Un poquito embarazada

:-:

Disclaimer: Naruto no me pertenece

:-:

Volviendo a sus pensamientos, Kushina procuro recordar otras formas de confesar su pequeño secretito de forma serena y pacifica. Chizu, claro, la esposa de Chouza. Ella era dulce, tímida, amable y sobre todo, pacifica. Inomi le había contado que ella se lo había insinuado a su esposo, hasta que él se lo pregunto y ella se limitó a asentir, sonriente.

Genial, se dijo, eso haría.

Sería sutil, se insinuaría despacio y dejaría que él se diera cuenta. Después de todo, si su esposo era el Hokage, debía ser muy perspicaz y darse cuenta de lo detalles. Todo entonces sería más sencillo, porque ella no encontraría las palabras y se ahogaría, y no quería que Minato se desmayara, golpeara, hiriera o nada de eso.

Ella quería decírselo tranquilamente, porque él estaba herido por un ataque que fue sofocado y ahora estaba estable. Si, pero ella no podía esperar mucho más para decírselo o se le escaparía. Señor, no servía para guardar un maldito secreto.

Kushina fue a la cocina y revolvió todo en búsqueda de algo apetecible, de nuevo, no encontró nada. Se suponía que debía engordar, no bajar de peso por inanición. Gruño y rebusco en la parte más alta, donde encontró ramen instantáneo que, felizmente, cocino y comió.

Kushina se puso se estaba cambiando cuando escucho la puerta abrirse. Su marido otra vez llegaba tarde para una cena que ella había olvidado preparar, pero era su culpa por llegar tarde, claro. La pelirroja se miro al espejo, sonriente, viendo un estomago marcadito pero sin ser demasiado obvio. Se pregunto porque, a diferencia de sus amigas, ella no tenía un vientre tan marcado como el de ellas. Se dijo que era genético, pues según recordaba, pues a las Uzumaki el estomago parecía recordar que tenía que hincharse cerca de los cuatro o cinco meses. Claro, no permanecía flaquitas y perfectas hasta entonces, no, solo que no parecían embarazadas y listo. Exagerando, se dijo, ella parecía hinchada, o un poco gorda.

— ¿Kushina?— Llamo su esposo.

Bien, se dijo, empieza el plan "Mina-chan descubre a bebe-chan"

— Aquí estoy— Ella dijo.

Minato dejo su bolso en el sofá, cansado, mientras se encaminaba a su cuarto. No se sorprendió al encontrar a su esposa en ropa interior, con el camisón entre sus manos. Ella le sonrió, nerviosa, y luego lo saludo con un beso suave y un abrazo.

— Ne, Mina-chan— Llamó su atención, separándose unos metros y poniéndose de perfil — ¿Crees que tengo el baúl más cargadito?

Oh, mierda, Minato pensó. Había llegado el momento, su esposa se había dado cuenta que había engordado un poquito por la falta de misiones y entrenamientos que repentinamente dejo de hacer y ahora se hacía una pregunta que todos los hombres sabían que terminaba con un "dormirás en el sofá".

— ¿D-de que hablas… amor?

Kushina, al verlo nervioso, dudando y metiendo las manos en los bolsillos- una clásica postura de "quiero huir"- presintió que él plan estaba funcionando, quizá, solo un poco más de presión…

— Ya sabes, creo que tengo equipaje.

Señor, su esposa le estaba confesando que sabía que tenía peso extra ¿Por qué, dios, por qué tenía que hacerle esa pregunta?

— Y-yo, uh, quizá deberías preguntárselo a tus amigas.

Kushina frunció el cejo, no se escaparía.

— Te lo estoy preguntando a ti, amor mío — Bien, su tono había sonado lo suficiente meloso para que Minato supiera que no escaparía de allí.

— No… no, no, no… yo, no… — Balbuceo, viendo como ella ponía sus manos en las caderas, perdiendo la paciencia. — ¡Estas apenas gordita!

Gorda.

Minato acababa de decirle que estaba gorda.

¡Y un demonio con la paz y el amor, su esposo acababa de decirle gorda obsesa!

— ¡Grandísimo desconsiderado, es toda tu maldita culpa, sino fuera por tus impulsos reproductivos, sexuales, incontrolables yo no estaría embaraza! ¡No estoy gorda, estoy embarazada! ¡Embarazada! ¿Entiendes o necesitas que este cuerpo gordo, obseso y torpe te de una paliza?

Minato parpadeo, incrédulo y luego balbuceo una disculpa.

— ¿Estas… que?

Kushina giró los ojos, molesta, agarrándole de la camisa.

— Embarazada, si, Minato, embarazada - Gruño.

Minato quedo estupefacto otros segundos, en los que su esposa dudo y le soltó un poco. Él la abrazo, aún si saber exactamente que decir y le beso la cabeza.

— Esto no quiere decir que no vayas a dormir en el sofá, Mina-chan.

Oh, si, nadie escapaba de la pregunta maligna.