Perdón, muxiiismos perdones x la tardanza!! Matadme si keréis!! (Es coña, no lo hagáis, o pasaréis el resto d vuestra vida en la cáááárcel!)Es q he estado d exámenes hasta el cuello!! Muxos besitosss! Y gracias a todos los q djan comments!!

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5.El restaurante

Anakin iba siete metros (o eso calculaba Obi-Wan) por delante de ellos, corriendo y dando saltos como un ciervo, excitado ante la idea de ir a ver una carrera de vainas. Su mente todavía infantil, y en proceso de madurez, estaba cargada de inocencia. No sabían lo que se proponían los dos jóvenes que iban detrás de él. Y Obi-Wan se alegraba de ello, porque Padmé empezaba a ponerle nervioso al estar tan peligrosamente cerca de él.

-Bueno, cuando estemos en las carreras, le compramos una entrada para otra carrera más y le dejamos ahí ¿Ese es el plan?-susurró la princesa.

-Tendrán que ser al menos tres entradas más- corrigió Obi-Wan suspirando, pensando en los créditos que llevaba en el bolsillo, que no eran muchos- Las carreras son muy rápidas.

-¿Quieres que las pague yo?

-¿Qué?

-Has puesto la típica cara varonil de "la gente piensa que el dinero crece en los árboles"

El maestro se sonrojó, frunciendo el ceño.

-¡No he hecho eso!

-¡Maestro, vamos!- gritó Anakin desde lejos- ¡¡No llegaremos a tiempo!!

Lo cierto es que si llegaron, y con un cuarto de hora de adelanto, ya que el pequeño les llevó casi a rastras de la mano. Y, por supuesto, al llegar a las gradas no se conformó con ver la carrera. Todo vendedor de comida que pasara por allí era un martirio para el bolsillo de Obi-Wan. Pensó proponer en el Templo que eran un peligro público, pero sabía que lo iban a mirar como si estuviera loco. Tras dos panecillos rellenos de crema, un pincho de carne asada, un cucurucho de frutas confitadas y leche aromatizada, Anakin cerró un poco la boca caprichosa. No por decisión propia, claro, si no por la mirada de su maestro que no auguraba nada bueno para él, tipo "Como se te ocurra pedir otra cosa, jovencito, vas a quemar todo lo que has comido hoy esta noche en el patio del Templo" Al final empezó la carrera y Padmé tiró suavemente de la manga de Obi-Wan.

-Eh…Anakin, la princesa y yo tenemos que irnos-le dijo al chico.

Él se volvió con expresión confusa y ofendida.

-¡Pero maestro, si acaba de empezar¡¿Para esto me trae?!

-No seas tonto, tú te puedes quedar aquí- ojos diciendo "Tú TE VAS A QUEDAR aquí" – volveremos dentro de un arto. ¿Quieres entrada para las tres próximas carreras?

-Cuatro.

-¡Anakin!

-Tres, maestro- se resignó el niño, de mala gana.

Obi-Wan fue a buscar las entradas y Padmé se quedó a solas con Anakin, que en cuánto vio como su tutor desaparecía de su vista, se dirigió a ella.

-¿Para qué me vais a dejar sólo?-preguntó.

-Tengo que ver un edificio relacionado con el Senado y tú te aburrirías-contestó ella con aire dulce.

-No soy tonto-dijo el niño bastante serio- No me trago eso ni nada de lo que me digáis. Queréis estar solos ¿No es así?

Padmé dominó el impulso de su corazón de ponerse a latir frenéticamente. El autocontrol era uno de sus dones. Con expresión calmada, cogió la pequeña mano de Anakin y le sonrió.

-Ani, mi Ani-empezó tiernamente- ¿Por qué piensas eso¿Crees que le tengo más cariño a Obi-Wan que a ti?-estaba jugando con los sentimientos del niño descaradamente, pero no podía hacer otra cosa- Él es simplemente mi guía, o tienes porque sentirte así.

-¿De verdad?- el niño parecía dubitativo.

-¡Claro!-le acarició una mejilla- Te prometo que haremos cosas que a ti no te gustarían para nada- "Eres muy pequeño para que te gusten" pensó, con una media sonrisa interior.

Obi-Wan volvió con los tres boletos grises, y los encontró abrazados. Padmé le hizo señas para indicarle que no se pusiera celoso, aunque él no lo estaba…(Bueno, vale, un poco). Se despidieron del niño, que les hizo prometer que volverían en dos horas, y salieron de allí.

Nada más perdieron de vista el circuito de carreras, la princesa se abrazó al joven maestro, riendo y besándole el cuello.

-Ahora puedo hacer esto sin posibles prohibiciones-murmuró ella, con los cerrados, acariciando con su mejilla la de Obi-Wan.

Ahora que nadie podía verlos, nadie del Templo, él le respondía.

Sus labios se juntaban, exploraban sus bocas y se separaban los segundos justos para tomar una bocanada de aire intercalada con susurros. Sus manos recorrían el cuerpo del otro, acariciando cada centímetro de piel, a veces con ternura, otras con pasión. Obi-Wan presentía que su pecho iba a explotar. ¡Por fin se sentía libre¡Libre de amar a quién quisiera, sin que nadie se lo impidiera! Nadie allí le prohibía sentir algo tan grande como lo que estaba sintiendo con sólo besar los labios y rozar la suave e inmaculada piel de Padmé. Algo tan simple como eso ya le parecía la felicidad casi completa.

Cuando sus rostros se separaron definitivamente, Padmé aún se abrazó a él y permaneció allí, en silencio, unos segundos. Luego le sonrió.

-¿Vamos a comer algo?-propuso.

Encontraron un restaurante acogedor a pocas calles de allí, cerca de unos jardines de setos que rodeaban una fuente de mármol blanco. Obi-Wan procuró quitarse la túnica que le distinguía como jedi. Lo de antes había sido un descuido, ahora no podía permitírselo. Una camarera les atendió amablemente. Bueno "les" es un término equivocada. Para la fémina de piel escamosa y rojiza parecía no existirá nadie más que Obi-Wan, y le dedicaba una sonrisa radiante.

-¿Qué va a tomar?-preguntó.

-Creo que yo pediré una ensalada mixta, con sala picante, gracias- respondió Padmé con tono forzado, pretendiendo que la chica dejara de mirar a su querido maestro con cara de "Dios, te cogía y ya ibas a ver tú lo que es una mujer de verdad"

La camarera le dirigió una leve mirada de desprecio, y luego puso falsa cara de aprecio para volverse de nuevo a Obi-Wan, ignorándola.

-¿Y usted, ojaz...ejem, señor, que va a tomar?-soltó una risilla de disculpa, y se mordió el labio inferior. Obi-Wan le sonrió. No sabía que causaba ese efecto en las mujeres. En cambio, esa misma reacción hizo que Padmé pusiera los ojos en blanco.

-Creo que lo mismo que ella, pero sin salsa picante-él mismo se sorprendió al pasar de la salsa. ¿Estaba dejando de gustarle el riesgo? Un paso más hacia la aburrida disciplina de los serios maestros jedi…En fin, ya no había vuelta atrás.

Cuando la camarera se hubo ido, extasiada por la fulgurante sonrisa de Obi-Wan, Padmé le miró como si fuera a asesinarle.Aún así, había un brillo divertido en sus ojos oscuros.

-Vaya, señor jedi-casto-prohibido-amor…¿Estás intentando acapararlas todas, ahora que puedes?

-¿Qué¡No!- Obi-Wan se sonrojó- Es sólo que…vaya, je,-esbozó una sonrisa ladeada- ¿Tan irresistible soy y no me he dado cuenta?

-Percibo un exceso de ego por aquí…¿Quieres que te deje a solas con tu gran amor?

-¡Venga ya, lo de la camare…!

-No me refería a la camarera, si no a ti mismo.-rió ella.

-¡Serás…!

Él fue a soltar otra carcajada. Pero entonces vio algo que le cortó la respiración. Le entró un ataque de tos y Padmé se levantó de un salto de la mesa para darle palmaditas en la espalda.

-¡Obi-Wan…Obi-Wan¿Qué te ocurre?

Obi-Wan, con los ojos enrojecidos y lacrimosos, aún tosiendo; señaló un punto lejano. Padmé siguió la dirección del dedo…y la sangre se le congeló en las venas. Dos mesas más a la izquierda, el Maestro Yoda y otros dos que ella no conocía se disponían a tomar asiento.

Aún así, consiguió descongelar lo suficiente su sangre como para que circulara pero aún permaneciera fría. Después de todo, iba a ser política. Tenía que tener sangre fría. Y controlar la situación. Sobre todo no perder los nervios y ponerse a gritar histérica….¡¡¡Cómo deseaba hacer¡¡Iban a meterse en un lío muuuuuy gooordoooooo!!

-Ponte la túnica-le dijo a Obi-Wan en voz baja y forzada, intentando mantener el tono calmado.

-¿Qué?-Obi-Wan alzó la vista, carraspeando para aclararse la garganta irritada por la tos.

-¡La túnica de jedi¡Si te ven así…van a pensar cosas muy extrañas…! Si te pones la túnica, tal vez no lo parezca tanto. ¡Corre!

Obedeciendo, pues lo encontró del todo razonable, Obi-Wan desdobló su túnica y se la puso apresuradamente. Del revés. Volvió a quitársela. La manga se resistía a ponerse del derecho. Metió la mano e intentó ponerla bien…Aquello no iba bien. El hecho de que Yoda pudiera mirarle en cualquier momento no ayudaba. ¡¡Maldita mangaaaaaa! Dio un tirón. Bien, ya estaba del derecho…rasgada y colgando de tres hilos, pero del derecho. Genial, genial, sí, sí, muy bien… ¡¿Dónde compraban las únicas en el Templo¡¿En el mercadillo?! A la mierda. Se la puso así…Ya inventaría cualquier cosa si alguien preguntaba.

Padmé suspiró y se recostó en su silla, nerviosa. Y aliviada a la vez. Tamborileó con los dedos sobre la mesa. Quería parecer distante respecto a Obi-Wan.

-¡¡Obi-Wan¡Qué agradable sorpresa verte es!-exclamó una voz a sus espaldas. ¡¿Pero no estaba a la izquierda¡¿Qué gimnasia practicaba aquella especie de rana deforme?!

-Bue…bue-le salió un gallo. Volvió a empezar- Buenas tardes, maestro oda. Maestro Sarg, maestro Naboa-inclinó la cabeza, saludando respetuosamente.

-¿Bueno no sería con vosotros sentarse, mmm?-sugirió Yoda, arrugando los labios, como él siempre hacía.- Ah, por no saludar perdonarme debe, princesa-añadió- Grave falta de educación es.

-No importa-aseguró Padmé rápidamente. Lo que fuera por complacer al pequeño duende.

Los maestros tomaron asiento. Ahora vendrían las preguntas. Lo iban a tener duro.