Vale, estoy de vuelta. Una disculpa por la desaparición tan extensa.
Gracias a Chiharu No Matsumi, RyUuZaKi-RoTh, ADMIRADORA (este... ya no subi rápido los capitulos, ay...), NicoleForever, jesica-haruzuchia, Lila-sama, k2008sempai (usa cualquiera de mis excusas, por muy patética que sea, y gracias por interesarte en leer mis estupid... comentarios n_n), Aire2409 (n_n), Katarina-Hatake.
Érase Una Vez en Konoha.
Capítulo Dos.
Érase una vez…
A Kiba le dolía la cabeza. Le dolía mucho.
Gruñendo, entró en la cocina. Su hermana y su madre se hallaban muy atareadas llenando una canasta con comida.
-¡Ya era hora! –gruñó su madre-. Tienes que llevarle esta comida a tu obaachan.
-¿Obaachan? –repitió Kiba parpadeando.
-Está enferma –explicó Hana-. Es por eso que le llevarás este tepanyaki y esta botella de sake.
-¿Tengo una obaachan?
Su madre le aventó la canasta, directo al estómago, y el chico Inuzuka se fue para atrás, golpeándose la ya adolorida cabeza contra el suelo de madera y sacándose una preciosa jaqueca de campeonato.
-¡¿Qué haces allí acostado? –lo reprendió-. ¡Levántate!
Kiba obedeció al instante; el terror pudo más que el dolor.
-Ponte esto.
Hana le dio una chaqueta igual a la que el chico solía usar a los doce, sólo que ésta era de color rojo.
Kiba no había acabado de ponérsela cuando su madre abrió la puerta y lo sacó volando de la casa.
-¡Ya sabes donde vive tu obaachan! –gritó la mujer-.
-¡¿Qué obaachan? –espetó el muchacho.
-¡No te salgas del camino y no hables con desconocidos! –advirtió su hermana.
-¿Dónde está Akamaru?
Las mujeres Inuzuka cerraron la puerta sin molestarse en contestarle.
Kiba se puso de pie y se sacudió la ropa; luego se llevo los dedos a la boca y silbó.
Nada.
Volvió a silbar.
Nada.
-¡Akamaru!
Nada.
-¿Akamaru?
Nada.
¿En dónde se habría metido? No era característico del can ausentarse así.
Kiba trató de hacer memoria. ¿Cuándo lo había visto por última vez? En el río, cuando Hinata encontró aquella rosa.
Hablando de eso, él no recordaba haber vuelto a casa… Pero allí estaba.
La puerta volvió a abrirse.
-¡Deja de estar holgazaneando! –gritó su madre-. ¡Y no olvides esto!
La canasta impactó la nuca del chico-perro.
-o-o-o-
Un segundo, entrenas con tu equipo; otro segundo, friegas pisos.
Cuando una cosa así ocurre, intuyes que algo no marcha bien…
Si esa misma mañana estuviste practicando taijutsu con tu (por largos años odiado pero ya perdonado) tío, tal y como has hecho prácticamente todos los días durante los últimos cuatro años, y luego ese mismo tío te pone a cargo del aseo diario del complejo Hyuuga.
TODO el complejo Hyuuga.
Usando tu cepillo de dientes…
El tío Hiashi actuaba raro… Hanabi actuaba raro… La única que parecía inmune a la rareza era Hinata.
Ella también se había percatado de lo improbable y absurdo que era estar en un sitio y, sin previo aviso, verse transportado a un manicomio. Sin poder usar el kekkegenkai. ¿Y desde cuando Hanabi era tan… afectada y engreída? Lo normal era que su imoutou-chan actuara de forma distante e indiferente, concentrándose sólo en su entrenamiento.
-Neji-niisan… -musitó la joven kunoichi cuando su padre le presentó a su primo una cubeta con agua jabonosa y procedió a señalar todos los kunai y shuriken de TODOS los miembros del clan.
¡¿A quién diablos se le ocurre lavar eso?
-o-o-o-
-Ehm, Shikamaru…
No es que me queje, ni nada, pero… ¿A dónde se fue Ino? ¿Y dónde estamos?
-Quién sabe... –contestó Nara, mirando a su alrededor con aprehensión.
A menos que los Yamanaka hubieran decidió vender árboles enormes, arbustos, helechos y demás flora forestal, ya no estaban en la tienda…
Y este lugar tampoco parecía Kansas.
¡Hey, espera! ¿Qué eso de allá no es un edificio…?
¡¿Hecho de dulce?
-¡Chouji, espera!
-o-o-o-
-… Y cuando acabes de barrer el castillo, podrás darle de cenar a los gatitos pequeños. ¡Y no olvides administrarles su medicina a los gatos enfermos!
También quiero que arregles las bolas de estambre porque están llenas de nudos…
Mientras Nekomata seguía instruyendo a Sasuke sobre sus "deberes" en el castillo de los gatos, algunos de los mininos se restregaban amorosamente contra sus tobillos, otras jugaban a arañarlo, algunos maullaban en voz baja bromas sobre él…
El ojo de Sasuke había comenzado a temblar y de un momento a otro sacaría su espada…
¡Si tan sólo estuviera ahí!
-¡Kuso!
-¡Sasuke-kun! ¡Ese lenguaje!
-Miau…
-o-o-o-
Por más que deseará gritar, la voz de Ten-Ten nada más no salía…
Y es que encontrarte con una tortuguita con calentadores naranjas en sus patitas, pelo negro cortado a lo bowl, cejotas y con la kunai que se te acaba de caer en el estanque en el hocico…
-¡Ten-Ten!
-¡YAAAAA-ARGH!
Sip, puede hacerte eso.
-o-o-o-
-…
Shino arqueó la ceja; no es que se notara con la capucha, pero…
¿Cómo se suponía que hilara en oro toda esa paja? La tarea presentaba ciertas, ehm… ¿complicaciones?
De pronto un extraño hombrecito con alborotada cabellera y un traje bastante extraño entró por la puerta supuestamente cerrada con siete llaves y resguardada por los mejores soldados del rey.
-Tengo un trato que proponerte… -anunció el hombrecillo con una sonrisa de malicia pura.
