Entre fuego y hielo

Capítulo 9: Declaración de principios

Abrí los ojos con pesadez mientras me desperezaba, no necesitaba mirar el reloj para saber que era tarde, y por primera vez en los pocos días que llevaba en el santuario eso me importó un rábano, era mi primer día libre y pensaba disfrutarlo al máximo. Wolfgang había protestado a lo grande cuando le advertí que mis días de descanso serían justamente para eso, y que por mucho que el resto del equipo estuviera trabajando, mis ritmos se guiarían por los del recinto

El pobre estaba por demás de molesto, al parecer mis inconstantes turnos estaban desorganizando su muy estructurado ritmo de trabajo. No pude evitar sonreír, por primera vez en años había logrado romper con los planes de Wolf, fueran estos los que fueran. Por mucho que quisiera a mi tutor existe una realidad innegable, yo era su pequeña Galatea.

Como Pigmalión, mi amigo era un perfeccionista absoluto, durante años, no solo había cambiado mi forma de hacer las cosas, sino que muchas veces intentaba controlar mi vida, de hecho, el que regresara al Santuario fue a causa de esa maldita manía; a pesar de eso, tenía mucho que agradecerle, me había formado como investigadora, y como siempre repetía, su perfecta compañera, para Wolfgang yo era su Galatea, su obra perfecta.

Pero, como siempre, yo había visto la mitad del cuadro hasta hace muy poco ¡que ilusa había sido! Yo misma conocía el final de aquella historia, Pigmalión, mientras creaba su estatua perfecta se había enamorado de ella y, cuando Afrodita le dio vida, la había hecho su esposa. Siempre había creído que era una historia de amor hermosa, pero caía en la cuenta por primera vez de un pequeño detalle, nunca nadie se había preocupado por saber lo que sentía Galatea.

"Supongo que me tocara averiguarlo"- suspiré saliendo de la cama, me cambié rápido, para encontrarme con Marin y Shaina que discutían con algunas aprendices

"Estas enanas son un maldito dolor de cabeza"- rumió la amazona de Ophiuchus mientras llegaba a su lado

"Voy al Coliseo a entrenar un rato- aseguré con calma- vienen?"- ambas me miraron con una sonrisa, asintiendo

"Y que piensas hacer esta tarde? Es tu día libre, deberías divertirte un poco"- opinó Marin

"Distraerte con tu colega no sería mala idea"- comentó Shaina y casi pude adivinar la sonrisa traviesa en su rostro- "el tipo es toda una distracción a los ojos"

"Eso me han dicho, pero aún no tuve la oportunidad de verlo"- suspiró la chica de águila

"No, gracias, eso lo hice anoche- reí- hoy prefiero salir con otro, como me sobran pretendientes... a decir verdad pensaba salir con Milo a dar una vuelta, desde que llegué no pude disfrutar mucho de mi maestro"

"Conociéndolo no se nega..."- Shaina se vio interrumpida por la imponente presencia que se acercaba, el largo cabello azul contrastando con la dorada armadura, el paso firme y seguro, su expresión impasible

"Oye esto Clío- me advirtió con seriedad cuando llegó a mi lado, clavó sus ojos en los míos de forma desafiante- solo voy a decirlo una vez y quiero que lo tengas en claro De mauvaises nouvelles, petite. Je t'ai plu ou je ne vais pas recommencer à rendre amoureux à toi, je vais te séduire et je ne m'arrêterai pas jusqu'à te rendre la mienne, comme il a dû arriver il y a dix ans. Rappelle-le, tu est la mennie – anunció impasible, para darse la vuelta- será mejor que lo recuerdes, ya estás advertida"- finalizó mientras lo veía alejarse.

Estaba pasmada, él... él iba a... sentí unas extrañas mariposas revolotear en mi interior, mientras mi mente anunciaba que debía estar furiosa, pero mi cuerpo no parecía poder reaccionar a nada

"Camus finalmente perdió la cordura"- sentenció Shaina con calma rompiendo el silencio finalmente

"Quien sabe todo lo que dijo en ese discursito en francés...- rezongó Marin quien volvió su atención a mí- Clío estás bien?"- negué lentamente con la cabeza

"él...-tartamudee incrédula- él dijo que...dioses... él va a ..."

"Estas queriendo decir que entendiste algo de lo que dijo el franchute?"- inquirió Shaina incrédula, asentí

"Aprendí francés en la universidad, lo hablo a la perfección"- expliqué mordiéndome el labio

"Camus no lo sabe ¿cierto?"- afirmó Marin y casi podía imaginar la sonrisa traviesa en sus labios, negué con la cabeza- "entonces todo lo que dijo fue para que vos no lo entendieras, pero para declararte sus sentimientos"

"No exactamente- expliqué nerviosa, sentía la saliva fugarse de mi boca, provocando esa molesta sensación pastosa- como lo escucharon lo que hizo fue hacerme una advertencia"

"Advertencia..."- repitieron al unísono

"sí... me advirtió que... no se detendría hasta que estemos juntos"- confesé en un susurro

"Y eso es bueno o malo?"- quiso saber Shaina pasando un brazo sobre mi hombro, comprensiva

"No lo sé- acepté suspirando- lo amo, y me gusta saber que quiere reconquistarme, pero a la vez... ya sufrí mucho, hay demasiado dolor en mi interior, demasiadas heridas que apenas está empezando a cerrarse"

"Deja que fluya, no pienses, deja que cumpla sus amenazas, tómate tu tiempo, lo que deba ocurrir ocurrirá en el momento y forma correctos, ni antes, ni después, no vale la pena romperse la cabeza en eso hasta entonces"

"Marin, por un momento creí estar escuchando a Shaka"- anuncié con un intento de sonrisa, mis amigas tenían razón, las cosas debían seguir su cause

"De hecho fue lo que él me dijo cuando yo estaba harta de esperar que Aioria se decidiera"

"Y finalmente lo hizo- recordó Shaina- quién diría que el leoncito es tan lento para estas cosas, con el ego que se trae..."

"Todos tenemos lo nuestro" suspiré con resignación- "vamos al coliseo, necesito entrenar, si no lo hago me voy a comer la cabeza y por mucho que lo haga no puedo hacer nada"

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Camus suspiró con calma, finalmente le había hecho caso a Milo y había hablado con la amazona, en verdad le había hecho bien sacar todos esos sentimientos a la luz, estaba mucho más relajado, claro que eso no tenía que implicar que la chica los entendiera, probablemente el escorpiano le diera una buena regañada por ello, pero tampoco le importaba mucho, continuó recorriendo el lugar asignado para su guardia, mientras comenzaba a planear su nueva estrategia, esta vez él sería el que la conquistaría, aunque fuera lo último en su existencia

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Me calcé la máscara antes de salir de mi dormitorio, traía unos jeans, una camisa entallada y zapatillas cómodas, luego de despedirme de las demás me encaminé al recinto, donde me esperaba uno de esos tipos que darían a mas de una un infarto y al que yo me empecinaba en fastidiar

"Donde quieres ir llamita?"- preguntó mi maestro con una sonrisa radiante

"Donde digas, tenía ganas de disfrutar una tarde con mi bichito"

"Entonces vamos por una buena taza de café y un gigantesco trozo de pastel y luego al parque quieres?"- tras estas palabras nos dirigimos a aquella pequeña cafetería que solíamos visitar diez años antes

Al atravesar sus puertas me sentí trasladada a aquellos tiempos en que mi mayor problema era obtener mi armadura e intentar tener a Camus a mi lado... bueno, hay cosas que no cambian, pero extrañaba aquella rutina, los entrenamientos por la mañana y temprano en la tarde, el café moka en la casa de Acuario, para luego meditar junto a Shaka, mis salidas con Milo y Camus o las horas de juego en la playa con Marin y Shaina cuando nos escapábamos de nuestros maestros... extrañaba esos años

A decir verdad el lugar había cambiado poco, con su cálido ambiente hogareño, no tenía más que cuatro o cinco mesas en el interior, y un par más en la vereda, a pesar de su aspecto rústico y tranquilo una cosa era segura, allí preparaban los mejores pasteles de este lado del Atlántico, aún recordaba la cantidad de veces en que había rogado a la dueña del local por al menos una de sus recetas, la regordeta mujer no hacía más que sonreírme mientras negaba con la cabeza, fue con esa misma sonrisa con que nos recibió antes de volver fruncir el seño

"Señor Milo... otra chica nueva?- lo regañó con seriedad- y amazona por lo que veo... la señorita Clío se enfadaría mucho con usted si se entera que sigue de picaflor. Por cierto... ¿no hay noticias de ella verdad?"- el dorado volteó a verme con una sonrisa

"Se lo dices tu o lo hago yo?"- preguntó travieso

"Se lo digo yo... pero a cambio- anuncié divertida- va a tener que darme la receta de su pastel de chocolate"- la mujer abrió los ojos sorprendida

"Señorita Clío, es usted!"- exclamó antes de abrazarme entusiasta, con aires maternales- "Por Athena cuanto ha crecido! Y que bonita está!"

"Señora Devetzi, es un placer volver a verla"- aseguré entre risas

"Muy bien esto hay que celebrarlo"- me indicó sonriendo- "les prepararé sus cafés y suficiente pastel de chocolate como para que revienten, y luego jovencita me contarás donde estuviste estos diez años"- sin más se perdió en su cocina, dispuesta a cumplir con lo dicho

"Has alegrado a mucha gente con tu regreso llamita"- me indicó mi maestro con cariño mientras nos sentábamos en nuestra mesa favorita. Poco después la retacona mujer llegó hasta nosotros con tres tazas de humeante café e igual cantidad de trozos de pastel

"Y bien jovencita, vas a contar tu historia?"- preguntó con una sonrisa.

Las horas pasaron una tras otra mientras contaba a mis acompañantes lo ocurrido en mi tranquila vida fuera del Santuario, mis estudios, mi familia, mis viajes

"Estuviste lugares geniales llamita!"- se sorprendió Milo

"Fue gracias a Wolfgang, es uno de los especialistas más importantes del mundo en Grecia Antigua y en muchos casos en sus contratos para las conferencias y cursos puso condición que yo lo acompañara, me dio oportunidades únicas, le debo mucho"- expliqué

"El tipo no me cae"- refunfuñó molesto a lo que la señora Devetzi le dio un zape

"Milo, Clío tiene derecho a estar con quien quiera"- le regañó, mi pobre maestro abrió los ojos como plato

"Tu no tienes nada con él cierto? Tu dijiste que..."

"No tengo nada con él, Wolf y yo somos amigos, en verdad ya me estoy cansando de tener que aclarar ese punto"- precisé cansada del tema

"De todas formas has hecho muy feliz a esta vieja- me indicó la dueña del lugar palmeándome la mano con cariño- los años están dejando sus secuelas y mis hijas ya casi no me visitan, organizaron sus vidas, al igual que mis nietos, a ninguno de ellos les interesa la cocina... Clío...¿aún te interesa aprender mis recetas?"

"Está bromeando!"- exclamé casi atragantándome con el último trozo de pastel, mientras la mujer negaba con la cabeza

"Ya no soy una jovencita, y me gustaría que el día de mañana, cuando ya no esté en este mundo alguien me recordara en mis recetas, y se que tu lo harías cariño"- me indicó palmeando mi mano, con las lágrimas a flor de piel

"Gracias"- susurré con un nudo en el estómago, emocionada por la confianza de aquella mujer, para ella sus recetas eran su más preciado tesoro, con lo que quería ser recordada en un futuro

"Ven cuando estés aburrida, te enseñaré todas mis recetas"-aseguró poniéndose de pie para darme un cariñoso antes de alejarse- "Y ni se les ocurra intentar pagar la merienda o me ofenderé mucho"- anunció en forma de despedida

Milo me miró sonriente alzando los hombros, entre risas nos alejamos del lugar en dirección al parque, este estaba poblado por parejas que lo recorrían abrazados y niños jugando de un lado a otro

"Nunca debiste irte de aquí llamita- comentó mi maestro pasando el brazo sobre mis hombros- estuvimos todos muy preocupados, sin una carta, una llamada, te esfumaste de un día para el otro y no supimos donde buscar"

"Sabes que no podía quedarme aquí"- susurré con tristeza- "no podría soportar verlo y saber que nunca podría estar a su lado, tu no estuviste ahí Milo, me trató como si fuera una pequeña bacteria insignificante que no entendía nada, él me destrozó, yo le entregué mi corazón y el no titubeó ni un maldito segundo en hacerlo pedacitos, no tenía fuerzas para volver como si nada, fue tan... humillante"- susurré sintiendo las lágrimas en mis ojos, sintiendo como mi maestro me abrazaba

"Lo sé pequeña, me tomó mucho tiempo poder perdonar a Camus, solo después de volver del Inframundo y que aceptara varias cosas volví a dirigirle la palabra, no estuve ahí pero no necesito ser un genio para saber que mi amigo es un idiota, un idiota que se dio cuenta demasiado tarde de cuanto te amaba y que nunca tuvo la valentía para afrontarlo. ¿Aún lo amas?"- no pude evitar morderme el labio nerviosa, mientras las lágrimas caían por mi rostro

"Athena sabe cuanto intenté sacármelo del corazón y cuanto intenté olvidarlo pero... creí haberlo logrado, pero al regresar yo..."

"Lo sé pequeña- suspiró- lo amas demasiado cierto?- asentí entre lágrimas- él también te ama y creo que esta vez no está dispuesto a dejarte pasar"

"Lo sé- recordé- me lo dijo"

"Te lo dijo? Vaya, no creí que me hiciera caso en eso"

"De hecho..."- mi maestro no pudo evitar sentir nuevamente su instinto asesino direccionado a su mejor amigo cuando le expliqué lo ocurrido

"Feh! Al menos esta vez el tiro le salió por la culata- refunfuñó- supongo que ni se planteó la posibilidad de que hables francés"- no pude evitar reír ante eso- "Y que es lo que piensas hacer?"

"No tengo idea- acepté- lo amo, pero me lastimó demasiado, yo... no estoy muy segura, necesito tiempo, tiempo para volver a estar cerca de él sin sentirme aterrada, tiempo para poder mirarlo a los ojos y saber lo que le pasa, tiempo para poder volver a confiar"

"Me alegra oír eso- sentenció mientras nos encaminábamos de regreso al Santuario- Camus es mi mejor amigo, pero no me gustaría que estuvieras con él si no lo deseas, pase lo que pase sabes que cuentas con mi apoyo llamita"

"Gracias mío Milo"-susurré, mientras él se apresuraba a cambiar de tema. Nos despedimos e la entrada del recinto, entre risas, mi maestro tenía una inexplicable habilidad para hacerme reír

Al llegar Marin y Shaina me sonrieron cómplices, hablando en código entre ellas, pero al entrar en mi dormitorio las entendí, allí sobre mi cama habían dejado un inmenso ramo de tulipanes rojos, y justo en el centro una única y perfecta orquídea blanca. No pude evitar sentir mi corazón latir acelerado, mientras esa tibia sensación se apoderaba de mi cuerpo, me acerqué a tocar los suaves pétalos, con una sonrisa en los labios. El mensaje había llegado en su totalidad

Este capi iba a publicarse el viernes pero... TToTT se me rompió el modem TToTT de todas formas ya fue solucionadoy estoy con el nuevo capi, a partir de ahora les pido a quienes dejen reviews anonimos dejen una direccion de mail, ya que les contestaré por mail ( así me aseguro de que lean las respuestas) :P En este capi hay varias cosas que explicar entre ellas lo que dijo Camus, aclaro que yo hice esta traducción y no estoy del todo segura que sea sintacticamente correcta, pero fue mi mayor esfuerzo

De mauvaises nouvelles, petite. Je t'ai plu ou je ne vais pas recommencer à rendre amoureux à toi, je vais te séduire et je ne m'arrêterai pas jusqu'à te rendre la mienne, comme il a dû arriver il y a dix ans. Rappelle-le, tu est la mennie:Malas noticias pequeña. Te guste o no voy a volver a enamorarte , te seduciré y no me detendré hasta hacerte mía como debió ocurrir hace diez años. Recuerdalo, tu eres mía (sí el chico se puso posesivo)

Significado del ramo: Tulipanes, significan un romance, amor respetuoso, entregado y fiel, al ser rojos demuestran pasión, la orquidea es la "firma" por decirlo de alguna forma, es la flor que simboliza a Acuario, además de la belleza

Bueno... creo que es todo, si les gustó el capi, apreten el botoncito morado de abajo y dejen un bonito review que va a hacer muy feliz a esta autora. Como mañana es mi cumpleaños habrá torta para todos los que dejen reviews.Nos leemos!