Hola! Aquí les dejo el nuevo capítulo recién editado =D mi computadora sufrió un pequeño fallo hace unos días, por lo que no había podido actualizar, gracias a Dios mis archivos estaban intactos y no se perdieron los capítulos, casi me daba el patatús! Ya tenía los siguientes dos capítulos escritos hahaha

Muchas gracias por sus comentarios del capítulo anterior, y en general por todos, me he divertido mucho contestando los mismos, así como conociendo sus opiniones y a ustedes un poco más ¡Gracias! Y de nuevo, gracias a mi hermanita por Internet Dominique Jackson por el fanfic tan hermoso que está haciendo con mi nick xD

Espero les guste este.

Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.

¿Adiós?

Cuando Rose se salió de bañar una hora después de haber regresado a su departamento (todo gracias a la pintura que tenía por todo el cuerpo), Kate la esperaba en la sala con una sonrisa cansada para decirle que esa noche se reunirían para cenar con Albus y Scorpius, quienes ya las estaban esperando.

Albus y Kate lucían muy cansados, Rose sabía que era por todos los preparativos de la boda, que sería dentro de un mes, pues a pesar de tener a todo un ejército familiar ayudando (incluyéndola a ella y a Scorpius, los padrinos), siempre faltaba algún detalle que ellos mismos tenían que resolver.

-Hoy comencé a empacar mis cosas- dijo Kate cansinamente, recargando su cabeza en el hombro de Albus.

-La casa que escogieron es muy bonita- comentó Scorpius sonriéndole a su mejor amiga.

-Y son bienvenidos siempre que quieran- aclaró Albus, pero después fijó su mirada en Rose- ¿Segura que quieres mudarte? Me sentiría más tranquilo si te quedas aquí, con Scorpius cerca…

Scorpius se puso tenso y serio, algo a lo que Rose no supo poner un por qué.

-No necesito que me vigilen- rugió Rose enojada-. Además Kate se irá, y yo necesito algo nuevo… de verdad siento que si me voy de aquí tendré el comienzo que necesito…

-Pero…

-Deja el asunto, Potter- dijo Scorpius recobrando la compostura-. Es su vida, además el que se mude no quiere decir que dejaremos de verla. Ustedes se casan y nosotros no hacemos un circo por eso.

Rose intercambió una mirada con Scorpius, agradeciéndole. Esa era otra cualidad que le gustaba de él: sabía apoyarla y respetaba sus decisiones, pero sabía cuándo intervenir para evitar que hiciera una idiotez. Se ruborizó un poco cuando sus ojos hicieron contacto, sentía que él quería decirle algo desesperadamente… y deseó que fuera un te amo. Al darse cuenta plenamente de lo que pensaba, sintió ganas de ahogarse en su vaso con leche.

Scorpius la observó preocupado, pero no dijo nada.

El resto de la velada estuvo entretenida, pues Rose y Scorpius practicaban su deporte favorito: hacer sonrojar a sus amigos con comentarios insinuantes sobre su luna de miel. Eso logró hacerla sentir de nuevo como antes, pero todo se fue al carajo cuando llegó momento de irse. Sabía que Scorpius la abrazaría, siempre lo hacía, pero no quería arriesgarse a hacer un papelón, así que Rose sólo les dijo a los chicos un buenas noches y prácticamente salió corriendo.

-¿Sucede algo con Scorpius?- preguntó Kate preocupada antes de ir a dormir.

-Nada- dijo Rose con una sonrisa nerviosa.

-Te gusta- aclaró Kate en un tono que no dejaba espacio a réplicas.

-Por supuesto que me gusta, es mi mejor amigo- renegó Rose con un tono sabihondo.

-Sabes a lo que me refiero…

-Basta, Kate, por favor- y sin esperar respuesta, Rose se encerró en su cuarto.

Y así, hecha un ovillo en su cama y con lágrimas que luchaban por salir de sus ojos, no podía dejar de pensar en él. No quería sentirse así, no quería que la mirada de su mejor amigo de repente tuviera otro significado para ella. Se negaba a creer que estaba enamorada de él. En negación, diría Freud, pero bien él y sus mecanismos de defensa podían irse al carajo.

Rose se levantó al día siguiente sintiendo el cuerpo pesado. Acababa de soñar que Scorpius la besaba. Nunca había soñado con él de esa manera, por lo que intentó ocultarlo en los rincones más escondidos de su mente, ni siquiera quiso analizarlo, no quería recordar esos lindos ojos grises mirándola con cariño a la vez que acercaba sus labios a los suyos en un suave beso... No, no podía arruinarlo con él, se dijo de nuevo tallándose los ojos con fastidio. Además… él nunca podría quererla de esa manera, la conocía demasiado bien, la había visto en demasiadas facetas de su vida que era imposible que él… ¿y si se equivocaba y él en realidad la quería?

Soltó un grito de frustración y se dejó caer en la almohada, que se sentía más incómoda de lo normal, quizás porque llevaba demasiado tiempo acostada.

Cuando volteó hacia su buró para ver la hora en el reloj despertador que su abuela muggle le había regalado cuando estaba aún en el colegio, Rose descubrió un pequeño papel con la letra perfecta de Scorpius (seguramente le había pedido a Kate que se la diera), que decía:

Cuando veas esto ven a mi departamento, dormilona.

Sin planearlo, una sonrisa se extendió por su rostro; en cuanto se dio cuenta de lo que hacía, bufó enojada consigo misma por ser tan débil y salió de su habitación para ir a lavarse la cara. Muy por dentro, sentía que si él la veía a esa hora de la mañana, sin arreglar, ella podría sentirse lo suficientemente fea y no deseada como para dejar de pensar en que él podría fijarse en ella. Era una lástima que sus sesiones con el psicólogo habían dado tan buenos resultados que ya le era imposible sentirse mal consigo misma.

-¿Qué sucede?- preguntó Rose en cuanto Scorpius abrió la puerta, haciendo que su corazón latiera con más rapidez de la acostumbrada, y sí, se odió por eso también.

-Desayuno- dijo él encogiéndose de hombros, señalando la mesa de su departamento, donde un rico desayuno consistente en jugo de naranja y hot cakes con miel de maple, la esperaba.

-Gracias, Scorpius- dijo Rose realmente sorprendida y, sin poderlo evitar, conmovida- ¿pero por qué?

-¿Un amigo no puede hacer algo lindo por una amiga de vez en cuando?

Rose sintió una punzada al escucharlo decir la palabra "amiga", pero lo disimuló con una sonrisa burlona.

-Eso no hará que deje que me ayudes a empacar mi ropa interior.

Scorpius soltó una carcajada.

-Bueno, tenía que tratar ¿no crees?- bromeó.

Rose rió junto con él, decidida a olvidar las mariposas en su estómago, pero no planeaba que él dijera:

-Es tu último día en el edificio y quería hacer algo especial antes de que te marcharas.

-Yo… gracias.

Y justo cuando pensaba que podía superar ese "enamoramiento pasajero", él salía con uno de esos comentarios que lo volvían tan… Scorpius.

Aunque una gran parte de ella se negaba a querer olvidar sus sentimientos, pues Scorpius en ese momento estaba soltero, llevaba ya mucho tiempo así…

"No" se dijo Rose estrictamente, machacando un hot cake sin piedad "es tu amigo, punto. Él conocerá a alguien y se casará con ella y podrás odiarla toda tu vida, pero nunca intentarás nada con él, Weasley".

Comieron prácticamente en silencio, pues Rose no dejaba de pelear con ella misma, reprochándose por pensar que Scorpius se veía lindo a esa hora del día… o de hecho a todas horas. Él no mencionó nada, demasiado acostumbrado al silencio que la mayor parte del tiempo él mismo provocaba.

-¿Dónde comenzamos?- preguntó Scorpius una vez que estuvieron en medio de la sala del departamento de Rose, observando el lugar como evaluándolo. Se sentía ya un vacío, pues las cosas de Kate habían desaparecido esa mañana.

-Quiero dejar mi habitación para el final, así que mejor empecemos por la cocina y después la sala.

Scorpius asintió y la siguió a la cocina, donde empacaron trastes y los electrodomésticos (algunas semanas antes Kate le había dicho que podía llevarse todo, pues Albus y ella habían comprado todo nuevo). Una vez que terminaron, siguieron con la sala, Rose recordó todo lo que había vivido con su mejor amiga en ese lugar, como sus fines de semana en pijama comiendo helado de licor, y no pudo evitar sonreír. Recordaron entre risas el pequeño "trauma de Rose" por haber encontrado a su primo y su mejor amiga en una situación comprometedora; y Scorpius le recordó también que en ese lugar habían comenzado a ser amigos, haciéndole sentir a Rose un nudo en la garganta que pronto ignoró.

-¿Quieres que te ayude con lo de tu habitación o prefieres hacerlo sola?- preguntó Scorpius un tanto incómodo cuando la sala estuvo llena del montón de cajas con las cosas que harían Aparecer en el nuevo departamento de Rose.

Ella supuso que él estaba nervioso porque nunca lo había dejado poner un pie en su habitación, así que Rose rió con el comentario y dijo:

-No importa que veas mis cosas, Scorpius. Sé que no eres un pervertido ni nada. Además necesito ayuda para empacar los libros, tengo tantos que no sé dónde los pondré…

-Si es así…

Una vez que entraron a la habitación, Rose no pudo evitar reír nuevamente, esta vez por la mirada embelesada de su amigo, quien también estaba sorprendido por todo lo que veía, desde los libros en sus libreros que adornaban todas las paredes, hasta las fotografías enmarcadas en madera.

-¿Por qué esa cara?

-Huele a tu perfume de sandía, me gusta…

Rose no pudo evitar sonrojarse, pero lo disimuló bien carraspeando y poniendo a su amigo a trabajar de inmediato, indicándole dónde estaba todo.

Una vez que Rose estaba guardando su ropa en grandes maletas, se sorprendió del silencio que se había instalado en la habitación, así que llamó a Scorpius, quien se había quedado pasmado viendo algo en un librero.

-¿Qué es esto?- preguntó Scorpius agitando un sobre con el logo de San Mungo.

Rose se puso colorada.

-¿El resultado de una prueba de embarazo?- bromeó nerviosamente.

-¿Qué?- balbuceó Scorpius poniéndose pálido.

-No es una prueba de embarazo- replicó Rose rodando los ojos, sorprendida por la reacción de él, quien lucía súbitamente aliviado-. Es una tontería…

-Rose…

-Me ofrecieron empleo en San Mungo- anunció de golpe.

El rostro de Scorpius se iluminó y la abrazó efusivamente.

-Era lo que querías ¿no es así?- preguntó sonriente sin dejar de abrazarla.

-Sí- dijo Rose intentando ocultar su sonrojo, que se había extendido por su cuello al sentir esos fuertes brazos alrededor de su cintura-, pero no quería decir nada hasta después de la boda…

-Comprendo… ¿cuándo empiezas?

-Una semana después de la boda.

-¿Por eso escogiste un departamento cerca de allí?

Rose asintió con una sonrisa culpable.

-Me alegro mucho por ti, Rose- dijo Scorpius sinceramente abrazándola un poco más-, aunque no puedo negar que te extrañaré en los entrenamientos.

-Gracias, Scorpius- dijo Rose con sinceridad, cerrando los ojos para poder disfrutar un poco más del suave contacto con su cuerpo-. Por todo.

-No hay nada que agradecer- rió él aligerando el ambiente, ninguno quería tocar temas demasiado profundos-. Es divertido estar contigo, además hueles rico…

Rose soltó una carcajada.

-¿Me quieres sólo por mi perfume de sandía?

-Y por curar mis heridas, no cualquiera tiene la oportunidad de tener una amiga así- bromeó Scorpius.

-Deja las cursilerías, rubiecito- se burló Rose-. Necesito acabar de empacar ya, ¡entregaremos el departamento en dos días!- Rose no quería saber lo que era capaz de hacer si seguía abrazándola de ese modo.

-No me lo recuerdes- resopló Scorpius soltándola suavemente y yendo a terminar de empacar todo.

-Freud diría que tienes un sentimiento oceánico hacia mí- se burló Rose, aunque por dentro se sintió vacía cuando él se apartó.

-¿Desde cuándo lees a Freud?- preguntó Scorpius sorprendido, dejando de acomodar los libros en cajas.

-Desde que no sé de lo que hablas… así al menos ya no me siento tonta cuando menciones las etapas psicosexuales con las que atacas a Albus…

Scorpius soltó una carcajada. Y es que él siempre usaba las etapas psicosexuales de Freud para dejar a Albus en ridículo. La mayor parte del tiempo le decía que no había superado su etapa anal y por eso era tan obsesivo con el orden. Cabe recalcar que Scorpius no era muy ordenado, por lo que los últimos años habían peleado por esa razón, pero siempre terminaban en buenos términos. Si no, no habrían vivido juntos tanto tiempo.

-¿No tienes hambre?- preguntó Scorpius con cansancio, observando su reloj. Eran las cuatro de la tarde y acababan de enviar las cosas al departamento nuevo, por lo que en definitiva ahora sí el lugar se veía tan vacío que daba algo de miedo.

-Sí, mucha- Rose se sentó en el suelo, seguida de Scorpius, quien la abrazó por los hombros. Rose comenzó a ponerse nerviosa, no quería hacer una locura como virarse y besarlo descontroladamente, así que dijo-: Es una lástima que no tengamos esas habilidades mágicas para poder empacar todo más fácil.

-Si todos las tuviéramos seríamos demasiado flojos. Vamos, te invito a comer algo.

Rose asintió y se puso en pie un poco más animada.

Salieron del edificio y caminaron un par de cuadras hasta llegar a un pequeño restaurante que solían frecuentar cuando cenaban solos. En el camino, Rose se fijó en Scorpius como nunca antes. Era realmente atento y la trataba de maravilla. Su cabello se veía más rubio al sol y sus ojos resplandecían con amabilidad. Cuando sus manos se rozaron, Rose sintió una corriente eléctrica recorrerla por cada uno de sus nervios.

Comieron entre risas como era ya su costumbre. Con el paso del tiempo, Rose se había dado cuenta de que el rubio frente a ella no era para nada callado una vez que tomaba la suficiente confianza, así que la mayor parte del tiempo sólo hablaban, y si había silencio, éste no era para nada incómodo.

-Iré al nuevo departamento para limpiar un poco- dijo Rose una vez que iban caminando de regreso.

-¿Quieres que te ayude?

-No, necesitas descansar porque mañana hay entrenamiento, ya me ayudaste mucho hoy, gracias- dijo con una sonrisa sincera.

-Fue un placer- respondió Scorpius de igual manera y le dio un ligero apretón en la mano, que la sobresaltó de todas las maneras posibles. Lo peor fue cuando Scorpius no soltaba su mano ¿Qué rayos significaba eso? Se preguntaba Rose cada vez más nerviosa.

-Iré en un rato por si necesitas algo- dijo Scorpius cuando Rose estaba a punto de Desaparecerse.

-Gracias.

Cuando Rose llegó a su destino, soltó todo el aire que contenían sus pulmones. Quizás de esa manera podría librarse de la terrible opresión en su pecho.

Estaba enamorada de él y lo sabía, pero no quería aceptarlo. Cada vez que estaba cerca su corazón se aceleraba y no podía pensar con coherencia hasta después de un rato. Nunca le había pasado a tal grado con nadie y ella sabía por qué: lo conocía. Anteriormente no se había tomado la molestia de conocer a ningún chico a fondo, pero con Scorpius era diferente: quería… no, necesitaba conocer cada parte de él simplemente porque le interesaba… porque lo amaba.

Una lágrima cayó por la mejilla de Rose. Era tristeza, tristeza de no poder estar con él. No quería arruinarlo de nuevo.

Decidida, se secó las lágrimas y fue a buscar una escoba; mantenerse ocupada despejaría su mente de todos sus pensamientos.

Limpió todo a manera muggle, y ya había terminado cuando se fijó en el balcón, por donde se colaba la imagen de un lindo atardecer. Maravillada, Rose abrió las puertas corredizas y se sentó recargada en la pared abrazando sus rodillas, observando el espectáculo.

-¿Rose?- preguntó Scorpius buscándola con la mirada. Acababa de Aparecerse.

Rose le indicó dónde estaba y le pidió que la acompañara. Él se sentó frente a ella, demasiado cerca para su salud mental.

-Es hermoso ¿no crees?- preguntó Rose sin dejar de ver el cielo, donde poco a poco iban apareciendo las estrellas.

-Lo eres.

Rose se sorprendió con la respuesta y lo miró a los ojos. Su rostro estaba demasiado cerca, tanto que podía sentir su respiración mezclándose con la suya. Ambos se acercaron lenta y simultáneamente al otro, casi por instinto, hasta juntar sus labios en un suave y ardiente beso. La mente de Rose se despejó de todo pensamiento, sólo era capaz de sentir los suaves labios de Scorpius sobre los suyos y sus manos recorriendo su espalda de manera exquisita. Ella, en un intento por tenerlo más cerca, lo abrazó por el cuello, prodigándole caricias.

Cuando el beso terminó, ambos tenían las respiraciones agitadas. Entonces la realidad cayó sobre Rose. No quería verlo a los ojos, no quería que el mejor beso de su vida se sintiera como un error, por lo que dejó que él recargara su frente con la suya.

Scorpius tomó su barbilla después de algunos minutos y la obligó a verlo a los ojos, comprendiendo lo que sucedía.

-Me gustas, Rose- le dijo con la voz un tanto ronca.

-No me hagas esto- pidió Rose volteando la mirada con tristeza.

-Rose…

-No, Scorpius, yo… no quiero perderte, no…

-¿Perderme? ¿Cómo podrías perderme alguna vez si lo único que quiero es estar contigo siempre?

-¿No lo entiendes? Todas las relaciones que he tenido han fracasado… prefiero volver a ser una patética solterona y llenar mi departamento de gatos aunque me den alergia que perderte a ti también.

-Por favor, Rose, esto no tiene por qué ser igual. Eres diferente, yo soy diferente. Y no pude evitarlo, me enamoré de ti ¿cómo no podría? Eres la chica más inteligente, graciosa y hermosa de todo el mundo yo…

-Por favor, no hagas esto más difícil- pidió Rose con la voz ahogada, las lágrimas al fin le ganaban en la batalla y se deslizaban una a una por sus mejillas. Scorpius las limpió con sus pulgares temblorosos-. Olvidemos lo que pasó aquí.

-No podría- dijo tan herido que a Rose le fue imposible sostenerle más tiempo la mirada.

-Entonces inténtalo.

Scorpius se puso en pie con tristeza y Rose sintió su corazón romperse en mil pedazos cuando lo vio Desaparecer.

¡Hola de nuevo! ¿Qué opinan del capítulo? ¿Qué creen que sucederá ahora? Se llevarán alguna que otra sorpresa en el siguiente capítulo muajaja

Nos leemos!