Deseo desde mi naranjosa alma terminar este fic antes del 14 de marzo o Bueno... Yo... acabo... terminar escribir -muerta- Yo quiero mucho ustedes :DDD Intentaré escribir mucho de Lucha constante y tener el capítulo a fines de febrero. En serio, ¡haré lo que pueda para estrujar mi cerebro!
Explicaciones
El hospital se hallaba inusualmente tranquilo. Ichigo caminaba por los pasillos mientras saluda algunos doctores y enfermeras conocidos que se encontraba en su trayecto.
Había pasado un par de días desde aquél incidente donde se vieron involucradas más personas de las que esperaba. Koizumi había muerto. Si es que ya no lo estaba con antelación. En realidad, no lo entendía muy bien. La presencia de su compañera pelirroja había confundido el escenario para él. Sin embargo, sabía que no volvería a ver al chico puesto que él mismo presenció cómo su apariencia se desfiguró hasta dejar lo que parecía ser un maniquí, el gigai especializado que según dijo el capitán del duodécimo escuadrón, habían dejado de funcionar.
No logró evitar reparar en el hecho de que Kurotsuchi Mayuri se haya encargado de elaborar un mando para destruir sus propias creaciones. Ese hombre definitivamente era extraño.
—¡Kurosaki! —escuchó una voz femenina, encontrándose con una chica de ojos verdosos y un chico de similares características. La fémina llevaba su cabello negro azulado recogido en una trenza del lado izquierdo de su cuello. El muchacho, con su pelo alborotado como de costumbre corría cerca de su hermana. Eran los mellizos Takei.
—¿Sucede algo? —cuestionó al ver el rostro preocupado de ambos.
—Ichigo… —articuló Kazuma— ¿Has visto a Yumi?
El susodicho ignoró el hecho de que el muchacho llamara a la pelirroja por su nombre, cosa que rara vez hacía.
—No —respondió, sin poder evitar desviar la mirada ante el recuerdo de la joven llorando desconsolada.
—Kurosaki… —llamó la mujer, con tono suplicante— Sabes algo de ella, ¿cierto?
—Yo… —se revolvió, incómodo— Sólo sé que no se encuentra muy bien…
—¡Ichigo! —gritó Kazuma, agarrándolo del cuello— Si sabes algo, ¡dínoslo!
Un golpe aterrizó en la cabeza del joven de ojos verdosos y pelo desordenado. Provocando que el chico balbuceara unos cuantos improperios y alzara la mirada enojado contra su agresor.
—¡Yumi! —se le adelantó la melliza que respondía al nombre de Kazumi, abrazando a la pelirroja que se hallaba con vestimenta casual, sin el delantal blanco característico.
—¡Te he dicho miles de veces que te estés tranquilo en el hospital, Takei-ichi! —reprendió la muchacha al hermano de la mujer de cabellera corta que la estrujaba en ese momento.
—Yumi… —murmuró, atónito ante la presencia de la chica.
—Takada —habló Ichigo—, ¿estás mejor?
La pelirroja observó al chico cuya mirada se hallaba apagada. Con sutileza, alejó a su amiga y le pidió que se llevara a su hermano para que no hiciera escándalo, mientras ella se quedaría un momento para hablar con el joven de llamativa cabellera.
—Será mejor que vayamos a la cafetería —anunció, comenzando a caminar con el Kurosaki siguiéndole los pasos.
Una vez ambos estudiantes se acomodaron en una mesa alejada de la muchedumbre, la joven Takada comenzó a hablar.
—Según me contó mi hermano… —narró— Mi mamá enviudó cuando él sólo tenía ocho años… Desde entonces, quedó devastada. Ya no era la misma mujer… trabajaba demasiado y casi no veía a mi hermano. Hasta que al año, quedó embarazada de un hombre más joven que ella.
Ichigo escuchaba atento a la pelirroja, a pesar de que no entendía muy bien qué trataba de decirle.
—De ahí nací yo —continuó—. Como no la veía demasiado porque nos dejaba comida hecha de noche y salía de madrugada, mi hermano se hacía cargo de mí y me cuidada. Finalmente, cuando mi hermano cumplió los veinte, nuestra madre desapareció… y a los meses supimos que había fallecido porque nos mandaron a reconocer el cuerpo… Mi hermano decidió empezar a trabajar ya que por fortuna logró terminar sus estudios y quería que también los terminara yo. Nunca fui apegada a mi madre, así que realmente su pérdida no me afectó demasiado emocionalmente… Mi hermano era mi único apoyo.
—Takada, yo… —interrumpió, mas la chica le hizo un gesto con la mano para que la dejara continuar.
—Incluso cuando le decía a mi hermano que hablaba con niños que él no podía ver, o ancianos me hablaban y yo les entablaba conversación… él nunca me abandonó y siguió creyendo en mí, siempre con una sonrisa en el rostro. Él era mi mundo y yo el suyo.
La pelirroja hizo una pausa al observar el rostro atónito de su compañero.
—Puedo ver espíritus desde que tengo memoria —le confirmó—, aunque hablaba con ellos como si de personas vivas se tratasen y también jugaba con ellos, nunca dejé que los comentarios de niños de mi edad que me tachaban de loca me incomodaran. Tenía a mi hermano y era lo único que me importaba —juntó sus manos y las acercó a su boca antes de seguir con el relato—. Mi hermano falleció cuando yo tenía 19 años… nunca encontré su cuerpo, ni nadie. Pero supe que había muerto porque un día apareció corriendo hacia mí con una cadena incrustada en el pecho. La misma cadena que muchas veces le vi a varios espíritus.
Buscó entre sus ropas un momento bajo la atenta mirada del Kurosaki.
—Estuve hablando con él como un año, hasta que un día me dijo que habían llegado para llevárselo al cielo —comentó—. Un hombre de traje blanco, fue todo lo que me dijo… y se despidió de mí dejándome su collar como recuerdo para que siguiera adelante —terminó, dejando un collar con una letra T—. Ésta es la única posesión que tengo de Takashi.
—Takada… —murmuró, intentando no ser muy brusco con sus cuestionamientos— ¿Estás segura que Koizumi… era tu hermano?
La pelirroja jugó con el collar entre sus manos, suspirando.
—Estoy segura —concluyó—. Aquél chico castaño que vi aquella noche es exactamente como recuerdo a mi hermano… hace cinco años.
—Dijiste… —comentó el muchacho— Dijiste que tu hermano te dijo que un hombre de traje blanco se llevó a tu hermano, pero… los únicos que podemos dar el entierro de almas somos los shinigamis, y vestimos de negro. Takada, ¿acaso el que se llevó a tu hermano fue…?
—Sí —interrumpió—. Primero no lo entendía, puesto que ese mismo día que dejé de hablar con mi hermano, fui a parar al hospital… —cerró los ojos, recordando y armando las piezas de sus memorias— Estos últimos días he estado recordando, de a poco. Y recuerdo ver perfectamente a ese mismo hombre castaño de traje blanco con la manta negra cubriéndole hace cinco años en la puerta de la que era mi casa y mi hermano gritándole que lo seguiría si no me hacía daño. Después de eso, me desmayé.
—¿Hace cinco años? —se paralizó Ichigo. ¿Desde cuándo aquellos hombres estaban planeando su ataque?
—Cuando vi a Takashi aquella noche que seguí a Ishida-san porque encontré que algo andaba mal… No podía creerlo.
—Yo tampoco imaginé que Koizumi estuviera involucrado —concordó el shinigami sustituto.
—Kurosaki… ¿Cómo lo conociste? —cuestionó, intrigada.
Ichigo la observó por un momento. Si la joven le había confiado algo tan importante en su vida como lo era su historia y su sufrimiento, era justo que él también le aclarara algunas cosas.
—La verdad es que lo conocí por Rukia —confesó—. Él trabajaba con ella, era actor.
—Ya veo… —murmuró, sonriendo al imaginarse al chico actuando— Kurosaki, ¿qué pasó con esos hombres?
El joven guardó silencio por unos momentos, debatiéndose entre contarle o no.
—Ellos… —resopló— Desaparecieron.
—¿Así como mi hermano? —articuló, reparando en que su compañero negaba suavemente.
—Escaparon antes de que sus cuerpos se consumieran… —informó— Les perdimos el rastro.
—¿Y Rukia-san? —preguntó, extrañando al joven— Mi hermano arriesgó su vida por ella, Kurosaki… Quiero saber si su sacrificio no fue en vano.
—Takada… —dijo, desviando la mirada— No he sabido de Rukia desde aquella noche…
—¿¡Qué! —se paró de sopetón— ¡Pero es tu novia!
—Sí, pero —se rascó la nuca—, estaba muy delicada y su energía espiritual muy inestable… así que la llevaron a la Sociedad… fue a la casa de su hermano —se cortó, ahorrándose las explicaciones.
—Pero estará bien, ¿cierto? —pronunció, angustiada.
El chico miró a su compañera, sonriendo de medio lado.
—Rukia es muy terca —se encogió de hombros—, ya verás como pronto volverá —dijo, evitando hablar más del asunto por la frustración que sentía al no estar al lado de la morena.
—Podrías… —mencionó, agachando la mirada avergonzada— ¿podrías traerla al hospital cuando vuelva?
El muchacho alzó una ceja ante la petición de la chica. La muchacha jugaba con el collar haciendo girar la cuerda entre sus dedos, enrollándola y desenrollándola.
—¿Traer a Rukia al hospital? —repitió.
—Sí, bueno… —trató de explicarse Yumi— Noté que mi hermano le tenía un gran cariño. Quiero conocer qué clase de chica le gustaba… ¡Ah! ¡No te enojes! —se cortó al percatarse del rostro enfadado en su compañero.
—Bien… —bufó— la traeré.
—¡Gracias! —sonrió.
Ichigo resopló ante la actitud de su compañera, pero ya más aliviado de ver que recuperaba su ánimo. La chica mantuvo su sonrisa por un rato hasta que se dedicó a observar atentamente el collar entre sus manos, recorriendo la letra con el pulgar.
—Kurosaki… ¿Crees que ahora mi hermano descanse en paz? —cuestionó, sin dirigirle la mirada y manteniéndola en el objeto entre sus dedos.
Él se mantuvo en silencio un momento, recordando las palabras del hombre rubio de sandalias.
—Urahara-san me dijo… que el gigai consumió su alma —confesó, rascándose la mejilla—. Pero, una vez que vuelvan a la Sociedad de Almas el gigai será destruido y su alma se transformará en partículas espirituales… supongo… algo así entendí.
Yumi lo observó, parpadeando repetidas veces sin lograr comprender del todo a lo que se refería el chico.
—¿Gi qué? ¿Sociedad de qué? —articuló, confundida.
—Bueno… la Sociedad de Almas es… —comenzó a explicar, mas, la chica lo interrumpió haciendo un gesto con la mano y negando con la cabeza.
—No quiero que me expliques más de lo que sé —aclaró—. Ese es tu mundo, Kurosaki… Yo quiero mantenerme al margen… Pero me alegra saber que mi hermano está bien, de alguna manera… supongo —dijo insegura—. Sólo quería contarte esto para ayudar de alguna forma… espero te haya servido.
El primogénito de los Kurosaki asintió y finalmente decidieron que era hora de abandonar la cafetería. Ichigo tenía cosas que hacer y la pelirroja le había explicado que sólo se había aparecido por el hospital para justificar su ausencia de los anteriores días.
Al salir, se encontraron con los mellizos rondando los pasillos, impacientes.
—¿Acaso no tienen trabajo que hacer? —cuestionó divertida la joven Takada.
La mujer con su cabellera atada la observó con una sonrisa tranquilizadora. Nuevamente arrastró a la pelirroja hasta sus brazos, pero esta vez se encargo de cobijarla y acariciar su corta cabellera.
—Nos alegra que estés mejor —susurró maternalmente Kazumi, permitiendo que la muchacha enterrara la cara en su hombro.
—Siento… haberlos preocupado —titubeó Yumi, ahogando un sollozo.
Ichigo miraba la escena atento. A pesar de las discusiones que podría apreciar a menudo entre ambas mujeres y los constantes reproches de la pelirroja a Kazuma, sabía bien que los mellizos eran como la familia que la joven Takada había perdido. O más bien, el hermano que había perdido.
Mientras el llanto retenido de la muchacha se convertía en lágrimas que empapaban el hombro de su amiga, el chico de revoltoso cabello se acercó al Kurosaki, dándole una suave palmada en el hombro.
—Gracias, Ichigo —murmuró, con el tono de voz cargado de alivio.
El aludido observó a su compañero y luego clavó nuevamente su vista en la pelirroja que finalmente estaba dejando salir todas aquellas emociones que la habían embargado días atrás. Todo el llanto retenido.
Dejándoles su espacio, el joven decidió retirarse en cuanto recordó que su tiempo en el hospital se terminaba por aquél día. A paso ligero, se escabulló sin que sus tres colegas se percataran.
Su mente aún rondaba en todo lo que le había relatado Yumi en la cafetería. Y por supuesto, como una sensación que no dejaba de hostigarlo, cierta morena de peculiar mirada no se alejaba de sus pensamientos.
—
Pronto al atardecer, una joven de cabello largo y ondulado se encontraba en su hogar, sentada en una sofisticada mesa tomando el té. La vista que se apreciaba por la ventana junto a la mesita permitía observar el cielo con sus colores cálidos, pronto a esconderse el sol completamente. Ella observó por un momento el espectáculo mientras tomaba el último sorbo de su infusión.
—Makoto —susurró un joven rubio que apareció tras la puerta de la sala—. ¿Has sabido algo?
La aludida sólo negó con la cabeza ante la pregunta. Desde aquella noche en que ambos se habían visto inmiscuidos en una batalla para ayudar a su amiga y compañera de trabajo, la morena era tema de conversación diario. Los dos actores estaban impacientes por saber noticias suyas.
Hatori sabía bien que detrás de la actitud tranquila de la mujer, se escondía su verdadera histeria. Después de todo, él había sido testigo del arrebato de la fémina aquella noche cuando la había dejado en su hogar y ella prácticamente había destrozado su biblioteca buscando información útil para ayudar al estado de Rukia.
—Algo no anda bien, Hatori… —murmuró ella.
—Dijeron que nos avisarían cualquier novedad…
—Ellos tampoco saben qué le sucede a Rukia —cortó Makoto.
El muchacho de azules ojos había aprendido a tomar en serio las palabras de su amiga. Si bien aún no entendía del todo su ascendencia, comprendía que la joven era muy perceptiva. Todavía más con sus seres queridos.
—Dijeron que la llevarían a un lugar donde pudiera recuperarse y allí la analizarían —habló, con la vista perdida en la ventana—. Pero estoy segura que ni ellos mismos saben qué sucede con Rukia. ¡Y ya no tengo nada que pueda serle útil!
Atento a las palabras de la chica, el bien parecido muchacho se mantuvo en silencio al recordar el brazalete de jade hecho pedazos.
—Fuiste un gran apoyo aquella noche, Makoto —recordó su amigo, a modo de ánimo—. Tú no estás acostumbrada a tratar con lo que te enfrentaste aquella vez, y aún así les seguiste el ritmo.
—Sólo soy una humana con habilidades sobresalientes —espetó con voz suave—. No tengo poderes como los de Ishida-san, o los demás amigos de Kurosaki-san. Entre los humanos, sería considerada una especie de shaman.
—Lo sé —musitó el varón, acercándose para apoyar sus manos en la silla donde aún se encontraba sentada la fémina.
—¿De qué sirve tener habilidades como esa si no puedo hacer nada? —susurró más para sí que para el chico— No puedo ayudar a quienes me importan, Hatori…
—Estoy seguro que encontrarás algo.
El silencio reinó entre ambos artistas.
—
El departamento de investigación y desarrollo era un caos en ese preciso instante. Claro que con el presidente a cargo no era novedad. Sin embargo, por todo lo acontecido días atrás sus subordinados se habían visto en la obligación de calmarlo debido a la furia que le había ocasionado destruir los gigais por los que tanto había trabajado.
—Mayuri-sama —una tranquila voz se hizo oír entre todo el barullo, dejando ver la figura de Nemu—, el capitán Ukitake solicita un artefacto de carácter urgente.
El hombre de flamante atavío observó incrédulo a la mujer cuando ésta comenzó a explicarle en detalle la petición.
Mientras tanto, en una habitación aislada perteneciente al cuarto escuadrón, yacía un cuerpo inconsciente sobre una camilla. Justo a su lado, se podía divisar la silueta de una mujer cuya trenza surcaba el frente de su torso. Su sonrisa tranquila lejos de asomarse por su cara.
—Capitana —murmuró Isane, con tono suave—, ya le pedí a Kiyone que le entregara el mensaje al Capitán Ukitake.
Dirigió su atención momentáneamente a su teniente. Luego, se dedicó a observar nuevamente con dedicación a su paciente recostado.
—Ya veo —articuló—. Esperemos que el Capitán Kurotsuchi acceda sin muchos cuestionamientos.
La mujer de prominente estatura le dedicó una mirada preocupada al cuerpo que aparentaba inmovilidad exceptuando por la tenue elevación de su pecho provocada por su sutil respiración.
—Ella… —se atrevió a formular— ¿Estará bien?
Unos minutos de silencio se hicieron presentes en la habitación antes de que Retsu se dignara a proferir palabra.
—En cuanto sea llevada al mundo humano, ella y todos nosotros estaremos a salvo —declaró con rostro impasible.
—Pero… con ese artefacto que absorbe el reiatsu, ¿no se debilitará si lo lleva consigo en el mundo humano? —cuestionó con temor.
—En estos momentos —detuvo su inquietud su superiora—, lo mejor para su salud es impedir que siga absorbiendo todo el reiatsu a su alrededor —aclaró con calma—. En cuanto sea enviada al mundo humano, Kisuke Urahara se encargará del resto.
—Disculpe… —interrumpió con titubeos una voz.
Ambas mujeres del cuarto escuadrón voltearon para encontrarse con la tercera oficial del decimotercera división, quien inmediatamente hizo una reverencia en señal de respeto a sus superiores.
—Kiyone —pronunció su pariente.
—El Capitán Ukitake manda a decir que el Capitán Kuchiki fue informado de la situación y ha mandado al Teniente Abarai como apoyo —informó sin levantarse del piso mientras daba su reporte.
—Bien —expresó la shinigami de cabellera oscura—. En cuanto el artefacto que se le solicitó al Departamento de investigación y desarrollo sea entregado, el Teniente Abarai debe llevarla al mundo humano.
—¡Sí! —tan pronto le fueron dadas instrucciones, la integrante del último escuadrón desapareció por la puerta.
Isane, quien aún tenía una sensación de inseguridad con respecto a cómo estaban aconteciendo los hechos, miró con duda a su capitana.
—¿Sucede algo? —preguntó ésta en cuanto reparó la inquietud en su subordinada.
—Tan sólo me preguntaba… —dudó en cómo formular su pregunta— ¿Qué pasará con Kuchiki Rukia?
La mujer fijó su vista por un momento en el cuerpo en la camilla antes de responder.
—Sus poderes de shinigami deben ser drenados —confesó, escondiendo sus ojos tras sus párpados por un instante—. Al menos, durante unos meses —agregó.
—
Un hombre de aspecto maduro y cabello rubio opaco se encontraba sentado en el peldaño de la entrada a su tienda. Su pose pensativa, con ambos codos apoyados en sus rodillas y sus manos escondiendo su boca, le daba un aire atractivo.
—También te preocupa algo —comentó la voz grave de un gato ubicado a sus pies.
—¡Oh, Yoruichi-san! Ciertamente, a ti no se te escapa nada —respondió sonriente el varón.
—No me vengas con juegos, Kisuke —advirtió—. Sé que le estás dando vuelta al asunto de que el alma de Rukia se fusionara con su zampakutou.
Calló un momento ante lo dicho por el felino, volviendo a su pose pensativa.
—Para poder siquiera deducir algo, debo esperar el veredicto del cuarto escuadrón —musitó—. Por otro lado, me preocupa la posibilidad que Kuchiki-san haya absorbido completamente el Shoukyo.
—No podrá mantenerse en la Sociedad de las Almas si ese fuera el caso —entrecerró los ojos ante la idea—. La gran cantidad de partículas espirituales que hay allí impedirían su recuperación.
—Exacto —concordó Urahara.
El sonido de la puerta deslizándose atrajo la atención de ambos. Allí, parado en la entrada de la puerta se encontraba un muchacho de cabellera anaranjada. Su expresión seria indicaba que se había dirigido hasta la tienda para tratar un asunto delicado. Muy posiblemente relacionado con cierta morena de ojos violáceos.
—Ya te estabas tardando, Kurosaki-san —comentó el hombre de sombrero y sandalias, escondiéndose tras el abanico.
—Quiero ir a la Sociedad de las Almas —declaró el recién llegado, provocando que la expresión de Kisuke se tornara seria.
—Lo lamento, pero no puedo permitir eso —respondió cerrando los ojos brevemente. Y antes de que el joven Kurosaki lanzara un grito por su petición negada, habló—. En el estado que está Kuchiki-san, tu presencia allí sólo perjudicaría su salud.
—Pero esa cosa que habían metido en su interior, ya no está, ¿cierto? —acotó el muchacho.
Su inquietud no fue ni afirmada, ni tampoco negada. En lugar de ello, el gato negro que se hallaba a los pies del dueño de la tienda emprendió su retirada.
—Le pediré a Ururu que les lleve algo de té —anunció, abandonando el umbral de la tienda y adentrándose en la parte trasera.
Ichigo se mantuvo en silencio observando atentamente al hombre frente a él, esperando respuestas. Pronto, fue guiado hasta una habitación con una mesa de centro. Había estado innumerables ocasiones allí, discutiendo sobre sucesos que pasaban en el mundo humano o la Sociedad de las Almas. Y en la mayoría de las veces, Rukia había estado sentada junto a él. Siempre apoyándolo.
Una vez ambos estuvieron sentados enfrentando el rostro del otro y Ururu entrara en la habitación para dejar unas tazas de té, la conversación surgió.
—Urahara-san —mencionó el joven shinigami—, ¿qué sucede con Rukia?
Se tomó su tiempo para preparar una respuesta que lo dejara tranquilo. Sin embargo, Kisuke sabía bien que cualquier información que le otorgara, no lo calmaría a no ser que la morena estuviera presente.
—Aquella noche —comenzó con la narración el hombre que había vivido cientos de años, mientras daba un sutil sorbo a su taza—, el Shoukyo fue introducido en Kuchiki-san, ¿lo recuerdas? —al ver que asintió a su pregunta, continuó— Muy probablemente el Shoukyo quedó dentro de ella aún después de que el enemigo desapareciera.
—¿Qué? —articuló el chico, incrédulo— Pero Rukia fue llevada a la Sociedad de las Almas por eso, ¿no? Allí la ayudarán…
—Debe estar con la Capitana Unohana —interrumpió—. Ella se encargará de Kuchiki-san.
—Maldición… —masculló Ichigo ante la impotencia, agarrando la taza para tomar el contenido y desquitarse con algo.
Ya eran cuatro días sin tener noticias de la morena. No sabía por cuánto tiempo más soportaría. El trabajo en el hospital lo hacía tan mecánicamente que se asombraba no haber tenido un fallo de consideración, puesto que sus pensamientos no estaban precisamente en el mundo humano. No sabía si ella estaba en estado crítico, no sabía si se recuperaría. Y ahora, aquel hombre de sandalias le informaba que el artefacto que la había hecho pasar por tanta angustia, aún seguía dentro de ella. Recordando a los culpables del suceso, pensó en la conversación que había tenido con Yumi horas atrás.
—Hablé con la hermana de Koizumi —expresó, atento a la reacción del rubio, sin embargo éste sólo se mantuvo expectante—. Me confirmó que ella conocía a esos tipos desde hace cinco años.
Urahara abrió bruscamente los ojos debido a la sorpresa. Aquellos hombres habían realizado su primer movimiento hace años, y no habían sido capaces de notarlo hasta que aparecieron. Con paciencia, escuchó todo lo que el joven Kurosaki le relató y que la misma Yumi Takada le había narrado con anterioridad.
—Urahara-san, hay algo que no entiendo… —confesó el muchacho— ¿Por qué necesitaban a Rukia?
—Necesitaban alguien con una gran acumulación de reiatsu —recordó Kisuke—. Me atrevo a decir que tenían previsto con anterioridad usar a Kuchiki-san, por cómo jugaron con la figura de Kaien Shiba y la esposa del Capitán Kuchiki —agregó, meditando sus próximas palabras—. Querían usarla para, con la ayuda del Gouyoku, convertirla en la llave que abriría otra dimensión.
—¿Dimensión? —repitió confuso.
—Se trata de algo de lo que muy pocos shinigamis son conscientes, Kurosaki-san —contestó con rostro serio el dueño de la tienda—. Es mejor para ti no saberlo.
—La vida de Rukia corrió peligro por culpa de eso, ¿por qué no debería saberlo?
La mirada que le dirigió quien alguna vez fue un capitán del Gotei, le dio a entender al muchacho que aquel era un tema de sumo cuidado. Prefirió no preguntar más del asunto y recordó otro término usado en su anterior explicación.
—¿Qué es el Gou…? —articuló, siempre había sido malo para recordar nombres.
—Gouyoku —musitó Urahara, entrecerrando los ojos—, es la forma base del Hougyoku, su forma primitiva.
Ichigo alzó una ceja ante la explicación. La verdad es que todo el asunto de los artefactos no era más que un dolor de cabeza para él.
—Lo llamé Gouyoku porque precisamente representa una ambición infinita —aclaró el hombre, haciendo referencia al significado del artefacto—. Su poder puede resultar muy destructivo si no se le da un buen uso. Precisamente, con él puedes crear un quiebre dimensional —informó, bajo la atenta mirada del joven de orbes castañas—. Luego, se estabilizó en el Hougyoku, pero aún no tenía absoluto conocimiento de su poder. Por fortuna, ahora nos aseguramos de destruir el Gouyoku.
—¿Y qué hay del artefacto que fue introducido en Rukia? —cuestionó el chico, remarcando su fruncido entrecejo.
—Bueno, realmente no estoy muy familiarizado con artefactos nobles —admitió el hombre de abanico, con tono afable—. Todo lo que sé es que el Shoukyo tiene dos modalidades. Y si una no está siendo utilizada, automáticamente se activa la otra. Por ello, en la Sociedad de las Almas se mantenía oculto con un invento especial para que no absorbiera poder espiritual —explicó con paciencia—. Pero como te explicamos con anterioridad, Kurosaki-san, el Shoukyo era también usado en el ritual de las Seijun. Y ahora mismo, se encuentra dentro de Kuchiki-san. ¿Estarías dispuesto a hacer cualquier cosa por salvarla?
—Eso no se pregunta —contestó con determinación el joven.
—¿Incluso drenar sus poderes? —ante la posibilidad, Ichigo parpadeó repetidamente— El Shoukyo no puede absorber poder espiritual de un cuerpo que carece de él. Para quitar el artefacto dentro de Kuchiki-san, debemos deshacernos de sus poderes. De todo su reiatsu.
—Pero… Rukia… ¿Eso no la dañaría? —tartamudeó el chico.
—Efectivamente Kuchiki-san siempre ha sido un alma —concordó Urahara—. Sin embargo, todo estos años que ha vivido dentro del gigai, la han terminado por humanizar. Tú tendrías que prestarle parte de tus poderes en cuanto drenemos los suyos, para que así finalmente su gigai se compenetre completamente con ella y el cambio no dañe su salud.
El joven Kurosaki meditó la opción. Estaba poniendo en juego todo lo que la morena había sido. Ella siempre había sido una shinigami. ¿Para conservarla con vida él debía quitarle aquello?
Antes de que el muchacho se perdiera en sus pensamientos, la puerta se deslizó repentinamente, permitiendo que un gato negro se colara dentro.
—Ya llegaron, Kisuke —anunció el animal, que hasta ese entonces Ichigo no se había detenido a cuestionarse por qué la mujer de ojos afilados se encontraba en aquella forma en vez de la humana.
Sus inquietudes fueron dejadas de lado en cuanto vio que por la puerta entraba un hombre alto y cabellera rojiza. Su rostro tatuado y actitud seria no fue lo que llamó su atención en ese preciso instante, sino el cuerpo inmóvil que llevaba en sus brazos. Inconsciente, y con un kimono blanco se encontraba la morena que había sido la protagonista de todos sus pensamientos.
—¡Rukia! —de un salto, se paró de su sitio y caminó hasta la puerta.
Renji le hizo un gesto para que lo dejara pasar. Detrás de él aparecieron Ururu y Jinta quienes corrieron a disponer un futón en el suelo, donde posteriormente el Teniente recostó a su amiga de la infancia. Fue en ese instante en que el joven de anaranjado cabello reparó en la cinta que rodeaba el cuello de la fémina. Era negra y gruesa.
—Veo que el cuarto escuadrón le pidió al Departamento de investigación y desarrollo un parche absorbe reiatsu —la voz grave del gato se dejó escuchar.
—Urahara-san —habló por fin Renji—, la Capitana Unohana me encargó expresamente que le entregara esta carta.
Ichigo ignoró el trozo de papel que su amigo le entregaba al que alguna vez fue su maestro. Sus ojos estaban atentos en la figura de la morena, esperando con ansias que despertara en cualquier momento.
—Me retiro —anunció el Teniente del sexto escuadrón—. Si me quedo en mi forma de shinigami por más tiempo podría causarle algún problema a Rukia.
—Sí, es mejor ser precavidos en su estado —concordó Yoruichi, aún en su forma felina.
La habitación sólo quedó con la muchacha de nívea piel siendo escudriñada por su novio. El gato los observaba a la distancia, mientras Kisuke se había retirado también de la habitación para abrir la carta en privacidad. Si la un capitán se había encargado de hacerle llegar una carta en vez de enviarle el mensaje con el Teniente Abarai, debía haber un asunto que se le hubiera escapado de las manos.
Un par de minutos pasaron antes de que la hoja de papel cayera ondulante hasta el piso. El rostro del rubio demostraba absoluta incredulidad. De su boca, sólo salió una palabra.
—Embarazada…
Sí, esto lo tenía planeado del principio (?) El próximo capítulo se titulará "Ritual"
APIADEN A ESTA ALMA NARANJOSAAAAAAAAAAAAAAAA! Gracias por leer (: -se propone terminar este año con lucha constante-
