amor correspondido y verdadero…pero se había equivocado, Mello no era más que otro de esos tipos que solo se divertían con las mujeres, no las tomaban en serio. Dejó correr una lágrima tras otra, sin poder detenerlas.
-Y lo peor del caso…-habló de repente, llamando la atención de Asuii.
-…Es que, yo lo amo, Asuii-chan…- le dijo soltando en llanto, haciendo que esa revelación la sorprendiera de paso a ella. La oriental sonrió, y acarició con dulzura la cabeza de su amiga.
-Entiendo, Rose.
Y así, mientras llegaba Near por ellas, Asuii se dedicó a llenar de ánimos a su destrozada amiga Rose, quién creía que Mello nunca entendería sus sentimientos. Qué equivocada estaba.
El albino llegó a la casa con su habitual sonrisa en la cara. Rose los presentó sonriente, sin que siquiera Near notara su pasado llanto. Salieron del lugar, y se dirigieron al festival. Los hombres de Near los escoltaban, varios en un costado y otros varios en el otro. Near no se podía dar el lujo de descuidarse, y menos llevando a dos damas con él.
Salieron, y Asuii comenzó a charlar animosamente con Near, quién solo respondía con frases cortas y llenas de frialdad. Rosemary caminaba en silencio, aparentando que estaba pensando en algo…y sí, precisamente estaba pensando en Mello.
-"¿De verdad hice bien en no invitarlo?"- se preguntó internamente, al sentirse fuera de lugar. Realmente lo extrañaba…pero ese miserable no se lo merecía. No se merecía que ella lo extrañase, más sin embargo, era algo que ella no podía evitar. Esa noche, quiso sentir sus besos de nuevo. Quería sentir su piel como cuando el la abrazaba, sentir su calidez y su frialdad, sentirlo a él. Lo extrañaba, mucho.
La voz de Near la hizo despertar de su ensimismamiento…
-Rose-chan, ¿A dónde desean ir primero?- le preguntó el albino, esperando una respuesta. La chica asimiló lentamente las palabras.
-Ahmm, ¿ a donde Asuii-chan?- trató de salvarse preguntándole a Asuii. Ella solo encogió los hombros.
-Tal vez, quieras ir al tiro al blanco.
-¡Sí, tiro al blanco!- exclamó, con una sonrisa bastante ancha.
-Bien, entonces vamos…
Y el albino tomó de la mano a Rosemary. Ésta se sorprendió por tal acción, pero no le vio nada de malo. Total, ellos ya eran amigos. Nadie se percató de una mirada profunda, que los miraba llena de celos.
Cuando llegaron al puesto y pidieron un tiro, la chica oriental tomó su rifle y se concentró en apuntar, mientras Rose no tenía ni la más remota idea de qué hacer.
-Debes apuntar a las figuras de allá…- le señaló Near, y ella prestó atención. Observó la escopeta y la tomó como si fuera a disparar, pero sus manos estaban temblorosas. De pronto, el albino rodeó sus brazos por detrás, y la ayudó a fijar bien la escopeta. La chica se sonrojó un poco. Near le daba las indicaciones, y ella las acataba.
Se veían felices. Realmente, Rose se estaba divirtiendo. Ya llevaban cinco juegos, y en todos había logrado ganar, gracias a que Near le ayudaba. Sonreía abiertamente. En ese momento se encontraban tomando un refrigerio.
-Los festivales nipones son muy divertidos…- exclamó la ojivioleta, tomando de su refresco.
-Sí, aunque todos los años son diferentes- le comentó Asuii, sonriéndole. Ella le devolvió la sonrisa. Near se veía contento, pero prefirió quedarse en silencio. En ese momento, uno de los subordinados del albino se acercó a su oído y le dijo unas cuantas palabras, el niño asintió y después miró a las chicas.
-Lo siento señoritas, me ha surgido un imprevisto. Me temo que debo marcharme. Asuii-san te pido por favor acompañes a Rose-chan a su casa, no me gustaría que se fuera sola- le dijo, con su típica sonrisa sarcástica. La chica oriental asintió. Rose le miró preocupada, ya que presentía había sido otra vez Kira. Near pasó a su lado, y muy quedito le habló…
-No te preocupes. Todo estará bien.
Y se marcharon.
Ya cuando se perdieron de vista, Asuii suspiró.
-Ese niño es muy antipático- se quejó con Rose, quién la miró confundida.
-¿Por qué dices eso?
-¡No lo sé! Pero si noté que tú le gustas…- esta vez, le miró pícara, a lo que Rosemary se sonrojó.
-¡De qué hablas! Claro que no.
-¡Pero por supuesto que sí! Te miraba solo a ti, te ayudaba en los juegos, y también solo a ti te sonreía.
-Uhmm, yo pienso que estas exagerando.
-Estoy hablando en serio.
-Ok, lo que tú digas.
Y tomó a su refresco. Al rato, decidieron marcharse a casa, ya que ya era tarde. Mientras regresaban a la casa de Rose, la chica oriental le habló…
-Oye, Rose-chan…
-Dime.
-¿Piensas perdonar a Mello-kun?- le preguntó, con seriedad. La ojivioleta suspiró, y pensó un momento su respuesta.
-No lo sé.
-No es por defenderlo, pero creo que debes darle una segunda oportunidad.
-Lo pensaré mejor antes.
-Esta bien.
Y se despidieron, al arribar a su casa. Abrió la puerta con sus llaves, y ahí estaba el Sr. Robinson.
-¿Dónde estabas?- le preguntó, sin despegarle la mirada al libro que estaba leyendo.
-En el festival, con Asuii y…un amigo- le dijo, con un poco de miedo.
-¿Amigo?¿quién?
-Ahmm no lo conoces. No está en la escuela.
-Entonces, ¿de donde lo conoces?- otra pregunta, otro problema. Trató de inventarse una escusa que él se creyera.
-B-Bueno, Asuii me lo presentó esta noche. Creo que es algo así como un pariente lejano.
-Uhmm, entiendo. Bueno, será mejor que te vayas a dormir ya porque mañana tienes escuela.
-Sí.
Y subió las escaleras en silencio. ¡Dios! Realmente pensó que estaba perdida, pero logró salirse con la suya. Entró a su habitación, y prendió el foco. Buscó su pijama y la puso sobre su cama. Comenzó a desabotonarse el pantalón, y cuando estuvo a punto de bajarlo, volteó a la ventana, y se encontró con el rubio sarcástico. Sus ojos se expandieron, y soltó un grito.
-¡Kiaaa~!
-Shhh, tranquila muñeca no grites.
Y eso lo escuchó su tutor, quién se asomó a las escaleras y la llamó.
-Rose, ¿todo bien?
La chica se quedó estática un momento, pero luego se asomó por la puerta.
-S-Sí, no se preocupe Sr. Robinson.
Y cerró la puerta, quedito. Al voltear, se le quedó viendo enojada al rubio.
-¿Qué, yo que hice?
-¡Vete de aquí ahora!- trató de no gritar, para evitar que la escuchara su tutor.
-Pero, ¿por qué?
-¡Porque no te quiero ver, vete!- lo empujó con su débil fuerza. Él solo sonrió con sorna. Ella se le quedó viendo con el ceño fruncido. Ahora él rió.
-¿Qué es tan divertido?
-Aww vamos, ¿todavía estás enojada por lo de la tarde?
La chica se quedó en silencio, pero una mirada de ella la delató.
-Sí, todavía estás enojada.
-¿Y qué más esperabas, imbécil?- le agredió, tratando de sonar ofensiva.
-Hey, tranquila con los insultos.
-¡Déjame en paz y vete de una vez!- le ordenó, apuntando la ventana. Él chico volvió a sonreír. Se acercó a ella, pero ella retrocedió. Dio otro paso, y ella dio otros hacía atrás.
-No te me acerques…
-Vamos, sabes que te mueres por abrazarme.
Y ella no respondió. Al contrario, la hizo sonrojarse, y eso solo lo mató de la risa. Mello sabía que la tenía, y como disfrutaba avergonzarla.
-N-No es cierto.
-Ahh, tan terca como una mula.
Y la arrinconó contra la pared. Ella se quedó estática, y pegó sus palmas al muro. Él aprisionó su cabeza con ambos brazos, y acercó su cara a la de ella. Ella cerró los ojos por temor.
-Tranquila, que no te voy a hacer nada. Solo quiero que me escuches.
-¿Q-Qué quieres…?- volteó el rostro, ardiendo por lo rojo que estaba. Mello de nuevo rió.
-Lo que dije esta tarde, no era cierto. Lo siento, no debí decirlo. Perdóname si te lastimé con mis palabras- le dijo, por primera vez, con seriedad en su voz. Ella no pudo evitar mirarlo, y comprobar que lo que estaba diciendo fuera verdad. Miró sus ojos marrones, y se dio cuenta, que esas palabras eran verdaderas. No le quitó la mirada de encima.
-Entiendo. Te perdono…- le dijo, aflojando su ceño, y eso lo hizo sonreír. Se acercó más a ella, con intención de besarla.
-¡Espera!- lo detuvo, poniéndole la palma sobre la cara.
-Pero yo creí que…
-Qué te perdone, no quiere decir que voy a permitir que me sigas besuqueando. Eso se acabó, Mello- le advirtió, ahora ella hablando con seriedad. El chico se alejó, y echó un largo suspiro. Deshizo su prisión y se alejó un poco más. Ella también suspiró.
-¿Sabes? Eres muy injusta.
-¿De qué manera?
-Sabes que me traes vuelto loco, ¿por qué no quieres que yo…?
-Porque no es correcto.
Su voz, lo alertaron. Miró sus violetas ojos, y se percató del brillo tan inmenso que tenían.
-Entonces, ¿Qué quieres que haga para que tú me aceptes?
-Primero, tienes que saber que me tienes que tomar en serio. No soy una fácil, como a las que estás acostumbrado.
-Gracias por echármelo en cara- se burló.
-Segundo, ¡demuéstramelo! No creas que con solo palabras bonitas y miradas dulces voy a caer rendida. El amor se demuestra con hechos, no con palabras.
-¡Ahh! Y mientras yo me desvivo por ti, tú te paseas con el idiota de Near- ahora él se quejó. Desde que se fue con él, había querido decirle eso.
-Eso no es asunto tuyo.
-¡Claro que sí! Mientras que tú te vas a "dar la vuelta" con él, yo me estoy muriendo de celos.
Eso la sorprendió. ¿Mello, celoso, y de Near? Era absurdo, a ella no le gustaba Near.
-¿Celos?¿Por qué?- no entendía, y quería saber porqué.
-¡Qué no te das cuenta! Desde que te llevé al trabajo, a Near le empezaste a gustar- se lo recriminó, sorprendiéndola de más. ¿Era cierto todo eso?
-Yo…no lo sabía.
-¡Pues, debiste de haberlo hecho!
-Un momento, Near a mi no me interesa en lo más mínimo. Es verdad que me agrada, pero no me gusta. Deberías saberlo también.
Esas palabras, lo aliviaron. Aflojó su ceño que ya había fruncido, y la sonrisa regresó a su rostro.
-¿De verdad?- le preguntó, con una sonrisa escondiendo una corazonada.
-Sí, de verdad.
Suspiró aliviado. Ella ya lo había dicho, ahora ya no había nada qué temer.
-Bueno entonces. Me voy, muñeca.
-Y deja de decirme "muñeca", "primor" o lo que sea que se le parezca.
-Ok, tranquila bonita.
Le dedicó una mirada asesina. Él solo rió. Después, tomó la seriedad que ya había dejado a un lado, y la miró. Ella se estremeció por aquélla mirada tan profunda.
-Una cosa si quiero que te quede clara, Rose.
Ella asintió, temerosa.
-Ese idiota, no se va a quedar contigo. Si él va a ir con todo, yo voy a ir con el doble. Tú serás mía, le guste a quién le guste, incluyéndote a ti.
Y después, le lanzó un beso, guiñándole un ojo.
-Buenas noches, preciosa.
Y salió por la misma ventana por la que había entrado. Ella, por impulso, se asomó, para verlo marcharse. Él volteó, como si se hubiera olvidado de decirle algo.
-¡Ahh, lo olvidaba!- exclamó, y la miró- lindas pantis.
Y ahora sí, se marchó. La chica se sonrojó hasta los pies, y volteó hacía abajo, para notar como sus interiores se veían perfectamente. Se tapó el rostro bastante avergonzada. Maldiciéndolo, comenzó a cambiarse por su pijama. Se metió entre las sábanas, y cerró los ojos. La viva imagen de Mello la asaltó, impidiéndole relajarse.
-"Es un completo idiota…y un pervertido"- se dijo internamente, volviéndose a sonrojar. Abrió sus ojos lentamente, y miró al techo. Hoy, había dado un paso importante. Se había atrevido a ponerle un alto a Mello, aún a pesar de su voluntad, ya que ella también disfrutaba besarlo y abrazarlo. Pero sabía que era lo correcto. Ahora él la tomaría en serio, y trataría de conquistarla de alguna manera.
-"Espero que no sea una extraña…"- volvió a exclamar en pensamientos. Sonrió ante eso, ya que de Mello se podía esperar lo inesperable. Suspiró, y cerró sus ojos dispuesta a dormir. Mañana, tendría que ir a la escuela.
~.~
De repente, sus ojos se abrieron. Parpadearon un par de veces, y después los frotó. Un bostezo se escapó de su boca. Se incorporó en la cama y volteó hacia una de las ventanas. El cielo aún estaba oscuro. Volteó a su reloj, y se dio cuenta de que marcaba las 5:40 am. 20 minutos para que sonara la alarma. Chistó de disgusto. Como supo que ya no podría dormir esos 20 minutos faltantes, decidió meterse a bañar. Tomó su uniforme del armario y lo colocó sobre su cama. Luego, mientras se deshacía de su ropa, encendió el televisor. En ese momento, se encontraba en un canal de noticias donde comentaban un nuevo asesinato de parte de Kira. Se trataba de un jovencito demente que había violado brutalmente a 15 de sus compañeras de clase y después las había decapitado sin piedad. Se estremeció al pensar en eso. El estudiante no se veía mayor de 15 años. Miró con tristeza la televisión. Después, los anfitriones del programa comenzaron a hablar maravillas de Kira. La chica decidió apagar la televisión e irse a la bañera.
Mientras se encontraba ahí, recordó las palabras que le dijo Mello…
-Kira es un asesino sin piedad. Aún a pesar de que él "castiga" a la gente mala, no puedo estar de parte de él. Aunque lo justifique de esa manera, lo que él comete es un asesinato. No se diferencia mucho de las personas que asesina. Es por eso que debo atraparlo, no importa si tengo que dar mi vida para ello…-
Rose suspiró. En el fondo, apoyaba las palabras de Mello. Aunque también temía por él. No quería que él muriera, no. Se mantuvo así durante unos largos minutos. Si ella tuviera la oportunidad de obtener la manera que Kira usa para asesinar, ¿probablemente la usaría solo para matarlo a él? Esa pregunta inundó de dudas a la chica. Si ella tuviera la oportunidad de ayudar a Mello, matando a Kira, ¿Mello estaría fuera de peligro? Una pregunta más que no tenía respuesta, o más bien, que no la conocía. Suspiró. Debía darse prisa.
Luego de varios minutos, terminó de bañarse. Se puso su uniforme recién lavado y planchado. Cepillaba su oscuro y largo cabello con delicadeza. No podía concentrarse, él no la dejaba. Sus ojos, fijos en el espejo, perdidos en su reflejo…con el rostro sonriente del rubio en sus pensamientos. Suspiró.
"Mello…", mencionó en sus adentros. Seguía cepillando su cabello, sin siquiera pensar. Pensaba en todo: en su sonrisa, en sus penetrantes ojos marrones, en sus fuertes brazos, en su calidez cuando la abrazaba, en lo atractivo que se ve cuando monta su moto. Definitivamente, era su propio prototipo de hombre perfecto. Aunque, lo arruinaba esa actitud desinteresada y sin seriedad que tomaba, además de su egoísmo y narcicismo. Pero, a estas alturas, ya no le importaba. Ya estaba acostumbrada a siempre llevarse una desilusión. Volvió a suspirar. Dejó por fin en paz al cepillo, y comenzó a maquillarse un poco. Delineaba sus ojos delicadamente, ponía pequeños trazos de rubor en sus pómulos, y pintaba sus labios de un cálido rosa. Se veía bien, eso ella pensaba. Al terminar, se echó una última mirada al espejo. Sonrió a su reflejo.
Bajó a toda prisa por las escaleras, y el Sr. Robinson la esperaba en el comedor.
-Buenos días, Sr. Robinson.
-Buenos días, Rose- contestó el hombre, sin despegarle los ojos al periódico que estaba leyendo.
-¿Cómo amaneció?- le preguntó Rose, sacando un tema de conversación, sirviéndose una tostada y una taza de café, tomando asiento al lado del hombre.
-Bien, en lo que cabe- como que medio se quejó.
-Ha tenido mucho trabajo últimamente, ¿eh?- exclamó, dándole un sorbo a su café caliente.
-Sí. La empresa esta teniendo una buena racha, sus productos se venden bien, y uno como empleado debe cumplir con su trabajo. Apenas y puedo descansar con el montón de trabajo que tengo todos los días.
-Uhmm, ya veo.
-¿Y qué tal la escuela?¿Todo bien, te has acoplado al idioma y a las clases?- le preguntó, por primera vez dejando a un lado el periódico y prestarle atención a su tostada medio fría.
-Sí, las clases están bien, el idioma pues, aún no lo domino al 100%. El único problema sería el horario. ¡Es tan difícil!- exclamó, cerrando los ojos, y dándole un mordisco a su tostada.
-Entiendo. Será mejor que te vayas acoplando a el Rose, ya que estaremos una larga temporada aquí en Japón. O al menos mientras yo tenga trabajo aquí y no me trasladen de nuevo.
-¡Qué bien! Me gusta este país.
El Sr. Robinson le lanza una mirada de extrañeza.
-Pero si hace unos 3 meses decías que no querías venir para acá, que preferías quedarte con Madeleine en Inglaterra.
Rosemary tragó con dificultad.
-Bueno, eso decía antes porque no conocía para nada Japón; pero me he dado cuenta que es un país en verdad hermoso- se intentó justificar, tomando de nuevo a su café.
-Bien, si tú lo dices…
Y se generó un ligero silencio. Rose suspiró un poco aliviada. De repente, Robinson habló.
-Y…¿ya has encontrado a alguien que te guste?
La chica se atraganta con el café. Empieza a toser. El Sr. Robinson se aleja de nuevo del periódico, mirándola ligeramente divertido.
-N-No se de q-que habla…- le dijo con dificultad, debido al ataque de tos que le había dado. El hombre no pudo contener su sonrisa.
-Ya veo que sí.
La chica se colorea bastante. El la sigue mirando.
-¿Cómo es?
-¿Quién?
-Déjate de juegos Rose, sabes de qué hablo.
La ojivioleta suspira. Dios, que estrés.
-Ahmm pues, es alto, fuerte y bastante guapo.
La sonrisa del hombre se hace más grande, haciendo que el sonrojo de Rose se ensanche también.
-Uhmm, ya veo. No lo conozco, ¿o sí?
-N-No.
Y se le queda mirando fijamente. No podía sostenerle la vista, por lo avergonzada que se encontraba.
-Espero conocerlo pronto.
Y ella no le contestó. Él sonrió. Ciertamente, esa niña estaba creciendo. Y él como su padre que se sentía, empezaba a sentir melancolía.
"Ya es toda una señorita…", pensó para sí, al observarla una vez más. Aquéllos finos rasgos de mujer, y esa belleza sin igual de ella. Era todo un primor. Y él esperaba que el hombre de quién ella se enamorara, la supiera valorar. Que la proteja con su vida, y que la ame intensamente. Sonrió una vez más. El futuro…estaba lleno de maravillas. Y él se moría de ganas de admirarlas. En eso, mira su reloj de pulso, y luego mira a la chica.
-Será mejor que salgas ya.
-¡Tiene razón!
Y se levanta rápidamente. Coge su bolso, se lava los dientes, y sale como un rayo de la casa, gritando desde la puerta su despedida.
-¡Regreso más tarde. Nos vemos!
-¡Vete con cuidado!
Y se marcha. Él suspira. Qué niña.
-.-
Descanso. Un agradable ambiente se creaba en la cafetería. Rose y Asuii conversaban muy amenamente.
-¡No puedo creer que le hayas dicho eso!- exclamaba con bastante asombro la oriental. Rose solo reía.
-¡Ni yo! Te juro que no sé de donde saqué el valor para hacerlo.
-Pero, así pusiste en su lugar a Mello-kun.
-Sí.
Silencio.
-¿Con qué crees que te salga ésta vez?
Lo piensa un momento. Luego, sonríe.
-No tengo idea; pero me muero de ganas por verlo.
Después de eso, el descanso llegó a su fin. Entraron a clases.
La salida se acercaba. Una figura masculina caminaba por los pasillos, con esa elegancia que lo caracterizaban. Todos al verlo pasar, se quedaban asombrados.
La clase de Rose estaba en Física. Solo faltaban 3 minutos para salir. Ella miraba fijamente al frente, pero su mente en otro lado.
"Mello, ¿qué estarás haciendo ahora?", se preguntó para sí. Anotaba las fórmulas escritas en el pizarrón, pero en realidad no tenía ni idea de lo que escribía. En la esquina superior derecha de su cuaderno, hizo un garabato de Mello en caricatura, bastante graciosa; que debajo decía 'Mello', y al final dibujó un corazoncito. Suspiró. Quería verlo. Sí, quería verlo. Ya había pasado un tiempo prudente. Volvió a suspirar. En ese momento, el timbre toca. Y todos arremolinados intentan salir.
Asuii y Rose caminaban y platicaban por el pasillo, dirigiéndose a la salida. En eso, Rose choca accidentalmente con alguien.
-¡Lo siento!- se disculpó, y miró al joven, que recibió su mirada con una sonrisa traviesa.
-No te preocupes.
Y siguió caminando. La chica se le queda viendo a su espalda. En eso, Asuii se le acerca.
-¡Waa!¡Qué afortunada eres!
Ella la voltea a ver confundida.
-¿De qué hablas?
-¡No me digas que no sabes quién era él!
-Pues, no. No sé quién es- le dice, más intrigada aún.
-Es Yagami Light, es genio que estudió aquí hace varias generaciones.
-¿Yagami…Light?
Bueno, hasta aquí ha quedado. ¿Les gustó? Pues pueden dejarme su apreciado comentario. Espero que así sea n_n.
Gracias por leer; nos vemos!
AbbyKoikeSan…
