¡Hola queridos lectores! Aquí andamos de vuelto con otro capítulo de esta historia. Después de haber ido a la Animex 2011 (en donde pude ver a mi amorsote César Franco), creo que un rayo de luz iluminó mi cabecita porque se me ocurrió algo para continuarlo. Y fue más pronto de lo que tuve previsto.
Aprovecho para agradecerles eternamente a aquéllos que se molestaron en dejarme su comentario. Por ustedes es por quiénes esta historia esta viva aquí en FF! Los adoro un montón.
Bien, sin más preámbulos, los dejo con el capítulo. Agradecería que leyeran la nota del final n_n.
A leer!
Capítulo No. 5: "Pain"
Se sentó de lleno en el sofá. Dio un largo suspiro de cansancio, y luego desenvolvió ese delicioso chocolate que se le había antojado desde el principio del día. Al dejar una parte descubierta, la mordió con tal dramatismo, y una sonrisa hermosa pintada en su rostro.
-¡Hey, Mello!- exclamó uno de esos tipos que le ayudaban, uno de los muchos nunca se aprendió el nombre. El susodicho, aún con un pedazo de chocolate en la boca, volteó.
-Alguien te busca.
-¿De quién se trata?
Pero, la persona que aguardaba afuera, pudo escuchar claramente esa pregunta.
-Soy yo, Mello.
E inmediatamente, el rubio distinguió al dueño de esa voz. Con una mueca pintada, exclamó…
-Déjale pasar.
Fue entonces, que se dejó ver a un chico con googles de cabello en un tono casi rojizo, y una camisa a rayas con un chaleco café. En cuanto puso un pie dentro, el rubio rebelde le dirigió una mirada animada.
-Cuánto tiempo, Mello- saludó el muchacho, fumándose un cigarro.
El susodicho ensanchó más su mueca.
-Sí…Matt.
Entonces el pelirrojo, se sentó lentamente en el sillón.
-¿Qué te trae por estos lares?- le preguntó con cierta amabilidad el rebelde rubio, fijando sus intensos ojos azules sobre su amigo. Matt dejó escapar algo de humo de su boca.
-Me has pedido ayuda, ¿no? Por eso he venido…
Mello estalló en una risa divertida.
-Yo nunca dije que necesitaba tu ayuda.
Él otro sonrió.
-Pero si la necesitas.
Y eso le hizo sonreír. Él era su único y mejor amigo, desde que se encontraban en la Wammy. Le tenía un enorme respeto, así como estimo y entera confianza.
-Bueno, debo aceptar que sí.
Y al escuchar eso, el chico de googles le miró sorprendido.
-¿Tienes algún problema con Kira?
Mello suspira.
-No es tanto el caso, es algo más…personal.
Matt sonríe divertido.
-¿Ah, tú preocupándote por tu vida personal?
-Cállate, bastardo.
Y el pelirrojo estalló en risas.
-¿De que te ríes, maldito?- le reclamó, sonriendo él también.
-Es la primera vez que te escucho decir eso, Mello.
El rubio suspira.
-Sí, lo sé.
Matt, al ver la seriedad que había adoptado el rubio, también optó por ponerse serio.
-¿De que se trata?- le preguntó, fijando su mirada en él.
Mello, algo incómodo, se puso de pie.
-Es algo, que no sé muy bien como debo de hacerlo.
El de googles siguió con sus ojos todo el recorrido que hicieron los pies de Mello, preocupándose un poco; más sin embargo, permaneció en silencio.
-Mis acciones, han herido a alguien…
-¿Alguien?
Él lo miró.
-Alguien importante para mí.
Y el pelirrojo, pudo notar la sinceridad brillando en sus ojos azules, destellando con verdadero fervor.
-¿Qué le has hecho a esa persona?
Al escuchar esa pregunta, el rostro de Mello se ruborizó un poco.
-Bueno, se podría decir, que ha malinterpretado mis acciones.
-¿Por qué?
-Porque no eran las correctas, no con ella…
Fue entonces, que Matt cayó completamente en lo que estaba sucediendo.
-Mello, ¿acaso tienes un problema…de amor?
El rubio al escuchar esa palabra, se estremeció por completo. Y el pelirrojo al ver esa reacción, supo que estaba completamente en lo cierto.
-¡Sí, es un problema de amor!
Completamente ruborizado, el rubio volteó a verle.
-¿En serio es eso?
-¡Completamente!
El de googles se puso de pie, y rodeó el hombro de su amigo.
-Entonces, se trata de una chica especial…
Y Mello asintió con la cabeza.
-¿Ella te gusta?- le miró con ojos pícaros. El rubio sonrió.
-Más de lo que llegué a pensar.
Matt quedó totalmente impactado.
-¡¿Hablas en serio?
Pero eso hizo enojar un poco al rubio.
-¡Por supuesto que sí, idiota!
Luego, el pelirrojo se puso a analizar las cosas.
-Pero, ¿Qué le has hecho a esa chica?
El sonrojo volvió a sus pómulos.
-B-Bueno…la, la he besado sin su permiso…más de una vez.
-¡Oye, no has perdido el tiempo!
-Pero, lo he hecho sin ser su novio.
-Oh, entiendo. Las mujeres son un poco especiales en ese tema.
Mello suspira, aceptando que eso era verdad.
-Si lo sé, y sé que tiene razón, pero…
-¿Pero…?
Lo mira con toda la seriedad de la que era capaz.
-Ella me encanta, me vuelve loco. Desde que la conocí, no he podido concentrarme en nada. Y la tentación de sus labios, es algo con lo que no contaba. Toda ella, es algo que me sorprendió.
-Mello, hablas como si estuvieras…enamorado.
Sorprendido por escuchar esa palabra, le miró a los ojos.
-¿Y si es así?¿Sí estoy realmente enamorado de ella?
-¿Eso sería un problema?
El chico se detuvo a pensar en esa pregunta. ¿Rose se convertiría en un problema que le impediría resolver el caso de Kira?
-No lo sé.
-A ver Mello, dejemos una cosa clara…¿Tú la amas, sí o no?
Ni siquiera tuvo que pensarlo.
-Con toda mi alma.
Al escuchar eso, Matt sonrió suavemente.
-Entonces, ¿qué te detiene? Sí lo que sientes por ella es así de grande, deberías hacérselo saber.
-Pero, si ella al estar a mi lado, sale lastimada…
-No te preocupes por eso.
-¿Eh?
El pelirrojo se acercó a él, con una franca sonrisa pintada en su cara.
-Ya que tendrá a su príncipe Mello para protegerla, ¿no?
Y esas palabras, esas simples palabras, hicieron que su cabeza dejara de dar tantas vueltas, y se decidiera por fin.
-Tienes razón.
Matt sonrió.
-Bien, entonces. Por lo visto, y porque sé que eres un lento en estas cosas, estoy cien por ciento seguro que ella aún no sabe lo que sientes por ella.
-Pero, se lo he demostrado con mis besos…
-Eso no basta, Mello. Hay veces en las que, las palabras son la única manera en la que se puede expresar lo que uno siente.
El rubio suspira, exasperado.
-¡Bueno que es tan difícil todo esto! Tú sabes que nunca he sido bueno con las palabras, yo soy más de acciones, y ella tiene que saberlo.
-Mello, si de verdad quieres conquistarla, las palabras son necesarias.
El rubio rebelde le miró, consternado por haber escuchado palabras tales salir de su boca. Y con su característica y hermosa sonrisa, dirigió su vista a la ventana.
-Tienes razón.
Y el pelirrojo sonrió.
-¡Vaya, será posible que al fin conseguirás una novia!- exclamó, sentándose de nuevo en el sillón, sacando otro cigarro de su bolsillo.
-Cállate, idiota.
Y ambos, se quedaron disfrutando de la compañía del otro.
-.-
Rose se encontraba de camino a su casa, cuando a una cuadra, se encuentra con el pequeño Near.
-Ya has vuelto, Rose.
-¡Nero-kun!- exclamó ella, claramente sorprendida por tener al albino casi frente a su casa. Pero él la recibió con una sonrisa juguetona.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó, acercándose más a él.
-Sólo he venido a visitarte; ¿te he molestado?- fue su turno de responder, con su típica voz pícara.
-N-No, claro que no. Entonces, ¿por qué no me acompañas a casa?
-Sería buena idea.
Y juntos, uno al costado del otro, se dirigieron a la casa de Rose. Pero lo que ella no se esperaba, era ver ahí a su tutor.
-¡S-Señor Robinson!- exclamó, al solo dar unos pasos dentro.
-Rose.
Pero su ceño se frunció al notar a la pequeña figura que se hallaba a las espaldas de su protegida.
-Buenas tardes, Sr. Robinson- exclamó, extremadamente formal el pequeño albino. Él hombre no tuvo más que devolver el saludo. Rose, nerviosa, estaba a punto de presentarlos, pero…
-Me llamo Near Urahara, encantado de conocerlo.
-Y-Yo soy James Robinson. El gusto es mío.
Y el silencio se apoderó del momento. Rose sentía crecer su nerviosismo a cada segundo que pasaba, así que decidió romper el hielo.
-B-Bueno Sr. Robinson, e-estaremos aquí…
-No te apures Rose, yo ya iba de salida. Solo estaba esperando a que llegaras…
-Ah, bueno…
Y tomó su saco para salir. Cogió las llaves y se dirigió a la puerta.
-Volveré en un rato más. Hoy te toca hacer la cena.
-S-Sí…
Y antes de salir, fulminó con la mirada al niño, quién ensanchó más su sonrisa.
-Qué le vaya bien, Sr. Robinson.
-Gracias…
Y después de una última inspección, salió. Rose suspiró salvada, y se echó al sillón.
-Vaya, eso fue tenso.
Near sonrió.
-Tu tutor es interesante.
Ella sólo volvió a suspirar. En ese momento, recuerda que tenía visitas.
-¡Ay, lo siento! He sido muy descortés. Por favor, toma asiento Near-kun, enseguida traigo café…
Y él la obedeció. Se sentó como siempre lo hacía sobre el sillón, y comenzó a analizar lentamente la casa. No era tan grande, y tenía detalles occidentales. Observó fotos en los estantes: una de los padres de Rose, Rosemary cuando se graduó de la escuela elemental, una del Sr. Robinson con Rose, y varias parecidas.
Ella estaba en la cocina. Servía delicadamente café en una taza, y té en otra. Se veía sonriente. Pero, en ese momento, recuerda el breve encuentro que tuvo con Light Yagami, aquél sujeto misterioso con ojos penetrantes. Pensó un momento en preguntarle a Near sí lo conocía, ya que él llevaba más tiempo en Japón que ella.
-Disculpa la tardanza.
-No te preocupes.
Y posó las dos tazas en la mesa del centro, y se sentó al lado del niño. Suspiró quedamente.
-Oye, Near-kun…
-Dime, Rose- le dijo, mientras sorbía extrañamente su café.
-¿Tú conoces a Light Yagami?
De la nada, Near se detuvo, en seco. Ella lo miró, extrañada. Se había quedado como una piedra.
-¿Near-kun, pasa algo?
Él, en silencio, dejó delicadamente la taza sobre la mesita.
-Light Yagami, dices.
-Sí.
-¿De dónde lo has sacado?
Ella se extraña, al haber escuchado una pregunta tan precavida.
-Hoy, visitó nuestro colegio. No sé muy bien porqué, ya que no sé nada de él. ¿Tú sí?
-¿Tuviste contacto con él?- le preguntó, viéndola ahora a los ojos. Ella se cohibió ante sus ojos.
-B-Bueno, él y yo chocamos por accidente.
Pero él no dijo nada. Miró a la nada, sin ninguna expresión en la cara, y comenzó a relatar…
-Light Yagami es un joven genio de 25 años. Él…forma parte de la policía, dedicados a perseguir a Kira. Él fue el compañero de L la mayor parte del caso, hasta que L murió. Desde entonces, se dedica a perseguir a Kira, en nombre de L.
Rose quedó sorprendida. Light Yagami era un hombre muy bueno, y justo. Pero, había algo en los ojos de Near, que la precavían que no estaba del todo en lo cierto.
-Vaya, eso es increíble.
Near la miró, incrustándole sus pesados ojos.
-L, siempre creyó, que él era Kira.
Rose guardó silencio.
-Siempre sospechó de él, hasta su último aliento. Y esas sospechas, también como su misión de atraparlo, nos las dejó a sus sucesores.
-Entonces, ustedes creen…que Light Yagami, ¿es Kira?
-Aún no podemos comprobarlo, pero estamos en la tarea de hacerlo. Yo trabajo con un grupo del FBI, la SPK, y Mello trabaja por su cuenta.
-No lo sabía…
-Y era mejor que no lo supieras. Así, no tendrías que preocuparte por nosotros.
Pero ella guardó silencio.
-Ese detective, L…era muy bueno.
-El mejor.
Rose bajó la vista.
-Pero, sin embargo murió, a causa de Kira. Murió sin descubrir, lo que él tanto sospechaba.
Un extraño silencio los rodeó. Una nostalgia se respiraba en el ambiente.
-Near-kun.
Y el aludido volteó al llamado.
-¿Tú sabes cuál es el método que usa Kira para asesinar?- le preguntó, realmente curiosa. Near expandió un momento los ojos, pero segundos después volvió a su inexpresión de siempre.
-Existe un cuaderno, llamado "Death Note", con el cuál puedes matar a alguien con solo escribir su nombre en él. Esa, es la manera que usa Kira para matar.
No lo podía creer. ¿Cómo que existía un cuaderno asesino, que era capaz de matar a quién desearas solo con escribir su nombre en sus páginas?
-Eso es horrible…
-Sí, lo sé.
Pero la curiosidad la volvió a inundar.
-¿Tú lo has visto, un Death Note?
-Sí. Incluso Mello, tuvo la oportunidad de tocar uno, y ver al Shinigami dueño de él.
-¿Shinigami?¿Qué es eso?
-Un Shinigami, es un Dios de la Muerte. Todos los Shinigamis tienen una Death Note.
Sus ojos se expandieron por la impresión. ¿Existían realmente esas cosas? Ella nunca fue de esas personas supersticiosas, pero Near se veía muy convencido como para no creerle. En sus ojos se reflejaba la verdad. Pero, lo que no comprendía, era como un niño de no más de 15 años trabajaba con el FBI en busca del asesino más peligroso del mundo. Sí, sabía que era un chico superdotado y toda la historia, pero aún así le pareció reprobable que involucraran a alguien tan joven en algo así. Pero Near es una persona muy misteriosa. Si al principio, pensó lo mismo de Mello, el pequeño niño de cabello blanco que en ese momento la miraba, era aún más misterioso que el rubio.
En ese momento, un extraño recuerdo la inundó. Veía claramente una habitación, llena de juguetes. Después, en un costado de esa habitación, se encontraba un piano azabache. Luego, todo se desvaneció.
-¿Rose-chan, estás bien?- le preguntó el niño, ligeramente preocupado se pudo notar. Ella solo sacudió su cabeza un momento.
-Sí, no te preocupes.
Y le sonrió. Después, recordó lo que estaba pensando antes de ese incidente.
-¿Qué edad tienes, Near?
El chico, un poco asombrado, bajó sus ojos negros.
-Pues…tengo 15 años, Rose.
Entonces, la edad que ella le acomodaba no estaba tan equivocada de la realidad. Era sólo un niño, eso era lo que él le daba de impresión. Con sus gestos aún infantiles, su extraña manía de tomar un mechón de su cabello, además de que le encantaba estar rodeado de juegos y juguetes.
-Entonces, eres sólo un niño, Near-kun.
-No soy tan joven, pero tampoco un adulto.
-¿No tienes miedo?
Esa pregunta le llamó la atención.
-¿Miedo a qué?
Ella se acercó un poco más a él.
-Miedo a Kira, a ser asesinado por él. Yo en tu lugar, si lo tendría.
Y una pequeña mueca, o al menos los indicios de ella, se dejaron notar en sus labios.
-No le tengo miedo a Kira. Y tú, no debes temer, ya que yo estoy aquí para protegerte.
Y esa la hizo sonrojar ligeramente. Ahora estaba completamente segura, que ese niño le recordaba a Mello en cierto sentido. Ambos tenían una manera de hablar sarcástica y seductora, y ambos tenían una extraña manía: Near con sus mechones y sus juguetes, y Mello con su chocolate.
-Me recuerdas a Mello- le comentó sin pensarlo un momento, ya que fue un impulso que le salió del pecho. Y esos obres negros, se abrieron de par en par.
-¿Qué podemos tener él y yo de parecidos?- le preguntó, realmente ansioso por escuchar su respuesta.
Pero, ella lo pensó un momento. Al mirarlo de nuevo, se dio cuenta que sus ojos no mostraban las mismas emociones. Esas hermosas perlas negras, le reflejaban serenidad. Una especie de burlona, brillante y audaz serenidad. En cambio esos hermosos zafiros que le pertenecían a Mello, le mostraban confianza. Le mostraban arrogancia, fuerza, voluntad, valor. Todo lo que los ojos de Near no tenían. Y al caer en cuenta, en verdad que ellos dos, no eran tan parecidos entre sí.
-Yo creo Near, que en lo único que se parecen, es en que ambos son brillantes.
Le mintió, lo sabía. Pero, aún así ella sentía que le decía la verdad. Pero esa respuesta, fue suficiente para que Near sonriera ampliamente.
"Esta chica, realmente tiene algo…que me hace no poder dejarla a un lado", pensó para sí el chico. No estaba muy seguro, pero sintió delicadamente un calorcito en sus pómulos.
-Mello es muy afortunado.
Y eso la dejó perpleja.
-¿Eh?
Pero él volvió a sonreír.
-Conozco muy bien a Mello. Tanto, como para decirte que es extremadamente posesivo. El haberte encontrado primero que yo, y el haber descubierto mis extraños sentimientos hacía a ti; créeme que eso bastó como para hacer crecer ese sentimiento en él.
-¿T-Tus sentimientos…hacía mi?
-Sí, mis sentimientos.
Silencio. No hubo más palabras, sólo un entrecruce de miradas. Luego, un suspiro.
-Pero, es algo que aun no defino muy bien. Así, que olvidémoslo por hoy.
Y ella no tuvo otra opción más que asentir. ¿Era así de extraño este niño menor que ella, y que claramente se le había declarado, pero él se hizo el tonto poniendo esa excusa?
-Lo siento, Rose. Debo trabajar. Así que me debo ir por hoy.
-C-Claro.
Y ambos se pusieron de pie. Ella lo acompañó hasta la puerta. Pero antes de que él se marchara, se volvió hacia ella.
-Una pregunta, Rose.
Y ella esperó.
-Si en este día, Mello y yo te dijéramos cosas parecidas, ¿en quién preferirías confiar?
Pero ella no le dijo nada. Esa pregunta, era muy difícil de responder. Pero, era tan obvia la respuesta.
-En Mello- le dijo con firmeza. Y él, con un sentimiento indescifrable en sus ojos, se marchó.
Ella le miró partir. Esa conversación con él, fue muy extraña. Pero, algo tenía que salir como resultado después de haberse juntado con personas tan raritas.
-.-
Unas horas después de que Near se marchó, y a unas cuadras del último lugar en donde estuvo, dos muchachos discutían.
-¡Es que, no puedo decirle eso!
-¿Por qué no, Mello?
-¡Porque es muy vergonzoso decirle tales palabras!
Y el pelirrojo suspiró. Su amigo era un reverendo imbécil.
-Eres un idiota- le espetó, y entonces le dio la espalda, y suspiró contando hasta diez. El joven rubio se rascó la cabeza, en señal de desesperación.
-No es que sea así Matt, es solo que siento que no me creerá si le digo algo como eso.
-¿Y por qué no te creería?
El rubio suspiró.
-Porque ella sabe que yo no soy de las personas que dicen cosas como esas.
El de googles enarcó graciosamente sus cejas.
-Tienes razón, tú no tienes talento para el romanticismo.
-Gracias por recordármelo- se burló, por los ánimos.
Pero una sonrisa de comprensión se dibujó en los labios del chico de pelo rojo. Y fumándose un-delicioso, a su parecer-cigarrillo, miró a la lejanía.
-Entonces, debes decirle lo que te nazca en el momento.
Y así, sin más, se marchó; dejando al pobre rubio a su suerte. Y ese rubio, no pudo más que suspirar.
"Estoy a punto de hacer mi primera declaración de amor en toda mi vida, y el desgraciado de mi 'mejor amigo' me abandona a mi puta suerte. Vaya amigo que eres, Matt", pensó de alguna forma molesto. Pero no podía culparlo a él, ya que el único culpable era él mismo.
Si las cosas no salían como estaban planeadas, era solo su culpa. Su estúpida culpa. Por ser un idiota, estúpido y terco chico sin sentido del romance. Matt le había dado su consejo, y fue suficiente para sentirse agradecido. Ese tonto, como lo quería. Pero, esos no eran momentos ni circunstancias para pensar en eso; él tenía algo más importante que hacer. Suspiró.
-Perfecto, en marcha…
Y aunque titubeantes, sus piernas dieron los primeros pasos. Como era un estúpido –a su parecer-, no llevaba un ramo de rosas o unos chocolates –a parte de que él mismo se los comería antes de dárselos a ella-; solo iba armado con su valor y unas palabras aún desconocidas. Solo con eso.
"Pero, eso debe bastar ¿no?", exclamó en su cabeza. De lo poco que conocía del romance, estaba seguro que las mujeres caían rendidas a los pies de un hombre cuando ellos les decían lo que ellas querían escuchar. Solo con pronunciarles palabras dulces y llenas de amor, eso bastaba para hacerlas correr a sus brazos. Pero claro, como él estaba acostumbrado a estar con mujeres a lo mucho una noche, y sin ningún compromiso, no era necesario que les dijera nada. Y eso a él le daba lo mismo, con solo sentir sus…en fin.
"Pero Rose es diferente. Ella es dulce, cariñosa e inocente. Sí, admito que tiene un cuerpo buenísimo, pero no creo que decírselo me ayude", pensó un momento, mientras se acercaba más a la casa de la de ojos violetas. Y su imagen vivaz se cruzó por su cabeza. Con cada uno de sus detalles en su lugar. Era tan hermosa y angelical, que hasta sentía que solo con pensarla la desgastaba. Toda su vida deseo encontrar a una mujer así, aunque nunca en su desgraciada vida lo hubiese admitido. Ella era perfecta, con sus obres violetas que lo traspasaban cada vez que se fijaban en él, con su sonrisa que le alumbraba día a día, con su voz, con sus manos, su cabello…
"Vaya, pensar en ella me hacer sentir caliente. Diablos."
Y cuando menos se lo esperó, la enorme puerta de la casa de Rose se encontraba en sus narices. Tragó pesado un momento.
-Vamos Mihael, tú puedes. Una mujer no puede ganarte, y menos se te puede escapar- se dijo a sí mismo en voz alta, intentando aumentar una décima su extinto valor. Destensó sus hombros, sacudió sus manos…era como si se preparara para una pelea o algo por el estilo. Y con la mirada más decidida de la que fue capaz, sus nudillos tocaron la puerta…
Dentro de la casa, Rosemary terminaba la pasta que desde la tarde venía cocinando, cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta.
"¿Quién será a esta hora?", pensó cuando se fijó que eran las 7:20 de la tarde. Ella nunca recibía visitas a esa hora cuando se encontraba sola en casa. Se quitó el delantal, y fue a atender…
Fuera de la casa, una bomba de nervios se encontraba frente a la puerta. Sin poder evitarlo, Mello no podía dejar de temblar. Pensaba y volvía a pensar acerca de las palabras que debería decirle a la chica que tanto le gustaba.
"Rose, hoy estás muy hermosa…no, que cursi…Buenas noches, ¡Oh vaya! Hoy luces divina, Rose…¡no, que estúpido suena!", se repetía muchas frases parecidas, mientras su cara mostraba con gestos su reacción ante cada una de ellas. Realmente, no tenía ni la más mínima idea de qué decirle a Rose. Estaba consciente que ella deseaba que le dijera algo que sonara convincente, que ella deseaba escuchar que la amaba más que a nada…pero Mello no era de esas palabras. Él sabía, que muy dentro de él, todo ya estaba dicho, pero le era tan difícil transmitirlo en palabras. Nunca había hablado de cómo se sentía, ni que era lo que pensaba respecto a otra persona. Pero sentía que era el momento de madurar, y darse a expresar como nunca lo había hecho. Así que, sin ninguna palabra aún, esperó a que ella abriera la puerta…
Y la abrió.
-.-
Mientras tanto, Near conversaba con alguien en las oficinas de la SPK…
-Entonces, Mello justo ahora debe estar hablando con ella- le comentaba cierto chico pelirrojo mientras se fumaba el tercer cigarrillo del capítulo. Near no mostraba expresión alguna. Los ojos de Matt se postraron sobre el pequeño de pelo blanco.
-No te digo esto para traicionar a Mello. Sólo te lo estoy comentando para saber qué harás tú al respecto, ya que veo claramente como te enferma saber eso.
Pero el silencio no se interrumpió, Near continuó con la misma expresión de la del principio.
-Es coherente que pienses así, ya que tú y él son buenos amigos.
Pero el de googles no entendió ese comentario. Near fijó sus orbes ahora excitados sobre la oscura ciudad de Tokyo.
-Pero, esto no acaba aquí…
Y un sentimiento de tristeza se reflejó en su mirada, lo cuál no pasó desapercibido por el chico de googles, quién solo sonrió.
-Vaya que no.
-.-
Sus ojos mostraron la sorpresa que esa visita le causó, más sin embargo volvió a una postura seria.
-¿Qué pasa, Mello?- lo llamó sin el "kun" de siempre. Él solo tragó saliva.
-H-Hola Rose, buenas noches- sí, sonó demasiado formal, algo que él para nada era. Rosemary torció el gesto.
-Hola.
Y no dijeron nada por segundos, hasta que él habló.
-¿M-Me dejarás pasar?- preguntó con temor.
-Sólo por unos minutos.
Y le abrió la puerta, dejándole un espacio para que entrase. Y él, lentamente, dio paso a paso hasta llegar a la sala de estar. Se miraron fijo.
-Toma asiento, por favor- le dijo ella, mientras iba a la cocina por algo de beber. Él solo suspiró seco, y contó hasta diez. Para cuando ella regresó, él ya estaba sentado como siempre, con sus piernas cómodamente abiertas, los brazos sobre el respaldo, y una mirada de seducción. Rosemary se le quedó viendo perpleja.
-Hola, encanto.
Y ese fue el comienzo de esa larga noche para ambos. Ella le miró con una ceja levantada, mientras dejaba con delicadeza la charola en la mesita. Pero su expresión no cambiaba.
-Em…
Y él ensanchó más su sonrisa. Para esa ocasión, traía un chaleco negro de cuero y un pantalón liso de igual color. Con sus inseparables guantes, y botas pesadas. Lentamente, muy lentamente, bajó el cierre de su chaleco hasta el centro de su pecho.
-Hace calor aquí- quiso sonar como una queja, pero le salió más seductor que otra cosa. Ella le seguía observando fijamente. Para cuando terminó, se acercó un poco más a ella, cosa que Rosemary lo notó.
-Estás actuando extraño, Mello- le comentó, sin quitarle su mirada de encima. Pero él rió.
-Es tu imaginación, primor.
-Recuerdo haberte dicho que ya no me llamaras así.
Él lo recordó en ese momento. Había metido la pata, pero prefirió improvisar. Ella optó por suspirar, y servir un poco de café en una taza para él. Delicadamente, como siempre, la sirvió. Y se la puso enfrente, esperando a que se la bebiera. Pero esperó en silencio, y simplemente él no se movía de ahí. Así que dejó de prestarle atención.
-Y bien, ¿qué deseas?- le dijo ella, cruzando sus piernas de una manera coqueta, pero involuntaria. Mello solo se mojó los labios. Extrañamente, esa noche Rose traía una falda un tanto corta, y una blusa blanca de tirantes anchos. Su cabello suelto caía graciosamente a los costados de su rostro y sobre su espalda, dándole un aspecto hermoso. Su flequillo cubría una parte de sus violetas ojos, que lo miraban fijamente. Y eso a él lo desconcentraba mucho.
-Vine para charlar un rato.
Y eso a ella le extrañó. Pero esa frase sonaba muy Mello.
-De acuerdo.
Y bajó la pierna que había cruzado, dejándola al costado de la otra. Mello simplemente suspiraba, ya que ninguno de esos detalles se le estaba escapando.
"¿Lo hace a propósito?", pensó el rubio, mientras observaba de soslayo a la chica. Por dentro, una llama estaba creciendo, tanto que no sabía cuánto iba a poder soportar. Fue entonces, que ella se acomodó en el sillón de tal forma que ambos quedaran frente a frente. Recostó su espalda en uno de los braceros del sillón, y cruzó sus brazos debajo de su pecho.
-¿De qué deseas charlar?
Pero él, en silencio quedó ante tal vista.
-De lo que quieras.
Y ella pareció pensarlo. Pero mientras lo hacía, algo que estaba tirado en el piso la distrajo. Eran los lentes del Sr. Robinson, que al parecer los había olvidado. E instintivamente, se agachó un poco para cogerlos. Su cuerpo se flexionó de tal manera, que movió un poco sus piernas dejando al descubierto una parte de ellas que antes estaba cubierta por la falda, además de que su pecho se dejó ver un poco más por el escote. Mello se mordió el labio inferior ante tan deliciosa tentación.
"Rayos Rose", se quejó, mientras disfrutaba de una vista que a su parecer, era maravillosa. Su rostro, sin querer se coloreó un poco, y un sudor frío le recorrió el cuello y la espalda. Pero por dentro, se sentía endemoniadamente caliente.
Cuando ella volvió a su postura anterior, él miraba para otro lado, completamente rojo. Era demasiado.
-Bien. Pues hablemos, no sé, de nosotros.
Y eso lo distrajo un poco de sus pensamientos. Volteó a verla, y la visión que presenció, lo hicieron petrificarse. Ella se veía salvajemente sexy, con uno de sus tirantes un poco caído, y una mirada fija en la de él tan profunda, que hasta le recorrió el alma completa. El pulso del chico se aceleró, y cada uno de los latidos que daba su corazón era como si lo atrajeran a la chica que tenía frente suyo. Su mente se estaba nublando. No, eso no podía estarle pasando a él, quién procuraba tener la mente fría.
-B-Bien.
-Bien.
Y de nuevo, el silencio se apoderó de ambas voces. Sus zafiros se cruzaron profundamente sobre las violetas de ella. Hacía un tremendo calor, al parecer de Mello. Y Rose no ayudaba mucho a enfriarlo. Pero, era que la cosa aquí, era que ella no se percataba de lo que le sucedía a nuestro rubio. Cuando lo vio en su puerta, realmente se sorprendió por tenerlo ahí. Y de inmediato recordó la última charla que habían tenido, fue entonces que supuso que él había ido a aclarar las cosas, o a declarársele. Una de dos; pero por lo visto ninguna. Suspiró.
"¿Qué acaso te es tan difícil decirme que me amas, Mello? Eso es lo único que necesito escuchar…", expresó en pensamientos, mientras sus ojos escapaban de los de él. Una ola de tristeza inundó su pecho, y otra más grande de decepción se llevó todo a su encuentro. Él no le diría nada. Él se quedará callado.
Por su parte Mello, trataba de aguantar sus impulsos que lo obligaban a acercarse a ella. Sus manos estaban desesperadas por sentir su piel, y su boca estaba loca por chocar con la de ella. Y estaba a punto de hacerlo. Ya no podría más.
Un último silencio se acomodó antes de la desgracia, y él habló…
-Lo siento, ya no puedo aguantarme más.
Y la tomó por completo. Con fuerza, la tomó del rostro y la besó suave pero fuerte a la vez. La sorpresa de Rosemary no podía ser más inmensa. Mello saboreaba con ferocidad sus labios, mientras sus manos la recorrían centímetro a centímetro. Ella inmóvil quedó.
-P-Pero que…
El rubio no la dejaba hablar. El frenesí de su roce era poderoso, y no podía contra él. Loco se encontraba, y cegado por la pasión. Quería hacerla suya. De eso se dio cuenta Rose, pero sus fuerzas eran tan débiles comparadas con las de él. No podía. No podía más…
Al sentir como las manos de Mello, se colaban por debajo de sus prendas, su decepción creció. Él solo la veía así. Y eso no podía cambiar. Él no podía cambiar. Las lágrimas amenazaban con llenarle los ojos, y derrotar sus últimas fuerzas. Un gemido se escapó de su boca…
-Rose, mi Rose…- exclamaba Mello, mientras recorría con su boca el suculento cuello de la de ojos violetas. Y ella, con sus últimas fuerzas, lo separó con salvajismo de su cuerpo, aventándolo hasta el otro extremo del sofá. Mello despertó de su trance, y la observó.
-¿Rose…?
-¡Vete de aquí!
Tembló. Su voz sonaba lastimada.
-Rose, yo…
-Creía que habías comprendido.
Y esas palabras silenciaron lo que sea que iba a decir a continuación.
-De verdad, creí que me entendías. Pero, ahora veo que no es así…
Sus ojos estaban derramando lágrimas, y sus mejillas estaban rojas de la vergüenza. La miró. Los tirantes de su blusa estaban caídos, y su falda mal acomodada. Su cuello, boca y brazos estaban llenos de marcas, que sus labios habían dejado ahí. Y escondía su rostro entre sus cabellos, tímidamente.
-¡Tú solo me ves como un maldito objeto con el que puedes jugar cada que quieres!
Su grito lo aterraron más, al igual que ver como se desmoronaba en lágrimas. Su corazón dio un crujido.
-Yo sólo soy una más de tus mujeres, no soy nadie especial. Tú no me quieres, solo me utilizas…
-Rose no, espera-
-¡Y yo tanto que te amo!
Escuchar eso, lo silenciaron. ¿Había escuchado bien?¿Ella acababa de decirle que lo amaba? Esa hermosa y frágil chica, ¿lo amaba? No lo podía creer. Su respiración pareció pausarse, e ir más lento.
-Pero, eso no va a cambiarte. Tú nunca vas a cambiar. Siempre serás el arrogante, inteligente y egoísta Mello…
Lo miró a los ojos.
-Pero nunca, podrás ser el Mello que yo esperaba que fueras. Nunca llegarás a ser como él.
Suspirando, quitó con fuerza las lágrimas de su cara. Y con los ojos más fríos de los que era capaz, se acercó a él. Dejó andar al silencio un momento, y después le plantó semejante cachetada, que lo hicieron tambalearse e ir a parar hasta la puerta. Eso, le dolió hasta el alma. Con una mano, cubrió la zona enrojecida. Pero sus ojos nunca se fueron de los de ella.
-Vete Mello, tú ya nada tienes que hacer aquí. Ya todo me quedó muy claro.
Quiso hablar, pero la voz no le salió. Y ella, enojada, lo empujó hasta chocar contra la puerta.
-¡He dicho que te vayas, no quiero volver a verte nunca más!
-¿Qué? No espera…
-¡Ya no me digas nada! Sólo vete Mello…-su voz se quiebra- Ya deja de hacerme daño. Ya deja de darme esperanzas y enamorarme cada día que pasa. Ya, por favor…
Y de nuevo, como cascada, las lágrimas cayeron sin piedad. Demostrándole a Mello la magnitud del dolor que le había causado. Asustado, se acercó a ella, y tomó su mejilla.
-No Rose, no me digas eso…Yo sé, que estuve mal, pero…
Entonces la chica le volteó la cara, y le dio la espalda. Intentó calmarse, y suspiró hondo.
-Rose, lo que yo siento por ti…
-¿Qué es Mello? Dilo.
Pero, no pudo continuar. Simplemente, no podía decirlo. Aunque lo sintiera, y aunque ya lo había aceptado, no podía decirlo. Era tanto su temor ante tal sentimiento, que lo paralizaba cuando de él se trataba. Fue así, como se quedó en silencio, asumiendo la derrota.
-Ya veo. Eres tan cobarde que no me lo puedes decir.
Y eso, le dolió. Si, era un maldito cobarde, que había arruinado la última oportunidad que tenía para recuperarla. Y todo por su estúpida calentura.
-Vete, Mello. Y no vuelvas.
-Pero, tú me dijiste que me amabas.
Ella se quedó en silencio, y bajó la vista.
-Eso, se terminará. No puedo amar a alguien que juega conmigo de esa manera…
-¡Pero, es que yo…!
-¡No me importa! Vete.
Él retrocedió. Los ojos de Rose le mostraban tanto dolor, que no podía seguir viéndolos. Y así, dio la media vuelta, y se fue corriendo. Sin voltear atrás ninguna sola vez.
Y ella, derrotada, se tumbó al suelo. Sin compasión, los sollozos de su pecho salieron como truenos, y las lágrimas caían y caían y caían sin detenerse, sin piedad. Cubrió su rostro con ambas manos, para así tratar de evitar un poco el dolor.
"No creo que sea tan fácil así como lo dije Mello. Olvidarte, es algo que mi corazón no está dispuesto aún a hacer…", se dijo en pensamientos.
'Cuando usé la llave en la puerta cerrada en mi corazón
De ninguna manera permití que el amor viniera a mí
En la noche cuando cientos de lágrimas fueron vertidas
Preferí la mentira y negué la realidad'
-.-
Y Mello corría y corría sin detenerse. Sus ojos cubiertos por su cabello estaban, y sus piernas cansadas de tanto correr le pidieron un descanso. Casi sin aliento, se detuvo. Apoyó su palma sobre la fría pared de concreto más que tenía. Y ahora sí, no aguantó más.
Las lágrimas salieron, y no las podía frenar. Él, por sobre todo, odiaba ser débil. Odiaba mostrar debilidad. Pero, en ese momento, estaba tan asustado y enojado que no pensaba en nada más. Se maldecía miles de veces por ser tan estúpido y por ser tan cobarde. Si ya sabía lo que sentía, ¿por qué carajos le daba tanto miedo decírselo? ¿Qué era lo que le impedía amarla sin más? Lo odiaba. Odiaba al temor. Y a la cobardía. Pero, eso no quería decir que no los sentiría. Golpeó con furia el concreto…
"¿Por qué tenía que ser así? Yo te amo Rose, te amo con toda el alma…¿Por qué demonios no puedo decírtelo? ¿A qué le tengo tanto miedo? ¡Diablos!", gritó en su mente. Y empapado en lágrimas, se arrodilló; y dejó a su sufrimiento correr…
'Es aterrador convertir mis sentimientos en palabras,
Pero le diré 'te quiero' a la persona que amo.
Cuando miraba el camino recorrido y el que aguardaba,
Mis ojos estaban llenos de cobardía.
Quería mirarte a los ojos, pero tenía miedo de no poder ser sincero.
No quería saber que no me querías, y vivir solo el resto de mis días.'
Y esa noche, dos corazones lloraron uno por el otro; sin saber, que ambos se pertenecían mutuamente aún. El dolor los inundó, y todo se llenó de oscuridad…
Pues, hasta aquí llega esta vez. Si ya llegaron hasta estas líneas, les comento que los pedazos en negritas los tomé de dos canciones que al leerlas en español, me di cuenta que les quedaba cierta frase a los personajes. Para la de Rosemary, tomé la segunda estrofa de "Kokoro no Senshi" de la genialosa Angela Aki; para Mello, son dos estrofas intercaladas de "Sen no yoru wo koete" del grupo Aqua Timez. Esto no es un SongFic, así que espero que no me lo borren T_T. En fin, espero contar con su comentario, y pues nos leemos amigos!
PD: Cambié mi nombre por el de: AbigailKoikeD'Franco.
