¡No quiero morir joven! -huye de los tomates-

Bueno, quien se atreva a hacer click en el link y lea esta actualización de esta historia que ya iba a cumplir -si es que ya no cumplió- 2 años en el limbo. En fin, no sé si quieran explicaciones, sino para qué aburrirlos con contarles mi vida digo yo (?) Pero por respeto a quienes han seguido esta historia desde que fue publicada hace ya un par de años aquí, les resumiré estos dos años:
El año pasado salí del colegio y di una prueba que se da todos los fines de año en Chile para poder entrar a la universidad. Ese mismo año sufrí una inestabilidad emocional por asuntos familiares y la presión de sacar un resultado decente en esa prueba. Este año, entré a la universidad pero por mi inmadurez, no logré adaptarme a vivir sola en la capital (pues tuve que mudarme para continuar con mis estudios universitarios), y colapsé. A mitad de año me salí de la carrera y decidí prepararme para volver a dar la prueba a final de este año. Por fortuna, he logrado equilibrarme emocionalmente, al menos por ahora. Y espero seguir así para continuar escribiendo.

Este capítulo originalmente lo quería publicar el 20 de octubre, de regalo para mi Twincita. Sin embargo, no alcancé a terminarlo por esa fecha y este fin de semana logré tener un tiempo libre y terminarlo. Quedó considerablemente largo comparado a los anteriores. Tan sólo espero que valga la pena.

Antes de leer el capítulo les dejo un resumen de los anteriores para que no anden tan perdidos (:


Durante una junta con sus amigos, Rukia sale del bar persiguiendo a un hombre que parece reconocer dentro del gentío. Quien resulta ser Kei, uno de los enemigos y una copia exacta de Kaien. Byakuya salió corriendo tras su hermana pero una mujer llamada Haruka, que también asemeja la apariencia de su difunta esposa, aparece en su camino y Byakuya termina siguiéndola. Ichigo y Renji alcanzan a Rukia quien se hallaba peleando con Kei, pero un Arrancar aparece y les obstaculiza el camino. En un momento de la batalla, Kei parece reaccionar y actuar como Kaien, salvando a Rukia y alejándola de sus amigos.

Llega un momento en el que se centraron tres focos de pelea y todos quedaron repartidos. Yoruichi con Byakuya se enfrentan a Haruka, Urahara junto con Ishida y Makoto van en busca de Rukia; y mientras tanto Ichigo, Renji, Orihime, Chad y Hatori quedan como contrincantes del enorme Arrancar.

Por otro lado, Takashi parece darse cuenta de algo y comienza a moverse, mientras Yumi va en busca de su hermano.

Adiós.

Corría con todas sus fuerzas. El cansancio era presente en su cuerpo pero él no lo sentía. Lo ignoraba por completo. Porque él tenía su objetivo claro. Sólo el rostro de la morena estaba presente en su cabeza. Mientras se recriminaba por qué diablos no lo había notado antes. Las muestras del daño que le había provocado, que le estaba provocando ahora mismo, siempre habían estado visibles. ¿Cómo fue tan ciego? Ni el mismo lo sabía. Pero no podía mantenerse mirando por más tiempo. Tenía que ayudarla.

Sólo había un problema.

—Rukia-chan… ¿Dónde estás? —murmuró deteniéndose momentáneamente para recuperar el aire, mirando para todos lados.

Siempre había sido guiado por Haruka. Él nunca había seguido la presencia de alguien, y mucho menos tenía alguna habilidad que lo hiciese notar. Él sólo… había sido… una pieza en el juego de aquél hombre al cuál solía llamar Buchou… Porque ya no más. Ya no lastimaría lo que más quería. Si lo llamaban traidor, no le importaba. Si moría en el intento, no le importaba. Lo único que le importaba era ella.

—Llegaré como sea —anunció con determinación. Aumentando el agarre de su mano. Ahí llevaba lo que definiría el destino de la Kuchiki.

Pero se detuvo en seco. Y no era porque no sabía el camino a donde ir, aunque de verdad no lo sabía. Pero esta vez no se debía a eso, sino a la voz femenina que había susurrado su nombre. Volteó con precaución. Y sus ojos almendrados se toparon con unos iguales en tonalidad rojiza. Cabello rojo; un rostro que reflejaba preocupación. Y que lo desarmó completamente al escuchar otro susurro de su boca.

—Kashi…

El castaño seguía congelado. Pero ni él mismo sabía el porqué. Sólo se quedó viendo a la joven frente a él. La forma en que lo había llamado se le hacía extremadamente conocida. Él sabía bien que esa chica le traía recuerdos. Pero en su mente no podía organizar sus ideas. No tenía idea de quién era.

—Quién… —llevó una de sus manos a su cabeza, sujetando con la otra aquél artefacto de suma importancia— ¿Quién…?

La pelirroja notó la duda en su rostro. Pero al parecer ya preveía que eso sucediera. Pues su rostro no mostró sorpresa, sólo agachó la mirada entristecida.

—Lo suponía —susurró—. No sabes quién soy, ¿verdad, Takashi?

—Yo… —articuló confuso el chico— Tú…

Yumi se acercó al joven hasta quedar frente a él. Con sutileza, llevó sus manos hasta posarlas en las mejillas de Koizumi, logrando que el chico la mirara a los ojos.

—No importa si no me recuerdas…

Los ojos almendrados de la chica expresaban melancolía. Sonrió al notar que el castaño le prestaba toda su atención, expectante a cada palabra suya. Sentía su calidez y por ello no se había alejado de la pelirroja. Una calidez que él recordaba. Y eso le daba esperanza a Yumi.

—Tú… Tienes algo importante que hacer, ¿cierto?

El chico despertó de su ensoñación, recordando su objetivo. La miró con preocupación reflejada en sus ojos almendrados. Takada supo de inmediato que esa preocupación no se debía a ella, sino a la razón que llevaba al castaño corriendo desesperadamente hace rato atrás.

—Rukia-chan… —balbuceó.

—¿Rukia? —repitió la pelirroja, extrañada.

—Kuchiki Rukia-chan… —explicó Koizumi— Ella… es el centro de mis pensamientos ahora mismo… ¡Necesito ir con ella!

La determinación en los ojos del castaño era evidente. Fue por eso que el deseo de ayudarlo asaltó a Takada. Pensando en cómo podría ayudar al chico para que llegara hasta la tal Kuchiki.

—Espera… —recordó de pronto la chica— ¿Dijiste Kuchiki?

—¿¡Sabes dónde está!

La pelirroja reflexionó un momento. ¿Cuántos Kuchiki podría haber en Tokio? Si mal no recordaba, aquél tipo de cabello rubio opaco había mencionado a una Kuchiki; cuando el grupo con el que se hallaba anteriormente discutía sobre cómo dividirse, e Ishida se había ido con aquél hombre y una mujer de cabellera ondulada.

—Creo… —balbuceó— Creo poder guiarte —dijo finalmente.

Yumi anteriormente había seguido la presencia de Ishida. Esperaba poder hacerlo de nuevo.

Ya había transcurrido cierto tiempo desde que se habían reunido con ambos shinigamis, y la pelea no daba señales de terminar. Ichigo atacaba con ferocidad a su enemigo, al igual que Renji. Ambos no daban tregua. Sado se les había unido a la batalla, pero ni los tres eran contrincantes para su adversario. El arrancar les lanzaba ceros de tal poder que se veían obligados a esquivarlos, al no poder enfrentarlos. Anteriormente, Ichigo había intentado contenerlo con su Getsuga Tenshou, pero ni eso había bastado para repeler el ataque. De no haber sido por la rapidez que le otorgaba el Bankai al shinigami sustituto, seguramente habría sido arrasado por el cero.

Más distantes, se mantenían Hatori y Orihime. El rubio analizaba cada paso dado por su enemigo. Buscando algún indicio que diera cuenta de su debilidad. Alguna apertura. Mientras que la joven miraba con preocupación a sus compañeros.

—¡Sado-kun! —chilló la mujer al ser testigo del golpe que había lanzado lejos a su amigo y lo tumbó en el suelo, expuesto a cualquier ataque.

El arrancar rugía contra ambos shinigamis que intentaban hacerle frente. Su máscara de hueso tenía ya varias hendiduras, difícil de saber si se debía a la extensión de la batalla, o las poseía desde antes. Sin embargo, su fuerza era inquebrantable. Se movía ferozmente y frenaba cada una de las estocadas que le proporcionaban sus contrincantes. Ni los ataques en conjunto de ambos bankai podían derribarlo.

Orihime, aprovechando que el enemigo se entretenía con la batalla, se acercó corriendo hasta su compañero herido que intentaba, en esos momentos, levantarse. Llevó sus manos hasta sus horquillas para poder invocar su técnica y curarlo. Sin embargo, no contaba con que ese acto llamara la atención del despiadado enemigo, quien con un zarpazo alejó a ambos shinigamis y arremetió hacia donde se encontraba la chica.

Hatori, viendo su nuevo objetivo de ataque, abrió los ojos con espanto. Intentando pensar en algún movimiento que protegiera a la joven.

Recuerda que los más oscuros, causan una explosión de mayor magnitud —comentó la actriz—. Pero no creo que puedas distinguir su color si tienes que llegar a usarlos, guarda los más peligrosos en tu bolsillo derecho, y los demás en el izquierdo.

El rubio sacudió su cabeza ante el recuerdo. Agradecía internamente a su compañera por ser siempre tan precavida.

—¡INOUE! ¡CHAD! —gritó Ichigo al ver el rostro de pavor reflejado en su amiga mientras seguía curando al moreno.

—¡Inoue-san, cúbrase! —ordenó Hatori, buscando rápidamente en su bolsillo izquierdo y lanzando los pequeños diamantes.

La joven logró invocar su defensa antes de que el arrancar fuera arrastrado por el fuerte impacto que provocó la explosión al estrellarse en su cuerpo. Orihime mantenía los ojos cerrados intentando concentrarse para mantener su barrera de defensa y proteger a su amigo.

Ichigo había logrado recuperarse del anterior ataque para poder ponerse de pie y miraba con absoluta sorpresa al joven rubio. Por otro lado, Renji se limpiaba restos de sangre con la mano mientras se apoyaba en su zampakutou para poder incorporarse nuevamente a la batalla.

—¡Kurosaki! ¡Aprovecha ahora y atácalo! —gritó. Mientras el arrancar parecía recuperarse del golpe y volvía a surgir tras una nube de polvo provocada por la fuerza de la colisión.

El nombrado no dudó más. Cruzó una mirada con su compañero pelirrojo y juntos se fueron contra el enemigo.

Escándalo proveniente del duodécimo escuadrón era lo que podía apreciarse en el Seiretei. El capitán de este mismo escuadrón tenía a todos sus subordinados corriendo por diversos lugares del cuartel, provocando en ellos una gran conmoción. Y lo que era peor en esos momentos; Kurotsuchi Mayuri estaba de mal humor.

—¿¡Cómo es posible que no lo encuentren! —protestaba el presidente del departamento de investigaciones y desarrollo— ¡Alguien aquí no está haciendo bien su trabajo! —criticó.

—Capitán —interrumpió un shinigami de aspecto desaliñado—, hemos terminado la investigación sobre los gigais que fueron robados.

—¿Y… —refutó Mayuri, dirigiéndole una desquiciada mirada— qué esperas para darme el reporte?

—Sí, señor —dijo el subalterno, intentando no dejarse intimidar por la perturbadora mirada—. Efectivamente se creó el artefacto que usted anda buscando…

—Eso ya lo sé, estúpido —bufó el capitán—. Yo mismo hice el prototipo y les encargué que lo perfeccionaran a medida que hacían las pruebas con el gigai — golpeó una mesa cercana con el puño—. ¡Lo que exijo es saber dónde está!

—Bueno… Lo encontramo, pero… —temió por su vida— Durante las pruebas experimentales con los gigais se priorizó el desarrollo de los mismos y ese artefacto aún no era perfeccionado cuando…—tragó saliva, nerviso— los gigais fueron robados…

—¡Incompetentes! —soltó furioso.

—Mayuri-sama —una voz femenina hizo aparición. Permitiendo que la esperanza se presentara para el subordinado. Viendo la perfecta oportunidad de retirarse para huir de la ira de su capitán.

—¿¡Qué sucede ahora!

—Hace unos momentos Urahara Kisuke fue capaz de contactar conmigo a través del departamento —informó la teniente.

—¿Urahara Kisuke? —masculló el presidente del departamento.

—Sí —repitió Nemu—, me explicó del funcionamiento de un artefacto que hasta ahora era desconocido para nosotros.

—¿Desconocido? —articuló desconfiado— ¿Por qué ese hombre anda metiendo sus narices donde no le incumbe?

—Al parecer ha estado investigando de la situación por su cuenta en el mundo humano.

Mayuri tuvo que tragarse sus maldiciones contra el hombre de sombrero y sandalias.

—¿Qué —soltó en contra de su voluntad— fue lo que te explicó?

—Informó que durante su investigación sobre Hougyoku se encontró con un artefacto que lo precedió —relató—, un artefacto que denominó 'Gouyoku' —leyó de su cuaderno de anotaciones—. Este artefacto tiene la capacidad de creación por ser una gran concentración de energía, funcionando como un imán que atrae, como ejemplo en la Sociedad de Almas, partículas espirituales.

—Es decir —Mayuri se corrió antes de proseguir—, que según Urahara Kisuke el Hougyoku fue formado a partir del 'Gouyoku', y por su modo de operación es este último quien le dio la capacidad de traspasar barreras entre shinigamis y hollow al Hougyoku.

—También acotó que una vez desaparecido el Hougyoku, es muy probable que se haya desintegrado a su forma inicial. Y cayendo éste en manos enemigas…

—¡Maldito sea ese hombre entrometido! —espetó el shinigami al relacionar lo que su teniente decía con el incidente del cuerpo que se les había enviado del mundo humano. Podía ser verídico que el enemigo tuviera en su poder aquél artefacto 'Gouyoku' y haya sido éste el que provocara la aceleración en la transformación a Hollow.

—Mayuri-sama… —intentó proseguir la shinigami ante el inminente arrebato de furia que esperaba de su capitán— Además de eso, insinuó advertir los posibles planes enemigos…

—Qué estupidez habló ese hombre ahora.

—Aclaró que el artefacto de clanes nobles, el 'Shoukyo' —guardó silencio por unos momentos—, fue introducido en Kuchiki Rukia y cree que con esto el enemigo quiere acumular una gran cantidad de reiatsu usándola como contenedor para luego combinarlo con el poder del 'Gouyoku'…

—Y provocar un desbalance entre dimensiones… —completó el shinigami— ¡Imposible! ¡No me digas que…!

—Capitán.

—¿¡QUÉ DEMONIOS SUCEDE AHORA! —gritó fuera de sus cabales. Provocando sobresalto en su subordinado.

—El… capitán general está convocando una reunión de todos los capitanes —logró articular.

El presidente del departamento de investigación y desarrollo salió refunfuñando del cuartel. Alegando de lo inoportuno de las juntas entre capitanes.

Byakuya tenía su traje de shinigami rasgado debido a los múltiples cortes que había recibido. Su cuerpo manifestaba cansancio, pero su mirada se mantenía implacable. Respiraba entrecortadamente mientras observaba la batalla que se llevaba a cabo frente a él. Yoruichi estaba en igual o peor condiciones que las suyas. Sus brazos y espalda se encontraban expuestos producto de que anteriormente había usado el Shunkou. Pero aún así, ni la temible agilidad por la que era reconocida la mujer había sido suficiente para combatir a su adversario.

—¿Acaso no entiendes —musitó la pelinegra que respondía al nombre de Haruka— que esta barrera ha sido creada por el Gouyoku?

—Lo entiendo… perfectamente —articuló entrecortadamente—, más incluso de lo que crees —acotó con sonrisa burlona—. Pero el hecho de que esta barrera actúe como portal dimensional, mezclando el miasma de diferentes dimensiones, no me impedirá acabar contigo.

El rostro de Haruka reflejó sorpresa por una fracción de segundo. Momento que aprovechó Yoruichi para propinarle una veloz patada en el estómago, causando que la pelinegra fuera arrastrada varios metros.

La mujer de mirada gatuna observó atentamente cómo su enemigo se reincorporaba. Notando algo de lo que antes no se había percatado. El cuerpo de la muchacha parecía centellar.

—El Gouyoku significa ambición, ¿sabías? —sonrió burlonamente, mientras se acercaba sigilosa— No me sorprendería que su poder te haya afectado y te convirtiera en lo que eres ahora, una marioneta.

La pelinegra logró esquivar la patada que intentó encestarle la mujer de mirada gatuna.

—¿Marioneta, dices? —repitió pasiva Haruka— Fui salvada de ser una marioneta —aclaró, mientras seguía evitando los golpes que intentaba asestarle Yoruichi.

Manteniendo la distancia, Byakuya observaba los ataques que intercambiaban ambas mujeres. Anteriormente había lanzado un ataque con su zampakutou. Sin embargo, la barrera de la que eran prisioneros se encargó de redirigir aquél ataque directo a su usuario, propinándole diversas heridas que ahora adornaban su apariencia.

—Esta corrupta sociedad de humanos —escuchó decir a la pelinegra—, a los que ustedes, shinigamis, protegen tan fehacientemente —articuló altiva, dando un salto para esquivar a la mujer y aterrizar unos metros lejos de su oponente, quien la observó con perspicacia.

—¿Qué tanto balbuceas? —interrogó la mujer del clan Shihoin.

—Fui salvada de ser una marioneta en este mundo tan desagradable —aclaró—. Todo gracias a ser una reencarnación de la esposa de Kuchiki Byakuya.

—¿Qué… has dicho? —titubeó la morena de mirada sagaz.

El entorno que rodeaba a ambas féminas comenzó a llenarse de pétalos de flores. Simultáneamente voltearon y se encontraron con la gélida mirada del Kuchiki.

—¡Espera, Byakuya! —se alarmó Yoruichi, antes de ser arrastrada por la ola brillante de pétalos de cerezo.

Aquella barrera que se había encargado de obstaculizar el camino se hallaba inundado de pétalos. La brutal rapidez con la que se esparcían por la prisión permitía que sólo se escuchara el sonido de los pétalos chocando unos con otros continuamente. Ninguna sombra se atisbaba en aquella ráfaga.

Paulatinamente, la fuerza con la que se dispersaban comenzó a disminuir. Hasta que finalmente los pétalos quedaron regados por la base de aquella barrera. Permitiendo distinguir tres figuras. Una de pie, las otras dos en el suelo. Sin embargo, una de las dos siluetas que se hallaba apoyada en el piso, se incorporó con algo de dificultad hasta quedar de pie. Yoruichi logró utilizar el Shunkou para protegerse de la tormenta de pétalos.

—¡Maldición, Byakuya! —soltó— ¿¡Tienes idea lo peligroso que fue! ¿¡Acaso no tuviste suficiente cuando se te devolvió tu primer ataque!

El recriminado sólo dirigió una mirada altanera a la mujer.

—Nadie osa a quebrantar mi orgullo —se limitó a decir el moreno. Mientras, su compañera de batalla observó en el cuerpo inconsciente que yacía en el piso.

—Bueno —concluyó—. Supongo que con esto deberíamos ser capaces de salir de aquí.

Ambos observaron a su alrededor esperando alguna anomalía en la barrera que los tenía encerrados. Sin embargo, ésta no parecía querer ceder. Pronto lograron percibir un quejido proveniente del cuerpo moribundo de la mujer morena.

—Bya… —musitó con gran esfuerzo.

—¿Todavía sigue con vida? —farfulló la de mirada dorada, contemplando cómo el cuerpo se revolvía adolorido.

—Byakuya-sama…

El susurro casi inaudible llamó la atención del shinigami, dejándolo perplejo. Yoruichi se preparaba para propinarle el golpe definitivo a Haruka.

—Espera —la detuvo el Kuchiki, dirigiendo toda su atención a la mujer agonizante.

Su compañera se mantuvo al margen mientras observaba cómo el implacable capitán de la sexta división se situaba a la altura de aquella fémina.

—¿Hisana…? —susurró, junto al cuerpo.

—Byakuya-sama… —repitió, abriendo los ojos con dificultad, permitiendo que una mirada serena se vislumbrara.

En ese momento, pareció que la severidad en los ojos del pelinegro había flaqueado. Centrando toda su atención en el recuerdo de su fallecida esposa, justo como décadas atrás, se dispuso a tender una mano para dirigirla al rostro de la mujer.

—No… —lo detuvo la débil voz— Este cuerpo no me pertenece —aclaró—. No podría asegurar que no represente una amenaza para usted…

—Hisana… —murmuró, intentando ocultar la inquietud en su tono de voz— encontré a Rukia.

Una sonrisa apacible surcó el rostro de la pelinegra. Junto a un par de lágrimas que resbalaron por sus mejillas.

—Estoy… —habló entre lágrimas— tan feliz…

—Entró a la academia de shinigamis —relató—, ahí fue donde logré dar con su paradero. Inmediatamente me encargué de quedar a cargo de su custodia.

La mujer sonrió, enternecida.

—¿Ella… —musitó, con voz trémula por el llanto— es feliz?

Byakuya recordó en ese momento la efusiva determinación de la que había sido testigo cuando Rukia defendió su relación con el Kurosaki. Dispuesta a ir contra las normas, y contra él mismo. Así mismo, cómo el joven de anaranjada cabellera se había enfrentado a la Sociedad de Almas para rescatarla de su ejecución.

—Hay un muchacho… —expuso, con un dejo de reproche en su rostro— que está luchando junto a ella para que ambos puedan estar juntos. Se han enfrentado a más obstáculos de los que yo me enfrenté para que te convirtieras en mi esposa… —continuó, recuperando su firme semblante— No obstante, aún se desviven por el bienestar del otro.

Ella sonrió satisfecha, derramando más lágrimas mientras observaba la expresión de quien alguna vez fue su marido.

—Byakuya-sama… —intervino, haciendo un esfuerzo por hablar claramente a pesar de que su llanto le obstruía— Debo despedirme ya.

El pelinegro le dirigió una mirada atenta, esperando por una aclaración de su parte. Mientras, la mujer de mirada gatuna había decidido dejarles su espacio y analizar con minuciosidad la barrera que los rodeaba, esperando algún cambio.

—No sé bien… cómo logré contactar con usted… —explicó, con voz entrecortada— Pero este cuerpo ha llegado a su límite…

—Hisana…

—Gracias —interrumpió— Gracias por todo —dijo sonriente— Espero… que usted… también busque… su… felicidad… —musitó, cerrando los ojos con pesadez.

Byakuya cerró los ojos un momento. Manteniendo el recuerdo de su esposa.

—Justo como pensé —habló Yoruichi, ganándose la atención del capitán—. ¿Ves el resplandor que rodea su cuerpo?

El shinigami hizo caso y observó el cuerpo sin vida que yacía sobre el suelo. A su alrededor un resplandor cobrizo parecía desquebrajarse.

—Cuando peleaba con ella, noté que poseía una especia de escudo que la protegía —informó—. Puede ser esa la razón por la que no le afectaba el miasma que nos rodeó durante este tiempo. Sin embargo, cuando lograste atravesar aquél escudo con tu ataque, el miasma logró alcanzarla y puede que eso haya sido el causante de tu conversación con tu esposa… El desbalance de dimensiones…

El líder del clan Kuchiki se mantuvo en silencio, hasta que el ambiente del que eran prisioneros los obligó a moverse. De improviso, aquella barrera que los mantuvo prisioneros durante toda la batalla, comenzó a hacerse pedazos. Provocando que se vieran con la necesidad de huir a la primera abertura que les permitiera escapar de su encierro. No sin antes que Byakuya recogiera el cuerpo inerte de aquella mujer y lo cargara sobre su hombro.

Yumi se las había arreglado para guiar a Takashi hasta su amiga morena. Habían cruzado varias calles desiertas, hasta alejarse del alcance de cualquier humano curioso. Seguidamente se habían adentrado por los terrenos de un templo, introduciéndose en el espeso bosque que lo rodeaba, corriendo a través de los árboles.

Durante todo el trayecto, el castaño sujetaba firmemente aquél pequeño artefacto con sus manos. Sobre el cual se había cuestionado tantas veces. El Shoukyo. O al menos, lo que quedaba de él.

—Siento… la presencia de Ishida-san muy cerca de aquí —anunció la chica, con la voz entrecortada por la agitada carrera.

Y en efecto, cuando atravesaron unos cuantos arbustos más, se encontraron con un escenario que mucho dictaba de su imaginación.

La mujer menuda se hallaba encerrada dentro de una barrera circular, inconsciente y vestida con un kimono blanco. Mientras un hombre de cabellera opaca mantenía una mano rozando el área que envolvía no sólo a la morena, sino a él también, y su otra mano se posaba a pocos centímetros del rostro de la pelinegra, emanando un aura verdosa. Entretanto, Ishida estaba peleando con un hombre de cabellera oscura. Los ataques de agua que provenían de aquél hombre y las flechas que le dirigía el chico de anteojos se anulaban entre sí. Sin embargo, aquél hombre de cabello oscuro parecía dudar a cada ataque que intentaba propinar.

Además, de vez en cuando, una mujer de cabellera ondulada lanzaba un pequeño objeto que provocaba breves explosiones, intentando así facilitarle la batalla al Quincy. Mujer que el chico de cabellera castaña identificó de inmediato.

—Tomoda Makoto… —murmuró absorto.

El solo susurro logró que la fémina dirigiera su atención al chico, mientras que Urahara observaba por el rabillo del ojo a los dos intrusos.

—Koizumi… —reconoció la actriz, reparando disimuladamente en la presencia de la chica que se hallaba junto al joven.

—Tomoda, por favor… —habló afligido— Rukia-chan… Rukia-chan… —repitió, mientras su mano empuñada fortalecía el agarre del objeto que llevaba consigo.

—¿Por qué viniste? —cuestionó la mujer.

—Rukia-chan… es mi culpa… que ella esté así… —tartamudeó— Yo… —aflojó el agarre de su mano y la extendió, permitiendo que en la palma de su mano se apreciara un artefacto de diminuto tamaño y de resplandor a punto de extingirse.

—Eso es… —musitó Makoto, absorta.

—El Shoukyo —interrumpió Urahara—. Al menos lo que queda de él.

—Koizumi, tú… —nombró la actriz, mirando estupefacta a su compañero de trabajo— sabes… ¿Sabes cómo ayudar a Rukia con eso?

El castaño se mantuvo en silencio unos momentos, observando con atención el objeto en su mano. Volteó a ver a la chica que lo había guiado hasta aquél lugar. Ella le sonrió y le hizo un gesto para que continuara con la absoluta determinación de la que anteriormente hacía gala.

—Yo… —inspiró hondo para continuar y mirar firmemente a la actriz— Haré cualquier cosa para ayudar a Rukia-chan.

La mujer miró con atención al siempre escandaloso compañero a quien tenía que soportar en sus horas de trabajo. Su mirada resolutiva le dio a entender que no se había equivocado con él. De verdad estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por Rukia. La seguridad de la morena era una de las prioridades del castaño.

—Makoto-san —llamó Urahara— Déjalo pasar, el Shoukyo realmente podría ser la única salida de Kuchiki-san.

Su atención se dirigió al hombre de sombrero y sandalias. Con el que intercambió un par de miradas, primero a los recién llegados, y otra a la batalla que se estaba llevando a cabo muy cerca de ellos entre el Quincy y su contrincante.

—Koizumi-san, ¿cierto? —se dirigió Kisuke al castaño— Acércate hasta donde tengo mi mano posada en la barrera.

Takashi no dudó en hacerle caso, dando unos cuantos pasos hasta posicionarse frente a aquél hombre, observando de cerca el cuerpo inconsciente de Rukia. Mientras, la mujer de cabellera ondulada se acercó hasta Yumi, quien la observó desconfiada mientras veía a la fémina acercarse. Retrocedió para evitar la cercanía, pero pronto notó que su espalda chocó contra el tronco de un árbol. Quedando atrapada entre aquella mujer desconocida para ella, pero que parecía conocer perfectamente a su hermano.

—Será mejor que te quedes quieta si no quieres salir herida —aclaró Makoto. Quien una vez estuvo a unos cuantos metros de la joven, se volteó dándole la espalda.

—Bien —llamó la atención Urahara— ahora desharé la barrera. Makoto-san, haga lo posible por evitar la presión espiritual.

—De acuerdo —asintió la muchacha— ¡Ishida-san! —gritó, ganando la atención del nombrado— ¡Cúbrase!

Tanto Yumi como Takashi no entendieron la situación hasta poco después que el hombre de sombrero quebrara la barrera que rodeaba a la Kuchiki. Provocando que una gran ola de presión espiritual se esparciera por la zona, arrastrando a cualquiera que estuviera desprevenido.

Parecía increíble pensar que Kisuke hubiera permanecido inmutable dentro de aquella barrera y soportando todo ese poder. Y más aún, mientras se desplegaba toda aquella presión, aquél hombre permanecía de pie tomando de la muñeca al castaño para evitar que éste saliera disparado. Ishida, mientras tanto, había logrado cubrirse y su enemigo había ido a parar contra un árbol, golpeándose inevitablemente.

Urahara arrastró al Koizumi dentro del área que rodeaba a Rukia, sin quitar su mano que rosaba el rostro de la morena.

—Rukia-chan… —musitó, al ver de cerca a su compañera.

—¿Sabes lo que tienes que hacer? —cuestionó el hombre rubio, observando la expresión dubitativa del castaño— Intenta hacer el proceso inverso a cómo pusiste parte del Shoukyo en ella.

El joven asintió, agachándose hasta quedar a la altura de la muchacha.

—Haré que recobre el conocimiento —anunció el hombre de sandalias—, hasta ahora he intentado mantener al margen su presión espiritual para que no la dañe mentalmente —explicó, mientras disminuía aquella energía verdosa que emanaba de su mano—. Sin embargo —agregó—, tendrás poco tiempo, y si fallas no sólo será el fin de Kuchiki-san, sino también el tuyo… y el de todos nosotros.

Takashi volvió a asentir mientras observaba impaciente cómo la morena abría sus ojos paulatinamente hasta que finalmente reparó en la presencia del castaño.

—Ta… —articuló, con voz cansada— ¿Takashi…?

Ichigo corría haciendo gala de todas las habilidades que poseía para ir a la máxima velocidad que le permitía su malherido cuerpo. De cerca lo seguía su amigo Chad, un poco más recuperado de sus heridas, ayudando a Orihime para que se incorporara al mismo ritmo mientras Hatori los seguía de cerca.

Habían podido escurrirse de las garras de aquél Arrancar. Sin embargo, no había sido gracias a que habían acabado con él. La razón había sido la puerta que apareció repentinamente en el cielo, sobre el enemigo, y que hacía de conexión entre el mundo humano y la Sociedad de Almas. Tras ella, habían aparecido las figuras de Kenpachi, Ikkaku, Hitsugaya y Matsumoto. Quienes, junto con Renji, se encargaron de abrirles camino hasta donde se encontraba Rukia mientras los shinigamis se hacían cargo del contrincante.

—¡Kurosaki! —reclamó el joven de cabellera rubia— ¡No todos podemos ir a tu mismo ritmo! —declaró, intentando seguir el paso del grupo.

El muchacho hizo oídos sordos, intentando avanzar a todo lo que su maltrecho cuerpo le consentía. Hasta que se detuvo bruscamente al percatarse de unas presencias conocidas.

—¡Ichigo! —llamó una morena de ojos gatunos.

—Yoruichi-san… —articuló el chico, al notar la figura de Byakuya tras ella y un bulto que iba cargando en su espalda.

—Debemos apresurarnos —anunció, observando perspicaz a los demás integrantes del grupo—, ¡Ichigo, tú lleva al chico rubio! —ordenó, mientras quitaba a Inoue del apoyo de Sado y la cargaba hasta quedar al frente, liderando al grupo.

El moreno de gran tamaño se apresuró para adelantar su paso mientras el Kurosaki cogió de un brazo a Hatori y recuperó su carrera tras la morena.

Avanzaron ya más rápido por aquél frondoso bosque, con la mayoría de los camaradas reunidos se dirigían a encontrarse con los demás. Mas, al llegar al sitio, se encontraron con un joven castaño que tenía cogidas entre sus manos las blanquecinas de la Kuchiki, mientras que su frente estaba pegada con la de ella, ambos mantenían los ojos cerrados. A unos pocos pasos, se encontraba Urahara atento a cualquier ataque repentino que rodeara a los actores y el joven Quincy peleaba con aquél enemigo de oscura cabellera mientras Makoto seguía lanzando diamantes explosivos, pero que de vez en cuando el chico de anteojos debía esquivar debido a la potencia.

Y por último, apoyada contra un árbol, se hallaba una pelirroja de ojos almendrados que Ichigo reconoció pero no cuestionó su presencia mientras se acercaba con la furia reflejada en su rostro hacia la shinigami que se encontraba con el castaño.

—¡Tú…! —bramó, furioso.

—Kurosaki-san —interrumpió Urahara—, las explicaciones después, ahora mismo este chico está ayudando a Kuchiki-san.

—¿Qué? —articuló el joven, mirando con desconfianza al castaño, quien no parecía desconcentrarse puesto que mantenía aún sus ojos cerrados al igual que la shinigami.

Mientras tanto, el resto del grupo se acercó con cuidado al campo de batalla. Byakuya dejó en el suelo el cuerpo inconsciente de Haruka, con cuidado. Inoue se acercaba a Yumi para comprobar si se encontraba herida. Los demás, se acercaron a Makoto que había dejado de lanzar repetidamente diamantes explosivos, y se había alejado un poco de la batalla frente a ella.

Ishida había tomado ventaja en la batalla debido a que su enemigo se sostenía constantemente la cabeza, aguantando el dolor. Sin embargo, el Quincy no sabía si se debía a la anterior ola de reiatsu que fue provocada al abrir la barrera que protegía a Rukia o era por alguna otra razón en particular. Lo importante era que había logrado llevar la delantera.

—Parece que has llegado a tu límite —comentó, apuntándolo con una de sus flechas.

Por toda respuesta Kei miraba de vez en cuando furtivamente más allá de su enemigo, captando la curiosidad en el muchacho de anteojos.

—¡Concéntrate en tu enemigo! —advirtió, lanzando varias de sus flechas y estampándolo contra un árbol.

Un grito ensordecedor se dejó escapar de su boca, mientras agitaba frenéticamente su cabeza.

—Qué diablos… —musitó Ishida, al ver el estado de su enemigo, no precisamente producto de sus flechas, puesto que éstas no lo habían lastimado en un punto vital.

—¡KUCHIKI! —gritó a viva voz, aún ensartado en el árbol.

La atención de los presentes fue desviada a aquél moreno que se retorcía intentando salir de su encierro de flechas, mientras no dejaba de clamar por la menor de los Kuchiki. Ésta, al primer grito abrió los ojos de golpe, ganándose una reprimenda de parte del rubio.

—¡Kuchiki-san! ¡Debes mantener la concentración! —advirtió.

Intentó nuevamente cerrar los ojos y concentrarse en el objeto que tenía en sus manos con el castaño, el Shoukyo.

—¡Kuchiki! —aclamó nuevamente Kei— ¡No lo hagas! ¡Es justo lo que ellos quieren, Kuchiki!

Rukia no logró mantener por más tiempo su concentración y se incorporó inmediatamente hasta quedar de pie.

—¡Kaien-dono! —respondió con rostro confuso, observando al hombre rodeado de flechas azuladas.

—¡Suelta inmediatamente ese aparato! —ordenó— ¡Quieren usarte para abrir un portal! —bramó, forcejeando para escapar de las flechas— ¡Ahora que Haruka está muerta, usarán también su energía y…!

Los ojos de la morena se abrieron de par en par al ver que una espada atravesaba el pecho de quien una vez fue su teniente. Lo habían apuñalado del lado contrario al que se hallaba clavado al árbol, puesto que no podía ver al culpable hasta que éste apareció tras el árbol.

Dos hombres de vestimenta clara con una manta negra encima aparecieron. Uno castaño y el otro de cabello grisáceo.

—Maldición… —masculló Kei— Kuchiki…

—No creí que llegarías a causarnos problemas, Kei —habló aquél hombre, altivo—. Se supone que ya debías estar muerto.

—¡Buchou! —gritó el actor de cabellera castaña.

—Takashi —saludó—, buen trabajo.

El chico palideció y miró al hombre frente a él, sin poder moverse. Entretanto, Urahara analizaba la situación y observó atentamente tanto a los recién aparecidos como a la morena que se hallaba en kimono blanco.

Los demás, se dispusieron en posición de ataque. Menos Yumi y Orihime, quienes se encontraban más atrás y los actores de flamante apariencia, puesto que sabían muy bien que con su nivel no podían siquiera dar una pelea decente.

—¿Qué…? —articuló el Koizumi.

Ambos hombres sonrieron mientras desaparecían momentáneamente causando conmoción en sus adversarios.

—¡Rukia! —gritó Ichigo al percatarse que el hombre de cabellera grisácea aparecía nuevamente junto al árbol en el que estaba Kei, pero ahora tenía a la morena sujeta del brazo. A la vez que Ryosuke aparecía con Haruka al hombro y la lanzaba sin miramientos a los pies de Rukia.

—Una conexión… —susurró Urahara, abriendo más los ojos debido a la sorpresa.

Inmediatamente el castaño de traje color crema soltó al cuerpo inerte de Kei apresado por las flechas en aquél árbol, permitiendo que cayera también junto a la morena que observaba el cuerpo atónita. Seguidamente, escudriñó entre las ropas de Haruka y sacó lo que parecía una piedrecilla brillante de color anaranjado que acercó a Rukia, causando que el resto de Shoukyo que se hallaba en las manos de la morena se adentrara dentro de su cuerpo espiritual mientras que un aura blanquecina emanaba de los cuerpos inmóviles a sus pies y también se adentrara en ella al tiempo que el quinto diamante se formaba en la pulsera de jade.

—El Gouyoku —susurró el rubio de sandalias y sombrero—. Como lo temía…

Ichigo miró horrorizado al rubio en cuanto escuchó sus palabras, observó a todos a su alrededor percatándose de las miradas llenas de terror. Incluso el castaño frente a él que no era de su agrado temblaba de miedo ante la imagen de una aterrada Rukia.

La shinigami comenzó a estrujar su kimono a la altura de su pecho como si eso disminuyera el dolor que estaba sintiendo en esos momentos a la vez que era alzada por la presión de la fuerza espiritual ante la vista de todos sus camaradas. Gritos provenientes de su garganta se oían por el lugar hasta que la morena se desmayó y de su cuerpo emanaba un gran aura que tomaba la forma de una llave a la vez que una puerta se figuraba frente a ella.

—¡Suficiente! —habló Kisuke— ¿¡Tienes idea de lo que puede provocar abrir la dimensión del rey!

El castaño junto al hombre de sonrisa zorruna, hizo una mueca.

—¡Una vez entre allí podré librarme de su mando! —anunció aquél hombre— ¿Por qué tendríamos que seguir a un ser que ni siquiera osa a mostrarse?

—¿¡No entiendes que existe un equilibrio! —gritó Yoruichi— ¡Provocarás un desbalance no sólo en nuestra dimensión, sino en todas!

Ryosuke sólo sonrió mientras observaba aquella llave proveniente del cuerpo de la Kuchiki adentrándose en la cerradura del portal. No obstante, no esperaba que la llave se transformara repentinamente en picos de hielo.

—¿Qué…? —articuló. Eso no estaba en sus planes.

—¡Rukia! —llamó el shinigami sustituto, percatándose que el hielo avanzaba hasta congelar el portal y hacerlo pedazos que se esparcieron por el sitio. Al mismo tiempo que la morena recuperaba su atuendo negro que la distinguía como diosa de la muerte.

La shinigami cayó al piso ante la estupefacción del joven de cabellera anaranjada, sin embargo, no logró llegar a impactarse puesto que una nube de reiatsu amortiguó su caída.

Sus camaradas se mantuvieron al margen cuando la energía espiritual comenzó a emanar del cuerpo de la morena y se fue incorporando de a poco, permitiendo ver una tonalidad albina en sus ojos y el hielo comenzando a rodearla.

Sus enemigos la observaron con sorpresa al ver cómo terminaba de incorporarse y caminaba al tiempo que desenvainaba su espada y lanzaba cientos de cuchillos de hielo que se dirigían hacia ellos. Claro que lograron esquivarlos, pero no lograron devolver el ataque debido a que a medida que la morena avanzaba congelaba todo a su paso.

—Rukia-chan… —murmuró Takashi, al ver a su compañera en una especie de trance.

—Kisuke —nombró la mujer del clan Shihouin—, ¿qué sucede?

—Probablemente… —dijo el hombre de sombrero, suavemente— su alma se fusionó con la de su zampakutou…

Flores de cerezo se esparcieron por toda el área siguiendo al hombre de cabellera castaña y a su cómplice. Provocando la atención de los presentes.

—Sólo debemos tener cuidado con el hielo —explicó Byakuya—, así evitaremos ser congelados también.

Ante la mención de ese aspecto, Ichigo también comenzó a atacar utilizando a Zangetsu y Urahara comenzó a usar ataques de Kidou. Sin embargo, sus adversarios lograban esquivar todo. Y todos los ataques fueron inútiles en cuanto una ola de reiatsu proveniente del cuerpo menudo de Rukia lanzó a todos lejos debido al impacto y arrancando unos cuantos árboles del sector. Oportunidad que ambos hombres tomaron y se aproximaron hasta la morena, dispuestos a acabarla.

Nadie logró ver quién alcanzó a hacer el último movimiento debido a que la zona que rodeaba a la Kuchiki y el enemigo se congeló empezando por el piso hasta formar una esfera de hielo que una vez se hizo consistente permitió visualizar a las tres figuras congeladas y la mano del castaño a punto de atravesar el estómago de la shinigami.

Orihime ahogó un grito con su mano mientras Yumi y Hatori, quienes se hallaban junto a ella, se paralizaron ante la escena. Makoto cayó de rodillas mientras Koizumi lanzaba un grito desgarrador. Ichigo vociferaba el nombre de la morena, desesperado. Ishida y Chad también se encontraban estupefactos. Byakuya tenía su implacable expresión derrumbada y observaba atónito a su hermana dentro de aquella prisión de hielo. Mientras, Yoruichi y Urahara intentaban mantener la calma y hallar una salida a la situación.

—¡Malditos subordinados inútiles!

Una puerta de conexión con la Sociedad de Almas se abrió en ese momento en el cielo, dejando paso al presidente del instituto de investigación y desarrollo.

—Kurotsuchi-san —mencionó el hombre rubio.

Mayuri descendió al suelo y observó con detenimiento el desastre que se le presentaba, lanzando una risa burlona.

—Tuvieron suerte que llegara —comentó, sin dejar su sonrisa y sacando de entre sus prendas un extraño artefacto que asimilaba un control. Acto seguido, apretó el botón que se hallaba en el centro del comando.

Takashi lanzó un grito ensordecedor al instante.

—Oh —articuló el hombre de la duodécima división—. Ahí se encuentra uno de los ladrones de mis preciosas creaciones.

La esfera de hielo que tenía atrapada a Rukia y los otros dos hombres se empezó a quebrar. Todos dirigieron su atención a ésta, observando cómo se hacía añicos y la morena era impulsada por un trozo de hielo que la alejó de esos hombres, cayendo al suelo de bruces. Inmediatamente Ichigo se acercó y la cargó, volviendo a su posición junto a sus camaradas con la shinigami en brazos.

—¡Rukia-chan! —gritó el Koizumi, provocando que la muchacha abriera los ojos lentamente.

Una vez la morena salió de la prisión de hielo, Urahara encadenó con Kidou a los hombres que se liberaban del hielo que los rodeaba, para así evitar su escape.

—No puedo creer que me hayan llevado a destruir mis propias creaciones —masculló el capitán Kurotsuchi, jugando con el control en sus manos.

Al ver que aquellos dos hombres se convulsionaban bajo la prisión generada por Kisuke, los demás comenzaron a bajar la guardia y preocuparse del castaño que se retorcía en el piso.

Yumi chilló al ver que su hermano se desmoronaba y gritaba de dolor, acercándose a él corriendo. Ichigo corrió la mirada al ver a su compañera empapada en lágrimas mientras que sentía que Rukia se revolvía entre sus brazos.

—Ichigo… —susurró— Bájame…

—Rukia… —murmuró al notar que sus ojos habían vuelto a su color violáceo.

Ante la insistente mirada de la shinigami, el joven Kurosaki la bajó con cuidado, permitiendo que la morena se acercara tambaleando hasta llegar al lado del castaño.

—Takashi —habló, con voz suave.

El susodicho dirigió su mirada agonizante a su compañera. Observándola un instante y alzando una mano hasta tocar su mejilla.

—Rukia-chan… —dijo, con voz entrecortada— Yo… lo siento mucho…

La Kuchiki sólo se quedó en silencio observándolo con sus ojos cristalinos.

Desde el momento en que la morena comenzó a trabajar con el castaño, siempre creyó que sólo era un muchacho escandaloso. Mas, nunca lo consideró molesto. Sabía que el chico poseía un talento especial para la actuación y lo respetaba como compañero de trabajo. Pero cuando empezó a meterse en su vida jamás pensó que terminaría de esta manera. ¿Acaso había sido su culpa que el castaño terminara así? ¿Si Takashi no se hubiera involucrado con ella ahora no estaría en esa situación?

—Yo… —tosió, intentando recuperar su voz— Fui feliz de conocerte… —musitó, alejando su mano de la mejilla blanquecina— Me alegra… que estás bien.

Los ojos de la morena brillaron producto de las lágrimas que se querían asomar. Mientras la joven Takada hipaba al lado del muchacho.

—Takashi… —sollozó la chica, provocando que él sonriera dulcemente.

—Yumi-chan… —articuló, ante la sorpresa de la pelirroja— Siento hacerte pasar por eso… por segunda vez…

—Hermano, descansa… —interrumpió, tomando sus manos entre las suyas. Arrancando otra suave sonrisa en el castaño.

—Mira mi bolsillo…

Los demás se mantenían al margen ante la situación. Inoue intentaba aguantar las lágrimas que amenazan con caer por sus mejillas. Hatori y Makoto, ambos compañeros del castaño, evitaban la escena agachando la mirada.

Yumi terminó de escudriñar en el bolsillo del Koizumi. En cuanto sacó un caramelo se largó a llorar desconsolada abalanzándose sobre el muchacho mientras éste posaba su mano en la cabeza femenina con las pocas fuerzas que le quedaban.

—Cuídate, hermanita… —dijo, acariciando su pelo— Adiós… —susurró Takashi, permitiendo que su mano resbalara por la cabellera pelirroja y ésta se incorporara para observar el rostro del chico, observando sus ojos cerrados y su respiración desvanecida.

—¡TAKASHI!

Rukia escondió su rostro tras su mano mientras sentía que Ichigo la abrazaba. La morena se giró y escondió su rostro en el pecho masculino mientras escuchaba el llanto desconsolado de la pelirroja.


¡Este capítulo me costó un mundo escribirlo! Tenía tantas ideas en mi cabeza y tenía que meterlas todas en este capítulo que no sé si habrá quedado muy forzado D: Lo siento si fue así! Dx

Bueno, la idea era dejar la ansiedad post-batalla (?) y dramatismo (?) en el próximo capítulo se explicará con detención, o al menos eso tengo planeado. ¡Y trataré de no tardar dos años nuevamente! XD Pero tengo una Twincita muy persuasiva que me recordará continuamente que actualice... eso si es que la universidad no la devora primero (?)

¡Un besote enorme a quien se haya atrevido a leer este fic! :D ¡Gracias! ¡En serio! x3