Titulo: Darkness
Autor: eminahinata
Fandom: Hawaii Five-0
Palabras: 1,764
Pareja: OMC/Daniel Williams (no consentido), Rachel Edwards/Daniel Williams, Steve McGarrett/Daniel Williams
Advertencia: Slash, Personajes Originales, ligero crossover, un poco AU, mención de abuso sexual y psicológico, suicidio e intento de suicidio. Angts.
Universo: Serie Memorias de Jersey, pero en un Universo Paralelo a esté.
Disclaimer: Hawaii Five-0 y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de K/O Paper Products y 101st Street Television en asociación con CBS Productions. Este fic se hace sin fines de lucrar, ¿vale? Si fueran míos, Danno y Steve estarían juntos desde hace mucho tiempo de forma definida y no sólo por el condenado y maravilloso subtexto. ¿Qué? ¡Se vale soñar!
Resumen: La oscuridad ha rodeado la vida de Daniel Williams por mucho tiempo. Y todo por un pasado tormentoso. ¿Qué descubriste, Lori? AU. Slash.
Notas de Autor: ¡Hola! Bien, he aquí el final. ¡Si, el final! Estoy pensando en hacer un epilogo, pero mientras tanto me siento muy orgullosa de esta historia. Realmente muy orgullosa de terminarla y que haya sido recibida bastante bien. Muchas gracias a todas esas personas que tomaron un poco de su tiempo a leerla y un gran abrazo a esas personas que tomaron un poco más y comentaron. No saben lo feliz que me hacen. Saben que sus comentarios son siempre bienvenidos y sin más que agregar, ¡a leer!
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Darkness
Parte 4
By: eminahinata
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Ya eran más de las dos de la tarde cuando el ritmo en la oficina del 5-0 volvió a fluir. Kono se traslado al baño de damas a borrar la evidencia de su llanto, mientras Chin recogía los alimentos y los almacenaba en el congelador para otro momento. Steve, por otro lado, no había dejado de mirar su reloj por un momento, antes de suspirar y tomar el archivo, dispuesto a guardarlo en un lugar seguro, lejos de los ojos curiosos. Esto era secreto de Danny y ellos no eran nadie para decirlo así como así.
Un sonido lo alerto minutos después.
−McGarrett –contesto su móvil, su voz un poco ronca por las emociones contenidas.
−Comandante, habla Rachel –frunció el seño ante el tono preocupado de la mujer, mientras caminaba a donde el resto se encontraban reunidos en la mese electrónica.
−Sí, ¿puedo ayudarte en algo, Rachel? –pidió, colocándolo sobre la mesa para que fuera escuchado por el resto. Al otro lado de la línea se escucho un suspiro.
−Si… es Danny… −.
−¿Qué sucede con Danny? –pregunto rápidamente, su mente trabajando a gran velocidad.
−… Ustedes saben, ¿no? –dijo en un murmullo−. Ustedes saben sobre… eso, ¿verdad? –el moreno vio a sus compañeros un momento antes de contestar.
−Si... lo sabemos –al otro lado se escucho un sollozo.
−¿Saben qué fecha es hoy? –pregunto con temor. Kono rápidamente vio en su calendario y vio la fecha.
Mierda.
−6 de abril –dijo en un hilo de voz la morena.
−Estoy, desde hace diez minutos, afuera de la puerta del apartamento de Danny y no me abre –gimió en un tono desesperado−. Los últimos días ha estado actuando raro y… −dejo al aire las palabras. El corazón del resto del 5-0 se detuvo−. Por favor, apresúrense −.
−Maldición –susurro Joe y al segundo siguiente Steve salía de la puerta de la sede.
−Rachel, Rachel –tomo el móvil Chin−. Llama a una ambulancia. Nosotros estaremos ahí en unos minutos –dijo, corriendo tras su jefe. A su lado Kono corría y tras él Joe.
−Está bien –fue lo último que dijo antes de cortar la llamada. Cuando hubieron llegado al estacionamiento, Steve ya estaba dando la vuelta en la esquina, por lo que rápidamente abordaron el auto de Kono y siguieron a toda prisa la camioneta de Steve.
"Danny… ¿Qué has hecho?" Fue el pensamiento de todos en algún momento.
Cuando Steve llegó al apartamento de su compañero en menos de diez minutos, encontró a Rachel en la puerta intentándolo forzarla y al fondo el bullicio que hacia la alarma de la ambulancia.
Sin pensarlo, aparto a la mujer y con una patada hizo ceder la puerta del apartamento, su corazón latiendo rápidamente ante la oscuridad que le dio la bienvenida.
−¡Danno! –grito, buscando en todo el interior, pasando de largo a la mesa en donde se encontraba un cuaderno negro descansando inocentemente en la superficie. En la puerta Rachel veía todo sin saber qué hacer, una de sus pesadillas hecha realidad−. ¡Danno! –volvió a gritar el comandante, cuando se acerco a la única puerta que no busco: el baño.
Con cierto miedo abrió rápidamente la puerta y encontró lo que había estado intentado negar en los últimos minutos: a su querido Danny en el suelo, su rostro pálido y su cuerpo encorvado casi en una posición fetal, un pequeño frasco a escasos centímetros de la mano extendida del rubio. Se quedo en shock y los siguientes acontecimientos se sintieron como si estuviera flotando en agua.
Unas fuertes manos lo apartaron de la puerta y vio como Chin se inclinaba sobre el cuerpo de su pareja, buscando sus signos vitales y ladrando ordenes a los paramédicos que se acercaron con rapidez. En el fondo podía escuchar a Kono tranquilizando a Rachel, quien cayó de rodillas al suelo hace un tiempo, y a Joe hablándole en algo que su mente no podía registrar. Lo único en que su mente podía concentrarse era en como su compañero, su mejor amigo, su amor, era transportado en una camilla, un paramédico colocando sobre su nariz y boca una bomba de aire.
Esa imagen lo perseguiría por el resto de su vida.
Esa imagen le recordaría lo frágil que era la vida.
Esa imagen lo atormentaría cada día.
Stan Edwards al no más entrar a la sala de espera, se acerco a su esposa y la abrazo contra su pecho, dejando que la mujer que amaba llorara y desahogara todo su dolor.
Vio a los amigos de Danny también en aquel lugar, una profunda tristeza aplastando su corazón ante las expresiones de angustia y miedo en cada rostro conocido.
Él también tenía miedo y sentía tanta pena por lo ocurrido. Nunca había odiado o algo por el estilo al detective. Él admiraba a ese hombre fuerte y valiente, admiraba la gran determinación y lo que hizo por cada ser humano que conoció en el transcurso de su vida. Él no se atrevía a odiar a alguien que lo único malo que hizo en su vida fue desear a la mujer de otro hombre, a la cual amaba con todo lo que tenia.
En su momento también se sintió culpable (y aun lo sigue sintiendo), ya que él era un factor más que causaba tanto dolor en aquel hombre, pero luego de lo ocurrido con el embarazo, todo el drama y como Danny se disculpo con él… fue algo que no se esperaba. No esperaba que el rubio se sintiera culpable también. ¡Él era el que tenía que disculparse! Y luego sucedió lo del parto de su esposa y que tontamente había aceptado ir a ese viaje de negocios y la fotografía que el rubio le envió por correo. Su corazón se había detenido en media reunión cuando la recibió, y no sólo por ver a su hijo, sino por el gesto que el detective tenia hacia él. Comprendió porque Rachel se enamoro de ese hombre. Después el secuestro de la pequeña Grace y más tarde como Danny le agradeció por largo tiempo el haber aceptado una bala por su hija. Él sonrió y también le agradeció al detective por permitirle se parte de la vida de esa niña maravillosa.
Él admiraba a Danny y cuando Rachel le contó hace unos días que sospechaba que el rubio sufría depresión y sobre el pasado de éste, esa admiración creció aun más. Pero la tristeza de que alguien como Danny tuviera que pasar por algo así fue grande también. Y cuando recibió la llamada de su esposa entre sollozos, no dudo en salir del trabajo y conducir hasta el hospital.
Ahora, en silencio, todos esperaban lo mejor.
Danny despertó en un jadeo, sus músculos tensados por la incomodidad, por lo que se removió un poco para mejorar la posición en la que se encontraba recostado en aquella superficie blanda que, sabía, era la cama de hospital. Suspiro un poco y lentamente, parpadeando para que sus ojos se acostumbraran al flujo de luz, abrió sus ojos y descubrió el techo blanco. Parpadeo nuevamente y volteo su rostro para quedar cara a cara con su compañero, que lo veía con una expresión que él no podía descifrar.
¿Qué había sucedido? Entrecerró los ojos y ladeo un poco la cabeza, forzando a su mente a recordar. Oh, cierto: las pastillas. Volvió a cerrar los ojos y al abrirlos los poso en el reloj que se encontraba en la pared tras Steve. Diez de la noche.
−Steve… −regresó sus ojos a su compañero, para nuevamente apartarlos, totalmente avergonzado− Yo… −carraspeo. Segundos después una mano cálida tomaba su mentón y guiaba su rostro para encontrarse con un par de labios suaves. Fue simplemente un toque, un roce entre ambas bocas. Él parpadeo al momento en que se separaron y vio con confusión a su mejor amigo.
−…Eres un idiota –dijo con la voz ronca el Seal, sorprendiendo al detective que hasta ese momento vio las manchas de las lágrimas en las mejillas morenas de Steve−. Debiste… debiste… −negó con la cabeza.
−¿Qué cosa? –susurro.
−¡Lo que sea, pero no esto! –dijo furioso, levantándose como un resorte de su lugar−. ¿Por qué diablos no lo dijiste? ¡Pudimos haberte ayudado! –lo vio y con horror vio como eso ojos que tanto amaba se llenaban de lágrimas. Oh, mierda−. Danny… −.
−Yo… −se lamio los labios, sintiendo repentinamente seca la garganta−. Yo… te-tenía miedo, Steve… Tengo miedo… −parpadeó evitando que las lágrimas salieran, fallando estrepitosamente cuando la cálida sustancia se deslizo por su fría piel.
El moreno se quedo inmóvil en su lugar, viéndolo con los ojos grandes.
−Danny –suspiro, pasando su mano por su cabello, antes de acercarse al lugar que minutos antes ocupó y tomar nuevamente asiento en el−. Nosotros… nosotros lo sabemos. Encontramos el archivo en el escritorio de Lori –se mordió el labio inferior el escuchar el sollozo de su amigo−. Yo… nosotros… −.
−Está bien… −dijo con la voz temblorosa− Está bien… −.
−No lo es –dijo Steve, bajando los ojos al suelo, sintiendo tantas cosas en pocos segundos. Si tuviera a ese bastardo en frente, él…Cerró los ojos y los volvió a abrir cuando una mano callosa tomo una de las suyas con suavidad. Vio ambas manos por un momento, sorprendiéndose de lo pequeña que en ese instante le parecía la de Danny, antes de alzar la cabeza y encontrarse de nuevo con esos ojos.
−Lo es ahora –una sonrisa temblorosa se formo en los labios del detective y el moreno ejerció más fuerza en el agarre.
El silencio se hizo en los siguientes veinte minutos, en donde Steve no soltó por ningún momento la mano de su amigo y Danny se perdía en sus pensamientos, poco a poco cayendo nuevamente en el sueño.
−Lo siento… −murmuro el rubio, sus ojos sintiéndose demasiado pesados en ese momento.
−No, Danny… −con su otra mano acaricio la mejilla sin afeitar del rubio, sintiéndose tremendamente feliz de poder hacer eso y sentir calidez en el tacto−. Ahora duerme. Yo cuidare de ti –el rubio lo vio por un momento, recordando esa palabras en otras circunstancias.
Esas palabras que lo persiguieron durante más de veinte años.
Esas palabras que ahora tenían un nuevo significado.
Y sonrió, cerrando sus ojos y permitiendo que Morfeo lo envolviera en sus brazos protectores. Ahora todo estaba bien.
Mientras tanto, Steve cumpliría su promesa, velando el sueño del hombre que ocupaba esa cama. Sabía que era un camino muy largo que recorrer, pero él iría al fin del mundo por Danny Williams.
Él iría al fin del mundo por su Danno.
-Fin-
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