Como desperdiciar tres deseos en un acto (tercera parte).
Jijiji… dos partes no fueron suficientes, pero ahora si concluiré este desatinado one – shot que llegó más allá de serlo. Disfruten la conclusión y un saludo.
Los mortífagos parpadearon asombrados al ver a Harry esfumarse en las narices de su señor. Afortunadamente en esta ocasión pudieron esquivar el ataque que Freeza había lanzado.
¿Cuándo aprendió el chiquillo Potter a desaparecerse? — preguntó Bellatrix.
No tengo idea — respondió Peter abriendo y cerrando la boca —, pero sería grandioso que no lo volviera a hacer.
Qué joven tan educado y amable — por su lado, Gokú opinó mirando hacia el cielo, por donde la voluta blanca que envolvió a Harry se disgregó —. Me cayó bastante bien.
Bueno, bazofia imitación mago — habló Vegeta después de reírse por unos segundos, tanto de la cara amargada de Freeza como del semblante ensombrecido de Voldemort —, ya pediste lo que querías, así que lárgate de una buena vez.
Vegeta tiene razón — admitió Freeza recuperando un poco la compostura y adoptando un tono arrogante —. Tu deseo se cumplió al pie de la letra… regresa por donde viniste y no estorbes — concluyó con acritud.
¡Mi señor! — en ese momento Bellatrix se acercó solícitamente a su líder, arrodillándose a sus pies. Voldemort parecía más pálido que antes y oprimía la varita con firmeza —. ¿Qué ha ocurrido, mi señor?
¡Avada Kedabra! — gritó el hechicero dirigiendo el conjuro hacia la bruja y, sin ningún miramiento, la mató.
Gokú, Vegeta y Freeza parpadearon una fracción de segundo mientras que Dendé se ocultó detrás del Saichōrō. Ambos Namekusejin temblaron de miedo por un instante.
¿Alguno más va a venir a preguntarme cosas sin sentido? — dijo el amenazante brujo al resto de su comitiva, los cuales se petrificaron de terror. Acto seguido dirigió sus enrojecidas pupilas hacia los personajes anime —. Con uno sólo de mis poderosos hechizos puedo exterminarlos a todos…
Me gustaría de verdad que lo intentaras — respondió el Príncipe Saiyajin volviendo a cargar un poco de Ki en su mano derecha, sonriendo ladinamente como es su costumbre y hablando en tono de sentirse superior.
Eso es, Vegeta — opinó la lagartija espacial azotando fuertemente la cola en el suelo por enésima ocasión —, muéstrale a ese pobre iluso que con nosotros no se juega.
Oiga, señor mago — intervino Gokú adelantándose por sobre sus compañeros, mirando muy seriamente a Voldemort —, usted ya pidió su deseo y le fue concedido — y se paró enfrente de él, en la habitual y retadora pose que suele adoptar cuando va a pelear —. Por lo tanto es justo que se retire.
Lord Voldemort no hizo más que sisear algún mínimo vocablo insultante en pársel, el lenguaje de las serpientes y, dando unos tres pasos hacia atrás, sin voltear la vista hacia sus acompañantes, levantó más la voz.
Mis fieles mortífagos, nos vamos — dijo con seriedad —. Y carguen con los cadáveres — puntualizó y se desvaneció tal y como había llegado, en una espiral de humo que se perdió en el infinito.
Los otros magos no esperaron más y le siguieron.
Y ni bien terminaron de desaparecer cuando Vegeta y Freeza ya se carcajeaban sonoramente, casi se revuelcan en el piso.
¡Pero que tipo más tonto! — dijo Freeza lagrimeando de risa.
¡Ese pobre no es más que un imbécil! — opinó Vegeta sin dejar de reír.
Y estuvieron así por lo menos dos minutos hasta que un nuevo acceso de tos del Gran Patriarca y el clamor de Porunga los hizo callar.
¿Y qué fue lo que pasó con Harry?... Veamos…
¡Uf, lo logré! — dijo Harry Potter al aparecerse cerca de "Cabeza de Puerco", uno de los sitios olvidados para visitar de Hogsmeade —. Ahora… — se revisó cuidadosamente, a ver si no había perdido algún miembro en el camino —… perfecto, no hubo ningún problema.
Satisfecha su curiosidad sacó la capa invisible del interior de su túnica.
Menos mal que Dumbledore me aconsejo traerla siempre conmigo — musitó al ponérsela, encaminándose con rumbo a Honeydukes, la tienda de golosinas más famosa del poblado —. Sólo espero poder entrar sin que nadie se dé cuenta… — pensó en voz alta.
Cuando al fin pudo sortear todos los obstáculos ya se dirigía muy contento a la sala común de Gryffindor, con una sonrisa dibujada en el rostro ante la sorpresa que les daría a sus amigos.
Hermione se morirá de envidia — dijo antes de dar la vuelta en el pasadizo que conducía al pasillo principal de la torre de su casa, sin poder ocultar una sonrisita de satisfacción y algo de superioridad —, ella nunca obtendrá autógrafos de sus personajes favoritos de "Dragon Ball", ni vivirá la experiencia de aparecer en un planeta fuera de este mundo y volver sin que te ocurra nada malo… — y hasta alzó la voz con júbilo —. ¡Pero que buena suerte tuve! — para después bajarla al notar que la señora Norris, la gata propiedad del conserje Filch, andaba merodeando muy cerca —. Tendré que agradecérselo a Voldemort… tal vez algún día — y tuvo que esperar como cinco minutos hasta que el animal se alejó por otro pasillo, pues no quería ser descubierto y castigado por andar a deshoras fuera de la sala común.
Y hay que volver una vez más a Namekusejin, porque aun faltan dos deseos…
¿Acaso no piensan pedir su segundo deseo? — habló sonoramente el gran dragón, llenando el ambiente con el sonido de su voz.
Es verdad — Freeza recuperó el aliento y se dispuso a acercarse a Dendé, sonriendo tan grandemente como si ya tuviera el cosmos a sus pies —, la hora de mi triunfo ha llegado.
Vegeta también recobró la compostura y el mal genio, cruzándose de brazos y lanzándole al engendro con aspecto de reptil una mirada de absoluto desprecio. Gokú se encogió de hombros y optó por situarse al lado del Príncipe una vez más.
Al fin, el momento que he estado esperando… — dijo Freeza con tono pomposo —… la gloria me sonríe… y de verdad me lo merezco, pues le he demostrado mi superioridad a todo aquel que ha tenido la osadía y desfachatez de retarme — hasta se paró en pose de divo —. Yo, el gran Freeza, pronto ostentaré el sobresaliente título de Emperador Supremo del Universo — y volvió la vista hacia los Saiyajins por una centésima de segundo —. Y todas las criaturas del espacio tendrán que someterse a mí o morir…
Vegeta… ¿qué tanto dice Freeza? — en lo que la lagartija espacial soltaba ese discursito sin sentido para nadie, Gokú le susurró a Vegeta algo cerca del oído —. ¿A qué hora piensa pedir su deseo?
¡Ese hijo de su… $#%& dice puras ma…! ¡Eso es lo que son! — el aludido respondió entre dientes, rechinándolos de rabia.
… ¡y, ahora, pediré el deseo que me hará insuperable! — Freeza levantó la voz, hablando en éxtasis —. ¡Y sería tan agradable ver la cara del torpe de mi hermano Cooler y de mi padre, el rey Cold, en cuanto lo consiga! — se carcajeó un segundo —. ¡Así no volverán a dudar de mí!
De acuerdo — antes de que terminara su soliloquio, Dendé se dirigió al dragón.
¿¡Qué! — la lagartija espacial reaccionó en cuanto el pequeño le habló al ser celestial —. ¡Ese no es mi deseo, incompetente Namekusejin! — y le gritó con tono enfurecido.
Pero… eso es lo que usted dijo que le agradaría — respondió el chiquillo, escondiéndose una vez más tras el Gran Patriarca.
¡Maldita sabandija, voy a…! — Freeza apuntó hacia los dos Namekusejin dos dedos de su mano derecha, dispuesto a descargar su rabia, más los Saiyajins lo aferraron rápida y firmemente por ambos brazos, torciéndoselos hacia atrás.
¡Detente de una vez, Freeza! — le dijo Gokú autoritariamente —. ¡Ya has solicitado tu deseo y no voy a permitirte que mates a nadie!
Freeza… debes aprender a ser un buen perdedor — Vegeta, por su parte, habló con ironía y sarcasmo, disfrutando el dolor que le causaban a ese repulsivo reptil —. Y no creas que iba a permitir que arruinaras mi propio deseo por tu estupidez — puntualizó un poco más molesto.
¡Aaaggghhh! — el pobre apenas si pudo quejarse, con una mueca de agonía en su semblante.
Un tanto apartado donde se encontraban se presentaron dos individuos bastante altos, uno de ellos visiblemente parecido a Freeza, aunque el otro no se quedaba atrás. Poseían largas y escamosas colas de reptil, y sus extremidades posteriores sólo contaban con tres gruesos dedos. Los sujetos parpadearon asombrados al percatarse de que habían llegado a un lugar diferente del que se encontraban con anterioridad.
¿Pero qué es lo que ha sucedido? — dijo el mayor de ellos, el cual vestía una larga capa morada y tenía también grandes cuernos sobre la cabeza.
No puedo creerlo… — dijo el otro, observando un tanto absorto el paisaje —. Padre mío… — le habló respetuosamente al mayor —… tengo la impresión de que estamos en Namekusejin.
¿En Namekusejin? — preguntó asombrado su interlocutor —. ¿Por qué estas tan seguro, Cooler?
Bueno, alguna vez pase por este planetita baladí y no encontré nada interesante, papá — respondió el tal Cooler con tranquilidad —. Además, si no me equivoco, mi pequeño hermano Freeza tiene algo que ver, pues tengo entendido de que él venía para acá — puntualizó señalando hacia donde se encontraban todos los demás, cerca de las esferas del Dragón.
¿Freeza? — el rey Cold pareció asombrado, y dirigió la vista hacia el lugar señalado —. ¡Freeza! — exclamó sorprendido de ver al menor de sus vástagos con esos seres inferiores —. ¿Qué significa todo esto, Freeza? — le reclamó.
Los Saiyajins habían decidido soltar a Freeza en cuanto vieron aparecer a esos dos personajes, y hasta silbaron distraídamente para disimular su "fechoría". El aludido se acomodó los brazos, tratando de ocultar el daño que le habían causado… no fueran a pensar su padre y su hermano que unas basuras le estaban ocasionando problemas.
Papá… Cooler, hermano mío… — respondió al tiempo que se aproximaba a ellos… se veía visiblemente nervioso —… me da muchísimo gusto verlos después de tanto tiempo… no me han ido a visitar — y hasta les sonrió grandemente.
Vamos, pequeño Freeza, no seas tan hipócrita que a mí no me engañas — le respondió su hermano mirándolo con gesto severo, como buen hermano mayor —. Te conozco y sé que no te da gusto verme. Además — agregó algo socarrón —, puedo suponer que sigues jugando a ser emperador… ¿o no?
Guarda silencio, Cooler — le indicó su padre con seriedad —, dejemos que sea Freeza quien nos explique todo — y ahora miró a su segundo hijo con dureza.
Bueno, papá, lo que pasa es que… — tartamudeó el aludido, haciéndose más pequeño de la vergüenza por ser reprimido en público.
Vegeta se carcajeó por lo bajo
Mira nada más, quien viera a Freeza ahora… — masculló socarronamente.
Y Gokú, por su parte, fue a saludar a los recién llegados, amable y cortésmente como acostumbra.
Hola, soy Gokú — dijo, estrechándole la mano a ambos al estar cerca de ellos —. ¿Así que ustedes son el padre y el hermano mayor de Freeza?... es un gusto conocerlos — y después, parándose a lado de la salamandra espacial, agregó con simpleza —. Por cierto… ¿acaso Freeza no comió bien cuando era un niño? Es demasiado pequeño a su lado.
Cooler no pudo aguantar la risa por esa aguda observación.
¡Pero que criatura más graciosa! — dijo.
Su padre le lanzó una mirada de reproche y Freeza le gritó a Gokú:
¡Cierra la boca, endemoniado Saiyajin! — y azotó la cola con rabia en el piso.
El de peinado punk se dio cuenta que había hablado de más y volvió presuroso al lado de Vegeta. Dendé y el Saichōrō aprovecharon esos instantes de distracción para ocultarse en la vivienda más cercana.
¿Un Saiyajin? — dijo el Rey Cold después de haber silenciado a su primogénito —. ¿Acaso aun quedaban Saiyajins vivos? — y retornó la vista hacia su hijo menor, volviendo a hablarle con dureza —. Freeza, me dijiste que los habías exterminado a todos.
Bueno, papá, lo que sucedió fue… — y el pobre volvió a balbucear.
¡Jah! — Vegeta ya no se contuvo las ganas de hablar en voz alta para que notaran su presencia, mirando a esos tres seres con asco y repugnancia. La entonación que le dio a su voz era de sarcasmo —, si creíste, Freeza, que por el simple hecho de destruir Vegetasei, mi planeta y mi reino, y asesinar a mis vasallos obtendrías la victoria… te equivocaste — y escupió de lado una vez más, para demostrarles a esos fantoches que con el orgullo Saiyajin no se jugaba —. Más te hubiera valido asegurarte de acabarnos a todos, incluyéndome a mí, el gran Príncipe Vegeta… pero ahora ya es muy tarde para eso — puntualizó sonriendo de lado —. Tu soberbia ha sido tu perdición, Freeza…
¿Dos Saiyajins? — Cooler y el rey Cold abrieron los ojos de par en par… no estaban plenamente consientes de que Freeza había mantenido ocultos y a su servicio a algunos Saiyajins, entre ellos el heredero de esa raza tan problemática.
Vaya, pequeño Freeza, te sacaste el premio mayor — opinó Cooler sonriendo grandemente —. El Príncipe de Vegetasei y uno de sus soldados… debe ser maravilloso que trabajen para ti.
Ellos no son más que escoria sin importancia — dijo Freeza tratando de mantener la calma, mirando a Vegeta y a Gokú con bastante desprecio… ambos le correspondieron la mirada sin decir ya nada, pues estaban plenamente consientes de que no podrían sostener una batalla con esos tres engendros porque ya habían notado que eran sumamente poderosos, y en esos momentos no estaban a la altura de sus capacidades. La lagartija del espacio se dirigió a su padre una vez más —. Papá, si me permites explicarte…
Ya hablaremos en casa, jovencito descuidado — por toda respuesta, el rey Cold le agarró fuertemente por uno de los cuernitos y lo jaló, arrastrándolo y encaminándose hacia la nave que le pertenecía —. Te dije antes de que salieras que arreglaras el desorden de tu habitación, y fueras precavido en terminar bien tus deberes para con la familia — le reprendió con tono enfurecido —. Así que te castigaré por todo un año sideral sin salir del palacio. ¿Te quedó claro?
¡No, papá, por un año sideral nooooo! — exclamó el pobre, llorando de dolor y de coraje.
Oh, vamos, pequeño Freeza… — Cooler les siguió, tratando de aguantarse la risa —… un año sideral pasa rápido — y volvió la vista para despedirse burlonamente de los que se quedaban ahí —. Tal vez nos veamos algún día, Saiyajins — dijo en tono jocoso —, así que procuren esconderse bien para que no los mate personalmente.
Los aludidos mejor se abstuvieron de responderle, aunque el Príncipe masculló entre dientes lo que podría interpretarse como un vocablo grosero en su dialecto original. Vieron como la gran nave espacial de Freeza se alejaba hasta atravesar la atmósfera del planeta.
Que sujetos tan extraños — dijo Gokú rascándose la nuca.
En tanto que Vegeta empezó a carcajearse como demente.
¡Cómete esta, Freeza! — y le dedicó una seña obscena al cielo, como si la lagartija espacial pudiera verlo —. ¡Tú estarás castigado y yo pediré mi deseo! ¡Seré invencible! — y hasta se tiró al piso sin dejar de reír —. ¡Yo, el gran Vegeta, Príncipe de los Saiyajins, he ganado la batalla!
Dendé se aproximó tímidamente a Gokú, pues el Gran Patriarca lo mandó para acabar de una buena vez con lo de los deseos y así recobrar la paz en su mundo.
Señor Gokú… — le dijo muy bajito —, ¿no van a pedir su tercer deseo?
Tienes razón, Dendé — le respondió el aludido dedicándole una sonrisa —. Oye, Vegeta — y se dirigió a su paisano como si nada hubiera pasado —, reír como loco no es divertido.
¿Cuál es su tercer deseo? — a su vez habló Porunga, dándose cuenta de que ya estaban por finalizar y podría irse a descansar por un buen tiempo —. ¿No van a pedir su tercer deseo? — preguntó.
El Saiyajin de erizada cabellera en punta detuvo su júbilo y se levantó presuroso, sacudiéndose el polvo y retornando al gesto serio, pues no estaba bien que el futuro Emperador Supremo del Universo diera un "show" como ese.
Anda ya, Vegeta, vas tú — Gokú se le acercó y la palmeó por enésima ocasión en el omóplato, como para darle el valor de expresarse —. Recuerda hablar fuerte y claro al pedir tu deseo… concéntrate en lo que verdaderamente quieres y te interesa … no te distraigas por nada del mundo… fija tus objetivos… — y le soltó un discursito educativo, por si acaso el Príncipe no tenía claro cual era su aspiración —… y alcanzarás las metas que te has planteado… sólo espero que el deseo que vas a pedir sea útil para nobles y buenos propósitos… — como que dudó tantito en ello, conocedor de que su coterráneo aun no había abandonado las malas artes —… porque, si no es así, mi deber será detener las brutalidades que te propongas… aunque posiblemente Bulma pueda ayudarte a mejorar porque tienes un geniecito espantoso — observó al final, ya sonriendo nuevamente.
Entre toda esa palabrería Vegeta empezó a temblar de cólera, abrió y cerró los puños, con ganas de estrellarlos en ese rostro de burda expresión, y la vena de su sien palpitó con furia… y, si tuviera unos poros tan grandes como los de Majin Boo, hasta despediría vapor por ellos.
¡Ya cállate, maldita sea, Kakarotto, que me enfermas! — le gritó ante la última frase —. ¡Como deseo que cierres la bocota por mucho tiempo para dejar de oír tus sandeces de una buena vez por todas, estúpido mentecato! — parándose intimidantemente sobre la punta de sus botas de batalla —. ¡Y vete a la mierda! — puntualizó al final, desgañitándose de coraje.
Está bien — dijo Dendé en el acto y le reveló al dragón el deseo solicitado.
¿¡Qué! — entre su ofuscamiento, el Príncipe no se había dado cuenta de lo que había externado.
Yo mejor huyo… — y el pequeño Namekusejin se escurrió lo más rápido que pudo, moviéndose velozmente hasta ocultarse en la casita por reiterada ocasión.
Su deseo será concedido en este instante — dijo el ser celestial, y sus ojos centellaron.
Pero Vege… — fue lo último que alcanzó a decir Gokú antes de quedarse mudo.
¡No, eso no! — gritó el agresivo Saiyajin, sacudiendo violentamente al otro por el obi —. Bueno, si, pero… — parpadeó un poco al notar que su némesis ya no dijo ni media palabra.
Bien, ahora me retiro — exclamó Porunga en tono complacido, pues había cumplido los deseos literalmente y sin ninguna dificultad. Se elevó más allá de las nubes, serpenteando como buen reptil.
Las "Dragon Balls" también se alzaron, siguiendo la ruta que el dios dragón había dejado marcada. El majestuosos ser desapareció en medio de un resplandor dorado y las esferas se salieron disparadas, dispersándose por todo el planeta. El cielo recobró su pálido color verdoso, como si nada hubiera pasado.
¡Vuelvan! — Vegeta parecía a punto de llorar de la pena, levantando la mano derecha como si quisiera atrapar los mágicos orbes. Inmediatamente, al darse cuenta de que ya no lograría nada, miró a Gokú una vez más, sin poder ocultar su disgusto —. Kakarotto idiota, ¿ves lo que provocaste por andar de hablador?
Gokú le lanzó a su vez una mirada escrutadora. Se había cruzado de brazos para admirar el espectáculo del dios dragón al perderse en el horizonte, y también para contemplar el gesto de desesperación de su paisano. Al segundo los descruzó para dar dos palmaditas, como si le aplaudiera por su irresponsable descuido. En un santiamén apareció a su lado una pared que tenía un letrero iluminado por varios foquitos de colores, que decía una conocida frase publicitaria actual. Detrás de la misma surgió un alto y fornido guerrero de brillante piel verde, el cual lucía una larga capa blanca con hombreras y un turbante sobre la cabeza. El recién llegado comenzó a cantar con una muy buena voz de tenor.
¡Te lo dije! — y haciendo ademanes como si estuviera en el Metropolitan House de New York —. ¡Te lo diiiiije!
¿¡Acaso estas insinuando, pedazo de insecto, que la culpa es mía! — rezongó el Príncipe Saiyajin, entendiendo la indirecta muy directa.
Bueno — respondió Pikoro dejando de cantar —, yo sólo estoy aquí porque me lo pidió la autora de la historia — encogiéndose de hombros —. Así que tómalo como quieras — y sonriendo lo más disimuladamente que pudo, divertido por verlo en ese estado de rabia.
Vegeta no hizo más que parpadear con incredulidad por esas palabras, y Gokú únicamente negó con la cabeza, cerrando los ojos y haciendo un gesto de infantil resignación mientras se encogía de hombros, dando a entender que él pensaba lo mismo que la escritora.
Por cierto, Vegeta, que buen deseo pediste — observó Pikoro un poco más alegre, y esta vez sonrió con mayor amplitud —. Gokú también llega a molestarme cuando no se mide al hablar.
¡Pero como te odio, Kakarotto! — como reaccionando nuevamente a lo sucedido, al hecho de haber arruinado su deseo, el Príncipe volvió a gritarle a su némesis, creciendo una vez más por la cólera —. ¡Ahora si voy a matarte!
El aludido Saiyajin de peinado punk decidió que lo mejor era poner pies en polvorosa y retirarse sin enfrentarse a su enfurecido compatriota, y, más rápido de lo que puede decir "Kame – Hame – Ha", llegó a su nave espacial, cerrando la compuerta y despegando. Por una de las ventanillas alcanzó a decir adiós con la mano.
Pero el Saiyajin de elevada y erizada cabellera no se quedó atrás y, de igual manera, en menos de lo que tardaría en adoptar la pose para su "Garlic – Ho", se dirigió al pequeño vehículo en la cual había llegado y salió disparado tras el otro, sin tener la delicadeza de despedirse. Pikoro no ocultó su molestia, frunciendo el ceño por una fracción de segundo.
Pero que par de… — masculló mirando hacia el espacio —. Saiyajins tenían que ser ambos.
Fue entonces cuando Dendé se le aproximó cautelosamente.
Disculpe, señor… — le dijo temeroso en cuanto el guerrero se percató de su presencia —… usted parece un Namekusejin como nosotros.
Pues así parece — le contestó con parquedad, volviendo la vista al firmamento por unos segundos más. Después recuperó la sonrisa y retornó a ver al niño —. Dime una cosa, pequeño enano, ¿el Gran Patriarca se encuentra bien? — preguntó con amabilidad.
Él está bien — respondió el chiquillo, sonriendo también.
Los otros Namekusejin, incluido el Saichōrō, se acercaron con más confianza al ver que ya todos los intrusos se habían retirado.
Muchas gracias, joven — le dijo el Gran Patriarca a Pikoro en cuanto estuvieron a su lado —, ahora ya podemos estar más tranquilos… aunque la celebración tendrá que posponerse hasta que el tercer sol vuelva a los ciento treinta ocasos — suspiró grandemente.
Por nada, Gran Patriarca, creo que era mí deber aunque no vivo aquí — contestó Pikoro en tono respetuoso y amable —. Por cierto, tenía entendido de que usted estaba a punto de morir — observó tratando de no sonar maleducado.
Bueno, algún día todos moriremos — aclaró el Saichōrō muy sonriente —. Solamente era una treta para alejar a todos esos bandidos de nuestras preciadas esferas del Dragón. Lástima que no pudimos detener sus ambiciones — volvió a suspirar —, así que no tardaran en regresar en cuanto se enteren de que las "Dragon Balls" estarán disponibles una vez más.
Descuide, para ese tiempo haremos las cosas de mejor manera — afirmó Pikoro con un poco de seriedad —, ya que estaremos preparados para enfrentarlos.
Bien — el anciano afirmó con la cabeza y guardó silencio por un breve instante, para después hablar un poco más alegre —. Pero pasa, por favor — dijo palmeando un hombro del guerrero —, es nuestro deber brindar hospitalidad a quien nos defendió de esa manera.
Y así nos alejamos de este singular y hospitalario planeta, dejando que los Namekusejin preparen su celebración para una mejor ocasión.
Epílogo.
¿Qué pasó con todos aquellos que intervinieron en la petición de los deseos desperdiciados? Aquí les explicamos brevemente lo que les sucedió después de lo narrado en esta historieta.
Naraku: Regresó al periodo Sengoku, enfrentó a sus enemigos por conseguir la tan preciada y referida Shikon no Tama y… murió en el intento, pues aunque la tuvo en sus manos no pudo manifestar su deseo a tiempo.
Lord Voldemort: le hizo la vida de cuadritos a Harry Potter, persiguiéndolo por todo el Reino Unido y poniéndole un alto precio a su cabeza como "El Indeseable No. 1". Más, aunque pretendió la inmortalidad a base de desgarrar su alma y encerrar los fragmentos en Horrocruxes, así como el querer apoderarse de las Reliquias de la Muerte, murió de una manera más que absurda, pues se mató a sí mismo sin saberlo.
Freeza: Reunió las esferas del Dragón de Namekusejin, ayudado indirectamente por Vegeta y otros acontecimientos fortuitos, más no sabía que para exponer su deseo tenía que decir la "clave secreta" en el idioma nativo de ese lugar, así que, aunque llegó a formularlo cerca del dragón Porunga, éste no le concedió su petición porque no le entendió. Murió tiempo después, asesinado en la Tierra por un joven venido del futuro, el hijo de Vegeta; aunque todos habíamos creído que Gokú lo había despachado directo al infierno antes de que el planeta Namekusejin explotara.
Vegeta: Llegó a la Tierra siendo un asesino esbirro de Freeza, casi mata a Gokú cuando éste lo enfrentó para defendernos, más no contaba con que le pondrían también una paliza que lo tuvo en recuperación por varios días. Fue al planeta Namekusejin para evitar que Freeza, al cual ya estaba cansado de obedecer, obtuviera primero el deseo de ser inmortal. Indirectamente ayudó a Gokú y a los demás, aunque fue asesinado por el mismo Freeza. Después revivió y fue enviado a la Tierra junto con los habitantes de Namekusejin y todos los demás que se encontraban allá. Pareció disfrutar mucho del hecho de que Gokú hubiera muerto junto con Freeza. A partir de ese momento, quiérase o no, aunque su obsesión por ganarle a Gokú nunca fue superada, se unió a él y a los otros guerreros Z para la protección de la Tierra. Actualmente vive en concubinato con Bulma, con un hijo varón y una niña por venir.
¿Y Gokú?... Gokú hizo lo que mejor sabe hacer, defender a la Tierra y a todos los seres que vivimos aquí. Ya murió dos veces y nuevamente está entre nosotros, con dos hijos varones que poseen su espíritu y sus sentimientos.
Nota final de la autora: El epílogo es parte cultural de algo que de todos ya conocemos. Gracias. Y espero que este pequeño (XD) crossover de verdad les haya resultado divertido. Saludos y nos seguimos leyendo.
P.D. Con la magia de las caricaturas y la animación todo es posible… el hecho de que Voldemort se haya podido comunicar muy bien con ellos… jejeje, o el hecho de que Porunga hablaba japonés, junto con todos los extraterrestres, pero a la hora de los deseos tuvieran que ser pronunciados en idioma de Namekusejin… XD.
