Hola! Ufff, estuve en una crisis de pérdida de inspiración owo que la sufrí ;O; y eso que me puse a ver como cuatro series al mismo tiempo O bueno, antes que nada agradecimientos por los reviews
Beatifull Madness: Jajajaja see debería de poner al culpable el mayordomo! xD Pues eso quería, en realidad no sé si para ustedes pero yo veo el o los culpables muy claro u_u (seraa porque yo sé todo xD) por eso quería liarlos un poco, bueno sobre Ichigo y Rukia no están acostumbrados a dar besos taaan apasionados, pero lo mas bien que no se quejan xD Y sep, Byakuya, tenía que meterlo o y me dijo que tenía que poner esa frase tan a lo Bya-kun asique... u_u
Ah! Y si he leído tu historia xD me la pase en grande con tus locuras, pero no he podido dejar review uwu como me perdí completamente tengo que leerla de nuevo, see la leeré de nuevo ¬¬ y ahí te dejare un review hiper mega grandotote muajajaj
akitha: Ojojojoj —risa malvada— y quién sabe si no pasa algo mas xD conmigo nunca se sabe, y con los "besos accidentales" te me adentrare mas de ello en el fic... pero si te diré que tiene que ver cuando a Rukia le tocaba practicar sus actuaciones jajajaj con Hatori, pues aquí vemos si es el malo o bueno del fic xD aunque como voy lo que puesto demasiado enredado... como que se explica algo pero sale otra cosa más enredada O y tendrán que estar así unos caps mas, lo siento u_u No me digas que estas aquí desde hace cuatro días O.O comiste algo! joder me encerrarán por homicidio! O Pero te revives no mas que aquí se monta una buena ¬¬
Uchiha Katze: Chaaa con amenazas o.o ya quisiera yo escribir tan rápido u_u y bueno te explico las posiciones xD veras, Ichi estaba tirado ahí todo vago en el sofá, o sea recostado, y llega Rukia y se sienta encima, de modo que su espalda queda apoyada en su pecho, bueno luego viendo que este chico no la iba a dejar dormir, Rukia se da vuelta y queda viendo de frente a Ichigo, ahí es cuando el bruto se levanta de golpe y como Rukia no quería caerse se agarra a su cuello, quedando de rodillas sobre el... Bueno creo que con eso quedo más claro xD
Eva Vidal: nuevo review! waaaa la felicidad viene a mi ;D y con eso ya saciamos tu sed? o.o jojojo mejor prepárate para lo que viene xD y qué bueno que halles sospechosos xD mira que aquí dejo la ruma de sospechosos, yo que ustedes no me fio de nadie xD y no es necesario que me lo pidas, es mas... yo creo que ya llegue a mucho... bueno, nuevamente gracias por el review!
Sorpresa! IchiRuki, más información al término de este capítulo...
Reunión
Ichigo ya había llegado al hospital. Lo recibieron con el lindo aviso de que debía ir inmediatamente a diagnosticar un paciente que había sido apuñalado. Y así partió el chico, junto a su compañera pelirroja. Entre los dos lograron parar la hemorragia y el paciente ya estaba estable. El joven, cada vez que veía a su enérgica compañera, no podía evitar pensar en el incidente de la noche pasada. ¿Cómo no se había dado cuenta que la chica tenía reiatsu? Vale, nunca había sido experto en el tema. ¡Pero siempre veía a la chica, joder! Eso ya era un despiste demasiado grande. Al menos que... ¿Yumi estaría enterada de su singular habilidad? ¿Acaso la ocultaba a propósito? Había que recordar que no todos eran tan expertos como él para camuflar su reiatsu, entonces eso era posible.
—Iré a dar el informe a la recepcionista antes de que lleguen los Takei.
El shinigami sustituto vio como su compañera dejaba la habitación con una carpeta en mano. A pesar de lo impulsiva de la chica, era muy organizada. No por nada era quien tenía siempre los datos de algún bar o fiesta para ir en grupo. El chico decidió que estaba pensando demasiado en el tema. Pero no lo podía evitar. Últimamente su vida estaba de todo menos tranquila. Kurosaki iba saliendo de la habitación, cuando un rostro se asomó por la puerta.
—Ichigo, ¿Nos acompañas a almorzar? —cuestionó el chico de ojos verdosos.
A Kurosaki le extrañó que el Takei no estuviera con su melliza, pero igualmente aceptó la invitación. El médico lo guió por el pasillo hasta la cafetería del hospital. Allí, el shinigami sustituto logró ver claramente a sus dos compañeras, quienes estaban inusualmente tranquilas. Y no es que nunca se les viera tranquilas, ¡Pero vamos! Eran Takada Yumi y Takei Kazumi, quienes se pasaban el día discutiendo, más que él y Renji. Decidió ignorar el detalle, ya les preguntaría por qué la cara seria. Fijó su vista en la comida que estaba sobre la mesa. Había un plato con sushi, después uno de okonomiyakis y ramen, además de las bebidas. Ambos chicos se acercaron a la mesa.
—¿Ya entregaste el informe? —cuestionó Ichigo.
—Me encontré a Dai—sensei de camino, me hizo el favor de entregarlo —respondió la pelirroja, bebiendo de su zumo.
—¡Hay sushi de wasabi! ¿Ves que somos considerados, Ichigo? —el Takei se sentó en la mesa, junto a su hermana. Ichigo lo imitó, para cerrar el círculo.
—¿Puedo saber por qué tan serias?
—¡Hey! ¿Una no puede estar tranquila un rato?
El chico de cabellera anaranjada alzó una ceja ante el comentario de Takada. La chica bufó al verse descubierta, y se quedó en silencio. Al parecer el ambiente también la había afectado, puesto que Yumi era siempre la que sacaba palabras de sus compañeros. Antes de que Ichigo se frustrara porque nadie le explicaba la situación, Kazumi dejó su refresco a un lado y juntó sus manos, dispuesta a aclarar las dudas del chico.
—Digamos que la extraña muerte del hombre que atendimos en urgencia nos dejó atontados.
—Ah, pues… Supongo que se encargarán de investigarlo —el shinigami sustituto se llevó una mano tras la cabeza.
—Ishida-san trasladó el cuerpo al hospital de su padre, no tenemos como saberlo —después de mucho rato en silencio, la Takada decidió participar en la conversación.
—Además…Yumi está preocupada por otro asunto.
Ambos chicos alzaron una ceja ante lo dicho por Kazumi. Simultáneamente los tres miraron a la pelirroja, quién estaba con la mirada ida. Cerró los ojos, mientras jugaba con el zumo. Buscando con qué palabras empezar.
—Soñé con mi hermano.
No hablaron. Los tres sabían que ese era un tema difícil para la Takada. De alguna manera, admiraban a la chica, por su energía. Yumi había sido maltratada por sus padres, quienes a pesar de estar en buen estatus social, se odiaban a muerte. Y solo habían seguido juntos para mantener su economía y dar la apariencia de una familia respetable, junto con sus dos hijos. El hermano de Yumi siempre la había defendido. Sobre todo cuando sus padres se volvían más agresivos y alzaban la mano. Era ahí cuando el chico salía a defender a su hermana. Por ello el maltrato de la pelirroja nunca llegó más allá del psicológico. A los quince años, cuando sus padres fallecieron en un incendio, provocado accidentalmente por ambos adultos en una pelea, Yumi no sintió tristeza. Estaba aliviada de que su hermano no sería dañado más por su culpa. Pero la alegría no le duró mucho. Tres años después su hermano murió producto del maltrato acumulado, su corazón estaba débil y solo aguantó hasta que la chica entró a la universidad. Fue por ello que la Takada decidió estudiar medicina.
—Mi hermano estaba frente a mí, me estaba advirtiendo sobre algo… pero de pronto… se comenzó a alejar… y en el otro extremo vi dos figuras, no logré verlas claramente pero distinguí a una mujer de cabello corto y un hombre mucho más alto que ella con el cabello desordenado, ambos llevaban vestimentas oscuras.
Los oyentes no apresuraron a la chica, dejaron que hablara a su tiempo. La pelirroja tomó un sorbo del zumo y lanzó un suspiro, para continuar.
—Mi hermano se fue con ellos… intenté seguirlo pero dos espadas me lo impidieron… no me atreví a mirar hacia los lados, así que no sé como lucían… pero escuche claramente como una voz burlona de un hombre me decía "¿Nos prestas a tu hermano?"… yo me quedé paralizada… lo último que recuerdo es que una extraña figura con una máscara de hueso se ponía en frente mío y me apuntaba con una espada… antes de despertar logré escuchar como mi hermano gritaba desesperadamente mi nombre.
A Ichigo le recorrió un escalofrío la espalda. De acuerdo, clasificaba a "la extraña figura con una máscara de hueso" como un Hollow, no había duda. Y las figuras de las que habló la chica, ¡Podrían ser shinigamis! El chico hizo una mueca. ¿Por qué tenían que involucrar a Takada en esto? O acaso era que, ¿La chica estaba más involucrada de lo que creía? Sea lo que sea no le importaba. No iba a quedarse de brazos cruzados mientras un amigo sufría. Y sobre todo porque, lo más probable, es que él tuviera algo de culpa.
Por suerte la actriz de cabellera anaranjada siempre hablaba en tono bajo, nunca se le escuchaba alzando la voz. Y es por esa misma razón que solo Hatori era testigo del temperamento enfadado de Makoto. Y mejor que fuera así, ya que ver a la chica enfadada no era una experiencia agradable. Su compañera, al ver que no recibiría respuesta inmediata, decidió presionarlo.
—Algo anda mal con Rukia, puedo sentirlo.
—Quizás solo son asuntos personales.
Hatori no dejaba su cara de sorpresa. Y si la chica seguía sin una buena respuesta, pronto estaría roja de ira. Por fortuna, la rubia salvó al ojiazul de un posible arranque de furia, y mandó a todos a sus lugares.
—¡Empezamos por la escena del reencuentro! ¡Hatori y Makoto a maquillaje y vestuario! —ordenó la directora, para después dirigirse a los protagonistas— ¡Rukia, Takashi, al escenario!
Ambos mencionados ya estaban vestidos. La pelinegra llevaba un kimono muy elegante y el pelo recogido, después de todo hacía el papel de una chica de la nobleza, personaje que le quedaba muy bien, debido a sus facciones finas. El chico castaño a su lado llevaba una ropa de samurai, le habían puesto una extensión a su cabello desordenado, y caía atado en una coleta alta. Los actores se dirigieron al escenario, que daba la idea del interior de una antigua casa japonesa. Rukia se sentó junto a una ventana y Takashi quedó fuera del escenario, esperando su turno de entrada.
—¡Bien! ¡Acción!
Ante la orden de Misato comenzó la grabación. Rukia estaba con una cara melancólica, apoyada con sus manos en el marco de la ventana. Cuando por la puerta entraron Makoto y Hatori, ambos vestidos igual que la morena.
—Keiko-dono, no debería esperar al forastero —habló la chica de ojos púrpura.
—Estamos bajo orden de no salir, no nos puede prohibir mirar por la ventana —Rukia no despegaba la vista de la ventana.
—No soy yo quién se lo prohíbe, el consejo es muy sigiloso.
Rukia no volteó para responderle a la chica. Fue en ese momento en el que Hatori intervino.
—Tomoe, por favor retírese —ante la orden, Makoto se retiró inmediatamente de la escena.
—No vamos a ceder ante nuestras acciones —dijo de pronto la morena, aún sin voltear.
—Yo no le pido eso, Keiko-sama, el samurai será capturado y usted no debería permanecer con esa cara.
—Retírese, primo.
La voz seria de Rukia haría que hasta el propio Kuchiki Byakuya se enorgulleciera. Inmediatamente Hatori abandonó la habitación, y la pelinegra volvió a quedar en el solitario silencio. Fue eso, hasta que entre la ventana se escucharon ruidos en los arbustos. El rostro de la chica se iluminó, abriendo rápidamente la ventana y encontrándose con el castaño. Ayudándole a entrar a la mansión, el chico se apoyó lentamente en la madera del piso.
—Te extrañé mucho —anunció el castaño, acercándose a la chica.
A la morena no le agradó mucho cuando Takashi la agarró posesivamente de la cintura, para acercarla más a su cuerpo, pero siendo la actriz que era, lo supo disimular bastante bien. El samurai se acercó a la pelinegra, mientras ella rodeaba su cuello con sus brazos, como decía el guión. Sin dudar más el castaño la besó con fuerza. Y aún así a Rukia no terminaba de agradarle la sensación, se había sentido más cómoda al besar a Ichigo. Ahora, sentía que en los brazos del samurai se ahogaba. Sí, literalmente la chica se sentía asfixiada. Pero como no podía interrumpirlo, o de lo contrario estaba obligada a repetir el beso, la shinigami aguantó como pudo. Estaba a punto de desmayarse, sino fuera porque el castaño la agarró con más firmeza, ¿Pero qué le pasaba? Era solo un beso. Sin sentimientos, pura actuación. ¿Entonces por qué sentía como si atravesaran su estómago?
La grabación pasó sin ningún otro inconveniente. Mas, Rukia no olvidaba la sensación que tuvo al besar a Takashi. Pero cuando pasaron las horas y tenían que quitarse los kimonos que no los dejaban desenvolverse tranquilamente, la pelinegra concluyó que había sido producto de la pesada vestimenta, puesto que no acostumbraba a cargarla, también agregó el trago que le había ofrecido Hatori. Así que, más tranquila, lanzó un suspiro.
—¡Hay que celebrar una buena grabación! —animó el castaño, para después pasar un brazo alrededor de la morena— ¿Cierto, Rukia-chan?
La chica frunció el ceño ante la libertad que se tomaba Takashi. Quizás Ichigo tuviera razón, ahora el chico estaría más posesivo con ella. Genial, lo que le faltaba. Y cuando la shinigami vio como el castaño la liberaba de su agarre y buscaba unas botellas, rodó los ojos. ¿Qué acaso querían que llegara borracha donde Inoue? Tenía que buscarse una escusa, rápido. Por fortuna no hizo falta, su celular sonó, anunciando la llegada de un mensaje. ¡Pero qué oportuno había sido Ichigo! Debía ser la dirección a la casa de Inoue, y su escusa perfecta para no terminar bebiendo.
—Disculpen, pero yo me retiro, tengo que ir a la casa de una amiga —la morena alzó su celular para anunciar que llevaba prisa.
—Nooo, ¡Rukia-chan!
La chica sonrió nerviosa ante la actitud del castaño, sobre todo cuando el chico cogió una botella y llenó un vaso, para posteriormente acercarse a la shinigami.
—¡Al menos prueba un trago! —propuso el chico, para después llevar el vaso a la boca de la chica y hacer prácticamente que se tragara casi la mitad del contenido— ¿Ves? ¿A que no es fuerte?
Como respuesta la morena alejó el vaso con aquél contenido y seguidamente tapó su boca e inclinó su cuerpo levemente hacia adelante. Esto provocó que Takashi mirara preocupado a la chica y los demás reaccionaran, Misato se agachó a la altura de la shinigami, y Hatori miraba fulminante al castaño. Makoto fue la única que se percató de la situación.
—¡Koizumi, idiota! —la chica alzó medianamente la voz, lo permitido en ella, captando la atención de los presentes— ¡Eso era sake!
Todos palidecieron. Supuestamente el sake debía tomarse a sorbo y de a mínimas cantidades. ¡Y el imbécil de Takashi le daba la mitad de un vaso! Y para peor, había hecho que la pelinegra lo tragara de golpe. Un aura asesina se sintió por todo el estudio, llegando incluso a asustar a los camarógrafos. El castaño tembló al ver que la rubia se acercaba peligrosamente a él, tronando sus dedos.
—¡Estoy bien! —se escuchó decir a la morena, ante una preocupada Makoto.
Rukia ya se encontraba erguida, tambaleándose de vez en cuando y con las mejillas sonrojadas. Al castaño no le agradó para nada que la shinigami se sujetara de Hatori para no caerse. Y lo dejó bien en claro cuando se acercó, serio, a la pelinegra y la cogió de un brazo. Pero inmediatamente la chica se soltó del agarre, e intentando no caerse puso su mano entre Takashi y ella.
—Nooo, si te acercas mucho a mí, Ichigo se pondrá celoso —balbuceó la chica de corta estatura, paralizando a su compañero.
—¿Ichigo? —tartamudeó, para después su rostro ser remplazado por pura ira— ¿¡Quién mierda es Ichigo!
Todos notaron la tensión que se estaba formando en el ambiente. Misato solo había oído hablar del nombrado, y lo había clasificado como el novio de Rukia, por ello prefirió no intervenir. No así con Hatori, quién ya se estaba hartando de la actitud del chico.
—Koizumi. Si Rukia está diciendo eso, viene siendo tu pura culpa, tú fuiste quién la emborrachó.
El rostro del castaño cambió radicalmente a uno de perro degollado, no es que entendiera perfectamente lo que le había querido decir el rubio, pero bastó con escuchar tú culpa y Takashi cambió la cara. Hasta se podría jurar que se veía al chico en un rincón haciendo circulitos en el piso.
—¿No tenías que ir a algún lado, Rukia? —comentó Misato, mientras el castaño seguía con semblante deprimido.
—¡Ah! ¡Cierto!
La shinigami alzó su celular y mostró a todos el mensaje donde salía la dirección a la que tenía que ir. Makoto fue la que vio con mayor claridad el mensaje, ya que era la más cercana a la morena. La actriz miró a Hatori, y el chico comprendió inmediatamente las intenciones de su compañera.
—Te llevamos, la limosina esta abajo.
Y entre las quejas de la pelinegra, que decía que podía caminar sola, entre Hatori y Makoto llevaron a la chica hasta la puerta. El castaño, al darse cuenta de que se iban, reaccionó.
—¡Rukia-chan! ¡Espera! ¿¡Quién es Ichigo!
Eso fue lo último que escuchó la menor de los Kuchiki, antes de ser ayudada por sus compañeros a mantenerse de pie en el ascensor. Su cabeza le daba vueltas, y solo tenía claro que debía llegar hasta la casa de Inoue, sino cierto shinigami se preocuparía. A penas el ascensor se detuvo, fue arrastrada hasta la limosina. Dentro, Hatori dio la dirección al chofer y el vehículo comenzó a andar.
Rukia observaba el enorme espacio que ahí había, y pudo distinguir que su compañera de trabajo estaba moliendo algo y tenía varias botellas a su lado. Hatori solo sujetaba su cabeza con una mano, y vigilaba que Rukia no se desmayara ahí mismo. La morena logró percibir un olor demasiado fuerte para su gusto, provenía de lo que estaba moliendo Makoto. La chica terminó con su tarea y la vertió en un vaso. Seguidamente, miró a la pelinegra.
—Toma —le entregó el vaso.
—Es un remedio casero, disminuirá el efecto del alcohol —aclaró el rubio, logrando que la shinigami se atreviera a tomar el vaso.
Parecía que el líquido tenía efecto secundario, pues inmediatamente de beberse el contenido Rukia cayó dormida. Hatori alcanzó el vaso antes de que se estrellara contra el piso. Mientras, la chica de cabello largo no dejaba de ver preocupada a la durmiente.
—Quizás lo que percibiste fue su borrachera —comentó su acompañante, logrando que Makoto soltara una sonrisa aliviada.
—
Ya se comenzaba a captar movimiento en una casa con toques orientales. Ichigo no hace mucho había llegado hasta la casa de Inoue, viendo a la chica con un vestido negro de tirantes hasta la rodilla, con una bufanda y botas a juego. Ishida también estaba presente con un traje azul grisáceo. Al parecer venían recién saliendo de sus respectivos trabajos. Sado, Tatsuki, Mizuiro, Keigo, Chizuru, todos estaban presentes. Así que más que reunión parecía fiesta. Se había enterado que Chad entró en la policía y Tatsuki estaba metida en negocios de deportes.
La mayoría de los allí presentes ya habían tomado más de un vaso de trago. Kurosaki, ante la insistencia de Inoue, tomó uno pequeño. El chico se encontraba hablando con Sado e Ishida, quienes eran los más sobrios. Keigo estaba a tal extremo de borracho que estaba ligando con Chizuru y viceversa. Tatsuki era otra que estaba cuerda, e intentaba apoyar a su ebria amiga para acercarse al shinigami. Mizuiro estaba llamando por celular, posiblemente quedando con alguna cita.
—¿Cuándo dijiste que vendría Kuchiki-san? —cuestionó el chico de lentes.
—Tenía ensayo hasta tarde, supongo que vendrá a eso de las diez.
—¿Y no fuiste a recogerla? —reprendió el quincy.
Ichigo se encogió de hombros. Sado se mantenía callado, viendo atentamente como sus antiguos compañeros de instituto hablaban. Su atención se desvió a un Keigo que miraba embobado la ventana.
—Ah —articuló el Yasutora, señalando al chico.
Tanto Ishida como Kurosaki miraron en dirección que señalaba su amigo. Tatsuki, curiosa, se acercó al centro de atención del Asano.
—Hay una limosina frente a la casa, se bajan dos mujeres y un hombre.
Todos quedaron extrañados, y ninguno se quedó atrás, apresurados para ver el panorama de afuera. Precisamente, una elegante limosina donde bajaban tres personas, que se le hicieron terriblemente familiares al shinigami. Asano estaba embobado viendo a la elegante mujer de cabellera ondulada y anaranjada. El hombre de cabellera rubia llevaba apoyada en su hombro a una chica pelinegra, mientras la mujer de ondulado cabello a su lado caminaba con parsimonia, viendo constantemente a la chica a su lado.
Cuando se perdieron de vista, inmediatamente sonó el timbre. Ishida se encargó de abrir, al ver el estado de ebriedad en la anfitriona. A penas abrió todos pudieron ver claramente a los recién llegados. Inoue no pudo evitar sonrojarse al ver al rubio, mientras Keigo y Chizuru miraban a la chica de cabellos anaranjados sin pestañar. A los más sobrios les extrañó la tercera persona que era sostenida por el ojiazul. El único en reaccionar fue Ichigo.
—¡Rukia!
Fue ahí cuando los presentes se dieron cuenta de la chica.
—¡Les dije que estaba bien! —la pelinegra intentó zafarse de las manos de Hatori, lográndolo con éxito de no haber sido porque se tambaleó.
Ichigo miró extrañado a su compañera. Asano ya estaba que se lanzaba a saludar a la shinigami, pero la voz de Makoto lo detuvo.
—Koizumi la emborrachó.
—¿¡QUÉ! —el rostro de Kurosaki era de pura ira.
—El idiota le dio medio vaso de sake pensando en que era un trago suave —explicó Hatori.
Pero ni eso logró que el rostro del shinigami sustituto se relajara. Los demás ni idea tenían de lo que ahí ocurría. Asano estaba discutiendo con Chizuru, aclarando que él sería el primero en hablarle a Makoto, bajo la fulminante mirada del rubio. Mientras Inoue tenía las mejillas sonrojadas, no sabría decirse si por efecto del alcohol o por el chico que se encontraba en la puerta.
—Le bajamos los efectos del alcohol, ya no se tambalea, pero... —la chica de cabellera ondulada no terminó la frase, y miró por el rabillo del ojo a la morena.
Los presentes adivinaron lo que quería decir por la acción de la pelinegra. Unos se sorprendieron, algunos alzaron una ceja y otros fruncieron el ceño, como fue el caso de Ichigo. Rukia se había colgado al cuello del rubio con una boba sonrisa.
—¿Sabías cuanto te quiero, Hatori? —exclamó la chica, restregando su rostro en el hombro del chico.
—Parece que tiene efectos secundarios —comentó el ojiazul, mirando a la chica en su hombro— Está más cariñosa.
—De eso me di cuenta —murmuró el shinigami.
—¿Quieren quedarse? —ofreció Ishida.
Tanto el rubio como su compañera se miraron fijamente, como buscando a opinión del otro. Luego miraron a Rukia, quién todavía no se soltaba del brazo de su compañero. Para después mirar a Kurosaki frente a ellos.
—Tenemos asuntos que atender, pero gracias —se disculpó el ojiazul, recuperando su brazo.
La shinigami parpadeó, perdida, quizás debido a la facilidad con la que el chico se había soltado de su agarre. Fue hasta que Makoto se acercó a ella, que la morena se dio cuenta que sus compañeros se retiraban. Sintió una mano sobre su frente. Al parecer su compañera revisaba si solo era borrachera lo que tenía.
—Te cuidas mucho —pidió a la pelinegra, pero al ver que ésta le miraba perdida, se dirigió a Ichigo— Cuídala, Kurosaki-san.
El shinigami sustituto tan solo asintió. Para después ser el turno del rubio de despedirse de la morena. Hatori levantó una mano y la posó en la cabeza de Rukia, desordenando su cabello en el proceso.
—Nos vemos.
Ambos se estaban retirando, frente a una extrañada Rukia, quien tenía una mano en la cabeza después de la despedida del rubio. Cuando pensaron que los compañeros de la Kuchiki menor se retiraban, la chica de cabello ondulado se detuvo. La actriz se volteó y caminó nuevamente directo hacia la pelinegra, mientras se tocaba la muñeca. Cuando estuvo a una distancia prudente sacó de su muñeca una pulsera.
—Rukia —llamó Makoto, tomando la mano de la shinigami para colocarle la pulsera en la mano izquierda— Quiero que la conserves.
—Pero…
La morena se quedó a la mitad de su frase, puesto que la chica hizo una pequeña reverencia y se marchó junto a Hatori, dejando a Rukia con la palabra en la boca. Fijó su vista en el objeto recién entregado. Era de un color blanco puro y era del mismo ancho que sus dedos. Era bonita. Sencilla, pero bonita.
—¡Bienvenida, Kuchik-san! —soltó de pronto la anfitriona.
Con eso todos reaccionaron. Y la anterior visita había quedado atrás, concentrándose en la invitada. Keigo se lanzó sobre la chica y ésta solo se movió un paso hacia un lado, logrando que Asano pasara de largo, pero provocando que la pelinegra se tambaleara levemente. Orihime fue a buscar a su amiga que seguía parada frente a la puerta, para arrastrarla junto a ella y Tatsuki.
Ichigo había vuelto a la mesa en la que estaba anteriormente con Ishida y Chad. El quincy en ese momento se ajustaba sus lentes mientras el mexicano seguía con su cara de seriedad-indiferencia. El peliazul miró atentamente a Kurosaki.
—¿Conoces a los de antes? —interrogó Uryuu.
—Son compañeros del trabajo de Rukia.
El chico se volvió a ajustar sus lentes y miró con el ceño fruncido a Kurosaki.
—No me digas que no lo notaste.
—¿El qué?
Ishida llevó una mano hasta su frente ante el despiste del chico. Y antes de que le gritara al sustituto, Sado intervino.
—La chica de antes tenía reiatsu.
—Y solo se percibió hasta que se quitó la pulsera… que ahora lleva Kuchiki-san.
Ichigo abrió los ojos con sorpresa. ¿¡Qué pasaba aquí! ¿Por qué de repente todos tenían reiatsu? Eso ya no era culpa suya, desde no hace mucho conocía a la actriz. ¡Su reiatsu no podía haber influido en ella! Y acaso... ¿Rukia estaría enterada? Su compañera shinigami era la que pasaba más tiempo con la chica. Espera un momento. Ishida mencionó algo sobre una pulsera.
—¿Qué quieres decir?
—La pulsera puede ser un instrumento para camuflar el reiatsu… o absorberlo, tenemos que quitársela a Kuchiki-san de inmediato.
—No se dejará —sentenció el chico, de brazos cruzados.
—Por eso se la quitarás tú.
Ahora sí, Ishida se había vuelto loco. Eso fue lo que pensó Ichigo. De lo contrario, no encontraba escusa alguna para que el quincy estuviera diciendo tanta estupidez junta. No podía simplemente arrancarle el objeto, la morena se daría cuenta. Y no solo eso, la pulsera no tenía cadena, con mayor razón la shinigami lo notaría. Otra opción era quitársela cuando dormía, pero la chica tenía el sueño ligero. Opción descartada. Aunque… también podía intentar quitársela cuando se la sacara para darse una ducha. Un sonrojo adornó las mejillas del shinigami sustituto, que por su suerte, Ishida y Chad ignoraron.
El sonido del timbre llamó la atención en los presentes. Nuevamente el quincy dejó su lugar en la mesa y se dispuso a atender. Inoue ahora estaba concentrada en atarear de preguntas a la actriz. El peliazul abrió la puerta, y cuál fue su sorpresa al encontrarse detrás de ella a una mujer de notoria delantera. Pero no solo a ella. Detrás estaban tres de sus antiguas compañeras de instituto, más tres shinigamis ya conocidos.
—¡Orihime! —exclamó Rangiku, apenas entrar, pasando de largo al quincy.
La nombrada reaccionó igual que la mujer. Ante la emoción Matsumoto estrujó a la chica. Mientras ésta sonreía feliz.
Más atrás se encontraban Renji, Ikkaku y Yumichika. Ishida los invitó a pasar, al igual que Ryou, Mahana y Michiru. La chica de lentes corrió para recibir a sus amigas. Tatsuki y Rukia también se acercaron, a excepción de Inoue, quién seguía bajo el abrazo de Rangiku. Las recién llegadas traían bolsas con algunas botellas.
—Trajimos algo de beber —anunció la pelinegra de cabello largo.
Los chicos se acercaron a la mesa donde estaba Ichigo, Chad y nuevamente se estaba uniendo Ishida. El pelirrojo tenía la vista clavada en su amiga pelinegra. Probablemente debido al leve sonrojo en las mejillas de la chica, y al hecho de que se tambaleaba de vez en cuando.
—Oe, Ichigo, ¿Qué le pasa a Rukia?
—La emborrachó un compañero suyo —pareciera que el shinigami sustituto lo dijo con veneno en su voz— Y no te acerques a ella.
Renji ya le iba a reclamar. No tenía ningún derecho a prohibirle acercarse a su amiga. Pero pronto entendió a qué se refería el chico, cuando Rukia, después de gritar su nombre como si fuera la primera vez desde muchos años que lo veía, se lanzó sobre él en un fuerte abrazo. Lo que provocó que el Abarai se pusiera nervioso. Puesto que la chica llevaba una falda más arriba de la rodilla, con una polera de tirantes demasiado a pegada a su cuerpo y que acentuaba su delantera, y debido al enérgico abrazo un tirante amenazaba con caerse por su hombro. Y la morena se había adherido al brazo del pelirrojo.
—Hmp —bufó Kurosaki, ante la reacción del chico.
—¡Hay que poner música! ¡Tenemos que animar esto! —comentó de pronto Mahana.
Y fue ahí cuando Ichigo supo que la reunión definitivamente se había transformado en fiesta. Y aún quedaba el resto de la noche.
Ojojojoj, que será lo que le entrego Makoto a Rukia... el próximo capitulo se viene bueno, a ver qué les parece xD criticas, de todo ;D les adelantare que lo que se viene en el próximo capitulo era esencial para la redacción del fic xD espero que no se me pasara la mano... o.o
En el próximo capítulo...
Confesiones.
El chico detuvo por completo el camino de besos que llevaba por el rostro de la morena. Con la mano que antes estaba posada en el cuello de la chica, la agarró firmemente del rostro, mirándola directo a los ojos. Notó como la pelinegra desviaba su mirada, con una cara que no le agradó para nada al shinigami. Despacio, alzó el rostro de la chica hasta que sus ojos quedaron a la misma altura.
—¿Te crees que te beso porque no me gusta?
-
Desvió su vista, para encontrarse a la chica con los ojos cerrados. Le estaba besando. Y a Kurosaki no le agradó mucho el contacto, puesto que se separó rápidamente.
—¿Qué haces?
Ya en serio, pienso seriamente que se me anduvo pasando la mano xD ¿No ha quedado claro con el preview? Pues yo le digo, ¡El siguiente capítulo estará enfocado en Ichigo y Rukia! ¿Qué quiero decir? IchiRuki a full! Prepárense que se viene ojojojo bueno, les dejo una ficha para alivianar la cosa...
Nombre: Tomoda Makoto
25 años
Cabello: Largo, ondulado y anarajado
Ojos: Púrpura
Es una chica muy seria. La razón de ello es que la chica es huérfana, encerrándose en su mundo cuando sus padres murieron, cuando ella tenía dieciséis años. Desde entonces se las arregló sola. Pareciera que es una chica de la alta sociedad, por sus facciones finas y delicadas. Siempre anda con Hatori, y la mayoría de escenas las actúa con él. Es una chica bastante reservada y no habla mucho con el elenco, a no ser que sea Hatori, y de vez en cuando Rukia.
Le gustan las zanahorias y odia a las personas escandalosas, razón por la cuál no se lleva bien con Takashi.
