(tomando aire) Losiento, Losiento, Losiento, Losiento, Losiento, Losiento, Loo seinto... aaah se me traban las palabras! pero ya no se dónde meter la cara de vergüenza ;o; a buena hora no nací como aveztruz ¬¬ y bueno... pues esto, y aquellos examenes, y esto otro, y estuve de sensei con amigos para los exámenes, que por cierto uno sacó la nota más alta *o* que orgullo ;O; y después ni lo agradece ¬¬ pero eso es otro tema... y no me lo van a creer pero estuve trabajando... lo que hace uno por su gira... fue estresante pero divertido xD sobre todo con mis amigas al lado
Y bueno, mi soltera inspiración ¬¬ (porque no hay nadie que la aguante) Se tomó vacaciones antes que yo! que se cree? ò.ó me tuvo con la cabeza seca de ideas y se fue quizás donde ¬¬ quizás la muy ingrata se fue a ver Fade to Black y no me llevó! Ya quisiera yo una inspiración masculina u_u y que tuviera apariencia de Ichi xD o de Bya-kun ;D o de Renji *_* –con esa inspiración no se concentra—
Una disculpa de mi parte, cada personaje original mío y a su lado una descripción de quienes son (por lo menos los que aparecen en este cap) , para evitar confusiones. Porque hasta yo admito que se me fue la mano tanto personaje u_u mis más grandes disculpas por la confusión. Ah! tiren confeti a Maka009—chan porque al leer su comentario se me cayó la teja de tantos personajes xD
Tomoda Makoto: Compañera actriz de Rukia, la chica de cabello anaranjado ondulado y ojos púrpura. Siempre anda junto a su compañero de escena, Hatori. Ella fue quién le dio a Rukia el brazalete de jade, para que se protegiera. Tiene poderes espirituales, pero aún no se especifica de cuanto posea.
Kuragi Hatori: Rubio y de ojos azules. Se preocupa por Rukia, al igual que Makoto. Es un chico de alta sociedad. Se desconoce si posee poderes espirituales.
Koizumi Takashi: El castaño que siempre anda detrás de Rukia. Está implicado en la introducción del Shoukyo en la Kuchiki.
Takada Yumi: La chica de cabellos rojizos que trabaja en el hospital junto a Ichigo. Es alegre e hiperactiva. También tiene poder espiritual, a pesar de que aún no se especifica de cuanto posea.
Ryosuke: Aquél con apariencia de Aizen. No tiene su misma actitud soberbia pero si es bastante arrogante. Es, por decirlo así, el líder del grupo, ya que da todas las órdenes.
Ren: Aquél con apariencia de Ichimaru. Es relajado y siempre manda un comentario sarcástico. Tiene la misma sonrisa zorruna que el antiguo capitán del grupo 3.
Kei: Aquél moreno que siempre lleva una máscara para ocultar su identidad. Por su vestimenta y su forma de luchar, se puede decir que es un shinigami.
Haruka: La única fémina del grupo. Parece la más inofensiva, y su sonrisa es demasiado cálida para dudar de ella. Es morena y la mayoría de las veces trabaja con Kei.
¿Alguien recuerda donde quedamos? Pues yo estrujé mi cerebro para lograrlo y esto fue lo que salió, les dejo un resumen de lo anterior para que no se pierdan n_n
Anteriormente...
Se reveló...
—Ichigo era parte de clanes nobles. Isshin pertenecía al clan Kuroki, una de las cuatro casas nobles, mientras que su madre al clan Mazaki.
—Rukia tiene en su interior una parte del Shoukyo, un artefacto de las casas nobles. Y aquél fue el detonante para que la chica fuera una Seijun.
—Gracias al brazalete de jade que Makoto le regaló a Rukia, ésta ha soportado la gran cantidad de reiatsu en su cuerpo.
Peleas...
—Ishida se vio atacado en la casa de Orihime por unos sujetos con la apariencia de Ichimaru y Aizen. Debió sostener una batalla con un moreno enmascarado de nombre Kei.
—Durante la pelea, apareció Yumi. Logrando que el enemigo se retirara y dejando a un impactado Takashi.
Bueno, y recordar que los dejé en la parte donde Ichigo y Rukia están donde Urahara discutiendo lo del Shoukyo. También están Isshin y Bya-kun! asique, ¿Qué pasará? ¡Descúbranlo! Ahora ¡A leer! Que este capítulo está algo largo ;D
El culpable.
Imposible. No podía estar pasando. No nuevamente. ¿Por qué era siempre ella el blanco de los artefactos? Primero Urahara le introducía el Hougyoku y se armaba un revuelto en la Sociedad de Almas. Y ahora le introducían un artefacto de casas nobles, ¿En qué momento? Eso era algo que le gustaría saber. Y eso no era lo peor. No. Resultaba que después de lo dicho, estaba segura que Ichigo se echaría la culpa de su estado.
El silencio los había estado acompañado ya por un buen rato. Byakuya estaba con los ojos cerrados, parecía que meditaba. Mientras la seriedad reflejada en los rostros de Yoruichi y Kisuke era evidente, Isshin miraba atentamente a su hijo, quien tenía la cabeza gacha o simplemente encontraba más interesante la mesa. Pero por el puño apretado del chico, su padre podía asegurar que estaba enrabiado. Por su parte, Rukia había preferido desviar su mirada del chico, simplemente no podía verlo así, y menos por su culpa. Pero desde hace un buen rato una duda asaltaba su mente. ¿Cómo le habían introducido el Shoukyo? Ella sabía muy bien que desde no hace mucho había salido de su gigai sin mayor problema… pero… ¿Cuándo fue la última vez que lo hizo? Podría ser cuando entraron en el hospital… pero en ese momento estaba con los demás gigais, aguardando su llegada. A menos que…
—Urahara…
La suave voz de la morena de cabellera corta se hizo escuchar. Y como era de esperar, todos dirigieron su vista hacia ella. Especialmente el nombrado, quien estaba atento a la posible pregunta de la chica.
—¿Un artefacto como ese… se puede introducir en un cuerpo… aún cuando porta su gigai?
El dueño de la tienda pareció meditar las palabras pronunciadas. Lanzó una mirada general a los presentes, para luego dirigirse a Rukia.
—Según tengo entendido, el Shoukyo está siempre latente. Si se quiere reaccionar el alma, no hay necesidad de ocupar el Shoukyo en un gigai, es más, no se debería, puesto que quedaría atrapado con el alma, como pudimos presenciar en tu caso, Kuchiki-san… El Hougyoku estaba en estado de letargo, por ello no fue dañino para ti.
—Entonces… han introducido el Shoukyo en Rukia-chan cuando estaba en su gigai, a posta.
—Exacto… Kuchiki-san, ¿Recuerdas algún momento en que pudo haber ocurrido?
La pelinegra puso rostro pensativo. Indagando en sus pensamientos, recordó la primera vez que sintió aquella extraña sensación de asfixia. En la casa de Inoue. Y que anteriormente se había sentido mareada porque el idiota de Takashi la había… emborrachado. Un momento. Antes de que el castaño confundiera el sake, recordaba cómo había bebido algo que le había dado Hatori. Y fue entonces cuando Makoto actuó extrañamente. Además de las nauseas que sintió cuando Takashi la besó. Ese malestar era parecido al que sintió por primera vez en casa de Inoue. Y se atrevía a decir, que era el principio de su malestar. Pero… ¿Por qué Hatori? Siempre se había llevado bien con él. Y… ¿Acaso no era él quien estaba siempre junto a Makoto? ¿La chica no era quien le había dado el brazalete blanco?
—Kuchiki-san.
La voz de Urahara la sacó de sus pensamientos. Vacilante, se atrevió a contestar.
—No… No lo recuerdo.
No podía. Simplemente la confianza que tenía en el rubio y su amiga actriz era demasiada. Se negaba a creer que tenían algo que ver con su estado. Además… ese brazalete…
—Yoruichi-san… Antes dijiste algo de Makoto…
La nombrada la miró atenta.
—El brazalete que llevas pertenecía al clan Mazaki, pero por lo que dijo Ichigo… Esa chica no parece ser de clan noble, a penas si tiene reiatsu sobresaliente… así que podemos decir que es una descendiente del clan… Además… no puedo decir mucho del brazalete, como era usado por el clan Mazaki solo ellos sabían sus funciones…
—Pero viendo la reacción que tuvo en cuanto al aumento de reiatsu, diría que el brazalete se encarga de absorber el reiatsu sobrante y almacenarlo… el problema es que no tenemos idea de la capacidad que tiene… para la próxima vez que se vuelva a formar un diamante podría estallar… por eso… aunque suene exagerado… tenemos que aislarte para prevenirlo.
Ichigo reaccionó ante la intervención de Urahara. ¿Aislar a Rukia? ¿Por cuánto? ¿Días, semanas? ¡Inaceptable! No permitiría que lo alejaran de ella. Ella era parte de su vida, y como tal debía haber otra solución. Una que no involucrara su lejanía con la morena. Pero por más que pensaba, su cabeza no asociaba la información, y ninguna idea salía de su cerebro. Y por todos es bien sabido que Ichigo no funcionaba con palabras, sino más bien con acciones.
—¡No pue…!
—De acuerdo.
El menor de los Kurosaki detuvo su réplica ante la interrupción de la shinigami. ¿Estaba de acuerdo? ¿Acaso estaba loca? ¡No sabían por cuánto tiempo sería!
—Tienen mi aprobación.
Eso fue el colmo. Que Byakuya apoyara la decisión de Rukia no le agradaba nada al shinigami sustituto. Sobre todo porque bien sabía que con el noble no podía alegar mucho. Pero…aún así, Rukia estaba de acuerdo. Su mirada se dirigió fija a la pelinegra, que en ese momento tenía la cabeza gacha. ¿De verdad la chica quería eso? ¿Que lo alejaran de él?
—Bien, por favor sígueme Kuchiki-san.
La morena se paró de su lugar, en absoluto silencio, soltando el agarre de manos que había mantenido con su compañero durante toda la conversación. Por alguna razón, Ichigo no se vio con las fuerzas de retener su marcha, lo que sí, no permitiría que fuera sola. Fue por eso, que ante la fija mirada de todos, el shinigami sustituto se paró de su asiento y siguió a la morena, con Urahara liderando el reducido grupo.
Nadie dijo nada. Ni siquiera Byakuya. Solo se dedicaron a ver como las tres figuras desaparecían por el sótano, aquél subterráneo que tanto había ayudado en el entrenamiento del shinigami sustituto, el que había servido como portal para muchas de las intrusiones que habían tenido en el pasado… Aquél que ahora sería el testigo del encierro de la Kuchiki.
Una chica de cabello anaranjado se encontraba en la puerta de su casa, con rostro preocupado. Delante de ella, se encontraba un peliazul de lentes, al parecer iba a salir ya que se encontraba a la mitad del recorrido hacia la calle.
—Uryuu-kun, ¿No puedo ir contigo? —la fémina tenía sus manos empuñadas sobre su pecho, mirando afligida al quincy.
Ishida solo volteó y negó con la cabeza. Pero la expresión en el rostro de Inoue no desaparecía. Y antes de que el peliazul se dispusiera a marchar, la chica lo detuvo con sus palabras.
—¡Pero! ¿Qué pasa si… van de nuevo tras tuyo? ¡Yo podría ayudar!
Ante eso el chico detuvo su paso. Era verdad. Lo más probable es que fueran tras él nuevamente, ya que la primera vez se vieron interrumpidos, volverían por su objetivo. ¿Y si el enemigo iba a revisar primero a la casa de Inoue mientras él se encontraba fuera? De seguro que atacarían a la chica para sacarle información de su paradero. Eso no lo permitiría. Tenía que proteger a su amiga. Fue por ello que tomó una decisión, volteando para dirigirse a Orihime.
—Puedes venir conmigo, pero…
Sus palabras quedaron en el aire al ver el rostro iluminado de su compañera. Y antes de que agregara algo más a su comentario, la chica ya había cerrado la puerta de la casa para, segundos más tarde, encontrarse al lado del quincy.
No le quedó más remedio que caminar junto a la chica, rumbo a la tienda de Urahara.
—
El lugar donde se encontraban era dudoso. La habitación estaba a completa oscuridad. A excepción de aquél chico de cabellera castaña que se encontraba sobre, lo que parecía, una camilla. Una luz iluminaba el cuerpo del castaño, permitiendo así observarse cuatro figuras más que lo rodeaban.
—¿Como sigue? —cuestionó Haruka, con voz calmada.
—No muy bien, al parecer le afectó ver a esa chica —comentó el hombre con el aspecto de Ichimaru Gin.
El silencio se hizo presente. La situación se ponía grave. El castaño era una pieza vital para el plan de las dos mentes líderes. No podían darse el lujo de perderlo.
—Ryosuke-sama… ¿Por qué no utilizan el Shoukyo? —cuestionó el moreno de cabello puntudo.
—Lamentablemente… La modalidad que usamos con Kuchiki Rukia nos está absorbiendo el Shoukyo casi por completo… Incluso nosotros desconocemos el por qué Kuchiki no está ahora con nosotros, ha resistido por demasiado tiempo… tanto que está arruinando nuestros planes y nos vimos obligados a ir tras el quincy.
—Ya sabes, como la habilidad de los quincy y el Shoukyo están relacionadas, pensamos que así se cubriría la falta —expresó el hombre con una sonrisa zorruna.
—¿No se puede hacer nada con el Gouyoku1? —preguntó la fémina del grupo.
Ambos superiores negaron.
—El Gouyoku es para pura creación, causaríamos un desequilibrio si lo usáramos en exceso… Además, todavía no sabemos bien cómo funcionan los gigais de Kurotsuchi Mayuri… podríamos dañar el gigai si modificamos algo en el alma de Koizumi y ya no tenemos suficiente Shoukyo para borrar sus recuerdos… —explicó el hombre con la apariencia de Aizen.
—En resumen, ¡Estamos jodidos! —soltó con una sonrisa sarcástica el peligris.
—No. Aún no es tiempo —murmuró Ryosuke— Kei —nombró, llamando la atención del chico moreno— Información. ¿Algún modo de recuperar la conciencia de Takashi sin que pierda la cordura?
El nombrado cerró los ojos un momento.
—Hay una. Pero para ello necesitamos a un miembro del clan Mazaki. Y dudo que quede alguno —respondió finalmente.
Ryosuke alzó una ceja— ¿Hay algún clan que permita restringir el reiatsu en un shinigami?
—El mismísimo clan Mazaki — respondió nuevamente el moreno— Poseen un artefacto llamado el brazalete de jade que oculta el reiatsu y además lo restringe, llegando a un límite de diamantes de jade, después de eso, el reiatsu será incontenible y el usuario explotará.
Una sonrisa se asomó en el rostro del castaño— Bingo —murmuró— Haruka. Modo detector. Busca en el área un reiatsu con similitud al clan Mazaki —ordenó.
Los tres se asombraron ante la petición. Pero la mujer obedeció de inmediato. El peligris alzó una ceja y se dispuso a averiguar el cambio tan repentino.
—¿Crees que aún queda algún Mazaki? ¿Y qué esté en el Mundo Humano?
—Acabas de comunicar el porqué del retraso de nuestro recipiente del Shoukyo.
Al captar el mensaje, una sonrisa zorruna se formó en el rostro del hombre. La hipótesis de su compañero se vería aclarada por la pelinegra. Si resultaba cierto que había una Mazaki en el mundo humano, posiblemente ella sería la responsable del retraso de su recipiente.
—Detectada —habló Haruka— Parece como si su reiatsu fuera en aumento paulatinamente… Inconfundible descendiente del Clan Mazaki, ubicada.
—Perfecto —soltó el hombre de cabellera castaña— Kei. Sigue las coordenadas de Haruka y tráiganme a esa mujer.
—Sí, señor —dijeron al unísono, saliendo inmediatamente del lugar.
—Después de esto, ocuparemos lo que queda del Shoukyo para darles un pequeño descanso a esos shinigamis… No se esperarán el golpe con el que los atacaremos —concluyó Ryosuke, con una sonrisa de autosuficiencia.
—
Silencio. Aquel tormentoso silencio los acompañaba desde que Urahara los había dejado solos. Allí… en aquél sótano tan amplio donde parecía nunca anochecer.
Como lo habían discutido anteriormente, Rukia había sido aislada de todos, para evitar el incremento de reiatsu. Para ello, Urahara había levantado una especie de barrera. Cinco puntos eran los soportes de aquella barrera traslúcida. Y la morena se encontraba dentro de ella, apoyada de espalda en una de sus paredes, con sus piernas recogidas y su cabeza apoyada en ellas. Pero sola no estaba. Ichigo se encontraba sentado tras la barrera, apoyado en ella como su compañera, espalda contra espalda. Como si así lograran sentir el contacto del otro.
—Rukia…
—Ichigo…
Ambos detuvieron sus palabras al escuchar la voz del otro. Habían hablado al mismo tiempo.
—Deberías… ir a comer algo, no te preocupes por mi —se apresuró a decir la shinigami, antes de que el shinigami sustituto se le adelantara.
—No quiero.
Negación inminente. La voz del chico sonó clara y sin lugar a réplicas. Pero Rukia tampoco daría su brazo a torcer.
—Te dije que…
—Quiero estar contigo —interrumpió, cerrando los ojos, a pesar de que ella no lo notara— No me niegues eso.
Solo eso bastó para dejar a la pequeña Kuchiki sin palabras. Eso había sido demasiado directo. Y más para Ichigo, quien era de actos más que palabras. La morena tan solo pudo apretar el agarre de sus rodillas, refugiándose. No le gustaba ver al chico deprimido. Porque sabía que lo estaba. Se leía en su rostro. Y lo que menos le agradaba era que el joven estaba así por su culpa. ¿Qué podía hacer? Normalmente le mandaría un buen golpe y el chico inmediatamente recuperaría la determinación en sus ojos. Pero… Lo había comprobado tiempo atrás… Era cierto. Ella podía sacarle de su estado depresivo. ¿Y si ella era la causante de ese estado? ¿Quién le devolvería su determinación?
Maldición. Quería abrazarla. Quería hacerle sentir que todo estaría bien. Que saldrían de esta. ¡Pero esa maldita barrera se lo impedía! Lo sabía. Claro que lo sabía. Rukia estaba sufriendo por dentro. Y se lo guardaba. ¿Por qué? Para no preocuparlo. ¿Acaso no sabía que estaba ahí para ella? ¿Que por eso quería acompañarla? Pero no. Ella prefería sufrir antes de involucrarlo. Aquella morena había detenido la lluvia en su interior. ¿Y él? ¿Qué podía hacer Ichigo en esos momentos? Solo observar. No. Estaba harto. Rukia siempre estaba ahí para él. Y ahora era su turno.
—Rukia. No permitiré que te separen de mí.
La mencionada alzó la cabeza de sus rodillas. Sus ojos reflejaban sorpresa por lo dicho. La voz de su compañero había sonado tan… determinante.
—Pero, Ichigo…
—Ya lo sé —dijo el chico, cortando la frase de su compañera— En parte es mi culpa que estés en este estado… Y no sabes lo que daría por poder abrazarte ahora…
De acuerdo. El shinigami sustituto no logró evitar el rubor en sus mejillas. Pero tenía que terminar con lo que quería decir. Era cierto que su relación se basaba en puras acciones. Y necesitaba dejar en claro a la shinigami que él siempre estaría con ella. Al igual que deseaba saber lo que pensaba la morena.
—Eres demasiado importante para mi… yo…
—Ichigo —era su turno de interrumpir— No te fuerces, si algo lo sientes con fuerza… sale solo… no puedes forzar algo que… ¿Ichigo?
La morena volteo sobre sí al notar movimiento al otro lado de la barrera. El joven se había volteado para verla de frente. Rukia volteó para mirarlo a los ojos. Y encontró algo que no esperaba. La mirada avellanada del chico mirándola con profundidad. Tanto, que la pelinegra no logró evitar perderse en ella. Ichigo la miraba con tanto cariño… y había algo más, algo que no estaba segura de identificar.
Rukia esbozó una sonrisa, mirando a su acompañante dulcemente— Ichigo… Te quiero —expresó con sinceridad.
—No… —la miró directo a los ojos— Yo… Te… Te amo, Rukia.
Abrió los ojos desmesuradamente. ¿Había oído bien? Esa era una declaración con todas sus letras. Y quien lo había dicho era nada más ni nada menos que Kurosaki Ichigo. De acuerdo. El shinigami sustituto le había expresado su cariño de variadas formas, y de vez en cuando un te quiero. Y Rukia se conformaba con eso. Sabía bien que el chico era más de acciones que palabras. Pero no se esperaba esa declaración.
—Ichi… go —tartamudeó.
—¿Qué? —sonrió sutilmente— ¿Creíste que porque no te lo decía no lo sentía? Siempre te he amado… solo que…
—Esas palabras estaban de más —completó la morena, e Ichigo sonrió satisfactoriamente.
—… En serio, que daría por tenerte ahora mismo.
Una sonrisa se formó en el rostro del chico. Rukia le respondió de la misma manera.
—También te amo…
Kurosaki sonrió con autosuficiencia. Y se acercó lo máximo que aquella barrera les permitía, para poder mirar intensamente a la morena.
—Lo sé… —dijo en un susurro, acercándose a la shinigami para juntar sus frentes. Mas, todo lo que sintió fue aquella barrera.
Permanecieron así un buen rato. Ambos con los ojos cerrados y concentrándose en la presencia del otro. Aquella presencia que era tan imprescindible para ambos. Y que por razones de fuerza mayor, no podían sentir plenamente.
—Rukia… —susurró el chico, sin dejar su posición.
—¿Mmm?
—¿Ahora puedo echarle en cara a Koizumi que eres mi novia?
Rukia contuvo su risa. Aún después de tanto por lo que habían pasado, el chico se seguía preocupando por posibles amenazas. Vaya que era celoso Kurosaki. Pero… con todo y celoso… estaba perdidamente enamorada del shinigami sustituto. Y ahora podía afirmar ciegamente que el chico sentía lo mismo.
La extrañeza y curiosidad estaba mezclada en el rostro de Inoue, mientras que Ishida se ajustaba los lentes para disimular su curiosidad. Y no era para menos. Acababan de llegar a la tienda de Urahara y se encontraban con que el capitán del sexto escuadrón iba cruzando el portal que lo llevaría de vuelta a la Sociedad de Almas. Ahora la pregunta. ¿Qué hacía Kuchiki Byakuya en el almacén Urahara? O mejor dicho, a qué venía.
—Urahara-san —llamó la atención el quincy, dando a entender que seguían ahí y querían una explicación.
—¡Oh! Pero que gusto tenerlos de visita —dijo el hombre de sombrero, escondiéndose tras su abanico.
—Byakuya vino a tratar asuntos de las casas nobles.
Yoruichi se encontraba apoyada en una pared y con los brazos cruzados. Estaba consciente que no les estaba contando todo a los recién llegados, pero era mejor ahorrarse explicaciones y contar lo necesario.
—¿Kuchiki-san está aquí? —el peliazul alzó una ceja. Era obvio que evitaban el tema.
—Ambos —anunció Kisuke, ganándose una mirada fulminante de parte de la Shihoin— Kurosaki-san y Kuchiki-san se encontraban abajo en el sótano…
—¿¡Se encuentran bien! —se espantó Orihime.
—Es un asunto delicado… —cortó la morena de ojos gatunos— ¿A que debemos su visita?
Ishida frunció el ceño. Si querían que les dijera información tendrían que explicarle lo acontecido. Odiaba eso de los shinigamis. Siempre pensando que se las arreglarían solos y excluyéndolos de lo que ocurría. No. Venía a ayudarlos. Tenía que quitar la preocupación del rostro de su amiga. Quién por cierto, había juntado sus manos y esperaba pacientemente noticias de sus amigos.
—Nos atacaron.
Ante la declaración del quincy, tanto Yoruichi como Kisuke abrieron los ojos sorprendidos.
—Explícate —ordenó la morena.
El peliazul ignoró el tono autoritario de la mujer, y pacientemente contó todo lo acontecido la noche anterior. Aquél hombre con máscara que se presentó ante ellos y que anunciaba que necesitaban al quincy debido a su habilidad. El encuentro con los dos hombres con gran parecido a Ichimaru y Aizen. Su pelea con el hombre de máscara, cuyo nombre anunció como Kei. Incluso la intervención de Yumi y la imprevista retirada de sus contrincantes. Aclarando que esto último quería comentarlo con sus amigos que se hallaban en el sótano en ese momento.
—Mi pregunta es… ¿Por qué no se molestaron en ir a revisar quienes eran esas… presencias? —cuestionó Ishida, no sabiendo bien cómo dirigirse a sus contrincantes.
—Lo más probable fuera la interferencia del brazalete de jade —murmuró Yoruichi, pero logró ser escuchada.
—¿Brazalete de jade? —preguntó inocentemente Inoue.
—Ayer ocurrió un percance con Kuchiki-san… tiene un aumento de reiatsu inestable, es probable que eso nos haya impedido detectar el reiatsu de tus atacantes, Ishida-san…
—Hemos descubierto algo de su estado… pero los diagnósticos no son muy favorables —comentó la morena.
Y fue el turno de los que alguna vez pertenecieron al Seireitei. Explicaron cada detalle. Desde el Shoukyo hasta un poco de Ichigo y su procedencia noble. Algo que no dejó de asombrar a los muchachos. También comentaron el hecho de que en ese momento Rukia se encontraba aislada para evitar que su estado empeorara.
—Ya veo… —balbuceó el quincy, un poco shockeado sobre lo de Ichigo. Es decir, ¿Kurosaki proviene de un clan noble? Sí, claro que lo aparentaba…
—¿Cómo se encuentra Kuchiki-san? —cuestionó Orihime preocupada.
—Ahora mismo está en compañía de Kurosaki-san, si gustan vamos al sótano para comentar lo sucedido —propuso Urahara.
Los cuatro se dirigieron directo al sótano. Si se le podía llamar sótano. Ese lugar parecía de todo menos lo que era. En fin. Bajaron hasta ese enorme sótano, donde se podía ver con claridad al apenas entrar, aquella barrera que tenía encerrada a la shinigami. Pero eso no hizo que los ojos de Inoue se apagaran. Sino el hecho de que el shinigami sustituto se encontraba apoyado de espaldas a la barrera y la Kuchiki a su lado, encerrada, también de espaldas a la barrera. De tal forma que ambos apreciaran el rostro de su acompañante. Se encontraban charlando tranquilamente. A pesar de que sus ojos no reflejaban felicidad, si tenían un singular brillo cuando se miraban. Algo que la joven modelo captó en seguida cuando se acercaron a ellos.
—¿Ishida? ¿Inoue? —nombró el shinigami sustituto al verlos, llamando la atención de la morena.
Los nombrados saludaron con una inclinación de cabeza. Rukia decidió no moverse de su lugar. A ver si así pasaba desapercibida y se ahorraba explicaciones. Pero sus intenciones se vieron frustradas al escuchar la voz de Inoue.
—Kuchiki-san… —susurró.
Tanto Ichigo como Rukia se tensaron. A ver cómo le explicaban ahora el motivo de su encierro.
—No se preocupen, ya les aclaramos lo del Shoukyo —dijo Urahara, para alivio de ambos shinigamis.
—¿Y… qué los trae por aquí? —cuestionó la morena, incorporándose.
—Digamos… que los culpables de tu estado, Kuchiki-san, me atacaron.
Ichigo se paró de un salto ante lo dicho. Mientras los ojos de la morena delataban su sorpresa.
—¿¡Cuando! ¿¡Por qué no…! —el chico detuvo sus propias palabras.
Había sentido como la shinigami tras suyo se levantaba. Pero no decía nada. Giró su cabeza para verla y se encontró con su mirada perdida en el suelo. Inmediatamente se volteo y quiso sujetar a la pelinegra para quitarle esa idea de la cabeza. Pero sus manos chocaron contra aquella pared que los separaba. Maldiciendo un par de veces por ese hecho, se dirigió a su compañera.
—Rukia. No es tu culpa —reprochó el chico. Sabiendo bien en lo que pensaba la Kuchiki.
—Fueron tras mío solo porque la habilidad de los quincy es similar a la del Shoukyo… —comentó Ishida— o por lo menos eso dijo Urahara-san.
—Además, Uryuu-kun está bien, ¿Lo ves, Kuchiki-san? —intentó animar Orihime.
Y entre los tres, Rukia alzó el rostro y fingió una sonrisa que convenció a todos menos a ciertos ojos avellana. Les agradeció el gesto a sus amigos, dejando a Orihime más aliviada. Pero Ichigo era caso aparte. Prefirió no insistir en el tema.
—Pero no vinimos por eso.
El quincy logró captar la atención de los shinigamis.
—Esos tipos son demasiado fuertes… Pelee solo con uno, y estoy seguro que no era el más fuerte. A penas me las arreglé sin que liberara su zampakutou —relató el peliazul, fijando su vista en el shinigami sustituto en ese momento— Antes de que liberara su zampakutou, Takada-san nos interrumpió.
—¿¡Takada!
—Exacto… y aunque no logró explicarme adecuadamente el porqué… Takada-san identificó a uno de los implicados… lo llamó "Takashi".
—Ta… ¡Takashi! —tartamudeó la pelinegra. Alertando a los presentes.
—¿Lo conoces, Kuchiki-san? —cuestionó inocentemente Inoue.
La pelinegra solo cayó de rodillas a modo de respuesta. Estaba demasiado atónita.
—¡Rukia! —se alarmó su compañero— ¿¡Qué te… ! —el chico se detuvo ante su pregunta, recordando a cierto castaño— Koizumi… ¡TAKASHI!
La fuerza con la que Ichigo apretó sus puños dio a entender a los demás que ambos shinigamis sabían de quién estaba hablando el peliazul.
—¡Ese mal nacido! ¿¡Cómo mierda no me di cuenta antes!
—Pero… en qué momento… —balbuceó la morena— Pensé que quizás Hatori podría estar implicado… pero Takashi…
—Kuchiki-san —llamó el dueño del almacén. De paso tranquilizando el tenso ambiente que se había formado.
Logró su cometido. Rukia le miró aún desde su posición, pero atenta. E Ichigo dejó de maltratar sus puños.
—Esos tipos fueron los que robaron los gigais… les recuerdo que una de sus funciones es cambiar a voluntad el aspecto de su usuario limitando el cambio de sexo.
La shinigami comprendió al instante.
—Entonces no fue Hatori… Todo este tiempo… fue…
—¡Le romperé la cara en cuanto lo vea! —soltó el chico de cabellera anaranjada.
—Kurosaki —reclamó el quincy— lamento interrumpir tus palabras de cariño, pero aún me inquieta algo.
Ishida captó la atención de Yoruichi, que hasta ese entonces había juzgado callada la información y el escándalo que estaba montando el shinigami sustituto en ese momento. Kisuke fue otro que miró atento al peliazul. Y una vez que Ichigo mandara un par de maldiciones más, se dispuso a hablar.
—Eran cinco enemigos. Cuatro hombres y una mujer. Dos de los hombres estuvieron solo observando la pelea, el tercero es el tal Takashi, y yo pelee con el otro… en cuanto llegó Takada-san, la mujer la iba a atacar… Pero el chico Takashi la detuvo.
—Eso quiere decir que se conocen desde antes, Takada y Takashi —concluyó la morena de ojos gatunos.
—No creo que Takada sea enemiga —defendió Kurosaki.
—Yo tampoco —apoyó el peliazul— De ser así, no le hubiera asombrado el encontrárselo y tampoco la habrían atacado como planeaban hacerlo.
—También nos dice que Takada-san es influyente contra el enemigo… de lo contrario no se habrían retirado de la batalla —comentó el hombre de sombrero y sandalias.
—Correcto —afirmó el quincy.
Mientras Ichigo y Rukia estaban absortos. No podían asimilar el hecho de que sus compañeros de trabajo estuvieran implicados. Lo único que se preguntaban era… ¿En qué momento?
—
Haruka había vuelto del mandato de aquel hombre castaño. Kei venía junto a ella, traía sobre sus hombros como si de tan solo un peso extra se tratara, el cuerpo de una muchacha inconsciente cuyo rostro era cubierto por su larga cabellera ondulada.
—Ryosuke-sama —llamó la morena— Hemos cumplido con el encargo.
Una sonrisa se asomó en el rostro del castaño. Mientras que el sonriente peligris miraba curioso al segundo individuo inconsciente.
—Despiértenla —ordenó, como era su costumbre, el castaño.
Kei se dirigió a una pared cercana para apoyar a la mujer, ante los reproches de Haruka que se quejaba por la poca delicadez del hombre. Aún así, terminó de apoyar a la chica en la pared y dándole espacio a su compañera. La morena se arrodilló a la altura de la fémina y puso sus manos frente a su rostro, sin llegar a rozarla. Un leve resplandor salió de sus manos, que tan solo duró unos segundos, para después apreciar como la mujer de cabellos anaranjados se incorporaba, abriendo lentamente los ojos y cuando logró distinguir a las figuras frente a ella, comenzó a examinar el lugar.
—Bienvenida, Mazaki-san —dijo Ryosuke, alzando sus brazos para enfatizar su gesto.
Makoto tan solo se mantuvo callada. Examinando minuciosamente el lugar, sorprendiéndose al reconocer a su compañero de trabajo en aquella camilla, inconsciente. Claro que sus facciones no se vieron alteradas. Bien era reconocida por su rostro libre de emociones. Y esa no sería la excepción. Su rostro no debía demostrar emoción alguna. Orgullosa de ese hecho, miró directamente al castaño que le había dirigido la palabra. Dándole a entender que por llamarla por aquel apellido no iba a ganarse su confianza, ni mucho menos.
—Creo que, por lo menos, estarás enterada de tu singular habilidad proveniente del Clan Mazaki —comenzó el castaño— Queremos que la uses para…
—Solo soy una descendiente —interrumpió la mujer, impasible— No tengo mayor habilidad.
—Aún así —continuó el hombre— Hay habilidades que solo se heredan. Y queremos que le quites a este chico una parte de sus recuerdos.
La actriz miró al lugar señalado. El lugar donde se hallaba Takashi inconsciente. Esto era muy extraño. Anteriormente había comentado la situación con Hatori, sobre el posible movimiento en el mundo humano. Pero nunca pensó que se vería implicada. Y menos que se hallaría cara a cara contra los culpables.
—¿Y el Shoukyo? —cuestionó.
—¿¡Cómo sabes de eso! —se exaltó el moreno, quien en ese momento llevaba su habitual máscara.
El castaño lo detuvo con un gesto. Aunque su rostro se había tornado más serio de lo acostumbrado. Era obvio que aquella mujer sabía más de lo que esperaba.
—Pareces informada —comentó Ryosuke, intentando guardar la compostura.
—Son mis raíces —justificó la ojipúrpura.
—Entonces no hace falta que te dé más instrucciones.
A penas el hombre se volteó después de decir aquello, ambos morenos tomaron a la actriz de los brazos y la arrastraron al lado de la camilla. Makoto no se resistió. Tenía que averiguar a como sea qué era lo que planeaban. Era la oportunidad perfecta.
—¿Seguro que funcionará? —comentó el hombre de sonrisa zorruna, evitando que la Makoto lo escuchara.
—Aunque me pese, dependemos de ella —susurró el castaño.
Guardaron silencio. Mientras veían como la mujer inspeccionaba al chico castaño. Tanto Haruka como Kei se encontraban parados a un lado de Makoto. Por si intentaba algún movimiento brusco. Pero ella solo cerró los ojos un momento, y luego alzó la mirada hacia aquellos hombres frente suyo.
—No tengo el poder para revertir sucesos del pasado… Pero puedo hacer que los olvide.
—Bien —respondió de inmediato el aparente líder— Se trata de una chica pelirroja.
La sola aprobación dio paso para que la actriz colocara su mano derecha en la frente del castaño, mientras la izquierda se apoyaba en la derecha. Los presentes estuvieron atentos a cada acción por parte de la heredera del poder de los Mazaki.
—¿Si intenta indagar en algún recuerdo? —cuestionó de pronto el peligris, a su compañero.
—Takashi no tiene mayor información que pueda perjudicarnos, por eso nunca le di algún trabajo de relevancia.
Makoto maldijo internamente. A pesar de que le costaba por el esfuerzo que mantenía en los recuerdos del castaño, estaba atenta a la conversación de ambos hombres. Y era cierto lo que decían. Nada de lo que indagaba en el chico era de relevancia. Pero también era cierto que su resistencia no era tanta como para aguantar todos sus recuerdos. Además, si se tardaba, sospecharían. Mejor era concentrarse plenamente en borrar el recuerdo de aquella pelirroja que habían nombrado.
—Tsk. Esto está tardando mucho —comentó el moreno.
—No la desconcentres —defendió Haruka.
Makoto se lo agradeció internamente mientras reprimía un suspiro. Parece que después de todo no había nada relevante en el castaño… Rukia. Evitó abrir los ojos de la sorpresa. Podía ver claramente en sus recuerdos, como Takashi sostenía el Shoukyo en sus manos, después de leer una carta. Con instrucciones. Instrucciones que ordenaban meter el Shoukyo en la Kuchiki, y después activarlo enviando una descarga de reiatsu a través de la morena. Mientras el contacto fuera más directo, mejor. Y al parecer el castaño lo había decidido con… Espera… ¿Aquellos hombres habían mencionado a Rukia y el Shoukyo o había sido idea suya? Tranquila. Intentó calmarse para poder concentrarse. Esos hombres sabían de la existencia del brazalete de jade que ella le había obsequiado a su amiga actriz. Pero entonces, ¿Tanta era su desesperación para llevarla a ella? Ella había intervenido en sus planes, por lo que oía. Demasiada información… lo mejor era estar atenta al castaño. Sino explotaría por su confusión.
—¿Terminaste? —sonrió el peligris.
La actriz poco a poco retiró sus manos de la frente del chico. Respirando hondo para relajarse.
—Si… Al menos que tenga contacto directo con la pelirroja… no recordará nada —concluyó la chica.
—¿Ya has tenido suficiente?
La actriz no pareció entender la pregunta formulada por el hombre castaño.
—Has obedecido sin rechistar —se explicó— Una actitud más normal hubiera camuflado el hecho de que querías conseguir información.
La chica tragó saliva. Intentando ocultar el nerviosismo que en esos momentos atacaba a su cuerpo. Para cuando se quiso dar cuenta, nuevamente era sujetada por los morenos a su lado. Impidiéndole escapatoria. Pero, para su sorpresa, el hombre indicó con un gesto que la soltaran.
—Tengo un mensaje para Kuchiki Rukia —anunció, dirigiéndose a Makoto— Tanto nosotros como ellos necesitan recobrar fuerzas, por lo tanto… Retiraremos el Karui2 Shoukyo… ¿Sabes lo que significa?
—Aplicar la otra modalidad, Kagiru Shoukyo… Reteniendo el reiatsu y a la vez impidiendo que absorba más… —dijo mecánicamente la chica.
—Estás bien informada —sonrió complacido— La presencia del brazalete de jade no se verá necesaria, así que, despreocúpate.
Al verse de espaldas, y terminada la conversación, Haruka supo lo que tenía que hacer. Inmediatamente tocó el hombro de la actriz por la espalda, provocando que ésta cayera inconsciente y que Kei la tuviera que sujetar antes que chocara contra el piso. Y sin esperar otra orden del castaño, ambos morenos se marcharon con la mujer a cuestas.
—¿Es seguro dejarla ir? —comentó un sonriente peligris.
No obtuvo respuesta, el castaño en la camilla se comenzó a incorporar. Pero aunque el chico siguiera inconsciente, Ren sabía bien que ni aún así el castaño le contestaría a su pregunta.
—Je. Estamos más jodidos que antes.
—
Ya había salido de la ducha. Se encontraba con su pijama de verano y con una toalla secando su corta cabellera. Aún pensaba en lo acontecido la noche anterior. Era lo único que tenía en mente. Aún así, se las había arreglado para no preocupar a sus compañeros en el trabajo.
—Eso me recuerda… Kurosaki no fue hoy al hospital… —murmuró para sí, mientras sus ojos se apagaban.
Todavía con la toalla en la mano, se dirigió a su cama. Vio en su velador unos dulces y cogió uno. Se sentó sigilosamente en su cama, mirando aquel caramelo entre sus manos. Para después voltear y ver a través de la ventana que se encontraba junto a su cama. La luna estaba llena. Sonrió melancólicamente al recordarlo.
—¿Por qué sigues en este mundo?
Cerró su palma, apretando aquel dulce y llevándolo hasta su pecho. Una lágrima se deslizó por su mejilla mientras miraba la altiva luna en el cielo nocturno. Pero ella no veía la luna. En ella se dibujaba el rostro sonriente de un castaño de ojos almendrados.
—No deberías estar aquí… Hermano…
Conceptos.
Gouyoku1 [強欲]: Ambición, codicia.
Karui2[軽い]: Ligero.
Ufff... respiro tranquila. Bueno, estoy ya trabajando en el siguiente cap. Salgo de mi adorada ciudad este Jueves, en busca del verano (porque aquí está nublado tirado pa que quiere llover ¬¬) Pero no se preocupen, llevo mi inspiración atada en la maleta y un pendrive con el cap guardado por si no puedo llevar el notebook para escribir. A ver si cambiando de ambiente el fic se pone más interesante!
Y bien, como siempre, críticas, tomates por la demora ;O; naranjitas! son bien recibidas. Se cuidan mucho, y respiren antes de dejar el review ;D no quiero morir joven ;O; Pero eso si, reviews~ que son la base para cualquier escritor en este fanfiction o.o
Chuu~
Kimiko.
