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"Lágrimas de Cristal"

Por Ludra-Jenova aka SLE

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XxX•Notas de Ludra•XxX

Hallooooo! Había estado ocupada! De hecho esta es una actualización en friega! Porque aún estoy ocupada, nito terminar una animación para mi servicio social y pos tarda eso…así que como siempre me di un break….rayos la neta si lo necesito…en fin, después de esto a chambiar duro! XDDD jajajajaja…No tengo más que decir!


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¡Disfrútenlo!
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V
-My precious one-

(Mi precioso)

Días, meses, años…todo pasa tan rápido, el mundo cambia y evoluciona. Las personas se vuelven mejores como malvadas; cambios en las culturas, en los países, nuevas uniones, nuevas modas…y el mundo, como siempre continúa con su marcha…

América se une con Japón, Alemania con Italia se consolidad juntos, Rusia por fin es uno con China, Francia al fin se une con Inglaterra y Sweden se desliga de Finlandia para formarse con Denmark…

El mundo contempla momentos de dicha, de nuevas uniones, de nuevas vidas. A pesar de eso, no todo es felicidad…

Pequeñas guerras se empiezan a conformar entra varios países, tensiones entre otros, discusiones, prohibiciones, drásticas leyes, cambios de jefes…momentos rancios llegan al térreo.

Aunque para una nación, no importaba cuantos años pasaran o si el mismo infierno llegaba, todos los días eran igual para él. Vacios.

Austria observa el paisaje desde una ventana en su despacho; llevaba ahí varias horas mientras un gran número de archivos se apilan en su escritorio, esperando por ser leídos o al menos ser abiertos. Desde hacía mucho nada la importaba. Los conflictos eran resueltos por su jefe con ayuda de Alemania y Hungary; la moral de su gente estaba baja, las tensiones con los países del mediterráneo eran fuertes y la guerra en que se hallaban envueltos, no le interesaba en lo más mínimo.

El teléfono comienza a sonar. El castaño no hacía afán de querer atenderlo, de inmediato la contestadora entra.

«…Está hablando a la nación de Austria, por favor deje su mensaje y nos pondremos en contacto con usted…»la voz de la contestadora era de Elizabeta.

«…"¡Roderich!" Era el rubio."¡Roderich, soy yo Ludwig, necesito hablar contigo, ¡es urgente!"…»

Austria continuó con su semblante frío, en la misma posición. Caso omiso.

«…"¡Roderich! ¡Se trata de mi hermano!"…»

Lo último lo sacó de su ensimismamiento. Se voltea hacia el teléfono, completamente atónito.

«…"¡Es un milagro! ¡Por favor Roderich contesta, necesito que vengas, es importante!"…»

"¡¿Ludwig de qué se trata?" contestó de inmediato. "¡Más vale que no sea una broma!"

«…"¡Yo no bromeo!"…» Refunfuñó. «…"Roderich, necesito que vengas a mi casa, ¡tienes que ver esto!"…»

"¿Qué es?"

«…"¡No te puedo decir! ¡Es increíble, tienes que verlo por ti mismo!"…»

El castaño se separó del auricular, mirándolo con desconfianza; no sabía que pensar, estaba intrigado por esa alegría en la voz del Alemán, debía ser realmente increíble para sacar esa reacción de alguien como él. No obstante, la experiencia lo hacía sospechar, no sería la primera vez que le hablan diciéndole de «algo asombroso» para hacerlo salir y tratar de alegrar su existencia.

«…"¿Roderich?"…»

"Si no me informas Alemania, me temo que no iré" su voz era seca.

«…"¡¿Qué? ¡¿Desconfías de mí?"…»

"En este momento, no confío en nadie" sentenció.

«…"¡CÓMO PUEDES DECIR ESO! ¡Todavía trato de info-…!"…» no terminó de hablar cuando de repente en la línea se escucha otra voz interrumpirlo, una de un pequeño.

«…"¿Hermano que haces? ¿Estás hablando?, yo también quiero hablar con tus amigos, ¡déjame!"

"¡No! Espera, ¡dame el teléfono!…» se oyen movimientos y ruidos de dos personas riñendo por el aparato.

'¿Qué está pasando ahí?' Austria inquiere mentalmente. '¿Quién es ese niño? ¿Le dijo…hermano? ¡¿Qué está pasando?'

«…"¿Hola?"…»La voz lo hela, sus ojos abren como nunca y queda enmudecido. «…"¡déjame hermano, quiero hablar! ¡HOLA! Quien sea, gusto en conocerte amigo de mi hermano, soy Prussia"…»

Entra en shock, aún sin poder creer lo que escuchaba.

'¿Prussia?… ¡¿PRUSSIA?' era una broma, debía serlo. '¡No puede ser! ¡Es imposible!'

«…"Pero puedes llamarme Gilbert"…»

Su corazón empezó a latir velozmente, un remolino de emociones se acumulaban en él, pero la más grande era la duda. ¿Era verdad?

Era su voz, aquella que escuchó cuando eran pequeños países, cuando eran niños, ¿por qué se escuchaba así?

No había solución ahí donde se encontraba, debía ir con Alemania, tenía que saber si realmente era Prussia, «SU» Gilbert. Sin importarle más dejó caer el auricular, tomó un abrigó y se marchó.

«…"¿Hola?… ¿Hay alguien ahí? Shee… ¡hermano me dejaron colgado!"…»

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No hay alegría más alegre que el prólogo de la alegría...
Mario Benedetti

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"¡LUDWIG!"

El gritó se escuchó por todo el lugar. La llegada de Roderich se hizo notar con grandes estruendos; aunque le hubiera gustado al rubio que hubiera sido hecha, en silencio y sin casi romper su puerta.

"¡LUDWIG!"

Volvió a llamar al ver al rubio sentado en sala, lo estaba esperando desde hacia… ¿unos segundos? Cuando quería podía llegar rápido el castaño.

"¡Roderich! por favor no grites, estoy enfrente de ti, no es necesario" tosió un poco, intentando bajar los ánimos del otro hombre y mantener un poco la tranquilidad en su casa.

"¡Disculpa!" No podía bajar el volumen, estaba demasiado ansioso. "¡¿Dónde está? ¡¿E-Es verdad qué es él?" Inquirió, más guardo silencio al recibir su respuesta.

"¡Hermano!" Una nueva voz llegó a ellos. "¡¿Por qué tanto escándalo? ¡¿Quién grita? Shee"

Austria volteó lentamente hacia la nueva voz. Al verlo, todo su ser estremeció, ahí frente a él se encontraba la persona que tanto amaba, a quien le ha dedicado su pena, sus memorias, todo. No podía creerlo, aunque lo estaba viendo, era casi como un sueño…varias veces había soñado con volverlo a ver, más ahora, parecía tan real.

"Hermano, quiero presentarte a Rod-… ¡RODERICH!" asustó al ver caer de rodillas al austriaco.

"Es un sueño…" Austria murmuró, ojos tan grandes como orbes. "…es un sueño, no puedes ser real…"

Alemania asustó al verlo así, no sabía qué hacer o decir, no obstante, no hubo necesidad.

"¿Tú eres Austria?" Prussia le toca la mejilla con su pequeñita mano. Curiosidad y admiración en sus rasgos.

"S-si…me llamo…" su voz apenas si podía salir de sus labios. "Roderich"

En ello el pequeño alegra, para sorpresa del castaño.

"¡Eres tú!" Sonrió ampliamente. "No sé cómo, pero recuerdo a alguien con ese nombre…" medita un poco. "Yo le decía… ¿cómo le decía? ¡Ah ya! Rody jejeje"

Roderich estaba perplejo.

'Me recuerda… ¡Prussia me recuerda!'

Su mirada cambia a una abemolada, sus ojos se vidrian y por fin, después de años de soledad, hace lo que siempre quiso. Le abraza.

"Gilbert…eres tú…" su voz fue tan tierna. "Haz vuelto, soy tan feliz"

Su abrazo intensificó, todo sus sentimientos vertidos en ese simple gesto. Prussia estaba confundido, aún así no hizo afán de alejarse, por una extraña razón, le agradaba mucho ese abrazo como si lo hubiera anhelado hace años.

Alemania sonrió, después de mucho tiempo sin él, ahora por fin había regresado a ellos. La felicidad volvía.

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… La ilusión, es lo único bello de esta vida, mientras exista, la esperanza nunca muere...
S.L.E

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El momento de emotividad duró un tiempo, al pasar una larga plática entre los mayores se dio a lugar. Había mucho por decir, por explicar. Un milagro ocurrió, más siempre hay algo por detrás y Austria quería saberlo.

Ludwig explicó por qué Prussia era demasiado pequeño. En realidad era bastante simple; se basaba en una regla aplicada a cada uno de ellos desde tiempos inmemorables. Cuando se crearon o mejor dicho, cuando nacieron, cada uno de ellos era un infante, así duraron por años hasta que sus países se consolidaron, tomaron poder, reconocimiento, tierras y su economía creció. Solamente después de esto, podían madurar, llegar a convertirse en adultos y verse como solía hacerlo. Era fácil de entender, cada uno de ellos pasó por el mismo periodo. Con Prussia era igual.

Roderich al estar en su estado de lamento perpetúo, dejó a su gente y su gobierno en manos de Alemania y Hungary, con el pasar de los días, una guerra entre varios países mediterráneos se formó. Ambos ayudaron a defender sus tierras como las del castaño. Los disturbios duraron por un largo tiempo, sin dar tregua, hasta que al fin terminaron. Con la maravilla de tener un nuevo país en su mano.

Se consolidó una junta entre ellos para saber el nombre a esas nuevas tierras en su posesión. Los desacuerdos fueron grandes, duraron días, meses…hasta que al fin, se le nombró como Prussia. Y el nuevo pequeño nació.

Austria estaba feliz, hacía años que no se encontraba con esa alegría en su rostro, con el sentimiento de júbilo, con sonrisas y con ilusión. Volvía a ser él ¡aún mejor! Con el tiempo creyó que moriría de dolor, por pena, más el día volvía calentarlo.

Este día debía ser memorable. Tan pronto pudo marcó el 14 de Mayo, como el día Prussia. Cuando por fin, el peliplateado había regresado a él.

El júbilo era grande, más no todo es de oro. Si bien Prussia había regresado, no era el mismo «Gilbert» que conocían. Las diferencias eran grandes.

Ludwig le explicó que su hermano ya no le llamaba West, inclusive dudaba que fuera su hermano, pensaba en Hungary como su madre, no era agresivo ni se desesperaba con facilidad, al contrario tenía una paciencia de oro; no solía alardear ni decir lo increíble que es, como usualmente hacía; tenía la tendencia a conservar muchos animales; su cabello era más blanco que plateado y su actitud era servicial.

Roderich comprendía lo que decía el rubio, desde el principio se veía diferente; físicamente era el prusiano: tez blanca, ojos rojos, la misma voz, a diferencia de su cabello, era la viva imagen de Gilbert cuando era pequeño. Aunque para ser sinceros, no le importaba, para él seguiría siendo Prussia, «su» Prussia.

Verlo ahí, cerca de él, corriendo, jugando, siendo feliz, era lo único que necesitaba, su alma emocionaba. No lo perdería, esta vez no lo dejaría ir, lo protegería con su vida, siempre estaría a su lado y nunca dejaría que nadie lo lastimara.

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La champaña de la vida, eso es la sonrisa de la persona que amamos…
Doménico Cieri Estrada

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Los días venideros llegaban con grandes promesas, la felicidad parecía no parar con memorables momentos.

Prussia comenzaba a formarse más y más. Su economía iba incrementando, sus tierras se fortalecían y los demás países le reconocían. Todos estaban felices de verlo de nuevo. Cada uno de ellos le dio regalos para ayudarlo con su gente; entre coches, puentes, robots y comida, festejaban al peliblanco.

Más los mementos de dicha, siempre duran poco…

"¡Rody! ¡Hermano!"

La pequeña voz de Gilbert se escuchó por los pasillos de la casa.

Había estado tomando una siesta y al despertar por una pesadilla, se percató que Austria no se encontraba a su lado, como solía hacerlo. De inmediato se puso a buscarlos. No era normal que lo dejaran solo, menos Roderich, quien desde hacía tiempo se había convertido en su guardián y protector, como su mejor amigo. El no estar ahí con él le preocupaba.

Quizás era pequeño y sin grandes problemas, pero no era estúpido. Sabía que ambos hombres trataban de ocultarle información, referente a las nuevas guerras. Su nacimiento se dio en torno a una y aunque había terminado, al parecer los países mediterráneos no querían rendirse; los conflictos continuaban. Su hermano, su amigo y su mamá hacían todo lo que podían para no involucrarlo. ¿Por qué? Realmente no les comprendía.

Continuó buscando por doquier, el lugar estaba vació a excepción de su presencia y la de sus mascotas. De pronto un pequeño canario voló hacia él, era su favorito; Rody se lo había regalado, su nombre era Gilbird. Desde el momento en que lo recibió se encariñó con la pequeña ave, aún más al saber que Austria se lo había dado. Ambos eran inseparables, a veces el canario parecía ser inteligente, obedecía sus órdenes y le estimaba, bastante singular para tratarse de un ave, además, tenía la sensación de conocerlo desde hace muchos años.

"¿Ya los encontraste Gilbird?" preguntó a su mascota.

El pajarito trinó y voló de sus manos.

"¡Espera Gilbird!"

El ave hizo caso omiso y voló lejos por los pasillos, seguido de cerca de su amo. Al girar por un pasillo el chico llegó a una puerta grande medio abierta. Detuvo observando el lugar, no había caminado por esos lugares, la casa de Austria siempre lo sorprendía con novedades; en ello ve el pajarito salir de la puerta, Gilbird se quedó ahí, esperando por él por entrar. Y así lo hizo.

El cuarto era grande, la oscuridad no le permitía ver, a tientas trató de adentrarse hasta que la luz se hizo. Gilbird había prendido el interruptor para su sorpresa y agrado. Era una biblioteca o al menos eso parecía. El peliblanco observó el lugar sorprendido, no había visto tantos libros en su corta vida, lentamente aún maravillado por su descubrimiento, se acercó a los estánteres y tomó uno.

Al abrirlo leyó en voz alta lo que decía…

"El genial yo…diario… ¡250!" le miró aturdido. "¿Esto es un diario?" observó nuevamente a todos los libros en el cuarto. "¡TODOS SON DIARIOS!"

Gilbird voló a su hombro cantando con alegría.

A lejos, en una mesita había otro libro, le llamó la atención. Al contrario de los demás que parecían estar en buenas condiciones, ese estaba maltratado, viejo, como si lo hubieran olvidado en algún lugar por años. Se acercó.

"Que extraño, este libro está muy maltratado" al tomarlo rompe un pedazo de una hoja. Con cuidado, trata de ver su contenido. "Le falta hojas…curioso ¡ah! Este tiene escrito Gilbird"

Le dice al pajarito, y acomodándose en la silla comienza a leer…


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"¡Debemos atacar!"

Todos guardaron silencio al oír al austriaco.

"No permitiré que intenten atacar a Prussia, ¡esto es inaudito! ¡Esos malditos!" Roderich se encontraba furioso.

Ya llevaban un largo rato en la junta, los tres países estaban proponiendo maneras de evitar la guerra contra los mediterráneos o al menos aplazarla. La última fue devastadora para su economía y aún no lograban reponerse; sin embargo, al crearse la nueva Prussia, los ataques se centraban primordialmente ahí, como medida para apoderarse de un país importante para los tres e igual uno débil, cual no podría contrarrestar sus esfuerzos.

Alemania junto con Hungary no quería llegar de nuevo a las armas, la violencia recaería problemas, aún más para el joven Prussia. Por el contrario, Austria no le agradó la idea de otros países intentando lástima a Gilbert, no lo permitiría ¡Jamás! Si querían guerra la encontrarían con él. La hostilidad de su amigo los preocupaba, no eran momentos idóneos para simplemente «pelear», debían pensarlo con mente fría y no con sentimientos.

"Roderich, no podemos hacerlo" Alemania trató de disuadirlo, aunque ya llevaba horas intentándolo sin resultados.

"Entonces piensas dejarlo qué ataquen a Prussia así no más, sin impedirlo, ¡QUÉ CLASE DE HERMANO ERES!" bufó.

"¡No tienes ningún derecho de cuestionarme!" Su paciencia se agotaba. "¡Quiero a Gilbert tanto como tú!"

"¡No como yo!" sentenció.

Alemania tragó un poco, su cabeza comenzaba a dolor. Ya estaba harto de esta discusión sin sentido. Comprendía a la perfección porque Austria se sentía sobreprotector con su hermano, no obstante, debía de actuar como solía hacerlo, con razonamiento.

"De acuerdo, «nunca» como tú…" suspiró. "Austria por favor, deja de pensar con el corazón, no podemos irnos de nuevo a guerra solamente porque quieres proteger a mi hermano, es…no es inteligente"

"¡Amo a Gilbert y no permitiré que por cobardía le hier-…!" no terminó cuando una cachetada lo calla.

"¡Austria!" Hungary clamó.

Ambos hombres estaban sorprendidos, la chica no solía levantar la voz ni mucho menos, abofetear al castaño.

"¡Por favor reaccione!" se veía bastante molesta. "¡Ninguno de nosotros es un cobarde! No tenemos miedo de pelear por alguien querido, pero ¡piense! Tenemos en nuestras manos un nuevo país, cualquier decisión que tomemos afectará a Prussia, ya sea bien o mal y una guerra, podría destruir la poca fuerza que ha reunido" Austria la veía aún perplejo. "Eso es lo que quieren, si nos vamos a las armas, es como darle luz verde para atacarle, acabaría con él, ¡ESO QUIERES AUSTRIA!"

"No…" dijo seriamente.

"Tenemos un tratado de paz, son pocos los países que quieren continuar con este estúpida guerra" su voz abemola. "Quieren desbalancearnos, provocarnos, eso esperan de nosotros y amenazar con Prussia es su manera de atacarnos" una leve sonrisa se muestra en su rostro. "Debemos buscar otras maneras, si no caemos en su juego podremos salir con esto sin llegar a armas de nuevo y estoy segura que nada le pasará a Prussia"

"¿Cómo puedes estar tan segura?" le miró suspicaz.

"Por algo soy su madre, joijoijoijoi"

Ante lo dicho, los hombres la miran extraño.

"Ahm…sí, aún no me acostumbro a esa nueva relación tuya con Gilbert…es…raro"

"Muy raro" concuerda el rubio. Luego tose un poco, regresando a su postura. "Me alegra, entonces todos quedamos de acuerdo en no citar guerra, ¿no?" Alemania inquirió, tratando de olvidar la idea de madre-hijo, si así fuera, entonces Elizabeta sería su madre y un caos caería entorno a eso…lo mejor era ignorar el hecho.

"¡Sí!" Hungary dice con ímpetu.

Austria se mantiene en silencio.

"Roderich" le mira de reojo la mujer.

"De acuerdo" se cruza de brazos. "Mientras no le hagan nada a Gilbert, estoy de acuerdo"

"Con eso basta" la mujer le sonríe. "Bueno, quizás necesitemos otra reunión para tratar los puntos para continuar con ese tratado de paz, pero por hoy es suficiente, ¿no?"

"Sí estoy cansado y me duele la cabeza" en ello se soba su cien.

"Es mejor retirarnos, Gilbert puede despertar en cualquier momento y si no estamos con él, quizás se asuste"

"Tienes razón" el rubio confirma. "Nos vemos Elizabeta"

"Vámonos" Austria le ordena y sin esperarlo, de inmediato camina hacia la puerta.

"No es necesario" la voz sorprende a los presentes.

Las puertas se abren para mostrar la figura de un hombre. Todos impactan ante la vista, sin poder creer quien se encontraba frente a ellos.

Ahí parado ante ellos, en forma de adulto se encontraba Gilbert, en su hombro su fiel mascota Gilbird. Estaban atónitos.

Con una gran sonrisa presumida, el hombre se acomodó en el margen de la puerta y dijo:

"Admírenme, soy sexy"


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El pasar del tiempo no sólo se llevó recuerdos y acontecimientos, también logró llevarse las disputas entre el mediterráneo. Al fin los cuatros países se encontraban en paz, disfrutando sólo de la vida.

Gilbert había vuelto. Ahora no sólo como una remembranza en un pequeño, sino que también su personalidad; después de leer todos sus diarios, sus recuerdos regresaron a él y con ello su carácter. Y estaban felices por el hecho.

Austria desde que se apoderó de todos los diarios del peliplateado, jamás imaginó que podrían ayudarle para regresar la forma de ser del prusiano, no obstante, bendecía el hecho de quererse martirizar al leerlos, si no lo hubiera hecho, hoy Prussia no sería como le conocían.

El mundo volvía a ser como antes. Con la sola diferencia de que Gilbert y él ahora eran una pareja. Su vida nunca había sido tan dichosa.

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El amor verdadero hace milagros, porque el mismo ya es el mayor milagro…
Amado Nervo

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El día era cálido, tranquilo, brisa templada, una hermosa mañana, incitaba a salir y a disfrutar de los rayos del sol.

A pesar de la tentadora mañana, Austria decidió quedarse ahí en su despacho. Se encontraba bebiendo un delicioso vino mientras recordaba los sucesos de la noche.


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-FLASHBACK-

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"¿Gilbert?"

Desde que había llegado, la casa se encontraba muy silenciosa, algo extraño con el peliblanco dentro.

Aún era temprano, las diez de la noche para ser preciso y el hombre era nochero.

"¿Gilbert?"

Trató de nuevo, más el silencio era su respuesta.

'¿Dónde está?…' inquirió mentalmente. 'Lo más seguro es que debe estar en el cuarto, iré a ver'

El día había sido pesado, desde que había regresado a su cargo y liberado a Hungary como a Alemania de esa responsabilidad, había mucho por leer, arreglar como por corregir. Maldecía haberse retraído de todo el mundo, aunque no podía evitarlo, en su mente había perdido a Prussia; nunca pensó volverlo a tener mucho menos ser feliz de nuevo. Suspiró pesadamente, no valía la pena llorar por la leche derramada.

Subió los escalones trabajosamente, su cuerpo estaba agotado, quería dormir y relajarse.

El pasillo de la planta alta estaba oscuro, salvo la luz saliente de su recámara.

'Ahí debe estar Gilbert'

Comenzó a caminar hacia su habitación.

"Gilbert ya lle-…" al abrir la puerta, enmudeció al ver el contenido, su portafolio cae al suelo con un gran retumbar.

"Bievenido Rody" voz seductora.

Ahí en la cama, el peliblanco se encontraba con ropa curiosa. El atuendo se conformaba con una diadema de orejitas de conejo, en el pecho solamente un par de corazones ocultando sus tiernos pezones y una minifalda como monería.

"Te estaba esperando"

En ello abre las piernas mostrando no traer nada más que le falda.

Austria estaba boquiabierto, su cara completamente roja ante la vista mientras algo más debajo de él comenzaba a endurecer. No esperaba tal recibimiento.

"Gi-Gi-Gi… ¡Gilbert!" ni podía hablar, su mente estaba perdida en la sensualidad del hombre. "¿Qu-qué es esto?" su cuerpo se acercaba a la cama, sin poder apartar su vista.

"¿Esto?" Acaricia su cuerpo lentamente, provocando al otro hombre. "Es «todo» para ti" sonríe picaronamente. "Pero tiene un límite de tiempo…si no lo tomas ahora, lo pierdes"

"¡Lo tomo ahora!" En ello se abalanza sobre el peliblanco. "No podría perder…esta oportunidad"

"Y yo estoy ansioso por ser tomado"

Sin querer continuar hablando, la emoción embriagó al castaño para silenciar a su amado con un apasionado beso. Miles de años tuvieron que pasar para poder sentir esos labios, para que su lengua pudiera poseer la del peliblanco; ambos luchaban, como solían hacerlo desde eras antiguas, más ahora, era una pelea deliciosa, deseada por ellos, anhelada.

Poco a poco se intensifico, tanto que ambos sintieron perderse en el néctar de su propio sabor. Al no poder aguantar su aliento, separaron. Sus miradas perdidas en sus ojos, diciendo tanto en el resplandor de sus orbes. Austria admiraba ese brillo tan característico de Prussia, sus ojos rubíes eran tan bellos, que podía pasar una eternidad admirándolos, como su poseedor. En ese color rojo podía ver la fuerza, la pasión del hombre, sus deseos.

"Te amo"

La voz fue tan suave y melodiosa. Prussia sorprendió un poco al oírla tan súbitamente, no obstante, la adoraba.

"Yo también…" le besa nuevamente, ahora un beso más tierno, más cariñoso. "Te amo mi aristócrata"

Ambos ríen, siempre habían querido este momento y al fin, eran recompensados. Se amaban y no había nada que pudiera separarlos. Estarían juntos hasta el gran final, lado a lado.

Nuevamente se besan intensamente, el tiempo había llegado, de ser uno esa noche.

Austria no podía contenerse más, quería a Prussia, todo en él. Sus manos comenzaron acariciarlo. Una fue a su pecho y sin importarle los curiosos corazones, los apartó para darse lugar con el rosado pezón.

Gilbert gimió al sentir como una de sus delicadas partes era tocada, la sensación era maravillosa. Por otra parte, sus piernas y su trasero eran atacados por la otra mano de Roderich, quien no daba marcha atrás, estaba decidido a disfrutar de ese tan deseado cuerpo.

"¡Ah! Rody" vocifero, su boca al fin era liberada.

Austria comenzó a lamer su cuello, mordisqueando y succionando su blanca piel. Quería marcarlo con su amor.

La sensación era increíble, su cuerpo se sentía caliente, vibraba con cada toque, con cada mordida, adoraba sentirse así. Ahora era tiempo de su ataque. No dejaría toda la diversión en manos «inexpertas» Aunque no era del todo cierta esa afirmación, después de todo, Austria ya se había casado, ya tenía…conocimientos.

Con sus manos agarró ese jabot tan característico de su traje, atrayendo esos labios tan deliciosos en otro beso apasionado. Comenzó a desbotonar su traje lo más rápido posible; no sería el único desnudo ahí. El también quería ver su cuerpo, sentir su piel contra la suya. En menos de unos segundos, Austria no traía nada como Prussia -su monería de atuendo había desaparecido-

Austria lamió un pezón, mordisqueándolo suavemente. Los gemidos de Prussia lo hacían delirar, deseando por oírlos cada vez más fuerte. Con su otra mano maltrataba el otro rosado pezón, sin darle tregua, podía sentirlos como con cada toque se ponían más duros.

"Ahh, ahhh, Rody"

Lentamente bajó por el cuerpo del Gilbert, besando y lamiendo, dejando un camino de saliva por su pecho hasta su abdomen. Pronto llego a una parte que deseaba por ser atendida.

El miembro de Prussia estaba duro, tanto que dolía con el simple rose. Roderich tocó levemente la punta, un profundo gemido salió de él. Tal reacción le prendió, sin pensarlo más, comenzó a lamerlo, castigándolo con mareas de intenso placer.

"Ahhhhh…sí Rody…Ahhh se siente…bien…ahhh"

Prussia arqueó ante la sensación, era intensa, todo su cuerpo se sentía caliente. En ese momento, un gran gemido profesó, Austria había engolfado su miembro con su boca, asiendo arquea inmensamente, su mente nublada, la sensación era exquisita.

"¡Ahhhhhh!"

Sus caderas comenzaron a mover, sin poderlas detener. Su cuerpo deseaba más suministración, quería más. Austria succiono lentamente, deteniendo el movimiento del prusiano. La restricción lo volvía loco, podía sentir su pre-eyaculación golpear en la boca del austriaco.

Austria retiró, quería ver la cara de Gilbert. Sus mejillas estaban tan coloreadas como su ojos, sus párpados estaban entrecerrados perdido en el gozo mientras su aliento era entrecortado con leves jadeos.

"Tal cara con un poco de rose" sonrió, satisfecho.

Adoraba ese rostro, tan lleno de lujuria.

"Deja…de hablar y…más acción" apenas si podía contralarse.

"Si así lo quieres" le sonrió seductivamente.

Era extraño ver a alguien como Roderich sonreír de esa manera, lo hacían ver como un conquistador; aunque no le molestaba en absoluto, adoraba ver nuevas facetas en él, unas que nadie podría ver más que él.

Nuevamente el castaño se inclinó lamiendo sus piernas y agachándose más y más. Por un instante Prussia creyó que el austriaco volvería a torturarlo con su pene, más su sorpresa fue aún más al sentir una lengua intrusa tocar su entrada.

"¡Ahhh!" Clamó ante la sensación. "¿Qué haces…? ¡ahhh!…Rode… ¡ahhhh!"

No podía hablar, jamás había sentido algo así en él, era un mar de nuevas sensaciones indescriptibles. Su cuerpo se tensaba cada vez que Austria lamía su anillo, arqueando cada vez más. Sus manos necesitaban sostenerse de algo, lo más fácil fueron las sábanas. En momentos, podía sentir como introducía su lengua ahí, haciéndolo empujar sus caderas, quería sentirlo más profundo dentro de él.

"Ahhhhhhhh…Rody…hazlo ahhh…te quiero dentro…ahhhh si… ¡sí ahhhh!" ya no podía soportar la espera.

Jamás se había imaginado que Austria pudiera hacer algo como eso. El rimming para él era algo demasiado osado y extraño, pensar que Roderich le gustaba hacerlo nunca hubiera cruzado por su mente. Y ahora que lo sentía, no le desagradaba. Podía hacerse adicto a esos placeres con la lengua.

"¿Lo quieres?" tentó, colocando un dedo.

"Ahhhhhhhhhhhh…Rody sí…ahhh"

Ya no sabía ni que decir, sus gemidos venían sin querer cuando trataba de hablar.

El dedo se introducía lentamente en él, moviendo de adentro hacia afuera y en círculo. Le encantaba. De repente, otro era introducido haciéndolo temblar. Los movimientos dentro eran la perdición, cada vez se sentía más excitado.

"¿Me deseas?" Su voz era inusual, llena de lujuria.

Acercó su rostro al prusiano, besándolo. Sus lenguas volvieron a pelear, saboreando su ese néctar del cual nunca tendría suficiente.

"Ahh…hmmmm…"

El beso continuaba mientras Austria continuaba empujando sus dedos, preparándolo. No aguantaba, lo quería ya.

"¿Lo quieres Gilbert?"

Se separaron, una mordaz sonrisa se veían en aquel rostro que solía verse elegante, sofisticado, de pulcritud, de un fino caballero. Quién diría que Austria podía ser tan dominante en el sexo; si bien sentía un poco de molestia subyugarse de tal forma, no podía evitar disfrutar inclusive de esa sensación de poder que le permitía a Roderich, le embriagaba. Valía la pena y no se arrepentía de permitirlo.

"Sí…ahhh, hazme tuyo"

"De acuerdo"

Un beso es vuelto a ser plantado en sus labios, como el vació en su entrada se sintió al abandonarle esos dedos en su interior. Más lo que venía, era mil veces mejor.

Austria se colocó entre las piernas del prusiano, dando suave besos a sus esos pálidos muslos. En ello, siente como el miembro del austriaco presiona su entrada.

"¿Listo?"

"¿Ahora eres gentil?" Resopló burlescamente. "Siempre estoy listo…Rody"

Austria sonrió un poco y de un golpe se introdujo por completo en Prussia.

"¡Ahhhhhhhhhhhhh!" Clamó sonoramente.

Un gran dolor pulsó por toda su columna arqueando. Unas lágrimas se formaron en la comisura de sus ojos.

"¡Ahhhhh Gilbert!" Roderich gimió.

Dentro su miembro era apretado por la estreches de Prussia, una sensación bastante placentera.

"Ahhh…Gilbert… ¿estás bien?"

Podría actuar diferente mientras estaban así, pero Austria, será siempre Austria. Quería mover, continuar con ese placer e intensificarlo; luchó contra su instinto, porque para él, lo primero era no lastimar a la persona a quien amaba.

Gilbert no respondió, trataba de ajustarse, su cuerpo dolía, principalmente su entrada. Lastimaba bastante ya que para ser sincero…esa era su primera vez.

Austria preocupó de haberlo herido, quizás fue demasiado tosco, debía tomarse más tiempo en prepararlo; Con sólo ver su rostro podía darse cuenta que el peliblanco estaba sufriendo. Entonces la realización llegó.

"G-Gilbert…" no lo creía. "¿Eres…v-virgen?" sorpresa en su voz.

Volteó su rostro, sin querer verle de frente. Apenado asintió levemente.

"¿Por qué no me lo dijiste?" No había reproche, más bien se podía oír un leve tono de alegría en su voz.

"A-alguien como yo…no puede serlo" masculló, aún sin voltear.

La mirada de Austria enterneció. El chico era orgulloso y lo sería para toda su vida, el haberle permitido hacerle eso; ser él quien lo tomara por primera vez, era más significativo que cualquier palabra, no había necesidad de decir más. Todo estaba dicho.

"Te amo" le da un beso en la mejilla. Sorprendiendo al peliblanco. "Continuamos" su voz era risueña.

Prussia guardó un poco de silencio, el dolor había pasado y comenzaba a sentir ese placer por el cual, la gente adoraba hacer el amor. No importaba el dolor punzante, lo maravilloso eran las sensaciones y el significado de hacerlo.

"…"

Con ello, Austria comienza a moverse. Primero suave, disfrutándolo lentamente.

"¡Ahhhhhh…ahhhh!" Prussia cerró sus ojos, las oleadas de placer eran gigantescas.

Ambos gemían, cada uno amaba como el otro lo hacía sentir. Pero lo mejor, lo más maravilloso era el estar unidos esa noche en un ritual, hermoso. Sus empujones comenzaron a incrementar, su mente se nublaba, solamente el instinto de incrementar la dosis de placer lo gobernaba.

Prussia movía sus caderas, intentando profundizar las embestidas de Austria. Manteniendo el ritmo.

"¡Ahhh Rody…más, más…dame más duro ahhhh…sí más…ahhh más profundo, sí!"

"Ohhh sí…ahhhh Gilbert…ahhh eres tan estrecho…ahhh tan caliente…ahhh"

Se encontraban perdidos, la pasión los gobernaba.

Austria comenzó a profundizar más y más. Adentro hacia afuera, más fuerza, más intensidad, quería sentirlo todo, Gilbert era tan delicioso.

"¡Ahhhh, ahhhh…ahhhhh!"

Sus gemidos cada vez se hacían altos, casi en gritos de goce.

Estaba deleitado, sentir el miembro de Austria dentro de él, ese calor tan intenso, era indescriptible. Estaba a punto de llegar a su límite, el clímax se acercaba.

"¡Ahhhh…Rody…ahhh estoy apunto…ahhhh!"

El austriaco no respondía, se encontraba perdido en la sensación, también podía sentir que estaba a punto de llegar.

"Ahhh Gilbert…"

Embistió varias veces más hasta llegar al orgasmo.

"¡AHHHHH GILBERT!

Su semen se derramó dentro de él. La sensación hizo Prussia venirse también.

"AAAAHHHHHHHHHHH"

Arqueó, no podía soportarlo, el goce era inmenso, llenando sus estómagos con su líquido.

Ambos cayeron exhaustos. Sus alientos se encontraban entrecortados, apenas si podía componerse; sus cuerpos temblaban ante tal intensidad. Estaban empapados de sudor, el calor producido por su actividad fue tal que fácilmente podía verse en su piel brillante.

"Fue…bueno ¿no?" Prussia habló, su aliento apenas se reponía.

Austria le miró un poco extrañado ante lo dicho, luego le sonrió.

"No…fue excelente" le besó.

La noche prosiguió su curso como dos amantes se preparaban para dormir profundamente…


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-FIN DEL FLASHBACK-

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El recuerdo de aquella noche llena de pasión le satisfacía enormemente. Por fin ambos se consagraron en uno al otro y eso lo hacía el hombre más feliz del mundo.

Austria jugaba con su copa, su mirada recaía en una cajita encima de su escritorio, su sonrisa era tan amplia, tan singular, de alguien enamorado. Al tomar su último sorbo de la copa, lo deja a un lado para centrarse en aquella cajita negra.

"Gilbert…estaremos juntos" susurró para sí y en ello abre la caja.

Adentro se encontraba un anillo hermoso, decorado de varios diamantes alrededor, perfecto como para un hombre –a quien quería dárselo-

"Espero le guste" su voz era risueña.

La felicidad lo hacía estar tan alegre, ya no estaba de mal humor, no refunfuñaba ni molestaba con cualquier estupidez por los demás países como solía hacerlo, su yo común voló para situarse un nuevo Austria, quien ahora su mundo era de color de rosa. Nada podía salir mal.

Estaba totalmente equivocado.

La puerta se abrió de golpe, enfrente de él, un hombre se encontraba agitado, su cara pálida y aliento entrecortado.

"¡RODERICH!" Gritó carraspeando su voz.

"¡Ludwig! ¿Qué sucede, por qué estás tan pálido, qué pasa?" Inquirió al ver al hombre en tal mal estado, su alegría esfumó al momento.

"¡Es mi hermano Austria!" Su voz era una mezcla entre preocupación y enfado. "¡Se lo llevaron!"

"¡¿Qué?" Aturdió. "¡¿Quiénes se lo llevaron?" la angustia se apoderaba de él.

"¡Los Altivos!"

"¡¿QUÉ? ¡¿P-por qué?"

"Por romper la regla 45" dijo aún ajetreado.

"¿La regla 45? ¡¿Qué demonios es esa regla!" clamó, mandando a volar su pulcritud.

"La regla dice…«una vez muerta una nación, no se podrá regresar al mundo por ningún motivo, el equilibrio de los reinos humanos se debe preservar»" su voz era seria.

Austria meditó un poco, sin comprender la regla.

"Pero…Prussia es una nación, tiene un territorio…" se encontraba perdido. "¡Merece estar aquí!"

"Lo sé…yo tampoco comprendía porque le acusaban…pero" su mirada recayó al suelo. "Cuando traté de evitarlo, me dijeron…" el castaño estaba atento. "…que él no era el nuevo Prussia sino el viejo"

"No…no comprendo" confusión total.

"Cuando Gilbert leyó sus diarios…sus memorias regresaron, entonces el viejo Prussia, volvió y al hacerlo, rompió la regla"

"¡¿QUÉ?" enfureció. "¡NO PUEDO CREER QUE UNA LEY TAN IDIOTA EXISTA!" no podía estar ahí, debía hacer algo. "¡¿A dónde se llevaron a Gilbert?"

"Al castillo blanco, donde se encuentran los Altivos, ahí será juzgado por ellos"

"¡¿Juzgado?" ahora sí se encontraba furioso. "¡Cómo se atreven esos idiotas! ¡NO LO PERMITIRÉ, IRÉ POR PRUSSIA!"

Dicho eso camina hacia la puerta decidido. Sin embargo es detenido por el rubio.

"Nadie puede ir al castillo, está prohibido para nosotros" dijo secamente.

"¡No me importa!" soltó el agarre del alemán. "¡Destruiría el mundo si así fuera, sólo para encontrar a Gilbert!" Bufó.

"Llegar a él no es lo peor" Austria le miró perplejo.

"¿Qué insinúas?"

"Debemos llegar a él antes de mañana, o si no…" tragó saliva.

"¿Qué? ¡DIME!" sus nervios lo estaban matando.

'No puede ser eso… ¡NO!'

"Sí es sentenciado…será destruido"

Austria quedó en shock, alarmado ante la delicada situación. Parecía una broma, un error, como si desde el principio hubiera escogido el camino equivocado, la persona equivocada…Ya había experimentado el sufrimiento de perderlo y ahora la amenaza era peor.

Todos los países mueren, pero nunca su esencia o alma, como los humanos de la tierra suelen llamarle. Esa parte de uno se queda y vive en el Naräe –el mundo de los muertos- con la esperanza de reencarnar en este mundo ya como nación u humano, si es permitido.

La destrucción era el último recurso, sólo para almas crueles y perversas. Ya que significaba la desaparición total. La reducción a la nada, sin posibilidades de ir al Naräe ni mucho menos, la oportunidad de regresar.

Y Prussia sería sometido a esa sentencia…

"¡NO!" Bramó al salir de su sorpresa, aún temblando. "No…no pueden…Gilbert…no… ¡NO SE LOS PERMITIRÉ!"

"¡Yo tampoco! Pero…el llegar allá es casi imposible y si lo logramos…" se encontraba dubitativo. "¿Cómo lograremos salvarlo?"

"¡NO LO SÉ!" la furia arremetía contra su persona. "¡NO DEJARÉ QUE ME QUITEN A GILBERT! ¡YA LO PERDÍ UNA VEZ, NO LO PERDERÉ POR COMPLETO!"

Con gran enojo sale del cuarto, seguido por Ludwig quien le gritaba.

No sabía cómo lo haría, pero no permitiría a nadie arrebatarle a su preciado Gilbert. Pasó por tempestades para estar con él, para ser feliz y amarlo con todas sus fuerzas.

Nadie, absolutamente nadie se lo quitaría…

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No dejaré de luchar por ese amor, lucharé hasta el final, no importa que todas las batallas las pierda y vaya perdiendo partes de mi corazón, no importa que mis sentimientos se marchiten, lucharé por ese amor hasta el final.

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XxX•Notas Finales•XxX

Hermosooooo! No adoraron el Lemon? :3 ajajajajaja recuerdo por ahí en algún fanfic una chava me regañó porque mencionaba el lemon antes y por lo tanto se arruinaba la sorpresa XDDD jajajaja así que en este fic implementé la sorpresa XDD jajajaja…espero que realmente les gustara, ya me dicen si lo sigo haciendo así y si continúo diciéndoles que habrá lemon antes de que lean el chap.

Como sea disfruten! Por cierto! Estoy viendo si me mudo de blog…aún no estoy convencida…así que si pueden checar mi nuevo blog y comentar si ese está mejor o el otro que tenía, me ayudarían MUCHOOOO! Sigo indecisa…les dejo el link del nuevo blog:

Fujoshidiaries(punto)tumblr(punto)com

Este es el viejo, aún no lo doy de baja, porque aún estoy insegura de donde quedarme…

Ludrastemple(punto)x10(punto)mx(diagonal)fujoshi

Para no arruinarles la sorpresa cambié las curiosidades del mal a las notas finales XDD jajajajaja Disfruten!

Curiosidades del mal parte 4:

1.-Odio a Finlandia…y España, sorry! XDDD
2.-La idea del traje sexy de Prussia cuando es la escena del sexo fue porque recuerdo que dibujé a una amiga así XDD cuando estaba haciendo dibujos sexys de nosotras…Yo me dibujé desnuda XDD jajajajajaja.
3.-En varias partes me decía a mí misma "puking rainbows" "que cursi" "¡me ahogo de tanta miel!"
4.-En ocasiones me la pensé en no poner Mpreg…ya que tenía los días contados…también estaba pensando en quitar la parte del sexo XDDD pero al final ni mergas! Hice ambos! Ohh yeah! +w+ un fic mío sin mpreg ni sex, NO ES MI FIC! He dicho! ;3
5.-Debo decir que me gustó mucho como hice la parte del sexo XDDDD debo decir que de todos los fics que he hecho con lemon…este me gustó mucho la verdad…ya tengo cayo! ºwº soy toda una experta en lemons! Jajajajajaja XDDDD
6.-Lo de Prussia virgen lo saqué de un fanfic que leí por ahí…no lo recuerdo la verdad ºAº pero tenía sentido que fuera, porque es una persona que aparenta muchas cosas y al final no siempre todas son verdad, así que…se me hizo coherente y decidí meterlo a mi fic también! AUSTRIA LO DESVIRGINÓ! OMG! QUE BESHO! *W*

Pronto otro chap en otro break que me de…XDD

REVIEWS = A AMOR! *w*

R/R

Aliméntenme! ºAº Denme amor! XDD


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Continuará :D

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X:::x-X-SLE-x-x::X:

Xx:::xXLudra Tao JenovaXx:::xX