Aquí se van años de mi adolescencia. ¡Cómo pasa el tiempo! Cuando tengan sus hijos y se les ocurra volver a leer este fic, se darán cuenta de lo viejos que están (?) AJAJJAJAJA XDDD Bueno, esto ha sido horas de imaginación, locura, trasnochadas, encuentros, amores y desamores (?) En el capítulo que debió ser el final aclaré que me faltó un detalle, y por eso decidí hacer epílogo. Bueno, ¿recuerdan cuando Byakuya pilló a Ichigo y Rukia con la manos en la masa? Más bien, a Ichigo con las manos sobre Rukia (?) AJAJJAJAJ Bueno, le dio el ultimátum de casarse pues. ¡Matricidio! Sentí que Byakuya debía hacer prevalecer su palabras. Así que aquí lo tienen.
Aclaración: Debido a que este fanfic fue comenzado cuando ni siquiera había terminado la saga Arrancar, Rukia nunca se volvió teniente debido a las circunstancias que vivió en el transcurso del fic. Sin embargo, los Vizard que aparecen y son nombrados en este epílogo, sí volvieron a tomar su lugar en los rangos que tenían tiempo atrás en la Sociedad de Almas.
Epílogo
Ichigo se hallaba sentado con sus rodillas flexionadas. Su habitual ceño fruncido estaba remarcado debido a la conversación que llevaba con los shinigamis. Frente a él se hallaban tres varones, uno de cabeza rapada, otro pelirrojo y finalmente uno rubio.
—¡Vamos! —pronunció Shinji, sonriendo divertido— ¡Hace siglos que no teníamos un bebé rondando por el Gotei! De hecho, ni en mis tiempos vi uno…
—Capitán Hirako, ¿está seguro que no hay problema con que deje sus deberes? —indagó Renji, mirándolo con suspicacia.
—Mi teniente se encarga de eso —se encogió de hombros despreocupadamente.
—Hombre, compadezco a Hinamori —murmuró el pelirrojo a Ikkaku, quien se hallaba apoyado en la pared.
Era realmente curioso ver a aquellos tres personajes reunidos. Pero a lo largo de su recorrido como shinigami sustituto, fueron las personas con las que el hombre anaranjado cabello compartió más. Y ahí estaban, divirtiéndose a su costa.
—Yo compadezco a este debilucho que a la menor orden de su cuñado, viene corriendo a su llamado —comentó el integrante del undécimo escuadrón—. Ichigo, me has decepcionado.
El aludido rodó los ojos.
—¡ICHIGO! —un grito escandaloso se escuchó por todo el sitio, adentrándose en la habitación.
Lo último que sintió el varón de anaranjado cabello fue que una tela acolchada se aferraba a su nuca, provocando que sus tres camaradas lo observaran curioso. Luego, sintió algo húmedo resbalando por su cuello.
—¿¡Qué mierda! —profirió, quitando la agresión de su cuerpo, encontrándose con un babeado león de felpa— Kon, ¿qué diablos?
De los ojos del peluche caían dos ríos de lágrimas.
—Es un demonio con cara inocente —articuló.
Antes de que lo obligara a explicarse, unos balbuceos provenientes de la puerta, atrayendo la atención de los presentes.
—¡Ko! —un pequeño niñito de pelo castaño claro, con leves destellos anaranjados entró gateando a gran velocidad. Su vestimenta era, curiosamente, semejante a la de los tres shinigamis.
—Creo que ni aunque me pusiera a gatear le ganaría en una carrera —comentó el teniente del sexto escuadrón, sonriendo de medio lado.
El infante llegó hasta Ichigo, quien se hallaba más cerca de la puerta y de espaldas a ella, usándolo de apoyo para ponerse de pie y así intentar alcanzar al peluche de felpa que seguía en sus manos.
—¡Ko! —repitió nuevamente, aferrándose a la ropa del Kurosaki para intentar alcanzar a Kon. Éste huyó despavorido ante la confusión del niño que no lo vio salir.
A los pocos meses antes de nacer el nuevo integrante de los Kurosaki, los futuros padres le habían pedido a Urahara la píldora que contenía el alma modificada que tanto los había acompañado en años anteriores. Así, con un buen escándalo formado por parte de Kon al ser excluido por tanto tiempo, se había auto invitado a vivir con la pareja. Y al nacer el pequeño, se había enfrentado a la tarea más difícil de su felpuda vida: ser niñera.
—¿Qué te hicieron? —inquirió extrañado el shinigami sustituto, alzando al infante para observar atentamente su vestimenta.
—¡Pa-pá! —rió divertido el niño, al distinguir la cara de su progenitor.
—Quieto —dijo el varón, sentando al chiquillo sobre su regazo, de frente a sus compañeros shinigami.
Inmóvil por las tres personas que lo observaban con atención, el pequeño parpadeó intimidado por los tres hombres de gran tamaño comparados con él. Alzó su cabeza hasta su padre, en busca de una señal que le advirtiera si eran peligrosos.
—Oí que Rukia quería llamarlo Chappy —comentó el varón de cabello rojo—, ¿cómo fue que la convenciste?
Ichigo soltó un suspiro, recordando la difícil batalla que había mantenido durante meses con la morena.
—Le compré un conejo —admitió—, y luego le dije que si nombraba a los dos "Chappy", los confundiría.
—Eso fue inteligente viniendo de ti —se burló el hombre rubio, provocando que el aludido frunciera el ceño.
—Vamos a ver si cuando este enano crezca le hará honor a su nombre —sonrió divertido Ikkaku—. Dicen que los hombres que llevan "ichi" en su nombre son apuestos y talentosos. ¿Qué tan talentoso puedes llegar a ser, Koichi?
El niño hizo una mueca, demostrando que no le gustaba la expresión en el rostro del shinigami. Comenzó a mover frenéticamente sus bracitos y a revolverse inquieto en el regazo de su progenitor. De inmediato, el varón de anaranjado cabello comprendió lo que sucedía y le dirigió una mirada insegura al miembro del escuadrón once.
—Ikkaku… —articuló, sin desviar su atención del comportamiento de su hijo.
—¿Qué? —pronunció con intriga el aludido. Momentos después pegó un brinco y comenzó a sobarse su cabeza— ¡Maldición! ¿¡Qué fue eso!
Tanto el capitán como el teniente presentes en la habitación, observaron extrañados al hombre que continuaba maldiciendo.
—Koichi, suelta eso —reprendió Ichigo, causando que su primogénito lo mirara y detuviera sus movimientos.
Con cuidado, sujetó una mano del infante donde, flotando en su pequeña palma, se podía apreciar una diminuta esfera brillante. Sin oponer resistencia, el chiquillo permitió que su padre cogiera la esfera. Éste, con una gran expresión de concentración, logró que se dispersara a través de su mano al tiempo que Koichi se removía sobre sus piernas.
—Suele hacer eso cuando algo no le agrada —explicó, sujetando al niño para que se mantuviera quieto.
—Eso… —mencionó Renji, sorprendido— ¿Fue una esfera de reiatsu?
Shinji observó suspicaz al pequeño, analizando su comportamiento. Ikkaku chistó al comprender que la agresión a su cabeza al parecer había sido provocada por el infante.
—Según Urahara-san, sí —aclaró—. Comenzó a hacerlo hace unos meses, cuando cumplió un año —se encogió de hombros al recordar que ya había recibido algunos golpes de las diminutas esferas en varios arranques del pequeño—. No son lo bastante poderosas para destruir paredes, pero sí son molestas cuando te golpean directamente.
—El pequeño promete —comentó divertido el capitán de quinto escuadrón.
—Me alegro que heredara el control de reiatsu de su madre y no de su padre —agregó el pelirrojo, alzando una ceja.
Ichigo iba a reclamar sino hubiera sido por su hijo que comenzó a balbucear y a moverse inquieto para comenzar a gatear.
—¡Mamá! —se sentó a mitad de su trayecto, junto a su padre y de espaldas a los tres shinigamis mientras estiraba sus bracitos hasta la puerta de la habitación.
Segundos después, por ella entró una menuda fémina de cabellera oscura y corta, a la altura de su barbilla, llevando una vestimenta negra de shinigami. En cuanto su mirada índigo se cruzó con una de similar iris, pero con toques más inocentes, sonrió irremediablemente.
—¿Molestando a tu padre? —preguntó, cargando al niño mientras éste aprovechaba para abrazarse al níveo cuello.
Ignorando el hecho de que Koichi había comenzado a clamar por su madre antes de que ésta apareciera en la habitación, la morena se dirigió al varón de anaranjado cabello.
—Empezarán a alistarme para la ceremonia dentro de media hora —le comunicó—. Tú te tardarás menos pero supongo que durante la mañana te avisarán.
—¿Quién se quedará con Koichi? —cuestionó frunciendo el ceño.
—Inoue dijo que estaría con él durante la ceremonia, y además Ishida está terminando de confeccionar su atuendo —informó, arreglando el traje del niño que se había desacomodado cuando éste había comenzado a gatear—. Por cierto, nii-sama quiere hablar contigo.
Ichigo se extrañó de aquel hecho. Después de más de dos años desde que el capitán del sexto escuadrón los había atrapado en una comprometedora escena y había accedido a considerar su relación con la morena después de prometerle formalizar su relación por medio de las casas nobles, finalmente estaban cumpliendo con la orden del Kuchiki. Si bien se habían casado ya meses atrás en el mundo humano, disipando a la prensa que ya se volvían más insistentes que los Hollow, ahora también el Gotei sería testigo de su unión. Y además, era la primera vez que Koichi visitaba la Sociedad de las Almas.
—¿Qué querrá Byakuya? —se preguntó rascándose la cabeza.
—¡Bakuia! —balbuceó el pequeño, acomodándose en los brazos de su madre.
La morena parpadeó, mirando al infante. El padre sonrió divertido, entendiendo que su hijo había intentado pronunciar el nombre de su cuñado.
—No creo que al capitán le haga gracia que su sobrino lo llame igual que su padre —comentó Renji, sonriendo también divertido.
—Creo que me empieza a caer bien este niño —acotó Shinji.
Avanzada un poco más la conversación, el shinigami sustituto decidió acompañar a la morena y su hijo. Los dos se despidieron de sus camaradas e incluso Koichi hizo un gesto con la mano a modo de despedida, imitando las acciones de sus padres.
Rukia había recuperado sus poderes de shinigami. Meses después de nacer el bebé, comenzaron a manifestarse paulatinamente. Pero no sólo ella, también en el pequeño. Ambos habían asistido a la tienda de Urahara para mantener un control minucioso de sus situaciones, hasta que finalmente se habían estabilizado a tal grado de poder atravesar el Senkaimon, que los dirigiría a la Sociedad de las Almas. En cuanto llegaron, se sorprendieron de saber que los capitanes y tenientes, además de algunos shinigamis de otros rangos que eran cercanos a ellos, sabían de la existencia de Koichi. Se habían mantenido en contacto con Kisuke y habían concluido que el pequeño podía representar un fuerte aliado en un futuro.
La mañana acabó, y llegó la tarde. El patio de la mansión Kuchiki estaba cuidadosamente arreglado para la ceremonia que se realizaría en unos instantes. Algunas personas ya se hallaban en sus respectivos puestos mientras otras rondaban ajustando los últimos detalles.
Una mujer de cabellera larga sostenía a un pequeño de cabellos castaños con destellos anaranjados. Ambos vestidos con kimonos y acompañados por un varón de anteojos y otro de tez morena, también provistos de la vestimenta tradicional.
—¡Ishida-kun, el kimono de Koichi-chan es muy lindo! —comentó encantada la fémina, alzando al pequeño que la observaba curioso.
El aludido se ajustó los lentes.
—También le hice un traje blanco con una capa Quincy a juego —sonrió orgulloso.
Sado observó de soslayo al varón, no creyendo realmente en el hecho aunque sabía bien que Uryuu era capaz de ello. Orihime, sonrió divertida imaginando qué otros tipos de atuendos podía llevar el pequeño.
—Aún me sorprende que el capitán permitiera que gente que no pertenecen a clanes nobles asistieran a la ceremonia —un pelirrojo se acercó al grupo, con sus manos escondidas en las mangas del kimono que usaba—. Si hasta creo que el Capitán Yamamoto asistirá más tarde.
Todos miraron atentos a las personas que arreglaban el sitio donde la pareja que esperaban, haría acto de presencia en breve. Había también varios shinigamis de diferentes escuadrones.
Para ninguno de los cuatro era desconocido el gran cambio que había experimentado aquel mundo durante los últimos años. Si recordaran cómo era antes de que se ordenara la ejecución de Kuchiki Rukia, realmente era sorprendente la evolución que había tenido el Gotei, y en sí misma la Sociedad de las Almas.
—Koo —pronunció Koichi, en un intento de preguntar dónde estaba el león de peluche para seguramente jugar con él.
Los mayores sonrieron. Aquel niño estaba desenvolviéndose entre dos mundos, aceptando todo con naturalidad producto de su inocencia. Tenía conocimiento de un mundo del que la mayoría de los humanos ni siquiera era consciente.
Horas antes del atardecer, la ceremonia ya había dado inicio. Rukia vestía un pesado kimono blanco y su pelo llevaba unos adornos de complicado ensamblaje. A su lado, Ichigo vestía un kimono de apariencia más sencilla, pero que seguramente por su ceño fruncido, le había dado trabajo ponérselo al no estar familiarizado con la vestimenta tradicional.
La ceremonia se llevó a cabo acompañada de una música tradicional, la cual llamó la atención de Koichi, quien miraba a su alrededor buscando el origen del peculiar sonido. Durante el transcurso de la boda, el pequeño se dedicó a mirar el cabello de Byakuya, llamándole la atención el objeto que sujetaba su pelo.
Ya cuando todo finalizó y la seriedad se fue perdiendo, dirigida por una eufórica Rangiku que esperaba impaciente para celebrar bebiendo sake, los invitados comenzaron a alborotarse bajo la fulminante mirada del capitán del sexto escuadrón. Al menos, la ceremonia formalmente había concluido.
El pequeño observó intimidado por un momento el repentino ruido a su alrededor, notando que las personas comenzaban a incorporarse para dejar pasar a la pareja. Risas y comentarios se oían mientras los protagonistas mantenían su rostro sonriente. Emocionado por los aplausos que oyó, seguramente de parte de la teniente del décimo escuadrón y otros shinigamis ansiosos por continuar la celebración bebiendo, Koichi comenzó a revolverse entre los brazos de Inoue mientras sonreía alegremente.
—¡Billa! —fue el balbuceo del niño, antes de que una esfera se formara entre sus dos manitos y reventara creando un polvo que se extendió sobre sus padres.
El aire que los envolvía parecía centellar mientras el pequeño reía divertido por sus acciones.
La mirada castaña se topó con la índigo antes de que juntos caminaran hasta quedar frente al infante. Rukia alzó los brazos hacia Orihime, y ella comprendió de inmediato sus intenciones, entregándole al niño para que la morena lo cargara en brazos.
Aunque fuera contra la tradición de la ceremonia, ambos compartirían aquel momento con su hijo. Dispuestos a enfrascarse en la nueva travesía que significaba ser padres.
KOICHI [光一] : Del kanji luz/brillo [光] y primero/uno [一] "Primer brillo, primera luz"
…
Este fue el primer fanfic que comencé a elaborar. Nunca creí que llegara hasta los capítulos 20. Me llevó casi cuatro años, dos años retomarlo más bien dicho, puesto que conectarme con mi yo de esos años, y mi mala memoria... ¡Uf! ¡Si fue una odisea! Ni recuerdo qué almorcé ayer y tuve que hacer el esfuerzo de recordar qué pensaba mi mente años atrás.
Sinceramente, agradecer a todos los que siguieron este fic hasta el final (: Desde los que estuvieron desde el principio de esta historia y comentaron constantemente Beatifull Madness, .Inuzuka, Vivian Alejandra, Uchiha Katze, akitha, Eva Vidal, Koraru-san, Fraise Kers las que fueron apareciendo en el camino y me animaron con los comentarios JaNy, DragonFLy-one, SamanthaSC, Liz Okumura, moongirlanime, Maka009-chan, Euphrasie Elessar y cada vez más se fueron uniendo con sus buenos deseos y me motivaron para continuar la historia alecita122, Rav-Malakhim, nanda18, sangopame, Modca, MargoChanning, Anilorac, kasumi-chan, Dahia, gaby, kia, Vaanity, metitus, YOXXA, LadySc -Maaya, xoxokiss210, KKK21, vickyallyz, Carolitaz, Suilen, .Chocolate, elenita-chan, Koral Kurosaki, ichirukista, Nami, Kureimy, Akisa, Natsumi Anko, maxblast, kaoru240.
Pero sobretodo aquellas personas que después del lapsus de dos años aproximadamente, en que dejé de escribir esta historia por motivos varios, aún la siguieron cuando subí los últimos capítulos: Rav-malakhim, kia, alecita122 y por supuesto Vaanity (mi Twin vaga que sé que lee el fic pero le da lata dejar review) ¬¬ AHAHAHAHA
¡Si no he nombrado a alguien, tíreme kiwis y sáquemelo en cara!
Pero en serio, muchísimas gracias a todas aquellas personas que dedicaron su tiempo a leer este fic, que al final, fue escrito por una IchiRukista con abstinencia por culpa de Tite. ¡El IchiRuki mueve corazones!
Y bueno, les dejaría un mensaje de la vida pero no soy vieja para ello y tengo mucho sueño.
¡Que la Naranja Suprema los guíe en su camino!
Ahora, a todo dar con Páginas rasgadas (Leña ahumada) 1313 :$ Uy ejejeje
¡LOS AMO!
