Sé que es difícil dejar un review sin sentir que no es exactamente lo que se quería expresar, así que, de nuevo, muchas gracias por ellos.
Búsqueda
Angelina entra en el ascensor casi dando brincos. Con un poco de suerte, ésa es la última tarea que Davis le mandará hoy; apenas queda media hora para que termine su jornada laboral. Además, los documentos que conciernen al Departamento de Aurores siempre son interesantes.
Sin embargo, antes de que abra la carpeta, en el ascensor entran unas siete personas, obligándola a apretujarse contra una esquina. Observa a un hombre alto y pelirrojo, aunque casi calvo, que se aparta al lado contrario. Tarda unos segundos en percatarse de que es Arthur Weasley. El hombre le hace un gesto con la mano, antes de que el ascensor se abra en la siguiente planta y ella se baje, respondiendo con una sonrisa al saludo.
Al llegar al Cuartel de Aurores, sin embargo, encuentra a un Ron revolucionado, que camina de un lado a otro maldiciendo en voz alta, y a Harry, que lo observa con una expresión a medio camino entre la preocupación y la exasperación.
-Um… Chicos, me han pedido que traiga esto-comenta, tendiendo a Harry la carpeta.
-Gracias, Angelina-responde él. Ron emite un gruñido-. No hace falta que te pongas así-le recrimina.
-¿Qué ocurre?-inquiere ella con curiosidad.
-Pues que Hermione ha desaparecido del mapa esta mañana, eso pasa-replica Ron, pasándose la mano por el pelo y arrancándose unos cuantos cabellos.
-¿Y la habéis buscado bien? Quiero decir, a lo mejor está…
-No está en casa, ni con Ginny, ni con Fleur, ni con sus padres, ni con los de Ron-explica Harry en voz baja, al ver que el pelirrojo no está con ánimos para responder-. Percy ha ido a la tienda de George, pero si no está ahí ya no se nos ocurre ningún lugar.
Justo en ese momento, el tercer Weasley se acerca por el pasillo con la mirada clavada en el suelo y expresión ligeramente culpable.
-¿Está ahí?-pregunta Ron, pese a que tanto Angelina como Harry saben ya la respuesta. Él también, en el fondo.
-No-Percy niega con la cabeza, abatido, y alza los ojos para mirar a su hermano-. Y George no la ha visto en todo el día.
Ron emite un curioso sonido, entre un gemido y un gruñido.
-Me voy-anuncia, alejándose de ellos.
-¡Eh, Ron!-exclama Harry-. ¿Acaso tienes idea de dónde puede estar?
-¡No! ¡Pero no me pienso quedar de brazos cruzados!-replica el hombre, desapareciendo por una esquina.
Angelina observa a Percy y a Harry alternativamente. El primero la observa y da un respingo, como si acabara de reparar en su presencia.
-¡Angelina! Cuánto tiempo-comenta, acercándose a ella para estrecharle la mano. Angelina contiene la risa, y se pregunta si Percy actuará como una persona normal algún día-. ¿Dónde has estado?
Angelina suspira. ¡Increíble! Hace mes y medio que volvió y aún hay gente que no se entera.
-En Estados Unidos-entonces observa su reloj y casi da un salto de alegría-. Bueno, me tengo que ir. Hasta luego.
Harry vuelve a su propia casa poco después. Encuentra a Ginny haciendo la cena, canturreando una canción de Celestina Warbeck, y a James dedicándose a lanzar sus bloques de construcción por el salón por el puro placer de comprobar su fuerza y gatear luego para recuperarlos.
-¡Hola!-lo saluda Harry, cogiéndolo en brazos y lanzándolo hacia arriba. El bebé suelta una carcajada mientras está en el aire, y cuando su padre lo sujeta de nuevo intenta quitarle las gafas.
-¡Buenas!-lo saluda Ginny saliendo de la cocina. Le da un beso y deja a James en el suelo de nuevo. El bebé hace un puchero, señalando las gafas de su padre.
Resignado, Harry se las deja y se pone sus otras gafas, y observa a su hijo, que ya se ha aburrido de las primeras y vuelve a su ejercicio de lanzar piezas de construcción.
-Aaaabbbaaagga-balbucea, mirando a su padre y señalando la pieza.
-Ve a por ella-lo anima Harry.
-¡Aaaaaddaa!-exige James, agitando la mano con que señala el pedazo de madera. Harry niega con la cabeza, y el pequeño hace un puchero y empieza a emitir lo que Harry considera amenazas de llanto inminente.
Con los ojos en blanco, Harry recoge la pieza y se la devuelve a James. El bebé lo obsequia con una sonrisa radiante, pero entonces coge el peluche de dragón que le regaló Charlie y lo lanza unos metros más allá. Se ríe al ver el juguete caer al suelo, y vuelve a señalárselo.
-No, James. Ve tú-le ordena Ginny.
-¡Aaaabbbaaaa!-protesta James.
-Déjalo, Ginny-replica Harry, y vuelve a darle el dragón a James. Esta vez, el bebé sonríe y no lo lanza.
-¿Habéis encontrado a Hermione?-inquiere sin muchos rodeos.
-No. He ordenado a tres aurores que la busquen también-explica Harry con tristeza-. Y en cuanto cene yo también ayudo.
Ginny suspira.
-Quiero ayudar.
-Ginny, sabes que alguien tiene que cuidar a James…
Ginny suelta un bufido, molesta, y se deja caer en el sofá. En el suelo, James suelta una risita al ver a su madre con esa cara.
-Diablos, Harry, no estoy enferma ni nada parecido. Sólo he tenido un hijo.
-Yo no digo eso.
-Pero lo piensas-replica Ginny-. Crees que por tener a James soy más vulnerable o algo así. Y no es así, ¿sabes?
Harry le aparta el pelo de la cara, pero la expresión de su esposa no se suaviza ni un ápice.
-Ginny, sé que eres una bruja maravillosa. Pero no es por ti; es por James. Alguien tiene que cuidarlo.
-Podrías hacerlo tú de vez en cuando-refunfuña ella.
-Oye, que lo hago. ¿Qué hay de esa fiesta de pijamas en casa de Luna hace dos meses?
Ginny suelta una carcajada, y su humor cambia radicalmente en décimas de segundo.
-Creo que le causaste un trauma al pobre James-replica, riendo.
-Era él el que no dejaba de llorar-refunfuña Harry.
-No era necesario que sacases las marionetas y le hicieras un teatro-puntualiza Ginny, divertida. Entonces, James se acerca gateando a su madre y le tira del bajo del pantalón-. Ven aquí, chiquitín.
Harry observa a Ginny hacerle cosquillas a James.
-¿Entonces ya no estás enfadada?-tantea.
-Mientras esté haciéndole cosquillas, no-replica Ginny, haciendo pedorretas en la pancita del bebé.
Una forma plateada entra por la ventana y se detiene en la alfombra. Mientras que James se baja del sofá e intenta cogerla con sus diminutas manos, Harry y Ginny se miran preocupados, y se preparan para marcharse.
Angelina se ducha con el agua casi hirviendo. Cuando sale de la ducha, casi puede sentir las quemaduras formándose en su piel, aunque no es algo que le preocupe especialmente. Al menos, ha logrado reducir sus preocupaciones a un zumbido casi inaudible en un recóndito rincón de su mente.
Mira por la ventana y suspira. No parece que vaya a llover. Angelina se viste rápidamente y baja las escaleras, decidida a dar un paseo. Le gusta andar; además, tiene que aprovechar que Davis no le ha mandado ningún informe hoy.
Vaga sin rumbo fijo por las calles del Londres muggle, sin fijarse por dónde, intentando que sus pensamientos se pierdan cada vez que gira una esquina, logrando por unos instantes sentirse libre de la preocupación y el cargo de conciencia que la atenaza desde hace tres días.
Sin embargo, en uno de sus giros al azar, choca contra algo y rebota, cayendo al suelo de espaldas.
-¡Eh, si no te importa, podrías mirar por dónde…!-Angelina se detiene a mitad de la frase-. George.
Él suelta una carcajada y tiende la mano para ayudarla a levantarse.
-Sí, soy yo, y menos mal; porque si no, ahora estarías matando a un pobre muggle por osar chocarse contigo-replica con sarcasmo.
-No seas idiota-replica ella, sacudiéndose la suciedad de la ropa. Entonces cae en la cuenta de que es la primera vez que lo ve desde… bueno, desde aquello-. ¿Qué haces aquí?-pregunta tras un incómodo silencio.
Tras unos segundos en los que su rostro no muestra expresión alguna, George responde:
-Buscaba a Hermione.
-¿Aún no ha aparecido?
-No-otro silencio algo incómodo-. ¿Y tú?
-Paseaba.
-Más bien arrollabas-replica George, volviendo a adoptar un tono de broma.
-Bueno, pues…
-Sí…
-Adiós-se despide Angelina, echando a andar sin volver la vista atrás. Cuando está a dos calles de distancia, suelta un largo suspiro de alivio.
No se acuerda
George se pasa la mano por el cabello y sonríe, aliviado. Parece que Angelina no se acuerda. Genial. Así no tiene ninguna explicación que darle.
Al menos, no a ella. Pero eso es otro asunto.
George observa la bifurcación que hay ante él y canturrea mentalmente: "Pito, pito, gorgorito, ¿dónde vas tú tan bonito? A la era de mi abuela, pin, pon, ¡fuera!". Izquierda. George está a punto de echar a andar, cuando, similar a una estrella fugaz, una bola de luz atraviesa la calle a toda velocidad y se detiene ante él, adoptando la forma de un terrier plateado.
George observa cómo el patronus de su hermano dice:
-"He encontrado a Hermione. Estamos en San Mungo"
Nota de la autora: Este capítulo no es tan largo como los demás, ya lo sé, y quizá muy flojo, pero si lo hubiese cortado más tarde hubiese quedado bastante cojo.
