Durmió.
Cuando Ginny despertó, abriendo un somnoliento ojo, no supo donde estaba. Extrañamente, no se sintió alarmada en lo más mínimo. Se sentía tibia y contenta. De hecho, estaba durmiendo boca abajo, lo cual no había hecho desde que era chica. El cuarto estaba bañado en suave luz de velas, la fuente emanando de una mesa en la esquina. Ahora podía escuchar pequeños sonidos, como ratones en patines. Su mente inmediatamente conjuro la escena, y se preguntó si aún estaba soñando. Abrió su ojo un poco más y trató de localizar la fuente del sonido y la luz.
Vio a un hombre rubio sentado a la mesa, portando una camisa que no estaba abotonada, revelando una línea vertical de piel dorada que hacía que deseara recorrer su mano por ella. Ginny se levantó en sus hombros, observando la escena. Él no la había notado, su atención enfocada solamente en el pergamino frente suyo. El sonido que había escuchado había sido su escritura; la pluma era como una cosa viva en su mano, moviéndose por la página con dexteridad única.
Debió de haber hecho un sonido que lo alertó a su presencia, porque se detuvo abruptamente y levantó la vista, viéndola verlo.
"¿Despierta, gatita?" preguntó guturalmente.
Ginny parpadeó. Oh, eso es cierto, pensó, y con un pequeño suspiro, se acostó y se quedó dormida nuevamente.
No era claro lo que la despertó la siguiente vez. Un minuto estaba durmiendo; al siguiente estaba despierta y viendo a los ojos de Draco Malfoy. Encontró que estaba acostada de lado, como él estaba también; la veía intensamente, y parecía ser que lo había estado por mucho tiempo. Ni siquiera parpadeó cuando ella abrió sus ojos y lo vio.
Había extinguido todas las luces en el cuarto, pero había abierto las cortinas para que un suave brillo ambiental inundara el cuarto. Lo hacía lucir como marfil, remarcado y sombreado. Ambos estaban bajo las cobijas, pero sus hombros estaban descubiertos, y se preguntó si ella lucía tan irreal para él como él lo hacía para ella. Sus ojos eran como dos pequeñas lunas, pero ejercían su propia gravedad, y descubrió que no podía apartar la vista.
Ginny pensó que tal vez diría algo, "hola" talvez, pero como siempre, fue impredecible. La saludó con un beso, solo se inclinó y cubrió su boca con la suya, y cualquier idea de que se pudiera sentir tímido o incierto se desvaneció; besaba como un hombre seguro de su bienvenida, de sus derechos sobre su cuerpo. Y Ginny se marchitó frente a esa confidencia.
Su lengua barrió dentro y saludó a la suya con suaves movimientos al principio, pero pronto comenzó a volverse más demandante, sumándola a un concurso de voluntades. Pero su meta no era ganar; cuando se retiraba el simplemente entraba más a fondo hasta que salía a jugar nuevamente. Draco eventualmente se retiró, plantando en su boca suaves besos para apaciguar el dolor de su retirada.
"Quiero que hagas algo para mí," dijo, su voz era oscura y aterciopelada. Habló apenas en un susurro, pero ella lo escuchó en cada célula de su cuerpo.
Ginny esperó su favor, pero él no elaboró. Meramente usó su mano para acariciar su brazo, todo el camino hasta que llegó a su hombro. Entonces, suave pero firmemente, ejerció presión, jamás dejándola de ver.
Le tomó un momento descubrir lo que quería, y entonces sintió algo atraparse en sus pulmones al descubrirlo. Y en caso que no hubiera entendido el mensaje, la dureza de la cual solamente había estado consciente periféricamente hasta ahora, se movió contra su estómago, demandando atención.
Ginny lo observó con ojos grandes. ¿Podría hacerlo? Su pulso aceleró al estudiar su cara, ahora indiscutiblemente atractiva aún con las facciones arrogantes: la nariz patriciana, el labio inferior destacado, los ojos que brillaban como nuevos Sickles aún en la oscuridad. Si, lo podría hacer. ¿Quería hacerlo? Imaginó la escena, y la espontánea humedad que hizo que moviera sus muslos respondió también esa respuesta en lo afirmativo.
"¿No crees en reciprocación?" preguntó suavemente, el reto en su voz lanzando chispas contra su orgullo de metal. Le presentó una mirada arrogante antes de que se acercara más a él, logrando que sostuviera la respiración al preguntarse que es lo que ella haría.
Ginny bajó su cabeza a su cuello, para probar su pulso, gastando más tiempo ahí de lo que había planeado, pero no lo podía evitar. Entonces besó su pecho, y después su cabeza desapareció por debajo de los cobertores, su lengua nuevamente probando cuando encontró el nuevo territorio que era su ombligo. Pensó que lo escuchó gemir, podía sentir su erección presionando ansiosamente contra su cuello, esperando con emoción apenas escondida a que ella al fin le prestara atención.
Cuando llegó a su destino, Ginny se encontró deseando que hubiera un poco de luz. Le hubiera gustado la oportunidad de estudiar el pene de Draco a su gusto, midiendo lo largo y lo ancho con sus ojos, haciendo nota de todos los detalles que lo hacían suyo. En vez, su estudio sería confinado a su boca y sus manos. Esperó un momento más, sabiendo que aún en estos momentos, el se estaba resistiendo la tentación de acercarse a ella. Hacerlo sería igual que rogar, y esa era una cosa que Draco Malfoy jamás haría. El no debía saber que ella estaba tan ansiosa para dar como él lo estaba para recibir.
Ginny alcanzó su raíz, saliendo de un parche de cabello suave, y lo tomó en su mano. Lentamente, se aseguró que lo tenía firmemente asido, dejando que sintiera el placer de su toque. Estaba un poco sorprendida al descubrir que tanto camino tenía que recorrer su mano antes de que llegara a la húmeda punta, pero tal vez su propia anticipación y la oscuridad la engañaban. Aún así, no pudo evitar pensar, de una manera poco caritativa, Y me preguntaba porque estaba adolorida.
Lo acarició unas cuantas veces más con su mano, pero no podía esperar más que eso y lo llevó a su boca, lamiendo la punta con tentativas caricias de su lengua. No había manera de confundir el gemido que salió de él ésta vez, pero fue apagado por las sábanas y él no se movió al menos que el involuntario movimiento de su pene.
Usando el centro de su lengua para probarlo, Ginny lamió su pene desde la raíz hasta la punta, encontrando ciertas marcas en el camino, deseando nuevamente poderlo ver. Cuando llegó a la punta otra vez, cerró su boca sobre la cabeza, introduciéndolo hasta que tocaba su garganta. Lo que no pudo introducir en su boca, lo tomó con la mano.
Ésta no era la primera vez que hacía esto, pero ésta era la primera vez que lo hacía para una persona que apenas y conocía. A pesar de eso, Ginny descubrió que su técnica no estaba muy empolvada, y que su previa experiencia le daba más confianza y capacidad. Sabía que a él le agradaba lo que hacía, lo cual era, en el momento, mover su lengua como si él fuera su sabor favorito de helado. Era delicioso. El pensamiento vino solo; jamás lo había considerado con Oliver o con Adam. Había sido un servicio que había hecho porque los quería y porque ellos lo querían; su propio placer había sido obtenido a través de otras maneras de hacer el amor. ¿Acaso era en realidad la naturaleza cuestionable de lo que estaba haciendo lo que hizo que pensara que el pene de Draco Malfoy era delicioso, o había algo en él que de hecho la complacía sus sentidos como ningún otro hombre?
Repentinamente las sábanas alrededor de ella se movieron, y Ginny sintió un aire bienvenido mientras Draco levantó las sábanas y gruñó "Mámalo." La orden causó que se humedeciera su sexo, Ginny notó con vergüenza. ¿Estaba convirtiéndose en una de esas mujeres que disfrutaban ser sirvientes, apresurándose a hacer lo que su amante les pedía? La posibilidad la hizo considerar el jugar más con él, pero su tono de voz no había dejado espacio para discusiones, y la verdad era que estaba demasiado feliz al seguir la orden.
Chupó una vez, experimentalmente, esperando su respuesta.
"Joder, sí," gruñó y movió sus caderas, su pene entrando en su boca más de lo anticipado, lo cual causó que gimiera y que sus ojos lloraran. No le pidió disculpas, pero rápidamente salió, y ella supo que no había intentado incomodarla.
Lentamente, Ginny comenzó a chuparlo, una mano en su cintura, la otra acariciando la base del pene con mociones arriba y abajo que iban en cadencia con su boca. Era casi como un sueño, ahí abajo en la húmeda oscuridad, el puro olor masculino de él. La falta de luz, el calor, su cansancio, la cantidad limitada de oxígeno que estaba recibiendo…todas estas cosas conspiraron para hacerla sentir ligera, y comenzó a sentir que esto era todo para lo que había sido creada, era todo el significado de su existencia, esta suave dureza que le llenaba la boca, el suave peso de sus testículos en su mano, el cosquilleo de su cabello cada vez que regresaba por más. El sentimiento pasó cuando sus mejillas comenzaron a dolerle, una vez que su lujuria se volvió fuerte y pronunciada, una vez que él comenzó a entrar superficialmente, la cabeza de su pene golpeando el fondo de su garganta y a veces yendo más allá, por un alarmante y delicioso segundo.
Justo cuando ella creyó que jamás llegaría al clímax, que jamás sería liberada de esta placentera marca de tortura, sintió como se alejaba de ellas, su pene abandonado su boca con un suave y casi amable sonido de un beso. Podía sentir su presencia justo enfrente de ella, su gruesa dureza llamándole. Movió para tomarlo nuevamente en su boca cuando sintió la mano de Draco jalándola, hacia la luz de la luna y el aire fresco. Solo podía parpadear cuando surgió, aún en ese estado casi de sueño del cual no había logrado deshacerse desde el momento que había despertado para verlo trabajando por la luz de la vela.
Su respiración era entrecortada, como si hubiera corrido una carrera, y no la tocó mientras cerraba los ojos y trataba de controlar su respiración. La duda comenzó a atacar a Ginny al pasar los segundos. No había eyaculado. Había durado tanto y no había llegado a la eyaculación, y la había detenido. ¿Era posible que tal vez no supiera lo que había estaba haciendo después de todo? ¿No había sido buena? La idea de que no hubiera encontrado sus atenciones tan placenteras como ella había encontrado las de él la llenó con un inflamable sentido de mortificación. Reciprocación, había dicho. ¿Acaso no había cumplido con su parte del trato?
Draco abrió sus ojos y la miró. "Eso fue lindo," dijo. No exactamente el tipo de alabanza que había estado esperando, pero el leve esfuerzo que escuchó en su voz y la rapidez de su respiración contradecían sus palabras casuales. Le regaló una sonrisa tímida y se acercó más a él. Había otros asuntos que necesitaban atenderse…tal como la flamante necesidad que palpitaba insistentemente entre sus piernas. Seguramente esa era la razón por la cual la había detenido—porque quería enterrar esa dureza dentro de ella y manejar hasta su liberación de esa manera, viendo sus ojos mientras la llenaba de satisfacción.
O talvez estaba transfiriendo sus deseos hacia él.
"¿Qué harás ahora?" ella preguntó, odiando la naturaleza implorante de la pregunta pero sin poder impedir preguntarla cuando no hizo ningún movimiento para acercársele.
"¿Qué crees que voy a hacer?" preguntó, sus ojos brillando con entretenimiento.
"¿Vas a…" Tragó saliva. Lo que quería decir era hacerme el amor, pero eso sonaba ridículo, considerando todas las cosas, y probablemente reiría hasta terminar con su erección. Solo había una frase que era apropiada, y estaba trabajando para poder decirla. "…cogerme?" terminó, y no fue tan difícil como creía.
Draco sonrió. "Oh si," dijo, sus ojos oscureciéndose. "Prometo que haré eso." La tomó de los brazos, atrayéndola hacia si mismo para verse el uno al otro. Mandó la rodilla de Ginny sobre su cadera y más arriba aún, hasta que su húmedo y palpitante centro estaba abierto y disponible solo para él. Ella podía sentir como se presionaba contra la tibia piel de su estómago, y retembló con el contacto.
Draco trazó sus labios hinchados casi con vanidad engreída, y ella lo podría haber golpeado si no hubiera estado tan desesperada por lo que él podía darle. Luego sus manos viajaron hacia abajo y pellizcaron su pezón, y aún más abajo hasta que sus dedos se deslizaron por sus húmedos dobleces. Presionó un poco en el pequeño botón que sobresalía, queriendo su toque, y Ginny sintió una presión recorrer su cuerpo como un hechizo de placer. "¿Simplemente estas muriendo por tenerlo, no es así, princesa de hadas?" susurró, y aunque estaba confundida por el término de cariño, le gustaba demasiado lo que estaba haciendo como para distraerlo al preguntarle acerca de el.
Se ajustó a si mismo para que ahora estuviera presionado contra su entrada sensible, y regresó su mano a su cadera. Ejerció tan solo un poco de presión y casi de deslizaba dentro, y después se alejó, y el peligro de ser penetrada pasó. Repitió su movimiento varias veces, humedeciéndose con sus jugos, hasta que Ginny dijo, "Por favor." Casi antes de que la palabra dejara su boca, estaba penetrando profundamente. Ginny se escuchó suspirar y gemir al mismo tiempo, enganchando su brazo con el suyo y sosteniéndose con su hombro mientras él se movía dentro y afuera en un ritmo que satisfacía y distraía, sus caderas frotando contra sus muslos, sus torsos presionados, sus alientos cohabitando en el pequeño espacio que había entre ellos.
Ginny podía sentir sus músculos interiores estirándose para acomodarlo, oprimiéndolo para no dejarlo ir. Estaba adolorida, su cuerpo no acostumbrado al uso riguroso y prolongado que había sido demandado de el esta noche, pero la idea de parar era como morir.
"He esperado tanto tiempo," murmuró, mostrándose extremadamente complacido consigo mismo.
"¿Sí?" Ginny entonces recordó sus tempranas palabras que habían llamado su atención antes de haber sido distraída. Esto es mejor de lo que imaginaba. "¿Te refieres a esta noche?" trató.
Draco rió y trajo su pulgar al puente de su nariz, cerca de la esquina de su ojo, y lo deslizó gentilmente por su mejilla, como secando una lágrima. La caricia era extrañamente gentil para el. "No." Su penetración era casi indolente. "Desde que te probé en esa ridícula fiesta de disfraces."
"Desde—" Ginny estaba confundida. "Tu nunca me probaste en ninguna—espera. ¿Quieres decir que nos besamos?"
"Nos besamos," acordó. "Te veías bastante encantadora con tu pequeño disfraz de princesa de hada. Fue la primera vez que consideré que todo ese cabello rojo luciría bien en mi cama."
Ginny solo podía mirarlo. ¿Disfraz de princesa de hadas? ¿La había confundido con alguien más? ¿Otra pelirroja a la cual había besado y deseaba? Y entonces una tenue memoria se hizo paso a la orilla de su conciencia. Había habido una fiesta de disfraces en su sexto año en Hogwarts, hacia el final de mayo. Había planeado encontrarse con Seamus Finnigan, su novio en ese tiempo, en un pequeño recoveco justo afuera en los jardines. Había llegado un poco tarde, habiendo tenido que transformar piezas olvidadas de los disfraces de las otras chicas a algo que pudiera usar (un vestido que parecía de merengue, guantes largos y polvo falso de hadas había sido lo mejor que había podido conseguir), pero él había estado ahí, esperándola, aceptando sus entrecortadas disculpas y los pequeños besos que había plantado en sus mejillas y su boca. La había jalado a su abrazo y la había besado hasta el olvido. Sabía que no había sido Seamus; no había sabía ni se sentía como su novio, y tal vez había notado que el olor también era distinto, si no hubiera estado tan distraída por su llegada tardía y por el hecho de que esperaba a Seamus. El chico que había besado de alguna manera era intoxicante, drogándola hasta el punto de rendición, no había protestado, y aún cuando había roto el beso y la había empujado casi bruscamente, solamente había quedado ahí parada, presionando sus dedos a sus labios, tratando de mantener su sabor y el sentimiento. Nunca le había dicho una palabra a nadie; no había visto al chico por el resto de la velada, y eventualmente se había convertido en una de esas experiencias que el tiempo y las vagancias de la vida disminuyeron. Ahora recobró vida e hizo que se enroscara.
"¿Ese eras tu?" susurró. "¿En sexto año?"
Dejó que su lenta sonrisa contestara por él, el brillo de sus parejos y blancos dientes predatorio y hermoso.
Ginny no sabía como sentirse ante esta revelación. Algo la había molestado, pero no podía especificar que. ¿En realidad estaba tan molesta sobre la idea de que la había besado sin ella saberlo, hacía tanto tiempo? ¿Tal vez era porque él le había dado un nombre y una cara al extraño de aquella noche, y ella siempre había adorado ese misterio? Ninguna de estas sonaba a verdad, pero estuvo distraída de sus pensamientos por el hombre entre sus piernas.
"¿No se siente bien, Ginny?" susurró, penetrando con más urgencia. "¿No se siente bien? Admítelo."
"Sí," gimió mientras una profunda penetración causó qe moridera su labio. "Se siente bien, pero…"
"¿Pero?" Alentó.
"También duele un poco," confesó, su respiración entrecortándose. Levantó su rodilla aún más, abriendo un poco más el camino.
"Pero es un buen tipo de dolor," sonsacó, moviendo sus caderas en un ángulo para una mejor penetración. "¿Cierto?"
"Sí, un buen tipo de dolor," dijo en respuesta. De hecho, era el mejor tipo de dolor; escogería este dolor sobre todos los otros dolores cualquier día.
"Tan ajustado. Tan bueno," él murmuró, y no ella no estaba segura que él estaba conciente de que estaba hablando en voz alta. "No estás acostumbrada a mí, pero lo estarás."
Ginny apenas y lo escuchó; podía sentir su cuerpo tensándose, preparándose para la liberación, pero este no era un buen ángulo para ella, y él parecía saberlo. "Ya casi estás ahí, ¿no es cierto? Yo también. No puedo esperar para llegar dentro de ti, Ginny. Se sentirá tan bien. ¿Sabes que se sentiría aún mejor?"
"¿Qu—qué?" gimió.
"Tu," dijo en su oído, "sacándome cada gota." Habiendo pronunciado esto tomó su mano de su propio hombro y la movió entre ellos.
"¿Qué estás haciendo?" ella exclamó, resistiéndose.
"Relájate," dijo, y firmemente llevó su mano a donde quería que estuviera. Primero toco la punta de sus dedos a su clítoris, haciendo que gritara en pura delicia. Guió sus dedos, mostrándole que es lo que quería que hiciera. Era como si ella fuera una marioneta y el su maestro; seguía sus silenciosas instrucciones y comenzó a tocarse en forma circular, sintiendo esa parte de él tan cerca. "Eso es suficiente por ahora," dijo gentilmente, tomando sus dedos y haciendo que gimiera en protesta. "Siente esto." Y luego movió su mano un poco más abajo, y no pudo resistir el gimoteo que salió de ella. Lo que sintió fue su pene, resbalándose húmedamente entre sus dedos al penetrar su ajustada entrada. Era inimaginablemente erótico, y no pasó mucho tiempo antes que fuera capturada, causando que se convulsionara en un clímax tan intenso, que aún estaba retemblando cuando la movió boca arriba y la montó fuertemente, tensándose y gruñendo fuertemente al experimentar su propio y tumultuoso fin. Justo como había querido, sus paredes estaban apretando y cediendo, una y otra vez, jalándolo aún más cuando un nuevo surgimiento de humedad facilitaba su paso.
Pasó un largo momento antes de que se alejara, y cuando departió Ginny extrañó el sentirlo dentro de ella. Pero no se había ido completamente; lo que había dejado de su propio cuerpo dentro de ella aún estaba ahí, y tomó consuelo de ese pensamiento aún cuando cuestionaba su necesidad de hacerlo.
Justo antes de que la mente y cuerpo de Ginny cedieran al agotamiento, pensó que era afortunado que esta era solamente una ocurrencia de una sola ocasión. Simplemente no tenía la energía y la resistencia para ser la compañera de cama de tiempo completo de Draco Malfoy.
