Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.
Cruciatus al corazón.
Había pasado más de un mes y los Malfoy no habían regresado aún. Rose sabía que a veces se comunicaban con Harry para informarle cómo iba todo, pero Scorpius no había hecho el intento de hablar con ella y eso le dolía. Lo extrañaba enormemente y todas las noches le rogaba a Merlín que regresara a salvo.
En el transcurso de esa espera que parecía eterna, al fin había ingresado a San Mungo. Al menos de esa manera había logrado mantenerse ocupada, corrijo: bastante ocupada. Su jefe era en extremo exigente y difícilmente tenía tiempo libre, pero eso de alguna manera extraña, le encantaba. Amaba atender a las personas, pues cuando ayudaba se sentía completa. Al fin encontraba algo que realmente la hacía sentirse viva. Cuando las personas le sonreían en agradecimiento, su corazón se olvidaba por un momento de la soledad que la esperaba al llegar a casa.
-¡NO¡- Rose escuchó un grito desgarrador un viernes en la noche, mientras comía algo en la cafetería del hospital antes de su turno. A ese le siguieron muchos más, acompañados de un gran alboroto.
Curiosa, se levantó con rapidez y corrió hacia el pasillo. Lo que vio la dejó helada: Astrid gritaba como condenada, negándose a separarse de un cuerpo ensangrentado que reconoció como el de…
-Scorpius- murmuró caminando hacia ellos a empujones.
-Llévenlo a la sala de cirugías mágicas, puede tener varios huesos rotos- dijo Rose autoritariamente a varios sanadores que lo observaban sin mover un dedo, sin saber qué hacer-. Adminístrenle una dosis de poción restablecedora de piel y sangre, apresúrense con su brazo, asegúrense de que su columna esté en condiciones ¡Muévanse!
Los sanadores no pusieron peros. Parecían felices de que alguien les diera órdenes, pues emergencias así no se habían presentado desde que Voldemort había muerto.
-¡Astrid!- exclamó llamando la atención de la niña, quien no paraba de llorar y gritar. Se calmó casi de inmediato al ver a Rose allí, pero no se separaba de Scorpius-. Tienes que soltarlo para que puedan ayudarlo.
Entrando un poco en sí, Astrid lo soltó.
-¡Weasley!- gritó su jefe muy enojado llegando hasta ella, parecía fuera de sí- ¿quién te crees que eres para darles órdenes a mis sanadores?
-La única en este hospital que al parecer puede mantener la cabeza fría ante un caso como estos- replicó Rose con voz monótona, incluso fría, se volvió a Astrid- ¿Estás herida?- ella negó con la cabeza. Rose la observó para asegurarse de que le dijera la verdad.
-¡Weasley! ¿Cómo te atreves a hablarme e ignorarme de esa manera?- siguió su jefe echando chispas por los ojos- ¿acaso no te importa que te despida, muchacha insolente?
-Mire mi espalda cuando me voy y tendrá su respuesta- rugió Rose perdiendo la paciencia. Tomó la mano de Astrid y caminó presurosa hasta la sala de cirugías- ¿Qué pasó, Astrid? ¿Dónde están tus padres?
Astrid comenzó a llorar.
-Nos atacaron, nos torturaron ellos… mis papás se quedaron allí. El señor Potter nos apareció aquí y fue a ayudarles.
-Escúchame- dijo Rose seriamente-. Entraré a ayudar a Scorpius ¿de acuerdo? Necesito que mantengas la calma un momento y te sientes aquí en la sala de espera. Todo va a estar bien- le dio un breve abrazo a su amiga y siguió su camino para encontrarse con un Scorpius inconsciente.
Estaba en una camilla completamente pálido, como si estuviera muerto. Los sanadores le habían limpiado toda la sangre y hacían lo que Rose les había pedido. Cuando ella se les unió, todos respiraron aliviados. Tuvo que hacer un gran esfuerzo en no pensar que era él quien estaba allí o se desmoronaría.
Tenía los huesos de un brazo partidos a la mitad y su piel tenía muchas heridas profundas, quemaduras y moretones. Estuvieron al menos dos horas entre revisiones y hechizos para regresarle la estabilidad a su cuerpo, pero seguía sin despertar: había caído en un ligero coma y sólo les quedaba esperar a que despertara.
-¿Cómo está?- preguntaron Astrid, Kate y Albus simultáneamente cuando Rose salió de la sala, exhausta.
-Se pondrá bien- dijo con una triste sonrisa. Sin poderlo evitar, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos y los sollozos le provocaban convulsiones en el cuerpo. Estaba asustada, al fin se podía permitir recordar que a quien había estado atendiendo había sido Scorpius, el chico que amaba.
Albus la abrazó sin pensarlo y ella se refugió en sus brazos.
-¿Saben algo de los demás?- preguntó con la voz ahogada.
-Todos están bien- dijo Kate abrazando a Astrid, quien no había dejado de llorar-. Tienen algunas heridas, pero nada serio. Gracias a Merlín el señor Potter recibió un aviso de emergencia y pudieron llegar a tiempo antes de que sucediera algo peor.
-¿Qué fue lo que pasó?- preguntó Rose anonadada-. Creí que estaban escondidos.
-Lo estábamos- dijo Astrid secándose las lágrimas de una vez-. Esos sujetos nos encontraron cuando nos descuidamos. Nos habían estado vigilando, sabían que Scorpius era amigo del Dr. Marshall. No sé desde cuándo sabían que estábamos allí, quizás sólo esperaban que bajáramos la guardia.
-¿Qué fue eso?- preguntó Astrid extrañada cuando escuchó un ruido extraño.
-No puede ser- dijo Scorpius apurado- ¡Se desactivaron los encantamientos!- se levantó de golpe del sofá, donde había estado charlando con su hermana-. Astrid, escóndete, no dejes que te encuentren.
Scorpius tomó su varita y corrió a la cocina, donde estaban sus padres, cenando. Antes de que les explicara lo que sucedía, las puertas se abrieron de golpe.
-Que bajo caíste, Draco- dijo una voz burlona-, mira que esconderte en casa de un muggle…
Draco se puso en pie y les hizo una seña a su esposa e hijo de que se quedaran donde estaban, pero Scorpius lo siguió, con la varita fuertemente apretada en su mano. En la sala había al menos diez mortífagos, todos con sus máscaras.
-Te daré lo que quieras, Goyle, pero deja ir a mi familia.
-Creo que no estás en posición de imponer condiciones, estúpido traidor.
Antes de que alguien se diera cuenta de nada, Scorpius atacó y los hechizos comenzaron a llover por todas partes. Astoria había ido al encuentro de varios mortífagos con habilidad y ahora sólo quedaban cinco, pero un grito los distrajo a todos.
-¡Suéltame!- exigía Astrid furiosa pataleando con fuerza sin lograr golpear al mortífago que la tenía cargada por la cintura, quien había descubierto su escondite en el piso de arriba.
-Deja a mi hija- gruñó Draco yendo hacia él con la furia palpable en todo el rostro. Otro mortífagos le lanzó un hechizo petrificador y cayó al suelo.
-No se muevan o ella se muere- amenazó el mortífago que tenía a Astrid.
Scorpius apretó fuertemente su varita, pero antes de que se diera cuenta, dos rayos lo golpearon en el pecho y la espalda. Era un dolor insoportable, lo único que quería hacer era morir. Cuando quedó en el suelo hecho un ovillo, los mortífagos decidieron divertirse con él y lo golpearon en todo lugar que encontraron, enviando a su vez diversos hechizos.
-¿Ves Draco? Esto es lo que sucede cuando traicionas a tus amigos- dijo Goyle desquiciado, quien había puesto a su antiguo amigo de pie para que viera el espectáculo.
Astoria peleaba con los mortífagos restantes, enfurecida por lo que le hacían a su familia, pero en una fracción de segundo todo cambió. El sonido de apariciones y de hechizos expelliarmus sonó en la habitación. Los mortífagos se asustaron y quedaron acorralados e intimidados ante la mirada de un furioso Harry Potter y tres aurores más.
-¿Puedo verlo?- pidió Astrid suplicante.
-No creo que sea buena idea- dijo Rose intentando que las lágrimas ya no salieran de sus ojos-. Está bien por el momento, pero cuando despierte estará muy débil… lo mejor será que vayas a casa de Albus y Kate a limpiarte toda esa sangre.
-No quiero dejarlo solo- replicó Astrid temblorosa.
-Yo estaré con él…
-¡No quiero que te quedes con él!- exclamó Astrid fuera de sí- lo que le hiciste no tiene perdón, Rose Weasley.
-Astrid…- susurró Kate sorprendida. Rose estaba atónita, debió haber imaginado que Scorpius le habría contado lo que había sucedido entre ellos.
-Lo sé- admitió Rose con la frente en alto pero sintiendo como si ella hubiera sido la que hubiera recibido los cruciatus al corazón-, pero quiero compensarlo, yo…
-No digas más- cortó Astrid y los músculos de su cara se contrajeron-¿Lo cuidarás por mí, Rosie?- lloró Astrid, aunque sus ojos se mantenían fijos en los de ella, como retándola.
-Siempre- aseguró con firmeza.
Pronto, Kate tomó a su casi hermana de la mano y se la llevó por el pasillo. Antes de irse, Albus le dio un fuerte abrazo a Rose, en el que ambos se transmitieron fuerzas mutuamente.
-Gracias, Rose, lo salvaste.
-Era lo menos que podía hacer después de lo que le hice…
-Tú no podías saber lo que sucedería…
-Pero aún así fue injusto- replicó Rose bajando la mirada-. Les avisaré con un patronus si despierta.
Albus asintió y siguió a su prometida, quien ya estaba por Desaparecerse.
Una vez que se marcharon, Rose entró en el oscuro cuarto donde sólo estaba Scorpius. Era un lugar pequeño, sólo cabía una cama allí, por lo que podían tener un poco de privacidad. Rose acercó una silla mullida para quedar a su lado y tomarlo de la mano, que yacía inerte a su costado. Acarició su cabello con cuidado y pasó las yemas de sus dedos por sus heridas, que ya estaban por sanar gracias a todos los hechizos y pociones administradas a tiempo. Fue una suerte que las costillas rotas no le hubieran llegado al corazón o los pulmones o no habría podido haber vuelta atrás.
Su rostro no reflejaba emoción alguna, y eso fue el incipiente para que Rose comenzara a llorar poco a poco, lágrima tras lágrima, hasta que pensó que podría formar ella sola un río. Lo único que la consolaba era que los Mortífagos habían sido atrapados y él no tendría que pasar por algo así nunca más ¿la parte mala? Si despertaba no podría volver a jugar al quidditch, pues los cruciatus que le habían enviado directo al pecho habían causado estragos en su corazón, el cual latía ya a una velocidad muy baja.
Rose pensó que podría dar cualquier cosa con tal de que despertara, no le importaba ya nada si él no estaba con ella, de la manera que fuera. Incluso pensó que, en dado caso de que él ya no la quisiera, podría vivir feliz si tan sólo podía ver sus ojos una vez más, sólo una…
Sus ojos estaban ya rojos e hinchados por el llanto. Algunas sanadoras que la estaban ayudando habían entrado varias veces para registrar el estado de Scorpius, pero a Rose no le importó que la vieran llorar, ni tampoco se molestó en contestar sus preguntas cada vez más insistentes.
No podía dejar de pensar en todo lo que se había perdido por ser tan cobarde ¿Cómo había podido decirle que lo suyo debía olvidarse? ¿Cómo pudo decirle que olvidara su primer beso, el mejor de todos? Porque de algo estaba segura, ella no quería olvidar ningún momento vivido con él, desde sus fines de semana en pijama viendo películas escalofriantes, hasta sus abrazos tiernos y expresivos… no, no cambiaría ningún momento con él por nada.
-Scorpius- susurró acongojada, acariciando su mejilla con sus dedos temblorosos-, tienes que despertar- su voz se quebró, pero siguió hablando. Pensaba que, si de alguna manera él podía escucharla, despertaría de inmediato, pero eso no sucedió; sin embargo, se negaba a darse por vencida, seguiría hablándole hasta perder la voz si era necesario-. Te he extrañado ¿sabes? No es lo mismo estar todo el tiempo sola… de verdad te extraño, extraño nuestras pláticas a media noche en medio del pasillo, extraño que vayamos juntos al parque a observar a las personas e inventar historias sobre ellos, extraño verte jugar al quidditch porque es cuando más sonríes y haces ese gesto con la frente cuando te concentras en atrapar la quaffle; extraño que almorcemos juntos y platiquemos todo el tiempo; extraño que pasemos nuestro tiempo libre juntos haciendo nada; extraño verte discutir con Albus porque ambos creen que han ganado; extraño verte feliz con tu hermana porque así recuerdo que eres una persona con sentimientos puros…
Hizo una pausa para recuperar el habla que se había interrumpido con sus sollozos.
-Extraño observarte cuando te quedas callado por mucho tiempo, como si estuvieras descubriendo el misterio del universo; extraño tus abrazos… tus suaves abrazos con los que me dices cuánto me quieres; extraño que coquetees conmigo y me digas que te gusta mi perfume; extraño que leas los libros que me gustan sólo para tener algo de qué hablar y sobre todo… yo… sólo te extraño ¿puedes entender eso?- nuevos sollozos la interrumpieron, pero sólo se tomó unos segundos y siguió-: Fue el mejor beso de mi vida- aseguró-. Nunca nadie me había besado de la manera en que lo hiciste tú, sólo que… lo arruiné, lo sé. No era mi intención lastimarte, es sólo que… tenía tanto miedo de echarlo a perder que no te dije lo que en verdad sentía. Te amo- al decirlo, Rose se sintió con un peso menos, sólo deseó que él estuviera consciente para escucharlo y que la besara de nuevo en respuesta-. No sabes cómo lamento no habértelo dicho antes, de verdad lo siento tanto…
Rose siguió acariciando su rostro, su cabello, sus brazos, como si de esa manera pudiera disminuir el dolor que sabía él había tenido con lo sucedido horas antes.
-Todos estamos muy preocupados por ti. Tu familia está bien, sólo he visto a Astrid, está muy afligida, pero se calmó un poco cuando le dije que te cuidaría… ella fue la primera en hacerme saber que yo te gustaba- rió con tristeza-, lamento no haberle hecho caso… lamento no haber hecho caso en muchas cosas…
Pasaron muchos minutos más, pero Rose no se despegó de su lado para nada.
-Si despiertas prometo acompañarte a todas las conferencias aburridas de psicología a las que te gusta ir… y te compraré un DVD nuevo para que no te quejes de que el que tienes es demasiado viejo… Por favor, Scorpius… despierta. Hay tanto que quiero que sepas, no puedes dejarme, no ahora… por favor.
Rose se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, no quería seguir llorando, no quería perder las esperanzas de volver a ver sus lindos ojos grises sonriéndole con dulzura.
Observó el reloj de manecillas que colgaba de la pared, haciendo que la habitación se llenara de un tic tac que a Rose le parecía desesperante, pues parecía recordarle que prácticamente estaba sola en ese lugar tan fúnebre. Eran las cuatro de la mañana y estaba cansada de hablar y llorar. Pensó que si tomaba un pequeño descanso de dos minutos podría recuperar fuerzas… recostó su cabeza cerca del cuerpo de Scorpius de una manera incomodísima y cerró los ojos un instante… hasta que sintió el cuerpo al lado del suyo moviéndose apenas una milésima de centímetro.
-¿Scorpius?- preguntó incorporándose como un resorte, creyendo que había sido un sueño.
El hombre frente a ella comenzó a respirar más rápidamente y movió los dedos de sus manos apenas un poco.
Rose se puso en pie de inmediato y comenzó a revisarlo, su pulso estaba volviéndose más constante y parecía haber recobrado la consciencia. Entonces abrió los ojos…
Hola! Primero que nada, perdón por haber contestado sus reviews tan superficialmente, no era mi intención, pero siempre me gusta contestarlos todos antes de subir nuevo capítulo. Lo que pasa es que me están cargando de trabajos en la escuela y mi tiempo ya está muy limitado. Pienso subir mañana o pasado el siguiente capítulo. Quiero terminar el fic desde hace como dos semanas haha porque les adelanto un pequeño dato que tiene que ver con Petite24, yo y una historia lindísima producto de azúcar y falta de internet xD ya les iré diciendo más al respecto.
Gracias por seguir leyendo!
Mil besos!
