¡Oha~Lucky! Aquí les dejo la continuación de esta historia. Muchísimas gracias a quienes comentaron. Y con este, solo faltaría uno más para el final =D

«Sensō to Heiwa»

Segunda parte—

Ha pasado ya bastante tiempo desde que Ikuto se fue de casa. Desde ese día, la guerra se presentó en diversas partes de Japón y el mundo. Nunca supe con certeza quienes fueron los causantes de que llegase hasta aquí, pero tampoco es cómo se me importase demasiado.

Mi hermana menor murió por causa y consecuencia de una enfermedad, se trataba de una epidemia, que se apoderó de esta parte del país. Mi madre también pereció bajo ella, por cuidar e intentar sanar a mi hermanita. Mi padre falleció después de venir a notificarme la pérdida de mi madre y mi hermana. Vino desde su refugio situado al otro extremo de la ciudad, sin autorización, única y exclusivamente a darme la noticia. Cuando se estaba yendo de regreso a su hogar-refugio, un misil dio de lleno con el sector por el cual él transitaba. Lo vi con mis propios ojos, y estoy segura de que eso es algo que jamás olvidaré.

El dolor de perder a un ser querido es indescriptible, más aún teniendo en cuenta que a quienes he perdido eran mis únicos familiares directos.

Si tan solo Ikuto estuviese aquí conmigo en este momento…

Solo espero que él sea capaz de perdonarme porque yo… perdí mi lucha interna y he cedido ante la depresión.

Ahora, estoy recostada en mi cama… llevo varios días sin darme un baño, y mucho más tiempo sin levantarme de este lugar. No he probado ni un solo bocado, siento que me voy a morir… pero no puedo, no aún, porque tengo que esperarte…

Me tienes preocupadísima, Ikuto. Me pregunto… ¿cuánto más te vas a tardar?

La guerra se ha dado por concluida, ha durado demasiado, o eso es lo que yo pienso porque hace más de año y medio que perdí la noción del tiempo… y tú aún no vuelves.

Me volteé y me cubrí con las mantas hasta la cabeza. Así me siento un poco más aliviada, rodeada de oscuridad. De este modo nadie me puede ver, y yo no puedo ver a nadie. Porque lo cierto es que no quiero ver a nadie… a nadie excepto a ti.

De pronto, sentí que alguien golpeó a la puerta.

¿Será posible que ya estés de regreso? De ser así, ¡no puedes verme en este estado!

Me levanté rápidamente y corrí en dirección al baño. Me lavé la cara y las manos, arreglé un poco mi desmarañado y sucio cabello de color rosado. Después tomé mi cepillo dental, si voy a recibirte, debo besarte intensamente. Eso está más que claro… Ikuto, llevo demasiado tiempo soñando con que este momento llegase.

Si tú lo deseas, podríamos casarnos a penas entres y te instales. Pero sé que estarás agotado, hambriento… fatigado. Además, si ya he esperado tanto tiempo, ¿qué tan difícil podría ser esperar un poco más?

Estaba cepillando mis dientes, cuando alguien gritó desde el exterior: —¡¿Hay alguien en casa?

Mi ánimo se esfumó y un escalofrió recorrió mi espalda.

Esa no era la voz de Ikuto, yo no la recordaba así, tan aguda. Definitivamente algo andaba mal… muy mal.

Dejé de lado la labor de lavar mis dientes, enjuagué mi boca con un poco de agua y salí del baño.

Caminé a paso lento hasta la entrada, sentía mis pies más pesados de lo normal. Bien sabía que con eso solo estaba retrasando la mala noticia.

Al llegar junto a la puerta, la abrí sabiendo que no te vería del otro lado, pero aún así pregunté luego de bajar la mirada en dirección al suelo.

—¿Ikuto?

—¿Es usted la señorita Amu Hinamori?

Alcé la mirada para encontrarme con la persona que me había hablado con anterioridad. Se trataba de una chica, una linda muchacha rubia de ojos amatistas. Vestía uniforme militar, por lo que supuse que venía de parte de la milicia.

¿Será que Ikuto me ha dejado por ella y ya no regresará?

—Disculpe… —la chica intentó llamar mi atención agitando una de sus manos frente a mí—; ¿Es usted Amu Hinamori?

—Sí, soy yo… —respondí con la voz rasposa.

Me dolió la garganta al hablar. Hacía ya bastante tiempo que no hablaba con nadie e incluso me costaba un poco modular con claridad las palabras que de mis labios salían.

—Soy la suboficial Utau Hoshina.

De su bolsillo sacó unos papeles y me los enseñó, eran su identificación y su pasaporte. Asentí en silencio y ella guardó sus documentos una vez más en el lugar correspondiente. Me sonrió con dulzura y exclamó: —¿Está usted bien?

Yo volví a asentir sin decir palabra. Sentía un nudo en mi garganta y me ardía.

—Vengo desde el cuartel general. He venido a informarle que el soldado Ikuto Tsukiyomi…

—¿Está él bien? —me apresuré a preguntar.

—Bueno… eso es algo complicado de explicar.

—Pase por favor —exclamé y con un ademán de mano le invité a entrar a mi cuarto.

La sargento ingresó a mi cuarto-refugio y tomó asiento despuésdequeleindicasehacerlo en el único sillón que había en la habitación.

—Iré a preparar algo de té.

—No se preocupe —me dijo—, No hace falta, debo regresar pronto al cuartel.

—Ya veo… —murmuré.

Con desgano, me senté en la cama y miré a la señorita Utau. Ella comprendió que estaba dispuesta a escuchar todo lo que venía a decirme.

—De momento el recluta Ikuto está en el hospital, en la capital —profirió con consistencia.

—¿Qué? acaso… ¿lo han atacado los enemigos?

—Algo así… —ella suspiró—. Señorita Amu, si me permite decirle, su novio es muy valiente. El miliciano Ikuto le ha enviado esto como prueba de su victoria.

La señorita Utau de un bolso que traía consigo, extrajo una pequeña caja y me la extendió sin titubear. Yo la recibí sin mucho interés. Después de todo, yo no quería que él se fuera a la guerra.

—Salió airoso de la guerra, pero recibió un disparo en el tórax por parte del enemigo.

—¿Có-cómo dice?

—Así fue, la guerra ya se había dado por concluida cuando un infiltrado de las tropas enemigas intentó asesinar a nuestro comandante. Fue un atentado muy bien planeado, pero su asalto se vio frustrado gracias a la rápida actuación del soldado Tsukiyomi.

—No logro comprenderle, señorita —le dije.

—Fácil, el joven Ikuto se interpuso en el camino de la bala, defendiendo con su cuerpo a nuestro superior. Por ello, ha recibido una medalla en reconocimiento por su valentía. Ikuto es todo un héroe.

—Pero él… sigue vivo, ¿verdad?

Tenía miedo de preguntárselo, pero debía hacerlo. De otro modo, jamás saldría de mis dudas.

—Cuando me enviaron de camino acá, él seguía vivo y estaba ya en recuperación. Imagino que en poco tiempo volverá —suspiró una vez más—; ¿Por qué no ve lo que le envió su prometido?

Asentí y procedí a abrir la caja. En su interior había dos medallas. Me quedé observándolas embelesada, Ikuto de verdad había conseguido no una, sino dos medallas.

—Al conscripto Ikuto Tsukiyomi le fueron asignadas dos medallas —exclamó la suboficial—; No solo eso, además fue ascendido de rango al cargo actual de Teniente. La primera medalla, recibe el nombre de "Recomendacióndelejército".

Tomé la medalla que me indicó la señorita Utau, se trataba de una medalla de forma hexagonal y de color dorado. Parecía estar hecha de bronce, aunque no estaba del todo segura de que así fuera. Por la parte frontal tenía grabado un ave, que no estaba muy segura de si era un águila o un halcón. De cualquier forma, ambas son aves rapaces. Al voltearla, tenía grabado el nombre de Ikuto.

—Esa medalla —empezó a decir la sargento. De su bolsillo extrajo una hoja de papel y comenzó a leer—, La ha recibido el teniente Tsukiyomi por logros meritorios y servicio loable. El 18 de Enero de 1945. El francotirador Tsukiyomi Ikuto, conocido entre los soldados como "elojodegato" protegió al equipo de asalto gracias a su precisión en el tiro, de forma que pudieron huir con menos de cinco bajas del campo de batalla.

—Increíble —murmuré por lo bajo.

—Así es… —añadió—. La otra medalla, recibe el nombre de "CruzporlaguerraNipona".

Dejé la medalla hexagonal en la caja una vez más, en la misma posición que se encontraba con anterioridad. De inmediato, tomé la otra medalla. Tenía la forma de una cruz y era de color plateado, deduje que estaba hecha de plata, ya que era bastante liviana. Por el frontis tenía grabada una pequeña cruz y por el otro lado el nombre de Ikuto.

—Por eminente valor frente al enemigo, en la ayuda de la defensa de Japón —comenzó a leer la suboficial—, El 12 de Febrero de 1945. El Teniente Ikuto Tsukiyomi protegió aún a costo de su propia vida al comandante a cargo del segundo batallón de militares —finalizó.

Procedí a guardar la otra medalla y cerré la caja en la cual venían. Me quedé en silencio, observando la caja entre mis manos. No lo entendía. ¿Por qué Ikuto me envió esto?, ¿no sería mejor que él las tuviese consigo?

—Déjeme decirle señorita, que se ve bastante deplorable —mencionó la sargento, llamando mi atención—; No querrá que su novio la vea así cuando regrese, ¿no es cierto?

—Tiene razón. Gracias por todo.

—Estoy cumpliendo con mi deber. Con su permiso, tengo que retirarme.

La suboficial se puso de pie y se encaminó a la salida. Posteriormente, yo abrí la puerta; ella hizo una reverencia y se retiró, dejándome sumida en mis propios pensamientos.

Minutos después, guardé la caja en un sitio seguro, a continuación me encaminé a mi cama y me recosté en ella otra vez. No pude evitar ponerme a llorar, no podía terminar de creerme que Ikuto fuese considerado un héroe para la patria, pero tampoco me gustaba la idea de que hubiese sido herido por el enemigo en defensa de un país que no ha hecho nada de bueno por nosotros.

Lamentablemente para mí, Ikuto no pensaba de ese modo.

Yo bien sabía que él quería proteger a quienes amaba, él mismo me lo había dicho. Además, no era una persona que se quedase de brazos cruzados, observando cómo el resto hacía las cosas por nosotros, sin que él hiciese nada productivo por ayudar al resto.

Y eso se volvía su debilidad en ocasiones… el querer siempre ser útil para su familia, para sus seres queridos y por último, para su país.

En mi consciencia recordé las últimas palabras que me dijiste antes de tu partida.

"Mevoy,porquequieroprotegeraquienesamo.Noestéstriste,Amu.Teprometoquevolveréasalvoporti."

—No llores por mí partida… Amu —susurré en mi soledad.

Dime Ikuto… ¿estás bien?, ¿te recuperarás? Tiene que ser así. ¿Sabes…? porque…

—Porque yo aún te estoy esperando… —murmuré—, Y sabes que te esperaré todo el tiempo que sea necesario… porque es una promesa.

Contuve mi llanto y limpié mi rostro de las lágrimas que luchaban por continuar escapando de mis ojos.

—Porque es una promesa —repetí—. Y una promesa no debe romperse.

Es por eso que no lloraré otra vez, porque me prometí a mi misma que cumpliría mi parte del trato. Me pediste que no llorase tu partida, pero no me pediste que no llorase si salías herido. Pero sé que regresarás… porque lo harás, ¿no es así?

—Recupérate pronto… para volver a verte sonreír una vez más… Ikuto.

Continuará…

Y bien ¿Qué les pareció? Ahora sabemos que Ikuto recibió dos medallas =O pero también sabemos que salió herido al finalizar la guerra.

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