Muchas gracias a Julietaa ysamfjpor sus hermosos comentarios y por corregirme un ligero error xD, a Dominique Jackson por su genial e incondicional review y a Petite24, mi linda hermanita. Este capítulo está dedicado a ustedes.

Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación, lo demás es de J.K. Rowling.

Usar personas

-¡Astrid!- exclamó feliz, yendo a abrazar a la niña castaña de once años, que escapaba de la mano de su madre para ir a abrazar a su amiga.

-¡Hola, Rosie!- saludó la niña emocionada, quien a pesar de su corta edad, era bastante lista y podía mantener conversaciones adultas.

-¡Astrid Malfoy!- gritó Scorpius cerca de ellas, corriendo a su encuentro- ¿No te ha dicho papá que nunca corras así por la calle y menos alejarte de mamá?

-No seas pesado, Scorp- refunfuñó la niña de brazos cruzados-. Estaba con Rose.

-Sí, pero…

Rose no se sorprendió de la actitud sobreprotectora de Scorpius con su hermanita menor, quien era la luz de sus ojos; sin embargo, le dio algo de curiosidad la mirada de tristeza y miedo que intentaba ocultar.

-Que lindo es verlos, chicos- saludó la señora Malfoy a todos, y dirigiéndole una mirada de circunstancias a su hijo, quien bajó la cabeza mordiéndose el labio inferior con fuerza- ¿Qué hacen aquí?

-íbamos al cine- contestó Kate sonriendo a la mujer, quien era casi como su segunda madre, porque ¿adivinen? Conocía a Scorpius desde los cinco años- ¿Quieren acompañarnos?

-Eres muy amable, cielo, pero mañana debo levantarme temprano y…

Scorpius soltó un bufido.

-¿Qué dijiste, jovencito?

-Nada, mamá- contestó Scorpius rápidamente. Rose se sentía fuera de lugar ¿Por qué rayos Scorpius se comportaba más raro de lo normal?

-¿Astrid puede acompañarnos?- preguntó Rose ilusionada.

-No lo sé…

-¡Por favor, mamá!- suplicó Astrid poniendo ojitos de cachorro-. Estaré con Scorpius, no me pasará nada…

Pero a Rose seguía sin convencerla la mirada de preocupación del amigo de su primo. Ella había conocido a Astrid una vez en casa de los Malfoy, cuando Scorpius había invitado a todos los primos Weasley a un pequeño campamento en un bosque cercano. La pequeña Astrid había insistido mucho en ir con ellos y había resultado ser hasta mejor compañía que el mismo Scorpius. Después comenzó a verla seguido en el estadio de Quidditch en el que Scorpius entrenaba, pues la niña era una aficionada al deporte y a veces iba a ver entrenar a su hermano, con lo que después se pasaba por su consultorio para charlar un rato.

Rose sabía de los labios de la propia Astrid, que creía que Albus era sexy, algo que le parecía tierno a ella pero que hacía que Scorpius se pusiera verde. Sí, quizás por eso se veía preocupado.

Pero era más que eso, pensó Rose dos horas y media después cuando salieron del cine. Scorpius miraba constantemente a todos lados, paranoico. Fue hasta que Albus le puso una mano en el hombro y le murmuró un par de palabras, que se calmó y siguió con sus comentarios sarcásticos de siempre.

-¿Irás a ver el entrenamiento de mañana, Astrid?- preguntó Rose a la niña, quien no había soltado la mano de su hermano.

Scorpius pareció sobresaltado con la pregunta y no la dejó contestar.

-Te llevaré a casa ahora, despídete- dijo Scorpius apresurado. Al parecer Astrid iba a replicar, pero Scorpius le dirigió una mirada amenazante.

Ni Rose ni Kate preguntaron nada al momento, pero una vez que se fue, ambas acribillaron a Albus a preguntas.

-Es cosa suya, algunos problemas en casa- dijo solamente en un tono que advertía que no respondería más.

El día siguiente Rose tenía que trabajar, por suerte nunca se aburría estando en su consultorio en el estadio, pues como la sanadora en jefe del equipo, tenía que estar en cada uno de los entrenamientos por si se presentaba una emergencia. También estaba Bere, una chica nueva que a Rose no le caía tan mal; claro, eso cuando no hablaba sobre los hermosos ojos grises de Scorpius, o su cuerpo de infarto, o "lo lindo que lucía cuando olvidaba afeitarse".

-Hola- dijo una voz jadeante y lenta en la puerta, Bere se había ido a almorzar, por lo que Rose se sobresaltó al ser interrumpida con el interminable papeleo que tenía atrasado.

-¡Por Merlín, Malfoy!- exclamó Rose yendo de inmediato hacia el rubio y obligándolo a recostarse en una camilla- ¿Qué rayos haces caminando en esta condición?

-El entrenamiento terminó, ya todos se fueron- dijo Scorpius con dificultad en medio de un horrible dolor de espalda y un brazo en una posición extraña-. Me castigaron poniéndome a guardar las bludgers- hizo una mueca de dolor cuando Rose le tocó el brazo. Está de más decir que una de ellas lo había golpeado con fuerza en el brazo, haciéndolo caer de espaldas.

-Está roto- informó Rose, acto seguido, pronunció un hechizo con su varita y el brazo volvió a su posición original con un crujido que casi hizo gritar a Scorpius- ¿Por qué te castigaron?

-Estaba distraído- contestó Scorpius sin dejar su expresión de dolor- y me anotaron muchos tantos.

-Tendré que romper tu playera para no lastimarte más- dijo Rose sonrojándose un poco ante el hecho. Una cosa era ver a los otros jugadores semidesnudos cuando sanaba sus heridas, pero otra muy diferente era verlo a él, el exnovio de su mejor amiga y el mejor amigo de su primo favorito.

-Sólo procura no hacerme nada indecente- bromeó Scorpius, pero a juzgar por la mueca en su rostro, incluso reír le dolía.

-Te lo mereces- se burló Rose observando su espalda con detenimiento. Una vez que evaluó el resultado, fue hasta una vitrina y sacó un ungüento mágico que comenzó a administrarle con cuidado.

-¿Estás bien?- preguntó Rose sin poderlo evitar. Él estaba más callado que de costumbre, además no le había pasado por alto la misma tristeza que sus ojos expresaban desde el día anterior.

-Sí, gracias, ya no me duele- dijo Scorpius incorporándose rápidamente, como si de esa manera pudiera evitar la pregunta.

Rose asintió y no comentó nada más. No era su asunto, de todos modos.

Después de ese día, todo volvió a la normalidad. Kate y ella se lamentaban de sus vidas amorosas, Albus salía de vez en cuando con alguna que otra chica y Scorpius salía con su novia de diez meses, Adele.

Desafortunadamente, esa normalidad se fue al caño un viernes por la noche de principios de diciembre, cuando una molesta Kate entró al departamento dando un portazo, enfadada.

-¿Qué sucedió?- preguntó Rose sorprendida. Generalmente su amiga era muy tranquila.

-Mañana era mi primera cita en este mes- gruñó furiosa-. Y ahora la tendré que cancelar porque a los idiotas del Ministerio (sin ofender a tu familia) se les ocurrió que una reunión de Ministros de una semana en París ayudaría a la unión entre países y no sé qué tanto; y sí, tengo que ir.

-Deberías estar feliz- dijo Rose alzando las cejas-. Es mejor estar en París disfrutando de un buen paseo a pasarte la noche llorando por una cita que seguro iba a terminar en desastre, ya sabes que ese Finnigan no es de fiar.

-Sí, pero aún así…

Una vez que Kate se hubo encerrado en su habitación para hacer su equipaje, Rose siguió comiendo lo que quedaba de sus cereales. Después le daría su acostumbrada visita a Albus para ver qué tal había ido su día y podría irse a dormir.

Cual fue su sorpresa al ver que su primo no estaba.

-Dijo que tenía mucho trabajo, no creo que regrese pronto- explicó Scorpius amablemente. Rose no insistió y fue directamente a dormir.

Al día siguiente, cuando despertó, el departamento estaba en silencio, señal de que Kate ya se había marchado. Se desperezó y luego fue a hacerse el desayuno, que consistió en un poco de fruta y panecillos.

Aburrida de tanto silencio, Rose decidió que lo mejor sería ir a dar un paseo a un parque que no estaba tan lejos. Cuando recién se habían mudado, Kate y Rose iban todos los viernes con la excusa de hacer ejercicio, pero en realidad se dedicaban a observar pervertidamente a los hombres que de hecho sí se ejercitaban.

Rose se puso algo abrigador, tomó sus llaves y un poco de dinero y salió del departamento.

-Hola, Scorpius- saludó Rose al muchacho, quien acababa de salir también.

-Hola- saludó él sorprendido de verla allí- ¿No es muy temprano para que estés levantada?

-Muy gracioso- dijo Rose poniendo los ojos en blanco, aunque tampoco le extrañaba que se lo dijera, pues no era una persona mañanera y todos lo sabían. Caminaron juntos hasta el ascensor y, una vez dentro, Rose preguntó- ¿Y a dónde vas tú a esta hora?

-Iré a ver a Adele- contestó él encogiéndose de hombros.

-Me alegro por ti, ¿sabes?- comentó Rose con una triste sonrisa- Eres el único de los cuatro que tiene una relación seria y te ves muy feliz con ella.

En ese momento las puertas del ascensor se abrieron para que pudieran bajar, cuando lo hicieron, Scorpius se detuvo y la vio a los ojos. Rose tembló un poco ante su mirada de ojos grises.

-Dejen de esforzarse tanto y sean ustedes mismas- aconsejó, parecía que llevaba tiempo queriendo decirlo-. A los hombres no nos gusta sentirnos usados.

-¿Usados?- preguntó Rose frunciendo el entrecejo.

-Sí, eso es lo que muchas hacen ¿sabes? Quieren su propio cuento de hadas y usan a un hombre del que quizás no están enamoradas para sentirse queridas.

A pesar de que no lo había dicho con mala intención, Rose pensó que sí y se puso roja de furia.

-Adiós, Malfoy- espetó marchándose con las manos hechas puño y rubor en las mejillas. Él no hizo el intento por detenerla. Y que bueno que no lo hizo, o se habría hecho ganador de un hechizo mocomurciélago.

Rose caminaba sola hacia una fuente en una plaza agradable en el Londres muggle. Era su lugar favorito para pensar, pues mientras veía a las personas reunirse con sus amigos o parejas en alguno de los cafés de por allí, comenzaba a idear historias sobre lo linda que sería su vida si tan sólo tuviera a alguien a su lado, alguien en quien podría confiar pasara lo que pasara, que la abrazara de manera amorosa cuando llegara a casa, que la hiciera reír y que se llevara bien con sus amigos ¿Era eso mucho pedir?

Suspiró agotada.

Estaba harta de buscar, harta de hacerse ilusiones, harta de… de toda la situación social que decía que para ser feliz debías tener un buen empleo, casarte y tener hijos. Amaba su trabajo, claro, pero no sabía si podría seguir creyendo en el amor.

¿Sería cierto lo que había dicho Scorpius? ¿De verdad usaba a los hombres en un intento de sentirse amada? ¿Se esforzaba demasiado? Bufó enojada consigo misma y decidió que ese sería el último día en que se lamentara por su soltería. Viviría al máximo cada día y dejaría de… usar personas.

Pero antes…

Un último fin de semana viendo películas románticas y comiendo helado de diferentes sabores de licor no le harían daño a nadie.

Ese sería su último día como una patética solterona, que era más patética al lamentarse por eso teniendo sólo 23 años.

Cuando regresó a su departamento tres horas después, soltó un grito de sorpresa y miedo.

Hola!

Espero les haya gustado. Espero no tardar para subir el siguiente, eso depende de sus comentarios… la la la vamos! Comentar es gratis y rápido y me hacen la vida más feliz =D

El consejo de Scorpius lo saqué de una conferencia a la que me obligaron a ir en la preparatoria que de hecho terminó gustándome xD

Que tengan una excelente semana!