Sekai Ichi Hatsukoi

¡Atención!: Los personajes de Shugo Chara no me pertenecesn (desafortunadamente T_T), si así fuera Amu e Ikuto s hubieran besado en el primer capítulo en el que se conocieron y Tadase estaría con la cabeza atascada en el water... bueno eso no xD. Peach-Pit son las de los millones y yo solo soy la loca con grandes cantidades de imaginación y una pisca de hongos alucinógenos. ¿ok?

Story Rated: M (Ya aclaré, así que lee bajo tu propio riesgo... ^^)

Atención! Este capítulo contiene escenas no aptas para todo público (lemmon)... Si eres sensible a estas escenas, por favor, abstente de leer o Yoru te irá a robar todos los pares izquierdos de tus calcetines en la noche Ò_Ó


Capítulo 5:Lo que grita el corazón.


Me giré en el preciso instante en el que dos figuras entraron por la puerta.

Una mujer rubia de figura escultural entró del brazo de un alto hombre de cabello azulado y ojos violáceos.

No puede ser.

−¡Amu! – se veía realmente sorprendido de verme en ese lugar. Tan sorprendido como estaba yo de encontrarlo justo en el mismo hotel en el que yo me hospedaba.

−¿Tú eres Amu?¿Hinamori Amu? –preguntó la rubia− ¡no puede ser!, Ikuto me ha contado tanto sobre ti. ¡No puedo creer que estés aquí!

−Yo…

−Oh, lo siento, que maleducada soy. Mi nombre es Hoshina Utau, puedes llamarme Utau. ¿Puedo llamarte Amu, cierto?

−S… si− ¿Qué estaba ocurriendo aquí?

−Que alegría. Siempre quise conocerte y que curioso que viviendo en Japón tuviéramos que viajar al extranjero para vernos. ¿Cierto?

−Su… supongo que sí.

−¿Ya te ibas? Espero que no, así podremos platicar y conocernos mejor. Aún es temprano.

−Tal vez tiene que reunirse con alguna persona, no debemos molestarla Utau.

−No seas tonto Ikuto, no creo que a Amu le moleste. ¿Qué dices? ¿Tomamos algo? Yo invito por supuesto.

−Bien… estaba buscando a mis amigas, dijeron que bajarían en un rato.

−Entonces podemos esperar juntos. ¡Ven! − me haló del brazo y me condujo a una pequeña mesa que se encontraba en una esquina del lugar. Nos sentamos en unos mullidos sillones individuales de tapiz rojo. –Cuéntanos Amu, ¿Qué es lo que te trajo a Paris en esta época del año?

−Vengo con unas amigas de viaje a conocer. Todas amamos el arte y que mejor lugar que Paris para conocerlo – trataba con todas mis fuerzas no mirar en su dirección, pero era tan difícil.

−Estoy de acuerdo. No hay mejor lugar que Paris para admirar el arte en todo el mundo. Yo vine en una gira con mi banda, los Black Diamonds, no sé si hayas escuchado de nosotros. Ikuto vino a acompañarnos; el nombre de un músico famoso siempre ayuda a grupos que inician su carrera.

−Los escuchamos tocar anoche. Estuvimos en el bar donde dieron su concierto

−¡No lo creo! ¿Qué tal les pareció? – se veía verdaderamente emocionada por conocer mi opinión. Me sentía rara.

−Amu y sus amigas no se quedaron mucho tiempo. Ni si quiera terminaron de escuchar la primera canción.

−¿Sabías que fueron y no me avistaste? ¡Qué malo eres Ikuto!

−No hubo oportunidad de decirlo – cuando me giré a verlo él apartó rápidamente la mirada.

−Bueno, lo importante es que ahora podemos conocernos finalmente – un mesero se aproximó a nuestra mesa y nos preguntó si queríamos beber algo – tres whiskies escoceses. Lo más fuerte que tenga. Hoy me siento con algo de frio y que mejor que un buen trago para calentarnos.

No tuve si quiera la oportunidad de decirle que no me gustaba mucho el alcohol tan concentrado antes de que tuviéramos frente a nosotros tres pequeñas copitas con el líquido dorado.

−Brindemos por este encuentro para que haya más en el futuro – no quería ser maleducada, así que tomé la copa entre mis dedos. Un trago no me haría mucho daño. – hasta el fondo y que no quede ni una gota−ahora si estaba en problemas.

Con un solo movimiento eché la cabeza hacia atrás y vertí todo el líquido dentro de mi boca. No pude evitar toser al sentir el hirviente licor quemar toda mi garganta.

−Eso estuvo genial. Quiero intentarlo otra vez.

−Yo creo que paso, no creo poder aguantar otro de esos.

−¿Tan poco aguantas Amu? Yo siempre te creí más valiente – mi piel se erizó ante el sonido melódico y seductor de la voz de Ikuto. Todo mi cuerpo reaccionó, no solo al modo con el que brillaban sus ojos, si no al reto implícito en sus palabras.

−Bien, que sea una ronda más.

Después del tercer vaso de whisky hablar con Ikuto se volvió tan fácil como antes. Incluso empezamos a reír al recordar todas las ocasiones en las que había tropezado cuando éramos pequeños y él había terminado por salvarme.

−Recuerdas esa vez en la que nos encontrábamos en tu casa de verano, esa con el enorme lago rodeado de árboles – dijo con una enorme sonrisa bailando en sus labios.

−Cómo olvidarlo. Ese fue el inicio de mi trauma hacia los patos

−Yo quiero escuchar esa historia

−Bueno, yo me encontraba muy tranquilo trepado en un gran árbol a la orilla de este lago, y Amu esperaba abajo, muy enojada por que no podía subir.

−Ikuto fue muy malo, no me quería mostrar su "rama secreta" para subir al árbol.

−Aunque te la hubiera mostrado no la hubieras alcanzado, eras una enana

−Como no me la mostró, tuve que rodear el árbol a buscar un modo de subir, y sin querer pisé un nido de patos. La mamá pata estaba enfurecida conmigo por haber pisado su nido.

−La comenzó a corretear por todo el jardín hasta que terminó lanzándose al agua sin saber nadar.

−Ikuto saltó a salvarme y cuando salimos parecía un enorme gato empapado – ambos empezamos a reír a carcajadas ante el recuerdo.

−Me hubiera encantado ver eso− suspiró Utau.

Súbitamente un silencio incómodo se instaló en la mesa, nadie sabía que decir. Afortunadamente el móvil de Utau comenzó a sonar rompiendo el incómodo momento.

−Lo siento, al parecer tengo que ir a ver a los chicos. Tienen un problema con un ensamble y necesitan que esté ahí.

−Te acompaño− dijo él poniéndose de pie repentinamente.

−No es necesario, además no podemos dejar a Amu aquí sola, cualquier tonto se le podría acercar y no queremos eso− la gran cantidad de alcohol en mi sangre me hizo imaginar que Utau le guiñaba el ojo a Ikuto− nos vemos mañana, aunque… no te apures demasiado.

Lo último que vimos fue la rubia cabellera de Utau desaparecer por la puerta del lugar.

Nuevamente ese incómodo silencio se instaló en el espacio que nos separaba. Tenía que hacer algo para romperlo.

−Utau parase ser una persona muy agradable.

−Sí, lo es. Ha sido un gran apoyo para mí estos últimos meses.

−¿Cómo la conociste? – quería saber en qué había estado Ikuto los meses en los que no había sabido casi nada de él.

−La verdad es que fue gracias al violín− su sonrisa era misteriosa y en sus ojos había un brillo que yo conocía muy bien. Ese brillo solo aparecía cuando Ikuto escondía algo.

−¿El violín? –alcé la ceja en modo interrogativo.

−Ya sabes, el violín que era de mi padre… − esperé a que continuara – la última noche que estuve en tu casa estaba tan enojado y frustrado porque hubieras decidido aceptar ese absurdo compromiso que me desquité con el viejo violín. Por suerte sobrevivió, pero estaba en muy malas condiciones, así que lo llevé a reparar.

"Cuando fui a recogerlo, el dueño del taller me entregó una nota que descubrió dentro de él. La había escrito mi padre. En ella hablaba de la existencia de Utau; mi media hermana."

No podía creer lo que escuchaba… Ikuto no estaba…

−¿No estás saliendo con ella?

−¿Con Utau? No… no podría – dijo soltando una amarga carcajada – no podría salir con nadie más. Por más que lo intente no puedo dejar de pensar en ti Amu.

−Ikuto…

−Yo sé, tienes que casarte con Hotori para que tu familia no se vaya a la quiebra. – podía notar el enojo salir de cada una de sus palabras.− ¿Amu? Lo siento, no debí haber dicho eso. No quería hacerte llorar.

Se levantó corriendo de su asiento, rodeó la mesa y se colocó a mi lado. Me estrechó tiernamente contra su pecho y limpió delicadamente las lágrimas que comenzaban a resbalar por mis mejillas.

−Lo siento tanto, en verdad. No quería que te sintieras mal. No es tu culpa que yo siga sintiéndome tan enojado, pero no es contigo Amu, de eso puedes estar segura.

−¡Cállate! – le dije

−¿Qué? – preguntó perplejo

−Que te calles idiota. No quiero que te sigas echando la culpa, todo esto es por mí, porque no soy lo suficientemente fuerte para escuchar a mi corazón.

−¿De qué estás hablando? – alzó mi mentón para que lo mirara directamente a los ojos.

−No pudiste pensar que ya no te amaba. Nunca podría hacer eso. Es solo que… yo temía tanto por mi familia que no pude… no pude negarme – las lágrimas no dejaban de caer por mis mejillas.

Oi Amu, ven, vamos a seguir hablando de esto en otro lugar.

No me había dado cuenta de que todos nos miraban. Ikuto tenía razón, debíamos salir de ese lugar si no queríamos armar un escándalo mayor.

Me dejé conducir por su fuerte brazo fuera del bar, y a través del lobby hasta llegar al elevador. Cuando las puertas se abrieron nos introdujimos rápidamente.

Ni bien se hubieron cerrado las puertas, me abracé al cuello de Ikuto pues sentía que las piernas no podían sostenerme más. Se lo había dicho, al fin los pensamientos que habían atormentado mi cabeza por tantos meses al fin habían sido expresados en voz alta.

Sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo cada vez que Ikuto acariciaba mi espalda y me apretaba más contra su duro cuerpo.

−En verdad lo siento, lo siento…

−Ya, ahora eso no importa más. Por fin sé que nunca me dejaste de amar. –giré mi rostro para verlo directo a sus ojos violáceos.

−¿Alguna vez lo dudaste?

−No encontraba otra explicación a tu forma de actuar. Dejar a un lado todos nuestros planes, nuestros sueños. ¿Qué querías que pensara?

−Que no había sido lo suficientemente fuerte para negarme a salvar a mi familia.

−Siempre fuiste una persona fuerte, no veía la manera de que fueses a ceder tan fácil.

−Eres un tonto

−Lo soy.

Lentamente nuestros rostros se fueron acercando; nuestros alientos se mesclaron con tortuosa lentitud. Mi corazón latía lentamente como si todo fuera en cámara lenta, pero en el momento en el que nuestras bocas se unieron, todos mis sentidos se agudizaron y mi corazón dio un salto dentro de mi pecho.

Sentía cada caricia de Ikuto sobre mi piel, cada roce despertaba mi ansia, quería todo de él. Que fuera solo para mí.

Cuando el elevador se detuvo, él me tomó por el brazo y me arrastró por el pasillo hasta llegar a una habitación en donde mi cuerpo chocó estrepitosamente contra la puerta provocando que soltara todo el aire de golpe. Él pegó nuevamente su boca contra la mía y comenzamos una danza hambrienta por los labios del otro.

−Creo que deberíamos entrar−dijo entre jadeos

−Sí, sería lo mejor.

Con manos ágiles sacó la llave electrónica de la habitación y la introdujo en la cerradura permitiendo que la puerta se abriera. Lo halé dentro de la habitación y él, con su agilidad felina, cerró la puerta de una patada.

Continuamos besándonos y avanzando a trompicones por la habitación hasta que choqué con los pies de la cama, lo que provocó que cayera de espaldas sobre ella. Con Ikuto sobre mí.

Pude sentir la extraña dureza de su cuerpo contra el mío ocasionando que me sonrojara violentamente, y él, al notar mi reacción, se intentó apartar pero lo retuve colocando mi mano en su nuca, enredando mis dedos en su sedoso cabello.

−Amu…

−Quiero estar contigo.

−Y yo, prometo que no me volveré a alejar de ti, pero esta no es la manera− intentó ponerse de pié pero no se lo volví a permitir, pues volví a unir nuestros labios en un beso urgente.

Su risa angelical me regresó a la realidad.

−Calma Amu, tendremos mucho tiempo. No quiero que hagas nada que no quieras.

−Pero yo si quiero− me miró vacilante, tendría que convencerlo de alguna manera. Tuve que tragarme mi vergüenza y mirar a otro lado− hazme tuya.

Tomó mi barbilla con delicadeza y la giró para que lo viera a los ojos.

−¿Qué dijiste? – susurró

−Dije que quiero que me hagas tuya. Aquí y ahora. – mordí mi labio en señal de lo avergonzada que estaba por mis palabras. Nunca me creí capaz de pronunciarlas en voz alta.

La vacilación que en algún momento llegó a aparecer en su mirada desapareció por completo; al parecer mis palabras habían surtido efecto, pues él volvió a atacar mis labios después de unos momentos, pero esta vez con una fiereza desconocida para mí.

Comenzó a pasar su mano con urgencia sobre mis piernas provocando que nuevas sensaciones despertaran en mi interior. Pero no era suficiente.

Con trabajo nos puso de pie sin despegar nuestros labios un solo centímetro, y una vez que estuvimos de pie frente a la cama llevó su ansiosa boca directo a mi cuello.

Dejó un cálido rastro de besos por toda mi garganta hasta llegar a mis hombros, donde continuo su exploración con su lengua a la vez que comenzaba a bajar el cierre de mi vestido, dejando que este callera al suelo con un suave frufrú de seda. Giró mi cuerpo para que quedara frente a él, y pude ver un brillo salvaje en sus ojos cuando descubrió el fino encaje negro que cubría mi pálida piel. Le tendría que agradecer a Nadeshiko por haberme obligado a usarlo esta noche.

Su boca volvió a atrapar mis labios nuevamente mientras que sus manos recorrían toda la piel que quedaba expuesta. Me estaba enloqueciendo.

Coloqué mis manos contra su pecho, y a pesar del temblor de mis dedos, logré darle a entender que quería deshacerme de su molesta camisa para sí poder apreciar con descaro su hermoso abdomen bien formado.

Él me estrechó contra su duro pecho y comenzó a lamer el lóbulo de mi oreja mientras que sus manos viajaban al seguro de mi sujetador y lo soltaban, dejándome expuesta ante sus profundos ojos violetas.

−Eres hermosa−susurró contra mis labios. Sus manos viajaron a mis pechos donde comenzaron a trazar figuras con sus pulgares provocando que soltara un gemido de placer.

En un segundo terminamos nuevamente sobre la cama. Sus pantalones habían desaparecido y ahora solo había una prenda que nos separaba de estar verdaderamente juntos.

Se sentó a horcajadas sobre mí y continuó su tortuoso recorrido con la lengua sobre mi cuello y su masaje sobre mis sensibles pechos.

Gemidos salían de nuestras bocas con cada roce de piel. Y sabía que aún faltaba lo mejor.

Su boca descendió por mi abdomen y se detuvo juguetonamente en mi ombligo.

La última barrera de encaje desapareció y sus manos viajaron a ese húmedo y sensible lugar entre mis piernas. Sentía sus caricias con una lentitud que me estaba volviendo loca.

−Por favor… por favor

−¿Por favor que Amu? – dijo con sus sedosa voz. No sabía cómo decirlo, solo quería que la tortura terminara. – dilo…

−¡Termina de una vez Ikuto!

Colocó su rodilla entre mis piernas y las separó colocándose en posición sobre mí.

−Esto puede dolerte un poco Amu, así que iré despacio. Si quieres que pare, dímelo. ¿De acuerdo?

−Si… si…− y ahí estaba de nuevo, su hermosa risa.

Su duro miembro comenzó a entrar en mi estrecha cavidad con mucha lentitud, y al poco tiempo comencé a sentir un agudo dolor que hizo que unas lágrimas brotaran de mis ojos.

−Lo siento, te juro que no durará mucho el dolor.

Besó delicadamente mis mejillas, el camino donde resbalaban las lágrimas y luego se dirigió a mi boca para tratar de suavizar la irrupción a mi cuerpo con su cariño y ternura.

Comenzó a moverse lentamente dentro de mí, pero cuando el dolor fue disminuyendo sus movimientos se volvieron más rápidos, más certeros.

Tomó mis caderas con las manos a la vez que enredaba mis piernas en su espalda. Quería sentir cada centímetro de él dentro de mí.

Entraba y salía frenéticamente fundiéndonos en un baile lleno de amor y pasión. Finalmente, grité su nombre en el momento en el que llegué al mismísimo cielo y regresé a los brazos de Ikuto, quien me siguió al paraíso unos segundos después con mi nombre entre sus labios.

Permanecimos unidos mientras nuestras respiraciones se regularizaban.

−Te amo Ikuto...

−Y yo te amo mi princesa. No sabes cuanto esperé para tenerte finalmente entre mis brazos − besó lenta y consciensudamente mis labios una última vez antes de girarse para salir de mí. Dejándome con una ligera sensación de vecío. −Ahora descansa Amu. Duerme tranquila que aquí estaré para cuando despiertes.

Me acomodé entre sus brazos, con mi cabeza sobre su pecho, en donde me quedé dormida soñando con mi amado violinista.

Por primera vez en meses, podía recordar mis sueños sin temor a enloquecer de dolor. Todo era hermoso y alegre.


Konichiwa mina-san!

¿Qué les pareció este cap? ¿Creen q soy una perv Ò_Ó?

Muajajajaja... hacía mucho tiempo que quería escribir un lemmon, y después d mucho pensármelo, esto es lo que salió. Fue toda una nueva experiencia para mi escribirlo, espero que les haya gustado ^^

Decidí subir este cap antes de lo previsto gracias a los hermosos comentarios que me dejaron. En verdad les agradezco que se hayan tomado unos minutitos para decirme que pensaban de esta loca historia mía. No dejen de comentar que aún quedan dos o tres caps más para el final.

Y tambien les recuerdo que en mi cuenta alterna (Dream Weaver Dili) tengo otras historias, incluyendo Shugo Chara. Espero que le den una oportunidad y se pasen a leerlas; el link está en mi perfil.

Que tengan una hermosa semanita ^^

Ja ne-nya! :3

KillersLikeCandies93