Funeral para dos
Entonces desperté,
Descubrí que solo fue una ilusión
Solo fantasmas inexistentes
Y al fin,
Pude observar la inmensidad de mi soledad
El entierro se había planeado para el día siguiente, en un cementerio de alta clase, donde la familia Holmes tendría la privacidad para dar sepultura a su muerto.
El féretro bajo lentamente; a su lado la señora Hudson se agitaba suavemente tratando de contener su llanto, sus débiles hombros se constreñían de dolor, enfundaba en aquel vestido negra de satín que usualmente no se ponía, se enjuagaba las lágrimas mas lento de lo que estas caían por sus enjutas mejillas.
Ni siquiera pensó en decirle algo, su mente estaba demasiado tapada y veía todo como un tercero, así todo era mas fácil de llevar.
Lestrade no estaba ahí, el detective inspector no podía presentar sus respetos y amistad cuando se encontraba tan comprometido por haber ayudado a un farsante a llevar la batuta en los múltiples crímenes cometidos por el mismísimo Sherlock Holmes, la prensa apostillaba cada rincón de Scotlan Yard y del cementerio en busca de noticias sensacionalistas, del gran fraude, del detective consultor suicida…
Frente a él, una dama imponente y entrada en años, se encontraba inevitablemente la madre de Sherlock, dados sus prominentes pómulos, la boca bella pero severa, y las arrugas que le conferían un aire aristocrático a sus ojos almendrados, toda ella era clase y elegancia, no lloraba, se mantenía entera junto a su hijo Mycroft aunque el brazo le temblaba cada poco tiempo, el lugar estaba atestado de parientes, ellos y Molly que lloraba junto a la señora Hudson eran los únicos que no tenían un lazo consanguíneo con el difunto.
El ataúd toco el fondo de la fosa y los hombres del cementerio comenzaron a cubrirlo de tierra mientras flores blancas se precipitaban cayendo sobre la pulida madera. Poco a poco fue quedando todo listo hasta estar sellado y poner aquella bella placa negra de letras doradas que rezaba el nombre de su amigo, con sencillez minimalista.
No supo cuanto tiempo había estado ahí parado, ajeno a todos, perdido en si mismo, solo despertó ante el toque insistente de la señora Hudson en su antebrazo
-John, cariño-le hablo con dulzura y preocupación mientras alzaba su mano con el pañuelo y le limpiaba la cara, ¿cuándo había comenzado a llorar?
-Debemos irnos-le dijo de nuevo con suavidad, alzo la cabeza del punto fijo que se había convertido la lapida de Sherlock y se dio cuenta que ya no había nadie mas que ellos dos
Asintió con la garganta seca y ella le sonrió condescendiente tratando de ocultar su preocupación, era cierto, el día de ayer había tenido un ataque de pánico cuando Lestrade le había comunicado la muerte de su amigo, su UNICO amigo…, aun el recuerdo le hacia tiritar de dolor, todo era demasiado fresco y nuevo.
-Le alcanzare a la salida, adelántese–le dijo apretándole el brazo suave mirándola mientras esta dudosa asentía andando despacio con sus zapatos de tacón alejándose por el camino de césped hasta dejarle solo con sus sentimientos
Se limpio los ojos enrojecidos por las lágrimas, los sentía escocer, seguramente tendría los párpados hinchados por las lágrimas del día pasado, ayer...¡Que lejos parecía!
Miro la tumba sintiendo que le darían ganas de llorar de nueva cuenta, llevaba un cambio rápido que la señora Hudson le había llevado al hospital, solo hacia unas horas le habían dado de alta, le habían dicho otros galenos "esta en shock", los flashes de los periodistas al salir del edificio habían sido por lo menos, incómodos.
Pero eso ya no importaba, estaban ahí, frente a frente y solos, y el, era de nuevo el que se había quedado atrás.
-Yo estaba tan solo… te debo tanto-le dijo abriendo su corazón mostrando toda su vulnerabilidad, como si se encontrara frente a el físicamente y no solo como un nombre en una piedra
Miro aquella placa dispuesto a irse, cuando de repente se arrepintió y se acercó,
detén esto ….Ok…Solo una cosa mas…solo una cosa mas… solo un milagro mas Sherlock…hazlo por mi…solo …no estés…muerto –lo dijo suplicante mientras caía a la tentación de tocar aquella superficie brillante dejando aflorar toda su nostalgia y perdida, su convicción, su total fe y devoción, estaba seguro de que su amigo no era un fraude, no podía estar muerto, debía de ser algún truco, un engaño, ¡una mentira!...tenia que serlo…
Soltó la superficie sintiendo de nuevo aquel dolor agudo que no se iba, las lágrimas quisieron aflorar de nuevo, pero esta vez estuvo seguro de que si lloraba como todo su ser se lo pedía, no podría parar, ayer se había detenido solo por el hecho de haber caído en la inconsciencia, y hoy ni siquiera estaba seguro de cuando había comenzado, recordó la milicia, recordó las muertes de aquel entonces, e hizo todo lo que pudo por mantenerse completo, se cuadro de hombros y tomando un hondo respiro se dio media vuelta y se obligo a caminar de regreso sin voltear atrás, si lo hacia correría de nuevo a la tumba, no podía hacer eso… la señora Hudson esperaba en la entrada…
Y con ese pensamiento Watson con todos los pedazos rotos que era su ser tomo la decisión de no mirar atrás.
