No me maten (?) XDDDDD Volví con mis elegantes retrasos. Pero aquí está el capítulo recién terminado hoy. Y llevo dos hojas del epílogo. Sí, tendrá un epílogo (quizás no tan largo como un capítulo común pero lo tendrá) Es a modo de aclaración de algunos asuntos que no serán tocados aquí.
Veía este día tan lejano. Aquí casi estoy cerrando lo que fue mi adolescencia. Ideas locas por doquier, imaginación volando, y perversión comenzando (?)
Sinceramente no sé cómo agradecer a quienes siguieron esta historia, y me tuvieron la paciencia divina por esperar cada capítulo. Creo que mi única manera de agradecer es seguir escribiendo. Me encanta escribir historias de esta pareja. ¡Amo el IchiRuki! Y si hay gente que las disfrute, con gusto seguiré publicando.
En serio, muchas gracias a todos.
Vida
El silencio predominaba en la estancia. Sentado en un sillón se hallaba un varón de castañas orbes. Su cuerpo inclinado hacia adelante para apoyar sus codos sobre las piernas y esconder su rostro tras sus masculinas manos. La expresión en su faz no era nada tranquila. Era tal la intensidad que emanaba de sus ojos que muy difícil era distinguir las emociones que lo embargaban. Lanzando un suspiro, apoyó sus manos unidas en su frente.
—¿Cómo te encuentras?
Una muchacha de largo cabello anaranjado se desplazó por el sitio y se acercó hasta el lugar donde el joven se hallaba sentado. Ichigo alzó la mirada y retuvo su mirada en la recién llegada. Luego, volvió su vista al frente. Su vista no se hallaba fija en ningún punto en concreto.
—Siento como si me hubieran arrancado una parte de mi alma —susurró con tono apagado.
Con elegancia, Makoto se sentó en el espacio vacío en el sofá. Su postura siempre recta le daba un aire de aristócrata.
—Perdiste a tu hija, y luego a la mujer que amabas —comentó la fémina, su tono de voz suave—. Es normal que te sientas devastado.
—No me hace sentir mejor que me recuerdes sus ausencias —espetó mirándola de soslayo.
Un suspiro salió de la boca femenina.
—Ella era como una hermana para mí —confesó, su mirada reflejando la profunda tristeza que la embargaba—. No eres el único que está sufriendo.
El muchacho se mantuvo en silencio por unos cuantos segundos para luego dejar paso a su ceño fruncido tan característico que se remarcó en su expresión. Hecho que no pasó desapercibido para la actriz, quien inmediatamente negó con la cabeza y se levantó de su puesto.
—¡Corten!
El grito femenino lanzado detrás del elenco se oyó por todo el sitio. Murmullos de varias personas se dejaban escuchar mientras Ichigo se rascaba la cabeza y aprovechaba para quitarse la peluca de oscuras hebras.
—Realmente no sirves como actor, Kurosaki-san —anunció observándolo desde su actual altura.
—No puedo memorizar tantas líneas, qué expresión poner en cada situación ni tampoco saber cuándo decirlas —declaró sin dejar su gesto de frustración—. ¿Cómo diablos Rukia puede hacer esto?
—¿¡De quién fue la idea de usarlo como doble! —bramó una mujer rubia con cabello atado en una coleta.
El joven se sintió intimidado por un momento debido a la potencia del reclamo de Manabe Misato, la directora de la obra.
—Pensé que sería divertido ver tus dotes actorales —ingresando en la escenografía, Hatori hizo acto de presencia—, pero nunca pensé que fueras tan malo.
—Cállate —bufó el shinigami sustituto, acomodándose sobre el sofá en vista que la directora estaba discutiendo alguna escena con sus camarógrafos—. No puedo actuar algo tan trágico.
—Un hombre que perdió a su hija meses antes de que ésta naciera y luego su esposa se suicidara no es tan trágico —el actor rubio se encogió de hombros—. Deberías haber estado la vez que Makoto y yo hicimos de amantes que se mataban mutuamente porque sus familias no estaban de acuerdo con su relación y los engatusaron.
—Lo irónico del asunto fue que el hombre se acostó con la hermana gemela de su amante porque no supo diferenciarla —continuó el relato la fémina—, la dejó embarazada de gemelos que ella ni siquiera se enteró que concebía puesto que se suicidó por la culpa de haber traicionado a su hermana justo después de enterarse de su muerte y la de su amante.
Un tic apareció en el ojo de Ichigo mientras veía atónito a los compañeros de trabajo de Rukia.
—¿En qué mierda de novelas trabajan ustedes?
—Oh, no, eso fue una película —el aire de soberbia en el rubio provocó que el joven Kurosaki rodara los ojos—. Pero te sorprenderías en encontrar historias de ese tipo en la vida real.
—O peores —agregó la mujer.
—Ya entendí —se rindió el chico.
—¡Todos ustedes fuera del escenario! ¡Grabaremos la escena de María con su madre! —la orden dada por la fémina que se hallaba sentada en una silla alta fue acatada inmediatamente.
Permitiendo el cambio de personajes, los tres muchachos que se encontraban en la escenografía se retiraron. Ichigo fue guiado por los dos actores hasta una mesa de delicado diseño con dos sillas y vajilla necesaria para preparar té. En cuanto la mujer de cabellera ondulada se acercó a su lugar, le pidió a un joven que le trajera otra silla para que el invitado se les uniera Hatori y ella.
—Rukia ya debe tener cuatro meses, ¿cierto? —admirablemente, Makoto estaba más comunicativa de lo normal.
El shinigami asintió.
—Está en una revisión con Urahara-san —informó con el ceño fruncido—. Me llamó cuando venía llegando acá diciendo que mi padre la raptó para llevarla donde Urahara-san.
—¿La raptó? —repitió divertido el joven de azules orbes.
—Créeme, la raptó —bufó al imaginarse a su padre trasladando a una desprevenida morena directo al auto con dirección a la tienda del hombre de sombrero—. Por suerte unos amigos la encontraron de camino y la están acompañando. Luego iremos al hospital.
Meses atrás Ichigo había estado cerca de perder a quien había sido su compañera de batallas y ahora la madre de su hijo. El pánico que lo había invadido aquel día en la tienda de Urahara era indescriptible. Yoruichi había tenido que sacarlo de la habitación para que el equipo médico realizara su labor, desde que su histeria le había nublado todo raciocinio y quería mantenerse sólo al lado de la morena. Por fortuna, la fémina logró estabilizarse. Ambos, finalmente, habían ganado la batalla: ella y el bebé.
—¿Hay alguna novedad con su reiatsu? —murmuró la actriz, no queriendo llamar la atención a pesar de que la mesa se situaba apartada del elenco.
En respuesta, el muchacho negó con la cabeza.
Ciertamente Rukia había logrado ganarle a la muerte. Sin embargo, todos sus poderes se habían desvanecido. Exactamente después de aquel ritual, la morena no se había vuelto a transformar en shinigami. La explicación que había dado Urahara a este hecho había sido que su cuerpo, con la ayuda del alma de su zampakutou, había previsto que el bebé desarrollándose en su interior no soportaría inestabilidad en su poder espiritual. Por ello, era mejor mantenerla estable hasta el nacimiento del pequeño. Después de que diera a luz, evaluarían las posibilidades de que su reiatsu volviera a ella. Además, llevaba una revisión semanal donde el rubio de sombrero y sandalias para evaluar su estado y también, Ichigo se había encargado de que tuviera su respectiva revisión en el hospital donde se manejaba.
Llevando el control tanto del ámbito de su reiatsu como su cuerpo, la muchacha estaba estrictamente en observación.
—Parece que todo está más calmado—profirió repentinamente Hatori, dándole un sorbo a su té mientras observaba cómo se desenvolvían los camarógrafos para captar la escena que se desarrollaba—. Durante el primer mes parecía que sólo había una notica en los medios.
La mujer conservó su semblante altivo mientras bebía del contenido de su taza. El joven de anaranjado cabello expresó una mirada incómoda.
—La desaparición de Koizumi —concordó la fémina, mirando de soslayo a sus compañeros de trabajo que se concentraban en grabar la escena respectiva—. Ni tus influencias fueron capaces de mantener el chisme al margen.
—¿No los entrevistaron para preguntarles su paradero? —indagó Ichigo, curioso— Digo, fueron los últimos que trabajaron con él.
—Evité eso gracias a unos contactos —repuso el rubio—. Con todo lo que pasó, a Rukia no creo que le haya hecho gracia andar asistiendo a ese tipo de entrevistas que más bien son interrogatorios del tipo policía bueno y malo.
—A Hatori tampoco le hace gracia —agregó la muchacha.
El joven Kurosaki sonrió sutilmente. Debido a lo acontecido meses atrás, se había dado cuenta de que aquellos compañeros de la morena se preocupaban bastante por ella. Realmente, a pesar de la actitud indiferente que muchas veces ambos aparentaban, le tenían un invaluable cariño a la muchacha de corta estatura. Por otro lado, estaba el actor desaparecido Koizumi. Contadas personas sabían el destino que había vivido el chico, sin embargo, ninguno de ellos tenía ni la valentía ni la credulidad para darlo a conocer. Y ante todo, Urahara había dicho que el asunto concernía a la Sociedad de las Almas. Pero ese hecho no evitaba que los rumores por internet y televisión de las posibles causas de la desaparición de Takashi aún fueran constantes. Después de todo, a pesar de la corta aparición en público que le había otorgado su carrera, el chico había sido muy conocido.
—¿Cuánto crees que tarden los medios en descubrir el estado de Rukia? —la pregunta de parte de Makoto dirigida a su compañero llamó la atención de Ichigo.
—Les doy una semana —comentó el muchacho encogiéndose de hombros—, por ahora han tenido suerte ya que las constantes visitas de Rukia al hospital las han asumido como visitas a su novio. Pero cuando se note su condición, créeme que deducirán en seguida quién le hizo el favor —el rubio se divirtió ante el ceño fruncido del shinigami provocado por sus últimas palabras dichas—. ¿Preparado para otra conferencia de prensa sobre tu vida sexual, Kurosaki?
Un escalofrío en la espalda recorrió al susodicho. Aún no olvidaba meses atrás cuando se había sentido vigilado y luego descubrió que sus espías no eran nada más que unos reporteros indagando en la vida privada de Rukia. Desde la vez que la morena había entrado al hospital con sus dos compañeros de trabajo, había alertado a los medios. Más bien Ichigo lo había hecho cuando la había alejado de la multitud y abrazado en público, aludiendo con ello a que tenía una relación estrecha con la muchacha. Esa definitivamente había sido un jugoso rumor para los periodistas de espectáculo.
Definitivamente no le hacía gracia compartir más detalles de su relación a la prensa.
Continuaron con la plática por unos minutos más hasta que la directora les exigió a los actores grabar algunas escenas. Esa, fue la señal del joven Kurosaki para retirarse, no sin antes despedirse de los amigos de la morena.
—
Rukia suspiró aliviada de haber dejado la tienda. Había estado trabajando en algunos comerciales y videos promocionales, pero no había tomado ningún papel de telenovela debido a las advertencias de Isshin y Urahara. Si bien su embarazo no presentaba complicaciones, su situación aún no era clara y debían estar monitoreando el reiatsu del pequeño bastante a menudo, además del suyo, por si se dignaba a aparecer nuevamente. Normalmente Ichigo la acompañaba a la tienda, pero en vista de que la había suplantado y había ido a dejarle un encargo a sus compañeros de trabajo, el cabeza de los Kurosaki aprovechó la oportunidad para llevarla. No sin antes coger un bolso que ahora mismo iba en manos de Ishida, que ahora precisamente captaba la curiosidad de la morena.
—¿Kuchiki-san? —llamó una voz suave— ¿Te encuentras bien?
A su lado, Orihime también la acompañaba al hospital donde habían acordado reunirse con el joven de anaranjado cabello. Oportunamente ambos compañeros de instituto aparecieron en la tienda de Urahara para relevar a Isshin de su escolta, claro que en contra de la voluntad del hombre.
—Sí, sólo pensaba —sonrió de manera tranquilizadora, provocando que la fémina le devolviera el gesto.
En cuanto sus más cercanos se enteraron de su embarazo, temió la reacción de su amiga puesto que estaba consciente de los sentimientos que le había guardado al joven Kurosaki durante tantos años. Pero grande fue su sorpresa cuando Inoue la felicitó sonriente, demostrando que la noticia la alegraba tanto como a ella. Tuvo que hacer uso de su fuerza de voluntad para no derramar lágrimas de alegría. Malditas hormonas, seguramente la estaban sensibilizando.
Además, estaba el hecho de que no podía volver a la Sociedad de las Almas. Al menos no hasta que sus poderes se estabilizaran, en caso de que volvieran. Pero realmente le preocupaba quienes sabían exactamente su situación. Porque de haber sabido de su embarazo, el Gotei no la hubiera dejado tranquila, ¿cierto? Lo que la llevaba a su actual duda: ¿qué pasaría con su bebé si se enteraban?
Cuando entraron en el hospital ella seguía perdida en sus pensamientos hasta que un escándalo formado por una pelirroja que arrastraba, literalmente, a un chico por el piso, la despertó de su ensoñación.
—¡Quieto si no quieres que le diga a Kazumi que metiste su revista de su adorado Atsushi a la lavadora! —soltó la fémina, agarrando por el cuello del delantal al muchacho que intentaba zafarse de su prisión.
—¿¡Cómo sabes eso! —exclamó atemorizado el médico— ¿Y desde cuando llamas a mi hermana por su nombre?
—Desde que las enfermeras se confunden cuando los nombro a los dos por su apellido —espetó la pelirroja.
Los funcionarios del hospital se alejaban disimuladamente del camino, algunos pacientes miraban con asombro la escena presenciada mientras que uno que otro doctor circulando rodaba los ojos y seguía su camino ignorando el hecho.
—¡Vamos, Yumi! —volvió a intentar el varón, para salvar su integridad— ¡No sabían que eran tuyos!
Antes de alcanzar la puerta que daba al exterior, donde tres jóvenes se hallaban parados, la muchacha se detuvo al reparar en la presencia de la morena.
—¡Rukia-san! —saludó eufórica la pelirroja, soltando bruscamente al chico que llevaba arrastrando. Afortunadamente, Kazuma no obtuvo ninguna contusión en la cabeza.
La susodicha rió nerviosamente. Nunca sabía cómo reaccionar ante el comportamiento de Yumi, principalmente porque era impredecible. Ishida hizo un gesto a la fémina a modo de saludo, mientras que Orihime le dedicaba una sonrisa. Aquellos gestos fueron correspondidos por la joven Takada.
—Kazuma, ¿volviste a comerte sus dulces?
Una voz masculina captó la atención, perteneciente a un muchacho de anaranjadas hebras y ojos castaños que iba vestido casualmente. La morena sonrió sutilmente en cuanto sus miradas se cruzaron.
—¿De nuevo? —articuló Uryuu, ajustando sus lentes.
—¡Soy inocente! —clamó el acusado— ¡Juro que esta vez de verdad no sabía que eran sus dulces!
Sintió escalofríos cuando se percató de la mirada fulminante que la pelirroja le dedicó.
—Por eso ahora mismo me vas a reponer mis caramelos rellenos de menta.
Rukia sonrió divertida al tiempo que sentía que Ichigo se acercaba hasta posarse a su lado. Al voltearse a verlo, se encontró con una leve curvatura en la comisura de sus labios.
—
Más tarde, cuando la visita semanal al hospital había concluido, la morena comprendió por qué Ishida había estado acarreando el bolso que le había causado tanta curiosidad durante la mañana. No fue hasta que, en un acto de complicidad, había sido guiada por sus tres camaradas hasta un parque acuático donde los esperaban sus otros compañeros del instituto. A pesar de los años que llevaba conviviendo con el joven de anaranjada cabellera, ella nunca había visitado aquel lugar. Incluso Orihime se había encargado de buscarle unos trajes de baño a su medida para que escogiera cual ponerse.
—¡Kuchiki-san, te ves muy linda! —los varones que estaban esperando la llegada de las féminas del grupo que habían ido a cambiarse, se voltearon al oír la voz chillona para encontrarse con dos muchachas de cabellera oscura y otra de exuberante figura.
Tatsuki, al igual que su amiga de secundaria, había optado por un bikini. Por otro lado, Rukia llevaba un traje de baño de una pieza, completamente blanco. Su vientre estaba apenas ligeramente abultado; no advirtiendo de su embarazo para nadie que no fuera consciente del hecho.
—Realmente —articuló la morena de baja estatura en cuanto se acercó al joven Kurosaki—, ¿desde cuándo llevas planeando esto?
En respuesta, el muchacho se encogió de hombros, escudriñándola disimuladamente con la mirada.
—La vez pasada que intentamos venir, estaba cerrado —recordó—. Pensé que te gustaría.
—¡Oye, Ichigo! —llamó Keigo que ya se hallaba cómodamente dentro de la piscina— ¡Deja de comértela con la mirada que hay chicos sin novia presentes!
Un pelotazo causó que el muchachoo cayera de espaldas al agua.
De a poco, cada uno se fue integrando a la piscina. Una vez recuperado, el hiperactivo joven de hebras castañas fue directo a los juegos acuáticos. Había poca cantidad de adolescentes, y los niños se hallaban en las aguas de menor profundidad con sus respectivos padres, pero no por ello el sitio estaba vacío. Ichigo se iba a meter al agua cuando una mano lo detuvo, encontrándose con la dueña de los ojos que tanto lo hacían perderse.
—¿Rukia? —alzó una ceja al ver el comportamiento de su novia, percatándose de que se movía incómoda mientras observaba la piscina de soslayo.
No le tomó mucho tiempo comprender cuál era el problema. Tomándola de la mano, la guió hasta la piscina. En cuanto la fémina entró, se dio cuenta de que a penas de puntillas lograba que su nariz se asomara a la superficie para poder respirar. Nunca su altura le había presentado problema, en las batallas solía ser una ventaja puesto que al ser ligera era bastante ágil.
—¿Qué le sucede a Kuchiki-san? —preguntó curiosa Orihime. El grupo se hallaba más al centro de la piscina, mientras que el joven de anaranjada cabellera intentaba arrancar a la morena de la orilla donde se sujetaba.
—Lo más probable es que no sepa nadar —comentó el muchacho de anteojos.
Para ese momento, el primogénito de los Kurosaki había cogido a la fémina en brazos y ahora intentaba colocarla de espaldas al agua, mientras ésta batallaba aferrándose a los antebrazos masculinos.
—¿Creen que le esté enseñando primero a flotar? —indagó Mizuiro, observando curioso la escena.
—Ichigo no sirve de maestro —se burló Tatsuki. En ese instante Rukia estaba pataleando y finalmente se había abrazado a la cabeza del muchacho, intentando alejar su cuerpo del agua.
Los amigos de la pareja rieron ante la discusión que se estaba formando, con el muchacho intentando que la morena se adentrara en el agua y ella amenazándolo para que la dejara en tierra firme. Contra todo pronóstico, el pleito concluyó cuando Ichigo aprovechó que la fémina mantenía sus brazos rodeando su cuello y la besó para callarla. La acción provocó que Rukia volviera a sumergir sus pies al agua y permitiera que el muchacho la sujetara de la cintura para que no pisara el fondo de la piscina.
—Vaya —articuló el joven de hebras oscuras y de apariencia inocente—, Ichigo ha aprendido métodos efectivos de terminar una discusión.
La muchacha deportista observó a su mejor amiga, atenta a su reacción al ver la escena. Al encontrar su mirada, no vio dolor, sino más bien resignación.
—¿Orihime? —susurró la morena, advirtiendo que estaban lo bastante distanciada de los varones para que no la oyeran.
—Estoy bien, Tatsuki-chan —sonrió con sinceridad.
Después de varios intentos de enseñar a Rukia a nadar, su acompañante se rindió y la chica lo usó de transporte, subiéndose a su espalda para que la cargara y así evitar hundirse.
—Si tuviera mis poderes, te aseguro que congelaría este lago —espetó la muchacha en cuanto volvieron con el grupo.
—Es una piscina, Rukia —corrigió el medio de transporte.
Entre risas y anécdotas, compartieron el resto de la tarde como solían hacerlo en sus días de instituto. Salieron de la piscina y se acomodaron para tomar refrescos. Hablaron tanto de trivialidades como de la vida de cada uno, poniéndose al día. Ya cuando las horas avanzaron, y cada uno debió irse de vuelta a su hogar, todos se separaron. Se despidieron con la promesa de pronto reunirse como hoy, un día normal y tranquilo, como si todas las batallas que hubieran luchado anteriormente no interfirieran en la vida normal de cualquier joven de sus edades.
—Fue divertido —comentó con una sutil sonrisa la morena, caminando junto a su pareja.
—Sí, bueno, al menos aprendiste a flotar —bufó el chico, ganándose un codazo en las costillas.
Continuaron su andar rumbo la casa de la familia Kurosaki. Durante las últimas semanas, en vista de que Rukia se quedaba más a menudo sola ya que el joven debía ir al hospital, la morena visitaba a menudo la residencia para compartir con las mellizas y por propia recomendación de Isshin, para ser atendida de manera adecuada debido a su condición. Claro que el cabeza de la familia también quería pasar tiempo con su tercera hija.
Rukia aguantó una risa al rememorar meses atrás cuando las hermanas de su novio se habían enterado de su embarazo.
—¿Qué te causa tanta gracia? —cuestionó el muchacho, extrañado de la actitud de la fémina.
—Me acordé cuando tu hermana hizo un festín para darle la bienvenida a su sobrina.
El joven rodó los ojos.
—No me imagino qué hará Yuzu cuando nazca —comentó, permitiendo que una leve sonrisa se vislumbrara en su rostro al recordar la felicidad en sus hermanas.
—Pagar o cobrar una apuesta —se encogió de hombros la morena al recordar la discusión de las mellizas sobre el género del bebé. La castaña insistía en que sería una niña, mientras Karin aseguraba que sería varón.
—Bueno —articuló el muchacho con una pícara sonrisa—, siempre podemos darles más sobrinos para que no peleen entre ellas.
La muchacha lo observó escéptica.
—¿Oíste, Chappy? —interrogó la morena, posando una mano en su vientre— Tu padre es un completo pervertido.
Una mirada incrédula fue dirigida a la fémina. Ichigo olvidó completamente sus intenciones anteriores al escuchar cómo había llamado a su hijo. Un tic apareció en su ojo derecho mientras su boca seguía abierta por la impresión.
—¿Cómo lo llamaste? —musitó aún atónito.
—Chappy —respondió con inocencia—. Necesita un nombre, ¿no?
—Ni sueñes que mi hijo tendrá el nombre de ese horrible conejo —rebatió inmediatamente. Pobre del niño o niña que tuviera ese nombre. A propósito, ¿Chappy era un nombre de varón?
Ichigo sintió un escalofrío al percatarse de la neutralidad del nombre. Se preguntó si el conejo que tanto amaba su novia sería hermafrodita.
—Sigue insultándolo y olvídate de hacer más Chappys —advirtió Rukia, cruzándose de brazos.
El muchacho advirtió que estaba adentrándose en un terreno donde se hallaba indefenso. Rogó en su mente que su familia lograra apoyarlo e impedir el desafortunado destino de su hijo o hija, si llegara su madre a ganar la batalla de su nombre.
Afortunadamente, cuando llegaron a la casa de los Kurosaki, el joven de anaranjado cabello aún no había sido reprimido de compartir lecho con la morena. Definitivamente, a veces era de sabios callar.
—¡Rukia-chan! —en cuanto se adentraron en el hogar, una muchacha castaña corrió para abrazar a la susodicha.
Ya en sus veinte, ambas mellizas poseían un cuerpo más maduro, dejando a penas rastros de las niñas que fueron en la adolescencia. Pero si algo no cambiaba, era el cariño por sus seres queridos. Además, las hermanas habían optado por continuar viviendo en la casa que las vio crecer hasta terminar sus estudios universitarios. Principalmente, porque no querían dejar a su padre solo en la casa.
—Detengan al viejo por favor —la voz de Karin casi sonó una súplica sino hubiera sido por el tono hastiado que usó—. Tiene toda la sala llena de artículos de bebé.
—¡Es cierto! —la secundó Yuzu, haciendo un mohín— Papá ha estado comprando todo blanco, cuando le insistí que mi sobrina merece una hermosa cuna con estampado de fresa.
—Oh, no, por favor —comentó su melliza, sufriendo ante la idea—. Estoy segura que el bebé estima mucho a su tía como para nacer mujer. Me niego a tener la casa tapizada de rosa.
Con temor, la pareja se asomó por el pasillo para llegar a la sala. Inmediatamente, desearon no haber dado un paso, puesto que se vieron envueltos por un resplandor blanco. Sonajeros, ropa, peluches, juguetes, ¡si hasta había una cuna!
—Agradezcan que no estuvieron ayer cuando trajo a la vidente para saber el sexo del bebé —comentó Karin—. No sé qué serán de los próximos cinco meses.
Isshin saludó eufóricamente a su tercera hija en cuanto la visualizó en el umbral de la puerta, arrastrándola para que viera las nuevas adquisiciones. Divertida, la morena se dejó guiar, observando atenta cada objeto disperso en la sala hasta que su atención reparó en la ropa, donde unas orejitas blancas se asomaban entre el bulto de vestimentas. Al tomarlo, Rukia se percató de que era un pijama blanco entero, imitando perfectamente a un conejo.
—¡Mira, Ichigo! —exclamó maravillada la fémina— ¡Es perfecto para Chappy!
El hombre de cabello oscuro estaba encantado de que a su querida nuera le gustaran sus recientes compras. Por otro lado, el aludido se mantuvo quieto en su sitio, reflexionando si sería buena idea contradecirla.
—¿Debo preguntar? —comentó insegura la melliza de oscuro pelo.
—Quiere nombrarlo Chappy —logró proferir en un susurro el joven.
Yuzu corrió para discutir con el mayor de los Kurosaki el hecho de que los accesorios deberían ser rosados y que debían comprar muñecas al tiempo que Rukia seguía encantada viendo el resto de la ropa.
—Ichi-ni —llamó Karin, parada justo al lado de su hermano, viendo al resto de su familia —, creo que de nosotros depende mantener la dignidad de nuestro sobrino.
El varón asintió y luego divisó que su hermana de oscuro cabello se unía a su familia, alegando que deberían comprar también una pelota de fútbol.
Luego de cenar, Ichigo decidió ir hasta su habitación. Su familia aún discutía detalles del bebé que aún no nacía mientras él caminaba por el lugar donde la mujer, que ahora era la madre de su hijo, había aparecido atravesando su pared y posteriormente él la había pateado para ganarse su atención. Peculiar forma de comenzar una relación, seguramente.
—¿Ichigo? —una voz inconfundible para él se dejó oír desde el umbral de su puerta. La intensa mirada de color índigo se fundió con la castaña.
Hace años, el muchacho jamás pensó que se vería envuelto en un mundo donde los fantasmas, almas corrompidas y shinigamis fueran algo común. Sí, veía espíritus a menudo, pero vivía en la impotencia de sólo observarlos, sin poder hacer nada por ellos. Eso era hasta que la conoció. La menuda chica no sólo le había otorgado el poder para defender, le había enseñado un mundo donde él podría luchar, apoyándolo y respaldándolo. Siempre luchando juntos. Gracias a ella, su vida había cambiado. Ella había dado vuelta su mundo, y ahora, iba a enseñarle otro nuevo: ser padre.
—Sólo pensaba —le dedicó una sonrisa, tomando asiento en su cama de la adolescencia.
En respuesta, la fémina se acercó y posó una mano en su nuca, atrayéndolo hasta que sus labios se fundieron en una sutil caricia.
Rukia había vivido como un alma durante décadas. Resignada ante su destino, empeñada sólo en eliminar Hollows y hacer sus obligaciones como integrante del escuadrón número trece. Hasta que Ichigo le enseñó lo qué era ser humano y no sólo un soldado en la batalla. La calidez de la amistad, el cariño de una familia, y la felicidad que sentía cuando era rodeada por sus brazos.
—¿Crees que nii-sama sepa de mi embarazo? —cuestionó, permitiendo que su aliento chocara contra la boca masculina, separándose para enfrentar aquellas orbes castañas.
—Es muy probable que Unohana-san se encargara de informarle —musitó, sin retirar sus manos que rodeaban la cintura de la morena, obligándola a sentarse a horcajadas sobre sus piernas.
La muchacha reposó su cabeza en el torso del joven.
—¿Cómo crees que se lo tomó? —pronunció, rodeando sus brazos por la amplia espalda mientras la cabeza del primogénito de los Kurosaki se posaba sobre el oscuro cabello.
—Seguramente esté planeando métodos para torturarme —murmuró, recordando la advertencia del noble sobre tocar a su hermana—. En mi defensa, puedo decir que su sobrino fue concebido antes de su ultimátum.
—Ichigo —regañó la fémina, separándose para dedicarle una mirada fulminante —, es en serio.
El muchacho notó la seriedad en la mirada de su novia.
—Es tu hermano, Rukia —concluyó, acariciando los mechones rebeldes que vagaban por el níveo cuello de ella—. Estoy seguro que ahora mismo, él te protegería contra todo el Gotei. Muy a la manera Byakuya, claro.
Sonrió ante lo dicho por el chico. Antes de que el shinigami sustituto apareciera en su vida, seguramente su hermano no habría dudado en entregarla a las autoridades en la Sociedad de Almas. De hecho, había estado dispuesto a dejarla morir tiempo atrás. Pero nuevamente, Ichigo fue quien cambió todo. No sólo a ella, sino todos quienes enfrentó. Y ahora, podía contar con un verdadero hermano que la protegía.
—Chappy estará feliz de tenerte como padre, Ichigo —declaró sonriente la fémina.
Soltó una maldición al escuchar nuevamente el nombre que su desafortunado hijo parecía que iba a tener.
—Demonios, Rukia —masculló—. De verdad no quiero ni pensar qué le dirían si tuviera ese nombre.
—¿Qué tiene? —articuló indignada— Chappy es un nombre hermoso.
—Para una mascota.
Totalmente ofendida, por ella y su hijo, la muchacha se levantó súbitamente. Ichigo frunció el ceño al no sentir el contacto de la fémina sobre su cuerpo, mientras ésta lo apuntaba acusadoramente.
—¡Nuestro hijo jamás será una mascota! ¡Pobre de Chappy al tener un padre como tú que no aprecia su…! —se detuvo con un brinco y la sorpresa reflejada en su faz.
—¿Rukia? —articuló el joven, preocupado de su repentino cambio de humor.
Ella solamente dirigió su vista hasta su barriga, observándola con curiosidad.
—Sentí algo —musitó, posando ahora su mano sobre su vientre.
—¿Se movió? —comprendió inmediatamente el muchacho, tomando a la fémina de la muñeca y sentándola en su regazo para situar también él su mano en el lugar donde debería estar su hijo.
Un leve golpe se percibió, dando a entender que una nueva vida estaba presente.
Ichigo ahuecó el rostro de la morena entre sus manos, besándola de improviso. Rukia sonrió contra los labios del joven.
Ambos se habían conocido luchando por defender a otros. Luego, habían batallado para proteger juntos a las almas que los necesitaran. Ahora, no importaba contra qué o quiénes tuvieran que enfrentarse, permanecerían luchando el uno por el otro, y ahora también por el bebé cuyo padre rogaba no terminara llamándose Chappy.
AWWWWWWWWWWWW ;O; Creo que ahora me está entrando la melancolía. Disculpen si el principio del capítulo se prestó para mal interpretaciones (?) esa era la idea (Y) AJAJJAJAJAJA
¡ADORO A CADA LECTOR QUE DISFRUTO CON ESTE FIC! ¡El epílogo lo cuelgo cuanto antes!
