Hogar duce hogar—hablo Martin saliendo del auto

La muchacha sentía ahora más curiosidad que miedo. Si así eran los padres, ¿Cómo sería la casa? Desde su fachada se veía radiante. No era muy grande pero era alta, cuatro pisos, echa de ladrillos de tonos claros donde la parte de enfrente estaba mayormente cubierta por enredaderas, el pequeño porche tenía unas cuanta mecedoras y una mesa. Y un gnomo sosteniendo un letrero de "wellcome" en el.

Era un barrio de ricos, y malditos ricos que si que vivían bien. Mansiones casi apretadas una con otras con diferentes diseños, tamaños y colores.

Tomó una gran bocanada de aire, ya era hora e seguir, y salió casi golpeando a alguien con la puerta. Antes de que pudiera decir nada se quedo helada al ver a ese alguien, maldijo al destino y su mala suerte, era Naru.

-P-perdón—su voz fue un pequeño murmullo que apenas llego a los oídos del muchacho que solo se le quedo viendo con esos penetrantes ojos azules haciendo que se preguntara a si misma que pensaba, aparto su mirada y antes de marcharse dijo:

-Tu torpeza no cambia Mai—mostro una media sonrisa antes de entrar a la mansión. Gracias al cielo no vio su fuerte sonrojo y su horrible mueca. Escucho una pequeña risita a su lado, vio a Madoka riendo con la señora Davies con miradas picaras en su rostro.

-tienes razón-escucho decir la señora a Madoka en voz baja y ambas sonrieron a la muchacha y en sincronía levantaron su mano derecha con el dedo pulgar alzado en forma de aprobación. La dejaron más nerviosa de lo que esperaban y vieron a la chica tan roja como un tomate seguir de cerca a Lin a la entrada de la casa.

La casa por dentro tenía un bonito tapizado color tostado con piso de madera obscura, lo primero que se veía era una pequeña salita con una mesa de café y las escaleras hacia el primer piso. Se veían cuadros antiguos en las paredes y fotografías desconocidos por todas partes. Le parecía acogedor.

-Vamos cariño, déjame mostrarte tu habitación—Luella la tomo de la mano y la dirijo hacia las escaleras-. La casina y el comedor están en el segundo piso, en el rimero esta la biblioteca, el salón, el estudio y la sala. En el tercero esta mi habitación, la de Lin, y la de Oliver. Espero que o te moleste que te quedes en el cuarto piso, ahí están todas las habitaciones de invitados.

-No importa.

La mujer le sonrió complacida por su respuesta. Subieron los cuatro pisos y caminaron hasta el final del pasillo parándose frente a una puerta.

-Esta es mi habitación favorita—confeso la mujer con un sonrojo—yo la diseñe toda.

Mai entro a la habitación después de ella se quedo con la boca abierta. Era un cuarto bastante femenino. Con las paredes pintadas con un color entre coral y rojo que le daba una sensación hipnotizaste. Tenía un gran ventanal en dirección al jardín con las cortinas de color crema haciendo juego con las cobijas de la cama matrimonial en la habitación. Había un guarda ropa en la esquina junto con un gran espejo, y del otro lado de este había un montón de cojines de colores claros con diferentes estampados que tenían como función de sentarse en ellos. En las paredes colgaban cuadros con vistas a grandes y verdes prados

-Me recuerda a las fresas con crema—dijo Luella antes de soltar una pequeña risa.

-Es muy bonito señora Davies—dijo Mai sentándose en la cama descubriendo un fino estampado e fresas casi invisible en la pared, segura de que en eso se había inspirado para esa habitación.

-Hay cariño no me llames así, amas he logrado entender por qué siempre tanta cortesía, llámame Luella—dijo moviendo su mano y empezó a dirigirse a la puerta—bueno, nos dimos la libertad de dejar tus cosas en el ropero de ella, adentro encontraras tus maletas. Y el baño es compartido, es la tercera puerta a la izquierda saliendo a aquí. Dejar que empaques—dijo antes de salir—la cena estará en media hora—agrego al cerrar la puerta.

Mai se dejo caer en la cama sintiendo la suavidad de la tela rosar su piel. Los ricos sí que vivían bien. Dejo pasar unos minutos divagando antes de levantarse y desempacar. No tenía mucha ropa de invierno, solo se trajo su suéter favorito, uno de morado con blanco echo por su madre (aparece varias veces en el anime), dos chaquetas y una camisa de cuello de tortuga, dos bufandas, unos guantes y ya. Lo demás eran unas blusas y jeans, empezaba a arrepentirse si era bueno haber traído tantas faldas.

Al terminar cepillo la maraña de pelo que tenia por cabello y decidió salir.

-Señorita Taniyama, valla coordinación—vio al doctor subiendo las escaleras al final del pasillo-. Venía a buscarla y a preguntarle si le gustaría que empezáramos con una pequeña…mmm…un pequeño cuestionario—hablo con ese tono juguetón y esa mirada suya hiendo que simplemente asintiera con la cabeza.

-Sígame por favor—dio una señal con la mano y ambos empezaron a caminar hacia el primer piso al estudio. El camino fue silencioso, pero eso no pareció molestarle mucho al doctor, parecía perdido dentro de su cabeza. Llegaron frente a una doble puerta de madera verde, Martin abrió una puerta, dejando pasar a la chica.

El estudio no era muy grande, tenía un gran escritorio que daba espaldas a la gran ventana que tenía también vista hacia el jardín, había barios sillones y cajones llenos de papeles, el lugar olía a cigarrillo y café.

Vio que Lin y Madoka estaban sentados juntos en uno de los sillones mientras que Naru les daba la espalda hacia ellos, mirando algo en el escritorio. Lo único que le faltaba, pasar más tiempo con él.

-Siéntese—señalo Martin a uno de los sillones.

Obediente se quedo en el sillón, callada, esperando a que alguien dijera algo. El doctor se sentó en su escritorio, mientras que Madoka sacaba un pequeño artefacto y lo ponía en medio de este. Lin saco una libreta y Naru se volteo leyendo unos legajos que tenía en las manos.

Madoka oprimió un botón y asintió con la cabeza.

-Entrevista de reconocimiento para el caso de Mai Taniyama. Día veinte de noviembre del año dos mil once—la voz seria y concentrada del doctor la susto de alguna forma. Se dio cuenta de que la maquina esa era una grabadora de voz-. Nuestras teorías principales son teoría de las nueces, desestabilidad emocional y/o hormonal—Mai se sonrojo al escuchar eso— la falta e control sobre los mismos o posesión—eso la hiso voltear directamente el doctor que le mando una mirada de paciencia. Perderemos con las preguntas.

-¿cuándo fue que empezó todo?—preguntó Naru con su voz sin emociones.

-Fue hace… creo que fue en septiembre del año pasado cuando tuve el primer sueño después de que cerraran SPR—dijo Mai sin mirar a nadie más que a sus manos.

-¿podrías explicarnos como son estos sueños?—continuo Naru

-la mayoría de las eses empiezo nadando en medio del mar hasta que algo me atrapa y me lleva a las…ultimas memorias de alguna persona. Todos son siempre en primera persona y normalmente despierto inmediatamente después de… de que muero en el sueño—todo estaba demasiado callado para el gusto de Mai.

Oliver no pudo evitar sentir como un balde de agua fría caía en su espalda.

-¿normalmente?

-b-bueno—empezó la chica a balbucear—hay veces en las que me tardo un poco para despertar…-no entro en muchos detalles.

-¿Qué tan seguido has experimentado estos sueños?

-No sé—levanto su cara para ver los a los ojos—no están determinados. Hay veces en las que es un dia si y el otro no, casi siempre son seguidos hasta que paran por u par de días y vuelven. Realmente no sé.

Madoka la miraba con preocupación y miedo en el rostro mientras que Lin la miraba con detenimiento. No se atrevió a voltear a los dos hombres junto al escritorio.

-¿Cuándo fue que empezaste a ver daños físicos después de despertar?

-Siete meses—soltó una sonrisa triste y Madoka no pudo evitar dar una boqueada.

-¿podrías darnos una explicación?—El muchacho la verdad no quería escuchar más sobre eso, no quería ver a Mai así, destrozada.

-Normalmente son moretones y rasguños, no son realmente tan grabes. Siempre son sobre como muero en el sueño.

¿Cómo es que aguantaba? ¿De dónde diablos sacaba toda la fuerza para soportar todo eso? Noll no era capaz de comprender como era que podía sonreír todos los días. Aun antes d todo eso, cuando se entero de que era huérfana, no comprendió como es que podía ser tan brillante y sonriente, en esos momentos le pareció algo admirable de ella algo que le enseñaba a tener el coraje de seguir y superar, pero ahora, le asustaba. Le asustaba pensar que había realmente detrás de aquella sonrisa, dentro de esa pequeña chica.

Sin perder su fría postura siguió con sus preguntas esperando a que por fin lo viera a la cara.

-¿tienes alguna idea de por qué pasa esto?

La muchacha empezó a lagrimear y a negar con a cabeza.

-Mai esto es un grabación necesitas hablar—dio Naru ablandando un poco su tono de voz.

-no sé—dijo lavando sus lagrimas con sus manos.

-Ayer en la tarde a las cinco cuarenta y tres tuviste uno de estos sueños ¿no es cierto?—continuo con su tono normal.

-si

-con la explicación que nos diste podemos afirmar que soñaste a que fuiste forsada a jugar al juego de la ruleta rusa.

-si

-¿estas consiente de la noticia que apareció hoy en la mañana una noticia sobre un hombre que fue encontrado muerto con una herida de bala en la cabeza, una revolver, y siete balas útiles en el suelo?

-N-no.

-Esto nos da a indicar que esto puede deberse a posesiones de las cuales aun no sabemos su razón de ser. Dejaremos el resto para después. Fin de la primera parte de la entrevista de reconocimiento—hablo el doctor agarrando la grabadora de voz y apagándola al terminar de hablas.