Ku ku ku quizás como quede esto, ahora sique necesito reviews porque estoy demasiado insegura con este cap bueno, primero agradecimientos
Eva Vidal: Ajajaj noo si no es por complacerte, en serio que tenía planeado esto desde el principio, tenía que justificar lo que se viene más adelante, pero creo que se me fue la mano xD y no sabes cuánta razón tienes o.o pero mejor que se queden con la duda, para eso tan los preview, para que se metan en la historia! ;D y de paso para obligarme a seguir escribiendo mira que es demasiado difícil enlazar mis ideas O
Uchiha Katze: Sí! vamos Ichi que tu puedes xD ahora veremos que pasara con Takashi porque bien dudo que se lo tome jajaja bueno aquí te dejo el capitulo esperado, espero te guste, y criticas bienvenidas no mas
Beatifull Madness: Pues mira que espero no enredarte cuando vaya aclarando las dudas :D por ahora les dejo un pequeño descanso de la trama aunque igual tiene que ver, ojo xD a ver si te gusta. Me costó demasiado escribirlo, pero tenía que hacerlo, sino me pillan los días
bueno, vamos a ver quién es el más ebrio ajajaja xD y no te preocupes, que cuando leí la historia más de alguna risa me saco xD pero con el tiempo dividido y la inspiración que intento mantener no he tenido tiempo, pero lo tendré! muajajaja
los gigais, pues si lees entre líneas y te esperas... hasta el prox cap quedaras aturdida xD
akitha: jajaja vieras tu, si hasta yo me enredo con la historia, de más que en algún momento se me va un detalle y dejo la embarrada o.o y siii Hatori o primeramente lo tenía imaginado físicamente como Aidou, de vampire knight pero después se me fue modificando y hasta yo quede babosa xD
Advertencia: Este capítulo puede contener escenas un tanto inapropiadas, vamos que se me fue la mano ¬¬ contiene lemon
Bien! a leer!
Confesiones
Ichigo ya no daba más. Después de la fantástica idea de Mahana para animar la fiesta, todos estaban bailando menos Chad, Ikkaku y el propio Ichigo. ¿La razón? Pues, Ishida la había clasificado en silencio como que el shinigami sustituto se moría de celos. Y quizás se debía a que desde la llegada de Renji, Rukia no se había despegado de él. Es más, incluso estaban bailando juntos. Demasiado juntos para su gusto. Espera un momento. Era su idea o... la mano del pelirrojo estaba demasiado cerca de la cadera de Rukia. No. No era su idea. Renji tenía la mano en la cadera de la pelinegra. Sumándole a eso que el Abarai anteriormente había bebido uno o seis vasos de no sé qué cosa. El shinigami sustituto ya iba a intervenir.
—Kurosaki-kun.
El chico volteó. Encontrándose a Inoue frente a él. Se le notaba nerviosa, puesto que jugaba con sus manos. Pero él en ese momento lo único que quería era alejar al pelirrojo de la shinigami. Ichigo era el único con derecho para tocar a la morena. Que se joda Renji, y de paso Takashi.
—Ehh… ¿Quieres bailar?
Kurosaki miró parpadeando a la modelo. Y quizás era por efecto del alcohol, ya que Ichigo se estuvo desquitando de tanto ver como el pelirrojo bailaba con la actriz y se tomó varios vasos, pero pensó que tal vez no era mala idea. Bien, no le gustaba bailar pero tenía que hallar la manera de separar a ambos shinigamis antes de volverse loco. Nuevamente observó a la chica frente a él. Valía la pena intentarlo.
—Claro.
El chico ni cuenta se dio del rostro de ilusión y emoción que reflejó Orihime en ese momento.
Se dirigieron a la pista de baile. El chico veía como la morena reía alegremente por algo que le decía Abarai. Frunció el ceño. Ahora si que tenía que separar a ese par. Estaba tan metido observando a la pareja que no notó cuando Inoue rodeó su cuello con sus brazos. Ahí recién volteó para ver a la chica. No sabía por qué, pero el contacto con su amiga no le era tan gratificante como cuando abrazaba a la pelinegra… o la besaba.
—Kurosaki-kun.
¿Acaso era todo lo que sabía decir la chica? Cada minuto la escuchaba balbucear su nombre. Y eso ya era exasperante. Si seguía así le gastaría el apellido. Mejor sería ignorar a su compañera de baile para dedicarse a lo que estaba haciendo desde que estaba sentado en la mesa, mientras Orihime hablaba de algo que el chico no se daba por enterado. Pero lo que vio no le agradó demasiado. Al parecer Renji había tomado más confianza, puesto que tenía a la shinigami enredada en sus brazos. Rukia estaba con las manos apoyada en su pecho intentando, según Ichigo, separarse del pelirrojo. Y su rostro ya no estaba tan animado como antes, parecía que la chica fruncía más el ceño con forme avanzaba el baile.
—Por eso… mis sentimientos no han cambiado y…
Ahí fue cuando el joven reaccionó. ¿De qué le estaba hablando Inoue? Sentimientos, sentimientos… No. No tenía la más mínima idea. Pero por algún motivo no le agradaba. Antes de que la chica siguiera con su discurso, la música se detuvo. Y fue entonces cuando Ichigo recordó la situación de la pelinegra y volteó rápidamente. Suspiró aliviado. Ambos shinigamis ya no estaban juntos. Es más, Rukia había vuelto a la mesa de brazos cruzados y el ceño fruncido, mientras que Renji estaba hablando con Ikkaku en otra mesa más alejada, para alegría de Kurosaki. Parecía que la fase cariñosa de Rukia se había esfumado.
—¿Te parece si descansamos un rato? —propuso el chico a su compañera. Tenía la urgencia de hablar con la morena.
—¡Claro, Kurosaki-kun!
El shinigami sustituto tomó un camino distinto al de la chica. Orihime se dirigió donde se encontraba Tatsuki para comunicarle su avance con el joven. Mientras Ichigo, se había acercado a la mesa donde estaba la actriz. Se sentó en una silla junto a ella y miró atentamente su rostro enfadado, acercándose más a ella que lo usual, captando así su atención.
—¿Qué te ocurre ahora, Rukia?
—Nada.
Ichigo rodó los ojos. ¿Esperaba que le creyera eso? ¿Cuando podía apreciar su rostro de claro enfado? Obviamente el chico sabía que a Rukia algo le había ocurrido. Y como siempre tendría que sacárselo a su manera. Para fortuna de Kurosaki, el lugar estaba a oscuras, iluminado únicamente por algunas luces de disco. Tenía que agregar, que ambos estaban de espaldas a todos los presentes. El chico sonrió, travieso. Quizás fuera producto de los tragos que había tomado, o tal vez no, pero a quién le importaba.
La pelinegra soltó un respingo al notar una mano intrusa bajo su polera, recorriendo su espalda. Para pronto sentir unos labios devorando su cuello con suma insistencia, recorriendo desde su clavícula hasta su oreja. Era Ichigo, no sabía si era para enterarse de su enfado o por mera diversión del chico. Lo que sabía era que la otra mano del shinigami estaba entretenida jugando con sus piernas, ascendiendo. Rukia ahogó un gemido cuando sintió aquella mano adentrándose en su falda. Notó claramente como Ichigo sonrió contra se oreja. La shinigami decidió no quedarse de brazos cruzados y cogió al chico del pelo, alejándolo de su oreja, para luego besarlo con fuerza. Ichigo no se hizo de rogar y entreabrió su boca para profundizar el beso.
¿Qué diablos estaba pasando? Rukia no tenía idea. A pesar de que la borrachera se le había calmado un poco y estaba más cuerda que antes, cada vez que el shinigami sustituto la besaba, no podía evitar responderle. Y el chico parecía tomar provecho de la situación. Siempre había sido así. Pero ahora Kurosaki le estaba besando en público, algo que siempre dejaba para cuando ambos se encontraban solos, en el departamento. Y la morena sentía cosquillas en su estómago.
—Me… —articuló el chico, contra la boca de la morena— ¿Me lo dirás?
La actriz solo desvió la mirada. Pero Ichigo no se daría por vencido. Sin importarle si eran vistos por alguien, tomó a la shinigami de su espalda, con la mano bajo su polera, y con la otra mano sujetó su cuello para besarla con más intensidad, logrando que la pelinegra ladeara su cabeza hacia atrás con un leve gemido, cerrando los ojos en el proceso.
—Renji me dijo…
El shinigami sustituto detuvo su concentración en el cuello de la morena y comenzó a dar un camino de besos por su mejilla. Incitándola a continuar. Pero la pelinegra calló. Ichigo frunció el ceño y su mano que se encontraba en la espalda de la chica, subió hasta rozar uno de sus pechos, levantando la polera en el proceso. Ante eso Rukia decidió que era mejor soltar todo antes que alguien los viera.
—Dijo que tú eras como cualquier otro hombre… —murmuró la shinigami, pero el joven estaba lo suficientemente cerca para escucharla— Ibas detrás de la que te ofreciera… más…
El chico detuvo por completo el camino de besos que llevaba por el rostro de la morena. Con la mano que antes estaba posada en el cuello de la chica, la agarró firmemente del rostro, mirándola directo a los ojos. Notó como la pelinegra desviaba su mirada, con una cara que no le agradó para nada al joven. Despacio, alzó el rostro de la chica hasta que sus ojos quedaron a la misma altura.
—¿Te crees que te beso porque no me gusta? —Kurosaki pronunció las palabras tan cerca de sus labios que alcanzaron a rozarse.
—Pero… Inoue podría…
—Tú no eres como Inoue —ante lo dicho, Rukia le miró decepcionada— Por eso me gustas.
La shinigami no tuvo tiempo de objetar, el chico nuevamente la besaba con fuerza. Una fuerza demandante que obligaba a la morena a responder de la misma forma. Enredó sus manos en el cabello anaranjado, mientras Ichigo dirigía una mano nuevamente bajo su falda. Rukia entreabrió su boca ante la acción, dando paso para que Kurosaki explorara libremente dentro de ella. Acto que él no dudó en aprovechar, encontrando una cálida bienvenida y saboreando todo a su paso, provocando que sus lenguas se enredaran en una batalla sin ganador.
—Kurosaki.
Tiempo record. Ante la voz de Ishida, ambos shinigamis se separaron como si el solo contacto de su piel les quemara. Rukia tenía un leve sonrojo que era bien ocultado por la oscuridad del lugar. Ichigo estaba avergonzado, pero más que rojo por ello, era de furia por la interrupción del peliazul.
—¿Me concede un baile, Kuchiki-san?
Ambos parpadearon. Y quizás era porque la morena aún estaba aturdida por la repentina separación, pero aceptó la invitación del quincy, dejando a un malhumorado Kurosaki.
Ichigo vio sin perder detalle como la pelinegra, que antes estaba en sus brazos, era arrastrada por el chico de lentes hasta el lugar donde todos se hallaban bailando. Por suerte la canción era algo rápida, por lo que el quincy no tuvo que acercarse mucho a la chica. Notó como Uryuu le decía algo a la morena y ella balbuceaba. De brazos cruzados, el shinigami sustituto tomó lo primero que estaba a mano. Un vaso de trago.
Cuando Orihime encontró al chico, éste estaba más concentrado tomando un par de tragos y mirando por el rabillo del ojo a la pareja, la música había bajado el ritmo, y a pesar de que el quincy estaba lo suficientemente alejado de la shinigami, Ichigo no despegaba su mirada.
—Kurosaki-kun…
El chico fijó su vista en la chica.
—¿Qué? ¿Quieres bailar?
A Inoue no pasó desapercibida la forma de hablar del chico. Estaba borracho. Pero aún así, no lo detuvo cuando éste la arrastró hasta, la que se había convertido en la pista de baile. Kurosaki guió a la chica hasta quedar tras la pareja que anteriormente era vigilada, de tal forma que Ichigo tuviera vista panorámica de las acciones del quincy y Rukia, al estar de espaldas a ellos ni se enteraría. Su atención se vio interrumpida al sentir un par de brazos rodeando su cuello.
—Eh… así se bailan este tipo de canciones —se justificó su compañera de baile.
—Hmp.
Le importaba bien poco a Ichigo como se bailaran esas canciones, su prioridad era que el peliazul mantuviera alejadas sus manos de la shinigami. Fue por eso que se concentró solo en ver como Ishida miraba atentamente a la actriz y le preguntaba algo, mientras la chica se apoyaba en él. Y no notó el acercamiento de Orihime hasta que sintió algo contra sus labios. Desvió su vista, para encontrarse a la chica con los ojos cerrados. Le estaba besando. Y a Kurosaki no le agradó mucho el contacto, puesto que se separó rápidamente.
—¿Qué haces?
Inoue le miró decepcionada ante esa reacción. Le iba a explicar al chico sus sentimientos. Estaba dispuesta a ello. Pero la pareja continua a ellos atrajo su atención. Ishida y Rukia. No era que ambos se encontraran en una situación comprometedora o algo por el estilo, sino que la chica había empujado al chico de lentes y había salido huyendo de la sala, hacia el pasillo. Y lo que más inquietó a Ichigo, fue que el quincy estaba con rostro preocupado. Sin pensárselo dos veces, salió en la misma dirección que la pelinegra. Dejando a una Orihime con la cabeza gacha.
Tatsuki notó en la situación que estaba su amiga, y se acercó a ella, colocando una mano en su hombro, para apoyarla. Por suerte nadie más había notado el suceso. Todos estaban ocupados en otras cosas.
Ichigo aumentó su paso cuando notó que estaba fuera de la vista de todos. ¿Qué era lo que había ocurrido con la morena? ¿Ishida le habría hecho algo? Ese último pensamiento logró que su sangre hirviera. De haber pasado eso, se encargaría que el quincy pagara. No alcanzó a seguir maldiciendo al peliazul. Detuvo su paso al ver a la shinigami apoyada en una pared, agachada y abrazada a sus rodillas con la cabeza oculta en ellas. Sintió como si le tiraran un balde de agua fría. Ver a la pelinegra tan indefensa no le agradaba, sobre todo cuando él no sabía la razón de ello.
—Rukia.
La chica levantó levemente la cabeza a la mención de su nombre. El shinigami sustituto pudo ver en su rostro una mueca de dolor. Rápidamente se agachó a la altura de la morena, para examinarla. Pero la pelinegra se lo impidió, alejándolo de ella.
—Tan solo me sofoqué por el ambiente, no es nada.
Pero su compañero no pareció del todo convencido. Esperó a que la morena se tranquilizara. Respirando lentamente e incorporándose. Y cuando vio que estaba más calmada se dispuso a informarse sobre qué había provocado esa reacción en la shinigami. Se acercó más a la pelinegra hasta quedar frente a ella. Cogió el mechón que pasaba por su rostro y empezó a jugar con él, bajo la atenta mirada de Rukia.
—¿Mejor?
—Si…
La morena notó que el chico se inclinaba sobre ella, apoyando un brazo en la pared. Dejó de jugar con su cabello y se dirigió hasta su oreja. Donde Rukia pudo notar su cálido aliento golpeando contra su oreja.
—Me encantas…
Eso dejó a la chica paralizada. No solo porque la sola frase pronunciada de los labios del chico le produjera escalofríos. ¿Desde cuándo Ichigo era más de palabras que actos? Nunca. Normalmente Kurosaki comenzaba a jugar con ella y nunca se detenía en palabras, normalmente eran ellos los interrumpidos. Fue por eso que se pensó seriamente la posibilidad de que hubiera algo mal con el chico. Y lo comprobó cuando el shinigami sustituto pasó desde su oreja hasta su cuello, para llegar a su boca. Olía a alcohol.
—Ichigo, estás borracho —anunció la pelinegra, sabiendo que lo primero que haría el chico sería negarlo.
—Me importa una mierda.
De acuerdo. Ichigo era una caja de sorpresas. Eso no se lo esperaba. Y tampoco esperaba el sorpresivo beso que le dio. Parecía que quería devorar su boca, puesto que no le daba tiempo a respirar. Y como Rukia aún seguía algo mareada por el suceso anterior, no le correspondió el beso. Puso ambas manos en forma de puño en los pectorales del chico, para alejarlo. Pero lejos de hacerlo, el shinigami sustituto envolvió a la morena con sus brazos, incitado ante las manos de la pelinegra. Su mano acarició el contorno del cuerpo de la morena, con suavidad, hasta llegar a su hombro, donde se detuvo y acercó su boca su oreja.
—¿Por qué te resistes ahora?
La manera en la que el aliento del joven chocó contra su oreja provocó un estremeciendo en la pelinegra. Ésta cerró los ojos un momento. Para después abrirlos, reaccionando. Tenía que detener a Ichigo antes de que las cosas se salieran de control, y por el camino que estaba tomando su otra mano bajo su polera, supo que no sería tarea fácil. Intentó nuevamente separar al chico. Controló su voz para que sonara convincente.
—Detente.
Esperaba que el chico la ignorara, y ella tuviera que realizar un nuevo intento para alejarlo. Pero al parecer el shinigami sustituto se había hartado de sus negativas. Rukia ni cuenta se dio cuando estaba siendo retenida por las manos de Kurosaki, que sujetaban sus muñecas contra la pared. Logró apreciar su ceño fruncido entre la poca luminosidad del pasillo, y un extraño brillo en sus ojos.
—¿Acaso quieres que otro te toque? —gruñó entre dientes— ¡Dímelo!
Lejos de intimidarse por el tono usado en su voz, Rukia le respondió con una mirada retadora. No dijo nada. Pensando en lo dicho por su compañero, recordó el beso actuado con Takashi, el cual no le había agradado, a pesar de ser sin sentimientos, pura actuación. Realmente, si lo analizaba, al único que le permitiría esa confianza sería al chico que tenía en frente. Además, le gustaba estar a su lado. Cuando sus labios se tocaban podía olvidarse de todo, perdía la noción del tiempo. Y eso le gustaba. Por eso nunca se negaba al shinigami sustituto.
—Yo no quiero…
La pelinegra despertó de sus pensamientos, sintiendo como el chico relajaba su agarre en sus muñecas y hundía su cabeza en su cuello. ¿Qué había pasado? ¿Por qué el cambio tan repentino? Ichigo estaba abrazado a sus hombros como si su vida dependiera de ello, y Rukia solo rodeó su espalda con sus brazos, con una mano acariciando lentamente su cabello anaranjado.
—No quiero perderte… no soportaría otro golpe.
Ah, era eso. Rukia supo inmediatamente a qué se refería Kurosaki. Y ahora que llevaba la cuenta… hacía nueve años que conocía al tonto en sus brazos. A los nueve años el chico perdió a su madre. Pero… con lo que decía Ichigo… ¿Tan importante era ella en su vida? Bueno, habían pasado muchas cosas juntos y estaba claro que no eran los mismos amigos que hace años. Mas, su relación no se podía clasificar como novios, ¿O sí? Se llevaban bien, de acuerdo, demasiado bien a pesar de sus estúpidas discusiones. Y por lo menos Ichigo ya no se metía tanto con sus dibujos. No, no sabía cómo clasificar su extraña relación. Lo único que sabía era que no dejaría al chico solo, no después de todo lo vivido juntos. Admitía que se había encariñado demasiado con el shinigami sustituto.
—Estoy aquí, Ichigo.
Tal vez era porque no soportaba verlo decaído, o quizás por la culpa que sentía al haberle recordado la muerte de su madre. No estaba segura. Solo quería tranquilizar al chico que había tomado un lugar importante en su vida. Y no halló mejor forma que hacerle levantar la cabeza de su cuello, y besarlo suavemente en los labios. Sin prisas, quería hacerle sentir que estaba ahí, a su lado. Lentamente, al igual que el beso, guió sus manos hasta el cuello de su acompañante. Dándole vía libre para que explorara.
Las manos de Kurosaki comenzaron a cobrar vida nuevamente. Recorriendo su espalda, esta vez con más calma. Cuando una mano llegó hasta la cintura de la shinigami, el contacto no fue suficiente para el chico. Una mano intrusa se aventuró debajo de la prenda, mientras la otra iba camino hasta el cabello de la morena. Profundizó el beso, permitiendo la participación de su lengua, logrando que la chica se estremeciera entre sus brazos. La pelinegra soltó un gemido cuando sintió que la mano intrusa rozaba uno de sus pechos y luchaba por colarse bajo el sujetador.
Se separaron. Por más que lamentaba Ichigo, sus pulmones necesitaban aire. Una vez hubieran complacido a sus pulmones, Rukia fue quien tomó la iniciativa, dirigiendo sus manos que antes se encontraban jugando con el cabello del chico, por su rostro, para sostenerlo con ambas manos. Besó su pómulo, siguiendo un camino de besos hasta llegar a su oreja, donde encerró su lóbulo entre sus dientes. El shinigami sustituto soltó un gruñido. Agarrando repentinamente a la chica de los muslos, la hizo pararse. Y aprovechando el desconcierto de la morena, la alzó de las caderas y rodeó sus piernas alrededor de su cintura. El solo contacto de sus intimidades provocó que ambos soltaran un ronco gemido. Y ahí fue cuando la chica notó el bulto que comenzaba a formarse en los pantalones de su compañero. Kurosaki la arrinconó contra la pared, para después besarla sin darle tregua. A esas alturas la falda de Rukia estaba arrugada por su cintura, dejando de cumplir la función de cubrir lo necesario. Su manó descendió hasta llegar a la prenda que cubría la intimidad de la shinigami.
—¡Espera!
Como pudo la actriz había logrado zafarse del enredo de lenguas que tenían, para recordar el lugar donde estaban. ¡En la casa de Inoue! Y si no se hubiera detenido estaba segura que el joven menos lo haría. Intentó zafarse de las manos del chico, pero éste se lo impidió. La pelinegra pensó en otra alternativa, y se acercó a la oreja de Kurosaki para susurrarle un "sígueme". A lo que el chico recién permitió que descendiera al piso.
Con cuidado, Rukia guió al shinigami sustituto por la casa de su antigua compañera. Por suerte los demás seguían bailando y las luces apenas distinguían a las personas. Despacio, cogió la mano de su compañero y lo llevó hasta la salida.
...
Ichigo no se estuvo quieto durante todo el trayecto. En cualquier oportunidad que la pelinegra se detenía, el chico aprovechaba para besarle el cuello, o abrazarla por la espalda para dirigir su mano bajo la polera, cosa que los había distraído en el camino, o también para dedicarse a besar su hombro. Y cuando ya estaban por la planta en la que se encontraba su departamento, el joven se volvió demasiado insistente.
A penas la shinigami abrió la puerta, Kurosaki se lanzó sobre ella. Arrinconándola en la primera pared que encontró. Nuevamente la alzó de las caderas, enredando sus piernas en su cintura. Recorrió con lentitud las piernas de la morena, deleitándose por la suavidad de éstas, arrancando un gemido de la chica. Aferrándose a su cuello, Rukia se acercó al rostro de su compañero, mordiendo su labio inferior. Y al parecer eso le agradó al shinigami sustituto, puesto que cogió a la pelinegra de sus caderas, pegándola más a su cuerpo, para luego besarla salvajemente. Cuando se separaron por falta de aire, Ichigo dirigió una mano hasta la prenda que cubría la intimidad de su compañera, logrando que soltara un sonoro gemido en su oreja, excitándolo más.
—Ichigo… en… en la puerta no…
El chico poco consciente era de lo que decía la actriz, pero de lo que si era consciente, era que no podía tocar libremente a la chica arrinconada por su cuerpo. Así que, cogiendo a la morena de sus muslos, la guió torpemente por la sala, directo a la primera puerta que encontró. Su habitación. Durante el camino, Ichigo ya tenía su camisa prácticamente fuera. Y la pelinegra recorría su agraciado torso. Con cuidado de no aplastarla, tumbó a la chica sobre su cama.
Rukia no supo en qué momento, pero pronto se vio despojada de su polera con la que tanto había disfrutado el shinigami sustituto de torturarla. Cerró con fuerza los ojos al sentir como una mano del chico se abría paso por la tela bajo su falda, acariciando toda la zona.
Kurosaki no podía estar más extasiado. Bajo su cuerpo veía a la morena retorcerse de placer por sus caricias, mientras de su boca salían repetidos gemidos, algunos de ellos pronunciando su nombre de una forma tan atrayente que le nublaba los sentidos. Sus ojos cerrados con fuerza, sus labios rojos de tantos besos compartidos, su cabellera despeinada, el brillo de sus ojos cuando lo miraba… Todo. Le encantaba todo en ella. Su carácter, adoraba meterse con ella; su cuerpo, tan aparentemente frágil pero cuando lo requería tan temerosa. Y ahora la tenía para él solo. Una sonrisa de superioridad se formó en sus labios, al pensar que era el único que podía estar así con su hermosa shinigami. Porque era su shinigami, su Rukia.
—Mía… —ronroneó el chico, batallando con el broche del sujetador— Solo yo puedo verte así… solo yo puedo tenerte.
La pequeña Kuchiki gimió más fuerte al sentir la boca del joven hundirse en sus pechos, inclinando su cabeza hacia atrás. Nunca imaginó sentir tal mezcla de sensaciones. Ichigo no le otorgaba descanso, quería todo de ella, y la shinigami no pensaba negárselo. Nunca imaginó que el chico fuera tan posesivo, tan condenadamente celoso. Hasta que le contó sobre Takashi. Si mal no recordaba, había sido por eso que el shinigami sustituto se le comenzó a insinuar. Como quien defiende su territorio. Viendo al castaño como una amenaza.
—Va… para ti también… idiota…
Él solo sonrió contra su pecho. Atrapando con su mano un seno de la chica y apretándolo. Perfecto. Su mano se acoplaba perfectamente al montículo. Como si de un rompecabezas se tratara, sus cuerpos encajaban el uno en el otro. Su sonrisa se ensanchó al ver la cara de la pelinegra. Queriendo verla pedir más, se inclinó sobre el pecho desatendido, atrapándolo con su boca. El gemido salido de la boca de su compañera fue música para sus oídos. La shinigami posó sus mano en la su cabellera anaranjada y tomó con fuerza sus cabellos, hundiéndolo la cabeza del chico en su busto. Estuvo así un rato, atendiendo ambos montículos con su boca, mientras que una mano bajaba insistentemente bajo la falda de la chica. Esta vez adentrando un dedo en el interior.
Rukia arqueó la espalda. Y de no haber sido porque su acompañante la besó con fuerza, el gemido que había lanzado pudo haberles causado problemas. La morena respiraba agitadamente, el chico parecía no saciarse de ella. Estaba demasiado húmeda y exhausta. Pero Ichigo aún no terminaba, aún faltaba sentirlo en su interior. Esta vez el shinigami sustituto introdujo otro dedo en la cavidad de la morena, mientras su boca estaba ocupada atendiendo el rosado botón de uno de sus senos, mordisqueándolo. Fue ahí cuando la pelinegra no aguantó. Ichigo sintió que sus dedos se humedecían más que antes, y la entrecortada respiración de la morena no hizo más que arrancarle una sonrisa que podía clasificarse como pervertida. A la shinigami no le bastaba con sentir las caricias del chico, quería que él también pidiera más. Omitiendo su agotamiento, despacio, desplazó sus manos por la espalda de Kurosaki hasta llegar al borde de los pantalones del chico, que ya empezaban a estrecharle. Con toda la lentitud del mundo, desprendió al joven de la prenda, para dejarlo solo con sus abultados bóxer. El shingami lanzó un gruñido demasiado alto. Una mano de la chica se había adentrado por su ropa, llegando a lo que formaba el bulto. La pequeña mano se movía con maestría sobre su miembro, logrando que Ichigo alcanzara placer a límites que ni él mismo sospechaba. Y cuando la pelinegra apretó su mano contra la masculinidad de Kurosaki, éste se incorporó de golpe. Quitó la mano de la shinigami del interior de su única prenda con suma urgencia.
La morena le miró con temor, quizás había sido demasiado osada, o tal vez le había lastimado. Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir sus muñecas atrapadas por una mano del chico. Para después sentir su falda arrancada junto con su braga. Estaba totalmente expuesta al joven y ver el fuego en los ojos del chico le comunicó que lejos de desagradarle su anterior osadía, estaba a punto de pagar las consecuencias. Sin previo aviso sintió una presión en su zona baja. ¿Cuando Ichigo se había quitado los bóxer? El placer que le provocó la sola fricción, evaporó todo sentimiento de miedo de la shinigami. El shinigami tomó su cadera con la mano libre y embistió a la pelinegra. La penetró de lleno. Logrando en Rukia una sensación de incomodidad al sentir el intruso en su interior. Ichigo pegó más sus caderas, y fue ahí cuando la chica sintió una punzada de dolor. La mueca en la cara de la chica hizo que Kurosaki soltara su agarre y permitiera a la morena aferrarse a su espalda.
Volvió a moverse. La pequeña Kuchiki enterró su cara entre el cuello y hombro de su ahora amante, escondiendo su dolor. Al sentir la incomodidad en la morena, el chico llevó sus manos a recorrer las piernas de su compañera. Acarició todo el largo que se le permitía de sus extremidades, empujó sus muslos para que la chica flexionara las rodillas. Y cuando Rukia sintió un fuerte agarre bajo su espalda, gimió sonoramente. Satisfecho, el chico comenzó con un suave vaivén para acostumbrar a la pelinegra a tenerlo en su interior. Pronto Rukia sintió que no era suficiente, rodeando la cadera del shinigami sustituto con sus piernas. Ichigo ahogó un ronco gemido al sentir a su shinigami con mayor profundidad.
—Ichi…
Al ver que el shinigami sustituto planeaba seguir con el suave movimiento, Rukia giró sobre él para quedar sobre el chico y comenzó a guiar el vaivén, torturándolo. Movía sus caderas a un ritmo lento y profundo, permitiendo que el joven se perdiera en las sensaciones entregadas. La pelinegra se movía de manera tan lenta y cruel para Ichigo. Tanto que no aguantó más y rápidamente invirtió los papeles a como estaban antes, él sobre la morena, pero esta vez lanzando fuertes embestidas a la shinigami. Pronto fue imposible identificar de quien provenían los gemidos. Sus manos recorrían todo rastro de piel que encontraran, y sus besos cada vez eran más cortos debido a la falta de aire. Con una última embestida, donde el shinigami sustituto sintió que se había hundido por completo en el interior de la pelinegra, Ichigo estalló en el interior de la chica, llegando ambos al límite del éxtasis.
Kurosaki estuvo un buen rato sobre el busto de la morena, intentando normalizar su respiración, mientras la chica acariciaba distraídamente la cabellera anaranjada de su acompañante. Demoraron en separarse, aún en el interior de la shinigami, siguieron sus caricias y besos, esta vez más calmados. Recuperando los prolongados besos que no habían podido compartir desde la unión de sus cuerpos.
Cuando Ichigo se decidió a salir del interior de la morena, la apegó a su cuerpo, acomodándola en sus pectorales. Y así, abrazada al chico e intentando normalizar su respiración. Ambos cayeron rendidos al sueño y cansancio.
Yaaaa que me costó O de leer a escribir hay una gran diferencia, asique no sé cómo haya quedado, aunque lo borracho poco se les notaba, en fin estaban borrachos xD
No puede ser! O.o se me van topando los caps! aaaaa! tendré que darme prisa!
bueno, les dejo un preview rapidito
En el próximo capítulo...
Malestar
—Ichigo… Duele… No puedo moverme…
—Tenemos que avisar a la Sociedad de Almas, ¡Eso no es normal!
—¡NO!
-
—-Bakudou no ichi, Sai.
—¿A dónde me llevan?
—No te preocupes.
