bueno aquí estoy de nuevo, siento mucho la ausencia, pero... me pasaron muchas cosas en estos últimos días y no puedo decir que cosas buenas, realmente considero que estos días han sido los peores de mi vida, aunque aquí estamos de nuevo, estoy tratando de levantarme de la caída que tuve, y creo que madure un poco espero que eso sea suficiente excusa para justificar mi ausencia por tanto tiempo, lo siento a todos y mil gracias por leer esto es lo último que me queda y me quedara por algún tiempo...
Capítulo Final: La última de mis locuras
Me había despertado de pronto, tenía el vago recuerdo de lo que había pasado la noche anterior, pero… me encontraba desorientada, me sentía mareada como si los pensamientos quisieran escapar de mi cabeza y no se si aún era de noche, porque una densa oscuridad tenía apropiada mi habitación, me levante como pude cuando me percate que había pasado la noche en el suelo, junto a la puerta cerrada donde me despedí de el por última vez, un frío abrumador se apropio de mi pecho y fue como si su mano fría lo abrazara con fervor, me sentí perdida… el recuerdo de su mirada se hacía presente pero era tan lejano…
De un instante a otro me dio cuenta de que el tiempo se me había consumado, el último granillo de mi reloj de arena se había caído y no pude hacer nada, se me había escapado de las manos y ahora el tiempo se mofaba de mí…
No se si se le podía decir: -Me quede dormida…- porque fue más un: -Me desmaye…- y caí en la conclusión de que eso fue lo mejor que pudo pasarme.
-¡Hinata! ¡Levántate!- grito Hiashi Hyuga mientras aporreaba el puño sobre la puerta de madera.
La Hyuga dio un respingo para contestarle al instante –ya voy…- titubeo con miedo. -¿Qué pasa?- pregunto al abrir la puerta, después de haberse cambiado hábilmente para que su estricto padre no notara que llevaba el mismo vestido que una noche antes y así no la embargara de preguntas.
-Hija, despierta ya llegaron las estilistas…-
-ah si ya voy…- contesto con desganas, con una sonrisa forzada entre los labios.
-¿que pasa? ¡Tienes los ojos hinchados!- comento alarmado, mientras le tocaba el rostro.
-yo…- dijo formulándose una excusa. –Yo… no pude dormir bien por los nervios…- le mintió con aparente facilidad.
-vaya esta hija mía… tranquila, todo va a salir bien… lo prometo…- le dijo con una voz tan paternal que si no hubiera sido por la situación en la que estaba metida sin duda lo hubiera abrazado.
-gracias papa…- fue lo único que respondió para intentar cerrar la puerta de su habitación.
-ah lo olvidaba, te mando esto tu amigo ¿como se llama ese molesto rubio? ¡Ah sí! Naruto…- dijo mientras le extendía en manos una tarjeta.
Ella la miro con cuidado y suavemente la tomo entre sus manos.
-el nunca te agrado, ¿cierto?- le dijo más en afirmación de en pregunta.
-sinceramente no…- y antes de continuar escucho el grito de una de las muchachas del servicio.
-señor, las estilistas preguntan si la señorita Hinata ya esta por salir…-
-¡ah si ya va!- dijo su papa. –Date prisa…- dijo mientras el mismo cerraba la puerta para que ella pudiera terminar de alistarse para salir a que le pongan el maquillaje que llevaría ese día en su boda…
Se sentó un instante en la cama –así que ya llego tu postal…- dijo mientras la intentaba abrir con cuidado – ¡no!- se dijo mientras se detenía –la leeré después…- dijo mientras la acercaba a su pecho se levantaba y la metía en el cajón de buró junto a su cama.
Después de todo lo que tuvo que sufrir con las maquillistas y las miles de sonrisas que tuvo que disimular ahora se encontraba frente al espejo casi lista terminando de ajustarse el vestido blanco, se le veía muy bonita pero una inmensa tristeza se reflejaba en sus ojos.
Quiso inútilmente hundirse en la tonta fantasía que su boda no sería con Kiba no… si no mas bien con cierto rubio, se lo imagino en traje con una radiante sonrisa al verla vestida con su traje de novia, pensó en lo felices que serían, hasta que sacudió su cabeza con tremenda brusquedad ahuyentando así sus pensamientos… ya no tenía tiempo de seguir soñando…
Suspiro resignada, mientras se acomodaba el velo, y de pronto escucho un ferviente ruido provenir de su puerta.
-¡Hinata ábreme! – solicito una voz femenina.
- ¿qué pasa?- pregunto mientras enérgicamente abría la puerta.
-Hinata…- suspiro entre lágrimas la menor.
- Ha…nabi…- balbuceo al verle el rimel corrido.
- tú… ¡no puedes casarte!- le grito.
Hinata se encontraba perpleja frente a su hermana menor, ¿es que acaso había descubierto que amaba a alguien más? No tenía idea.
-¿Qué?- balbuceo creyendo haber oído mal.
-yo…- susurro mientras apretaba el vestido lila entallado y ocultada la mirada entre sus flequillos. –Yo… ¡amo a Kiba!- le confesó, mirándola a los ojos, para que así se diera cuenta de que le estaba diciendo la mera verdad.
La Hyuga se sobresalto no esperaba algo así, ahora se encontraba mareada entre las palabras de la menor y resonaban en su cabeza como un molesto eco.
-ah…- balbuceo buscando contestarle.
-Hanabi…- musito una voz detrás de la menor.
A Kiba se le veía agitado, desesperado, con el cabello alborotado y la corbata echa un desastre, suspiraba profundo y no era para menos se había echado tremenda carrera justo unos quince minutos antes de que Hanabi le colgara diciéndole que le contaría todo a Hinata.
-¿Ustedes… son amantes?- dijo exasperada.
-Hinata, yo puedo explicarte…- dijo Kiba mientras daba un paso hacía ella. –ya que es culpa mía no de Hanabi…-
Hinata se apoyo unos instantes en la pared para retomar el aliento no sabe como pero las cosas habían dado un giro inesperado.
-¿desde cuando?- les pregunto mirándolos a los ojos.
-desde hace dos años…- contesto Kiba apenado.
-¡¿y no planeaban decirme?- grito evidentemente molesta -¿planeaban seguir ocultándolo?- les volvió a reprochar.
-Hinata espera… es culpa mía no de Hanabi yo te daré la explicación que mereces- dijo el castaño tratando de calmarla. –hace dos años fui a Inglaterra por un viaje de negocios y en esa ocasión me habías pedido que le de cierto paquete a Hanabi, esa misma noche yo… perdí las llaves del departamento y era un día festivo así que nadie trabajaba esa noche, pensé en quedarme en un hotel sólo entregaría el paquete a tu hermana y me iría al hotel pero… le conté lo que me había pasado y ella me dijo que podía quedarme esa noche en su departamento, yo sabía que eso no estaba bien, más sin embargo accedí porque esa noche ella tenía un hermoso vestido que sin duda me había hipnotizado y…-
-¡ya entendí! No necesito todos los detalles… solo que… ¿ibas a permitir que nos casemos sabiendo que la amas?- le pregunto al castaño.
-si…- respondió apenado.
-¿por qué?- le reprochó
-por cobarde…- dijo Kiba –pero ahora que sabes esto y que me doy cuenta de que es una farsa el "amor" que siento por ti, vengo a pedirte una disculpa…- bajo la mirada mientras sujetaba la mano de Hanabi.
-entiendo…- le arrebato las palabras. –Necesito preguntarles algo a ambos…- dijo la Hyuga.
-¿que cosa?- pregunto Kiba.
-¿se aman?-
-¡si!- dijeron al unísono.
-lo suficiente como para…- quedo callada un momento y prosiguió –casarse hoy mismo…- les dijo sin rodeos.
-¡Si!- dijo Kiba sin pensarlo dos veces.
-bien… ¿y tu Hanabi?- pregunto la mayor.
-indudablemente…- dijo entre lagrimas y Kiba la abrazo para luego besarla.
-bien, esperen un momento…- dijo Hinata y entro a su cuarto.
Se encontraban intrigados ciertamente un sentimiento de culpa les remordía la conciencia de manera abrumadora, se tomaron de las manos, no sabían lo que Hinata planeaba y quizá ahora comenzaría a odiarlos.
La Hyuga salió con otra ropa mientras en sus manos sostenía el vestido de novia que acababa de quitarse del cuerpo.
-ten Hanabi…- dijo mientras lo colocaba entre sus manos.
-Hi… nata…- balbuceo anonadada.
-ve y cásate por mí…- le dijo mientras le besaba la frente.
-pe… pero ¿y tu? ¿Y papa?-
-no te preocupes por mi ¿y papa? Que importa lo que el diga… yo ahora estoy mas segura de lo que sientes y no me importa lo que diga papa… ¡ve y cásate!- camino hasta la puerta – ¡buena suerte!- se despidió de ellos mientras salía corriendo de la casa.
Y ambos se quedaron ahí mirando como su figura se desvanecía por el umbral de la enorme puerta, no sabían exactamente lo que pasaba solo que las cosas habían dado un inesperado giro a su favor, se besaron sin más… mientras se daban prisa para llegar a la misa…
Salió corriendo de su casa, ahora estaba más segura de lo que tenía que hacer, miró su reloj, le quedaba poco tiempo, tenía que darse prisa. Se subió al primer taxi que encontró en la ciudad, miro su reloj con miedo –aun tengo tiempo…- dijo mientras empuñaba las manos. – ¡Al aeropuerto!- grito furtiva al viejo conductor del taxi.
Cada suspiro era angustiante y sentía como el tiempo se le iba inhalando aire, su cuerpo comenzó a sufrir un nerviosismo intenso, comenzó a morderse las uñas de la desesperación.
-vaya tráfico…- dijo el conductor.
-¿no puede darse prisa?- pregunto desesperada.
-lo siento señorita, yo no controlo el tráfico en la ciudad…- y vaya que el hombre tenía toda la razón.
-¡gracias!- dijo mientras se bajaba del taxi dejando caer un billete sobre el asiento del frente.
Comenzó a correr sin saber hacía donde se dirigía, cuando visualizo un parque, se puso al frente de un joven que manejaba en bicicleta con su mascota y sus lentes de sol.
-¡te compro tu bicicleta!- dijo desesperadamente.
Manejaba como una verdadera lunática sin sentir la fatiga de su cuerpo al pedalear como una loca sin control, no tenía tiempo de quejarse porque eso le robaba el tiempo, pedaleaba como una estúpida y según ella ni siquiera sabía manejar bicicleta.
A lo lejos vio el aeropuerto y eso prendió una mecha en su corazón para pedalear más fuerte aún, llego y tiro la bicicleta y como rayo entro al gran lugar repleto de gente con muchas maletas y pasaportes, escuchaba solo el ruido de sus murmullos pero procuro no importarle solo corrió hacia la pantalla donde marcaba el lugar de abordaje.
No sabía que hacer, ¿cómo encontrarlo? Si había tanta gente en el lugar, corrió a la enorme pantalla para ver la salida de los vuelos, su corazón dio un vuelco –no puede ser…- balbuceo entre dientes y corrió hasta el enorme ventanal que dejaba ver como los aviones tomaban su vuelo hacia el horizonte, buscaba con la mirada –una cabellera rubia…- balbuceo mientras veía a las últimas personas abordar, pero nada…
-¡señorita!- grito a una muchacha en la puerta que recibía los boletos.
-¿si…?- le pregunto la aeromoza
-¡avión… con… destino a España!- dijo exasperada.
-acaba de partir…- dijo mientras cerraba la puerta para que los pasajeros pudieran subir al avión.
Esas palabras fueron peor que un puñal que atraviesa la piel porque a ella le atravesaron el alma…
-¡no puede ser! ¡Naruto!- grito mientras reventaba en llanto al ver que se había ido, miro al cielo en busca de consuelo.
-señorita, ¿se encuentra bien?- pregunto la joven de uniforme.
-si… yo solo…- dijo mientras se tapaba la cara y salía de ahí con el alma hecha polvo.
La desesperación no le dejaba pensar con claridad, esos sentimientos no le dejaban razonar con nitidez y es por eso que había buscado una solución… recogió los trozos de su corazón y emprendió una nueva carrera.
Ahora se encontraba corriendo hacía su casa, una lluvia había comenzado, ahora se encontraba completamente empapada, pero ni eso le impedía continuar con la carrera, incluso se tropezó y cayó pero se levanto y siguió corriendo como una auténtica estúpida, su corazón aún tenía mucha fuerza.
Ya había hecho muchas locuras así que sumar una más no le haría ningún daño a nadie.
Entro a su casa como un rayo, casi tiraba la puerta del frente, evidentemente Hanabi y Kiba ya no estaban ahí, entro a su habitación como una loca furiosa, sentía la adrenalina invadir cada una de sus arterias y fue rumbo a su buró mientras lo abría sin compasión, sus pasos eran agresivos y su respiración profunda.
-¡aquí esta estoy segura!- dijo en voz alta, mientras sacaba todos los papeles del pequeño cubo de madera – ¡¿Dónde?- grito mientras lo saqueaba con mayor desesperación sintiendo como sus lagrimas comenzaban a traicionarla. – ¿¡maldito pasaporte donde estas!- grito llena de ira, sintiendo como su corazón se volcaba del júbilo, sin aguantar su cuerpo un segundo más, reventó en llanto, mientras se dejaba caer sobre su cama no importándole que el maquillaje comenzaba a correrse manchándole la cara, su cuarto ahora estaba irreconocible había saqueado cada rincón del lugar y nada había funcionado.
Ahora solo quería derrumbarse, porque el estaba lejos y ella no podía hacer nada para alcanzarlo, lo poco que quedaba de su resquebrajada alma comenzaba a caerse a pedazos, estaba completamente empapada hecha un desastre pero eso en ese momento no era relevante…
-¿buscas esto?- le dijo una voz mientras le extendía el papel.
Abrió los ojos de sopetón como si esa dulce voz la hubiera despertado de un pesado y eterno sueño.
-creo que ya no lo vas a necesitar, ¿no?- le pregunto mientras veía como sus ojos le brillaban, como su sonrisa se dibujaba en su demacrado rostro.
Se lanzo sobre él sin poderse contener un momento más con el pensamiento de que perdería la oportunidad de volver a ver su hermosa sonrisa.
Lo beso sin más, sin hablar, ni respirar, con pasión y necesidad, tanta que lo derribo al suelo por su impaciencia, después de quitarle el aire lo abrazo escondiendo la mirada en su pecho.
-pensé que te fuiste…- dijo ella en reproche.
-no…- dijo mientras le acariciaba el cabello. –En realidad ya no iba a irme…-
-¡¿que?- levanto la mirada.
-no leíste la postal que te envíe ¿cierto?- le reprocho.
Ella negó con la cabeza.
- ¡Debiste leerla!- se quejo -bueno yo… lo Pensé mucho iba a quedarme y ahora más que nunca estaba dispuesto a ir a sabotear esa boda… no iba a dejarme vencer una vez más por Kiba Inuzuka ya no iba a permitirme vivir tantos año sin ti…- dijo apenado mientras giraba la mirada. –gracias a dios que Hanabi me llamo si no creo que iba a sabotear otra boda…- dijo avergonzado.
-¿Hanabi te llamo?- pregunto ella, mientras se ponía de pie.
-si, me llamo, me explico lo que había pasado y que tú saliste como loca sin decir nada tomando un taxi cuando tienes auto…- se burlo de ella.
-ah es que no lo pensé yo solo salí como tonta…- dijo mientras hacía un puchero.
El le sonrió.
-eres una tonta…- le dijo.
-bueno si lo soy, ¡soy una tonta lunática!- dijo mientras se levantaba dejándolo solo en el suelo. – ¡Además por tu culpa he cometido muchas locuras!- dijo mientras se sentaba sobre la cama y se tapaba la cara con las manos. – ¡Dios!- grito sorprendida.
El solo se rió.
-¿te estas burlando?- le pregunto mientras destapaba su semblante y lo miraba fijamente.
-nooo…- le dijo en sarcasmo.
-¡ah!- grito molesta – ¡solo eso me faltaba que te burles de mi!- hizo un puchero enojada.
-solo estoy feliz…- le dijo mientras se levantaba.
-¿feliz?- le pregunto, mientras veía como se acercaba a ella.
-si ¿y sabes por qué?- le pregunto sabiendo que ella no sabía la respuesta a su pregunta.
-no… ¿por que?- le pregunto.
-porque debes amarme mucho como para hacer tantas locuras por mí…- le dijo mientras acercaba su rostro al de ella.
-¡eres un arrogante!- le dijo mientras se acostaba sobre la cama evitando así sus labios.
El hizo una mueca –no, no soy un arrogante, solo es la verdad…- le contesto, mientras se subía sobre ella, mirándola con sus penetrantes ojos azules. -yo… haría cualquier cosa por ti…- le declaró para sellar sus labios con un beso que ella correspondió. –Y es por que te amo mi hermosa lunática….- le dijo mientras volvía acercarse a rozarle los labios, sus labios eran más dulces que los del príncipe azul, entrelazo sus manos con las de ella mientras la fundía en un dulce sueño de emociones, ella sólo se dejo vencer mientras sentía el peso de él sobre su cuerpo y su cuerpo mojado por la lluvia los mojaba a ambos cosa que parecía no importarles en lo absoluto.
-Tus labios…- suspiro el rubio mientras intentaba recuperar el aliento y su pecho subía y bajaba. –Saben a lluvia…- le dijo para sonreírle y volver a besarla con la misma pasión.
Mi mayor locura no fue declararte mi amor aquella tarde de abril, ni fue ir a arrancarte un beso prohibido de tus labios aquella noche, tampoco fue declararte mi amor una vez más, tampoco fue romper mi compromiso por estos sentimientos que acarreo, no…
Mi mayor locura, la mas grande y sublime fue encontrarte esa fugaz tarde de otoño, fue dejarme ahogar por tus profundos ojos, fue colgarme y aferrarme de tu sonrisa como si mi vida dependiera de eso, mi mayor locura fue… fue… fue enamorarme de ti, locura de la que no me he de arrepentir y de la que me harás pagar toda mi vida con tu amor…
que tal quedo? si les gusto dejen un review y si no dejen un review! de cualquier forma dejen uno por favor!
bueno sinceramente estaba pensando en hacer un prólogo pero esa desición la dejo en sus manos... hay me dicen que les parece la idea, si no bueno lo dejamos tal cual...
estaré esperando los tomatazos! :)
