Hola (?) o.o BUAJAJAJJAJAJAJ MUAJAJAJJAJAUA Sí, estoy algo chalaa de la cabeza. Me lo tienden a decir mucho (?) Pero en fin, siendo las 3 de la mañana acá en mi país. ACABO DE TERMINAR DE ESCRIBIR LAS 10 HOJAS QUE ME FALTABAN. Casi muero, sí o.o fue una odisea -re dramática- TWIN FELICITAME Y DEJAME UN $)(%))$#(% REVIEW MALDITA DESCONSIDERADA :D

Queridos lectores que han seguido esta historia, al final de este capítulo quiero dedicarles unas palabras C:


Ritual

Para algunos quizás fueron unos pocos días; para él, una eternidad. Cuatro días de preocupación constante. Infinita incertidumbre. ¿Estaría bien? ¿Por qué no volvía a su lado? Miles de preguntas habían rondado en su cabeza durante ese tiempo y todas enfocadas en la morena que tenía ahora frente suyo. Después de que Urahara le diera una charla sobre el hecho de que la muchacha aún tenía una cantidad exorbitante de reiatsu, y que el artefacto en su cuello era para efectivamente disminuir en lo posible esa energía espiritual, Ichigo obtuvo el permiso de llevar a Rukia hasta su hogar después de que pasara una semana donde el rubio para cerciorarse de su estado. Pero ahora se encontraban en casa: el hogar de ambos.

Era cerca de madrugada, y él continuaba en su posición: arrodillado junto a la cama y con los brazos sobre el colchón para quedar a la altura de la fémina. Admitía que ya un par de veces había alzado la mano y acariciado la pálida mejilla para asegurarse de que la morena de verdad estaba allí y no era producto de su imaginación.

—Puedo sentir tu presencia, Ichigo.

Sobresaltado, se irguió y observó estupefacto el cuerpo aún inmóvil de la muchacha. Bien sabía que ambos eran los únicos en el departamento.

—¿Rukia? —articuló, esperando que la aludida abriera sus ojos.

—Hace rato estoy despierta —movió sus labios con lentitud—, te mueves mucho y no dejas dormir.

Una sonrisa divertida se vislumbró en el rostro del joven de anaranjado cabello.

—Pienso que has dormido suficiente —objetó.

No volvió a obtener respuesta, los labios de la muchacha no volvieron a moverse para proferir palabra, lo que lo preocupó inmediatamente.

—¿Rukia? —llamó.

—¡Maldición! —abriendo los ojos de golpe, la susodicha le lanzó una mirada fulminante— ¡Deberías ser más considerado y dejarme descansar! ¿Cómo quieres que me recupere? ¡Eres un ingrato! Después de todo lo que ha pasado y aún así no tienes el tacto de…

Ichigo presionó sus labios contra los de la shinigami para que guardara silencio. Las críticas de la chica fueron ahogadas por la boca masculina y gimió involuntariamente para expulsar el aire que había retenido al lanzar sus reproches.

Dos manos apoyadas sobre el edredón arrinconaban su menudo cuerpo, evitando así ser aplastada por el peso del varón. La boca del muchacho se movía con parsimonia, enfocada netamente en saborear la cavidad de la fémina. Juguetearon un rato con sus lenguas hasta que Ichigo decidió separarse unos centímetros para apreciar sus hinchados labios y sonreír mientras clavaba su mirada castaña en los ojos de un profundo índigo.

En respuesta, la morena aferró su cuello con los níveos brazos que se dejaban entrever por la manga de su pijama. La cabeza anaranjada se ahuecó en el espacio entre el hombro y cuello femenino, aspirando su aroma.

La habitación se llenó de silencio y ambos quedaron prendados en el otro hasta que finalmente el sueño los acogió.

Suponía que el sol se alzaba afuera. Antes de que los primeros destellos del amanecer brotaran en el horizonte, había bajado al sótano y allí se encontraba en ese preciso instante contemplando el paisaje amplio que correspondía a la imitación del sitio en el que había entrenado años atrás con su compañera de tez morena. El viento jugaba con su vestimenta, provocando que se ondeara como si danzando estuviera.

—Imagino que el contenido de la carta es el que te tiene tan distraído —una voz femenina interrumpió su apreciación del paisaje—. Si la Capitana Unohana escribió esa carta para evitar que otros se enterasen de su contenido, imagino que ni siquiera los altos mandos saben sobre ello.

—La situación es más complicada de lo que esperaba —murmuró con tono serio.

Yoruichi se cruzó de brazos, escudriñando el rostro de su antiguo amigo. Por su semblante, podía deducir que mantenerse en su forma de gato para evitar que Rukia absorbiera su reiatsu ya no sería una medida suficiente de cautela. Y la situación se le escapa de sus manos.

—Debemos realizar el ritual de las Seijun lo antes posible —acotó, esperando la reacción del rubio.

—No —negó el hombre, extrañando a la fémina—. Hay que hacer una modificación al ritual.

—¿A qué te refieres, Kisuke?

Guardó silencio por unos minutos, intentando pensar en las palabras adecuadas.

—Ya sé por qué el alma de Kuchiki-san se fusionó con la de su zampakutou —anunció. Su compañera esperó con la intriga en su expresión a que el dueño de la tienda prosiguiera—. La misma zampakutou lo hizo para proteger algo que probablemente para Kuchiki-san sea más importante que su vida misma.

—Las zampakutou son muy empáticas con sus portadores —conincidió la morena—. ¿Qué tiene que ver eso con el ritual?

—Que dependemos en gran parte de la misma zampakutou para poder mantener con vida aquello que protegió —explicó, observando nuevamente la vista frente a sus ojos—. De lo contrario, no sólo drenaremos el reiatsu de Kuchiki-san y con ella la misma zampakutou —realizó una pausa antes de terminar—, sino también el del bebé que ella espera.

Los ojos de Yourichi se abrieron desmesuradamente al comprender lo que el rubio estaba diciendo.

—Sin ese poder espiritual, esa criatura…

—Moriría —interrumpió Urahara—. Ambos —aportó, refiriéndose también a la morena de corta estatura—. Y dudo siquiera que Kuchiki-san haya considerado tener otra esencia dentro de ella.

No sabía cómo había accedido. Definitivamente, algo andaba mal con él. De otra manera, no se explicaba cómo había permitido que la morena lo acompañara al hospital. Bien, era cierto que hoy su permanencia allí no era larga, pero la salud de la muchacha no era la más adecuada y debía reposar. Aunque ella alegaba que ya llevaba suficiente tiempo descansando en el departamento, puesto que habían pasado varios días desde que no salía de allí por recomendación de Ichigo. Sin embargo, ante la amenaza de parte de ella en salir sola sino permitía que lo acompañara, finalmente había terminado llevándola consigo. Y ahora debía estar soportando las miradas inquisitivas de varios de sus compañeros al ver a la shinigami siguiéndolo de vez en cuando, otras él buscándola por todo el edificio puesto que la perdía de su vista.

Ahora mismo ambos se encontraban en la cafetería, y aún allí sentía las miradas curiosas de uno que otro conocido.

—Creo que hubiera sido mejor que te quedaras —soltó incómodo el joven de anaranjadas hebras.

Su compañera alzó una ceja.

—He estado en cama por mucho tiempo —espetó ella, dando un sorbo a su zumo de naranja—. Necesitaba caminar un rato.

—Sí, pero… —miró de soslayo una mesa cercana en donde unos funcionarios lo escudriñaban de vez en cuando. Bien, quizás era un hecho peculiar verlo compartir con alguien que no fuera sus compañeros de carrera.

—También quería hablar con alguien —confesó, jugando con el vaso que contenía su refresco.

—¿Hablar con alguien? —repitió, frunciendo el ceño.

Rukia sonrió divertida ante su reacción, luego desvió la mirada.

—Con la hermana de Takashi.

Aquella declaración provocó que Ichigo abriera los ojos con sorpresa. Recordando súbitamente que la pelirroja también le había mencionado algo parecido y le había pedido que trajera a la morena al hospital.

—Ya veo —fue todo lo que articuló el muchacho.

Incluso si cualquiera de los dos hubiera estado dispuesto a proferir palabra alguna, ésta se vio interrumpida por una voz campante que Ichigo identificó de inmediato.

—Creí que era otro de mis sueños el ver su presencia nuevamente en este hospital —comentó un chico de cabello negro con destellos azulados y unos profundos ojos verdes.

—Kazuma —articuló el primogénito Kurosaki al ver a su colega tomar asiento junto a Rukia en la mesa.

—H-hola —mencionó la morena sorprendida de la repentina aparición.

El muchacho estaba encantado de ver nuevamente a su actriz favorita. Obviamente, Ichigo no estaba precisamente feliz por eso.

—Takei-ichi, si me vuelves a dejar sola con tu merienda, me la comeré y no quiero después que te andes quejando.

La voz de una fémina también se acercó a la mesa para recriminar al joven médico. Se trataba de la pelirroja que respondía al nombre de Yumi. A su lado, caminaba la melliza de Kazuma con su habitual faz serena.

El joven de anaranjado cabello notó que Rukia y su compañera de cabello rojizo intercambiaron miradas fugaces. La morena estaba visiblemente incómoda puesto que no sabía cómo tratar con ella. Ichigo podía jurar que la shinigami se sentía culpable, la conocía demasiado. En contraste, Yumi le sonrió abiertamente, tranquilizándola.

Se mantuvieron hablando durante un rato hasta que los jóvenes funcionarios del hospital tuvieron que hacer sus labores. Los mellizos fueron los primeros en separarse, dejando a la pareja y su amiga Takada con ellos.

—¿Cómo te has sentido, Rukia-san? —cuestionó la pelirroja, reservando la pregunta que le había rondado desde que la había visto sentada con su colega pero que optó no decir frente a los hermanos Takei.

—Bien… —susurró ella, algo nerviosa.

Pareció que por un momento Yumi se dedicó a estudiar el rostro de la morena, puesto que su sonrisa afable desapareció lentamente y cerró un momento los ojos.

—No te culpo de nada —habló finalmente, enfrentando la mirada de la Kuchiki—. Mi hermano hace tiempo debió haber dejado este mundo —murmuró.

—Yo… —musitó, siendo interrumpida por la fémina que rodeó su cuello con un brazo en un gesto amable.

—¡Vamos! ¡Si pones esa cara mi hermano vendrá y te reprenderá!—soltó en tono de broma.

La mirada índigo chocó con la almendrada y Rukia finalmente sonrió sutilmente. Yumi le iba a corresponder el gesto pero en lugar de ello la observó curiosa. Ichigo, quien había presenciado la conversación de ambas mujeres en silencio, se extrañó ante ese hecho.

—¿Sucede algo, Takada? —interrogó, con la inquietud en su tono de voz.

Por respuesta, la aludida se separó un poco de la morena y la escudriñó con la mirada, llevando una mano hasta su mentón para dar énfasis a su posición de análisis.

—¿Me la prestarías un momento?

Su ceño fruncido tan característico se remarcó ante la pregunta.

—¡Vamos! —animó repentinamente la fémina, presintiendo la inminente negación de su colega— Será sólo unos minutos, y tú tienes que hablar con Dai-sensei, ¿no?

No sabía cómo la pelirroja tenía el poder del convencimiento, pero Ichigo terminó aceptando y dejó a su novia en manos de su compañera mientras él iba a hablar un asunto con su superior.

Segundos después de que el varón se perdió por el pasillo, Yumi cogió a la shinigami de la muñeca y la guió por escaleras hasta detenerse para hablar con una señora de edad ya avanzada quien le permitió entrar en una habitación, encontrándose con un montón de estantes con lo que supuso serían medicamentos.

—¿Dónde estamos? —cuestionó curiosa Rukia, extrañada del comportamiento de la chica.

—¿Me dejarías hacerte unas pruebas? —interrogó ella de lo más campante.

Lo siguiente que supo la morena es que estaba en el baño con una caja que había aprendido a distinguir gracias al tiempo que llevaba viviendo en el mundo humano. No pudo evitar inquietarse ante lo que significaba aquél objeto y al darse cuenta de las pruebas de las que había hablado anteriormente la joven Takada.

—¿Terminaste? —preguntó impaciente la pelirroja, del otro lado de la puerta.

Miró el test en sus manos, y se dio cuenta de que no sabía qué significaba el signo ahí marcado.

Durante los últimos meses, Isshin había entrado en aquella tienda más veces de las que lo había hecho en toda su vida. Ya se le estaban acabando las excusas para sus hijas del motivo de su ausencia. Sin embargo, siempre que terminaba visitando a Urahara, se debía que su hijo estaba involucrado en el asunto. Pero el rostro serio con el que lo recibió su antiguo camarada, dictaba lejos de ser alguna buena noticia.

Inmediatamente fue dirigido hasta una habitación cuidadosamente preparada. Allí, había una camilla ubicada a un lado del cuarto, junto a ella lo que parecía ser una extraña figura que asemejaba un maniquí con aspecto humano. Luego, inspeccionando el lugar, reparó en una especie de guante con garras.

—Eso es… —murmuró, sorprendido al reconocer el objeto.

—Sí —cortó Kisuke—. Ese artefacto junto con el Tenshintai1 serán indispensables para lo que ocurrirá dentro de unas horas.

El rostro del moreno se tornó serio. Ese guante él mismo lo había utilizado con su difunta esposa, para ayudarla a curarse de su estado de Seijun, debido a que el artefacto que normalmente usaban para aquellos rituales se encontraba en posesión de la Sociedad de Almas.

—Se trata de Rukia-chan, ¿cierto? —más que una pregunta, fue una confirmación.

—También formas un papel importante en esto, Isshin —acotó la mujer de ojos dorados, apareciendo por la puerta.

—¿Qué quieres decir?

Por un momento, el dueño de la tienda intercambió miradas con Yoruichi, pensando cómo explicarle la situación al hombre para que luego él los ayudara a decirle a los implicados.

—Kuchiki-san está embarazada —anunció el varón rubio, observando el rostro incrédulo del Kurosaki—. En su estado, su embarazo es sumamente delicado. A pesar de que no sé con certeza cuantas semanas puede llevar de gestación, si algo sale mal durante el transcurso del ritual…

—¿Quieres que me encargue de extraer el feto? —el rostro pálido de Isshin fue evidente— ¿De verdad piensas que podría hacer eso a mi propio nieto?

—Ambos están en riesgo —interrumpió Yoruichi—. En el peor de los casos, la energía espiritual que se está desarrollando en ese ser, podría resultar incompatible con la de Rukia. Dudo que la criatura tenga los suficientes meses de vida para poder sobrevivir en el caso de que tengamos que extraerlo del vientre de su madre.

El hombre guardó silencio. Pensó en su hijo, si estaría enterado. Y también, cómo podría tomarse aquel asunto que le había sido recién informado. También pensó en su tercera hija. ¿Por cuánto más debían pasar ambos shinigamis para obtener una vida tranquila?

—Imagino que soy uno de los pocos enterados de lo que está pasando —articuló, con la mirada expectante ante las palabras que pudiera proferir Urahara.

—Varios miembros del cuarto escuadrón vendrán en unos instantes —declaró, paseando por la habitación que se convertiría en escenario más tarde—. Queremos que te unas a ellos como grupo de apoyo médico, preparado para cualquiera que sea el desenlace.

—¿La Sociedad de Almas sabe del estado de Rukia-chan? —cuestionó entrecerrando los ojos.

—Saben que su reaitsu se ha tornado potencialmente peligroso para ellos, sin embargo, desconocen de su embarazo —dijo con cautela el hombre de sombrero—. Los miembros del cuarto escuadrón vienen para verificar el estado de Kuchiki-san. Según su veredicto puede incluso ser exiliada.

—Sólo la Capitana Unohana sabe del embarazo y nos lo informó por medio de una carta que envió personalmente con el Teniente Abarai —concluyó la fémina de tez morena.

Isshin meditó las palabras de sus antiguos compañeros de batalla. Nunca pensó estar involucrado en lo que sería el futuro de su nieto. Sin embargo, si había una posibilidad de mantener a los dos con vida, a su tercera hija y el bebé, él definitivamente se encargaría de ayudar. Por la seguridad de su familia.

—Cuenten conmigo.

Había dejado sola a la morena con su compañera por no más de media hora. Pero nunca esperó que al volver a reunirse con ellas terminaría sentado en una de las tantas salas de espera que estaban repartidas por el hospital, con la muchacha a su lado. No como funcionario precisamente.

Su rostro no se encontraba mejor que el de la chica a su lado. Junto a todos los sucesos que habían ocurrido las últimas semanas, la noticia no podía haberlo pillado más desprevenido. Especialmente cuando la conversación con Urahara acerca del delicado estado en el que se encontraba Rukia seguía aún vigente entre sus pensamientos.

—Takada… —articuló finalmente Ichigo, acaparando la atención de la morena— ¿Te hizo alguna otra prueba a parte del test?

Meditó por unos segundos antes de responder. Realmente la noticia los había tomado por sorpresa. Además, no sabían con certeza si el Shoukyo que aún llevaba en su interior podría afectar de alguna manera al posible ser que se desarrollaba en su interior.

—Llamó a una enfermera y le pidió que me tomara una muestra de sangre…

—Bien —pronunció el joven, sus dotes de médico saliendo a flote—, ese examen debería identificar con efectividad si la hormona está o no presente —suspiró, llevando una mano a su cabeza—. Esa Takada… no es la primera vez que coge a alguna mujer que transita en el hospital y le da un test de embarazo… Lo que inquieta es que siempre acierta con el resultado.

—¡Es de mala educación hablar de los demás a sus espaldas! —una voz chillona provocó el sobresalto de ambos shinigamis y atrajo algunas miradas curiosas de uno que otro paciente sentado alrededor.

Ante la incómoda sensación de sentirse observados, los tres tomaron rumbo a la cafetería, que para esas horas de la tarde se hallaba prácticamente vacía puesto que todos se encontraban desarrollando sus labores.

Una vez tomaron asiento, la pelirroja comenzó a hablar.

—Deben ser las primeras personas que veo que después de enterarse que serán padres tienen la mirada perdida —comentó alzando una ceja.

—Sí, bueno… —murmuró Ichigo, intentando guardar discreción— Con todo lo acontecido, realmente no lo consideramos.

—Pero creí que lo habrían imaginado —acotó inocentemente—. Digo, con todo ese asunto del poder espiritual y eso creí que habrías notado un cambio en Rukia-san.

Las orbes índigo se cruzaron con las castañas en un intento de comprender a qué se refería la fémina.

—¿A qué te refieres? —cuestionó finalmente la morena.

—Bueno, que pueda identificar los distintos reiatsu no creo que sea cosa anormal con todo lo que ustedes están acostumbrados, digo, todas las personas tienen algún nivel de poder espiritual, ¿no?

Ichigo intentó descifrar las palabras de su compañera. Mas, estuvo un buen par de segundos intentando hallarle sentido, permitiendo que su acompañante del día se le adelantara en la conversación.

—Los humanos normales no deberían tener ningún reiatsu —aclaró la Kuchiki, causando la sorpresa en Yumi—. Quizás lo que tú percibes de otros humanos no es precisamente poder espiritual.

—¿En serio? —articuló incrédula la muchacha, para luego reparar en el rostro del joven de cabellera anaranjada— ¡Tú no me mires como si estuviera loca! No vives precisamente de manera normal —espetó provocando una sonrisa burlona en su compañero.

—Quizás podríamos preguntarle a Urahara sobre ello —propuso Rukia.

—¿Urahara? —repitió la chica— ¿El tipo ese de sandalias y sombrero? —cuestionó ante el asentimiento de la morena— Recuerdo que hablé con él después de todo el asunto aquella noche, para cerciorarse si no estaba lastimada o algo, pero no me mencionó nada.

—Ah, creo que a mí me dijo algo —recordó de pronto Ichigo, ganándose una mirada fulminante de parte de la pelirroja—. Lo había olvidado, no me mires así.

La morena sonrió ante la actitud de la chica. Definitivamente, le agradaba.

—Cuando le comenté a Urahara-san lo que me relataste la otra vez, mencionó que era raro que tú pudieras identificar el paradero de personas como Ishida, siendo que tu reiatsu no era tan fuerte como el de nosotros —explicó, rememorando su conversación con el rubio—. Me dijo que probablemente lo que tú percibías en las demás personas no era poder espiritual, sino la esencia misma de una persona, algo así como su alma.

—¿Insinúas que soy alguna clase de gurú o algo? —cortó ella, ganándose una risa ahogada de parte del joven— ¿Qué es esa reacción? Y así tú actúas como inocente puritano que no sabe cómo dejó embarazada a su novia. Déjame decirte que se necesitan varios intentos para dejar a una mujer embarazada y…

—¡TAKADA! —el grito que propinó el chico causó la atención inmediata de los pocos que se hallaban en la cafetería, mientras una sonrojada Rukia intentaba esconderse bajo la mesa.

—Yo sólo decía —se defendió alzando ambas manos en un gesto de "yo no hice nada", no molestándose siquiera esconder la sonrisa burlona que adornaba su rostro.

Antes de reprocharle algo a la pelirroja u ocasionar un bochorno más grande en la morena, el celular del primogénito de los Kurosaki interrumpió la conversación. Aún con la incomodidad por el comentario de su compañera, se dedicó a contestar el aparato, observando extrañado que el identificador de llamadas le anunciaba que era su padre quien lo contactaba.

Ichigo nunca había estado tan extrañado como aquel día. Primero, le avisaban del posible embarazo de Rukia para luego avisarle que los resultados definitivos del examen que confirmaría su estado estarían el viernes. En segundo lugar, recibía una llamada de su progenitor solicitando su presencia y la de la morena en la tienda de Urahara.

Pero realmente el rostro de incredulidad de ambos aumentó en el momento en que entraron al lugar y repararon en la presencia no sólo del dueño del sitio, su amiga y el cabeza de los Kurosaki, sino además de la capitana y teniente del cuarto escuadrón, junto a Hanatarou y una muchacha desconocida que al parecer también era parte de aquella división.

—¿Qué sucede? —preguntó sin rodeos el joven de anaranjado cabello, sabiendo bien que la presencia de un capitán en el mundo humano no era de simple viaje turístico.

Ninguno de los shinigamis articuló palabra. En su lugar, Isshin les pidió que esperaran en sus puestos correspondientes mientras él, Kisuke y Yoruichi guiaban a los recién llegados a un cuarto aparte.

Lo que allí les fue narrado a la pareja fue lejos el mayor impacto del día.

—¿Qué…? —soltó Ichigo con el aire que no sabía haber estado conteniendo. Abrió la boca un par de veces para intentar completar su interrogante, mas, no logró articular palabra coherente.

A su lado, Rukia permanecía en silencio. De alguna manera sospechaba que no sólo su vida corría peligro, sino la del pequeño ser que ahora podía decir con certeza crecía en su interior, también. Precisamente aquella sensación de inseguridad al saberse embarazada era la que no le permitía sonreír plenamente.

En un estado de resignación ante su situación, la morena dirigió su atención al joven de anaranjado cabello, quien en ese momento estaba paralizado ante la sola idea de perderlos. A ella, y a su hijo.

—La Capitana Unohana vino porque tienen un plan, ¿cierto? —pronunció finalmente intentando llevar la calma de la situación para no preocupar de más al muchacho.

—En parte —admitió el rubio—. Isshin-san también está aquí como apoyo médico. Precisamente, porque necesitamos conocimientos de especialistas en shinigamis como en humanos por si ocurriera el peor de los casos.

—¿El peor… de los casos? —Ichigo presentía a qué se refería aquel hombre, sin embargo, una cosa era pensarlo y otro hecho era confirmarlo.

—Afrontaremos la situación según se desarrolle, sólo necesitamos de la disposición de todos.

Empuñó sus manos ante lo dicho por el varón de sombrero y sandalias. Pronto, sintió que una nívea mano se apoyaba en sus puños, en un intento de calmarlo. Bastó el choque entre la mirada de él con la de peculiar color entre violeta y azul para devolverle la tranquilidad.

—Dinos qué tenemos que hacer —fue la petición de la morena.

En absoluto silencio se trasladaron hasta la habitación contigua donde hallaron una camilla, y diferentes artefactos regados por el sitio. Uno de ellos, Ichigo lo reconoció inmediatamente al recordar su entrenamiento para alcanzar el bankai. Ubicados al otro lado de la habitación, separados por un amplio espacio de los artefactos, estaban los miembros del cuarto escuadrón. A los que Isshin se unió en cuanto cruzó el umbral del cuarto. Junto a ellos un mueble con distintos implementos médicos utilizados en cirugías.

—Esto es realmente un procedimiento complicado, pero trataré de explicarlo lo más sencillamente posible —anunció Urahara.

Cada uno de los integrantes en aquella habitación, sabía su papel, todos menos los recién llegados.

—Esperamos adrede unas semanas antes de realizar el ritual porque Kuchiki-san debía estabilizar su reiatsu, el artefacto que lleva en su cuello le permitió no colapsar con el poder espiritual que está constantemente absorbiendo el Shoukyo dentro de ella —aclaró, observando al dúo—. En resumen, lo que debemos hacer es drenar el reiatsu de Kuchiki-san con el aparato que ven en la camilla, pero sólo Kurosaki-san puede hacerlo.

—¿Por qué yo? —interrumpió de inmediato el aludido.

—Sólo alguien compatible con el reiatsu de la persona a la cual se le quiere drenar el poder espiritual puede hacerlo —dijo el hombre, alzando un dedo para dar énfasis a su explicación al tiempo que sonreía pícaramente—. Por el hecho de que Kuchiki-san esté embarazada, ustedes debieron compartir en sus momentos de intimidas su reiatsu, y sólo una persona que haya anteriormente mezclado su reiatsu con otra puede dirigir el poder espiritual como le plazca con ayuda de ese aparato —concluyó al notar el rostro de incomodidad en los shinigamis—. O sea, sólo Kurosaki-san puede extraer el reiatsu y almacenarlo allí —simplificó, señalando el objeto junto a la camilla.

—¿Sólo tengo que hacer eso? —articuló después de un rato, recuperando la compostura.

—Cuando sus poderes hayan disminuido —prosiguió Urahara—, le quitaré el artefacto de su cuello para que no drene por completo su reiatsu, o en un caso extremo, comience a comer su energía vital —se detuvo brevemente al ver que las orbes del muchacho de anaranjado cabello se abrían desmesuradamente—. Kurosaki-san, es muy importante que en ese momento mantengas un flujo constante de reiatsu en el cuerpo de Kuchiki-san, de lo contrario, el mismo Shoukyo podría comenzar a absorber su energía vital antes de que lo extraiga de su cuerpo. No te preocupes, en cuanto utilices ese aparato comprenderás cómo hacerlo, y estaré allí para darte indicaciones —agregó de inmediato al ver el rostro preocupado en el joven. Prácticamente, la vida de la morena estaba en sus manos.

—Relájate, Ichigo —dijo la mujer de tez oscura, de brazos cruzados y con su cuerpo apoyado en la pared—. Todos estamos aquí como apoyo.

—Una vez extraído el Shoukyo, veremos si Kuchiki-san puede volver a recuperar su reiatsu o su cuerpo lo rechazará hasta que nazca el bebé —agregó inmediatamente Kisuke—. Mantendremos un control regular de su estado hasta su parto.

La pareja asintió, asimilando toda la información que le había sido entregada.

—Pero antes de todo —el rubio se acercó hasta el Tenshintai y posó una mano sobre el objeto—, necesito que atravieses con tu espada este artefacto, Kuchiki-san.

Ichigo lo miró interrogante, sabiendo bien que su zampakutou se manifestaría en aquella figura en cuanto Rukia realizara la petición de Urahara.

—Tu zampakutou también juega un papel importante en esto —explicó en el instante que la muchacha se separó de su gigai con ayuda del bastón del dueño de la tienda y Yoruichi acomodó el cuerpo inconsciente recargándolo en la pared—. Aquella noche que perdiste la conciencia, fue tu propia zampakutou la que actuó en defensa de tu salud, y la del bebé que seguramente sintió se desarrollaba en ti.

La morena escuchó la aclaración del hombre de sandalias y sombrero con atención mientras desenvainaba su espada y atravesaba con ella el Tenshintai. En ese preciso instante el objeto comenzó a tomar forma de una mujer de nívea piel y blanco cabello, con un kimono blanco puro cubriendo su cuerpo. Sus párpados, cerrados hasta completar una nítida apariencia, se abrieron dejando paso a uno ojos claros.

—¿Qué tengo que hacer? —profirió solemnemente, dirigiendo su atención a Urahara, provocando que soltara una sonrisa ante la completa disposición que presentaba.

—Lo mismo que aquella noche si la vida de Kuchiki-san peligra —mencionó encogiéndose de hombros.

La mujer asintió con la cabeza y dio unos cuantos pasos hasta pararse frente a la morena.

—Espero no sea la última vez que nos veamos —musitó con su temple elegante, dedicándole una sonrisa a la shinigami que la manejaba con tanta desenvoltura.

—También espero que nos mantengamos juntas —le devolvió el gesto Rukia, manteniendo la mirada con su zampakutou hasta que ésta volteó a ver al joven de anaranjado cabello.

—Cualquiera sea el resultado, la dejo a tu cuidado —el tono utilizado por la fémina fue el de una refinada amenaza.

Ichigo sólo asintió, sintiendo el peso de la vida de la morena en sus manos.

La figura materializada de la zampakutou se esfumó y volvió a convertirse en el objeto de blanco aspecto. Mientras, Urahara se había colocado una prenda gris sobre toda su vestimenta, cubriendo también su cabello con una capucha. El joven de anaranjado cabello lo observó extrañado en cuanto notó que le alzaba un traje de similares característica.

—Esto es para para evitar que el Shoukyo absorba nuestro reiatsu mientras estamos realizando el procedimiento —explicó, visualizando cómo el muchacho se colocaba la prenda sobre su ropa como lo había hecho anteriormente él—. Alzaremos una barrera alrededor de la camilla para evitar también que absorba el reiatsu de los demás presentes.

Yoruichi acomodó unas bases ubicadas en el piso, rodeando el rincón de la habitación mientras Rukia, en su forma de shinigami, era guiada hasta recostarse en la camilla y ambos hombres ahora con traje gris se acercaban hasta pararse junto a ella. En el preciso instante en que estuvieron ubicados, la barrera se alzó y los aisló físicamente de todos los presentes en el cuarto, sin embargo, todos podían oír claramente la conversación que se inició.

—Coloca aquel artefacto que parece un guante en tu mano derecha, Kurosaki-san —indicó el rubio. Ichigo hizo exactamente lo que dijo el hombre, sintiendo de inmediato que el aparato se adhería a su piel.

—¿Cómo…? —musitó, observando atento sus dedos que ahora parecían garras, luego dirigiendo su mirada a la morena recostada frente a él, cuestionándose cómo drenaría su reiatsu.

—Tienes que atravesarla con tu mano, justo a la altura de su corazón.

—¿¡Qué! —se exaltó, alejando inmediatamente su mano derecha del cuerpo de la muchacha.

—Tranquilo —intervino Urahara—, no la lastimarás.

Alternó su mirada entre Rukia y el varón a su lado repetidamente antes de, con inseguridad, realizar lo que se le había señalado. En seguida notó cómo su mano literalmente atravesaba el cuerpo de la fémina cubierto por su traje de shinigami. Un quejido salió de la boca femenina al sentir una extraña sensación a la altura de su pecho.

—Bien —mencionó Kisuke—. Sientes el reiatsu de Kuchiki-san, ¿cierto? —indagó. El chico sólo asintió—. Imagina que jalas su poder espiritual y lo concentras en tu mano.

Frunció el ceño ante la acotación, sin embargo, realizó lo descrito por el hombre, sintiendo inmediatamente que la energía espiritual de la morena fluía entre sus dedos y se concentraba en su palma. En el momento en que Urahara observó cómo el guante que utilizaba el joven Kurosaki comenzó a brillar, supo que el ritual había comenzado.

—No te apresures, sólo concentra el reiatsu en tu mano —advirtió, notando la mueca que realizó la Kuchiki ante el repentino abandono de poder que sintió en su cuerpo.

Durante unos minutos se mantuvieron todos expectantes a las acciones de Ichigo. Hasta que finalmente, el traje de la shinigami cambió abruptamente del característico negro a un sencillo kimono blanco.

—Relájate —ordenó el rubio, percatándose de que la morena comenzaba a respirar agitadamente—. Kurosaki-san, no lo drenes todo —profirió al ver el rostro nervioso del chico.

—¡Eso intento! —gritó, alarmándose al ver que no podía detener el traspaso de reiatsu y el guante en su mano que antes brillaba uniformemente, comenzó a parpadear con un destello de forma irregular.

—Ichigo —articuló en un suspiro la fémina, cogiendo la mano izquierda del varón que se hallaba apoyada sobre el colchón—. Cálmate —musitó frunciendo el ceño.

Sus dedos se enlazaron y el joven Kurosaki finalmente exhaló profundamente. El artefacto en su mano volvió a adoptar forma uniforme y a brillar con tenuemente.

—Muy bien —dijo Urahara, aliviado de que la situación no se hubiera salido de control—. Mantén ese flujo constante, rozando el reiatsu con tus dedos —indicó, no pasando desapercibido ante sus ojos el apretón de manos entre ambos shinigamis—. Ahora quitaré el artefacto en su cuello —informó, dirigiéndose hasta la cabeza de la camilla donde Yoruichi se encontraba parada justo al otro lado de la barrera, colocándose unos guantes negros que cubrían casi hasta su hombro.

Rukia intentó normalizar su respiración mientras sentía el calor que le provocaba el contacto entre sus manos enlazadas. Sintiendo por un momento, que era lo único que la ataba a la realidad antes de sentir que su cuello era liberado de la tela negra por la mano izquierda del hombre rubio. Posteriormente, la mujer de tez oscura y ojos dorados atravesó la barrera con sus manos cubiertas por los guantes negros, recibiendo el trozo de tela de manos del rubio. Y antes que Kisuke volviera a su posición junto al muchacho de anaranjado cabello, Yoruichi volvió a ingresar sus manos al interior de la barrera y le entregó a su camarada una caja que parecía hecha de metal.

—Procederé a extraer el Shoukyo —anunció ante el rostro expectante de Ichigo y la fémina recostada. Urahara mantenía en su mano izquierda el objeto que anteriormente le había entregado su compañera—. Lo pondré en esta caja para que el artefacto se estabilice y luego estimemos qué hacer con él.

El joven Kurosaki dio un ligero apretón al agarre que mantenía con la morena en cuanto el rubio descubrió su brazo izquierdo que tenía una apariencia verdosa y arrugada. Sus dedos, se parecían a las garras del guante que era utilizado para drenar el reiatsu de Rukia. Por un momento, el chico de llamativo cabello tuvo el impulso de alejar su mano derecha al sentir que un agujero se formaba a la altura del estómago de la Kuchiki y en él se adentraba el rubio, para sacar finalmente un objeto redondo y brillante que inmediatamente aprisionó en la caja que sostenía en su mano izquierda.

—Kurosaki-san —llamó el rubio—, empuña tu mano para cerrar el paso del reiatsu y luego retírala lentamente.

Ichigo asintió. Miró a los ojos a la morena y entendió que con su mirada lo alentaba. Ante la vista de todos los presentes en la habitación, hizo lo que Urahara le había ordenado, sintiendo de inmediato la extraña sensación que le provocaba el guante en su mano fuera del cuerpo de la muchacha. Sentía el reiatsu palpitar.

La barrera que los rodeaba comenzó a desvanecerse y Yoruichi se acercó para coger la caja que Kisuke sujetaba en su mano izquierda. El joven de anaranjado cabello suspiró tranquilo al notar que todo había terminado. Observó a Rukia que aún reposaba en la camilla, notando que le dedicó una sutil sonrisa. Sin embargo, aquel gesto pronto comenzó a esfumarse. Y ante el rostro de pánico en Ichigo, la morena comenzó a retorcerse lanzando quejidos lastimeros, alertando inmediatamente al hombre que aún mantenía el traje gris puesto.

—¿¡Qué sucede! —profirió el joven Kurosaki, espantado.

—¡Maldición! —exclamó Yoruichi, cogiendo inmediatamente el gigai de la morena que había permanecido apoyado en la pared.

Isshin dio un paso adelante dispuesto a acercarse, pero la mujer de cabellera tomada en una trenza lo detuvo.

—Kurosaki-san —alzó la voz el rubio mientras su brazo derecho volvía a la normalidad—, de nuevo, atraviesa el cuerpo de Kuchiki-san, pero esta vez extiende tu palma todo lo que puedas para poder otorgarle tu reiatsu —mandó, observando que el chico inmediatamente lo obedecía—. ¡Despacio! ¡No le entregues todo de golpe!

Ichigo, alterado por la preocupación que sentía en esos momentos por el estado de la morena, intentó hacer exactamente lo dicho por Urahara. Tan absorto estaba en su angustia, que no se percató de la presencia de Kisuke hasta que éste se halló a su lado con el gigai de Rukia entre sus brazos.

—¡Suficiente! —declaró el hombre— ¡Ahora empuña tu mano y retira nuevamente el artefacto! ¡Con cuidado!

Justo en el momento en que el joven de anaranjado cabello apartó su mano, el varón posicionó el gigai sobre el alma de la Kuchiki que respiraba agitadamente. Cuando el cuerpo artificial se unió al espiritual, Rukia perdió la conciencia.

—¡RUKIA! —el grito lanzado le desgarró la garganta. Luego, sintió una mano posarse sobre su hombro.

Distinguió la figura de su padre que lo separaba de la camilla mientras los cuatro miembros de la cuarta división rodeaban a la morena y le impedían divisarla con claridad.

Ichigo no recordó siquiera una vez en la que había estado tan desesperado.


Conceptos:

Tenshintai1 [転神体]: El coso ese blanco que Yoruichi usó para que Ichigo sacara en bankai (?) -tiene sueño y sus explicaciones no son formales-

Yo iba a decir algo. AH SI. o.o El próximo capítulo, será el último C: Y tengo mucho sueño así que huyo a la cama ;O; YA NI SE QUE REVIEWS RESPONDI Y CUALES NO DDDDDDDD: Pero, agradezco cada uno con todo mi naranjoso corazón, a todo esto... Alguien me sobornó con naranja en uno de los review... FUNCIONO (?) -se mueve por comida- Wn, si fueron 15 hojas en total... y escribí 10 hoy o_o -en shock- Y a todo esto, recuerdo otro comentario... que me llegó al alma...

"He leido por tus notas de autora que sueles tardar en actualizar, pero yo tengo paciencia y tu una seguidora más." ;OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO; -conmovida-

Ay wn, mañana las webeo con mensajes privados que ya son las cuatro de la mañana, sí me tardé en corregir el cap XDDDDDDDDD So... iré a subir otro capítulo de Páginas rasgadas y me voy a dormir.

¡LOS ADORO!