Los Mentalistas: Primera Generación.
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El Comienzo.
El viento golpeaba mi cara, era extraño sentir esa sensación tan hermosa y tan mágica, tan…
-¡Isabella es hora de ir a la escuela! – el grito de mi madre como cada mañana se escuchaba era a veces molestoso pero como le iba hacer, suspire mientras buscaba mis lentes y me levanta, las estúpidas sabanas se enredaron en mis pies asiendo que cayera de forma épica, estúpidas sabanas, estúpido lunes.
Suspire, necesitaba un cambio de vida al paso que iba, rodé los ojos por mis alocados pensamientos y me levante como pude y coloque la misma canción de todas las mañanas, agarre mi toalla y camine hasta mi baño agradecía tener uno propio, gracias a dios que a mi padre se le ocurrió hacerle modificaciones a la casa, la mejor idea que pudo ocurrírsele.
La música que se escuchaba en el alto parlante lograba relajarme, y es que los amaba, cada parte de sus canciones era una forma de celebración para mí, incluso cuando no estaba celebrando nada. Movía mi cabeza al ritmo de la música, amaba las mañanas pero más que todo amaba este momento del día, mi momento.
-I'm ready for war Come into town and I'll hide you on the rise In the city of gold Fighting the tower with my feelings aside When it's 2 in the night The fire's in my heart is gon' keep me alive And I'm ready for war - agarre el champú, imaginándome que era un micrófono y comencé a cantarla como todas las mañanas, salía de la ducha, tropezándome con el pequeño escalón, cosa que no era raro, yo tropezándome con el universo y superficies planas, suelto un bufido antes de cepillarme los dientes aun con el ritmo de la canción.
Entre a mi cuarto mientras bailaba la canción, me coloque mi ropa interior, la cual consistía en unas pantis y un brasier de encaje, me mire en el espejo, y suspire. No era el tipo de chica agraciada, era de una estatura normal, cabello largo de un cremoso color castaño, los ojos de un simple ojos marrón, mis padres solía decirme que era como el chocolate sin embargo no lo creía; y mis pantalones era de forma tubos de color negros, los tenis al igual que la camisa era de un color amarrillo que resaltaba un poco el color de mi piel, me coloque mi gorrito que era negra igual que mi chaqueta y mi bolso, agarre mi mp3, y apague el equipo de sonido, baje a desayunar mientras escuchaba la misma canción que hace un rato.
Vivía en una casa más o menos grande, pero no lo suficiente como para no vernos, mi casa contaba con cinco cuarto, tres arriba los cuales era la recamara principal y dos normales, mis padres tenía la recamara principal, mi hermano el de la izquierda y yo en el de la derecha, amaba ese cuarto, porque daba una perfecta vista al bosque.
- ¡Buenas días mama! ¡Buenos días papa e enano! – reí cuando mi hermano pequeño me dedico un pucherito y le bese en la frente. Seth tenía 15 años pero era todo un hombrecito, lo tuvieron cuando yo tenía 2 años, ahora que tengo 17 digamos que no lo soporto pero aun así no puedo vivir sin él.
Mi familia estaba constituida por mis padres el Jefe de Policía Charlie Swan y Rene mi madre un maravillosa empresaria compraba y vendía obras de arte, era la directora del único museo en Forks, de hecho mi madre era la dueña de eso, crecí en pasillo llenos de pinturas y libros, porque aunque Charlie era un policía, mi padre tenía una pequeña gran obsesión por los libros… ah sí y por los deportes, al igual que mi hermano menor Seth.
- ¡Buenas días Cariño! – susurro mi madre al verme, le dedique una sonrisa antes de sentarme a lado de mi hermano y como cada mañana la conversación fue divertida.
Mi familia era ese tipo de familia que no necesitamos conversaciones para sentirnos bien, sin embargo era las mañanas las más animadas las cenas casi siempre era muy silenciosa, porque mis padres se dedicaba a escuchar nuestro día, y aunque a veces era algo aburrido y rutinaria.
Rene y Seth se fueron primero mi hermano debía hacerse un chequeo en el hospital ya que su mayor deseos es entrar en la selección de futbol de la escuela, luego papá y más tarde yo, odiaba irme de última pero siempre tenía la costumbre de buscar mi cadena de oro una que me regalo mi abuela con las iniciales MPG, nunca supe que significa esas palabras pero era muy bonita.
Mi camioneta roja era magnifica a pesar de que no era rápida, era lo suficiente para mí, la radio serbia, los cojines estaba perfectos, y el volantes era hermoso, además era simple y sobre todo, era muy yo. Mi padre le había hecho algunos arreglos y le había cambiado los neumáticos, la calefacción había sido arreglada y la parte trasera tenía una manta trasparente para que no se mojara, a Seth le gustaba llevarse su patineta algunas veces a la escuela.
En Forks era natura conocer las calles, no había una perdida absoluta, era siempre la misma calles, poseía alrededor de entr semáforos y eso era porque pertenecía a las calles más transitaría que era la principal; aunque en el último par de años, se estaba llevando nuevas construcciones, como el primer museo, un instituto técnico universitario en donde daba varias clases, algunos restaurantes y las modificaciones del condado y el hospital.
La casa de mi mejor amiga Ángela, estaba a solo unos pocos minutos de mi casa, allí hice mi primera parada, cuando llegue ya Angie estaba esperándome, le dedique una sonrisa, mientras ella se despedía de su madre y corría hasta la camioneta, Ángela y yo nos conocemos de toda la vida, si era posible.
Era una chica un tanto más alta que yo, cabello de color negro, ojos café y con unas gafas muy geniales; Ángela abrió la camioneta y se sentó, me abrazo y despido, ella sabía lo que odiaba que hiciera esa, rodé mis ojos y me entro mi café, Ángela y yo teníamos una gran obsesión por el café antes de llegar a la escuela, fue algo que desarrollamos en un viaje que hicimos a New York para una exposición de arte de mi madre.
- ¡Como lo odio! – chillo Ángela enojada, y alce una ceja con una corta sonrisa - ¡creo que no tiene para nada vida social, es que como es posible que nos ponga un cuestionario de 200 preguntas es que acaso está loco….- Ángela era la una de las mejores estudiantes de la escuela, pero esta vez se le olvido el cuestionario más importante: el de Biología.
Para ella era fácil poder captar muchos conceptos básicos, siempre le he preguntado por esa capacidad, y dice que la inteligencia llega en muchas facetas, y vaya que lo hace.
- ¿Sabes Angie, deberías dejar de chillar tanto y hacer eso que tú haces? – le susurre divertida, ella me miro mal, antes de negar, ella principalmente odiaba aquello, mi amiga era un especie de hechicera lo heredo de su tataratarataraabuela, y para males de Ángela era realmente bueno en eso, y a veces los utilizábamos para hacer algunas que otros cambios, pero Angie no la usaba para cosas de beneficio propio, ella siempre las usaba cuando era estrictamente necesario.
La primera vez que me lo dijo fue cuando tenía 7 años, estábamos en el parque y yo quería golpear a un idiota niño de ojos verdes que había arruinado mi cuaderno de lectura, y Ángela dijo que ella sabía arreglarlo, dijo palabras en un idioma incomprensible y lo arreglo, no le hable por un mes, y cuando volvimos hablar, me conto que su familia provenía de un clan de hechiceros. Desde entonces, Ángela no teme en mostrar sus dones al frente de mí. O de mi familia.
- ¡No! – dijo enojada y yo solo me encogí de hombros – ¿estás loca? Bella eso es como hacer trampa yo nunca lo haría además ¿no se supones que tú debes saber que sucederá? – solté un bufido desde que le conté que podía ver lo que sucedía con el Destino, me jugaba una que otra broma.
Hace unos meses, específicamente desde que cumplí los 15 años, comencé a tener unas pesadillas, era imágenes de persona que conocía, de cosas que le pasaba, al principio pensé que estaba volviéndome loca, pero con el tiempo, esa imágenes estaba afectándome, no dormía, no comía, y sentía una necesidad de hablar y comentar lo que le sucedería a esa persona, con el tiempo también note que un chico me miraba demasiado, y eso estaba perturbándome.
Hasta que un día en las clases de gimnasia mientras juagábamos se vino una de las imágenes y me desmaye por dos días, cuando desperté había tres personas mirándome con una sonrisa, cosa que me asusto, y mis padres estaban allí también, se presentaron como los Guardianes y me explicaron que era parte de un grupo de personas no-normales. Desde entonces ellos mismo me dijeron que mi don especial, era ver el destino de las personas, más no el futuro. Nunca entendí a lo que se refería hasta que conocí a Alice, y lo entendí casi todo.
- pues si quieres mi opino…- dije mientras entraba al estacionamiento de la escuela, mientras buscaba un lugar donde poder colocar mi camioneta continúe - la utilizaras cinco minutos antes debas entrega, exactamente cuándo Ben te pida tus apuntes para copiar la última pregunta, a otra cosa Edward Cullen intentara terminar con Tanya y esta le tirara un pote de pintura el cual te caerá a ti….- susurre un poco ida, y esto siempre ocurría cuando me entregaba a ese don, pero lo raro del asusto es que siempre que me entregaba a ello veía lo que le sucedía al menor de Los Cullen.
Desde que los conocí a los Cullen sabia casi todos los movimientos de Edward incluso lo que comía en donde y cuando, su color favorito, lo que odiaba, lo que quería, lo que le disgustaba, como hacerlo sentir mal y todo esas cosas que una novia debe saber, el problema está en que yo a él lo odiaba, incluso sabía lo que hacía con cada una de esas chicas que él llamaba "novias" y que solo las tenía por un polvo… ¡PA-TE-TI-CO!
-¡Gracias por lo que me toca! – dijo con sarcasmo Ángela, antes de bajarse de la camioneta, me reí un poco y baje con ella.
- Lo siento, pero es divertido saber lo que le pasara a tu cabello…-dije mirándola con mucha diversión. Ella solo rodo los ojos y se acomodó su bolso, mientras yo le daba mi último sorbido al café, Ángela boto el de ella y más atrás la imite.
- Esto es magnífico Isabella… -comenzó Ángela, pero un grito con mi apellido hizo que ambas volteáramos para encontrarme con el idiota de Edward Cullen.
- ¡SWAN! – una de su mano agarro mi brazo y me jalo hasta el pasillo y me tiro a la pared, los hermosos ojos de Edward me miraba con odio y maldad; lo encare, cuando tenía trece años solía tenerle miedo a que cuando se enojaba, que era poca veces, me mirara de esa forma, ahora solamente no me importa, ya no le temo.
- ¡SUELTAME CULLEN! – le grite fuerte, todos se quedaron paralizados en el pasillo esperando nuestra pelea de todos los días, desde que lo conozco Edward y yo siempre tuvimos algo en "común" se suponía que éramos amigos, hasta que aposto para ir conmigo al baile de graduación de sexto grado y me dejo en ridículo de todos.
Edward era el chico que todos quería tener como novio, amigo, jefe y cientos de cosas…
- Deja las cursilería…- me dijo el idiota, rodé los ojos e intente moverme, pero él me empujo más fuerte a la pared; oh si Edward, al igual que yo, posee un increíble y torturador don él puede leer los pensamientos, para el nada es un secreto- Deja de hablar así de mi…- hizo presión en mi de nuevo, su labios estaba tan cerca de mis que podía sentir su respiración tan mía, tan de él…
Lo empuje de nuevo esta vez con todas mis fuerzas y cayo a unos cortos metros de mí, se iba a levantar pero Alice se interpuso en el camino, los ojos verdes de Edward me miraron y volví a proyectar la misma escena que antes, su amada y muy queridísima Tanya y el imbécil de James estaba teniendo sexo. Había sido una escena que me había llegado cuando baje del auto pero que obvie porque era lo que solía hacer cuando ellas llegaban.
- hay cosas que el destino no puede negarse…- le dije burlonamente y el gruño, le dedique una sonrisa – te dije que me las cobraría Cullen, la diferencia es que no necesito ser yo la que te deje humillación…- agarre la mano de Ángela jalándola para caminar lo más lejos posible de ese ser.
- ¡YA LO VEREMOS, SWAN… YA LO VEREMOS! – me voltee y le saque el dedo del medio, antes de correr rápidamente hasta mi próxima clases, lo cierto era que quería estar lo más lejos de eso dos.
Los pasillos estaban llenos de alumnos, no sabía cómo diablos pero era la primera vez que agradecía la multitud, ya estábamos por llegar al salón de Calculo I cuando la mano de Rosalie nos detuvo y nos mandó a la pared más cercana. Sus ojos azules estaban puesto en mí, nos dejó caer al suelo, detrás de ella iba llegando Alice, la cual me dedico una corta sonrisa de pura maldad y Valeria.
- Que no se repita lo de hace rato….- me amenazo mi ex amiga, se suponía que las cosas pasaba por algo no, Rosalie puede ver el pasado de todas las personas en un rango de cuatro kilómetros, puede ver desde el nacimiento hasta lo que hizo en unos minutos, incluso aquellos recuerdo que la mente de un humano normal no recuerda, eso la volvió amargada un tiempo, ahora está superándolo y Alice era totalmente lo opuesto a ella, Alice puede ver el futuro, todo lo que puede pasarte hasta un rasgo ilimitado de tiempo, pero nunca podía ver el final de la persona, de allí era que entendía mi don, yo si podía hacerlo.
Ángela la miro mal, mientras yo intentaba recuperar el aliento, el dolor de cabeza estaba comenzando y algunos alumnos pasaba a nuestro alrededor, comentando, odiaba en eso momentos a los humanos, era débiles.
- tu hermano, y todos ustedes se creen lo mejor, solo por tener y poseer dones, que no los encuentre los Vulturis ya ellos están vendido nuestra almas al diablo… – le susurre con odio, con un movimiento las tres chicas estaba al otro extremo no tan lejos de nosotros pero si lo suficiente como para escuchar, bueno al menos dos de ella– no serré de su equipo y nunca llegare hacerlo… así que déjeme en paz.
Rosalie miro a Alice, mientras que Ángela se levantaba las miro mal, y me jalo para entrar en clases, el profesor nos regaños pero mi dolor de cabeza estaba matándome, nos sentamos y aceptamos el castigo, al final, tanto Ángela como yo éramos una de las mejores de esta clases, nos sentamos en los puesto libres y deje de prestar atención.
-¿Estas bien, Bella? –me pregunto Ángela pero yo negué, porque simplemente era cierto, Ángela no pregunto mas pero sabía que no estaba del todo comprometida con la clases.
El mundo estaba divididos en dos bando, los anormales y normales; bueno yo pertenezco al anormal. Mi nombre es Isabella Swan y mi don es ver el destino, pero nunca me imaginé que tener ese don, iba a llegar a causarme tanto problemas.
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Disclaimer:
Los personajes no me pertenecen le pertenece a S. Meyer: La Historia es de mi propiedad, espero que la disfruten
