Segunda oportunidad
Esa mañana, Alicia va con Katie a San Mungo. Le apetece ver a Angelina, y ni siquiera los doce kilos que ha ganado en ocho meses y medio de embarazo van a impedírselo. Aunque sí lo ha dificultado un poco (bastante). Katie opina que, dado que es probable que dé a luz un día de éstos, no debería hacer tanto esfuerzo.
-Bah, si no es nada-replica la mujer quitándole importancia con un gesto de la mano-. Te empiezas a parecer a Lee.
Katie ríe mientras suben las escaleras. Sin embargo, cuando llegan al segundo piso, y pese a lo que ha dicho, Alicia no puede evitar acabar jadeando por el esfuerzo. Fulmina con la mirada a Katie al notar su ceja alzada con suficiencia.
-En serio, Alicia, tómate un respiro.
-No. Además, Katie, estoy perfectamente-le asegura ella, echando a andar resueltamente hacia la habitación de su mejor amiga, aunque su respiración parece trabajosa. Con un suspiro de resignación, Katie la sigue.
A ninguna de las dos le sorprende ver a George. Lo que sí les sorprende, y mucho, es que esté dormido. El pelirrojo tiene la cabeza apoyada en la almohada de la cama y respira profundamente, soltando un débil ronquido de vez en cuando y aferrando la mano de Angelina. Alicia y Katie no pueden evitar soltar un "Oh…" al ver la tierna escena. Realmente la quiere muchísimo.
Sin embargo, Katie, que tiene un don para percibir los más nimios cambios en algo o alguien (capacidad que le es de gran ayuda en su trabajo), ahoga un grito y señala a Angelina con los ojos como platos. Alicia mira a su amiga, extrañada, y luego vuelve la cara hacia la cama de Angie. Suelta un gritito ahogado idéntico al de Katie al darse cuenta de lo que quiere decir su amiga.
Porque están seguras de que Angelina se ha movido. Vale que George ha adquirido el hábito de jugar con sus dedos para distraerse durante las horas muertas que pasa a su lado, pero eso no explica que Angie tenga la cabeza girada hacia el pelirrojo y su otra mano cerca de la nariz de George. Ni que acabe de soltar un resoplido y arrugar la nariz en sueños.
-¿Lo has visto?-susurra Alicia, excitada, aunque no se mueve.
Katie asiente. Decidida, se acerca a George y lo sacude sin delicadeza alguna para despertarlo. El pelirrojo suelta un bufido y mira a sus amigas con los ojos entornados de sueño.
-¿Por qué me despertáis?-protesta, entre confundido y molesto, y deja caer la cabeza en la cama de nuevo.
-Porque Angelina se ha movido, idiota-replica Alicia. George levanta la cabeza y se frota los nudillos con una parsimonia que sorprende a las dos mujeres. Tras soltar un bostezo, dirige una breve mirada a Angelina y luego clava la vista en Katie y Alicia.
-Ya lo sé. Anoche estuve hablando con ella-repone, y una sonrisa ilumina su rostro somnoliento.
-¿Estaba despierta?-inquiere Katie, sorprendida. Es demasiado bueno para ser verdad. George asiente mientras se estira de forma similar a como lo haría un gato-. ¿Y…? ¿Estaba…? Es decir, ¿recordaba cosas?
George vuelve a asentir, sin saber muy bien adónde quiere llegar su amiga.
-Sí, ¿por qué?
-Porque… normalmente la gente que ha estado en coma tiene lagunas mentales-explica Katie. Se encoge ante las miradas acusadoras de George y Alicia-. ¿Qué? No quería decíroslo porque no quería daros ningún motivo más para preocuparos.
Alicia pone los ojos en blanco.
-Pues ahora no me fío de ti. ¡La que nunca mentía!-protesta, y se aleja unos pasos de su amiga, fingiendo enfado.
-Sí, ni que te fuese a adelantar el parto-ironiza Katie, y los tres ríen.
Justo en ese momento, un ruido como de salpicadura llega hasta sus oídos. Katie y George miran de hito en hito a Alicia, que se ha doblado sobre sí misma y se abraza el vientre, pálida y con una expresión cercana al pánico.
-Ali ¿eso es…?-empieza George, dubitativo.
-¡Katie, te juro que te voy a matar!-jura Alicia, fulminando a su amiga con la mirada -. ¿Por qué tenias que decir nada…? ¡Ay!-y se agarra la barriga con más fuerza.
-Ali, esto iba a pasar tarde o temprano-replica Katie con toda la calma del mundo, logrando poner más nerviosos tanto a George como a Alicia-. Anda, vamos…
-¿Podríais hacer menos ruido?-interviene una voz malhumorada.
Alicia, Katie y George miran hacia la cama, donde una mosqueada Angelina los mira con fastidio.
-¡Angie!-exclama Katie, y su cara se ilumina con alegría.
-¿Ali? ¿Estás bien?-pregunta Angelina, fijándose en las lágrimas que amenazan con salir de los ojos de su amiga.
-Que voy a dar a luz, eso pasa-replica Alicia entre dientes, y cierra los ojos con fuerza, aún sin enderezarse-. Y muy oportunamente para elegir el nombre te has despertado, por cierto-y una lágrima cae de sus ojos.
-Vamos-dice Katie, que parece dividida entre la preocupación por Alicia y su bebé, la alegría por ver a Angelina despierta y con su carácter de siempre y la diversión que le produce la situación. George trata de disimular una sonrisa mientras Katie ayuda a Alicia a salir de la habitación-. ¡Ahora mandaré un par de sanadores para que te revisen!-la oyen gritar desde el pasillo.
-¡Avisa a Lee!-agrega Alicia.
Lee no deja de dar vueltas en el pasillo. George tiene la impresión de que pronto hundirá el suelo; nunca ha visto tan nervioso a su amigo como en esos momentos. Ni siquiera cuando, junto a Fred, los tres acabaron en el despacho del director por matar a la mitad de las mandrágoras echándoles sal por encima durante su sexto año.
En teoría, se supone que están con Angelina hasta tener noticias de Alicia y el bebé; sin embargo, deben esperar hasta que los sanadores terminen de examinarla para poder entrar. George, que inicialmente estaba observando a su amigo y tratando de contener la risa, está ahora empezando a contagiarse del nerviosismo de Lee; incluso ha empezado a dar rápidos golpes en el suelo.
Cuando, finalmente, tres sanadores salen de la habitación de Angelina y les indican que pueden entrar, George ocupa su silla rápidamente, mientras que Lee reanuda su paseo en la sala. Angelina, que sigue despierta, sigue sus movimientos con la mirada. Al principio sólo siente curiosidad y algo de preocupación por Lee, y también por Alicia y el bebé, pero las continuas idas y venidas de su amigo acaban por exasperarla.
-Lee, estate quieto-le ordena tras unos minutos.
-¡Claro, como a ti te da igual…!-replica el hombre. George pone los ojos en blanco y Angelina se muerde el labio.
-¿Entonces no sabéis nada?-pregunta en voz baja. No quería hacer esa pregunta, pero no le queda más remedio.
-Eh… no-responde George, al ver que Lee no está por la labor-. Por Merlín, Lee, siéntate-añade, desesperado ante el frenético paseo del hombre.
-¡No puedo! ¿Y si pasa algo? ¿Y si Alicia…o el bebé…o…?
-No va a pasar nada, así que deja de estresarnos-replica Angelina. Ella también está preocupada, y no monta ningún espectáculo; George le toma la mano y le sonríe.
Tras lo que les parecen varios días (meses, en el caso de Lee), una cabeza morena que los tres amigos identifican como Katie Wood aparece en la puerta.
-¿Te apetece conocer a tu hija?-le pregunta a Lee, sonriendo.
Lee asiente, y sale de la habitación como una exhalación. Angelina mira a George y sonríe.
-Me gustaría verla-comenta-. A la nena, digo. Espero que Lee la traiga después.
George asiente.
-A mí también. Pero antes le daré una buena patada a Lee; ¡me ha tenido tres horas con los nervios de punta!
-Déjalo, tiene que haber estado preocupado-replica Angelina sonriendo, y suelta un bostezo.
-¿Tienes sueño?
Angelina asiente. Eso le recuerda la promesa que se hizo anoche.
-¿Y tú? ¿Quieres irte a dormir de una vez?
George niega con la cabeza.
-No me voy a ninguna parte-a Angelina le recuerda a su primo cuando era pequeño y se plantaba ante ella de brazos cruzados y con los carrillos inflados y la miraba fijamente hasta que conseguía lo que quería.
-George, no seas idiota. Tienes que dormir-George vuelve a mover la cabeza de un lado a otro con firmeza, y Angie comprende que no va a conseguir mucho siendo autoritaria. De modo que decide cambiar de estrategia-: ¿Por qué?
-¿Eh?
-¿Por qué no quieres irte? A mí no me importa estar aquí sola-en realidad, Angelina prefiere mil veces que George se quede con ella durante cada segundo de su vida, pero sabe que es algo muy egoísta. George acabaría muriendo de agotamiento.
-Es que…-George se muerde el labio, buscando la mejor manera de explicar cómo se siente-. Mira, no estoy… minimizando tus sufrimientos ni nada por el estilo-empieza-. Pero para ti ha sido muy fácil. Sólo has tenido que estar un montón de días durmiendo, sin enterarte de nada. Pero nosotros sí que sabíamos cosas-Angelina comprende que el "nosotros" está formado en gran proporción por un "yo"-. Y he estado diecisiete días esperando a que despertases, y en realidad ni siquiera estaba seguro de que fueras a hacerlo. Y ahora que estás aquí… no sé, es demasiado bueno. Me da miedo que sea un sueño, que me despierte y esté otra vez velándote sin saber si servirá para algo o no.
Angelina aparta la vista. George tiene razón; ella lo ha pasado francamente mal, pero él ha tenido que pasar por otro tipo de sufrimiento. No es lo mismo luchar por tu vida que esperar que otra persona vuelva a hablar contigo. Angelina sabe que probablemente ella no hubiese aguantado diecisiete días sin saber si volvería a encontrarse con los ojos azules de George.
-Lo siento-de alguna forma, es su culpa. Ella se metió en el lío, ella decidió ir a trabajar aquel día y rehusó la compañía de George.
El pelirrojo sonríe y le aparta un mechón de pelo negro de la cara con dulzura.
-No te estoy echando la culpa de nada-le asegura, apretando su mano con suavidad-. Al revés, me alegro de que estés bien.
Angelina se contagia de su sonrisa sin poder evitarlo. Una repentina idea ilumina su mente, y con esfuerzo logra moverse unos centímetros hacia la izquierda en la cama. No es mucho, pero George capta la idea. Se tumba junto a ella y la rodea con un brazo, atrayéndola hacia sí. Angelina apoya la cabeza en u pecho y sonríe al oír el latido de su corazón.
-¿A que ahora sí vas a dormir?-pregunta con suavidad.
-Supongo-George bosteza y estrecha su abrazo. Angelina va a preguntar algo, pero entonces oye un ronquido salir del pecho del pelirrojo y sonríe, sabiendo que ha logrado su objetivo.
Sin embargo, ella también está muy cansada. Lleva unas seis horas despierta y ha tenido demasiadas emociones. La curiosidad por ver a la hija de Lee y Angelina no es suficiente para disuadirla de dormir, y tras unos minutos de lucha interna, ella también acaba sucumbiendo al sueño.
Y así los encuentra Lee, una media hora más tarde, cuando va a presentarles a Julia Angelina Jordan. Dormidos y abrazados como si fueran a hundirse sin el otro.
-Esto no puede salir bien-asegura Ron.
Están en la Madriguera. Hoy es el día en que Angelina recibe el alta médica, y se ha decidido (no por mayoría, sino porque lo dicen Molly y Ginny, y punto y final y ni una queja si valoráis en algo vuestra integridad física) que le prepararán una fiesta sorpresa para celebrarlo. Para celebrar su salida de San Mungo y su relación con George, ya de paso.
-Va, no seas aguafiestas-replica Ginny alegremente.
-Yo coincido con Ron-comenta Hermione-. Ni siquiera están juntos oficialmente.
-Sí, claro, porque el que George lleve un mes sin abrir la tienda para no despegarse de ella no es nada oficial-ironiza la pelirroja-. Anda, echadme una mano a colgar esto-añade, señalando las guirnaldas.
-En serio, George nos matará a todos-murmura Percy, aunque se ofrece voluntario para colgarlas.
-Tampoco es tan horrible-opina Audrey-. Es un detalle muy bonito. Voy a ver si puedo ayudar-y echa a correr hacia la cocina. Percy se queda unos segundos observando a su esposa, sonriendo, antes de seguir colgando los adornos con su varita.
La Madriguera es un caos. Los niños corren, los bebés lloran y los adultos, unos de buena gana y otros a regañadientes, ayudan a decorar el salón para cuando lleguen George y Angelina, a quienes Katie Wood se supone que tiene que llevar a la Madriguera con alguna excusa. Oliver opina que no funcionará, ya que la capacidad de mentir de su esposa es prácticamente nula. Alicia se ha ofrecido a pegarle un puñetazo en el hombro cada vez que lo repita, y Lee se ha sumado a la propuesta gustoso.
-Entonces, ¿tito Goch tiene novia?-pregunta Molly al primero que ve, que resulta ser Charlie.
-Eso parece-responde él, sonriendo y alzándola en brazos.
-Charles, ten cuidado con la niña-lo riñe Percy sin quitar los ojos de su hermano.
Molly mira a su padre desde los brazos de su tío.
-Papá, tito Charlie está chulo-replica, como si ése fuese el argumento más válido del universo. Charlie ríe y vuelve a alzarla hacia el techo.
-Entonces, ¿es de verdad?-interviene Victoire, que acaba de llegar de corretear por el jardín con Teddy.
-Sí.
-¡Voy a hacerles un dibujo!-decide la niña, emocionada, y corre hasta su maletín de ceras y libretas dando saltitos. Sin embargo, vuelve unos segundos más tarde-. ¿Cómo es la novia del tito George?-pregunta con curiosidad.
Bill se echa a reír.
Neville charla con Luna en el sofá, mientras que Hannah y Rolf juegan con Frankie y Noah para entretenerlos.
-¡Venga, venga!-exclama Molly entrando en el salón como una exhalación-. ¡Escondeos, que ya vienen!
George apenas puede contener la risa al ver a Angelina recorriendo una y otra vez la habitación para asegurarse de que no se deja absolutamente nada. La mujer odia los hospitales con toda su alma, y ha dejado bien claro que no piensa volver a San Mungo en mucho tiempo, excepto para hacer alguna visita a Katie.
-En serio, Angie, si te dejas algo, Katie te lo dará-trata de convencerla George, al ver que Angelina revisa por enésima vez el armario.
Angie asiente. Se acerca a la cama y cierra la mochila. Por un momento, su largo pelo negro oculta su rostro. George se acerca a ella y la abraza por detrás. Angelina apoya la cabeza en su hombro y sonríe.
-Todavía no me creo que vaya a salir de aquí.
-Créetelo, es verdad-replica George. Sabe que Angelina ha llevado realmente mal, aunque tratara de disimularlo, las casi tres semanas que ha tenido que pasar en el hospital antes de que le permitieran salir, tomando pociones que, aunque él no ha probado, por la cara que ella ponía debían de ser francamente asquerosas, y soportando dolores insoportables para que sus órganos internos terminasen de reconstruirse. Y la admira infinitamente por ello. Se promete decírselo un día de éstos-. Venga, ¿te apetece ver la luz del sol?
Angelina sonríe y se dispone a coger la mochila, pero antes de que la alcance, George se le adelanta y se la cuelga a la espalda. Angelina frunce el ceño.
-Sabes que puedo sola, ¿verdad?
-Sí, pero quiero ayudarte-responde George-. Anda, no seas cabezota. Vamos-y la toma de la mano para salir de la habitación.
Sin embargo, cuando salen al pasillo, Katie llega corriendo hacia ellos.
-¿Ya os vais?
-Sí-responde Angelina rápidamente, y su tono denota que matará a quien trate de oponerse.
-George, tu madre me ha dicho que tienes que ir a su casa a recoger no sé qué que tiene para ti-anuncia Katie.
-Oh-replica él-. ¿Y tú cómo lo sabes?
-Porque me lo ha dicho antes porque ha venido porque ha tenido un accidente con un cacharro muggle de tu padre.
Si las circunstancias fuesen distintas, George se daría cuenta de que el tono de su amiga es demasiado atropellado como para confiar al cien por cien en su palabra. Sin embargo, Angelina parece estar a punto de salir corriendo para recibir la luz del sol, y él no puede pararse a estudiar las fluctuaciones en la voz de Katie.
-Vale, pues ahora nos pasamos-mira a Angelina-. No te parece mal, ¿verdad?
Angelina niega con la cabeza. Cualquier opción es mejor que pasar un segundo más del tiempo estrictamente necesario en San Mungo; cree que va a explotar de alegría e impaciencia. De modo que George aferra su mano con más fuerza y gira sobre sí mismo.
Aparecen cerca de los límites de la Madriguera. Angelina se tambalea ligeramente; ya no recordaba lo desagradable que es la aparición conjunta. Preocupado, George la sujeta, pero ella le da un beso y sonríe para tranquilizarlo; el pelirrojo está demasiado sobreprotector con Angie últimamente. Y lo cierto es que Angelina no puede decir que su actitud es completamente infundada.
Echan a andar hacia la casa. Angelina, soltándose por vez primera de la mano de George, camina unos pasos por delante, saltando y girando sobre sí misma, cerrando los ojos para notar los cálidos rayos de sol bailando en su piel oscura. George no puede menos que sonreír al ver su alegría por algo tan simple como la luz del día.
Sin embargo, conforme se acercan a la Madriguera Angie deja de caminar bailando y se pega a él. La última vez que estuvo en esa casa, ahora que se acuerda, fue pocos días después del funeral de Fred. Ella tiene más claro que nunca que está enamorada de George, pero no sabe si el resto de los Weasley están tan seguros de ello. ¿Y si no la aceptan? ¿Y si su relación con George es vista como algo equivocado , enfermizo e insano? Angelina se estremece y vuelve a tomar la mano de su novio. Como si supiera lo que está pensando, George le da un beso protector en la frente y sonríe para tranquilizarla. Casi lo consigue. Casi, porque en cuanto entran en la cocina de la Madriguera Angelina se separa de él, asegurándose de que no hay el más mínimo roce entre sus cuerpos. Primero tiene que ver el ambiente de la casa.
-¿Mamá?-George decide ignorar el comportamiento casi infantil de la mujer y mira alrededor-. ¿Papá?-Angelina también gira la cabeza, buscando una enfadada cabellera pelirroja, pero no ve nada-. Anda, mira en el salón-le pide George-. Te acuerdas de dónde está, ¿no?-añade, impaciente, al ver que Angie se ha quedado estática.
La mujer suspira y entra a la estancia.
-En serio, George, no creo que todo esto sea… ¡Aaaahhhhh!-George oye un fuerte golpe tras el grito de su novia.
Es todo lo que necesita para que todos sus sentidos se pongan alerta. En dos zancadas entra en el salón, preparado para pegar, lanzar hechizos o lo que haga falta. Sin embargo, no ve peligrosas criaturas ni jefes psicópatas. Todo lo que ve es a Ron en el otro lado de la habitación, frotándose la nuca, y a Angelina con la varita en alto, mirándolo con confusión.
-¿Qué diablos…?-empieza, pero justo en ese momento Hermione sale de detrás de una estantería y corre hacia su marido-. ¿Qué haces ahí, Ron?
-A la mierda la sorpresa-y sorpresa es la que se llevan George y Angie al ver a Lee asomarse por detrás del sofá-. Por cierto, Angelina, recuérdame no darte un susto jamás.
-¿Era…? ¿Qué…?-empieza Angelina, mirando alternativamente a Ron y a Lee-. ¡Ay, Ron, lo siento!-y corre hacia él mientras el pelirrojo se levanta con la ayuda de Hermione-. ¿Te he hecho daño?
-Para nada-miente él; George contiene la risa al ver el resoplido que suelta su hermano al tener que apoyarse en Hermione. El pelirrojo mira a su alrededor y observa a su familia y amigos salir de diversos escondites. Extrañado, hace un recuento mental de quién está ahí. Ve a sus padres, hermanos, cuñadas y cuñado, sobrinos, a Neville, Hannah, Luna, Rolf, Oliver, Alicia y Lee.
-¿De qué va esto?-justo entonces, Molly se abalanza sobre Angelina para abrazarla con fuerza. George permite unos segundos de tortura antes de ir a rescatarla y despegarla de su excesivamente efusiva madre.
-Era una sorpresa-explica Arthur-. Para celebrar que Angelina ha salido del hospital, y que estáis juntos.
Angelina se queda boquiabierta al escuchar esas palabras. ¿Eso significa que la aceptan? ¿Nada de broncas, ni de malas miradas, ni de insinuaciones venenosas? Los Weasley son mejores de lo que creía. No puede evitar sonreír de oreja a oreja al darse cuenta de que su familia ha crecido. Y de qué manera.
Después de la excitación inicial, poco a poco la familia vuelve a la normalidad, y la reunión pasa de ser exclusivamente para cotillear acerca de la relación entre George y Angelina para ser una fiesta normal. George charla con Bill, Charlie y Ron entretenido, mientras que Angie acaba de ser cogida por banda por Molly y sufre la Charla (así, con mayúsculas, porque todas las futuras nueras-y yerno-la han sufrido; es ya una tradición más).
Sin embargo, George mantiene un ojo puesto en Angelina. Sabe que, aunque su carácter es el mismo, hay ciertas cosas en ella que han cambiado. La más notable es, quizá, la extraña ansiedad que la invade al estar rodeada de demasiada gente y que acaba haciendo que huya a un lugar en el que pueda estar sola y tranquila. También es especialmente sensible cuando le tocan el brazo, ya que tiene una cicatriz alargada, recuerdo de lo ocurrido con Davis, por la que no le gusta que le hagan preguntas.
-Um… George-dice Ron tras un rato. Bill ha ido a besuquearse con Fleur (Merlín, que llevan ocho años casados, ¿acaso no se cansan?) y Charlie está jugando con Minnie y Frankie-. No es por ser aguafiestas ni nada…
-Miedo me da…-comenta el mayor, rascándose distraídamente el lugar donde debería estar su oreja izquierda.
-Eh… Pues el caso es que ya que Angelina está bien…-George alza una mano para detenerlo, se asegura de que Angie esté demasiado enfrascada en la Charla con Molly para oírlos y le hace un gesto para que siga-. Han fechado el juicio.
George se muerde el labio. Antes de que Angelina despertase, se moría de ganas por que llegase ese día; sin embargo, ahora, viendo cuánto le afecta a su novia todo el asunto, preferiría dejarlo estar. Es decir; Angelina está bien, y lo que Davis hizo ya está sobradamente demostrado, ¿no? Entonces, ¿por qué no pueden dejarla ya en paz?
La mira. En ese momento, Molly acaba de decirle el "Estás muy delgaducha" que le diría incluso al Fraile Gordo (que no se llama así por nada), y Angelina ríe. George desearía que sólo fuese una exageración de su madre, pero es cierto que Angelina ha adelgazado mucho en el hospital, principalmente porque se negaba a comer "esas porquerías sosas" que ponían. Al menos, el pelirrojo espera que gane algo de peso comiendo comida en condiciones. De repente lo invade una renovada oleada de cariño hacia su madre.
-Genial-atina a decir, dándose cuenta de que Ron está esperando una respuesta. En ese momento, Angelina se levanta del sofá y se acerca hasta ellos, aún sonriendo, y coge un buñuelo por el camino.
-¿De qué habláis?-pregunta con curiosidad.
Ron mira a George con cierta súplica. Éste le devuelve una mirada fulminante. Ni de coña va a ser él quien le agüe la fiesta a su novia.
-Tienes el juicio contra Davis el veintisiete de septiembre-explica el menor. Angelina se queda congelada con el buñuelo en la boca.
¿Qué diablos vio Hermione en él? Porque tacto seguro que no…
-Bien-dice Angelina, bajando el buñuelo y apretando la mandíbula-. Eh… pues eso, vale. Genial. ¿Algo más?-añade en tono secante.
-No-Ron retrocede un paso.
-Pues maravilloso-Angelina se mete el pedazo de buñuelo que le falta en la boca mientras ella y George observan alejarse a Ron-. Tu hermano no tiene mucho tacto-comenta tras unos segundos.
-No tiene ningún tacto-matiza George con irritación. Mira a Angelina, que ha palidecido-. ¿Estás bien?
-Sí.
-Angie, no va…
-Lo sé-lo interrumpe ella-. Es sólo que… voy a estar en la misma habitación que él.
George no sabe qué decir, así que le rodea la cintura con el brazo y le da un beso.
Angelina decide olvidarse de Davis y disfrutar de lo que tiene, que no es poco. Una segunda oportunidad para vivir. Una nueva familia. Y, lo más importante, a George.
Notas de la autora: Aviso, al fic le queda poquito, poquito. Muchas gracias a los que habéis dejado reviews.
Oh, y también me gustaría pedir a los que añadís la historia a favoritos que me gusta saber qué os ha parecido para ver de qué manera puedo mejorar; y, si no me lo decís, no puedo. :)
