2· Nuevas sensaciones

Esa tarde estuve con Dean en los jardines bajo un árbol, a la sombra y lejos de los demás.

Después de cenar me fui a la Sala Común. Al poco, empezó a entrar mucha gente y como me estaba agobiando y era tarde decidí subir a mi habitación. Sólo había una chica, en su cama, leyendo un libro.

- Hola –le dije al cerrar la puerta.

- Hola ¿te encuentras bien? Esta mañana había entrado y estabas durmiendo.

- Ah, no te preocupes, estoy bien.

Me puse el pijama y me acosté, al rato oí como dejaba el libro y se acostaba. Lo último que recuerdo es oír la puerta cuando entraron las demás.

Soñé que alguien entraba en la habitación, abría mi cortina y se tumbaba a mi lado, en la cama.

- ¿Quién es? –dije un poco asustada.

Pasó una mano por mi cintura y se acercó a mi la única respuesta que obtuve fue un shh... hasta que me volví a dormir.

A la mañana siguiente me desperté perezosamente. Aun con los ojos cerrados me tumbé boca arriba. Recordé el sueño que había tenido, parecía tan real...

- Mmm... –abrí los ojos de golpe y me giré hacia el lado de donde venía el sonido.

- ¡Hermione! –me llevé las manos a la boca al darme cuenta de que casi lo había gritado.

Sólo oí que una de las chicas se movía y después todo silencio.

- Hermione, Hermione –le susurré mientras le zarandeaba el brazo- ¡Hermione!

- ¿Qué? Déjame dormir un poco más –susurró, girándose y dándome la espalda- es domingo.

- ¡Hermione! –yo insistía. Al final se giró.

- ¿Ginny? ¿Qué hora es? –me miró alarmada.

- Hermione ¿Qué haces aquí?

- Yo... lo siento, Ginny... es que lo de ayer

- ¿Lo de ayer? Pero eso...

Le miré confusa, pensaba que lo había entendido, que sabía que era un accidente. No reaccioné ni expliqué lo del sábado. A demás... que estuviera en mi cama significaba que a ella le gustaba ¿no?. Estaba en blanco, no sabía que decir ni hacer.

Hermione se sentó igualando nuestras caras y me puso una mano en la mejilla.

- Shh... –el "shh" del sueño era de ella... el sueño, no lo había soñado, había pasado de verdad. No lo vi venir, no presentí ese beso que me dio.

Al principio fue tímido y delicado, pero al ver que no reaccionaba se separó y me miró, sus ojos marrones me contemplaban curiosos, encima de sus coloradas mejillas.

Y volvió a poner sus labios junto a los míos, esta vez convencida, abriéndose paso hasta llegar al interior de mi boca. No sabía que hacer. Porque, Merlín, ha decir verdad, me gustaba esa sensación, terminé dejándome llevar, sentía que mi corazón latía tan fuerte que terminaría estallando.

Hermione, con su mano libre me cogió de la cintura y me acercó a ella, mis manos revolotearon torpemente hasta llegar a su nuca. Mientras nuestras lenguas se enrollaban la una en la boca de la otra, como si libraran una batalla. Acerqué mi cuerpo más contra el suyo, de tal forma, que nuestros pechos encajaran, y sentíamos la una el corazón de la otra. Me alegró saber que su corazón también parecía un caballo desbocado. Rompimos el beso y cogimos aire. Torpemente nos tumbamos en la cama, Hermione se puso encima, su cabello caía en cascada hacia delante, oscureciendo su cara rojiza.

Nunca había pensado que me pudiesen gustar las chicas. Siempre había salido con chicos, nunca me había llamado la atención ninguna chica. Pero, ahora, tampoco diría que me gustan las chicas, simplemente me atrae Hermione.

Hermione sentada encima mía, con una mano se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja, "¡Dios mío!" tenía ganas de besarla de tenerla a mi lado, junto a mi.

Lentamente me fue desabrochando la camisa del pijama. No aguantaba estar así y la imité. Cuando íbamos por la mitad me cogió las manos, evitando que siguiera desabrochándole la camisa.

- Debería irme a mi habitación, tendremos problemas si nos encuentran así.

Hermione aun sujetaba mis manos entre las suyas, me miraba de tal forma que parecía que el tiempo se hubiera parado "Muy típico de las películas" pensé, y al instante siguiente mi mente pareció despertar de un sueño eterno..."Pero, esto no puede estar pasando ¡Es Hermione! Y a mi me gustan los chicos!"me dije a mi misma.

Aun sin soltarme las manos me las puso encima de la cabeza , una de sus manos pasó rozando desde mis manos, por todo mi brazo, pasando por mi costado y mi cintura, hasta que llegó a mi cadera la cual estaba al descubierto, ya que se me había subido la camisa y estaba desabrochada. Me subió la camisa por encima de la barriga casi de un tirón. Mi pulso volvió a acelerarse, descontroladamente, al igual que mi respiración.

Me pasó un dedo, haciendo círculos, por toda la barriga, poniéndome la carne de gallina y una especie de corriente eléctrica me recorrió todo el cuerpo. Mis ojos estaban puestos en sus labios, los cuales, fueron bajando hacia mi barriga, cerré los ojos, pero cuando su lengua tocó mi piel, justo debajo del ombligo, los abrí y un mano me tapó la boca justo en el momento en el que, de algún lugar de mi garganta, salía un gemido.

Su lengua no paró, subió por toda la barriga hasta llegar a la camisa. Entonces levantó un poco la cabeza, liberó mis manos, las cuales la cogieron por la espalda y la nuca, con esta última atraje su cabeza hacia la mía y la besé desesperadamente, me dirigí hacia su cuello sin parar de darle besos y lametones, y mi otra mano recorrió toda su espalda hasta llegar al pantalón. Pasé mi mano por debajo , hasta llegar a su culo.

Giramos en la cama y me puse encima de ella retirando mi mano de su trasero, subí por su barriga, pasando por sus costillas hasta su pecho. Mi boca subió desde su cuello hasta su oreja y ella puso sus manos en mis muslos, soltando gemidos, casi inaudibles, empezó a besarme en el cuello.

- En ese caso será mejor que te vayas, porque dentro de poco se despertarán –le susurré en la oreja entre besos, lametones y mordiscos.

Ella no era la única que podía salirse con la suya, además, eso era lo correcto si no queríamos meternos en problemas, o por lo menos, no con Umbridge en Hogwarts. Aunque me daba rabia, no era el momento ni el lugar.

A desgana nos sentamos la una al lado de la otra y nos abrochamos los pijamas. Miramos que no se hubieran despertado y con cuidado Hermione salió de la habitación, cerrando la puerta, cuidadosamente al salir.

Me levanté y me vestí, salí de la habitación y me senté en un sillón de la Sala Común.

Al poco tiempo de estar allí empezó a bajar la gente, entre ellos vi a Michael, que al darse cuenta de que estaba ahí me evitó. Decidí bajar a desayunar, me estaba entrando hambre. Justo cuando salí alguien gritó mi nombre.

- ¡Ginny! –era Dean.

Se acercó y me dio un beso. Fue una sensación extraña. Pero se suponía que era un secreto, y debería seguir siéndolo.

Bajamos las escaleras hasta el Gran Salón y nos sentamos, cada uno en nuestra mesa, Luna apareció cuando me estaba sentando, se acercó a mi dando saltitos.

- Buenos días Ginny, ¿qué tal estás? –se sentó a mi lado.

- Muy bien ¿y tú?

- Muy bien también, aunque con un poco de hambre, luego nos vemos –se levantó con una sonrisa y se fue hacia su mesa.

- Buenos días Ginny ¿podemos? –eran dos de mis compañeras.

- Claro, adelante.

Al poco entraron Neville, Harry, Ron y Hermione, seguidos por Fred y George. Miré a Hermione, que me devolvió la mirada, sonriendo y se sentaron a mi lado.

Se me hacía extraño estar con Hermione, como si no hubiera pasado nada, pero por lo menos no parecía que nadie pensara lo contrario, por lo que me relajé.

Después de desayunar me fui con Luna a dar una vuelta. Por la tarde Umbridge le confiscó unos experimentos a Fred y George. Lo que implicaba una nueva norma.

Dean y yo estuvimos en la biblioteca, mirando unos libros y después en el jardín. Al final, se hizo tarde y decidimos irnos.