U.U Q podría dcir para q m perdonarais?? Lo cierto s q he tenido muxo q estudiar y muy pokita inspiración para Stars Wars. Spero q al menos el tiempo haya merecido la pena!! Muxas gracias a los q m djáis reviews!! No sabéis cuánto significan para mí!

MUXOS BESITOS Y FELIZ NAVIDAD!! Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!

Prohibido

El maestro Yoda echó un vistazo a la mesa, y posó sus ojos en Obi-Wan, que sintió que algo se encogía en él. Las miradas del famoso maestro eran como rayos X. Exploraban con una sola pasada cada centímetro de tu mente.

-¿Obi-Wan?

-S-s-sí ¿maestro?-inquirió Obi-Wan, nervioso.

-¿Dónde tu aprendiz está, mmm?

-Es cierto, Kenobi. No hemos visto por aquí al pequeño Skywalker -añadió el maestro Naboa.

La mente de Obi-Wan se quedó en blanco. Anakin no estaba. Pero se suponía que debía estar con él. Y él estaba a solas con Padmé en un restaurante. Aquello le resultaría sospechoso hasta a un jawa. ¡Tenía que inventarse algo y rápido! Padmé le miró intensamente, y con la boca le hizo una señal de que se diera prisa.

-Pues…eh…esto…-¡Piensa, piensa, piensa!- ¡Está en el servicio!

-¡Auuuh!-gritó el maestro Sarg- ¡Alguien me ha pegado una patada por debajo de la mesa!

Obi-Wan miró sorprendido a Padmé, que con sus expresiones intentaba parecer inocente ante lo evidente. Ella se volvió hacia el afectado.

-Oh, maestro ¿se encuentra bien?-preguntó con falsa pero bien interpretada voz de preocupación.

-¡Alguien me ha pegado una patada!-repitió este- ¡En toda la espinilla!

-Seguro que ha sido un calambre.-opinó Padmé- ¡Quién iba a darle una patada!- se dirigió a los demás- ¿No opinan lo mismo, señores?

-Oh, sí, por supuesto-convinieron los maestros, tras un breve y pensativo silencio. No fuera que alguien más recibiera otro "calambre".

Padmé sonrió satisfecha, y empezó, para distraer un poco, una charla sobre intereses políticos y gobernadores que en absoluto interesaba a Obi-Wan, pero sí a los demás. Empezó a sentirse excluido, pero se resistió a entrar en el debate. Sería un paso más en el camino a convertirse en un maestro aburrido y típico de los que rondaban por el templo. Cuánto más tarde lo diera, mejor. Sólo tenía nociones básicas de aquello de cuando Qui-Gonn le había enseñado para sus misiones. Pero no le gustaba recordarlo.

Se recostó en el respaldo de su asiento, cruzándose de brazos, dispuesto a hundirse en sus pensamientos y dejarse llevar por la mente para evadirse de todo aquello. Padmé no le miraba, sus oscuros ojos no podían atraparle y retenerle en la tierra, junto a ella, como siempre hacía. Divagó por los rincones de su imaginación, llegando a lugares dónde estaba con Padmé a solas, disfrutando de una tranquila (o salvaje, depende) velada, romántica, dónde por fin, podrían hacer lo que quisieran sin que apareciera nadie de repente y fastidiarles todo. Estuvo allí unos minutos que le parecieron deliciosas horas, hasta que una pregunta de Padmé venida de fuera rebotó en su mente y lo hizo volver a la realidad.

-Lo siento, Padm…-rectificó- princesa ¿qué me decía?

Padmé aumentó la intensidad con la que miraba a su querido maestro, como si quisiera decirle algo.

-Los maestros se preguntaban por qué tarda tanto Anakin.-contestó. En su rostro se podía leer "¡¿Qué vamos a hacer?!¡Te voy a matar! ¡¡Nos van a matar!!"

-Oh…uh…-cuando había puesto la excusa del servicio, no había meditado los inconvenientes que esa raería. Su aprendiz podía estar en el servicio por un rato, pero no durante toda la velada. O a lo mejor sí…y se encontraba demasiado indispuesto. No, lo descartó de inmediato. Los maestros se preocuparían y aconsejarían que lo llevara al templo. Y como no se inventara que Anakin había aprendido la inexistente habilidad de ser invisible, aquello no tenía salida- eh…yo, yo también me lo pregunto-aseguró seriamente tras una leve carraspera- Tal vez, deba ir a ver. A lo mejor está haciendo una de las suyas.-se levantó del asiento- si me disculpan…

-Sí, sin ningún problema- convino Padmé, cómplice, esperando que se le hubiera ocurrido algo.

Obi-Wan se dirigió al interior del restaurante, dónde la camarera de la otra vez intentó flirtear un poco más, sin éxito porque él tenía demasiada prisa y no le interesaba. La camarera se fue decepcionada. Fue a los servicios, y al encontrarlos vacíos, se metió en uno y empezó a pensar. Hace poco, había empezado a enseñarle a Anakin el arte de la telepatía, para poder hablar con él mentalmente, por medio de la fuerza. Era una disciplina difícil y que requería bastante esfuerzo, y a pesar de eso, él la había dominado a la perfección con Qui-Gonn. No podía decirse lo mismo de su padawan, que pocas veces conseguía captar sus mensajes mentales y cuando lo hacía, no era demasiado bien y respondía de formas muy extrañas, como con interferencias. Obi-Wan intuía que a Anakin nunca se le daría bien, y que con él habría de ser mejor comunicarse por señas con significados ocultos, pero aquella vez, necesitaba la telepatía. Era la ´nica forma. Ojalá funcionara. Cerró los ojos y se concentró.

"Anakin"

No hubo respuesta. Siguió repitiendo el mismo mensaje una y otra vez, con más intensidad, incansable y con la esperanza de que uno de ellos llegara, aunque fuera débilmente, a la mente de su padawan.

"¡ANAKIN, POR FAVOR!"Rogó ya, un poco desesperado.

"¿Ma…tro?" La voz psíquica de Anakin llegó al final, aunque un poco corrompida.

Gracias a la Fuerza! Anakin, deja de prestar atención a las carreras. Tienes que poner todo tu empeño en concentrarte en la telepatía"

"Oh, pero…va ganan…"

"¡¡Me da igual!! Ya irás otro día. Escucha bien, padawan. Tienes que hacer algo muy importante por mí. Voy a enviarte una imagen mental del sitio dónde estoy. ¿Podrás captarla?"

"Es…e…ro que sí" aceptó el niño, de mala gana.

"Bien. Pon toda tu atención. No me falles" Obi-Wan intentó formar en su mente una imagen del exterior del restaurante, con las mesas dónde estaban sentados él y Padmé antes, recalcó la fuente y los jardines, apara que Anakin pudiera identificar bien el sitio. "¿La tienes?"

"…"

"¡Anakin!"

"…Sí…un poc…boro…sa…pe…sí…la…engo…"

"¡Deja de prestar atención a la carrera!" la comunicación era demasiado mala como para pensar que su padawan se estaba esforzando de verdad.

"Perdón, ae…stro"

"Anakin, ¿sabes llegar hasta el restaurante? No está muy lejos de dónde tú estás, hemos pasado otras veces por aquí. Tienes que venir inmediatamente. Por favor. Te necesito. No faltes. Ven. Ahora mismo. YA. Ah, y entra por la puerta trasera"

"…acuerdo…aestro…sé…egar...A voy…"

El contacto mental se rompió, y Obi-Wan sintió un tremendo mareo. Tuvo que apoyarse con una mano en la pared para no caer en redondo. Hablar así con Anakin resultaba agotador, ya que tenía que poner muchísimo de su parte para que los mensajes fueran al menos un poco inteligibles. Se echó agua en la cara, para despejarse, y salió de nuevo, pero por la otra puerta, para esperar a Anakin. El chico no tardó en aparecer, acalorado y jadeando. Parecía que había corrido muchísimo. Se paró justo delante de Obi-Wan a tomar aire.

-Maes…tro…ufff…aquí me tie...ne-consiguió decir, poniéndose una mano en el costado, dónde notaba una punzada.

-¿Por qué vienes tan cansado?- preguntó Kenobi, preocupado y extrañado-las carreras sólo están a…

-Ya, pero un jilisiano me ha intentado robar una de las entradas restantes y he estado persiguiéndolo durante un minuto-explicó el niño- Sé que ya no me van a servir para nada, pero no permito que me roben. ¡Soy un jedi!

Obi-Wan sonrió paternalmente y le pasó un brazo por los hombros.

-¿Tienes hambre? Ven, estamos comiendo con el maestro Yoda y dos que tú no conoces.

-¿Para eso me ha hecho venir corriendo hasta aquí? Luego me lo va a tener que explicar todo-exigió el chaval.

-Te explicaré lo que a mí me parezca necesario. No intentes montarte encima de mí. Vamos.

Regresaron a la mesa, Obi-Wan con una sonrisa triunfal y ciertamente arrogante en el rostro. Los maestros no habían podido cogerle in fraganti. Hizo a Anakin presentar sus disculpas (el niño lo hizo a regañadientes, ya que la realidad es que no había hecho nada de nada y todo lo tenía que hacer para salvar el pellejo de su maestro) y volvieron a sentarse. La comida siguió apaciblemente. El niño mantuvo entretenidos a los maestros por su despabilamiento y soltura en temas que ellos no consideraban que los pequeños pudieran entender con inteligencia.

Al final de la tarde, volvieron todos juntos al templo. Cualquier rastro de nerviosismo en Obi-Wan o Padmé había sido eliminado. No había nada que temer, todo estaba controlado.

-Debo volver a mis deberes- se despidió el maestro Sarg.

-Lo mismo-apuntó Naboa, yéndose junto con el otro. Yoda no tardó en seguirles.

-Anakin, es muy tarde- dijo suavemente Obi-Wan-¿Por qué no vas a tu habitación? Yo estaré allí dentro de unos minutos.

El chico intentó protestar, pero sabía que no serviría de nada, así que decidió que era mejor obedecer. Al fin, ellos dos se quedaron solos. En silencio, simplemente sonriéndose el uno al otro, caminaron a los jardines, y se pararon junto a un árbol. Padmé echó una mirada a su alrededor, asegurándose de que no había nadie por allí. Era inusual, pero así era. Había empezado a refrescar y los jedis supondrían que hacía demasiado frío como para intentar congelarse blandiendo un sable.

-Vaya día-comentó Padmé, cogiendo la mano de Obi-Wan y acariciándole los dedos.

-Bueno, ya habrá- mientras susurraba, el joven buscó su boca- más oportunidades.

Se besaron durante unos minutos, olvidándose de todo. Un pequeño premio de consolación, por lo que no había podido ser. Lo que ellos, sumergidos en su mundo, ignoraban, es que el pequeño y sabio maestro Yoda los observaba, no siendo tan ingenuo como ellos creían. Desde el primer momento en que los vio en el restaurante, el maestro pudo leer todo lo que ocurría, sólo mirándoles a los ojos. Allí, él había adivinado el deseo y ¿por qué no? el amor que existía entre ellos. Lo había visto en su forma de hablarse, tan forzada como para saber a las claras que estaba ocurriendo algo, en su manera de mirarse, de gesticular…Todo lo indicaba. Había decidido hacerse el tonto, a ver qué ocurría. Para su sorpresa y cierto divertimiento, habían resuelto la situación muy bien. Se alegraba de que una pareja joven sintiera lo que estaba sintiendo, pero su responsabilidad como jedi le decía que aquello tenía que acabar. En su interior, sentía tristeza por ello. Sabía que iba a quitar un trozo importante de felicidad a los dos, y eso le apenaba y le hacía sentir terriblemente mal. Pero si no lo hacía él, otros maestros menos indulgentes lo descubrirían tarde o temprano y no dudarían en echar a Obi-Wan. Cosa que él no iba a hacer. Meneó su cabeza tristemente, y suspiró. La vida de un jedi era un sacrificio eterno.

Esperó hasta que los dos amantes dieron por terminada la sesión de besos, y se despidieron. Padmé se escabulló hasta su habitación, mientras Obi-Wan la veía marcharse, con una sonrisa tan radiante que habría tapado al mismo sol. Yoda se apoyó pesadamente en su bastón y caminó hacia él, con las orejas gachas por lo que pasaría minutos después, pero serio semblante.

-Obi-Wan-dijo, rompiendo el momentáneo silencio.

Obi-Wan se volvió, sereno. O aparentemente sereno, porque en su interior, dudaba con el corazón latieéndole fuertemente, si Yoda les habría estado observando.

-Maestro-saludó. Decidió iniciar una conversación para parecer despreocupado- En la comida de hoy…

-Fingir no debes más, Obi-Wan-le cortó Yoda, clavándole la mirada.

-¿Fingir?- Obi-Wan notó la boca seca.

-Visto os he a Padmé y a ti-agachó el rostro- Las normas jedis tú sabes.

Obi-Wan se quedó paralizado. No sabía que hacer, qué decir. Le habían pillado. Su mente se desconectó de su cuerpo. Empezó a marearse cuando multitud de nada favorables imágenes irrumpieron en su cabeza. Empezó a temblar. Era valiente, pero nadie le había preparado para aquello. Iba a perder a Padmé. Iba a perder la orden. Iba a perderlo todo. Algo le aprisionó el estómago y lo estrujó cada vez más, haciéndole sentir que se ahogaba. ¿Cómo se llamaba esa sensación? Ah, sí: Angustia. Y en la peor de sus modalidades.

-Yo…maestro…

-Nada digas, Obi-Wan- le cortó, suave aunque firmemente Yoda- No echarte voy, ni tampoco reñirte. Adulto eres. Sólo una cosa: Acabar, por mucho que duela, eso debe. Sabías tú que esto pasar debía, alargarlo más solo agrandar el sufrimiento haría. Por lo sano corta, Kenobi.-la voz de Yoda sonaba apagada y hueca, como si de trasfondo, le dijera "Lo siento. Lo siento mucho, Obi-Wan" – Lo mejor es. ¿Comprendes?

-¿No cabría alguna posibilidad…? ¿No podría…?- la indulgencia de Yoda alimentaba una vaga y muy pequeña esperanza, que en el fondo ni Obi-Wan creía posible- Por favor.

Yoda negó bruscamente. Luego volvió a posar sus enormes y tristes ojos en los de Obi-Wan. Suspiró como si tuviera un dolor profundo, y sin decir nada más, se retiró. Obi-Wan se quedó sólo, en el abrumador silencio de los solitarios jardines, mientras el sol comenzaba a derramar rayos como ríos de sangre al atardecer. Se dejó caer sobre la hierba, mientras sentía como su pecho ardía violentamente, a la par que sus ojos comenzaban a humedecerse. Quiso reprimirse, pero las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas antes de poder intentar fingir entereza. Todo iba a acabarse.