Sekai Ichi Hatsukoi

¡Atención!: Los personajes de Shugo Chara no me pertenecesn (desafortunadamente T_T), si así fuera Amu e Ikuto se hubieran besado en el primer capítulo en el que se conocieron y Tadase estaría con la cabeza atascada en el water... bueno eso no xD. Peach-Pit son las de los millones y yo solo soy la loca con grandes cantidades de imaginación y una pisca de hongos alucinógenos. ¿ok?

Story Rated: M (Ya aclaré, así que lee bajo tu propio riesgo... ^^)


Capítulo 6: Preludio para el desastre.


A la mañana siguiente desperté con los tibios rayos del sol acariciando mi rostro. Por alguna razón estaba extremadamente feliz, me sentía tan plena y en paz.

Me estiré perezosamente entre las sábanas con una sonrisa entre mis labios, la cual desapareció abruptamente cuando, al girarme, me encontré con la apacible y hermosa figura de Ikuto durmiendo a mi lado.

Una oleada de imágenes asaltó mi mente, recuerdos de lo que había ocurrido la noche anterior. De lo que habíamos hecho la noche anterior.

Con mucho cuidado, tratando de no despertarlo, me puse de pié y comencé a buscar mi ropa que se encontraba regada por toda la habitación.

"¡Demonios! ¿Qué había hecho?" pensé sintiendo mis mejillas arder al recoger las diminutas prendas de encaje negro.

No sé cómo lo logré, pero en menos de dos minutos ya me encontraba vestida y con la mano en la perilla de la puerta, dispuesta a escapar.

Me giré una última vez para admirar su hermoso rostro dormido, tan tranquilo y sonriente, para luego abrir la puerta y desaparecer detrás de ella con el corazón hecho añicos.

Ahora estaba segura de cuanto lo amaba, y que nunca lo podría dejar de amar pasara lo que pasara, pero tenía que pagar mi estupidez con un sufrimiento eterno por haberlo lastimado. Una vez más.

Las puertas del ascensor estaban por cerrarse, cuando escuché que alguien gritaba mi nombre a lo lejos.

−¡Amu! –ahí estaba él, endemoniadamente apuesto, corriendo en mi dirección. −¡Espera!

−Lo siento Ikuto… −susurré cuando las puertas se cerraron entre nosotros. Lo último que pude ver fue su hermoso rostro surcado por las lágrimas, y un grito que se había quedado atorado en su garganta.

Nada más logré abrir la puerta de la habitación que compartía con Nadeshiko, me abalancé contra el armario, del que comencé a sacar toda mi ropa para meterla como pude dentro de la maleta.

Tenía que huir de este lugar, alejarme de Paris y de Ikuto para siempre, y sufrir por ello toda la eternidad.

Lo amaba, ¡demonios! Nunca había dejado de amarlo, y él a mí tampoco, pero tenía que regresar a Japón. A pesar de que esto terminara matándonos, no podía dejar a mi familia a su suerte; de mí dependía su futuro y felicidad.

−¡Amu! ¿Qué es lo que ocurre? – preguntó una somnolienta pero preocupada Nadeshiko mientras se dejaba caer de rodillas al suelo a mi lado.

Traté de decirle que tenía que salir de este lugar, pero lo único que logró escapar de mis labios fue un horrible gemido de dolor, acompañado de una nueva oleada de lágrimas que rodaban implacables sobre mis mejillas.

–Por favor Amu, tienes que calmarte, si no, no te puedo ayudar.

Me atrajo protectoramente hacia su pecho y dejó que las saladas gotas de agua arruinaran su bello camisón.

El sonido de la puerta al abrirse y una serie de pasos no se hicieron esperar por mucho tiempo. Unos segundos después, me encontraba rodeada por mis mejores amigas quienes trataban, inútilmente, de consolarme.

–Rima, llama al aeropuerto y diles que adelantaremos nuestra partida unas cuantas horas.

–Claro.

–Yo terminaré de arreglar las maletas– anunció Yaya solemnemente antes de desaparecer de la habitación, dejándonos a Nadeshiko y a mí solas.

A pesar de que había logrado calmarme un poco, no había podido controlar los sollozos que escapaban ocasionalmente de mi boca.

–Calma, en unas cuantas horas todo habrá terminado Amu. Pronto estaremos en casa. Cómo lo siento Amu, todo esto es mi culpa…


Unas horas después, tal y como había dicho Nadeshiko, todo había terminado. Nos encontrábamos a miles de kilómetros sobre la hermosa ciudad parisina, volando de regreso a Japón.

A mi nueva y horrorosa vida lejos del hombre que amaba.

Pero sabía que lo merecía. Merecía sufrir, y mucho más, por haberlo lastimado no una, sino dos veces.

Antes de caer en brazos de la inconsciencia, pude oír un ligero "lo siento" proveniente del asiento de enfrente. "En verdad lamento todo esto…"

Los días pasaron rápidamente, y cuando menos me lo esperaba, el día había llegado.

Me encontraba en mi habitación, parada frente al enorme espejo observando mi pálido y ojeroso rostro.

Mi madre me había regañado unas veinte veces antes de salir corriendo de la habitación a buscar su "equipo de emergencia" mientras mascullaba algunos improperios.

El vestido blanco que tan hermoso me pareció una vez, ahora lucía aburrido y descolorido. Igual que me ánimo.

Sentía como si una estampida de elefantes hubieran pasado corriendo sobre mi corazón y lo hubieran aplastado hasta dejarlo hecho puré dentro de mi pecho.

Una ráfaga de emociones me azotó dejándome jadeando en busca de un poco de aire. Me sentía atrapada y desdichada.

TOC, TOC.

Escuché golpear la puerta antes de que se abriera y mis tres mejores amigas entraran apresuradamente a abrazarme. Les agradecí infinitamente el que estuvieran ahí conmigo. Realmente las necesitaba en estos momentos.

Sin decir palabra alguna, Rima tomó el cepillo que descansaba en el tocado y comenzó a cepillarme, mientras que Nadeshiko y Yaya se concentraron en aplicar rubor a mis mejillas para alejar un poco ese color cadáver que lucían mis pómulos.

Cuando terminaron conmigo, me hicieron girarme hacia el espejo.

–Te ves hermosa– susurró Yaya abrazándome delicadamente por la cintura.

–Muchas gracias chicas…. Por todo– susurré tratando de transmitirles toda mi gratitud en esas simples palabras. – No sabría cómo pagarles todo lo que han hecho por mí.

–Puedes empezar por regalarnos una sonrisa.

Y así lo hice. Les di la mejor sonrisa que logré plantar en mi rostro.

–Y ahora tienes que prometernos que pase lo que pase lucharás por tu felicidad. Sea quien sea con quien vayas a compartir el resto de tu vida, tienes que hacerlo convencida de que será lo mejor para ti.

–Así lo haré… se los prometo.

Sin decir una palabra más, salí de mi habitación, y de la enorme casa en la que había vivido tantos años. Sin mirar atrás ni una vez, me subí al automóvil negro que esperaba para llevarnos a la capilla en donde se celebraría la boda… el lugar donde perdería definitivamente la oportunidad de ser feliz. El lugar que me alejaría de Ikuto para siempre.


Konichiwa mina-san!

Gome! D: se que ahora tarde mucho tiempo en subir el siguiente capítulo, pero no había tenido tiempo de hacr nada... -_- la escuela me tenía como loca, pero ahora que salí temprano ( :DDD) pude darme una escapadita de mis deberes para subir la continuación ^^

Bueno, como habrán leido, las cosas se están poniendo feas con "F" de foca TT_TT pero así tiene que ser esto... uno no puede alcanzar la felicidad sin un poquito de sufrimiento de por medio, ¿ne?

Espero me dejen saber sus lindas opiniones, ideas, críticas o amenazas n_n esta autora acepta de todo (claro, tratándonos con rspeto todo se vale), así que por favor no olviden dejar sus maravillosos reviews. Les prometo que no se tardan más de 3 minutos escribiendo. Entre más comentarios, Yoru y yo nos ponemos más felices :3

Espero el día de Navidad poder estarles dando un bello regalito n_n

Por ahora me despido.

Ja ne!

KillersLikeCandies93