Gracias a todos x los comments! M hacen muxa ilusión! Siento haber tardado tanto en publicar este capítulo, pero he estado muy ocupada. Espero que seáis perdonarme! Besitos!
La decisión
Padmé insistió a Obi-Wan en que le enseñara los jardines del Templo, que tenían fama en la República. Tal vez lo hizo para borrar el efecto de lo que había dicho antes, porque lo cierto es que los dos caminaron en silencio un buen rato. Se dirigían miradas de reojo, sin que sus ojos llegaran a encontrarse, lo que le daba tiempo a Obi-Wan de fijarse en cada detalle de Padmé. Si sus miradas se hubieran cruzado un solo momento, se hubiera sonrojado. Todavía le faltaba algo de tiempo para ser el maestro imperturbable y sarcástico que todos conocerían.
Pararon junto a un enorme y frondoso roble, que daba una sombra tentadora en ese día de sol. A su lado, había un pequeño y reluciente lago.
-Me recuerda a Naboo-comentó Padmé observándolo- Me parece increíble que en esta ciudad pueda haber algo de naturaleza auténtica.
-Creo que es porque esto ayuda a meditar-respondió Obi-Wan- Al menos eso decía…-cerró los ojos un segundo insignificante- eso decía Qui-Gonn.
Padmé le miró comprensiva.
-¿Le echas de menos?
-No….bueno, no debería.-rectificó- Es uno con la Fuerza, y eso no es triste. Es más feliz que nosotros ahora mismo, eso debe alegrarme. –sonrió con la boca pequeña.
-Perdóname, Obi-Wan, pero…siempre me he preguntado-las mejillas de la futura senadora se tiñeron de rojo cereza- ¿Estabais liados?
Kenobi le miró un momento sorprendido, alucinado, y luego se echó a reír suavemente.
-¡Me parece extraño que todo el mundo lo dé por hecho!-dijo Obi-Wan, con una melancólica sonrisa- No, mi maestro no era mi amante, ni nunca lo habríamos sido. Era una relación padre-hijo, más bien-torció el gesto- ¿Por qué todo el mundo piensa que los jedis somos homosexuales? El sable láser no es una metáfora picante, ni nada por el estilo.-añadió con aire juguetón.
Esta vez la que se echó a reír fue Padmé, y cogió el brazo de Obi-Wan. Siguieron bromeando un rato, hasta que vino la calma después de las risas. Se sentaron el césped, que estaba seco y caliente. Las aguas del lago tenían el reflejo dorado del sol y ondeaban con suavidad, rítmicamente. No había muchos jedis por los jardines, estarían practicando. Obi-Wan también tendría que estarlo, pero no veía a nadie que pudiera amonestarle por estar con la princesa de Naboo, y desde luego que no quería separarse de ella.
Padmé tenía una mirada serena y singularmente hermosa en los ojos oscuros, enmarcados por largas pestañas negras, que miraban al lago. Su rostro estaba en calma, y algunos mechones de pelo rizado, que escapaban del complicado trenzado que llevaba, ondeaban al ritmo de la brisa. El vestido de seda azul se amoldaba a su cuerpo con elegancia, dándole el aspecto de lo que en realidad era, una princesa.
-¿Por qué me miras así?- le inquirió con una sonrisa desconcertada a Obi-Wan, volviendo su rostro.
-Lo siento- el joven maestro bajó la vista, ruborizado.
La princesa se mordió el labio un momento.
-¿Qué?
-¡Te ves tan adorable cuando te sonrojas, Obi-Wan!
-¿Cómo?
-Nada, olvídalo. No he dicho eso.-esta vez fue Padmé la que se puso roja.
-¡Me has calificado de "adorable"! ¡Vaya, vaya, princesa!
Padmé hizo un gesto para quitarle importancia, pero lo cierto es que esquivó su mirada de ojos azules.
-Después de todo soy una mujer-murmuró, acariciándole con el índice la palma de la mano- No puedo evitar reconocer la…-levantó los ojos hasta posarlos en los de él-belleza.
Obi-Wan permaneció en silencio unos segundos, evaluando la sinceridad de las palabras de la princesa. Comprendió que estaban cargadas de ellas, y una fuerte emoción se apoderó de él. Se le estaba insinuando. Padmé. A él. Dioses. El corazón se le salía por la boca. Quería coger esa preciosa carita juvenil entre sus grandes manos y besar sus labios, y acariciar su pelo, y tocar su piel y…Basta. No podía hacer eso, seguramente estaba dando a la frase de Padmé un significado que no tenía. Le había llamado guapo, pero nada más. No quería decir nada.
-¿Por qué no dices nada?
-¿De qué?-la sangre de Obi-Wan era bombeada con demasiada fuerza. No quería decir nada comprometedor.
-¡No te hagas el tonto! Se ve que tendré que tomar yo la iniciativa…-bufó- A ver ¿Qué te parezco yo?
Obi-Wan se levantó y se sacudió las briznas de hierba de la túnica.
-Me parece que eres una mujer de unos…diecisiete años…ojos marrones y pelo negro. Ah, y de procedencia Nabooina.
-¡Vuelves a hacerlo!
-¿Hacer qué?
-¡Hacerte el tonto!-la princesa parecía frustrada- O tal vez lo eres…
-No lo soy.
-¡Entonces sabes de que estoy hablando! ¿No?
Obi-Wan la miró intensamente, y luego suspiró. Le dio la espalda, fingiendo poner atención en los nudos del tronco del roble. Que si sabía de lo que estaba hablando. Pues claro. Y demasiado bien. Pero…Posó una mano en el tronco, notando su rugosidad. Metió los dedos en los recovecos, dejando que los tensos segundos pasaran sobre él, permitiéndole pensar.
-Sí-murmuró al final, aún de cara al roble- pero pensé que una princesa sería más sutil-al añadir eso arqueó una ceja, aunque ella no pudiera verle. Antes de que pudiera replicarle, continuó- Pero prefiero fingir que no lo sé, Padmé. Es mucho mejor, a la larga sólo obtendríamos males y…
-No me vengas con el discurso de "es por nuestro bien", por favor- ella hizo una mueca de asco.
Él se volvió rápidamente y la cogió por los hombros. Padmé se sobresaltó.
-¿Cómo podría mirar a Anakin a la cara? ¡Está loco por ti! ¡Sé que es un niño, pero aún así me sentiría mal! -ella le miró sorprendida, sin saber que decir, cosa que aprovechó para seguir hablando- Escucha, no ha habido día que mi mente no te dedicara aunque fuera un vago pensamiento ¡Ni uno! Así que no creas que la única que no va a obtener lo que quiere eres tú. No podemos-la abrazó, poniendo su boca muy cerca de su oído- Lo siento, de verdad.-notó como un escalofrío recorría el cuerpo de la joven.
Ella le retiró de un empujón, ocultando su cara. Parecía realmente dolida. Cuando Obi-Wan hizo ademán de acercarse, preocupado, ella le puso una mano delante, y con la otra se secó las lágrimas que luchaban por salir y resbalar por su rostro. El corazón del jedi se partía de verla así, tan desconsolada. "¿De verdad que evitar el amor ahorra el sufrimiento?" se preguntó, irritado con los dogmas de la Orden.
-No llores, por favor…-susurró Obi-Wan, deseando hasta el desgarro parar su desconsuelo y satisfacer lo que ella ansiaba.
Padmé levantó la cabeza y le miró con sus ojos oscuros anegados. Cuando su voz salió, lo hizo como un murmullo tembloroso.
-Mírame….Dioses, qué tonta he sido…-hizo un exagerado ademán con los brazos, subiéndolos y dejándolos caer otra vez- La que tendría que disculparme sería yo, por ponerte en este compromiso. Discúlpame, maestro Kenobi. No volveré a molestarte…Tal vez tengas razón- se dio la vuelta y echó a caminar.
Obi-Wan se quedó dónde estaba mirando cómo se alejaba. Como el sueño de tanto tiempo, que había estado a punto de rozar, se desvanecía. Su alma se estaba quebrando en mil esquirlas de cristal que se clavaban y herían profundamente. E intuía que a ella le pasaba lo mismo. Sintió el impulso de caer de rodillas y llorar. Eso no podía ser bueno. De ninguna manera. Su decisión no traía la felicidad. Estaba claro que algunos maestros jedis, por muy sabios que fueran, se habían equivocado.
-¡¡PADMÉ!
La princesa se giró a tiempo para ver como corría hacia ella. Aunque estaba un poco confusa, su rostro se iluminó, al intuir el final de todo aquello. Cuando Obi-Wan llegó hasta allí, la estrechó entre sus brazos, fuertemente, como si temiera perderla; durante unos minutos eternos. Luego separó su rostro hasta quedar frente al de Padmé. Sonreía y estaba casi sin aliento, de la alegría.
-¿Sabes qué?-susurró, buscando los carnosos labios de la muchacha.
-¿Qué?-se contagió de su sonrisa, y le acarició la mejilla.
-Las reglas están para saltárselas- y dicho esto, sus bocas se encontraron en un apasionado beso, sumergiéndolos en un universo privado, en el que sólo existían ellos dos, y sus sentimientos. Nada más importaba.
