Hola! Mil gracias por todos los reviews! =D me hicieron muy, muy feliz!
Disfruten el capítulo!
Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.
Vigilados.
Scorpius sentía un gran vacío en el estómago y unas inmensas ganas de llorar. No le pasaba desde que había terminado con Adele, su última novia. No sabía que hacer o a dónde ir, se sentía completamente desorientado.
La amaba, el haberle dicho que le gustaba se había quedado corto, pero había sido lo suficiente para asustarla. Desde el principio él suponía que iban a terminar juntos, porque si era en verdad sincero, la amistad entre hombres y mujeres no existía, siempre había algo más de por medio. Con Kate era diferente, porque prácticamente era como su hermana, eso le había quedado bastante claro cuando habían sido novios que sólo duraron una semana, no recordaba incluso por qué habían cortado.
Le había parecido completamente ilógico al principio que Rose le gustara, generalmente buscaba a alguien más emocionalmente estable, pero cuando había visto su rápida recuperación después de lo acontecido con el tal Eric (a quien le había hecho la vida imposible con ayuda de los Weasley y Potter), le comenzó a parecer atractiva. La había conocido desde el primer año del colegio y nunca le había prestado atención hasta que comenzaron a ser vecinos en el edificio y comenzó a considerarla bonita, pero sólo eso.
Cuando la había acompañado en su "último día como solterones patéticos" poco más de dos años atrás, todo había cambiado. Su opinión sobre ella se había hecho bastante más fundamentada. No sólo la consideró una buena amiga, sino alguien con un corazón puro cuyo único problema era no saber lo que quería.
Pero Rose, la Rose en la que se había convertido, la Rose fuerte e independiente que defendía sus puntos de vista y no se dejaba pisotear por nadie, ella sí que lo volvía loco. Toda ella era hermosa, su cabello que ella consideraba insoportable él lo veía adorable; sus lentes molestos a él le parecía que le daban un aire intelectual que de por sí toda ella destilaba; su piel pálida y pecosa que ella criticaba porque nunca se bronceaba, a él le gustaba observarla por horas e imaginarse besándola con suavidad.
¿Cuándo había comenzado todo? Haciendo mucho introspección, se había dado cuenta de que la primera vez que le atrajo fue aquella vez en la que, preocupado por una especialmente fuerte amenaza a Astrid por parte de Goyle, su entrenador de los Chuddley Cannons lo había obligado a guardar el equipo que habían utilizado; una de las bludgers lo había golpeado fuertemente en el hombro y lo había hecho caer al suelo con fuerza ¿el resultado? Un brazo roto y la espalda lastimada, así que Rose lo había sanado con un hechizo y un ungüento que frotó en su espalda con sus manos pequeñas y delgadas que le habían provocado sensaciones nunca antes experimentadas. Claro que había reprimido los pensamientos lascivos hacia ella porque en ese momento tenía novia.
Mientras que ella lloraba en un sillón con Kate, él las consideraba un poco tontas por no salir más en vez de lamentarse, pero nunca las consideró patéticas, como ellas mismas se llamaban, claro que nunca se los dijo porque sabía que eso podía alterarlas un poco… o lo considerarían un entrometido.
La primera vez que le dio un consejo a Rose, donde básicamente le pidió que dejara de usar personas, en realidad pensaba en la situación que él estaba viviendo con Adele, nunca esperó explotar con Rose ni que ella lo tratara tan bien. Después de que lo rescatara en la puerta de su departamento, fue que pudo entender por qué Albus la quería tanto.
Por eso, cuando todo su mundo se derrumbó al darse cuenta del tipo de hombre que era Eric, Scorpius se había visto en la necesidad de protegerla, de ayudarla, de guiarla, porque si algo sabía él gracias a su carrera, era que las personas como ella necesitaban mucho apoyo.
Pero mientras más tiempo pasaba junto a ella, más cuenta se daba de que no lo hacía sólo por ayudarla. Cada vez era más su deseo y necesidad de estar junto a ella, de tomarla de la mano a veces con la excusa de hacerla caminar más rápido; de darle un abrazo con la excusa de las buenas noches para poder oler bien su perfume; de decir alguna tontería para hacerla reír; de contradecirla para hacerla enojar; de hacer algún detalle para ella para ver su sonrisa cálida y quizás recibir un beso en la mejilla…
Ese beso.
No se equivocaba al decir que era el mejor que había dado, el mejor que había recibido y el único que hasta ese momento le importaba mantener en su memoria.
Él siempre había dicho que el amor no era más que una reacción química en el cerebro que volvía estúpida a la gente y los hacía caer en un estado neurótico que se iba disipando con el tiempo, pero ahora no estaba tan seguro.
A veces se maldecía el haberle dicho a Rose que dejara que su personalidad fuera lo más atractivo de ella y de esa manera podría atraer a los chicos, porque ella lo había cumplido… y de qué modo. Había perdido la cuenta de las veces que había ahuyentado a los hombres que se le acercaban siquiera a pedirle la hora.
Eso había sido desde hace dos años. No había aceptado que en realidad le gustaba hasta algunos meses después, donde pasaba noches en vela sintiendo las familiares mariposas en el estómago que no lo dejaban tranquilo por la expectación de verla al día siguiente cuando fueran a trotar al parque. Primero pensó que no era más que una reacción de su inconsciente al no haber estado con ninguna chica desde que había cortado con Adele. Fue un día a la hora de la cena, cuando la luz se había ido y sólo los alumbraban las luces de sus varitas y de algunas cuantas velas, que todo había dado un giro sorprendente.
Se habían quedado en silencio después de una larga plática sobre sus familias, mientras ella comía sus vegetales, él se daba cuenta de una gran revelación: no podría vivir feliz a menos de que la viera a diario sonriéndole con esa sonrisa de labios rojos y ojos cansados por madrugar; a menos de que tomara su cabello con sus dedos para notar su suave tacto; a menos de que charlaran por horas sobre diversos temas de interés para ambos; a menos de que se quedaran en silencio por mucho tiempo sin sentirse incómodos; a menos de que la abrazara cada noche antes de dormir.
No podría soportar verla con alguien más, porque desde que el tal Eric se había marchado, no existían ya un Rose y un Scorpius por separado, eran Rose y Scorpius juntos, siempre en la misma oración.
Incluso Albus, el ser menos observador del planeta, se había dado cuenta de que algo pasaba entre ellos.
Con el beso ocurrido minutos antes, Scorpius se había dado cuenta de que ella también sentía algo más por él, pero tenía miedo. Él también lo tenía, su amistad era muy importante para él, pero ¿de verdad era amistad? Si lo analizaba como solía ser su costumbre, se daría cuenta de que en realidad actuaban como novios sin una etiqueta propiamente impuesta por ellos.
Sólo que dolía.
Dolía que ella quisiera olvidar lo que había sucedido entre ellos.
Dolía que no le diera una oportunidad.
Dolía que lo hubiera dejado marcharse así nada más.
¿Acaso sólo se había hecho ilusiones y ella no estaba interesada en él? ¿Había sido tanto su deseo que había imaginado todo?
Con un suspiro de resignación y sintiendo que estaría mejor con su familia, se Apareció en casa de sus padres, donde un abrazo reconfortante de su hermanita, una rica cena de su madre y un consejo de su padre lo harían sentir un poco mejor.
-¿Qué tienes?- preguntó Astrid cuando le abrió la puerta y él la saludó con su mejor sonrisa fingida que al parecer no había podido engañarla.
-Serías buena psicóloga, hermanita- felicitó Scorpius quitando la sonrisa que ya no era necesaria.
-Deja de hacer eso- refunfuñó Astrid cruzada de brazos.
-¿El qué?
-Hacerme un cumplido cuando quieres evitar un tema.
-No quiero hablar de eso ahora, lo siento- se disculpó Scorpius haciéndola a un lado para poder pasar- ¿dónde está papá?
-En su estudio- contestó Astrid arrastrando los pies hasta la cocina, de donde salía un delicioso aroma a estofado.
Scorpius caminó lentamente hasta el lugar indicado, cerca de las escaleras. Tocó tres veces con los nudillos y la voz de su padre le indicó que podía pasar.
-¿Estás ocupado?- preguntó Scorpius con las manos en los bolsillos de su pantalón.
Draco estaba sentado en un sofá de cuero observando lo que parecía ser un viejo álbum de fotografías.
-No, sólo… desentierro un poco el pasado- contestó Draco melancólico. Unas grandes ojeras se extendían bajo sus ojos, producto de las preocupaciones que no lo habían dejado en paz desde hace años.
Scorpius negó con la cabeza y por primera vez en su vida, se sentó a escuchar las historias de su padre, pero algo en el álbum de fotos llamó su atención.
-¿Quién es ese sujeto?- preguntó pálido como la cera señalando un chico de dieciséis años que reía junto con Draco de algo que otros dos sujetos gordos habían hecho.
-Este es Goyle…
-Lo sé, me refiero al otro…
-¿Este? Blaise Zabini, solíamos ser amigos, posiblemente también va tras nosotros.
Scorpius se sintió morir.
-Diles a mamá y Astrid que nos vamos.
-¿Qué?
-¡Tenemos que irnos ahora! ¡Escondernos! ¡Este sujeto es igual a uno de mis pacientes! Se han estado haciendo pasar por alguien más para vigilarnos… debemos irnos- Scorpius no podía con su alma. Se sentía estúpido por haberse dejado engañar y al mismo tiempo con la furia recorriendo cada parte de su ser.
-¡Astoria!- gritó Draco a su esposa saliendo a su encuentro y el de su hija. Ambas salieron de la cocina, asustadas.
Draco las puso al tanto, pero lo único que Scorpius podía escuchar era un lejano zumbido en sus oídos.
-¿A dónde iremos?- preguntó Astrid, siempre firme.
El matrimonio Malfoy se observó asustado, pero Scorpius sabía la respuesta.
-Desordenen todo como si alguien hubiera venido por nosotros, eso despistará al idiota de Goyle. Llévense sólo lo necesario, iremos con Marshall. Yo lo había puesto antes al tanto, se había ofrecido a prestarnos una casa que tiene en Bristol para escondernos. Ya me la ha mostrado, así que podré Aparecerlos allí también.
-Este amigo tuyo puede estar implicado, Scorpius- comenzó a negarse Draco.
-Lo investigué antes, papá, sólo es un psicólogo muggle.
Media hora más tarde, los cuatro se Aparecieron en un callejón oscuro cerca de la casa del amigo de Scorpius, Anthony Marshall, quien los recibió con agrado y nada de sorpresa. Sin preguntar más, le tendió unas llaves a Scorpius.
Scorpius le dio las gracias a su amigo y salió de nuevo con su familia. Los Apareció en el lugar correcto y se aseguró que todo fuera seguro. Comenzó a poner los hechizos protectores correspondientes que una vez Albus le había enseñado y al fin pudo observar bien el lugar.
Era una pintoresca casita amueblada rústicamente. No era muy grande, pero al menos podrían estar allí bien hasta que todo se arreglara. Dejó su mochila en el suelo (por la cual había ido a su departamento antes de ir con Marshall, aprovechando para desacomodar todo) y abrazó a Astrid por los hombros, quien temblaba de indignación.
Muchas horas después, tanto que casi podía verse el amanecer, Scorpius se fue a dormir a una pequeña habitación que tendría que compartir con Astrid por tiempo indefinido.
-¿Ya vas a decirme qué sucedió con Rose?- le preguntó Astrid astutamente.
-¿Cómo sabes que pasó algo con Rose?- preguntó Scorpius adormilado y sin saber exactamente qué decía.
-Porque es la única que hace que te pongas todo sentimental ¿qué pasó?
-Nos besamos, le dije que me gustaba y ella me rechazó…
El grito de furia de Astrid fue suficiente para despertar a todos los Malfoy.
Hola!
Espero les haya gustado este capítulo =D al fin ya saben la perspectiva de Scorpius respecto a lo que sucedió xD ¿ahora qué sucederá? ¿cuánto tiempo estarán escondidos? ¿Se contentarán Scorpius y Rose alguna vez o él morirá antes de poder hacer algo? ¿Astrid asesinará a Rose si llega a verla alguna vez? ¿los encontrarán los mortífagos? ¿Cuándo podré actualizar de nuevo? ¿tendré clases mañana o todo fue un engaño de los directores? ¿por qué hago tantas preguntas en vez de hacer mi tarea?
Cof cof ya, dejaré de divagar tanto, lo siento.
Nos leemos!
