Ambas volteamos hacia la puerta, tú te levantas, contenta y feliz de que por fin saldrás de esta habitación, yo por mi lado no me siento tan contenta, un poco enojada, sí, porque quiero pasar tiempo contigo, aunque no intercambiemos muchas palabras.

Mañana agradeceré a Sinjin por encerrarnos a ambas accidentalmente. Le agradeceré secretamente mientras le regaño por encerrarnos, porque si no fuese por este accidente, no me hubiera decidido a confesarte mis sentimientos.

Llevamos aquí encerradas alrededor de dos horas y media. Sikowitz nos había mandado a recoger unas cosas que no se encontraban aquí, y debido a que era la última clase y Sinjin se había ofrecido a ayudar cerrando por seguridad unos salones, él no nos vio al estár en un rincón, buscando entre unas cajas y terminó poniendo ceguro a la puerta. Cuando por fin alguien nos encontró, ya había pasado un poco más de una hora, en la cual acordamos que yo te llevaría a tu casa, pues asegurabas que Trina ya te había dejado aquí. Tú te negaste a ir a pie, diciendo que ya sería bastante tarde para cuando salieramos, que las calles estarían obscuras y probablemente te pasaría algo.

Al principio me negué, burlándome de lo tonta que eras por creer que te llevaría a tu casa. Me diste razones por las cuales debía llevarte, y cuando escuché que de tus labios salía la oración "... ¡No sé! Umm... podría ser violada, ..." La última palabra me dio más de mil razones para no dejarte ir caminando, y no dudé en acceder después de unos segundos en los cuales decimulé pensarmelo un rato.

Te sigo silenciosamente, mirando como tus caderas se mecían de un lado a otro con gracia; como amo que muevas tus caderas de tal manera, aunque lo hagas inconsientemente, estoy segura de que si supieras cuantas miradas atraes con ese moviemiento, te esforzarías por evitar moverlas.

Me miras con confusión al oírme soltar una leve risa, tu ceja arqueada mostrando la curiosidad que tienes de preguntarme, y yo me encojo de hombros, no queríendo responderte que he terminado fantaseando con algo relacionado a tus caderas, mi cama, gemidos y yo. Muy sencillo adivinar qué fue mi fantasía, ¿no?

Salimos al estacionamiento, y no puedo evitar hechar una mirada a mi alrededor. Está oscureciendo.

-Tori –Te giras bruscamente, asombrada porque te llame por tu nombre y no tu apellido.

Te arrincono contra la puerta de mi auto, estrellando mis labios sobre los tuyos sin darte oportunidad a reaccionar. Tomo tu mano en la mía, sosteniéndola así por un tiempo.

Me separo de ti y sonrio ante tu mirada de sorpresa. Tus labios se separan un poco, resaltando tu sorpresa.

-Mañana pasas por mí, Vega –Digo, dejando que tu mano se deslize fuera de la mía, dejándote a cargo de mi auto y mis llaves y comienzo a caminar, alejándome de tí.

-¡Jade espera! –Me gritas, intentando frenar mis pasos.

-Sólo ve a casa, Tori. Estaré bien –Te digo, alzando mi voz para que me escuches claramente.

Sonrio cuando estoy fuera de tu vista, contenta de que por fin me decidiera a mostrarte lo que siento por tí, no te lo dije, pero tú sabes lo que quise decir con ese beso que te he dado.

Esa es una de las cosas que me gustan de tí. Comprendes todo lo que te digo, seguro, te pones terca y a veces no sabes ni qué te digo, pero hay veces que si lo comprendes, y no preguntas sobre el tema, respetando mi privacidad.

Por otro lado, tu no ocupas decirme lo que te pasa o lo que sientes, ya sea porque no puedes o no quieres; pero sólo ocupo mirarte a los ojos, y lo sabré todo.

Y sé que me correspondes, que me llamarás y me lo dirás, tus ojos me lo dijeron... me dijeron que me amas y me lo harás saber.


No terminaba así, pero bueh... si ponía el otro sería como... egh, sería tipo emm... repetir la escena y... y no se me entiende nada, así que digamos que puse este final porque no me gustó como quedó el otro y ya.