Estoy simplemente orgullosa de este cap, lo empeze y termine al dia siguiente de publicar el capitulo 13, y que conste que fue el dia antes de irme de vacaciones! Y mas feliz estoy porque o me hayan matado por la demora... aunque ganas no faltaban cierto? xD

Ok, agradecimientos a Koraru-san (quien no haya leido su fic, es pecado! asique se van directo a buscar "Un gigai para Kon"! De lo contrario... yo misma ire con el hacha a sus casas y les corto el cable de internet! —pura publicidad xD— Pero ya en serio, esta terminadito y bien bueno), Maka009-chan (maniacos del fic, bienvenidos sean! ya te lo je bien claro ^^)

Euphrasie Elessar: Pues dejame decirte que ese no sera el unico lemon, no señor, ambos tienen que tener el recuerdo! Sep, Inoue abrira los ojos bien abiertos jojoojojoj

alecita122: Y dejame decirte que aun tengo algo preparado... Seee, mejor se la deja en casa, pero tenia que ver como estaba nuestro par ojjojoj

nanda18:Pues si, mi inspiracion andaba vagando –o- pero lejos de problemas escritores, estoy vivita y aguantando la calor nocturna ¬¬

Uchiha Katze: Ya te andaba extrañando! que bueno que recordaste mi pensado abandonado fic xD pues si, Takashi es hermano de Yumi, a ver como se las arregla la chica con el shock y a ver como tomas tu la proxima sorpresa...

Buenooo, a leer! Ah, y por cierto... mensaje personal xD

Alguien sabe algun dato de una tienda de anime en Pto. Montt, Concepcion, Pucon, Temuco o Valdivia? vieran ustedes los recuerditos que llevo, y me perdi el peluche de Bya-kun... (llore por ello un buen rato) Bueno... chilenitas, ayuda bien recibida~


¿Descanso?

Se había tardado. Habían quedado en juntarse hace unos días y ni se había presentado en su casa. Asique, obligado, el rubio se dirigió al departamento de la chica de cabellera ondulada. Lo admitía. Estaba preocupado. Normalmente la actriz le daba noticias diarias de ella, pero hace unos días que no sabía nada. Paró su recorrido al entrar a un barrio bastante lujoso, llamó al piso 5 y esperó a que le contestaran.

—¿Diga? —se escuchó la voz de un hombre.

—¿Se encuentra Makoto? —cuestionó el ojiazul.

—¡Oh! ¡Hatori-dono! La señorita lleva unos días investigando algo en la biblioteca… en seguida abro.

Y con aquel permiso, aquella enorme reja se abrió dejando paso al rubio. Caminó hasta aquél enorme edificio. En la entrada, el recepcionista lo saludó muy formalmente, mientras que el ojiazul le respondió con un gesto de cabeza, dirigiéndose al piso de su compañera. Tan solo llegar el chico fue recibido por un hombre de bigote y traje negro, con el cabello algo canoso.

—Buenos días, Hatori-dono —saludó con una reverencia.

—Cuanto tiempo, Sebastian —dijo el actor con una sonrisa, pasándole su abrigo al hombre de traje.

—La señorita sigue en la biblioteca…

—¿Ha comido? —cuestionó.

—No me ha querido recibir el desayuno —comentó el mayordomo con rostro preocupado, mirando una bandeja con comida occidental que permanecía en una mesita de la sala.

—Ya veo…

Sebastian sonrió al ver como el chico cogía la bandeja y se dirigía por el pasillo hasta una puerta que estaba entreabierta. En todos los años que llevaba cuidando a la joven actriz, con el único que la veía abrirse tal como era y sonreír era con aquel chico rubio. Seguramente él era el único que podría averiguar qué sucedía con Makoto.

Hatori abrió la puerta cuidadosamente, con la bandeja en manos. Lo primero que vio fue a la ojipúrpura rodeada de montones de libros. Se encontraba sentada en el piso al lado de una mesa donde había más libros. Su cabello atado en una coleta alta para que no interfiriera en su lectura.

—Tienes que comer algo —dijo para llamar su atención, arrodillándose para quedar a su altura.

—¿Hatori? —mencionó la chica, levantando su vista del libro que traía en manos— ¿Qué haces aquí?

—Eso debería preguntarte yo, ¿Te pasó algo?

La mujer le miró curiosa para luego volver su vista al libro y decir en tono calmado.

—Ah, si… me secuestraron.

No faltó decir que el rubio se exaltó.

—¿¡Qué! —dejó la bandeja a un lado y tomó a la chica de los hombros— ¿¡Estás bien!

—Si… ¿Recuerdas lo que te dije del reiatsu de Rukia? —cuando el ojiazul la soltó, tomó de la bandeja un vaso de leche.

—Lo de que habías restringido su reiatsu y lo del Shou no sé cuanto

—Koizumi estaba involucrado —comentó, tomando un sorbo del vaso.

—¿¡QUÉ! —no faltó decir que el chico se exaltó aún más.

Cuando tomó más de la mitad del contenido de su vaso, lo dejo a un lado y se dispuso a aclarar la situación al rubio antes de que terminara con un ataque de histeria.

—Como te dije, el Shoukyo es un artefacto noble… Me secuestraron los responsables para que borrara una parte de la memoria de Koizumi… Y con eso logré entender un poco más el asunto… —la actriz esta vez cogió una tostada de la bandeja.

—Makoto… ¿Qué tiene que ver Koizumi en esto?

—Él le introdujo el Shoukyo a Rukia, seguramente activó su efecto cuando la besó aquella vez, en escena —aclaró la chica, después de tragar un pedazo de su tostada.

—… ¿Rukia lo sabe? —cuestionó, dudoso.

—No lo creo, pero planeo decírselo.

Dicho eso, la actriz volvió a su lectura. Hatori miró al rededor y echó una ojeada a un libro cercano a él. Buscando el interés de su compañera en investigar tanto. Y como no lo encontró, prefirió preguntarlo directamente.

—Busco el funcionamiento del Shoukyo —se adelantó la chica, adivinando por los movimientos del chico.

El ojiazul alzó una ceja, miró la pila de libros que estaban en la mesa y los que rodeaban a la joven de finos rasgos. Después echó una ojeada a un estante cercano a una gran ventana. Se dirigió allí y miró por un rato los libros, bajo la atenta mirada de su compañera.

—¿Qué haces? —preguntó Makoto, extrañada.

—La última vez que me explicaste sobre esa cosa… —dijo, sacando un libro de aquél estante— Guardaste el libró por aquí.

La ojipúrpura se sorprendió ante lo dicho. Era cierto, ahora que lo recordaba. Y quizás ese era justamente el libro que buscaba. Con sutileza, dejó el libro que anteriormente ojeaba a un lado y se levantó para dirigirse al lugar donde estaba el rubio. El chico, ya había sacado un libro y lo estaba ojeando. Cuando sintió la presencia de su compañera tras suyo, se volteó para entregárselo. La chica a penas verlo, sonrió agradecida.

—Qué haría yo sin ti…

—Seguramente desperdiciarías el exquisito desayuno de Sebastian —comentó el ojiazul, dirigiéndose a la bandeja y dándole un mordisco a la tostada— ¿Y bien? ¿Qué dice?

—Nada que no sepa… —soltó en un suspiro.

—Pero… ¿Qué buscas?

La actriz se mantuvo en silencio un momento. Para luego alzar su mirada al rubio.

—Como revertir la introducción del Shoukyo y su activación… Según lo que he analizado… Solo Koizumi podría revertirlo.

—Y quieres buscar otra manera porque sabes que él no lo hará —completó el actor.

—Exacto.

El rubio, al ver a la chica con la mirada gacha, se acercó hasta la bandeja que se hallaba junto al montón de libros olvidados por su dueña. Cogió el vaso de leche y volvió junto a Makoto, colocando el vaso frente a ella. Dándole a entender que tomara un poco. Y la chica le hizo caso con una sonrisa apagada.

—Te acompañaré a decirle a Rukia… pero… algo me dice que no está en su departamento…

La joven se sorprendió ante esas palabras.

—Hatori… estás aprendiendo a detectar el reiatsu —comentó alegre.

—Puede ser por el tiempo que pasamos juntos, tú misma me lo comentaste una vez… El reiatsu puede ser transferido, y sabes bien que no soy del todo normal —comentó sonriente.

Una sonrisa sincera se formó en el rostro de la muchacha, pero a pesar de ello, su rostro reflejaba preocupación. Algo que Hatori captó perfectamente y no pudo evitar que la preocupación por la chica de cabellera ondulada lo inundara.

—A ti te pasa algo —concluyó.

Se mantuvo en silencio un momento, pero ante la insistente mirada de su compañero, alzó la mirada a un lugar indefinido.

—Es solo que… No puedo evitar pensar si Koizumi es consciente del daño que le provoca a Rukia…

—¿¡Lo estás defendiendo! —se espantó el rubio.

—¡No! Pero… Su rostro refleja absoluta felicidad cuando está junto a ella… Y sus ojos tienen un brillo diferente, como si esa obsesión que tiene por ella… no fuera solo eso…

—Piensas que Koizumi está enamorado de Rukia…

Makoto asintió con la cabeza. Mientras que Hatori se mantuvo callado. Sabía que a su compañera le gustaba analizar las reacciones de las demás personas… su comportamiento, expresiones, y diferentes detalles. Fue por eso que pensó, si la joven lo decía, debía ser cierto. Y lo extrañaba su inseguridad con respecto al actuar del castaño. ¿De verdad Takashi estaría consciente del daño que le provocaba a Rukia?

—¿Ehhh? ¿Cómo es eso que nos quedamos sin presupuesto? —exclamó una mujer de exagerados atributos.

—Pues eso —declaró Nanao, ajustando sus lentes— Parece ser que alguien tomó nuestras finanzas.

La teniente del octavo escuadrón miró a Matsumoto de manera sospechosa, mientras la mujer tenía un dedo en su barbilla preguntándose quién podría ser el culpable.

—¿Eehh? —dijo una voz infantil— ¡Esa persona merece un castigo inmediato!

—¡Pero Presidenta! —reaccionó la teniente del décimo escuadrón— ¡Le traje tantos dulces que le tuve que pedir al calvito que me cargara algunos!

La pelirrosa tomó inmediatamente los caramelos que le ofrecía Rangiku.

—¡Vice Presidenta! —mencionó, dándole una mascada a sus nuevas adquisiciones— Mejor será olvidar el asunto, seguramente el responsable tiene sus buenas razones.

A la morena de lentes le corrió una gota por la nuca.

—¡A que no saben con que noticias vengo! —exclamó Matsumoto, llamando la atención de las mujeres de la asociación presentes.

—¿Pasó algo, Rangiku-san? —cuestionó Momo, curiosa.

La nombrada sonrió pícaramente.

—Nuestra Rukia-chan está enrollada con Kurosaki Ichigo —aplaudió la mujer ante el cotilleo.

Las presentes siguieron en sus actividades cotidianas. Yachiru comía feliz sus dulces. Matsumoto se extrañó de la actitud generada por sus compañeras.

—¿Acaso no escucharon?

—Claro que sí, pero no es sorpresa que Kuchiki-san y Kurosaki Ichigo terminaran juntos —comentó Isane.

Nemu asintió ante el comentario.

—Pero… ¿Viviendo solos bajo el mimo techo?

Inmediatamente los miembros de la Asociación Femenina de Shinigamis se abalanzaron sobre la Rangiku.

—Dices, ¿¡Juntos, juntos! —exclamó Nanao.

—¡Pues claro! Lo vi con mis propios ojos —aclaró orgullosa la teniente.

—¿Ichi con Rukia-chan?

—¡Pues claro!

—Y los viste… a los dos, solos…

—¡Claro!

—¡Imposible!

Y ese tipos de comentarios se escuchó por toda la sala de reunión, ya no se podía identificar de quien provenían. El sonriente rostro de Matsumoto era imposible de no notar. Qué decir de la curiosidad presente en los miembros.

—Kuchiki-taichou ¿Está seguro?

Todas callaron al instante. Esa era la voz de Renji, que se escuchaba tras la puerta. Y la mujer de exagerados atributos fue la primera en pegar oreja a la puerta de la sala de reunión.

—Las órdenes ya fueron explicadas —la voz inconfundible de Byakuya se hizo audible.

—Puedo… ¿Puedo ir?

El silencio se hizo presente ante la petición del pelirrojo. Las mujeres shinigamis estaban expectantes.

—Me preocupa Rukia y…

—Nunca especificaron que fuera solo —cortó el pelinegro.

Renji iba a responder con un agradecimiento. Era lo que seguramente estaba a punto de hacer hasta la interrupción de la puerta abriéndose. Y con ella la teniente pelirrosa mirando curiosa a aquellos hombres.

—¿Van a algún lado? —preguntó con aparente inocencia.

El teniente prefirió no preguntar qué hacían parte de la población femenina de shinigamis tras aquella puerta.

—Al mundo humano —respondió cortante el capitán, alejándose. Siendo seguido de cerca por su teniente.

—¿Le habrá pasado algo a Rukia-chan? —cuestionó Hinamori, al ver como ambos hombres se alejaban.

—Ese asunto… no nos concierne —dijo Vice Presidenta, con pésame.

Estaba harta. De verdad que era mucha la terquedad. Y Kuchiki Rukia tenía su paciencia. Hacía solo unos días que se encontraba encerrada en aquella barrera. Que por cierto, la habían abastecido de diversas comodidades, ya hasta tenía su futón y algunas cuantas ropas. Sin mencionar la cantidad de revistas y diversas entretenciones para mantenerla ocupada. Pero en fin. En todo ese tiempo… ¡Ichigo se había quedado a su lado y no había ido al hospital! Ya ni quería saber la excusa que pondría, si seguía así, el joven iba a tener serios problemas en su profesión.

—Ichigo —llamó seria— Por última vez, anda al maldito trabajo si no quieres que te mate a penas salga.

—Pero… tú estarás…

—¡Maldición, cabeza hueca! —palabras de cariño— ¡Ya te dije que estoy perfectamente! ¡Que estoy encerrada no inválida!

—Tampoco me insultes, enana —la miró fulminante— Que conste que volveré dentro de varias horas y no tendrás a nadie con quien conversar durante…

—Sí, sí, lo que sea ¡Ya lárgate!

Y con eso, Ichigo cogió sus cosas y se marchó del sótano. No sin antes dedicarle una desafiante mirada a la morena y unas palabras de cariño.

—Bruja insensible.

—Terco descerebrado.

El chico subió las escaleras, dejando a la shinigami tranquila. No le gustaba para nada apartarse de su lado. Pero debía hacerlo por su profesión y porque sino la morena le estaría recriminando no solo lo que quedaba del día, sino toda su vida.

—Al fin sales a ventilarte —comentó una morena de ojos gatunos.

Ichigo solo bufó, pasando al lado de Urahara quien estaba sonriente tras su abanico.

—Volveré por la tarde…

—Nosotros cuidamos de Kuchiki-san, no te preocupes —tranquilizó el dueño del almacén.

Un poco más tranquilo, solo un poco, Kurosaki se marchó del lugar. Directo al hospital y rogando para que su compañero Takei hubiera dado una buena excusa a su sensei.

Ambos ex-shinigamis vieron marchar al chico de singular color de cabello. Esperando que se distrajera de todo el estrés al que había estado sometido. Los dos sabían bien que el ver a la Kuchiki encerrada no hacía más que afligir al shinigami sustituto. Y lo que menos necesitaba Rukia era ver la preocupación reflejada en el rostro de su compañero. Suficiente tenía con su propio estado, para agregar el peso del chico.

—Buenos días —saludó una voz masculina.

Su atención fue directa a los dos individuos plasmados en la entrada del almacén. Una joven de cabello ondulado, acompañada de un chico rubio, quién había sido el responsable del saludo.

—¡Oh! ¿Qué les trae a mi humilde tienda? —invitó el hombre de sombrero, sonriente.

—Queremos ver a Rukia.

La sola mención de aquel nombre hizo que Kisuke se pusiera serio y Yoruichi, tras suyo, fijara su atención en los recién llegados. Analizando cada facción, buscando algún peligro en alguno de los dos. Mas, el rostro decidido de la ojipúrpura le provocó una duda a la Shihoin. Duda que estaba dispuesta a aclarar.

—¿Cuál es tu nombre? —se dirigió a la joven actriz.

—Makoto —respondió, altiva— Soy compañera de Rukia, y sé que está aquí dentro.

Solo hizo falta eso para que ambos actores entraran en aquél almacén y se vieran analizados por la furtiva mirada de la morena. Ambos, haciendo gala de sus dotes profesionales, ignoraron la insistente mirada y se dejaron guiar hasta la sala, donde Urahara se sentó y esperó hasta que los visitantes lo imitaran. Yoruichi los seguía de cerca, atenta a cualquier reacción.

—El Shoukyo fue cambiado de modalidad, y por ahora es totalmente inofensivo en Rukia —la chica de cabellera anaranjada fue directo al grano.

—Eso es algo que solo los responsables sabrían —comentó la mujer de ojos gatunos, sospechosa.

Makoto miró seriamente a la mujer y lo soltó todo. Cómo la habían secuestrado y qué esperaban de ella por ser descendiente del Clan Mazaki. También su investigación de Shoukyo y que por ese mismo descubrimiento se había visto obligada a despojarse de su anonimato con respecto a su reiatsu, dándole el brazalete de jade a su compañera para asegurar su protección. El hecho de que le había ocultado algunos recuerdos a Takashi. Todo. Contaría todo con tal de ver a la pelinegra y contarle lo sucedido.

—Entiendo tu postura pero… cómo podemos estar seguros que Kuchiki-san está a salvo.

Y Makoto nunca había hablado tanto en su vida.

—Rukia puede salir de su gigai… imagino que antes el poder del Shoukyo se lo impedía…

—Si hacemos eso, nos arriesgamos a que el brazalete de jade explote ante tanta retención —interrumpió Yoruichi.

—No… —negó la ojipúrpura.

—El brazalete de jade tiene cinco diamantes.

Los ex-shinigamis giraron ante lo dicho por el rubio. Si eso era cierto… A pesar de que Rukia saliera de su gigai, su vida no peligraría más de lo que estaba. Y por la seguridad reflejada en los ojos de Makoto, y la fe ciega que se notaba Hatori tenía en ella… Valía la pena probar.

Dicho y hecho, se dirigieron al sótano. Rukia se hallaba despreocupada dentro de la barrera. Y fue por lo mismo que se asombró al notar como ésta desaparecía frente a sus ojos. Rápidamente registró todos los lados a su alcance. Para después reparar en algo que la dejó absorta. Allí, frente a ella, se hallaban dos de sus compañeros de trabajo. Aquellos que tanto le habían ayudado.

—Rukia… —sonrió Makoto, feliz de verla a salvo.

—Ustedes... ¿Qué hacen aquí? —cuestionó la morena con la sorpresa reflejada en su rostro.

—Kuchiki-san… antes de explicar cualquier cosa, me gustaría que salieras de tu gigai —comentó Urahara.

La pelinegra lo dudó unos segundos. Pero bien sabía que la presencia de sus dos compañeros ahí, significaba algo favorable. Así que con cuidado, buscó entre sus ropas hasta dar con el gikongan. Lo acercó a su boca y tragó la píldora. Inmediatamente su cuerpo se desprendió de su alma. Y lo primero que hizo el gigai fue empezar a observar sus manos, corroborando que todo estuviera en orden. Mientras, Rukia se encontraba con su traje de shinigami en una situación similar a su gigai.

—Parece ser que era cierto —soltó la Shihoin.

Rukia sonrió ante el hecho de que no estaba atrapada en su gigai. Al igual que el alma que ahora habitaba su cuerpo artificial, quien saltaba de felicidad al ver a la Kuchiki en perfecto estado.

—Retiraron la modalidad del Shoukyo, lo sigues teniendo dentro, pero está en una especie de letargo —explicó Makoto.

La morena no pudo evitar sorprenderse ante el hecho de que la chica estuviera bastante informada.

—¿Sabes algo de Koizumi, Rukia? —cuestionó Hatori, directo.

—Parece ser… Que Takashi está implicado —respondió, bajando la mirada.

—No solo eso…

La shinigami alzó la mirada ante el comentario del ojiazul.

—Rukia… Koizumi fue quien introdujo el Shoukyo en ti… Y activó su modalidad transfiriendo su reiatsu por medio del beso en la grabación.

Ahora si la chica estaba en shock ante lo dicho por su compañera actriz. Pero ahora… todo tenía sentido… sus mareos, todo. Y que el castaño estuviera implicado… ¿Será que lo había subestimado demasiado? ¿Lo había prestado suficiente atención? ¿Y qué pasaba con ella? Ni a Makoto, ni a Takashi… no había podido detectar reiatsu alguno durante todo ese tiempo ¿Sería acaso que estaba demasiado tiempo sin salir de su gigai? Esperaba que fuera eso. De lo contrario, no soportaría el pensar que por su descuido, Ichigo estaba preocupado por ella y les había causado tantos problemas a todos.

—Lo extraño es… —comentó la de cabellera ondulada— Que nunca noté reiatsu alguno en Takashi… pasó completamente desapercibido… como yo lo hice con el brazalete de jade.

—Eso es porque tienen los gigais robados —aclaró Yoruichi.

Era cierto. Pero si tenían en cuenta que los gigais habían sido robados hace no mucho, y Takashi llevaba trabajando con ellos desde antes, esa razón no era muy confiable. Sin mencionar que todo ese tiempo Rukia y Makoto habían convivido con el castaño.

—Pero también es cierto que son cuatro los responsables, cinco contando con el chico —señaló Urahara— Y son tres gigais los que robaron, por lo tanto dos de las presencias deberíamos sentirlas… No es así, ¿Makoto-san?

—Es cierto —interrumpió la mencionada al entender a qué se refería el hombre de sombrero— Cuando estuve en aquél lugar… Los veía, pero sus presencias estaban ocultas.

Rukia se asombró al escuchar que su compañera había estado en el mismo sitio que los responsables de su estado. Y quizás fue la sorpresa lo que provocó que el rubio le explicara a la pelinegra lo que sucedía.

—Hace unos días Makoto fue secuestrada, por sus habilidades como descendiente Mazaki… fue ahí donde descubrió que Koizumi estaba involucrado.

—¿Estás bien? —cuestionó la morena, asustada.

—Si… y tú deberías tranquilizarte, no es tu culpa lo que ocurre.

La pelinegra sonrió sinceramente. Siempre le había asombrado como Makoto, con tan solo unas palabras, era capaz de levantarle el ánimo. Y no solo a ella, muchas veces había presenciado algo similar con Hatori. Al parecer la chica conocía bien de las reacciones de sus compañeros. Y también como tranquilizarlos.

—Puedo… ¿Puedo volver al departamento? —la mirada de la shinigami era de total ilusión.

—No sabemos por cuánto tiempo estés fuera de peligro… —explicó la morena de ojos gatunos.

El rubio posó su mano en la cabellera de Rukia al ver que ésta agachaba su mirada.

—¿Has sentido un cosquilleo antes de que un diamante aparezca? —preguntó con sutileza Makoto.

—Pues… sí, y después siento como el reiatsu aumenta…

—Podría… —comentó el hombre de sombrero— Alterar el brazalete para que se active la barrera ante el aumento de reiatsu, así sólo se formaría un tercer diamante… Claro, todo esto si es posible sacar el brazalete.

—Sí, es posible, ya que el reiatsu acumulado ahora mismo está contenido en el propio Shoukyo… Los diamantes han desaparecido por lo mismo, pero… Cuando el Shoukyo vuelva a ser activado, el reiatsu explotará de golpe y se formarán inmediatamente tres diamantes… También será más doloroso que los anteriores…

Silencio general. La shinigami miró atenta el brazalete blanco puro que ahora estaba en su muñeca. No había rastro de los diamantes que se habían formado anteriormente. Y era cierto que el dolor que sentía cuando ese reiatsu la asfixiaba era insoportable. Ni quería imaginar cómo sería tres simultáneamente. Pero… quería estar al lado de Ichigo. No importaba el costo.

—Lo soportaré —anunció la pelinegra, decidida. Digna osadía de un Kuchiki.

Urahara le pidió que le entregara el brazalete, y de paso el gigai para analizarlo y ver si había posibilidad de sacar el Shoukyo. Mientras, Hatori había sugerido pasar por el departamento de la morena para que se alistara. Ya que ellos la acompañarían hasta el hospital. Para darle una sorpresa a cierto chico de singular cabello.

No tenía idea como tocar el tema. Si le preguntaba directamente podría exponerse a algo que la pelirroja desconocía, y por consecuente, se delataría. Así que, en eso estaba desde hace un rato. Cómo plantearle a su compañera de trabajo el por qué estaba esa noche cuando Ishida fue atacado. Si sabía algo de los responsables, si los conocía, y sobre todo desde cuando sentía reiatsu, ¡Además de un sin fin de cosas! Pero en esos momentos se encontraba caminando junto a sus tres compañeros. Ambos hermanos Takei iban charlando animadamente, más bien el chico le hablaba a su hermana de algo y ésta respondía intentando tranquilizarlo. Mientras, la pelirroja iba un poco más atrás de ellos, pensativa. Y él, algo más alejado siguiendo al grupo.

—¡Pero deberías verla! Una hermosa capricornio con esa mirada tan profunda —comentó al aire, el ojiverde.

—Sí, sí, me sorprende que hayas investigado hasta su signo zodiacal, ¿Desde cuándo eres fanático de eso? —cuestionó su hermana, siendo ignorada totalmente.

—Ahhh… ¡Ya quiero saber que le pasará a Keiko-sama mañana! —dijo soñadoramente.

—¿Y ustedes de qué hablan? —preguntó Ichigo, ya harto del comportamiento del mellizo.

—Una telenovela que vemos… en lo personal me gusta Atsushi-sama —la chica juntó sus manos soñadoramente— Su cabello rubio y sus ojos…

—Ya, ya —miró molesto su hermano— Y después me reprendes a mí por adorar a la hermosa Keiko.

Ichigo rodó los ojos. Cuál de los dos hermanos era más loco. Iba a pasar de largo, pero una risa, más bien una carcajada, lo detuvo.

—¡No puedo creer que veas telenovelas, Takei-ichi! —se burló Yumi.

—¡Ha! ríete si quieres, pero no le llegas ni a los talones a Keiko-sama —el chico se cruzó de brazos.

Y como era de esperar, el rostro de la pelirroja cambió a uno de total furia. Lanzándole miles de insultos al chico de cabello negro azulado. Éste, ignorando a la chica, saltaba felizmente repitiendo el nombre "Keiko" cada vez que la chica le lanzaba un insulto.

Kazumi soltó un suspiro mientras Ichigo sonrió divertido. Y para cuando el Takei se fue saltando por el pasillo soñadoramente, ya solo le faltaba el fondo de flores y completaba el cuadro. Su melliza decidió seguir al chico antes de que le hiciera pasar alguna vergüenza. Lo cuál era muy probable.

—Ya verá ese cuando lo vea de nuevo —murmuró la Takada, cerrando su puño.

Kurosaki vio ahí su oportunidad para preguntarle a la chica.

—Takada.. —comenzó con cuidado.

—¿Eh? —reaccionó, al notar que el chico le hablaba.

—Bueno… verás… hace unos días… —tartamudeó, no sabiendo cómo seguir.

—Ah… eso… —mencionó la pelirroja, sonriendo melancólicamente— Puedo sentir el poder espiritual… y no hace mucho me di cuenta que tu posees, quizás porque cuando te conocí aún no aprendía a controlarlo…

—Entonces… cuando Ishida…

—Sí, seguí la presencia de Ishida-san porque noté que estaba en problemas… fui hasta allí a pesar de que no podía hacer mucho —comentó la chica, colocando una mano tras su cabeza y mostrando su lengua.

—Bueno… te lo agradezco… —dijo con su usual ceño fruncido.

—No tiene importancia…

Se quedaron un momento en silencio. No sabiendo bien qué decir.

—Y sobre… el chico ese que… —el joven detuvo su pregunta al ver que la chica bajó la mirada.

—Por favor… con respecto a eso, déjalo así… Aún no estoy lista para decirlo…

Ichigo prefirió quedarse callado. Confiaba en la pelirroja y estaba seguro que solo era una coincidencia que conociera a uno de esos tipos. Respetaría su petición y dejaría el tema por el momento.

—¡Oigan! —se escuchó por el pasillo. Kazuma había vuelto corriendo, con su hermana detrás que lo seguía.

—¿Qué pasa? —cuestionó Ichigo, alzando una ceja.

—Dai-sensei… pregunta por Yumi —articuló la chica ojiverde. Con la respiración agitada por la carrera.

—¡Ah! De acuerdo —dijo la nombrada con una sonrisa— ¡Nos veremos entonces!

Y despidiéndose con la mano, la chica se perdió entre la gente del pasillo.

—Keiko-sama es tan linda… —comentó de pronto Kazuma.

—¡Ya me tienes harto con tus comentarios! —recriminó Ichigo, dándole un golpe en la cabeza que dejó al chico quejándose del dolor.

Su hermana no lo defendió, ella ya estaba por hacer lo mismo. Y entre alegatos del chico por el golpe, se dirigieron a buscar sus cosas para salir del hospital. Ichigo era el más impaciente. Quería volver pronto y ver a Rukia. Pero sus planes se vieron obstruidos al ver, después de caminar un buen rato por el pasillo, a un grupo de gente en la puerta de entrada. La mayoría eran estudiantes de último año, pero había incluso pacientes que se encontraban ahí. Y algunos doctores sensatos, intentaban contener a sus alumnos.

—¿Qué será? No es común ver esto —comentó el ojiverde.

—¡Hatori-sama! —chilló una chica del gentío, emocionada.

Ante la sola mención del nombre, los ojos de Kazumi se llenaron de emoción. Llevó sus manos a su boca y no dejaba de repetir "No puede ser, no puede ser".

—¿Hatori? —dijo para sí Kurosaki, recordando de inmediato el rubio compañero de la shinigami.

—¿¡Pero que hacen aquí! —cuestionó incrédulo el Takei.

Y fue entonces, que entre los empujones de los doctores a sus alumnos para que se tranquilizaran, y los gritos de las chicas, fue que la divisó. Ahí, parada nerviosamente y con rostro de sorpresa, junto a la chica de cabello ondulado y su compañero rubio. Estaba Rukia. Con unos pantalones blancos y una polera manga larga lila con unos hermosos detalles, llevaba una bufanda a juego con el brazalete de su mano izquierda. Se veía hermosa. Lo que hizo que el chico olvidara por unos segundos el hecho de qué hacía allí.

Inconscientemente los tres estudiantes se fueron acercando al grupo. Kazumi emocionada, al igual que su hermano. Ichigo parecía ser arrastrado por ambos Takei. Y si bien eso le daba una mejor vista de la morena, el hecho de divisar que un chico le cogiera las manos a la pelinegra no le agradó para nada. Es más. Su sangre hirvió al ver la emoción en el rostro del chico y el hecho de que se acercará cada vez más a la morena. Este último hecho podría haber sido exagerado por parte del shinigami sustituto. Pero aún así, se las arregló para adentrarse entre el mar de gente y coger a Rukia del brazo, para alejarla de todo aquél que intentara acercársele. Pero al parecer no midió su fuerza, ya que la chica fue a parar entre sus brazos por el impulso.

—¿Ichigo? —pronunció la shinigami, al advertir la calidez inconfundible del shinigami sustituto.

Obviamente eso no fue del agrado del chico que anteriormente tenía las manos de la Kuchiki entre las suyas. Enojado, se dirigió al culpable de la pérdida del contacto. Pero tembló al ver de quién se trataba. Ichigo tenía el ceño demasiado fruncido, y tenía una mirada que podría competir hasta con el propio Kuchiki Byakuya. Y aquel chico no quería atentar contra su vida, así que prefirió alejarse. Y ese mismo hecho fue el causante de que la multitud se disipara, dejando a Makoto y Hatori firmando unos cuantos autógrafos de los pocos valientes.

El shinigami sustituto se cercioró de que ningún entrometido más quedara, y fijó su atención en la morena en sus brazos.

—Rukia… —musitó, mirándola a los ojos— ¿Cómo…?

—Fue gracias a Makoto —sonrió la chica.

E Ichigo no aguantó más. Abrazó a la pelinegra como no lo hacía en días. Extrañaba tenerla así, entre sus brazos. Cerró los ojos para sentirla más cerca mientras sus brazos la rodeaban por completo. Ella no tardó en responder, rodeando la espalda del chico y disfrutando del contacto. Ambos ajenos a los murmullos de los espectadores.

—Kuchiki Rukia… Rukia… ¿¡Era la misma de la que hablabas! —se espantó Kazuma, ante su descubrimiento. Y con la mandíbula por el suelo al ver a su gruñón compañero abrazando con tanto cariño a la chica.

—¿Eh? —mencionó Ichigo, recordando la presencia de sus compañeros. Pero sin soltar a la pelinegra.

—Buenas, Kurosaki —saludó Hatori, de lo más casual.

—Ah, hola —respondió, tanto a la ojipúrpura como al rubio.

—Atsushi-sama…

—Keiko-sama…

Musitaron al unísono ambos mellizos, con estrellitas en los ojos. El ojiazul solo sonrió ante la reacción, con un deje de arrogancia. Mientras que Rukia se volteó de entre los brazos de Ichigo, para poder ver a los mellizos.

—Puedes llamarme Rukia —sonrió la pelinegra.

—¡Rukia-sama! —el ojiverde se acercó más a la morena, con la misma expresión en su rostro.

El shinigami sustituto frunció el ceño. La "Keiko" que no había parado de repetir su compañero durante un buen rato había resultado ser Rukia.

—No te acerques mucho si no quieres que te golpee de nuevo —advirtió.

Fue ahí cuando el Takei recordó que la chica seguía envuelta por los brazos de su compañero. Seguramente si su hermana lo hubiera escuchado ya estaría molestado a Kurosaki, pero en ese momento se encontraba ocupada pidiéndole un autógrafo a Hatori.

—Pero, pero —lloriqueó el chico, para después reaccionar— ¿¡Desde cuando tienes derechos sobre Rukia-sama!

—Pues… —titubeó el chico de exponer su situación con la pelinegra— Rukia es mi novia —dijo finalmente. La nombrada sonrió ante lo dicho.

—¿¡Ehh! —se sorprendió el ojiverde— ¡Menuda novia te vienes a pescar!

La shinigami se sonrojó ante el comentario. Mientras Ichigo dejó estampado a Kazuma en el piso, quejándose nuevamente del golpe recibido. Mientras su hermana ojiverde seguía fascinada hablando con el rubio.


Bueno, incluso yo ncesitaba un descanso de tanta informacion xD espero haberlas divertido con este cap, que esta mas livianito y me voy a trabajar en el lemon, seee LEMON en el prox cap! muajajaja... dios, estoy a falta -o- en fin... se cuidan... y yo con mi mensajito cargante xD

Chuu~
Kimiko.

P.D: Alguien sabe algun dato de una tienda de anime en Pto. Montt, Concepcion, Pucon, Temuco o Valdivia? vieran ustedes los recuerditos que llevo, y me perdi el peluche de Bya-kun... (llore por ello un buen rato) Bueno... chilenitas, ayuda bien recibida~