¡Hola lectores! Aquí regreso con el sexto capítulo de esta historia. Siento de verdad la demora, pero mi cabeza nomás no daba una. La idea la tenía planteada más o menos bien, pero no encontraba las palabras para narrarla. Así que, al final esto fue lo que resultó, que espero no los decepcione. Puse todo mi esfuerzo en él.

Gracias de antemano por leer mi historia. No tengo las palabras para agradecer a todas aquéllas personas que me han dejado review con sus respetables comentarios, y que le hayan dado una oportunidad a esta historia. Gracias a ustedes, esta historia continúa. Así que, este capítulo va dedicado especialmente a ustedes. ¡Gracias de verdad!

Continuando, Death Note no me pertenece, todos sus derechos a sus respectivos autores; yo sólo uso su historia para mi entretenimiento.

Ahora sí, ¡a leer!

Capítulo No. 06: "Koi"

La luna, como reina se colocó en el centro de aquél negro cielo. Con su luz, iluminaba a duras penas la ciudad, que en penumbras se encontraba. Esa noche, no había nubes, ni estrellas…en esa noche, a la luna le tocó estar sola.

Un rayo de su luz, se colaba ligeramente por una cortina. Alumbraba la figura de una chica acostada en su cama. Una chica que amargamente lloraba, sola y sin nadie que la consolara. Sus sollozos eran tan fuertes, que parecían truenos en una noche lluviosa. Sus ojos miraban la nada, mientras sin fuerzas su cuerpo se encontraba. A esta chica en particular, le habían roto el corazón ese mismo día. Pero, no era eso tal vez lo que más dolía. Tal vez era, el hecho de saber que aún cuando ese chico le mostró lo poco que se interesa por ella, su corazón aún estaba loco por él. Aún latía por él, aun lo amaba más que a nada. Eso, era lo que más dolía.

Unos ligeros golpecitos se escucharon en la puerta. Pero ella igual no respondió…

-Rose cariño, ¿estás bien? Te he llamado para cenar, pero no me has contestado. ¿Ha pasado algo?

Pero, ella seguía sin contestar. El nudo en su garganta se lo impedía.

-¿Rose…?

Y el hombre al ver que no contestaba, decidió que lo mejor era irse. Tal vez, ella estaba ocupada con algún proyecto de la escuela. Pero, si era así, mínimo le contestaría que estaría ocupada.

"Algo ocurre con esta niña…", pensó el Sr. Robinson, bastante preocupado por su protegida. Ella no era así.

Y esa dulce chica, de ojos violetas y hermosa sonrisa, no tenía fuerzas para nada. Se sentó en el borde de la cama, y se miró en el espejo. Tenía un aspecto aterrador. Suspiró. Tomó su bata de baño y prefirió darse una ducha reparadora y no pensar en nada. Se metió a la tina, y recostó su cabeza. Estaba harta de llorar, pero no podía evitarlo. Llevó una mano a su cuello, y aún sintió las marcas que esos labios le dejaron. Eran marcas de besos.

"No que pensará el Sr.Robinson si las ve…", se previno en pensamientos. Fue por eso, que talló y limpió con lo que pudo para que desaparecieran. No quería seguir sintiendo lo que él le dejó. Suspiró. Eso dolía más que la primera vez que la rechazaron. Tal vez era que la primera vez era muy joven, y no sabía mucho…o tal vez era, que en ese entonces su amor no era tan grande como ahora. Sí, lo que sentía por Mello era ya muy grande, tanto que con tan solo recordar lo que pasó esa tarde, la hacían querer llorar y mandar todo al demonio. Pero, ella no quería hacerlo. Ella no iba a sufrir por él. Una vez, alguien le dijo "Debes llorar por lo que valga la pena, no por cosas que simplemente no tienen el mismo valor que lo importante". En ese momento, no podía recordar quién le había dicho tales palabras, pero que se repetían una y otra vez en su cabeza. Cuando algo fugaz se cruzó por su cabeza, lo único que recuerda son unas tibias manos delgadas, pálidas como la nieve, que acariciaban su cabeza. Y después, nada.

"Esa es la verdad.Quién sea que me haya dicho eso, tenía razón. Solo debo llorar por lo que valga la pena. Y Mello no lo vale…", pensó. Después, dejó al silencio apoderarse de ese momento, y prefirió concentrarse en su baño. Su cuerpo, poco a poco, se relajó…

En cierto hotel de la ciudad, un par de muchachos se peleaban. Uno, pelirrojo, golpeaba severas veces al otro, rubio, quién se encontraba quejándose.

-¡Ya te dije que esa no era mi intención!

-¡Maldito descerebrado! Mandaste todo al carajo, y todo por tus estúpidas jaladas.

Y le propinó tremendo coscorrón que le dolió hasta el alma.

-¡Ya, deja de regañarme, pareces mi madre!

-¡Pues dale gracias a Dios que no tienes, sino ya te la hubiera mentado miles de veces!

-¿Qué dijiste? ¡Cabrón!

Y se lanzó sobre el chico de googles, que con mucho gusto lo recibió. Como niños chiquitos, se golpeaban tirados en el suelo, ensuciándose y estirándose los cabellos mutuamente. Pero, una presencia que en esos momentos hasta daba miedo, se apareció en la habitación.

-Vaya, hace años que no los veía pelear así.

Y ambos chicos, se congelaron al saber de quién se trataba. Pero fue Matt quién tragó pesado…

-¡Near, qué demonios haces aquí!- le gritó Mello, poniéndose de pie y sacudiendo su chaqueta de cuero negro. Matt hizo lo mismo.

-Vine a felicitarte.

Pero, eso lo dejó aún más helado de lo que ya estaba. Sus ojos se expandieron de sobremanera, al igual que su boca. Matt se volteó a la ventana. Él sabía a qué se refería Near.

-¿De qué hablas, idiota?

-Me he enterado que fuiste a declarártele a Rose-chan.

Y escuchar de nuevo aquél nombre, lo hicieron ensombrecer su semblante. Recordó claramente lo que ocurrió esa tarde en su casa. Se volvió a maldecir mil veces a sí mismo…

-Así fue. Pero, no tuve éxito…

Ahora fue el turno de Near asombrarse. Escuchar salir tales palabras de la boca de aquél malcriado e infantil chico, de verdad lo dejaron sorprendido.

-¿Por qué?

Y un suspiro de parte de Mello, lo hicieron sospechar más. ¿Rose lo había rechazado? Pero si ella, claramente se sentía atraída hacia el rubio. ¿Por qué lo haría? Muchas dudas empezaron a llenarle la cabeza. Pero, Mello no se veía incapaz de no hablar.

-Yo…hice algo que no debía.

-¿Qué hiciste?

Pero, al fijar sus hermosos zafiros sobre los azabaches de él, le mostraron toda la cobardía que llevaba por dentro. Por primera vez, él le mostró lo débil que podía llegar a ser. Y era más que claro, que esa debilidad se debía a ella, porque esa chica le había creado un sentimiento de pertenencia y dependencia que se convirtieron en su debilidad. Ella, era su debilidad. Y eso él no lo iba a cambiar. Otro suspiro se escapó de sus labios finos. Near, le miró con cautela.

-Me dejé llevar, y estuve a punto de abusar de ella…

Y así como al principio, sus ojos por un segundo estuvieron a punto de salírsele de los obres. Y una furia antes dormida, lentamente, fue despertando. Sin pensarlo dos veces, fue y arremetió contra el chaleco de cuero de aquél apuesto chico, y lo tomó salvajemente del cuello.

-¿Te atreviste a tocarla con esas intenciones?

Pero Mello, como impulsivo que siempre fue, también se molestó.

-¡No, yo nunca haría algo como eso!

-¡Pero lo acabas de confesar!

-¡Dije que me dejé llevar, nunca que yo deseaba hacer eso!

Y por primera vez en toda la historia, Near mostró un rostro lleno de resentimiento y odio hacia Mello. Él no podía ser capaz de haberle hecho daño a ella. Si lo hizo, lo mataría. Era que lo mataría.

-Tú solo la querías para eso…

-¡Ya te dije que no, idiota! Además, yo no tengo porque darte mis razones.

-Primero te burlas de ella robándole un beso, y ahora la destrozas por completo al intentar violarla. ¿Qué demonios tienes en la cabeza?- le decía, llevado por la ira y la desesperación. Era la primera vez que se precipitaba y se exaltaba. Él siempre fue de una completa calma, pero ahora saber que ese sucio bastardo intentó abusar de ella, le encendía una extraña llama en sus entrañas.

-Rosemary es una chica dulce, amable y hermosa…

-¿De verdad tengo que escucharte decírmelo? Yo ya lo sé.

Pero Near no podía calmar su cólera. Si las cosas no se controlaban, iba a perder los estribos y lo asesinaría con sus propias manos.

-¡Eres un maldito imbécil!

Era la primera vez que Near decía una grosería, e insultaba a alguien. Pero, era que le había colmado la paciencia. El tercero que estaba ahí, se sorprendió por lo enojado que podía estar Near. Era la primera vez, que el albino le hizo sentir miedo.

-¡Cállate, estúpido! Te advertí que ella sería mía, te gustase o no.

-¿Y así es como piensas hacerla tuya? ¿Tomándola por la fuerza?

-N-No.

Near suspiró. De nada servía enojarse. Fue entonces que le dio la espalda al rubio, fijando su vista sobre la ventana.

-Yo a ella la amo. Me he dado cuenta de ello.

El ceño de Mello se frunció. Ese bastardo era muy valiente para decírselo en su cara.

-Y no pienso dejar que tú la tomes, y hagas con ella lo que se te venga en gana. Por un momento me había resignado, al pensar que ella te había aceptado. Pero ahora, todo es diferente…

-¿Me estás amenazando?

La tensión era demasiada. Parecía como si en cualquier momento los dos arremetieran contra el otro, y no pararían hasta acabar por completo uno con el otro. La mirada penetrante del albino, se fijo en la azul del rubio.

-Tómalo como quieras.

Fue entonces, que Near dio por terminada esa conversación. Con pasos firmes, pretendía irse, pero la mano de Mello lo detuvo.

-No me importa que seas tú Near, yo tampoco me voy a resignar. Yo me voy a quedar con ella.

Una risita sarcástica salió de la boca del albino.

-Ya veremos si después de esto, ella te acepta…

-Apuesta a que sí.

Entonces, lo dejo marchar. La puerta se cerró con cuidado. Al verlo partir, Mello se tumbó al sillón, suspirando de cansancio.

-Fuiste tú quién le dijo, ¿verdad?

Y Matt volvió a tragar pesado.

-Sí, fui yo.

Pero la única expresión que mostró el rubio, fue una sonrisa.

-Así al menos ella tendrá una segunda opción.

El pelirrojo lo miró desconcertado.

-¿Te estás rindiendo, Mello?

-No, no lo estoy haciendo, o al menos no ahora. Es sólo que yo no sé el futuro, Matt. Después de lo que hice hoy, no sé si ella me perdonará. Así que, al menos espero que ella tenga a alguien más.

Y el de googles, lo único que pudo hacer, es llevar su palma a su hombro, en señal de aliento. Cuánto iba a pasar su amigo, por conquistar a una mujer.

"Espero que tengas suerte, amigo" pensó Matt.

"Yo también espero lo mismo, Matt".

-.-

Era sábado al mediodía. Asuii había invitado a Rosemary a ir de compras con ella, después de que la de ojos violetas le contara su desgracia.

-¡No puedo creer que ese idiota de Mello se atreviera a tocarte con esas intenciones!

Rose permaneció en silencio.

-Eso no tiene perdón, amiga-continuaba quejándose, alegando de todo lo mal que estaba en Mello, y de cómo debía reaccionar ella a partir de ahora con él…

-Asuii-chan, porfavor, dejemos ese tema por hoy- le dijo, cansada de siempre escuchar lo mismo. Entonces, la oriental se detuvo, y la miró con preocupación.

-Rose-chan…

Entonces, la susodicha fue y se sentó en una banca a la sombra de un árbol. Dejó que el viento soltara su cabello, y lo hiciera danzar a su son. La brisa fresca de mediodía le acarició cada poro de su piel. Inhaló y exhaló todo el oxígeno que pudieron sus pulmones. Asuii se sentó a su lado.

-Antes de correrlo, Mello se veía realmente arrepentido. Además, yo ya le dije que lo amaba.

Los ojos de Asuii estaban que se salían de sus orbes. Esa parte no la sabía.

-¿Se lo dijiste? ¿Por qué?

Un silencio cálido reinó por varios segundos. De nuevo, su largo cabello negro se movió al son del viento.

-Porque ya no podía más con ese sentimiento. Debía gritarlo, sino nunca sería capaz de decírselo. Sentía, que esa era la última vez que lo iba a ver.

-¿Está bien que se lo hayas dicho? Él podría aprovecharse de eso…

Rosemary suspiró.

-¿Qué más mal me puede hacer, si ya ha destrozado toda esperanza? Yo creí en él, Asuii. Creí, que él era diferente; que me respetaría, que me adoraría como se debe…pero no, él demostró que era igual que todos los de su tipo- dijo queriendo sonar despectiva, pero sonó más a desilusión. La oriental solo pudo suspirar, y apoyarla. La comprendía, de alguna manera.

-Pero bueno, hoy no debemos apagarnos, ¡venimos de compras!

Y jalándola del brazo, la levantó, para llevarla dentro del centro comercial. Así pasaron varias horas, yendo de tienda en tienda viendo que compraban. Asuii intentaba por todos los medios sacarle una sonrisa a Rose, pero en contadas ocasiones lo lograba. Así, se pasó la tarde…

-.-

Las 5:17 pm. Mello se hallaba en su despacho, monitoreando el caso Kira como se debe, mientras comía una gran barra de chocolate. En ese momento, su amigo pelirrojo aparece…

-Mello…

-¿Qué sucede, Matt?

El otro, se encontraba pasando el Nivel 15 de uno de sus tantos videojuegos. Al no escuchar respuesta, el rubio se gira de lleno a él.

-¿Y bien?

Pero el de googles seguía sin dirigirle la mirada.

-Hoy vi a tu chica.

-¿En serio, donde?

-En un centro comercial bastante concurrido. Es una chica esbelta, de cabello largo negro y ojos violetas, ¿verdad?

El ojiazul asintió enérgicamente. Pero el pelirrojo seguía embebido en su videojuego. Involuntariamente, un destello de tristeza se apoderó de aquéllos zafiros profundos. Matt se percató de ese pequeño detalle.

-¿Qué ocurre?- le preguntó, dejando a un lado por fin su maquinita. Mello dirigió su vista al monitor.

-Quiero hablar con ella, explicarle todo…

Un silencio reinó por varios segundos. El pelirrojo suspiró.

-Ya sabes lo que debes hacer.

-Sí, lo sé.

Entonces, giró su silla, hasta quedar de nuevo de frente al chico de googles.

-Pero, tengo miedo. No quiero ir hasta donde está, y que ella me rechace rotundamente.

Entonces, el chico pelirrojo lo miró con ojos de sorpresa. ¿Mello, sintiendo miedo?

-¿Dónde quedó tu valor, Mello? Cuando éramos pequeños, eras el primero en saltar cuando íbamos a hacer alguna travesura.

-Eso es diferente; esto es algo más serio, y mucha más difícil.

-Sí, tienes razón.

Volvió a recostar su espalda sobre el respaldo del sillón. Pero, aquélla llamita incómoda por su amigo lo hizo volver a saltar.

-¿Por qué no vas a verla hoy?

-¿Estás loco?

Entonces, le dedicó una mirada de reproche.

-Ten valor, y ve a verla.

Esas palabras dejaron callado al joven rubio. Su corazón ardía en deseos de hacerlo, pero su temor era aún más grande. Tenía miedo de no tener de nuevo las palabras correctas, y dejarse llevar por ese incómodo calor que sentía cada vez que la miraba. Entonces, Matt volvió a hablar…

-Pienso que, ya es momento de que madures- exclamó, fumando un cigarrillo. El rubio se le quedó viendo.

Sí, su amigo tenía razón. Él ya se podía considerar un adulto, así que debía actuar como tal. Pero, algo inundó su mente de una extraña resolución.

-Sí, hablaré con ella. Pero, no forzaré el momento; esperaré hasta encontrar el correcto.

Escucharle decir palabras tan serias, le demostraron a Matt que después de todo no estaba tan perdido. Mello podía ser muy impulsivo, pero seguía siendo un genio en toda la extensión de la palabra. Sabía reflexionar sus acciones, y armar estrategias como nadie. Así que, estuvo de acuerdo en que esa era la mejor estrategia. Esperar el momento oportuno, sin forzar nada.

-Vas progresando, Mello.

-Eso es bueno.

Y de nuevo, el silencio se hizo presente.

-.-

Rose se encontraba cenando en su casa, junto al Sr. Robinson y a Asuii. Charlaban de cosas triviales, pero ella no participaba mucho. Se veía seria, y sin muchas ganas de cenar. Disculpándose, subió a su habitación.

-Asuii-chan, ¿tú me puedes decir que es lo que ocurre con Rosemary?- le preguntó preocupado el hombre, reflejando en su mirada toda su angustia. La oriental dudó un momento, no sabía que tanta confianza le tenía Rosemary a su tutor como para contarle algo así.

-Yo creo, que sería mejor que ella se lo contara.

-Conozco a esa niña; difícilmente abrirá la boca.

La chica resopló.

-Insisto Sr. Robinson, ella es la indicada para contarle. Y bueno, si me disculpa ya es tarde, debo volver a casa de inmediato.

Sin más opciones, el hombre suspiró resignado.

-Tienes razón, Asuii-chan. Pasa a despedirte de Rosemary.

Entonces, subió las escaleras de madera, mientras el Sr. Robinson levantaba la mesa.

Cuando la oriental arribó a la alcoba de la de ojos violetas, la encontró con su pijama observando por la ventana.

-¿Rose-chan?

La aludida volteó.

-Ah, supongo que ya te marchas. Nos vemos mañana, Asuii-chan.

Pero la chica solo la miró afligida. Lentamente, se acercó a su lado, y tomó uno de sus hombros.

-No decaigas, amiga. Tú eres muy fuerte.

Y esas simples palabras, ayudaron a que una sonrisa fugaz adornara su tan triste rostro. Con un ligero abrazo de amigas, se despidieron, prometiendo verse mañana para ir al cine juntas. Al saberse sola en su habitación, volteó sus ojos de nuevo a aquéllas estrellas que eran su único consuelo. Esa noche, era luna nueva, y el cielo más negro no se podía ver. Más sin embargo, la tenue luz que emanaban esas pequeñas estrellas, le daban un toque romántico y cálido a la noche. Rosemary colocó su barbilla sobre una de sus manos, soltando un suspiro al aire.

-Si tan solo estuvieras aquí…- susurró, sin siquiera saberse consciente de que lo había dicho. Pero, su corazón no le había mentido. Ella extrañaba a Mello, y lo amaba intensamente.

"No puedo olvidarme de ti, Mello.Aún siento tu esencia aquí…", mencionó en pensamientos, apoyando su rostro en ambos antebrazos. Ella estaba consciente que no se olvida a una persona de un día para otro, pero era que dolía tanto. Tan solo escuchar su risa sonar en su cabeza, dibujar de nuevo su sonrisa en sus recuerdos, perderse otra vez en aquéllos profundos mares que eran sus ojos; no le ayudaban en lo absoluto.

-Te amo

Unos ojos afligidos observaban su silueta desde una esquina. Esa noche, lo único que ocupaba su mente era esa chica. Y con su inseparable barra de chocolate amargo, se quedó observándola por su ventana por largos minutos. Miraba con absoluta tristeza la añoranza de aquél rostro, como si quisiera desprenderse de algo que no podía dejar ir.

-Si tan solo estuvieras aquí…- dijo quedamente, echando un suspiro después.

"Si tan solo me dieras una oportunidad de demostrarte que eres quién me ha hecho cambiar", pensó el rubio de ojos azules, mientras le daba un fuerte mordisco a su barra. Y sus ojos, fijos en su silueta. Se veía realmente hermosa.

En ese momento, fugaz como el tiempo, sus miradas se encontraron. Sus violetas ojos se postraron sobre los azules de él, transmitiendo más sentimientos de los que llegó a pensar. Él, por un instante, quiso levantar la voz y llamarle, pero la reacción de ella lo detuvo. Rápidamente, se puso de pie y cerró los ventanales, corriendo también las cortinas. Y todas sus esperanzas, de nuevo se fueron hasta el suelo. Ella por su parte, pegó su espalda en la ventana, comprimiendo las intensas ganas de salir corriendo y abrazarle como nunca. Saber que él se hallaba ahí afuera, quizá con la intención de pedir perdón, le dieron un estrujón a su corazón. Abrió de nuevo la ventana, pero para su mala suerte, él ya se había marchado. Decepcionada, hizo un gesto de dolor, y volvió a cerrar las ventanas y correr las cortinas.

Él se encontraba en su moto, circulando por la vaga ciudad de medianoche. En ese momento, emociones fuertes traspasaban su alma. Sin darse cuenta, las nubes habían cubierto el cielo antes despejado, y dejaron caer una lluvia tan pesada como el metal. A esas horas, muchos autos circulaban por las calles. Y él, de camino a su hotel, distraído se hallaba. Al cambiar el último semáforo a verde, arrancó; pero su mente estaba con ella. Repasaba y repasaba como le haría para hablar con ella, buscaba las palabras adecuadas, cosa que antes no había hecho. Y sin darse cuenta, se atravesó en el camino de un tráiler, qué muy a penas alcanzó a frenar. Un chirrido de llantas, un golpe…y todo se volvió oscuridad.

-.-

El domingo pasó veloz. Rosemary no hizo más que asear la casa, y hacer su tarea, además de salir al cine con Asuii-chan y otro par de compañeras de la preparatoria. Realmente, un aburrido domingo.

Ya era lunes por la mañana. Como siempre, se levantó temprano a alistarse. Recogió su cabello en una jovial coleta, y puso un poco de maquillaje y rubor a su pálido rostro. Acomodó con paciencia su horario de clases, mientras que en su radio se escuchaba una nota…

"Ayer por la madrugada ocurrió un choque por la Avenida Principal. Se trata de un tráiler que embistió violentamente a una motocicleta negra. El conductor del tráiler resultó con heridas leves, pero el joven que conducía la motocicleta tuvo que ser trasladado al hospital…"

En ese momento, prestó un poco de atención al estéreo. Sintió pena por el chico de la motocicleta…

"Ojala y no haya sido algo tan grave…", pensó, como siempre amable. Y sin darle más importancia, bajó a desayunar.

Después de un desayuno veloz, corrió y llegó como pudo al instituto. Arribó al salón, y saludó a sus amigas con las que salió un día antes. Se sentó en su butaca, y luego todo se pasó muy lento.

-.-

Apenas acababa de terminar la hora del receso. Rosemary se encontraba en clase de Educación Física, con Fujimoto-sensei. La verdad era que no era tan habilidosa en los deportes, y esa clase obviamente no era de sus favoritas. Ella se hallaba en un rincón junto con Asuii, observando a sus compañeras en un reñido partido de volibol. Su cabello se encontraba recogido en una coleta alta, y traía su uniforme de deportes. Y sí que se estaba aburriendo…

De pronto, se le acerca al profesor.

-Disculpe sensei, ¿me da permiso de ir al baño?

-Sí, claro. No se tarde.

Y con una reverencia, se dirigió a los baños. Mientras caminaba, daba largos suspiros y trataba de secarse el sudor de tanto calor que hacía. Ya estaban prontos a entrar al verano, era por eso que los días se tornaban bochornosos.

Se metió al baño, y después salió a lavarse las manos. Se miró un momento al espejo, y trató de enfriar sus mejillas que ya estaban rojas por el esfuerzo y el calor. Después, justo a las afueras de los baños había un bebedero. Abrió la llave, y bebió a grandes tragos.

Cuando estaba por regresar, se encuentra con un chico de cabello rojo apoyado en una pared. Nunca lo había visto por los alrededores. Ella trató de no darle importancia, y pasó de largo…

-Rosemary- exclamó el chico, mientras seguía fumándose un cigarro. La chica, se quedó rígida en su lugar, y volteó el rostro. Entonces, el joven levantó los ojos y los incrustó en los de ella.

-¿Disculpa?

-Tú eres Rosemary, ¿cierto?- volvió a preguntar, para estar seguro.

-¿Y quién eres tú?- se acercó ella, a la defensiva.

El chico tomó con sus dedos el cigarro y lo alejó de su boca, dejando salir una humareda. Rosemary solo se alejó molesta por tal acto. Pero eso solo hizo dibujar una mueca en el rostro del desconocido.

-Soy un amigo de Mello.

Y eso la sorprendió. ¿Amigo de Mello?

-¿Cuál es tu nombre?

-Me llamo Matt.

Pero ella seguía mirándolo. ¿Qué deseaba un amigo de Mello de ella?

-¿Y bien? ¿Para que me buscabas?

De pronto, el ambiente se tensó. Un silencio extraño los rodeó, dando la sensación de una mala noticia. Ella lo miraba, expectante. Y Matt, se encontraba un tanto indiferente. Entonces, dejando un suspiro pesado salir, penetró su mirada en la de ella.

-Mello ha sufrido un accidente ayer por la noche. Justo ahora, se encuentra hospitalizado.

Su corazón se detuvo. Sus pulmones dejaron de bombear aire. El color de su piel se borró. Su cuerpo se volvió tenso. No lo podía creer. Era algo increíble, y terrible a la vez. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus orbes, temiendo en seguir retenidas. Llevó ambas manos a su rostro, en señal de sorpresa.

-¿¡Y él está bien!- le preguntó, exaltada. Matt se mostraba inmutable.

-Ahora se encuentra inconsciente, pero los doctores lo han declarado como estable. No sufrió grandes daños, sólo un golpe en la cabeza, y una pierna casi calcinada…

-¡Calcinada! ¿Cómo puedes decir que está bien con eso? Dime, ¿en qué hospital se encuentra?- le preguntó, histérica. Matt observó detalle a detalle la reacción de la mujer. Observó el ligero temblor de sus manos, y de todo su cuerpo. Notó lo rojos que estaban sus ojos por tratar de controlar su llanto. Notó también su tartamudeo, y su desesperación. ¡Cielos, ese Mello era un maldito suertudo! Hallar una mujer así.

-¡Contéstame, en qué hospital se encuentra!- le gritó, ya con lágrimas corriendo por sus mejillas, mientras se acercaba más a su cara para que la escuchara bien. Entonces, el pelirrojo reaccionó…

-Está en el hospital del centro- le soltó, aún medio absorto en sus pensamientos. Ella le sonrió, agradecida.

-Gracias.

Y se marchó, corriendo. Llegó hasta el gimnasio, y le pidió permiso al profesor de retirarse, con la escusa de que un familiar se encontraba en el hospital por un accidente. Sin mucho problema, corrió a los vestidores y se cambió el uniforme. Al terminar, salió corriendo de la academia.

Corría y corría hacía la Avenida Principal, donde tomaría un autobús que la llevaría hasta el hospital. Pero, en ese momento la interceptó un carro color negro. Se trataba de Martt.

-Anda sube, yo te llevo hasta el hospital.

Y sin pensarlo dos veces, le hizo caso y se subió en el asiento del copiloto. Y con furia, Matt se dio la vuelta y se dirigió a toda velocidad hacia el hospital.

Rosemary se encontraba intranquila. Su pecho subía y bajaba con rapidez, y sus ojos no paraban de derramar agua. Se sentía realmente culpable. El pelirrojo la observó de soslayo.

-¿Tan preocupada estás por él?- le cuestionó, con tono neutral.

-Sí.

Pero esa respuesta no le bastó. Veía en sus ojos un sentimiento de culpabilidad que no podía con él. Entonces, sin pensarlo, abrió la boca.

-Tú no tienes la culpa de esto.

Esas palabras resonaron en el silencio. Pero solo hicieron crecer las ganas de llorar de la chica.

-¡Claro que sí! Si no lo hubiese dejado ir anoche, seguramente él no…

Se detuvo antes de continuar. No podía con eso. Se sentía terriblemente culpable. Matt la siguió observando mientras conducía. Esta mujer era muy sentimental. Pero también hermosa. Entonces, no se pudo contener.

-¿Tú lo amas, no es cierto?

Esa pregunta la asaltó de repente. Pero, sabía que debía responder con sinceridad.

-Si, lo amo.

-Entonces, ¿por qué lo dejaste ir anoche?

Ella meditó la respuesta un momento. Era muy claro, por su estúpido orgullo. Pero, sabía que no era solo eso. Era también temor. De alguna manera, le temía terriblemente a Mello. No a él concretamente, sino al sentimiento que él le despertaba. Temía horriblemente el tener que enfrentarlo, el tener que escuchar aquello que él pensaba de ella, y también lo que sentía. No sabía como iba a reaccionar, ni que pasaría después de eso. Eran muchas cosas en su cabeza que le daban vueltas, y la hacían dudar.

-Por cobarde- soltó al fin. Era cierto, lo sabía. Y por eso era que le pesaba tanto. Haberlo dejado ir, por cobardía. Si hubiese adivinado que él se encontraría entonces en esa situación, lo hubiera retenido y jamás lo hubiese dejado marchar. Pero, ahora ya era tarde.

En ese momento, el celular del chico suena. Contestó rápidamente, y después de unos cuantos monosílabos, lo colgó. Su rostro continuaba inmutable.

-El doctor me acaba de anunciar que Mello está despierto.

Y el corazón de la chica volvió a su ritmo. Sus mejillas se encendieron, y una sonrisa de alivio se formó en su rostro. Por lo menos, ya había despertado.

Al cabo de unos pocos segundos después de eso, arribaron al dispensario. Matt aparcó el auto, y ambos fueron con pasos largos hacía el recibidor. Ahí, el pelirrojo mostró una identificación, y entonces los dejaron pasar. Se metieron al elevador. Rosemary seguía intranquila. Un impulso repentino se apoderó de su pecho. Deseaba verlo.

Llegaron al fin al tercer piso. Casi corrieron a la habitación 118, pero una enfermera los interceptó en su camino.

-Lo siento, pero solo debe pasar uno de ustedes.

Y Matt miró a Rosemary.

-Pasa tú.

Haciéndole caso, se dirigió a la habitación. Todavía temblorosa, sujetó el mango de la puerta, y lo abrió con lentitud. Asomó su cabeza, y notó al rubio chico sentado en la camilla, con la mirada fija en la ventana. Su torso se encontraba descubierto, y su cabeza vendada. Al dar unos pasos más cerca, pudo notar las pequeñas marcas que aquél accidente le había dejado a su espalda. Sus ganas de llorar regresaron.

Con pasos lánguidos se acercó a él. Su voz chocó contra su garganta, batallando para salir.

-M-Mello-kun…

Y él al escuchar esa voz, se sorprendió. A la que menos esperaba ver ahí, era a ella. Y menos con lo que había sucedido. Rápidamente, giró su vista hasta dejarla sobre ella. Y entonces, la distinguió. Se hallaba agitada, y con sus ojos llorosos. Una sonrisa no pudo contener.

-Rosemary.

Y ella se acercó más. El nudo en su garganta se hacía más fuerte con cada paso que daba. Mello se volteó por completo, quedando de frente a ella. Entonces, ella divisó su pierna, que se hallaba vendada. Su culpa se volcó en su cara.

-¿Cómo te enteraste que estaba aquí?

Ella se acercó un paso más.

-Me lo dijo Matt.

Sus ojos se agrandaron. Ese bastardo, con que había ido a buscarla. Sonrió de medio lado.

-Ya veo…

Silencio. Rose no le podía quitar la mirada de encima, y mucho menos a sus heridas. De nuevo, las lágrimas se galoparon en sus ojos, luchando por salir. Entonces Mello la miró, y por fin la sorprendió con sus mejillas rojas, llenas de agua, y su semblante más suave que nunca.

-Mello…

Él notó como el agua caía y caía de sus ojos, sin poder contenerse. Eso le partió el corazón.

-Perdóname. Si yo no hubiera permitido que te fueras, entonces tú…

-¡NO!

Y ese grito, hizo que levantara su cabeza de inmediato. El rubio la miraba fijamente, con su ceño fruncido. Se veía enojado.

-Tú no tienes la culpa de nada.

-¡Claro que sí, yo fui la culpable de que-…!

-¡No Rose, no!

Y con fiereza, se puso de pie en un instante. Pero, su pierna lo traicionó, y lo hizo desplomarse al piso.

-¡Mello!

Rosemary lo interceptó antes de que cayera. Lo tomó por el torso, y le ayudó a levantarse. Con gentileza, lo acomodó en la camilla, pero él se rehusó. Y de nuevo, el silencio reinó entre los dos.

-Yo, soy el que tengo la culpa de todo. Por no entenderte.

Los violetas ojos de Rosemary brillaron de sorpresa. Entonces, se sentó a su lado, en silencio. Le miraba el perfil de soslayo, expectante.

-De verdad Rose, lo siento. Esto que tengo, me lo merezco por ser tan cobarde…

-¡No digas eso ni de broma!

Ahora fue el turno del rubio sorprenderse. Volteó su rostro para mirarla, y al parecer a ella no le importó la corta distancia entre su rostro y el de ella.

-Aunque hayas hecho lo que hiciste, jamás hubiese deseado que esto te sucediera.

Y una sonrisa de amor adornó la cara del rubio.

-Tú siempre eres tan buena.

Suspiró.

-No te merezco, Rose.

Esa frase, la hizo sentir como lentamente su corazón fue atravesado. Él siempre hallaba la forma de volverla a enamorar, no importaba que hacía.

-No me digas eso…

Él la miró.

-Recuerda lo que te dije esa noche.

Pero, el no pareció entender de lo que hablaba. Así que, con todo el valor que fue capaz, dirigió sus ojos firmes a los de él.

-Que yo te amo.

De nuevo, el silencio reinó en el ambiente. Sus miradas no se despejaron ni un solo minuto. Mello se encontraba eufórico por dentro. Tanto, que su sonrisa espontánea fue imposible de disimular.

-Sí, lo recuerdo.

Siguió su mirada en la de ella.

-Yo también- fue su respuesta.

Al escucharlo, Rosemary se quedó rígida. ¿Había escuchado bien?

-¿Q-Qué?

Y de pronto, Mello tomó sus manos entre las de él.

-Yo también te amo, Rosemary.

Sus pupilas se dilataron al máximo, y su respiración se pausó por un momento.

-Tú has logrado cautivar un corazón que yo ignoraba. Tú me hiciste mejor, y me hiciste entender lo tan egoísta que era. Comprendí, que no todo en la vida es la aventura y la diversión. Me abriste los ojos. Y no sabes lo agradecido que estoy por eso.

-Mello…

Se volvió hacía ella, sin despegarle los ojos de encima.

-Te prometo, que seré digno de ti. Que haré las cosas como deben de hacerse. Así, como tú quieres. Sé que a veces voy a fallarte, por lo estúpido e impulsivo que soy; pero nunca dudes que siempre trataré de enmendar mis errores. Porque te amo.

Y al finalizar, le devolvió el aliento que le había robado. Conmovida por esas palabras, dejó caer lágrimas de felicidad. Él, sonriente, pegó su frente a la de ella.

-Ahora sí me llevé el premio al mejor discurso. Nunca imaginé que sería capaz de ser tan sincero con alguien. Así que, créeme. Por favor, créeme.

Entonces, ella dejó escapar su risa. Tomó con dulzura ambas mejillas de su rostro con sus manos, y le obligó a verla a los ojos.

-Tonto. Eso era lo único que necesitaba escuchar- exclamó, con la voz casi quebrándosele por los sollozos. Una sonrisa de satisfacción mostró su boca.

-Bésame. Bésame, Mello.

Y él, asombrado, la miró. Rápidamente, su rostro se coloreó de rojo.

-Por favor- le susurró al oído, mientras sus manos se iban abrazando a su nuca.

-Pero, quiero hacer las cosas bien ésta vez.

Ella sonrió.

-Si YO te lo pido, entonces está bien.

Eso solo hizo crecer más su sonrojo.

-Esa es la única manera de empezar bien.

Y el rubio, aún con dudas con respecto a eso, la miró.

-¿No crees que vas muy rápido?- le preguntó, temeroso. Pero, solo despertó una jovial sonrisa en ella.

-Ya hemos pasado por mucho, Mello. Yo solo necesitaba que aceptaras que me amabas, para yo darte todo de mí. Y ahora que lo has hecho, nada me impide amarte con toda el alma, y además, demostrártelo.

Convencido, sonrió.

-Tienes razón.

Pero, antes de tocar sus labios, ella volvió a hablar.

-Pero, prométeme que harás esto formalmente.

-Si es así, entonces empecemos desde donde se debe.

Delicadamente, se alejó de ella, y con mucha dificultad, se arrodilló ante ella.

-Mello, te vas a lastimar.

Pero, a él no parecía importarle. La miró intensamente. Tomó con dulzura su mano.

-No soy muy bueno en esto…- se quejó- pero, haré mi mayor esfuerzo.

Ella solo asintió, divertida.

-¿Me harías el honor de ser mi novia…- le preguntó, sin una pizca de duda ni de temor, no como antes-…formalmente?

Y con una sonrisa sincera, ella tomó su mejilla.

-Claro que sí.

Satisfecho, el chico se puso de pie, ayudado por ella. En silencio, se miraron los dos, ambos felices por que al fin habían hecho las cosas como se deben.

Una vez de pie, ella lo abrazó con fuerza, y él besó su frente con infinita dulzura.

-Te prometo que haré las cosas bien.

-Confío en que así será…

Y a punto estaban de besarse, cuando el chico de pelo rojo los interrumpió.

-Cof cof…veo que ya te sientes MUCHO mejor, Mello.

Él, al darse cuenta de quién era, dirigió su mirada al chico.

-Idiota.

Y Matt, mostró una sonrisa satisfecha.

Bueno, hasta aquí llegamos ésta vez. La verdad, no me convenció del todo, pero no pude hacer nada más. Pero, al final son ustedes los que juzgan. Les agradecería infinitamente que me dejen su comentario con su opinión, queja, sugerencia, etc.

Gracias por leer, y espero verlos pronto en el próximo capítulo.

AbbyKoikeD'Franco