Saint Seiya no me pertenece, le pertenece a Masami Kurumada
Este es un fic de fan para fans.
Advertencia: Esto contiene insinuaciones shounen ai, relación chico x chico, si no te gusta, te sugiero no leer.
Dedicatoria: Uhm ¿feliz cumpleaños atrasado? Yo cumplo lo que prometo, o intento… cof cof
Crecer
3.- Convivir
Cualquiera pensaría que el templo de un león sería un reverendo desastre, y estaría en lo correcto, sin embargo desde hacía muchos años había aprendido que, a menos que limpiara, la suciedad no se iría.
Un silbido suave sonó entre los muros fríos de mármol.
Jamás habían tenido privilegios. Cuando su hermano estaba vivo era el que recogía, y de paso le ponía a él también; su lección derivaba de que "Un buen caballero llevaba orden en su vida", y eso incluía su hogar. Cuando su hermano falleció, no estaba nadie. Así que el hábito se había aprendido.
Dio dos giros más sobre la barra donde había cortado antes sus alimentos, y se acercó al grifo de agua para enjuagarla.
El silbido se detuvo, y volviendo a mirar a donde se ubicaría la entrada de su casa, pestañó y, tras esperar unos instantes, caminó ahí.
–¿Mü?
El aludido asintió en forma de saludo –Buenas tardes Aioria de Leo.
–No necesitas tanta formalidad –indicó éste, estaba algo sorprendido de la presencia–, ¿ha sucedido algo?
–¡Vamos, que no tengo todo el día! –Al abrirse más la puerta, otro de sus compañeros se asomó, cargaba un plato gigantesco, y parecía tapar a alguien más –¿Pasamos? ¡Esto se enfriará y así no podrán disfrutarlo!
Aioria sin entender, no le quedó más que hacerse a un lado y dejar a los "invitados" pasar.
–¿De qué se trata?
Mü giró a verle. –Aldebarán llegó hoy con un platillo regional de su natal Brasil…
–…, y nos ha sacado a todos para venir a comerlo –terminó el escorpión, quien venía detrás.
Aldebarán, quien había pasado como si fuera su casa, ya estaba instalado en el comedor. –¿Qué esperan? –Había gritado a lo lejos.
–Esperamos que no te incomode –volvió el lemuriano, y comentó algo vago sobre Shaka que Milo, al jalarle, no le dejó entender.
–¿Pero qué es esto? –Aldebarán había levantado una tapa de pan mal partido, y observaba los pobres ingredientes ahí dentro –¿Juegas conmigo muchacho? –y sentó una buena palmada en la espalda del león, que sonó hueca casi casi sacándole el aire– ¡Con razón estás tan delgado! ¡Un fideo!
Entre rojo por falta del aire y la verdad escondida del no saber cocinar, tosió, incómodo.
Para cuando acordó, ya estaba sentado, Aldebarán le tendía un plato colosal de Feijoada, o algo así había escuchado, y Milo y él conversaban afanosamente sobre los ingredientes.
–Los frijoles negros son lo principal aquí, ya después le sigue…
Alzó la mirada y se encontró con que Mü lo observaba, pero ni bien intentar decir algo, volvió a recibir una fuerte palmada en la espalda.
–¡Pero vamos, sin pena! –apresuró el más grande–, que frío no sabrá igual –y esperó a que éste diera un primer bocado, quien al darse cuenta de la espera, atrabancó una cuchara.
–¿Bueno?
Aioria asintió a como pudo.
–¡Por supuesto que sí! –Y se escuchó una carcajada ruidosa.
Ahí fue cuando el león cayó en cuenta de algo: había ruido.
Ruido.
–Sí, sí, recordamos que él no come carne. Pero bien podía acompañarnos.
–Estoy de acuerdo con Tauro –agregó Milo, mientras fileteaba un pedazo de carne ahumada.
–¿Más muchacho?
Aioria parpadeó, y sin dar respuesta, ya tenía el doble de su plato que apenas había probado.
Raro, pensó. Pero tanto ruido no le parecía malo.
Continuará…
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Fin de la transmisión...
