Una vez más, muchas gracias por los reviews, y aquí está el capítulo:


Remordimientos

Los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana del dormitorio, acariciando los párpados de la persona que duerme profundamente en una cama. O que dormía profundamente, hasta este momento.

Con un gruñido, George se tapa la cara con la almohada. Le duele la cabeza. Como si miles de agujas se le clavaran una y otra vez en el cerebro. El piar de los pájaros le sienta como veinte martillazos en el cogote. Y la luz del sol parece darle puñetazos en los ojos. Además, se siente extrañamente oprimido.

Tras unos minutos intentando volver a dormirse, George se da por vencido. Se aparta la almohada de la cara, respirando de nuevo aire fresco. Y disfruta de la sensación hasta que vuelve a darle la luz en la cara. Molesto consigo mismo, George se incorpora en la cama y abre los ojos, jurándose que no volverá a beber ni una gota de alcohol más en su vida.

Descubre que la opresión tiene su origen en que anoche se quedó dormido sin quitarse siquiera la ropa. Sí que debía estar borracho, piensa. Recuerda vagamente a Ollie y Katie, riéndose como adolescentes en el pub, a Lee repitiendo por enésima vez lo enamorado que está de Alicia y el sonrojo de ésta, y recuerda a Angelina discutiendo con él acerca de... vale, no se acuerda de sobre qué discutían.

¡Angelina!

Angelina… Se quedó solo con ella en la calle… y se tropezó… y luego…

-¡Mierda!-exclama George en voz alta. Rápidamente hace una mueca de dolor y se agarra la cabeza con ambas manos mientras dirige la vista a la foto de su mesita. Le da la sensación de que Fred lo mira acusadoramente, y George le dirige una mirada llena de remordimiento, pensando que el enfado de su hermano es lo mínimo que se merece.

Joder, joder, joder… ¿Qué he hecho? ¡He besado a Angelina! ¡La novia de mi hermano! Debe de estar revolcándose en su tumba… Fred, quiero decir… Lo siento, no sé qué me pasó, estaba borracho… Y ella también, de lo contrario no lo habría hecho... Además, fue ella la que se puso de puntillas para besarme, ¿no?

Ese último pensamiento lo reconcilia un poco con su conciencia. Sí, fue Angelina. Ella es la que le debe explicaciones.; además, es ella la que se está engañando si piensa que él es Fred… ¿Y si ahora ella espera algo? No, no puede esperar nada, lo de anoche fue un completo error… ¡Y fue su culpa! ¡Sólo suya! Además aprovechó que yo estaba borracho y había bajado la guardia…

Logrando sentirse un poco mejor consigo mismo, George se levanta, tambaleándose a causa del monumental dolor de cabeza y se dirige al baño (en parte para evitar la mirada del Fred de la fotografía). Se mete en la ducha sin siquiera desvestirse y deja correr el agua mientras apoya la frente en la pared. El frío alivia un poco su malestar, tanto físico como psicológico.


Angelina sale del baño después de echar hasta su primera papilla. Merlín, es la última vez que bebe tanto. Las consecuencias son desastrosas. Y no recuerda absolutamente nada de lo que hizo anoche. Bueno, sí, recuerda las risas tontas de sus amigos, las muecas burlonas de George, el beso…

Un momento… ¿El beso?

-¡No, no, no!-aúlla, sin importarle que eso aumente su dolor de cabeza-. ¡He besado a George Weasley! ¡He besado a George Weasley!

Oye unos golpes en la pared que limita con el piso contiguo:

-¡Como si te has tirado a la Reina, pero algunos intentamos dormir!-se queja un enfadado vecino. Angelina se deja caer en el suelo y se hace un ovillo, sintiéndose la peor persona del mundo.

Merlín, ¿qué he hecho? ¿Cómo he podido besar a George? Bueno, el cómo lo sé, y el porqué puedo suponerlo… pero eso no me justifica. Merlín... soy una persona horrible, horrible. Él intenta ser amable conmigo y yo tengo la cara dura de besarle sólo porque se parece a… Porque fue por eso, ¿verdad? Sólo por eso y por nada más.

Angelina suspira con infinita lentitud para no aumentar aún más su dolor de cabeza.

Además, él fue quien se acercó, quien agachó la cabeza. Sí, eso es. Él me besó a mí. Él es el que tiene que dar explicaciones. No yo.

Algo más tranquila, se levanta y agita la varita para preparar café. Lo necesitará; tiene que hacer el informe que Davis le ha encargado. Gruñe. Pensar en su jefe le aumenta el dolor de cabeza.


Hermione suspira mientras observa el objeto que tiene en las manos. Merlín, Dios, Buda, quien sea, se ha equivocado. O quizá Fred o Sirius le han hecho una broma desde dondequiera que estén. Una broma que no tiene ninguna gracia. Y si no la tiene para ella, no quiere ni pensar en qué dirá Ron. Sí, vale que comentaron que sería bonito, pero nunca dijeron nada en serio, sólo…

-Mione, ¿te queda mucho para terminar ahí?-oye la voz desde el otro lado de la puerta del baño. Hermione guarda el objeto en su bolsillo, se enjuga las lágrimas y se levanta rápidamente. Abre a toda velocidad la puerta y pasa junto a Ron, deseando que su marido no note la expresión de su cara. Misión en la que fracasa estrepitosamente. Ron la conoce demasiado bien-. ¿Qué te pasa?

-Nada-miente ella. Sigue caminando, pero el pelirrojo la sujeta por el brazo-. Ronald, déjame, ¿quieres?

-No hasta que me digas qué te pasa. Y no me digas que nada, porque llevas unos días que no hay quien te aguante.

Hermione suspira, armándose de paciencia.

-Mira, ahora no es el momento. Vamos a llegar tarde al trabajo-añade, e intenta zafarse de Ron. Pese a que su marido no está haciendo excesiva fuerza, Hermione no logra quitárselo de encima.

-No hasta que me lo digas-repite Ron, inflexible.

Hermione cierra los ojos con fuerza y vuelve a abrirlos. Ron sigue ahí, con la misma expresión determinada que antes.

-Vale, te lo diré-acepta. Saca el objeto del bolsillo y se lo tiende a Ron-. Esto.

Ron se queda mirándolo con una curiosidad casi infantil.

-Vale, ahora me vas a explicar qué es este cacharro. Sabes que no tengo ni idea de aparatos muggles.

Hermione siente deseos de pegarle. ¡¿Es que no puede deducir nada por sí mismol!

-Eso, Ron, es un test de embarazo.

Lentamente, las palabras parecen colarse en el cerebro de Ron, que observa alternativamente a Hermione y al test, boquiabierto.

-¿E…? ¿Embarazo?

-Sí, Ron. Estoy embarazada.

Por un momento, Ron no muda la expresión. Luego…

-¡Es genial! ¡Genial, Hermione! ¡Embarazada! ¡Un bebé! ¡Un bebé! ¡Nuestro!-mientras grita emocionado, Ron ha cogido a Hermione en brazos y da vueltas con ella en una improvisada danza. Alarmada, la mujer se aferra a su cuello. Tras unos minutos, Ron deja de gritar y dar vueltas y deposita a Hermione en el suelo de nuevo. Ella lo mira a los ojos, sorprendida por su reacción.

-Entonces… ¿no estás enfadado?

-¿Por qué iba a estarlo?-replica Ron-. ¡Es genial! ¿Es un niño o una niña? ¿Te da patadas? ¿Y qué nombre le pondremos?-pregunta, tan ilusionado que hace a Hermione reír.

-Todavía no lo sé, no, no da patadas y el nombre ya lo discutiremos-responde a todas las preguntas-. Creo que pediré cita en San Mungo para ver de cuánto estoy, aunque no creo que sea mucho, y…-pero Ron la interrumpe con un beso-. ¡Eh! ¡Que estoy hablando!

-¿En serio creías que me enfadaría? ¿Por eso has estado de mal humor estos días?-pregunta el pelirrojo. Hermione se sonroja ligeramente.

-Bueno… No pensé que te lo tomarías tan bien. Pero lo del mal humor ha sido porque me ha venido así, no tiene nada que ver-responde. Ron la abraza con fuerza.

-Ya verás cuando se enteren todos-comenta.

-No-replica rápidamente Hermione.

-¿Y eso?

-He leído que hay probabilidades de aborto natural en el primer trimestre de embarazo-explica, incapaz de contener un escalofrío-. Y si pasa, no quiero que estén…

Ron le da un tranquilizador beso en la frente.

-Ey, no va a pasar nada. ¿Por qué iba a pasar algo malo? No fumas, no bebes y no te drogas. Ni siquiera rompes ninguna norma. Eres la persona más sana que conozco. Ese bebé debe de estar en la gloria ahí dentro-comenta, y posa su gran mano en el vientre de Hermione. Una lágrima escapa del ojo de la mujer-. ¿Por qué lloras?

Hermione sacude la cabeza y sonríe.

-No me hagas caso. Estoy muy sensible últimamente.

Ron la abraza con más fuerza, pensando que en ese momento podría enfrentarse a todos los dementores del mundo y salir victorioso.

-Por cierto-comenta tras unos quince minutos. Están en la cocina desayunando, aún felices por su futura paternidad (en el caso de Ron), y porque su marido se ha tomado bien la noticia (en el caso de Hermione)-. Por casualidad, no habrás averiguado nada de los ataques, ¿no?

Hermione niega con la cabeza mientras literalmente devora su tostada de una forma que hace que Ron se sienta orgulloso de ella. Finalmente, traga con cierta dificultad y se las ingenia para responder:

-No, he intentado hacerlo de mil formas, y no le veo ninguna lógica-admite-. ¿Estás seguro de que no os dejan ningún mensaje en el lugar de los hechos?

-No, lo único que dejan son seis o siete muggles muertos-replica Ron con amargura. Hermione se atraganta con el café.

-¡No hables así!

-Lo siento-se disculpa Ron-. Es que todo este asunto me pone de los nervios.


George suspira cuando termina de atender a la primera tanda de clientes de la mañana del lunes. Sigue sin poder quitarse de la cabeza lo que ocurrió el sábado, pese a que ha logrado convencerse, al menos superficialmente, de que la culpa no fue suya. Se pregunta si Angelina lo recordará. Seguramente no; estaba muy borracha. A decir verdad, él desearía olvidarlo también, porque aunque atenuado, el sentimiento de culpa sigue corroyéndolo por dentro, pero duda que auto-desmemorizarse sea una buena idea. Gilderoy Lockhart es una buena prueba de ello.

Finalmente, se frota los ojos con los nudillos, intentando alejar ese beso de su mente. El recuerdo lo está matando por dentro. Y, aunque intente negárselo, en el fondo sabe que hay algo más que arrepentimiento en su interior. Pero simplemente no puede admitirlo.

Entonces, la puerta se abre y por ella entra una mujer rubia, delgada y de aspecto soñador. George sonríe. Es imposible no hacerlo con Luna cerca.

-Hola, George-lo saluda con su suave voz.

-Hola, Luna. ¿Qué te trae por aquí?

-Rolf dice que una vez vio un snorkack de cuernos arrugados intentando cazar un puffskein-explica ella-. Supongo que puedo llevarme unos cuantos y hacerles un hechizo aumentador-añade, señalando la jaula donde los animalitos chillan excitados.

George intenta disimular su sorpresa. Si ha de ser sincero, lo más probable para él es que los micropuffs acaben en libertad. O comidos por otro animal. De todas formas, el cliente siempre lleva la razón. Se acerca a la jaula con una caja en la mano.

-Vale, eh... ¿Cuántos quieres?

-Creo que tres serán suficientes-responde Luna-. Bueno, mejor dame cuatro. Me gustaría quedarme uno.

De modo que George mete cuatro micropuffs en una caja y se la da a Luna.

-Has tenido mejor aspecto-comenta ella de repente.

George, que está repasando mentalmente el precio de los cuatro micropuffs, la mira extrañado.

-¿A qué te refieres?

-Pareces triste-comenta-. Más de lo habitual.

George suspira. Supone que "lo habitual" es esa nostalgia que no lo deja tranquilo en ningún momento. Pero… ¿triste? ¿Él?

-¿Y por qué iba a estarlo?

-No sé-responde Luna-. Eso deberías saberlo tú. ¿Cuánto es, por cierto?

-Dos sickles y siete knuts-responde George, contento de poder responder a alguna pregunta. Luna saca su monedero y le paga los micropuffs.

-Hasta otra, George-se despide ella-. Espero que dejes de estar triste algún día-añade, antes de salir de la tienda.

George frunce el ceño, extrañado. Finalmente, deja de engañarse a sí mismo. Vale, Luna tiene razón. Me siento fatal por haber besado a Angelina… bueno, quizá sea sólo por el hecho de ser ella… o porque estoy traicionando a Fred… Sea lo que sea, estar así es lo mínimo que me merezco. Si fuese otra persona no sería tan difícil; de hecho, sería estupendo. Pero no. De todas las mujeres del mundo, tengo que enamorarme de la única con la que estuvo mi hermano.

George sacude la cabeza. Bien, ya sabe lo que le ocurre. Ahora, sólo necesita buscar una solución.

No se le ocurre ninguna.


-¡Lo tengo!-exclama una emocionada Hermione. Sentada en su escritorio, observa sonriendo lo que acaba de descubrir. ¡Vaya lo que ha descubierto! No sólo sabe el patrón de los altercados (al que hay que sumar el ocurrido en Edimburgo ayer que dejó doce muggles muertos y tres heridos) que traen de cabeza al Cuartel de Aurores, sino que sabe con certeza dónde y cuándo será el siguiente.

Tiene que contárselo a los chicos. Merlín, no podría estar más contenta. Está casada con el hombre al que quiere, embarazada de su primer hijo-o hija-y tiene en sus manos la llave para conseguir que Ron se relaje un poco y vuelva a dedicarle toda su atención. No es como si no le hubiese hecho caso antes, pero un Ron feliz siempre es mejor que un Ron preocupado.

Hermione se levanta de un salto y sale de su despacho. Atraviesa todo el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica casi deslizándose sobre el suelo y espera impaciente su turno para entrar en el ascensor. Finalmente, y contra todo pronóstico, logra introducirse en uno con la única compañía de otro jefe de Departamento que observa sus saltitos excitados con aire divertido.

-¿Por qué tan emocionada, señora Weasley?-pregunta educadamente.

-He descubierto algo importante para los aurores-explica ella, sin querer entrar en detalle. Sólo ha hablado con ese hombre dos o tres veces, y no le inspira mucha confianza.

-Siento mucho no poder permitírselo-dice el hombre. Antes de que a Hermione le dé tiempo a volverse, un hechizo aturdidor impacta en su espalda y cae al suelo como una marioneta a la que le han cortado los hilos.


Notas de la autora: Me ha costado horrores intentar plasmar el cargo de conciencia que tienen tanto George como Angelina, aunque no estoy excesivamente contenta con el resultado. Es Luna la que aparece en la tienda porque creo que es el personaje que más hace reflexionar al resto, y además, ese carácter distraído que tiene me resulta encantador.