Siempre fue muy vulnerable a sus reacciones, sus palabras, sus miradas siempre la dejaban a su merced, con el corazón derretido y las mejillas ardiendo. ¿Dónde diablos estaba su dignidad? ¿Cómo es que le había logrado sonreír así de simple?

Mai estaba guardando sus cosas lista para marcharse del horrendo cuarto esterilizado a la casa del señor y la señora Davies. Su mente divagaba en lo que había pasado hace media hora, cuando despertó.

Los padres de Oliver eran extraños. Nunca se los hubiera esperado así, a decir verdad, ella se esperaba un par de viejos amargados con adicción al trabajo tal como su hijo. Realmente prefería la realidad. De alguna forma adoro a su madre y a su tan sincera forma de decir las cosas, hablaba tan rápido y fluido el japonés que eso realmente le asustaba. Martin en cambio era relajado pero curioso, algo pícaro y silencioso.

'Es un gusto conocerte al fin' dijo Lualla sosteniendo las manos de la muchacha 'gracias' le susurro para que solo pudiera escuchar ella 'muchas gracias' sin entender bien e la mujer soltó una risita nerviosa agarrándose la maraña de pelo.

'Lo mismo opino señorita, su compañía es más deleitable cuando esta consiente' dijo el doctor junto a su mujer con esa extraña mirada leyéndola como a un libro, a Mai le pareció que el y su hijo compartían ese mismo gusto de molestar a la gente con sus comentarios.

Cerró el zíper de la maleta en un suspiro.

No podía dejar de dar vueltas a lo de la sonrisa. Pero que tonta se sentía. Ya le tenía todo planeado, su comportamiento, su actitud, una pérdida de tiempo y planeación.

Recordó los planes del Doctor acerca de su problema. Primero era lo primero. Tomarían el susodicho caso y luego las pruebas oficiales. En sí el caso no se le podía llamar caso, ya que no iban a deshacerse de algún fantasma. Se podía decir que era uno de reconocimiento que hacían cada tanto en lugares aleatorios de Inglaterra que los usaban para entrenar a los nuevo, probar aparatos, investigaciones, y por fin el doctor Martin había logrado obtener el permiso para investigar en un supuesto psiquiátrico importante… denbirgigilalgo. Mai aun no tena la menor idea de que haría con el ingles.

—¿Estas lista?—apareció la cabeza de Ayako por la puerta. La muchacha asintió y tomo su maleta dirigiéndose a la salida—Los ingleses son raros—susurro Ayako—. Todos son demasiado… caucásicos, y luego se te quedan viendo como si jamás en su vida hubieran visto a un japonés.

—Yo apenas puedo creer que haiga tantos rubios.

Ayako rio mientras entraban a la sala de espera en donde todos estaban haciendo un escándalo. Mai suspiro cansada mientras Ayako le sobaba la cabeza. Madoka y Luella cuchicheaban y carcajeaban con Yasuhara, mientras que John y Martin hablaban sobre Australia, los únicos tranquilos eran Lin y Oliver. Sonrio al ver a casi toda su familia reunida otra vez, solo le faltaba una médium millonaria que no llegaría dentro de dos días.

—¿Lista yo-chan? —se acerco Houshou a las dos mujeres sonriente, Mai solo contesto con otro suspiro evitando el contacto visual con cierta persona.

Sin dejar pasar más tiempo, todos se dirigieron a sus perspectivos autos. Mai le toco viajar con los padres de Oliver y John. Fue un viaje entretenido pero lento. Se la pasó viendo por la ventana casi todo el camino, la vez anterior no había podido disfrutar de la vista a la ciudad. La mayoría de los edificios parecían antiguos, había de esas casetas telefónicas rojos casi por todos lados, todo parecía más culto pero a la vez gris. Algo raro realmente. Y habían cada vez más y más rubios, se preguntaba cuantos eran naturales.

Pronto, todos los autos se estacionaron frente a una gran casa o mejor dicho mansión.

Hogar duce hogar—hablo Martin saliendo del auto.