3- ¿Quién necesita palabras?
Tan pronto como te entregues, lo que está adentro emergerá
Mientras las barreras entre nosotros desaparecen
Y cada pequeño paso, cada uno de los pasos
Es un paso más cerca de decir lo que sientes
"One Step Closer" Alan Menken
-¡Watanuki~!- llamó Yuuko en un gemido gatuno -¡Hagámoslo otra vez!-
Jadeando, el chico apenas acertó a gruñir en respuesta. Estaba sin aliento y cubierto en sudor.
-¡Yuuko-san, deme un respiro, por favor!-
-Ara, ara...que vergüenza ¡Tan joven y con tan poca energía!- Watanuki miró la cara que estaba encima de la de él, desdibujada sin sus anteojos. Sin embargo, adivinó la expresión divertida que se estaba dibujando en ella. Divertida y burlona. Su rabia se acrecentó.
-¿Como puede decir eso? ¡Llevamos horas y horas sin parar!-
-Y es gracias a eso que ya eres todo un experto en la cuestión ¡Deberías estar agradecido, Watanuki!-
-¡¿Agradecido?- el chico se levantó del suelo, con los anteojos en la mano y una vena sobresaliendo de la frente sudorosa para encarar a su jefa, que lo miraba de pie, con los brazos cruzados y una expresión más divertida que nada - ¡Hemos estado bailando por HORAS!-
-Aunque...es una lástima que no te muevas con seguridad, después de tantos días de ensayo- repuso Yuuko, como reprochándole -Me pones la mano en la cintura como si te fuera a dar una descarga eléctrica a la primera oportunidad ¡Cualquiera diría que voy a morderte!-
-Pues la verdad no me sorprendería -murmuró entre dientes Watanuki, al tiempo que volvía a ponerse los lentes, recibiendo un golpe en la nuca por respuesta.
-Anda, deja de protestar y hagámoslo una vez más- prosiguió Yuuko, sonriendo anticipadoramente -Pienso que, al paso que vas, hasta podrías invitar a Himawari-chan a bailar - El efecto fue el esperado, la cara de Watanuki se iluminó de inmediato.
-¿¡D-de veras lo cree!- exclamó. Ella reprimió un suspiro ¡Vaya que era fácil de manipular! Era una suerte que Fei Wong no hubiese podido encontrarlo.
-Claro. Después de todo, yo soy tu maestra-
La expresión de Watanuki se hizo enfurruñada de nuevo. Era un mohín que Yuuko no podía mirar sin sentirse levemente enternecida ¡Pero si se lo decía...!
-¿Pasa algo?- dijo suavemente.
-¿Qué yo no tengo nada de merito por este avance?- dijo Watanuki.
-Bien, bien, admito que te has esforzado bastante- ella se encogió de hombros -¡Si solo dejaras de actuar como una colegiala enamorada...!-
-¡Y-yuuko-san! ¡Deje de decir ese tipo de cosas! ¡Soy hombre, maldita sea!- exclamó el chico, rabioso y enrojecido, mientras hacía una de sus pataletas ¿Que era tan divertido acerca de molestarlo? Abri la boca para seguir protestando, pero se detuvo, mirándola...es decir mirándola, sorprendido por la expresión algo grave que había adquirido el rostro, habitualmente alegre de Yuuko Ichihara. Ya no lo miraba, sino que clavaba la mirada en un rincón del cuarto. Solo que, en realidad, parecía tan absorta que probablemente no veía lo que estaba frente a sus ojos.
-En verdad has crecido mucho- murmuró de pronto ella, suavemente, dejándolo helado. De algún modo, Watanuki sintió alarma ante esas palabras ¿Que era? No comprendía porque, pero sus manos se enfriaron como por arte de magia, y sintió como si su pulso bajara. Trató de mirarla y no mirarla al mismo tiempo, sin poder escapar de una cierta inquietud que le provocaban esos ojos color de sangre. Sintió una gota de sudor resbalar desde su cien hasta su barbilla, tan fría como la mano que su mentora constantemente ponía en sus mejillas y se preguntó porque nunca se lo había impedido, ni siquiera el día que la había conocido (Aunque recordaba claramente haberse erizado como un gato en cuanto el contacto se hizo demasiado intrusivo y ella había acercado demasiado su bonito rostro al de él peligrosamente) De algún modo, aunque ese contacto le parecía escalofriante y a veces hasta molesto, nunca lo había sentido como algo incorrecto o anti-natural. Era casi como si, muy en su interior, el siempre hubiera sabido que era algo natural en la Bruja Dimensional. Algo que hacía por hábito. Como si parte del pago por sus servicios fuera el que sus clientes no pudieran guardar ni su mente o cuerpo de las manos de ella.
Por esos pensamientos, fue el doble de desconcertante cuando Yuuko de pronto se volvi hacia él, sonrió y le ofreció la mano de un modo tan delicado, tan humano. Casi tuvo la impresión de que, si tomaba esa mano, podía romperla como el ala de una mariposa. Como por arte de magia (Naturalmente, por arte de magia) el viejo tocadiscos con el que habían estado practicando se encendió de nuevo, tocando una balada lenta que Watanuki había reconocido de su años de niñez.
-Anda- dijo Yuuko suavemente -Una vez más, Watanuki-
Mirándola algo desconfiada y tímidamente, el chico tomó la mano que le ofrecía con delicadeza. Con el rubor inundándole la cara, procedió entonces a poner la otra mano en la estrecha cintura de su jefa. Miró el rostro que estaba frente a él, quedando ligeramente por encima del suyo, buscando aprobación por finalmente haberse animado a hacer ese contacto por si solo (Las anteriores veces, ella había tenido que poner la mano del chico en el sitio indicado con su propia mano) encontró una sonrisa picaresca que era habitual en Yuuko, ligeramente teñida de una especie de enternecimiento que lo hizo enrojecerse más, aunque de un modo (Alarmantemente) no del todo desagradable. Algo más seguro de sí mismo, comenzó a mover los pies. Lenta, muy lentamente, el movimiento, que había empezado pausado e inseguro comenzó a ser más fluido, más natural. El rostro de Watanuki, que comenzó estando tan rojo que parecía al borde de la apoplejía, lentamente retornó a su tono original, casi a la misma velocidad que sus pasos comenzaron a tomar vigor y confianza. De algún modo, olvidó donde estaba, que estaba haciendo y lo incómodo que su propio sentido del decoro debía de estar haciéndolo sentir en ese momento. El cabello negro de Yuuko, que danzaba tras ella y alrededor de su cuerpo, la tela de su vestido bajo sus dedos, la forma en que el cuarto alrededor de ellos giraba, el aire que de pronto parecía agua...fue consciente de todo, del modo que la música lo guiaba, y él a su vez la guiaba a ella, y ella respondía a sus movimientos de un modo equilibrado y fluido. Se sumía en una especie de sueño, de olvido celestial y embriagador. Había oído muchas veces que bailar podía ser como volar ¡Ahora lo comprendía! Esa sensación de ingravidez, de que las cosas quedaban atrás, de que todo era un remolino formado por dos figuras...
Sintió vagamente como Yuuko recargaba su frente en la de él por algunos instantes, con los ojos cerrados y una sonrisa que casi carecía de su malicia característica. Él la dejo hacer, fijando su ojo azul y su ojo dorado en los diminutos reflejos que relucían en las pestañas de ella, como estrellas en el cielo nocturno, y deseó que abriera los ojos, pero como pago, cerró los suyos, oyendo la respiración de ella y sintiendo el suave olor (Vino y tabaco) que de ella emanaba, y el frío de la frente que tocaba la suya y la canción terminó.
Como saliendo de un sueño, Watanuki parpadeó. Yuuko estaba frente a él y lo miraba, con esa sonrisa complacida y henchida de orgullo que le dedicaba en algunas ocasiones. Atontado, se preguntó si había soñado que su frente tocaba la de ella...por alguna razón, no le parecía descabellado, después de todo, estaba cansado y hambriento y tal vez hasta un poco ebrio.
-¡Watanuki- dijo Yuuko sonriendo en su infantil modo burlón -Ya puedes soltarme. La clase terminó por hoy-
Sonrojándose furiosamente otra vez, el chico se dio cuenta de que aún sostenía la mano y cintura de su jefa. Como si fuera poco, Mokona escogió ese preciso momento para aparecer rebotando por la habitación cantando 'Wata y Yuuko sentados en un árbol...' y riendo histéricamente. Como si el contacto le quemara, Watanuki soltó a Yuuko y se alejó, como un ratón que se aleja del gato. Yuuko, al parecer inmune a la burla de Mokona, sonrió burlonamente ante la expresión aterrada y avergonzada del rostro de su empleado.
-Bueno, de cualquier modo, a mí me parece que ya lo haces bastante bien- dijo, avanzando hacia su sillón y dejándose caer en él, con tanta brusquedad como elegancia. Estiró la mano para atrapar su pipa entre sus delgados y finos dedos, inhaló un poco y exhaló el humo con su acostumbrada gracia antes de continuar -Apuesto que Himawari-chan estará muy, muy sorprendida -
-¿De verdad?- musitó Watanuki, aún bastante atontado y sin escuchar realmente lo que ella le había dicho. La duda, la maldita duda estaba de vuelta.
-...y por supuesto, cualquier otra chica a la que pienses sacar a bailar ese día. O a Doumeki, si la suerte te sonríe-
Al notar la falta de reacción del chico ante su comentario, la bruja lo miró con una ceja alzada inquisitivamente. Pero él estaba retorciéndose las manos, del modo que siempre lo veía hacer cuando algo le preocupaba, y probablemente ni se había percatado de que ella acababa de decir algo. Esto le llamó la atención, pero conocía bien a su empleado y sabía que, si era algo con lo que ella pudiese ayudarle, se lo diría sin dudar. Y tendría que, porque, a pesar de lo que el chico parecía creer, ella no era omnisapiente.
-Por cierto, Watanuki- dijo de pronto, al tiempo que Mokona saltaba hasta ella y se sentaba a su lado. Yuuko estiró la mano para acariciar las orejas de la criatura cariñosamente -Ya es algo tarde. Ve a dormir-
-¿Eh?- reaccionando, el chico miró el reloj de la pared, que indicaba que eran más de las diez de la noche. Se sintió ligeramente sorprendido, pero de inmediato deshecho ese sentimiento, reemplazándolo con especie de preocupación de mamá gallina tan característica de él -Pero, Yuuko-san, no he hecho nada de cenar para usted y Mokona-
-Por favor ¿Me crees tan mala como para pedirte que cocines a esta hora inhumana?- repuso la bruja, fingiéndose herida.
-Eh...pues en realidad si- murmuró Watanuki.
-¡Vaya! Si que sabes como hablarle a una mujer- repuso Yuuko
-¡Ah!- el chico se erizó -¡Lo siento! No me di cuenta de que hablé en voz alta-
-Bueno, bueno. Por lo pronto, haz lo que te dije- dijo Yuuko riéndo, y lo despidió con un gesto de la mano. De algún modo, a Watanuki le pareció una orden, así que optó por desear buenas noches y retirarse a su habitación de la tienda.
Mientras se recostaba en su futón, su mente no dejaba de repetir lo que acababa de pasar en su cabeza, como una película. Aún se preguntaba si había divagado durante el baile, si aquél contacto había sido solo producto de su imaginación calenturienta. Se repetía incansablemente que debió serlo, porque...bueno porque ella no no podía haberlo hecho de verdad ¿O sí?
Honestamente, nunca había imaginado que el hecho de pensar que tenía alucinaciones sería tranquilizador. Esa noche, estaba cerca de serlo. Pero muy pronto dejó eso de lado para concentrarse en otro asunto, un asunto un poco más grave, según su parecer.
Hacía ya poco más de dos semanas que habían empezado las prácticas de baile con Yuuko-san. A pesar de su plática con Doumeki, había tomado la decisión de preguntarle si quería acompañarlo a su graduación ('No pierdo nada con preguntar' se repitió una y otra vez, camino a la tienda) pero, de algún modo, previsiblemente, no había logrado obligarse a decir nada. Como si la lengua le pesara, siempre que quería mencionar el tema, se encontraba a si mismo balbuceando sobre cosas inútiles, sin relación (La cena, el cuarto de tesoros, Mokona, el sake...) y Yuuko-san (Aunque al parecer de Watanuki, era imposible que no se hubiera dado cuenta de que algo raro ocurría) no decía nada ni lo presionaba para que dijera lo que le estaba preocupando. Hacía pocos días que había decidido dejarlo estar, porque si algo había aprendido en esa extraña tienda entre los mundos, es que las cosas que no deben ser no son; pero los recientes acontecimientos habían vuelto a inquietar a su mente, a la parte de esta que había decidido que su jefa, su mentora, su amiga Yuuko Ichihara-san tenía que estar presente cuando se graduara.
En esto reflexionaba, cuando sus ojos se cerraron, casi contra su voluntad. Y no pudo ver cuando una delgada figura, enfundada en un kimono color durazno entraba a su habitación, se detenía unos instantes al lado de su futón, observándolo dormir y luego procedía a apagar la luz que él había dejado encendida. Al salir, los labios rojos y plenos de esta persona pronunciaban un suave y acariciador -Duerme bien-
Oscuridad, un árbol de cerezo y pétalos pálidos flotando en el viento. La escena le era familiar, era un lugar que visitaba a menudo, y, desde que había encontrado ahí un alivio a sus dudas acerca de la realidad en la que vivía, visitar el sitio le daba paz interior. Esta vez, sin embargo, el viento que normalmente era suave y pacífico, era casi tormentoso y hasta un poco alarmante, y se sintió algo solitario y asustado. Buscando consuelo, recargó una mano en el tronco del árbol.
De algún modo, los árboles de cerezo le atraían inevitablemente (Una pequeña curiosidad sobre él, o hitzuzen, según se viera) y el contacto del tronco lo llenó con un casi olvidado sentimiento de protección, de cariño, y como nostalgia de una persona que ya no estaba a su lado. Vagamente, se preguntó si no estaría imaginando cosas, pero ¿Soñar en sueños? Sonrió. Bueno, sin duda no sería raro tratándose de él, que era la persona indicada para que su foto estuviera pegada en el diccionario al lado de la palabra 'Extraño'
-Pareces preocupado, Watanuki-kun-
Se volvió para ver quién le había hablado, encontrándose entonces con que Doumeki lo miraba, con una sonrisa en el rostro y un cigarrillo humeante en la mano. Lo que significaba que no era Shizuka Doumeki.
-Haruka-san- dijo quedamente Watanuki, con una inclinación de cabeza como saludo -¿Por qué lo dice?-
-Este es tu sueño ¿No?- dijo Haruka. El viento está agitado, y eso significa que tu mente también lo está ¿Que ha pasado?-
El chico lo miró, con un ojo azul y un ojo dorado muy similar al de su interlocutor. Parecía dudar, pero pronto suspiró, resignado e hizo su pregunta:
-Haruka-san ¿Sabe usted mucho sobre mujeres?-
Por un momento, le hombre pareciódesconcertado. Luego se echó a reír, para gran turbación del chico, que torció la boca con embarazo.
- ¡Ha, ha, ha...! Lo lamento Watanuki-kun, a veces olvido que no tienes padres o hermanos mayores con quién hablar de estas cosas...muy bien, pues ¿Qué quieres saber?-
-Bueno ellas ¿Qué pasa cuando alguien las invita a algún lado?-
-¿Oh? Pues nada. Aceptan o no lo hacen, nada más-
-Si, pero ¿Y si la mujer en cuestión es algo complicada?-
-¿A qué te refieres?-
-Bueno es solo que... - resopló -La mujer de la que hablo es Yuuko-san-
Haruka-san alz las cejas y luego se ech a reír de nuevo.
-¡Haruka-san, esto es serio!- protestó débilmente el chico, sintiéndose ruborizado hasta las orejas.
-¡Ha, ha, ha, ha! Perdón, perdón - Haruka se aclaró la garganta y miró al muchacho frente a él con una chispa pícara en los ojos, una chispa que su nieto a veces mostraba, pero de un modo mucho mas discreto -Vaya que me sorprendes chico ¡Eres todo un tigre!-
-¡H-h-haruka-san!- exclamó Watanuki -¡Por favor, no malinterprete! Escuche, la cosa es que...-
Mientras Watanuki relataba los acontecimientos, con la espalda recargada en el árbol (Se sentía tan reconfortado con ese contacto...¿Por qué?) el viento amainaba gradualmente y Haruka lo escuchó en silencio, dándole caladas a su cigarro algunas veces durante el transcurso de su historia. Cuando terminó, permanecieron en silencio por un rato, con el humo del cigarro flotando sobre sus cabezas como un listón transparente y los pétalos de cerezo susurrando al caer.
-Watanuki-kun- dijo de pronto Haruka -¿Cuál es la razón de que quieras que ella vaya contigo a tu graduación?-
-¿Eh?- musitó Watanuki.
-Debe haber una razón ¿Cuál es?-
-Bueno, es que Yuuko-san, es una persona que cuida de mí...hay muchas, en realidad, el idiota cabeza de melón- Haruka-san rió ante el sobrenombre que Watanuki le había dado a su nieto -Mugetsu, la Zashiki Warashi, incluso Syaoran-kun, aunque solo lo he visto pocas veces. Pero Yuuko-san de algún modo, siento que no puedo dejarla atrás, sin importar nada. Siento que, puesto que no puedo hacer mucho más por ella, deber a por lo menos dejarla ser parte de esto ¿Me entiende?-
-Si- la sonrisa de Haruka era comprensiva -A la perfección-
-Además, aun si me dice que no quiere, o no puede...creo que le alegrará que haya pensado en ella-
-Lo que me lleva a otra pregunta, Watanuki-kun ¿Por qué no le has dicho nada entonces?-
El chico lo miró, con el desconcierto que sentía en su alma tomando forma en sus ojos de dos colores. La misma pregunta que llevaba haciéndose durante días, salida de la boca de otra persona, parecía provocarle una confusión que incluso rallaba con el temor.
-No puedo- murmuró tras un corto silencio -Todos los días, me levanto decidido a hacerlo. Me repito una y otra vez ¡Se un hombre, Watanuki! para darme ánimos, pero llega el momento y entonces...entonces...- se interrumpió, sin saber exactamente como expresarlo, con las pálidas manos delante de si, abriéndose y cerrándose con frustración y los labios apretados en un gesto de impotencia.
-Tu boca no obedece- dijo Haruka quedamente
-¡Si!- exclamó Watanuki, feliz de que alguien comprendiera -Entonces llega la hora de irme a la escuela y paso todo el tiempo reprochándome a mi mismo el no haberle dicho. Pero aún así, al volver a la tienda por la tarde, no digo lo que quiero decir. Y me siento culpable, porque incluso ahora, ella está ayudándome mucho...por un precio, claro, pero yo sigo sintiendo que le debo algo más. Y cuando voy a dormir, tampoco puedo dejar de pensar en eso... ¡Agh! ¡Esto es muy confuso!- se mesó el pelo negro, exasperado por su propia incapacidad para explicarse.
Haruka meneó la cabeza.
-Watanuki-kun. Primero que nada, no te sientas mal. Solo sufres de un mal común entre los hombres de 15 a 99 años-
Confundido, el chico alzó una ceja. Haruka prosiguió.
-En cuanto a tu problema, debes comprender que en esta ocasión, todo depende de tu criterio y corazón-
-¿A qué se refiere con eso?-
-¿Recuerdas lo que te dije acerca de darte cuenta de las cosas?-
Watanuki asintió antes de contestar:
-Uno no puede volver al tiempo en que no se había dado cuenta. Uno no puede borrar ese conocimiento nunca más-
-Exacto- asinti Haruka, complacido -En este caso, de nuevo hace falta que encuentres ese conocimiento. Puede que alguien te ayude, o puede que lo hagas tu solo. Pero no estarás en paz hasta que encuentres la respuesta a tu incógnita y decidas como actuar en consecuencia, según te lo dicten tu criterio y corazón-
-Pero ¿Qué pregunta es la que debo resolver?-
-Con eso, por lo menos, si puedo ayudarte- el rostro de Haruka estaba sonriente, pero de algún modo, se volvió severo. Extendió la mano con la palma hacia arriba antes de responder en tono misterioso, con una voz que estremeció a Watanuki, mas por el poder que transpiraba que por el volumen o el tono -¿Qué es esto que danza en tu interior?-
Watanuki lo miró en silencio, asustado, confundido. Y esa era la expresión que tenía su cara cuando despertó, aún acostado en el futón, con una fría gota que le recorría la mejilla, sin que pudiera saber si se trataba de lagrimas o sudor. Aún era de noche, y la luna dibujaba extrañas figuras en la puerta corrediza y los cristales de la ventana.
Escuchó. El viento que acariciaba el edificio con gentileza y siseaba en los árboles del jardín era el único ruido que se escuchaba, y supuso que tanto Yuuko como Mokona ya se habían ido a dormir en el cuarto de la bruja.
Era raro, saberse despierto mientras ella dormía. Usualmente, era ella la que rondaba la tienda como un alma en pena cuando el ya se había acostado, haciéndole pensar que, a pesar de su apariencia despreocupada y juguetona, algo le inquietaba. Una vez o dos la había espiado por una ranura de la puerta, encontrándola con los ojos escarlatas fijos en la cerca de la tienda y los labios apretados con ¿Determinación? ¿Enfado? ¿Esfuerzo? No sabría decirlo. Pero ella no decía nada, como dándole a entender que era un problema que debía resolver sola y con el que él no podía ayudarla.
Su cuerpo aún estaba cansado, y fue por eso que sus ojos comenzaron a cerrarse de nuevo tras un corto rato. Pero la pregunta de Haruka-san resonó como un eco en su mente, mientras resbalaba de vuelta al sueño.
'¿Qué es esto que danza en tu interior?'
