Dios! ¿Se han dado cuenta que cada capitulo es mas largo que el anterior? O antes me costaba alargarlo pero ahora no puedo detenerme! este capitulo supuestamente tenia mas informacion, pero no se yo si me alargue con el lemon o que se yo! esta cosa me quedo larguisima xD Ah si, lo se, iba a publicar el cap antes pero que creen, me ataron al auto y me llevaron a pucon a un camping totalmente aislada -w- (tan exageradamente no, pero si estaba aisalada) Y bueno aun tengo que escribir el siguiente cap, asique deseenme suerte! ò.ó lo publicare en cuanto pueda, ya que mañana me voy a pto. montt y no se si tendre internet...
Agradecimientos
sangopame: muchisisisimas gracias por el dato! encontre dos de las tres tiendas *o* me sirvieron de mucho ^^
alecita122: lamento haber hecho esperar pero... el aislamiento O y bueno... respecto al lemon... jusguenlo (?)
Uchiha Katze: el poder de Takei xD bueno, espero que no se le haya pasado la mano a Ichi con sus celos, quiero evitar el OOC ;O; eso si la cara de burla de Ichi si me la imagino xD
Koraru-san: Pero por supuesto! puedes llamarme con el apodo que quieras ^^ Seee, Hatori la quiere mucho, pero como la historia es IchiRuki, no entrare en esa pareja ya que los personajes son originales, puede que no agrade a algunos xD pero la pareja esta jojojo
Seee Ichigo es sexy y no se discute! que bueno que opines asi del cap! de verdad que esa era mi intencion, mucha informacion me despedaza hasta a mi, habia que aligerar el ambiente ^^
Rav-malakhim: Jajajaja xD no se, yo estoy rodeada de cancerianos entre amigos y familiares! un amigo es bien celoso, hasta el lo admite xD Me encanto lo que dijiste de la inspiracion ajajaja si hasta lo puse en un trocito de mi nick de msn jejeje xD Y me alaga que el review mas largo lo escribieras en mi fic! de verdad que disfruto al leer cada uno de sus review, mantienen quieta mi inspiracion! que ni salga volando ^^
Maka009-chan: No sabes como me alagas niña ;O; y espero no decepcionarte con este lemon, en serio que es dificil escribirlos -w- espero que te guste tanto o mas que el anterior!
Euphrasie Elessar: Quien no adora a este par xD y pues -w- lamentablemente Inoue tendra que aguantarse hasta el prox capitulo porque me alargue demasiado en este xD
akitha: See, lo tenia abandonado porque la inspiracion pff se da unas vacacioneees ¬¬ hasta yo me enredo xD me cuesta retomar las ideas que tenia para capitulos, y lo mas dificil es enlazar las escenas que tienes en la cabeza para que no se sienta que ocurrieron de la nada u_u dime lo que este enredado por favor para retomarlo e intentar aclararlo ;D Asi la lectura se hace mas agradable. Ah! y gracias por el dato, ya pase por la tienda y poco menos me llevo todo xD llore cuando me dijeron que se habian llevado a Byakuya ;O; y no habia nada de Zero! TOT
Advertencias: Ya dije que lemon! xD
Pillados.
Ya había pasado una semana desde que Rukia había sido liberada desde su encierro, y volvían a sus vidas normales. Común para ellos, ya que los Hollow habían hecho aparición y estaban más insistentes que antes. Era fin de semana y ambos estaban libres de sus actividades. En esos momentos la pelinegra se daba una ducha, mientras que el shinigami sustituto, ya vestido, se encontraba en la sala viendo televisión.
—Jodida programación —maldijo Ichigo, cambiando de canal seguidamente.
Para ese entonces Rukia ya había salido de la ducha, y fue ahí donde notó que solo había llevado su ropa. La toalla se le había quedado en su cuarto. Genial, ahora tendría que pedirle al descerebrado que se la trajera.
—¡Ichigo!
El joven se extrañó de escuchar que su compañera lo llamara.
—¿Qué?
—Se me quedó la toalla en mi pieza, ¿Podrías traérmela?
El chico de cabellera anaranjada se encogió de hombros y se levantó del sofá. Caminó por el pasillo para ir hasta la habitación de la morena, donde vio la mencionada toalla nada más abrir la puerta. Enana despistaba. Mira que quedársele la toalla encima de su cama. La tomó y se dirigió al baño para entregársela. Y fue ahí donde reaccionó. Cuando estuvo frente a la puerta del baño. Si a Rukia se le había quedado la toalla… lo más probable es que estuviera… Sacudió su cabeza para borrar los pensamientos que corrían por su mente en ese momento. Solo rogaba que la puerta no tuviera seguro. De lo contrario… no esperaba salir cuerdo de ahí. Pero parece que la suerte no estaba a su favor.
—¿¡Por qué tardas tanto! —exclamó la pelinegra dentro del baño.
Era solo buscar la toalla que estaba en su cuarto. No entendía cómo alguien podía tardar tanto.
—Estoy afuera, Rukia —escuchó que le decía tras la puerta.
—¿Y? ¿Qué esperas? Entra, que está sin seguro.
—Me encantaría pero si está con seguro —debatió el chico, moviendo la manija insistentemente.
Un momento. Eso había sonado comprometedor. Se sonrojó al repasar lo que había dicho, bueno, pero no lo negaba. En serio le encantaría entrar. Movió la manija con más insistencia, intentando que así cediera.
—¡Si serás imbécil! ¡Te he dicho que esa manija tiene su maña!
La morena, harta de la tardanza del shinigami sustituto, salió de la ducha y se dirigió a la maldita puerta. Pero no espero que en ese momento la puerta se abriera. Parece que de verdad estaba sin seguro. Y eso no favorecía a Rukia, ya que debió frenarse para evitar el golpe de la puerta al abrirse. Estaba descalza y con los pies mojados por el baño. ¿Resultado? Su cuerpo cayendo hacia atrás a un golpe que no prometía ser nada suave. Pero nunca sintió el frío del suelo. Solo un tirón y pronto caía en algo suave.
—Niñata despistada.
La fuerza de gravedad y el agua que había regado la Kuchiki al salir de la ducha hicieron su trabajo. Ichigo la había sujetado de la cintura para evitar que cayera, lo que no logró evitar fue resbalarse con el agua y caer con la pelinegra encima. Y Rukia permanecía desnuda. Mientras que Kurosaki tragó saliva. Sus rostros estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro.
—I... chi... go —balbuceó la shinigami, sintiendo que era atraída hacia los labios del chico.
El aliento de la morena sobre su boca fue el detonante para el shinigami sustituto. Soltó la toalla que aún permanecía en su mano y sujetó a la Kuchiki de su nuca para eliminar la poca distancia que los separaba. Su otra mano seguía en la estrecha cintura de la pelinegra, mientras sus labios la besaban con desesperación.
Rukia intentaba apartarse. El pudor que sentía al saberse completamente desnuda sobre el chico, era demasiado. Pero él no ayudaba apegándola más a su cuerpo. Y para cuando se separaron por falta de aire, la shinigami escondió su rostro en el cuello de su compañero para normalizar su respiración. Ichigo aprovechó para recorrer toda la piel que estaba a su alcance, provocando espasmos en la chica al sentir sus manos bajando por su espalda.
Advirtiendo la situación que se avecinaba, la morena se quitó de encima del joven, cogiendo rápidamente la toalla para cubrirse. Por suerte, Ichigo no alcanzó a ver más de lo necesario, al estar aturdido por la repentina incorporación de la chica. Frunciendo el ceño y con una mano tras la cabeza, se levantó del piso.
—Lo siento… —más bien parecía una excusa por parte del chico.
—No importa… gracias por impedir mi caída —comentó sonrojada.
—Cuando quieras.
—Idiota —dijo la morena, al notar la sonrisa en el shinigami sustituto.
Antes de que Ichigo respondiera al insulto, escuchó como su celular sonaba desde la sala. Resopló frustrado. Rukia sonrió ante su actitud.
—Me visto, y preparo curry.
Dirigió su atención de vuelta a la chica, que en ese momento ya tenía la toalla enrollada en su cuerpo y se paraba de puntillas para rodear su cuello con sus brazos, juntando sus labios en un suave beso.
—Aha... —respondió el pelinaranja, embobado.
Rodeó a la morena por la cintura, aumentando la velocidad del beso mientras la pelinegra jugaba con algunos mechones de su cabello anaranjado. Una mano traviesa fue hasta la altura de sus senos, directo al nudo de la toalla. Siendo parado prontamente por una mano más pequeña.
—¡Hey! —recriminó— Mejor será que contestes el maldito celular.
Y dándole un último beso, salió del baño con su ropa en mano, ya que era imposible cambiarse con el chico en el mismo sitio. Así qué a Ichigo no le quedó remedio que ir a contestar su celular. Se sorprendió ver que aún seguía sonando, la persona que llamaba era muy insistente, y alzó una ceja al ver de quién se trataba.
—¿Qué quieres?
—¡Por faa, Ichi!
—¡Ya te dije que no, Kazuma! ¡Y no me digas así! No suena bien viniendo de ti —farfulló.
—Pero que te cuestaa~
—¡Por última vez! ¡No te conseguiré fotos de Rukia en traje de baño!
—¡Pero, pero!
Cortó la llamada, dejando al ojiverde alegando solo. En esos momentos, le alegraba saber que el Takei ni idea tenía de por dónde quedaba su apartamento. Sino se pasaría metido allí, puesto que el chico sabía que el shinigami sustituto vivía con Rukia. Pero no por eso dejaba de insistirle en fotografías de la morena, de las cuales obviamente Ichigo no le había dado ninguna. Refunfuñó mientras dejaba el celular en la mesita de la sala, y volvía a su ocupación de un principio. Sentado en el sofá cambiando canales repetidamente.
—¡Ichigo! ¿Podrías colocar la mesa? —escuchó la voz de la pelinegra.
El pelinaranja volteó para responderle que no había problema, además la chica iba a cocinar curry, era lo menos que podía hacer. Pero quedó mudo al ver a la morena parada en el pasillo. Aún llevaba el cabello mojado, y se lo secaba con una toalla. Llevaba un vestido blanco de tirantes y generoso escote, acentuando la figura que tanto le gustaba admirar. El largo del vestido era hasta un poco más arriba de sus rodillas, dejando buena vista de las esbeltas piernas de la chica.
—Ru… kia… —tartamudeó el chico, tragando saliva.
La nombrada alzó una ceja ante la intensa mirada del chico. Colocó ambas manos en las caderas y despertó al chico de su ensoñación.
—¡Oe! ¿Qué tanto me ves?
Ichigo reaccionó ante lo dicho, parpadeando un par de veces, para después fruncir su ceño y desviar la mirada, escondiendo su sonrojo.
—Qui… ¡Quién te está mirando! —justificó— Solo… que nunca te había visto con ese vestido, ¿Cuándo te lo compraste?
—No lo compré, me lo regaló tu padre —sonrió, cruzándose de brazos— Fue cuando nos graduamos, pero me quedaba algo grande… pero ahora me queda mejor.
El Kurosaki vio por el rabillo del ojo a la pelinegra. Vaya que tenía razón. Aquél vestido veraniego le quedaba maravillosamente. Y eso fue lo que inquietó al chico. ¿Y si a Rukia se le ocurría salir con ese vestido? No quería imaginar las miradas que atraería. Sobre todo si se encontraba a otros locos como Kazuma obsesionados con su personaje en la telenovela. ¡Eso si que no! ¡No permitiría que otros la miraran como él lo hacía en ese momento! ¡Bastante tenía con que la apreciaran en la pantalla! Calma, Ichigo. Tranquilidad ante todo. Sino terminaría él haciendo el curry. Así que despacio. Intentaría hacerle entender a la shinigami que no era buena idea salir con esa prenda. Por más endemoniadamente bien que le quedara.
—¿No pensarás salir con eso puesto, cierto? —de acuerdo, la sutileza no era cualidad del pelinaranja.
—¿Por qué no? Es bueno para días calurosos.
Empezamos mal, pensó Ichigo. Pero él nunca se daba por vencido.
—¡Pero! —intentó buscar una excusa— Esta muy descubierto y… ¡Podrías arruinar tu piel de actriz!
La morena alzó una ceja. Claramente con eso el chico se dejaba en evidencia. No quería por nada del mundo que ella saliera con ese vestido. ¿Desde cuándo le importaba lo que ella usara? Después de todo, siempre usaba variados y diferentes atuendos cuando estaba en el estudio. Y eso que algunos eran más descubiertos.
—Para eso existe el protector solar y las sombrillas, idiota.
—Aún así… —refunfuñó el pelinaranja— Preferiría que no lo usaras para salir.
—Si no quieres hacer tú el curry, pone la mesa y cállate.
Ichigo decidió no debatir. Realmente le gustaba el curry que preparaba la morena. Ya se encargaría de convencer a la chica. Además, ya tenía hambre.
—
Sociedad de almas. Mansión Kuchiki. Asociación Femenina de Shinigamis. El ambiente estaba realmente deprimente. Lo más probable era la ausencia de la presidenta, quién hacía la mayor parte del alboroto en la sala de reunión. Y también el hecho de que solo se hallaban Isane, Nemu y Rangiku
—¿¡Cómo es posible que no hallan actividades! —se quejó la mujer de grandes atributos.
—Los escuadrones están inusualmente tranquilos… —comentó Isane, ojeando una revista.
Nemu asintió parada correctamente al lado del escritorio vacío de la presidenta.
—Y yo quiero saber cuando vuelve Abarai-kun para preguntarle sobre Rukia-chan… —se quejó nuevamente la mujer.
La teniente de Mayuri volvió a asentir. Y la puerta se abrió de golpe.
—¡Noticias! —entró apresurada Hinamori.
—¡Al fin! ¡Ya comenzaba a desesperarme!
Ante el comentario de Matsumoto, tanto Isane como Nemu dispusieron toda su atención en la recién llegada.
—Estuve hablando con Abarai-kun y…
—¿¡Ya regresó! —exclamó Rangiku.
—¿Cómo está Kuchiki-san?
—¡Es que todavía no van al mundo humano! —soltó la teniente.
Las presentes tuvieron reacciones muy diversas. Matsumoto estaba soltando un montón de exclamaciones "¿Ehh?" fue la más típica, y concluyó con un estado de confusión "¡No entiendo lo que pasa!" Por otro lado, Isane reflejó su sorpresa en su expresión y esperó paciente a que Momo se explicara. Nemu ladeó la cabeza.
—Le comenté sobre que habíamos escuchado sobre su ida al mundo mortal, y quería saber cómo estaba Rukia-chan…—explicó la chica— ¡Pero resulta que se van a penas hoy por la tarde!
—¿¡Qué! —reaccionó decepcionada la teniente del décimo escuadrón.
Y así fue cómo las encontró Nanao cuando entró a la sala luego de hacer sus tareas diarias de teniente. Hinamori discutía con Matsumoto sobre la posible contratación de un espía para todos los cotilleos en la Sociedad de Almas, y de paso mundo humano. Ya que siempre tenían incompletos o erróneos. Nemu seguía parada junto al escritorio de la presidenta, mientras que Isane volvía con su revista.
—Parece ser que ya se enteraron —susurró para sí misma, ajustando sus lentes.
—¡Hola, hola! ¡Mis súbditas! —hizo su entrada Yachiru— ¿Qué hay?
—¡Presidenta! —saludaron al unísono las integrantes.
—¡Queremos financiamiento para un espía! —anunció Rangiku.
La pelirrosa, tan sonriente miró por un momento a la teniente del décimo escuadrón, para después dirigirse a Nanao.
—¡Asuntos financieros, con la Vice Presidenta! —concluyó— ¡Yo voy a jugar con wan-wan!
No tuvieron necesidad de preguntar, ya que en la entrada de la sala de reunión apareció un enorme perro peludo y con las patas sucias. Llevaba especie de montura de caballo, y en el lugar donde deberían colocarse los pies, iban unos sacos de dulces, a cada lado. ¿De dónde había salido ese canino? Pues ni tiempo dio para preguntar ya que el animal había salido corriendo con Yachiru sobre él. Pasando justo al lado del dueño de la mansión.
— … —el rostro impasible de Byakuya era digno de admirar— Limpien el pasillo, saquen al animal, y tráiganme dulces… muchos, dulces.
Los sirvientes tras el pelinegro no preguntaron por la última orden.
—
No se había tardado mucho en colocar los platos y los utensilios necesarios para comer curry. Lo que tuvo que esperar fue por el alimento. Pero para ese momento ya se encontraban ambos sentados comiendo tranquilamente.
—Oe… —llamó de pronto la pelinegra— ¿Con quién alegabas por teléfono? Hace un rato.
Kurosaki comenzó a toser.
—Pero mira si eres bruto.
Ichigo frunció el ceño ante el comentario de la morena. Era su culpa por soltar de improviso ese tipo de preguntas.
—Tonterías de Kazuma —se limitó a decir el chico.
—¿Y qué tengo que ver yo en esas tonterías?
Menos mal que el shinigami sustituto no había ingerido nada nuevamente, de lo contrario ya estaría tosiendo. Pero no se esperaba que la chica hubiera escuchado parte de su conversación.
—Que al imbécil no le bastó con la foto que se sacaron —refunfuñó el chico, recordando el hecho.
Rukia solo sonrió divertida. Era verdad que no estaba acostumbrada a que la rodeara la gente pidiéndole autógrafos. Sobre todo porque no hace mucho había terminado de grabar el último capítulo de la novela, y tan solo habían transmitido unos cuantos capítulos. No esperaba que ya comenzaran a notarse los seguidores. Y le divertía la actitud del compañero de Ichigo. Fue por eso que accedió a tomarse una foto con el chico. A regañadientes del shinigami sustituto.
—Bueno —decidió dejar el tema y comenzar a recoger la mesa, con ayuda de Ichigo.
Ambos se dirigieron a la cocina, y la morena le indicó con un gesto que ella lavaría los platos. El chico se encogió de hombros y no se hizo de rogar, volviendo a la sala. Pero lo entretuvo el sonido del teléfono.
—¿Diga?
—¡Kurosaki-kun!
—¿Pasa algo, Inoue? —no hizo falta preguntar quién era. Pero si le extrañaba el motivo de su llamado.
No tenía mucho que lavar, tan solo unas ollas y los pocos platos que habían ensuciado. Abrió la llave del grifo. Nada. La pelinegra alzó una ceja extrañada. Volvió a probar. Pero fue en vano. Cerró por completo la llave y vio bajo el fregadero, a ver si allí encontraba el problema. Y lo vio, el paso del agua estaba cerrado. ¿Por qué estaba así? No tenía idea, ella solo quería lavar los malditos platos. Abrió el paso y volvió a probar con la endemoniada llave. ¡Ahora sí! Pero… el agua salió con mucha presión, y su vestido quedó mojado. Y por ser blanco, la morena sabía que debía cambiarse de inmediato antes de que Ichigo la notara.
Al asomarse, vio que el chico se encontraba hablando por teléfono. Perfecto. Así no la notaría. Despacio, atravesó la sala y se dirigió al pasillo que la guiaría hasta su habitación. A salvo.
—¿Cómo a qué hora?
Orihime había llamado para invitarlos a bailar. En grupo, claro. Y Kurosaki no estaba en contra. Hace ya un tiempo que no salían todos juntos. Pero eso sí, tenía que convencer a Rukia para que se cambiara de ropa.
—Sí, nos vemos allá.
Cortó. Estaba seguro que a la morena no le desagradaría la idea. Después de todo, se llevaba bien con la Inoue. Así que se dirigió a la cocina para comunicarle sus planes. Pero no la encontró. Extrañado, y al ver los platos tal cual los había dejado, se decidió a buscarla en su cuarto para de paso preguntarle por qué había dejado su labor a medias. Cuando estuvo frente a la habitación, notó la puerta entre abierta. Entró de lo más campante.
—Ru… —detuvo su paso al notar la situación de la pelinegra.
No sabía el porqué, pero al parecer la chica había decidido cambiarse de ropa, ya que estaba dejando el vestido a un lado y se hallaba solo en ropa interior. Tragó saliva. Al parecer la shinigami no había notado su presencia. Mejor así, qué le esperaba si lo pillaba. Retrocedió, para salir, aún embobado por la imagen. Pero al hacerlo, resultó lo contrarió. Su talón pasó a golpear la puerta, cerrándola en el proceso y esta vez captando la atención de la pelinegra.
—¿¡Qué diablos…! ¡Sal de aquí!
Rukia intentó taparse con lo que tenía a mano. Mala idea. El vestido aún permanecía mojado, y no era conveniente mojar más su ropa interior. Ichigo no despegaba la mirada, dio un paso adelante.
—¡OE! ¡Te dije que salieras!
Se acercó para empujarlo fuera de su habitación. Pero el chico tenía buenos reflejos, rápidamente la cogió de las muñecas, provocado que la prenda mojada de la chica cayera al piso. Ichigo ya no aguantaba mucho más. Primero el asunto en el baño, después encontrarla en aquél panorama, ya era mucho tanto para sus hormonas como para su cerebro.
—Que… salgas —balbuceó, al notar los labios del chico demasiado cerca, con toda la intención de seguir acercándose.
—No… puedo… —contestó, en el mismo tono, para luego sellar sus labios.
Ella sabía que no podía resistirse por mucho. Y las manos del chico recorriendo su húmedo cuerpo no ayudaban mucho. Pero… ¿Para qué resistirse? Amaba al shinigami sustituto, y tenía la certeza que él sentía lo mismo. Entonces... ¿Por qué sentía que había traicionado ese amor al no recordar su primera vez juntos? No… era una estupidez. Ichigo estaba borracho y ella ausente por el efecto del Shoukyo. No se arrepentía, pero aquella vez no contaba. Ya que ninguno recordaba nada. Pero esta vez el chico no estaba bajo los efectos del alcohol. No había nada que les impidiera estar juntos.
La diferencia de estatura ya le estaba hartando. Le impedía besar con libertad a la morena. Agitado, se separó del salvaje beso que los unía. Escudriñó la habitación hasta dar con lo que buscaba. Cogió a la chica de la cintura y la llevó hasta el escritorio, para sentarla. Volvió a atacar la cavidad de la pelinegra, hundiendo su mano en su cabello y la otra acariciando sus piernas. Sonrió al sentir las manos de su compañera intentando quitar su polera, lejos de oponerse a sus caricias.
—¿No querías… —suspiró entre besos— … que saliera?
Rukia ahogó un gemido al hallarse entre la pared y el cuerpo de Kurosaki, que en ese momento atacaba su cuello.
—Tú… no… querías…
Alzó la cabeza para permitirle lamer y mordisquear la nívea piel. Ichigo aceptó gustoso. Y notó que su ropa ya empezaba a molestarle. Quería sentir el contacto de la piel de la shinigami contra la suya. Lo más cerca que sus cuerpos le permitieran. Así, con la ayuda de la morena, se deshizo de la parte de arriba. El solo contacto de la suave piel contra sus pectorales logró arrancarle un suspiro contra la oreja de su compañera, y de paso mojando su torso por la húmeda prenda de la pelinegra. Si eso era lo que provocaba el contacto de su pecho desnudo contra el de la pelinegra, no quería ni imaginar que provocaría en él el contacto de sus pieles desnudas.
—Ichigo…—murmuró la pelinegra, al notar el aliento en su oído.
En respuesta, el chico la besó con desesperación. Batallando en despojarla del sujetador en el proceso. Saboreó por cada rincón la boca de la morena, deleitándose de la reacción que provocaba en Rukia. Ella se aferraba a la ancha espalda de su amante, correspondiendo con la misma efusividad a los besos entregados. No era que no le gustara recorrer la cavidad de la morena, pero en serio que quería quitar la prenda. Y hasta ese momento no encontraba el maldito broche. Masculló frustrado, bajando los tirantes del sujetador, por lo menos así podría recorrer más de la suave piel de la chica. Besó cada rastro de piel descubierta, aunque no fuera mucha. Pero pronto eso no fue suficiente.
—Rukia… —murmuró con voz ronca, separándose ligeramente.
La pelinegra volvió de su ensoñación y notó el dilema en el que se encontraba su compañero. Acercándose ella esta vez para besar tranquilamente su cuello, buscó las manos del Kurosaki. A penas halló una apoyada en el mueble, la guió lentamente hasta la separación de sus senos. Indicándole que ahí se encontraba el motivo de su frustración.
—Maldita porquería —farfulló.
Dirigió sus manos hasta el problemático broche y lo abrió sin mucha paciencia. Con un poco de ayuda, por fin había ganado su batalla contra la maldita prenda. Sonriente, atrajo a la shinigami hasta su cuerpo, en un abrazo. A esas alturas, mantener sus respiraciones normales ya era trabajo difícil. Ambos jadeaban agitados.
Fue ésta vez la morena quien buscó el contacto de sus labios. Torpemente, hasta dar con su objetivo. Pero la intención de Ichigo era otra. Después de compartir un casto beso, bajó su recorrido hasta su cuello, donde se entretuvo un rato. Lamiendo, mordisqueando, o simplemente creando un camino de besos. Para después seguir con su clavícula, besando sus expuestos hombros y llegar ansioso a su objetivo. La miró por un segundo, Rukia a penas y tenía consciencia de lo que el shinigami sustituto planeaba. Por ello no esperó sentir los húmedos besos en su pecho, recorriendo aquella zona de su feminidad. Arqueó la espalda al notar la participación de sus manos acariciando sus senos. Masajeándolos y trazando círculos con sus dedos alrededor del oscuro botón.
Sentía una mano del chico en su espalda, evitando el contacto de su cuerpo con la fría pared que afirmaba el escritorio. Sentía los labios del chico recorrer con deleite aquella zona de su cuerpo, mientras la mano que masajeaba su seno izquierdo había tomado camino por su cintura hasta reposar en su muslo. El calor que sentía su cuerpo le hacía olvidar que se hallaba en un gigai. Esas sensaciones eran demasiadas para un simple cuerpo artificial. Con aquél chico se sentía más viva de lo que nunca recordaba. Y era por lo mismo que se entregaba a sus caricias.
—
Buscaba por todo su armario algún atuendo adecuado para la ocasión. Debido a su profesión estaba indecisa por cuál ponerse, ya que su armario estaba repleto de ropa. Por suerte Tatsuki estaba allí para ayudarla, pero la morena no era de mucha ayuda ya que se hallaba sentada en su cama de piernas cruzadas viendo con el ceño fruncido a su amiga.
—¡Mou! ¡Tatsuki-chan! —alegó la Inoue.
—¿Qué? con esa cantidad de ropa ni yo puedo ayudarte —se excusó, encogiéndose de hombros.
Los pasos acercándose a su cuarto llamaron la atención de ambas chicas. Viendo prontamente la figura del quincy asomándose por la puerta.
—Orihime-san, ¿Avistaste a Kurosaki que se reunirían antes aquí?
Por la expresión dudosa de la mujer, supo que la respuesta era negativa. La pelinegra llevó una mano hasta su cabeza ante el despiste de su amiga. Y eso que supuestamente era ella la más interesada.
—Mejor llámalo antes de que no lo encuentres —aconsejó la morena.
Inoue hizo caso a sus dos amigos. Debía llamar a Kurosaki-kun y después prepararse lo mejor que podía para ver si esta vez el chico le prestaba atención. Llegó hasta la sala y cogió el teléfono.
—
El insistente ruido del aquél aparato los tenía sin cuidado. Ninguno sabía si era la habitación de la morena, o eran ellos. Lo que sí, el ambiente estaba demasiado acalorado, y sus agitadas respiraciones no aportaban para que el aire llegara hasta sus pulmones. Estaban atrapados en un fogoso beso. Del cual ninguno quería separarse, pero la falta de oxígeno los obligaba a disminuir el tiempo de sus besos. También su posición había cambiado. En un intento de llegar a la cama de la morena, Ichigo la había sujetado de los muslos para levantarla, enrollando sus piernas en su cadera. Pero su trayecto había sido interrumpido ante la urgencia de acariciar la piel de la pelinegra con sus labios, obligándolo a detenerse en una pared para arrinconarla contra su cuerpo.
—Maldito… aparato… —se quejó la shinigami.
—Ni loco —el joven besó el cuello de su acompañante— … lo contesto
—Te mataría…
Ichigo sonrió satisfactoriamente, tanto por el comentario de la morena y porque el teléfono había dejado de insistir. Complacido, continuó besando el cuello de la pelinegra, dejando marcas en el proceso. Sus manos sostenían su estrecha cintura mientras sus caderas marcaban un suave vaivén, acercando más sus intimidades y disfrutando del contacto por sobre la ropa. Sí, Kurosaki aún llevaba sus pantalones puestos, que por cierto en ese momento se sentían bastante más ajustados que de costumbre. Mientras, Rukia aún seguía con su braguita que la cubría de la absoluta desnudez.
Con toda la calma del mundo, la morena acariciaba los fornidos brazos del sustituto, mientras alzaba la cabeza para facilitarle la tarea de repartir besos en su cuello. Siguió el camino hasta llegar a sus hombros, pasando a su espalda y repartiendo caricias que provocaban mordiscos más pronunciados en su blanco cuello. Siguió bajando sus pequeñas manos comparadas con las de su amante, para llegar al borde del pantalón. Él aún le llevaba una prenda de ventaja. Y ella se encargaría de quedar en igualdad de condiciones.
—Ru… kia…
El gemido proveniente del shinigami sustituto más parecía una pregunta ante la acción de la chica. Pero ya tenía una idea de sus intenciones. Mordisqueó el lóbulo de la shinigami mientras esperaba que el botón del pantalón cediera. Sentía como las delicadas manos de la Kuchiki se abrían paso a través de la prenda. Ichigo ahogó un ronco gemido, mientras alzaba a la morena de las piernas, obligándola a enredar sus brazos en su cuello para no caer. La sujetó de la espalda mientras la pegaba a su anatomía y se las arreglaba para terminar de sacarse el molesto pantalón. Rukia se aferraba al fornido cuerpo del chico, mientras este caminaba hasta la cama de la pelinegra. Se arrodilló en ella con la chica aún en brazos, para después depositarla suavemente sobre el colchón, apoyándose en sus antebrazos para evitar aplastarla con su peso.
Sus labios volvieron a unirse en un impaciente beso, enredando sus lenguas y explorando todo a su alcance. Pronto, Ichigo se dio cuenta de que no podía acariciar con libertad a la pelinegra sin preocuparse de aplastarla con su peso, así, rodó sobre sí con la shinigami sujeta de la cintura y sin detener la unión de sus labios. Gustoso por la nueva posición, el sustituto dirigió sus manos hasta la cadera de Rukia, dispuesto a despojarla de su última prenda.
La morena rompió el beso y colocó ambas manos en el pecho del shinigami sustituto, exaltaba por la repentina acción. Kurosaki se dio cuenta de la reacción de la shinigami, deteniendo su intención. No quería asustarla, ni tampoco hacerla sentir incómoda. Era lo menos que quería. Así que volvió sobre su recorrido, abandonado suavemente sus manos del borde de la ropa interior, volviendo a pasar sus manos por su cintura y finalmente llegó a su espalda. La abrazó. Cobijándola en su pecho. Acariciando pacientemente con una mano su cabello. Esperando transmitirle protección. La pelinegra se dejó mimar por el sustituto.
—¿A qué… —susurró, aún agitado por la actividad anterior— … le tienes miedo?
—No… solo no me lo… esperaba
El shinigami sustituto acarició con dulzura su cabello, depositando un beso en su frente. Con ese gesto, Rukia comprendió la seguridad que intentaba trasmitirle. Sonrió al notarlo. Recordando que Ichigo siempre estaba con ella. Protegiéndola… velando por ella. Siempre a su lado. De verdad… Que ese idiota había calado hondo en su corazón… Y estaba agradecida por ello. Despacio, se separó. Apoyándose por sus manos que seguían reposando en el torso del sustituto. Pasando ahora por sus pectorales. Acariciando sus hombros, y llegando finalmente a reposar en sus mejillas. Atrayendo al chico para juntar sus labios.
El inocente beso no duró mucho. De eso se encargó Ichigo, profundizando el contacto. Cogió a la shinigami de la cadera y la volteó hasta quedar él sobre ella. Teniendo una gratificante vista de una sonrojada y agitada Rukia. Dirigió su mano hasta las piernas de la morena, abriendo espacio para quedar entre ellas. Comenzando con la danza de sus intimidades que tanto le encantaba. Y solo hasta ese momento, la pelinegra fue completamente consciente de lo abultada que se hallaba la parte baja del chico. Su rubor aumentó al dirigir su mirada hasta aquél lugar.
—P… Pervertido…
Ichigo frunció su ya arrugado ceño ante lo dicho, parando la danza de sus cuerpos. Se separó unos centímetros de la piel de la shinigami para mirarla de frente. Al notar su mirada, y seguirla, se dio cuenta a qué se refería.
—Oe… que es tu culpa que esté así… —alegó, intentando normalizar su respiración. Cosa difícil tomando en cuenta el estado en el que se encontraba.
—No es mi culpa… que eso… reaccione así —comentó avergonzada.
—Sí que lo es… —besó su lóbulo— De quién más sino…
La morena suspiró al sentir aquél aliento en su oreja y esa lengua jugando con su lóbulo. Pero intentó centrarse. Aún si ella era la causante de… de que esa cosa fuera más grande de lo normal, su compañero seguía siendo un pervertido.
—Aún así… eres un pervertido… por pensar así de mí…
El sustituto sonrió contra su cuello. Solo a Rukia se le ocurría discutir en momentos como esos. Y también solo ella podía seguir ganando sus batallas verbales bajo esas circunstancias. Lamió su clavícula al tiempo que una mano apretaba ligeramente el montículo en su pecho. Como respuesta, la pelinegra lanzó un gemido.
—Lo más bien que no te quejas…
La sonrisa victoriosa del chico no le agradó para nada a la shinigami. Pero antes de que se volviera a quejar, el sustituto ya había hundido su cabeza en su pecho, jugando entretenido con ambos senos y solo dejándole la visibilidad de su cabello naranja a la morena. Se mordió el labio para evitar que los gemidos salieran. No le daría el gusto al pervertido ese. Dos podían jugar el mismo juego.
Sintió una decidida mano bajando por su abdomen. Abrió los ojos al notar que se posaba sobre el bulto en su entrepierna. Apretando suavemente por sobre la prenda. Inmediatamente despegó sus labios de la nívea piel, emitiendo un ronco gemido. Y de paso provocando una sonrisa en su compañera. Satisfecha por sus resultados, aumentó la presión de su agarre.
—Rukia… Para…
—No te escucho… muy convencido…
Gruñó frustrado. Sabía muy bien que la pelinegra no se detendría. Le gustaba la sensación, lo admitía. Le encantaba. Pero ahí estaba el problema. Si la morena se aventuraba más allá de la prenda, estaba seguro que explotaría. La tomaría sin consideraciones y terminaría con eso de una vez por todas. Quizás hasta lastimándola. Y eso era algo que no se podía permitir. Si Rukia no escuchaba razones, atacaría de la misma manera. Ágilmente, antes de que la shinigami pensara en su siguiente movimiento, dirigió una de sus manos hasta anatomía tan sensible de la chica. Y al parecer dio resultado.
Su mano se paralizó al sentir la mano del shinigami sustituto recorriendo por completo su braga, deslizándola lo suficiente para tocar más de lo debido. Arqueó su espalda al sentir un dedo intruso en su interior. Abriéndose paso en su ya húmeda y estrecha cavidad.
Ichigo no estaba mejor. El sentir su dedo aprisionado por las paredes de la fémina le terminó de nublar los sentidos y el poco razonamiento restante. Comenzó a mover su dedo dentro de la morena, provocando su nombre dicho entre gemidos. Eso tampoco ayudaba. Y cuando sintió las manos de la pelinegra en el borde de su última prenda, intentando quitársela. Fue el escape que el joven necesitaba. Terminó de sacar la molesta prenda de la shinigami, y de paso la suya, que ya le obstaculizaba demasiado.
—Ya… no puedo… —se justificó el sustituto. Rozando su miembro contra la cavidad de la morena.
En respuesta, Rukia gimió su nombre. Alzó su cadera para obtener más del contacto entregado por su amante. Kurosaki apoyó ambas manos en la cama mientras se introducía lentamente en la shinigami, manteniendo su cabeza reposando entre su hombro y de vez en cuando jugando con su oreja. La pelinegra se aferró fuertemente a las arrugadas sábanas. Se quejó al sentir la incomodidad del miembro en su cuerpo. Una cosa era sentir el dedo del shinigami sustituto vagando dentro de ella, y otra muy distinta era eso. Se removió intentando así aminorar esa molestia.
—No sé cómo… pudiste meter eso antes ahí…
Ichigo se sonrojó al entender a lo que se refería. Si, era cierto que ya lo habían hecho antes. Pero cuál de los dos recordaba más…
—¿Te duele mucho? —cuestionó preocupado.
—No es eso… solo que… no me acostumbro… —dijo entre jadeos.
Entendió a qué se refería. Y por lo mismo, se encargaría de acostumbrarla a tenerlo en su interior. Puesto que no sería la última vez que lo harían. Bueno… De acuerdo, quizás si era un poco pervertido. Pero ya discutirían eso después. Aún con ambas manos a cada lado del cuerpo de la morena, se meció suavemente, con cuidado de no lastimarla y atento a cualquier reacción de su parte. Ella solo gimió levemente, aún con su rostro reflejando molestias. Apoyó sus antebrazos en la cama y comenzó a besarla, saciándose de la suavidad de su boca. Incrementó la velocidad del beso al sentir sus manos en su nuca, despeinando su ya revoltoso cabello naranja. Fue el pase que le permitió saber que la incomodidad ya estaba pasando a segundo plano. Volvió a moverse. Esta vez arrancando un gemido de placer a la shinigami. Comenzando con la desenfrenada danza de sus cuerpos. Adentrando una y otra vez en ella. Pegando sus caderas para hacer más cercana la unión. Rukia aprovechó para rodear su cadera con sus piernas, notando así que el placer aumentaba. Ambos gemían el nombre de su amante repetidamente. El ritmo acompasado de las embestidas aumentaba. Tanto en velocidad como fuerza.
—Joder… —soltó el sustituto, hallándose en su límite.
Por el volumen de los gemidos fue difícil percibir quién llegó a la cúspide del placer primero. Pero poco les importaba. Intentaban llenar sus pulmones de oxígeno, que por momentos sintieron que se les acababa. Ichigo salió finalmente de la morena, provocando un quejido de reprobación.
—Menos mal que no te acostumbrabas…
—Cállate —se avergonzó la pelinegra— Aprovechado.
—¡Hey! ¿Y eso a que viene?
El joven aún esperaba que la sangre fuera redirigida a su cerebro. Fue por eso que ni se molestó en pensar a qué se refería la shinigami.
—Una se está cambiando, llegan y le cierran la puerta.
—¡No lo hice a propósito! —alegó el chico, recuperando parte de su razonamiento.
—Igual no más que te lanzaste sobre mí.
—Tonta escandalosa… bien que no te quejaste.
—Mmh…
—Además es tu culpa por andar en ropa interior… ¡Mojada más encima!
—Fue culpa del señor lava platos… —se excusó somnolienta.
—¿Señor lava platos? ¡Mientras no vengas a hablar del conejo ese…!
La morena pasó un brazo por el abdomen de su acompañante, acomodando su cabeza en sus pectorales.
—Que sueñes con Chappy… —murmuró, antes de acomodarse para dormir.
Ichigo sonrió. Hace años que no veía a la morena así de indefensa. Le agradaba ese lado frágil de la pelinegra. Le entraban más ganas de protegerla y abrazarla. Pero él igual estaba cansado. Tenían que dormir antes de la… ¡Oh! Se le había olvidado mencionarle sobre la invitación a bailar… Bueno, ya después le diría. Sino se quedaban en casa y aprovechaba su tiempo con la shinigami… ¡Bien! Quizás era algo más que "un poco pervertido".
—
Por fin se había decidido por un vestido. Después de que Tatsuki le insistiera para que se apurara, que ya llegarían sus amigos. En ese momento se hallaban en la sala, viendo televisión. O más bien era Tatsuki quién veía el canal de deporte.
—Oe, Orihime —llamó, cuando su entretención se viera interrumpida por comerciales— ¿Qué te dijo Ichigo?
—Ah… Estuve llamando pero no me contestaron —comentó, golpeando ligeramente su cabeza con su mano.
—Bueno, supongo que les dijiste la dirección de a dónde vamos.
La chica asintió enérgicamente.
—En unas horas llegarán los demás —anunció Ishida, haciendo acto de presencia en la sala.
—Si no llegan allá cuando vayamos todos, los llamamos…
Inoue sonrió nuevamente, agradeciendo el apoyo de sus amigos.
—Intentaré llamando en un rato más —dijo optimista.
—¡Eso! ¡Pégale duro! —animaba Tatsuki, al establecer la conexión de su canal.
—Tatsuki-chan, ¡Tú también tienes que alistarte!
—Ah, sí, en seguida —hizo un gesto con la mano— ¡No seas tonto! ¿¡Contra quién crees que estás peleando! —seguía hablándole a la pantalla.
—Parece que a Arisawa le gustan mucho este tipo de cosas…
—Desde siempre —sonrió su amiga.
—
No planeaba dormirse. Solo quería relajarse en el torso de su acompañante. Estaba realmente cómoda ahí. Pero el escuchar sus latidos la relajó demasiado, cayendo en un momentáneo sueño. Y para cuando despertó se encontró con su suave respiración y una mano posada en su cintura posesivamente. Por suerte, había logrado salir de entre los brazos del sustituto para ducharse y después ponerse algo de ropa. Aún tenía que lavar los malditos platos. Dejó durmiendo al chico en su cama, dedicándole una dulce mirada antes de salir de la habitación.
Despertó al sentir que su mano no aprisionaba nada. Abrió los ojos con pereza para darse cuenta que se hallaba solo en la cama. Maldición. Seguramente había caído dormido cuando se había dedicado a observar detenidamente a la morena que anteriormente reposaba en su torso. Soltó un suspiro. Tomó su ropa del piso y se vistió. Ya después se daría una ducha. Ya que tenía que cambiarse para… ¡Mierda! Aún tenía que decirle a Rukia sobre de su salida. Rápidamente, se dirigió a la puerta. Y cuál fue su sorpresa al abrirla que la pelinegra salió disparada dentro de la habitación. Tal parece que ambos había tomado la perilla de la puerta al mismo tiempo, pero Ichigo la había abierto primero. Provocando que Rukia cayera directo a sus brazos.
—¡Idiota! ¿¡Por qué vas tan apurado! —se quejó enojada por la repentina caída.
—Es que se me olvidó decirte que Inoue llamó y…
—Lo sé —interrumpió— Acaba de llamar para preguntar si iríamos…
—Y… ¿Vamos a ir?
La morena alzó la ceja ante la pregunta.
—¿Por qué no iríamos? No tenemos ningún otro plan así que… —se detuvo con el ceño fruncido al notar una mano en su retaguardia— Ichigo. Eso no entra como plan.
—Bien, bien… —se resignó Kurosaki, soltando a la shinigami a regañadientes.
—Me voy a alistar para salir —anunció, adentrándose a su cuarto y dejando al sustituto en la puerta— Deberías hacer lo mismo, y toca la puerta si quieres entrar.
Ichigo sonrió divertido, dispuesto a salir de la habitación de la morena. Sabía muy bien que no tomaría en cuenta su advertencia. Así que más le valía cambiarse rápido si no quería tardarse más de lo planeado. Y más le valía no ponerse algo como ese vestido. Pensándolo bien, lo mejor sería asegurarse.
—Oe, Rukia —llamó su atención desde la puerta— Ni se te ocurra ponerte otro vestido como el que traías.
—Entendido, vestidos descartados~
Al chico le extrañó tanta obediencia por parte de la pelinegra. Pero prefirió restarle importancia. Y quizás fue por ello que no notó la sonrisa en el rostro de la fémina. Se dirigió a su habitación por ropa limpia, despreocupadamente. Para después dirigirse al baño.
Cuando se hubo cerciorado que salió de su habitación, comenzó a revisar su armario. Suspiró. Ahora tendría que enfrentarse al típico problema femenino, del cual incluso la Kuchiki era víctima. Elegir ropa. Bien, cuando menos sus opciones se reducían al no contar los vestidos, que era lo que más tenía. Siguió husmeando hasta dar con sus faldas. La mayoría tan solo un poco más arriba de la rodilla. Y fue por eso que le extrañó ver una falda corta, que tan solo cubría un poco más de lo necesario. Sonrió. Le recordó aquellas faldas que tenía que llevar cuando iba al instituto. Eran bastante cómodas, y a pesar de lo cortas que eran, podía pegar patadas fácilmente. No dando tiempo de ver más allá de lo que cubría aquella prenda.
Se preguntaba si Rukia ya se había cambiado. Ya habían pasado varios minutos y él ya estaba vestido. Llevaba una musculosa roja con el borde del cuello negro, encima un polerón negro de cierre, abierto para dejar ver la polera. Un pantalón beige claro junto con el cinturón correspondiente completaba su vestimenta. De su cabello aún goteaban algunas gotas producto del baño. Decidió ir al cuarto de la morena. Tenía curiosidad por ver que llevaba puesto. Y es que, iban a salir a un lugar público. Más de algún mirón podría fijar su atención ella. Eso era lo que debía impedir.
—¿Terminaste? —cuestionó, entrando sin tocar.
Pero para su mala o buena fortuna, la shinigami ya estaba lista. Ichigo la miró de arriba a abajo. Llevaba una falda azul, que dejaba buena vista de sus piernas hasta algo más abajo de sus rodillas, ya que llevaba unas botas negras con un poco de plataforma. Subiendo, una polera negra y con mangas era lo que cubría su torso. Pero no por ello sus hombros. Aquella prenda dejaba al descubierto sus hombros.
—¿Y? ¿Qué te parece? —preguntó una sonriente Rukia.
—La falda está muy corta.
—Es del mismo largo que las de instituto —comentó, alzando una ceja, divertida.
—Tus hombros…
Ichigo ya se encontraba frente a la pelinegra, recorriendo aquella parte de su piel descubierta con su mano.
—¿Eso es una queja? —susurró, permitiendo a aquella mano acariciar su cuello.
Rukia sintió que la mano del sustituto tomaba rumbo hasta su nuca, jalándola para unir sus labios en un profundo beso. Ella solo dirigió sus manos hasta el cuello del chico, colgándose de él. Su otra mano decidió no estarse quieta y rodeó la cintura de la shinigami.
—Oe… Ichigo —articuló entre besos— Te dije que…
—¿A qué hora tenemos que ir? —se apresuró a decir, colocando a la morena de puntillas.
—A las nueve, pero…
—Todavía tenemos tiempo.
Y dicho y hecho, el sustituto la alzó de la cintura y la acorraló a la pared más cercana, para poder besar su cuello sin restricciones. Mientras que la pelinegra se sujetó de sus hombros para no resbalarse. Ichigo, al notarlo, obligó a la shinigami para que rodeara su cadera con sus piernas. Provocando que la falda se levantara y que él aprovechara para sujetar a su compañera de su parte trasera. Con su otra mano, rozando repetidamente los pechos de la morena. Deleitándose con los leves gemidos que emitía por ello.
Dos mariposas negras se colaron por la habitación. Pero eso no pareció interrumpir el momento de aquellos shinigamis. Ya que Kurosaki seguía entretenido mordisqueando el cuello de la morena. Mientras su mano recorría su muslo sin recato.
Renji tenía la boca abierta por la sorpresa y la acalorada situación. Y cuando recordó no venía solo, dirigió su vista para ver la reacción de su capitán. Por un momento logró ver sorpresa en sus ojos, para luego ser remplazado por, no sabía decir si furia o rencor.
—Kurosaki Ichigo.
La voz de ultratumba hizo que el nombrado congelara sus acciones.
—¡Nii-sama! —reaccionó Rukia, al ver al pelinegro parado frente a ellos.
Ichigo bajó con cuidado a la morena. Tapándola con su figura y dándole tiempo para que ordenara su vestimenta mientras él volteaba para enfrentar a Byakuya.
Lalalala, pues espero no haber decepcionado a nadie y esto tarde o temprano tenia que suceder... Si Bya-kun no los pillo donde Urahara... u_u y bueno, me encanta la idea de relatar los pensamientos de este personaje que me encanta, a ver como lo hago
Nos vemos en el proximo capitulo!
Chuu~
Kimiko.
