Hola… admiro mi ánimo u_u pues como estarían ustedes si hubieran dormido una hora O en fin, tan solo espero que esta desgana sea temporal porque se me fue la inspiracion y no pude avanzar la mitad del cap que me tocaba o.o traduzco, sino avanzo el plazo de los caps se alargara xD pero bueno, voy con los agradecimientos, disculpen si están cortos pero mi cabeza no se coordina para escribir con mis manos O aun así, les estoy muuuy agradecida por los review :DD que cuando los leo me dan ánimo para seguir el fic
Uchiha Katze: Siiii no se cómo rayos se declararan xD si lo hacen un dia ajajaj pero me encanta esa pareja o (soñando sobre su nube) y ya estas agregada al msn a ver si nos encontramos un día por ahí ;D
Eva Vidal: Ojojojoj bueno cuando menos alguien saco teorías, por ahora te diré que tiene la apariencia de Gin, eso está claro xD y sep, se viene se viene, vamos a ver quién de los dos nos resulta más celoso xD
Koraru-san: En serio? (carita conmovida) woooo me siento alagada ;O; deja que me recupero, (saltando de la silla y corriendo por la pieza) uuuf creo que estoy mejor xD si, realmente que lástima ¬¬ no sé como lo harán pero recordaran algo! muajajajaj a saber entonces si no recuerdan a la fuerza, y doy por firmado que nadie se imagina lo que viene más adelante, ni yo me lo esperaba, como que me di vuelta mi propia historia o.o
Fraise Kers: nee-chan virtual! ajajaja pues ya somos todas las que se sienten asi xD muchas gracias por el cumplido :D estaré atenta a cualquier indicio tuyo en la escritura
JaNy: A pues gracias o.o en serio, vieras lo que me cabecee para que saliera original la cosa, cambie la trama como tres veces xD y no te preocupes, tarde o temprano esta cosa se aclarara xD ajaja me imagino a Rukia con una camiseta así, que este atrás si la letra cosa que no se de cuenta y todos la miren raro ajajja Ichigo estaría con una cara! xD
Waaaa Beatifull Madness donde se me metió ;O; espero que este bien, o no se haya aburrido del fic o.o joooo esperare noticias tuyas ;O;
Avisos
Hospital de Tokio. Cafetería. La cafetería estaba medio vacía. Puesto que era horario de trabajo, todos estaban en urgencias o atendiendo a los pacientes. A pesar de eso el hospital estaba inusualmente tranquilo, dejando a unos cuantos un breve descanso. Dos chicas estaban sentadas hablando tranquilamente, aprovechando el inusual descanso que se les otorgaba. La chica de cabellera rojiza lucía preocupada, mientras su compañera de cabello negro azulado le hablaba delicadamente.
—¿Cómo has estado?
—Mejor… digamos que las pesadillas son cada vez más frecuentes pero… he aprendido a llevarlas.
La ojiverde alzó una ceja ante la actitud de la chica. Despacio, dejo su bebida en la mesa, mientras cogía un onigiri y se lo llevaba a la boca. Ya llevaban un buen rato hablando. Al aparecer desde que Yumi les había contado sobre su extraño sueño, éstos eran más frecuentes, poniendo a la pelirroja en un estado distraído que no le agradaba a ninguno de sus compañeros.
—No debes acostumbrarte a ellas, debes combatirlas y dejar ese sentimiento de pesar.
—Pero…
Kazumi arrugó el ceño ante el titubeo de la chica.
—Hay algo que no nos contaste —sentenció, provocando que Takada le mirara nerviosa.
—¡Pero qué dices! Yo no les tengo nada… que ocultar…
La pelirroja calló de repente, fijando su vista en la mesa. Sus manos comenzaron a jugar con el vaso de zumo que tenía en la mesa. Resultaba extraño ver a la siempre enérgica chica convertida en una callada pelirroja. Sobre todo para la Takei, que junto con su hermano era la que siempre recibía las cariñosas palabras de la chica, ahora hasta casi ni tomaba en cuenta cuando la molestaban con Ichigo.
—Yumi… —la ojiverde cogió las manos de la chica entre las suyas— Somos tu familia, puedes confiar en nosotros.
Takada apretó el agarre de su compañera, a modo de agradecimiento.
—No son solo sueños… —tartamudeó, con voz temblorosa— Mi hermano me visita.
La chica no hizo más que abrir los ojos, sorprendida, sin soltar el agarre. Estaba enterada de la sensibilidad de la pelirroja con los espíritus. Pero de ahí a que viera a su hermano, le parecía exagerado. Entendía que podía verlos y hablarles, pero desde hace cinco años la chica había roto contacto con su hermano, aclarándole que iba a ser fuerte y seguir adelante, con él siempre en su corazón. Y desde entonces no sabía de él… supuestamente se había ido con el alma en paz.
—Explícate.
La chica de cabello rojizo escondió su mirada. Pero ante la insistencia de su compañera la volvió a alzar. Estuvo un momento en silencio, pensando en las palabras que usaría para explicarle la situación a Kazumi. Cuando se hubo decidido, la miró con determinación.
—Mi hermano… siempre me regalaba uno que otro caramelo cuando yo no me sentía bien… Tú sabes que me encantan los dulces —se interrumpió la chica, con una risita alegre, para después volver a se expresión melancólica— El sueño que les conté, fue el primero… al despertarme, vi junto a mi cama un dulce… cada vez pasaba más a menudo y cuando las pesadillas se volvieron insoportables, escuchaba la voz de mi hermano tranquilizándome.
—No será que… ¿Solo son tus fuertes deseos de verlo nuevamente?
Ambas callaron. La pelirroja solo agachó la cabeza, negando fuertemente. Y antes de que cualquiera de las dos siguiera con el tema, en la mesa se sentaron el hermano de Kazumi, junto con Ichigo. Ninguna de las dos chicas se había dado cuenta de cuando se habían acercado, por eso reaccionaron mirando extrañamente a ambos chicos.
—Con que aquí estaban, ¡Ya te me habías perdido, Kazumi! —comentó el ojiverde.
El mellizo de la nombrada se sentó junto a ella, dando espacio a Ichigo para que se sentara, mas el chico anunció que iba a comprar algo de comer y luego se acomodaría en la mesa. Una vez Ichigo hubo abandonado la mesa momentáneamente, Kazuma le dirigió una mirada extrañada a la pelirroja, ya que Takada aún estaba con la cabeza gacha, mientras sus manos volvían a jugar con el zumo.
—¿Qué te pasa?
El Takei no era conocido por ser precavido, más bien era impulsivo. Siempre iba directo al punto, por lo que parecía ser un poco insensible. Yumi, al sentir que había alguien a parte de la ojiverde, alzó la vista e inmediatamente cambió su actitud.
—¡Qué me va a pasar a mí!
Y con ese simple comentario, el mayor de los Takei y la pelirroja se metieron en una batalla verbal en la que siempre el primero terminaba celoso por algún comentario que involucrara a su hermana. Kazumi solo sonrió ante la actitud de la chica. De alguna manera le agradecía a su hermano. Podía ser el chico más despistado del mundo y no darse cuenta de los problemas ajenos, pero cuando él estaba presente se aseguraba que Yumi desbordara de energía en sus discusiones.
Cuando Ichigo volvió con una bandeja, fue ese el escenario que encontró. Pero cuando los responsables de tal alboroto lo vieron, se detuvieron a verle extrañados. Por no decir la sorpresa del shinigami ante tal reacción. ¿A qué se debía la repentina detención e su discusión? O mejor, ¿Por qué le veían así? Una risa por parte de la chica Takei hizo que se despertara.
—¿Y a ustedes que les pasa? —cuestionó el Kurosaki.
—Pues nada más mírate la cara, estás completamente distraído, ¿Y desde cuando te gustan los pepinos?
El shinigami sustituto dirigió su vista hasta la bandeja que llevaba en sus manos. ¡Maldita enana! Le había pegado la maldita manía de los pepinos. Debía estar acostumbrado a verlos en el departamento, por eso los pidió inconscientemente. Si, debía ser eso. Ignorando olímpicamente el comentario de su compañera, se sentó en la silla vacía, dispuesto a comer.
—¡Oh! ¡Ha sucedido! ¡Nuestro gruñón compañero por fin se ha enamorado!
Ichigo casi se atraganta al escuchar el comentario del Takei. Mientras éste, aguantando la carcajada que amenazaba con salir, le regaló una palmada en la espalda. No falto mucho para que la pelirroja también se integrara al tema.
—¡Con que era eso! ¡Ya quiero ver quién fue la que logró lidiar contigo!
Kurosaki se llevó una mano a la cabeza. Cada día sus compañeros se inventaban algo nuevo. Y parece que ese día sería el blanco de su aburrimiento. Por suerte tenía que retirarse antes. Sí… Ya había pasado una semana desde el incidente de Rukia, y por alguna razón no habían podido averiguar el origen de la pulsera que le había regalado Makoto. Más bien, las palabras de la pelinegra habían sido bastante claras, "Acércate a ella, y no me vuelves a poner una mano encima" Sí, un ultimátum. Y al chico no le agradaba nada la idea. Así que prefirió esperar hasta el diagnostico de Urahara. Hoy irían a verlo. Por suerte, el tendedero se había trasladado a alguna zona de Tokio, más alejada de ellos. Pero no estaba en Karakura. Ahora el problema era, ¿Dónde?
—¡Pero mira la hora! ¿Qué pasa hoy? ¡Ya van a ser las cuatro y prácticamente ni nos hemos movido! —alegó Kazuma.
Eso hizo reaccionar a Ichigo. Tenía que ir a buscar a Rukia. En realidad había sido idea de él, ante su insistencia la morena no tuvo opción que desistir, y permitió que la fuera a recoger cuando terminara la grabación. Era su último día, ya después editaban las escenas y la telenovela estaría lista. El debut de la shinigami se acercaba. Y junto a ello la avalancha de admiradores. Sacudió su cabeza ante tal pensamiento. E ignorando el hecho de los pretendientes, el joven se levantó de la mesa, una vez terminado de comer.
—¿Y tú a dónde vas? —fue la pregunta hecha por la ojiverde.
—Me voy, tengo asuntos que resolver.
Se disponía a abandonar la cafetería, haciendo un gesto con su mano a modo de despedida. No alcanzó a salir del lugar cuando una voz le hizo detener el paso. Hubiera seguido caminando pero lo que le dijo la pelirroja le extrañó demasiado.
—Ten cuidado, Kurosaki.
Ambos mellizos miraron como un bicho raro a la chica. No solo por su repentino cambio de actitud, sino porque el rostro de Yumi reflejaba preocupación. Expresión que rara vez veían en ella, solo cuando se trataba de asuntos con su hermano.
—Eh… Claro.
No tuvo tiempo de analizar la actitud de su compañera, llevaba prisa. Y si hubiera tenido tiempo para quedarse el chico se hubiera enterado de la reacción por parte de Takada. Kazumi no tardó en acercarse a la pelirroja, dispuesta a descubrir la razón de su comportamiento. Si hasta su mellizo se había acercado extrañado hasta Yumi. Mientras ésta solo agachaba la cabeza.
—Yo… En mi último sueño vi como la máscara de hueso atacaba a Kurosaki… lo distinguí bien… era él... bañado en sangre…
Los Takei solo se posaron al lado de la chica. Kazumi miró atentamente la dirección por donde Ichigo había abandonado el lugar, mientras su hermano colocaba una mano sobre el hombro de la pelirroja.
—
Una pelinegra corría por lo que parecía ser una enorme mansión, era de apariencia antigua, una tradicional casa japonesa. Las sandalias que llevaba crujían ante la madera del piso. Llevaba un kimono pesado, lo que provocaba asombro por la movilidad de la morena con la pesada prenda. La mujer siguió se camino hasta llegar al zaguán de la enorme casa. Una vez ahí, sin dudarlo salió al exterior. Harta de sus sandalias, se las quitó y siguió corriendo.
—¡Shinta-kun!
La morena vio horrorizada como el cuerpo de un hombre con ropas de samurai estaba inconsciente en el piso, sangrando por una herida que desde esa distancia la mujer no logró distinguir. Como le permitió su pesada vestimenta, se acercó rápidamente al cuerpo inconsciente. Se arrodilló junto a él y como pudo lo dio vuelta. Vio atemorizada como su estómago no dejaba de sangrar.
—Keiko…
Ante el susurro del castaño, la mencionada cogió una de sus decaídas manos suavemente. La cogió con ambas manos y la acercó hasta su boca, donde lágrimas ya iban cayendo por su rostro. Gotas de lágrimas cayendo por sus delicadas facciones, provocando que el samurai en el piso la mirara enternecido.
—No queremos perderle —articuló entre sollozos.
—No lo harás.
El hombre, desde su posición, pudo ver claramente como otras personas se acercaban. Un rubio, y una mujer de cabellera anaranjada siguiéndole como podía por su pesado kimono, similar al de la pelinegra. El castaño cerró los ojos, paciente, no quería ver como la morena derramaba más lágrimas. Pronto sintió las presencias más cerca, y cuando abrió los ojos, notó como su mano era separada de la morena.
—¡NO! ¡Déjenos, primo!
Como podía, la pelinegra pataleaba para que el rubio la soltara. Cosa en vano, ya que por el tamaño de la mujer le era imposible competir contra el ojiazul.
—¡Compórtese, Keiko-sama!
Pero la nombrada ni caso le hacía, entre sollozos seguía pataleando para que la soltaran. La otra mujer allí presente le miraba con compasión. Al ver la desesperación por parte de la pelinegra, la mujer se acercó. Cogió la manga del kimono del rubio, provocando que éste se volteara, extrañado. Pero nada más ver el rostro de la mujer de cabellera ondulada, soltó a la morena. La mujer no hizo más que caer de rodillas, ahogada en llanto, mientras Tomoe se acercaba a ella y la abrazaba con ternura. Acariciando su cabello para que se desahogara, la pelinegra lloró en sus brazos.
—Y... ¡CORTE! —la rubia directora hizo un gesto con la mano, mientras una sonrisa iluminaba su rostro— ¡Fue la última escena que nos tocaba grabar!
—¡LO LOGRAMOS!
El castaño cuya vida supuestamente peligraba, se levantó de golpe, elevando los brazos con alegría. Y no era para menos. Habían acabado de firmar la telenovela. Ya nada más quedaba editar una que otra escena, pero los actores por fin podrían darse un descanso. Quién sabe si alguno de ellos volvería a usar kimono en su vida, suficiente habían tenido corriendo de allá para acá. Aunque la experiencia no la cambiaban. Y qué decir de la felicidad de todos al ver su trabajo hecho.
—¡Estuviste increíble, Kuchiki!
Rukia se separó de los brazos de su compañera y se paró con elegancia, mientras una gran sonrisa adornaba su rostro.
—¡Rukia-chaaan!
El samurai ya se dirigía para abalanzarse sobre la pelinegra. Pero para su mala fortuna, Rukia seguía siendo tan ágil como siempre a pesar del enorme kimono que portaba, y Takashi se llevó una cariñosa patada que lo mandó de vuelta al piso. Ahí quedó mientras Hatori y Makoto felicitaban a la morena por el buen trabajo y viceversa. Se encontraban en la mansión del rubio. Debido a que la telenovela necesitaba más espacio para algunas escenas, el chico sugirió que terminaran en su casa, ya que el ambiente encajaría a la perfección con el tema antiguo. Y así fue. Después de unos cuantos arreglos, la mansión de verdad parecía una casa tradicional japonesa, aunque demasiado grande. Pero tanto los camarógrafos como los actores lograron desenvolverse a la perfección.
—Deberíamos celebrar… —comentó Misato, con una mano en su mentón.
—¡Ah…!
—¡Es una idea genial!
Era admirable la resistencia del castaño, pero a Rukia no le hizo ninguna gracia que el chico la interrumpiera cuando iba a anunciar que no podría estar presente en la celebración. Y por la actitud del resto del equipo, la morena supuso que no sería fácil darles a entender la situación.
—¿Qué te parece?
La voz de Hatori la distrajo, pero no fue solo su voz, la pelinegra al momento de espabilar se dio cuenta de que todas las miradas estaban puestas en ella, y Takashi era el más atento a sus palabras. Sin poder evitarlo, sonrió. Le agradaba el ambiente que había. Todos estaban más relajados una vez terminada la grabación, y ya le entraban ansias de ver el trabajo. Pero tenía cosas que resolver. Se lo había prometido a Ichigo.
—Bueno, yo…
—Hatori-sama.
¿Qué pasaba hoy? ¡Parecía que todo el mundo quería interrumpirla! Esta vez había sido uno de los empleados del rubio, al parecer tenía algo que comunicarle al chico y más le valía que fuera importante, sino la paciencia de la morena poco duraría. Lanzó un suspiro. Se estaba alterando demasiado. Y el ambiente pacífico que antes envolvía al equipo, se había dispersado. Ahora todos tenían curiosidad por saber el motivo de la interrupción. Además de que les extrañaba escuchar el nombre del ojiazul dicho tan formalmente. Pero nunca sacaban nada cuando le preguntaban al chico. Tenía ese aire de seriedad que les esfumaba toda curiosidad, por más que preguntaran su compañero nunca les contestaba. Y así fue. Cuando el empelado abandonó la estancia al terminar de entregar su mensaje, las miradas curiosas se disiparon ante el rostro pasivo del rubio.
—¿Tienes asuntos que atender, Rukia?
Los más cercanos miraron extrañados al chico. Sobre todo Takashi, quien se exaltó al escuchar que la pelinegra no podría celebrar con ellos.
—Si… eso intentaba decir.
—¡Pero Rukia-chan!
El castaño se lanzó sobre la morena y desde el piso se sujetó de su brazo, alegando para que la chica no se fuera. Mientras, Rukia intentaba quitárselo de encima sacudiendo su brazo, sin ningún éxito. Sus compañeros miraban con diferentes reacciones la escena. Misato sonreía, le causaba bastante gracia como la pelinegra intentaba quitarse al chico de encima, poniendo un pie en su cabeza, pero Takashi no cedía. El rubio actor los miraba con el ceño fruncido, estaban armando escándalo en su casa. Makoto, junto al ojiazul, tenía la vista fija en la Kuchiki, aunque más bien su vista parecía fija en la muñeca de la shinigami.
—¡Vamos! ¡Solo un rato, Rukia-chan!
La nombrada ya había perdido la paciencia. Estaba dispuesta a mandarlo a volar y poco le importaba saber donde aterrizaría el castaño. Pero toda intención de eliminar al chico de su vista se esfumó. Rukia se tensó. Su rostro demostraba sorpresa, y su vista estaba clavada en el umbral de la enorme puerta. Como acto reflejo, todos dirigieron su vista a lo que había captado la atención de la morena. Ahí, parado en la enorme puerta se encontraba un chico de cabello anaranjado con el ceño fruncido, llevaba sus manos en los bolsillos de su pantalón y su vista estaba fija en la pelinegra.
—¿Rukia-chan?
La voz del castaño se hizo presente, extrañado por la actitud de la chica. Y siguiendo la vista de la morena, se encontró con un par de ojos castaños que le miraban no muy amigablemente.
—Oe, ¿No ves que no te quiere cerca?
A Takashi no le gustaba que le regañaran. Es más, por eso nunca hacía caso a lo que le decían y se llevaba un golpe cortesía de Misato. Y fue por la misma razón que no le gustó nada el tono usado por Ichigo. Sobre todo cuando Rukia estaba de por medio. Y estando la morena en el tema, sus compañeros sabían muy bien que el castaño podía llegar muy lejos y decir cosas un tanto exageradas.
—No tienes que decirme como tratar a MI NOVIA
Si, algo como eso. Era increíble el cambio de actitud en el chico. Y por la cara de algunos de los actores, ya se lo esperaban. Pero eso no evitó que Rukia frunciera el ceño ante la revelación. Por no decir del shinigami sustituto. Si antes el joven estaba malhumorado, ahora estaba cabreado. Menos mal que el castaño ya había soltado el brazo de la pelinegra, sino el ambiente estaría demasiado asfixiante. Antes de que las miradas fulminantes pasaran a golpes de un momento a otro, la morena intervino.
—Me iré a cambiar, después nos vamos.
Y con esa simple frase abandonó la sala. Si la pelinegra creyó que con eso alivianaría el tenso ambiente, se equivocó, puesto que el solo hecho de que la shinigami le dirigiera palabra al recién llegado, hizo que el rostro de Takashi cambiara. Mientras una sonrisa de autosuficiencia se formara en el rostro del shinigami sustituto.
—¿De dónde conoces a Rukia-chan?
—No te incumbe.
Ni lo dudó. Ichigo mantenía su rostro impasible mientras el castaño apretaba más los puños. Y el hecho de que Kurosaki le ganara en unos centímetros de altura no le ayudaba mucho. Intentó tranquilizarse en vano, pensando en su próxima jugada. Pero antes de que cualquier palabra o acción saliera de ambos contrincantes, Misato decidió hacer acto de presencia.
—¡Hey! ¿Sabes que esto es un estudio privado? —la rubia detuvo su paso para dirigirse al recién llegado— ¿Quién te dejó entrar?
—Pedí ver a Rukia, me dijo que a esta hora estarían terminando con la grabación.
Si lo que quería Misato era tranquilizar a ambos chicos, logró lo contrario. Parecía que Takashi explotaría en cualquier momento. Ahora resultaba que no solo conocía a la morena, sino que estaba enterado de hasta qué hora trabajaba.
—Es cierto, yo le di el permiso —comentó Hatori.
Ichigo reconoció al chico y también a la joven de ojos púrpura que seguía con el kimono puesto. Makoto hizo una leve reverencia, mientras el chico le respondió con un gesto de su mano.
—¿Nos recuerdas, Kurosaki?
El mencionado solo asintió con la cabeza ante la pregunta del rubio. ¿Que si se acordaba? Pues claro, ellos habían sido los responsables de llevar a una borracha Rukia hasta la casa de Inoue. Y si mal no recordaba, el rubio no estaba interesado en la morena, y su compañera actriz era buena amiga de Rukia. Además, agregar que el ojiazul le había permitido el paso hasta la mansión, de lo contrario todavía seguiría fuera.
—¿Quieres tomar algo?
Ante la oferta de Makoto, el ambiente se tranquilizó un poco. Al rato, estaban cómodamente sentados en la sala de la enorme casa, mientras la joven de cabellera ondulada servía un poco de té, ayudada de los encargados de la casa. Misato estaba atenta a las acciones del shinigami sustituto y el castaño. Ambos estaban sentados en el mismo sofá y se notaba la tensión entre ellos. Por no decir de las miradas fulminantes que se dirigían mutuamente. Realmente era un panorama digno de apreciar. Y a la directora le divertía bastante la situación.
—Así que… ¿Vives con Rukia, Kurosaki-san?
Takashi escupió el té. Y la mirada reprochante y furiosa por parte de Hatori fue inminente.
—Desde hace años.
La forma en la que Ichigo recalcó la última palabra no le agradó nada al castaño, por no decir la sonrisa triunfante que se apareció en el rostro de Kurosaki. Misato parecía cada vez más divertida.
—Parece que Rukia-chan las ha tenido que cargar de niñera por mucho tiempo —atacó Koizumi.
—Pues eso depende desde cuanto la conoces.
El castaño se tensó ante tal respuesta, comprendiendo que su jugada se le había ido en contra. Pero con lo impulsivo que era conocido el chico, no tardó en levantarse del sofá y apuntar a Ichigo con el dedo, su rostro reflejando molestia.
—¡Te prohíbo que te acerques a MI NOVIA!
La gota que derramó el vaso. Kurosaki no era conocido por su paciencia, y ese comentario sería lo último que aguantaría. Llevaba esperando eso por mucho. Conocer al estúpido que no dejaba de perseguir a la shinigami, tenerlo en frente y demostrarle que la chica no le pertenecía, que no tenía ningún derecho sobre ella. Además de que él había sido el responsable de la borrachera de la chica.
—¡Y una mierda! ¡Rukia es mía!
Para ese tiempo Ichigo también se había parado del sofá, dejando a más de alguno boquiabierto ante tal revelación. La directora era la más entretenida con ello, por no decir el rostro de momentánea sorpresa en Takashi. Y el silencio hubiera seguido reinando de no ser por un golpe propinado en la cabeza de Kurosaki.
—¿¡A qué viene eso! —soltó una voz femenina.
La pelinegra ya había terminado su lucha con el kimono, llevaba ropa más cómoda. Y al parecer había regresado a tiempo para escuchar el comentario de su compañero shinigami.
—¡Mierda, Rukia! ¿¡Qué te pasa!
—¡No tienes por qué soltar eso a la mitad del estudio!
—¿¡Y qué querías que hiciera! ¡Habla de ti como si fueras de su propiedad!
—¿Que acaso tú no haces lo mismo?
Ichigo calló ante eso. No admitiría su derrota frente a la morena, pero se trataba de una batalla verbal, y estaba luchando contra una Kuchiki. Ante su falta de argumentos, recurrió a su último recurso.
—Niñata.
—Descerebrado.
Quienes quedaban del estudio, miraban atentos la pelea entre ambos. Nunca habían visto a Rukia actuar de tal forma. Si, de vez en cuando le propinaba golpes a Takashi, pero éste nunca le respondía con algún insulto o nada parecido. Y ahora estaban viendo como la morena mantenía una batalla verbal con un chico que les era prácticamente desconocido. Por extraño que pareciera, se notaba que ambos actuaban así con el otro por naturaleza, no se trataba de una pelea seria, sino era su manera de comunicarse. Fue por eso que a Takashi no le agradó nada el panorama, sumado al hecho de que estaban insultando a la pelinegra.
—¡Nadie te dio permiso para tratarla así!
Fue ahí cuando el shinigami sustituto recordó que anteriormente estaba discutiendo con el castaño. Nuevamente se estaba metiendo donde no le llamaban, y eso ya lo tenía harto.
—¡Si serás!
—Ichigo.
La morena llamó la atención de ambos, y de paso del resto del personal en la sala. Se dirigió al lugar donde estaban guardados los abrigos y tomó sus pertenencias, dirigiéndole una mirada a su compañero para que abandonaran el lugar. Gesto que el chico entendió de inmediato, y después de que la pelinegra se despidiera de sus compañeros de trabajo, una sonrisa victoriosa se formó en el rostro del joven.
—Vámonos.
...
Ambos shinigami ya habían salido de la mansión y se encontraban caminando por las afueras de Tokio. Claro que habían tomado un taxi para llegar hasta el lugar. Aún así eso era todo lo que sabían de la tienda de Urahara. Al menos que hubiera preferido quedarse en Karakura.
—¿Puedes sentir su reiatsu? —cuestionó Kurosaki.
—No…
—¿Y cómo lo encontraste la otra vez?
Rukia guardó silencio. Era cierto. Hace años había encontrado el almacén con bastante facilidad. Lo que Ichigo no sabía es que a la morena le estaba costando demasiado detectar el reiatsu. Incluso cuando le habían dicho que Makoto tenía poderes espirituales, y que ella le había entregado la pulsera. No podía sentir reiatsu alguno en la chica. Era como si algo la limitara. Es más, si no fuera porque el joven a su lado se encontrara en perfecto estado, la pelinegra habría jurado que su reiatsu había disminuido notablemente. Lo cual era prácticamente imposible, siendo que Ichigo siempre había tenido gran cantidad de poder espiritual.
—Oe, te estoy hablando.
La Kuchiki menor reaccionó, para contemplar el rostro preocupado que lucía el chico. Al parecer había notado su distracción.
—¿Te encuentras bien, Rukia?
Una voz llamó la atención de los shinigami. Los dos levantaron el rostro para lograr distinguir una mujer morena, con cabellera púrpura y ojos rasgados. Los miraba atentamente, de brazos cruzados. Y Kurosaki notó que miraba más a su compañera que a él.
—¡Yoruichi-san!
La mujer de mirada gatuna alzó el rostro. Una sonrisa se formó en sus labios.
—¿Qué tal?
—¿Por qué…?
—Vengo a guiarlos hasta la tienda de Kisuke.
La mujer interrumpió a la pelinegra, pero permitiendo un gran alivio en ambos shinigamis. Ahora llegarían a su destino. Mas, una duda asaltó sus mentes. ¿Era necesario que Yoruichi viniera a buscarlos? Es más, cómo Urahara sabría que ellos irían a verlo. Sus preguntas se vieron aclaradas al ver el repentino rostro serio de la mujer, y más al escuchar las palabras que dijo a continuación.
—Descubrieron algo relacionado con los gigais.
A yaaaaa perdón perdón, pero con el peso de una hora de sueño no me da para dejar preview xx se quedan metidos con eso no más! ¬¬ yo necesito mi sueño reparador que sino una amiga sufrirá mañana mi malhumor, waaa pobre de ella u_u, bueno, nos leemos en cuatro días que se me vienen las fiestas patrias xD
Chuu
Kimiko.
