Konichiwa, mi gente querida!

Bien, la felicidad parece no abandonarme (¿?). Sigo tan, pero tan feliz!~ Especialmente porque es posible que en este cap llegue a los 50 rw~ Ya sé, comparado con otros fic's lograr 50 en ..9 cap's es muy poco, pero para mí eso es realmente mucho, y lo aprecio. ^^U

Porque con algo se comienza, pero como dije "Es posible" así que no me fallen, lean, disfruten,-no me me maten con lo de Jiraiya- y.. Comenten! xD


Disclaimer('s):

-Ni Naruto, ni ninguno de sus muchos personajes me pertenecen a mí, sino a Kishimoto-sama y bla bla bla...

-La trama ó idea principal tampoco, sólo es una humilde adaptación mía de una película de Disney, MULÁN.


Capítulo 8: Recuerdos Entre Cenizas


"¡Solo espera a que te atrape, pequeño-demonio-del-infierno! "

Una fina capa de sudor perlaba su frente, corría a todo lo que sus piernas le permitían, tomaba pequeñas bocanadas de aire, con el corazón apesadumbrado y latiendo en un compás por demás alterado, y en el fondo, su consciencia que le echaba en cara lo incorrectas de sus acciones.

"¡Minato Namikaze!"

Corriendo por las calles del tranquilo poblado, el pequeño niño de unos diez años, estaba bajo las miradas curiosas y atónitas de sus habitantes que dirigían discretos murmullos en cuanto le veían a él y su perseguidor. Como si fuese un vil ladrón perseguido por su víctima.

Y por dentro, así se sentía.

Maldiciendo muy bajamente la hora en que se le ocurrió tan brillante plan, se adentró en un oscuro callejón, con la esperanza de que él hubiera perdido su rastro. Cansado y jadeando, apoyó sus manos sobre sus rodillas y bajaba levemente la cabeza. Cerró los ojos y descansó un poco.

Repentinamente, sintió una presencia detrás de él, girando bruscamente chocó con el sólido pecho de su verdugo.

"¿J-Jiraiya-san?"

"¡Hasta que te alcanzo! ¿Tienes idea de lo rápido que corres? Lo juro, un día de estos vas a sacarme canas verdes… Ahora, ¡Por Kami-sama! ¿Me quieres devolver esa libreta? Porque realmente me costó horrores escribir esa 'información'. Así que dámela."

"Y-yo… ¡NO! No a menos que acepte."

"Escucha muchacho, esto no es cosa fácil… Arriesgas constantemente tu vida día con día, y los entrenamientos no son siquiera una parte de lo que te puedes imaginar, además ¿Por qué quieres que te entrene para ir al ejército?"

"Porque yo quiero ser alguien de provecho para mi país, porque quiero proteger a todos aquellos que significan algo para mí, y quiero que usted me entrene porque no hay nadie mejor que un ex-alumno de Sarutobi-sama para que me enseñe a pelear."

"Si accedo a hacerlo, ¿Me darás mi libreta?"

"Por supuesto, es más, hasta le ayudaré a que no lo descubran recolectando su valiosa información, Jiraiya-san"

"Olvídate del 'san', ¡me llamarás 'Jiraiya-sensei'!, solo quiero… "

"Sí, sí, aquí tiene, y siento mucho si tuve que robarla para que me hiciera caso, pero le prometo que no se arrepentirá. ¡Seré el mejor de sus alumnos, Jiraiya-sensei!"

Respiró con brusquedad ante la crudeza de los recuerdos que atormentaban su mente.

Y es que, había sido en ese pueblo cuando se había convertido en el pupilo oficial del Sannin. Y ahora lo único que quedaba de él eran cenizas y trozos aún humeantes de lo que había sido un devastador incendio.

Hacía poco menos de una hora cuando se internó en este. Él junto con su ejército estaba dispuesto a rescatar cualquier forma de vida que hubiera llegado a estar todavía respirando. Mas al irse esparciendo por las angostas calles, o lo que quedaba de ellas, se dieron cuenta que habían llegado demasiado tarde.

Pasaron toda una noche tratando de encontrar sobrevivientes en vano.

~-o-~

Kushina estaba impactada.

Prácticamente le atribuía el hecho a que no estaba preparada, aún, para ser testigo de tal atrocidad.

Las llamas habían consumido todo el pueblo, por completo. De éste solo quedaban vagos residuos de lo que había sido. Pero la peor parte es que ello arrastraba a sus habitantes, cuyo único crimen fue haber estado en el lugar equivocado a la hora equivocada.

Era tan injusto. Personas inocentes, que poco tenían que ver con las intenciones de la monstruosidad causante de esto, ahora pagaban delitos 9ajenos.

Pero esto era una guerra. Y no había tiempo para preocuparse por lo que fue y no pudo ser, ellos tenían que actuar rápido para así tal vez con un poco de suerte, llegaran a encontrar la pista del grupo que había ocasionado la infernal hoguera.

~-o-~

Haciendo un forzoso amago de volver al presente, el rubio Namikaze seguía caminando bajo la luz de un nuevo día y a la vez, sobre la nieve ahora cubierta de una oscura ceniza.

Intentaba pensar en cualquier cosa que no fuera su sensei, pero ¿Cómo no hacerlo? Entre más se esforzase por no hacerlo, más rápido venían a él los recuerdos de sus primeros días como su discípulo.

"Jiraiya-sensei, ¿Por qué ese sapo lo sigue a todas partes?"

"Para avisarme por si hay mocosos molestos como tú que interrumpen mis investigaciones."

"Jiraiya-sensei, ¿Por qué hace esas investigaciones?"

"Porque son tácticas que estoy perfeccionando para mejorar mis habilidades como espía."

"Jiraiya-sensei, ¿Por qué le gusta ser espía?"

"Porque así me puedo enterar de algunos por menores de la vida de ciertas personas que me importan"

"Jiraiya-sensei, ¿Son personas como esa mujer rubia que dice que me mal influencia?"

"… Mejor deja de hacer preguntas tontas, y ponte a entrenar"

"Pero… Sólo quiero saber si esa mujer rubia con grande ¿Cómo dijo? 'pechonalidad' es importante para usted"

"A ENTRENAR"

"Pero…"

"YA HE HABLADO"

Sonrió con notable cambio en sus facciones. El solo recuerdo de lo que sus preguntas fuera del lugar le producían a sus sensei, era más que agradable, aunque tenía ese mal presentimiento que le estrujaba el corazón.

Pero él, y nadie más que él, tenía que mantener sus pensamientos serenos para no llegar a cometer algún error.

Seguía repitiéndose mentalmente que sus temores con respecto a su maestro no tenían fundamento alguno. Le gustaba pensar que en esos momentos él estaba lo más lejos posible del lugar de la tragedia, que seguramente estaría en cualquier otro lugar, que sería demasiada coincidencia que hubiera estado ahí.

Pero fue entonces que, estando a punto de ignorar olímpicamente su mal presentimiento cuando de repente, desde su posición pudo visualizar los apresurados pasos de unos reclutas rumbo a él.

Llegaron a unos pocos segundos después de haberlos avistado; con una cara llena de malos presagios, se detuvieron a una distancia prudente de él. Esperando lo peor, solo alcanzó a coger lo que uno de ellos le tendía.

Y ahí, entre sus impecables manos descansaba un protector de metal cubierto de ceniza y sangre, un protector con la leyenda "aceite" escrita en Kanji, un protector… que siempre llevaba su sensei sobre su cabeza.

Estupefacto por el descubrimiento de ellos, le hizo caso omiso a cualquier palabra que ellos dijeran. Su mente se cerró y omitió cualquier sonido proveniente de sus oídos para no tener que escuchar un "lo siento, mi Capitán".

~-o-~

Indecisa hasta lo último y con un que otro paso vacilante, la pelirroja se acercaba cautelosamente a su jefe que se encontraba un tanto aislado del resto de los hombres.

Y es que, desde que había contemplado el momento en que un compañero le entregó un protector al Namikaze, ella había notado cómo el ánimo de éste decaía excesivamente al contemplar el artefacto.

Para entonces, decidida a conocer el porqué de su actitud, le preguntó discretamente al que le entregó el protector por acerca de la pieza de metal. Cuán grande fue su sorpresa al descubrir que el protector le pertenecía a su maestro. Y a juzgar por la sangre que empañaba el objeto, no quería ni siquiera saber dónde había estado.

Aproximándose cada vez más a la presencia del rubio, ella hacía de todo su esfuerzo para no seguir sacando conjeturas apresuradas.

Pero era inútil. La verdad era innegablemente evidente.

La noche anterior solo encontraron cuerpos carbonizados por el fuego, imposibles de identificar, y si eran ciertos los rumores que escuchó de algunos, acerca que ese pueblo había sido unos de sus más frecuentados, entonces no había duda, el tan apreciado sensei de Minato, estaba muerto.

~-o-~

El viento árido de las montañas nevadas calaba profundamente en su descubierto rostro mientras permanecía a la intemperie.

Mas a él menos no podía importarle.

Porque en esos momentos lo único que ocupaba sus pensamientos era su 'Jiraiya-sensei'.

Sentía como sus ojos le traicionaban y comenzaban a manar ese líquido transparente, producto de su desconsuelo.

Era una dura realidad que él no había querido llegar a padecer. No quería aceptar la pérdida de un ser tan querido y en cierta forma respetado para él. Pero era tan difícil sobreponerse a la pérdida.

"Los hombres no lloran, no a menos que la razón tenga que ver con la muerte de alguien, o con una mujer que ignore"

Y por ello, fiel a las enseñanzas de su sensei, se había alejado del bullicioso ejército para 'meditar', según sus palabras.

Se produjo un sutil crujido de unas delicadas pisadas sobre la nieve, sacándolo de sus cavilaciones momentáneamente.

¿Es que era mucho pedir algo de privacidad?

Volteándose, se encontró con Kushimaru, quien se acercaba a él vacilantemente.

–Minato-dono, ¿Se encuentra bien? – indagó con voz evidentemente preocupada y la mirada ligeramente gacha.

–¡Claro! ¿Por qué no debería estarlo? – evadió mientras se enjugaba el rostro con cautela para no delatarse.

–Bueno, yo… solo pensé que tal vez pudiera estar un poco afect…

–¡¿Pero qué dices? Yo estoy bien… Después de todo, esto es el ejército. Estamos en medio de una guerra y no hay tiempo para andar con sentimentalismos; además, nadie es eterno, todos tenemos que morir algún día –dijo tan sereno que hasta él se sorprendió; aunque internamente ni él estaba tan seguro de creerse esas palabras–. Esto es cosa de supervivencia.

Atónita ante sus palabras, la Uzumaki levantó bruscamente su semblante para mostrarle una expresión retadora.

–¡¿Cómo lo haces? ¡¿Cómo es posible que hables así? –Le gruñó molesta ante su actitud indiferente, olvidándose de cualquier clase de respeto–. No entiendo por qué hablas como si no te importara, 'ttebane.

–¡Yo no dije que no me importara! Simplemente estoy haciendo lo que él quería que hiciera –añadió mientras su voz se distorsionaba involuntariamente.

–Por supuesto, seguro que cualquiera querría que su alumno no se entristeciera en lo más mínimo al morir, 'ttebane –ironizó.

–¡Y tú qué sabes! –le espetó sintiendo como sus ojos se volvían acuosos–. Él era como un padre para mí. Me decía que yo era su máximo orgullo, que lo que más admiraba de mí era mi temple, que a pesar de las circunstancias siempre conseguía sacar adelante lo mejor de mí. Él confió en mí desde un principio y me dijo que llegaría a ser un gran líder. Así que no puedo permitirme fallar.

Aspiró profundamente para evitar que las lágrimas no derramadas se corrieran. Era humillante para cualquiera que por lo menos lo vieran llorar. Tenía que tragarse su pena y esconderla para no desmoronarse.

Pero aun así ansiaba el poder sentir alguna especie de consuelo, necesitaba palabras reconfortantes. Más importante aún, necesitaba desahogarse.

Y eso era algo que la Uzumaki sabía de primera mano.

–Así que es eso –musitó en voz baja ante lo que le dijo el rubio, seguramente sin darse cuenta–. Entonces no actúes tan indiferente, tú más que nadie tiene todo el derecho de llorar su muerte, y no por eso te debilitarás ni vas a dejar de ser un gran Capitán.

–Yo… No lo sé, él siempre me ha dicho que los hombres no llo…

–¡Y un infierno con eso! ¿Por qué crees que se nos humedecen los ojos? ¿Para limpiarlos? ¡Pues no! No tienes idea de cuánto me hastía esa actitud de "Soy hombre. Solo sé comer, dormir, buscar mujeres y pelear. Y si me siento mal actúo como si no pasara nada." Yo no sé tú, pero no soy 'hombre', no así, YO soy un ser humano. Y si también sientes que eres uno, por llorar no serás menos hombre, 'ttebane –le aconsejó, dando inconscientemente su forma de ver todo aquello de ser 'hombre'.

Total y completamente estupefacto ante su singular manera de dar apoyo y de ver la vida, Minato levantó las comisuras de sus labios en una nostálgica sonrisa.

–Sin ofender, pero con eso que dices, te pareces a una mujer que conozco.

–¿Ah, sí? ¿A quién?–cuestionó, no tanto preocupada que al decir eso podría descubrirla, sino algo celosa por compararla con otra.

–Una amiga de mi sensei, siempre que se veían lo regañaba diciendo que era un machista sin remedio y que terminaría influenciándome.

–Y tuvo razón.

Entonces, el rubio hizo algo que en ningún momento pensó que haría. Rió.

Y así, ambos permanecieron un buen rato mientras un silencio para nada incómodo les embargaba.

Ciertamente, no sabía por qué, pero la presencia del pelirrojo le ayudaba a sobrellevar el amargo rato... Era extrañamente diferente, pero aun así su compañía era agradable.

-¡Genial! Jiraiya-sensei seguramente me diría que soy un enfermo mental y que debería ir a ver al médico, antes de gritar a los cuatro vientos que soy gay.-

Sacudió la cabeza, como negando efusivamente ante el pensamiento tan absurdo, que debió ser causado por su estado de agotamiento y el recuerdo del Sannin.

Queriendo abandonar tan engañosos pensamientos, se dedicó a concentrar su atención en su acompañante. Las cosas que el recluta le había dicho eran en cierta manera reconfortantes y muy verídicas, lo que le hizo preguntarse mentalmente si él había perdido a alguien también.

–Uzumaki, ¿Tú… tienes familia?

–Todos tenemos una–le respondió automáticamente.

En ese momento el Namikaze se sintió un completo tonto por preguntar algo tan obvio, así que no discutió tal respuesta.

–En verdad, pienso que… –prosiguió la pelirroja, dándose cuenta de su hostilidad y queriendo enmendarlo–. Tenemos tres tipos de familia. Aquella de la que nacemos, aquella que nace para nosotros y aquella que dejamos entrar en nuestros corazones.*

Y él no pudo estar más de acuerdo con ello. De hecho, no lo hubiera dicho mejor.

-Y ahora el chico es filósofo-poeta, aunque eso fue algo cursi. Si fuera una chica tal vez… ¡Maldición! Comienzo a pensar que soy un enfermo. Definitivamente necesito vacaciones.-

Nuevamente, ignoró sus mal deseados pensamientos.

Con una nueva renovación en su ánimo, el rubio Namikaze ahora se disponía a dejar de lado su desconsuelo, ya que una vez que se hubiera desahogado con la extrañamente reconfortante compañía del Uzumaki, se había propuesto encontrar a los responsables de tal acción.

Porque después del dolor, vino consigo la sed de venganza.

No pensaba perder más tiempo. Ya suficiente había tenido con todo un día perdido, y definitivamente no estaba dispuesto a dejar que los responsables se siguieran alejando.

Ésta vez, es personal.

~-o-~

Kushina sonrió con auto-suficiencia. Esa era la primera vez desde su estadía que sentía que tenía poder sobre sus compañeros.

Porque ella solo había regresado con los reclutas, únicamente para informales que él quería que se comenzaran a formar.

La orden fue vaga un: "Reúne al ejército" que le había dicho, extrañamente bastó para que en cuestión de minutos todos estuvieran en una ordenada formación.

Y es que una vez todos supieron lo que ocurría con su Capitán, se mostraron inusualmente solidarios.

E inclusive todavía podía escuchar a Shikaku gritándole al resto que eran una bola de flojos haraganes, en un intento de ayudar con la formación, el tipo tenía una extraña manera de ayudar y seguir con su intimidante aura en el intento. Lo que también incluía a Inoichi y Choza haciéndole barra a su amigo.

Una vez estando listos y formados, la pelirroja aprovechó que el rubio no había llegado aún para ir discretamente a comprobar si Kyūbi estaba vivo dentro de la carreta.

–Tengo una suerte envidiable, ´ttebane –dijo con sarcasmo al ver los curiosos ojos del zorro asomar entre las sombras–. Será mejor que te quedes ahí dentro, ya estamos por irnos.

–¡Te dije que funcionaría! –aseguró.

–¿De qué se supone, me estás hablando?

–¡Tsk! Te dije que si ibas a hablar con él, se le iba a pasar la melancolía y nos pondríamos en marcha de inmediato –afirmó mientras salía un poco a la luz–. Pero yo no contaba con que tardaría tanto, ¿Por qué será? –indagó socarronamente.

–¡O-oye! ¡Qué querías! E-estaba muy mal, y…

–Sí bueno, ya te imagino consolándolo, y con el pobre pensando que eres hombre... –y entonces siguió riéndose con la imagen de ello.

–Ni siquiera sé por qué vine a verte, eres un pesado de lo peor, 'ttebane –le comentó enojada y extrañamente sonrojada, para después dirigirse donde el Namikaze, para informarle la situación.

~-o-~

–Minato-dono. Los reclutas ya estamos listos para recibir sus órdenes. –informó el pelirrojo recluta.

–Bien, diles que voy enseguida –ordenó, más antes de que éste se fuera le detuvo con la voz– Y, Kushimaru, gracias. Por todo.

–¡No hay de que, 'ttebane! –le aseguró con una sonrisa antes de irse alejando.

Una vez sin su presencia, se dedicó a observa por última vez el dañado protector de su sensei. Decidido a vengar su muerte, se alejó un tanto más del terreno para poder hacerle, de alguna forma, un rústico altar fúnebre a su sensei.

Y ahí, en medio de la blanca nieve, puso a descansar la pieza metálica simbolizándolo a él.

-¡Llegó la hora! Adiós, Jiraiya-sensei.-

Una última lágrima se deslizó por su tersa mejilla. No tenía idea de cuánto lo iba a extrañar.

Sus bromas, su risa, sus nada pudorosos 'consejos', su voz… que juraría que aún podía escuchar.

–¿Estás llorando? –Escuchó de esa voz tan parecida a la de su maestro–. Pensé que te había dicho que los hombres no lloraban.

–No a menos que sea por alguien importante –citó sus palabras con desasosiego.

–Ahh… Y, ¿Quién murió? –indagó esa voz que podría jurar estaba detrás suyo.

–¡Pues TÚ! –vociferó ante la expectativa de que su mente le estuviera jugando una mala jugada.

–¿YO?... Minato no estoy muerto.

–Sí lo estás.

–No, no lo estoy.

–¡Y un infierno! Sí lo estás y deja de molestarme, estúpida voz de mi cabeza.

–¡MINATO NAMIKAZE! ¡Voltéate! –Al instante lo hizo casi por reflejo–.

–No…Tú… ¿Sensei? –preguntó aturdido ante la visión de su peliblanco maestro.

Porque no había duda que era él. Ahí estaba, son su alborotado cabello blanco, con esas curiosas marcas rojas que iban desde sus ojos hasta perderse en el contorno de su rostro, con su ropa de siempre, con… no, esta vez, no tenía el protector, porque era él quién lo sostenía aún en sus manos.

–Pensé que estaba…

–¡Maldición! ¿No creerías que esos inútiles de Akatsuki iban a matarme, o sí?

Y entonces se dio cuenta que, por algo a su sensei le encantaba espiar a una muy peligrosa Tsunade, porque solo así mejoraba sus aptitudes de escapatoria.

Vaya que la rubia le ayudaba sin saberlo.


Muajaja?

Ok, ok. Después de haberme dado sus amenaz... digo, sus 'amables, pacíficas e inocentes sugerencias' con respecto a ero-sensei… pensé que esto era lo menos que podía poner, ¿Me explico?

Quería matarlo, hacerlo sufrir –buajajaj!- …..ok, no. La historia requería que lo matara, pero yo –y gran parte de mis adorables lectoras u¬¬– no quería que eso pasara, y entonces me dije "Hey! Es una adaptación!..., el chiste es que cambies ciertos detalles, daaaaa!" Y pues, de ahí que saliera la última escena. xP

*La frase 'consoladora' de Uzu-chan le pertenece a: Xiamara (Simi) Parthenopaeus. Personaje de la Saga Dark-Hunters de la escritora Sherrilyn Kenyon.

...Que!~ Adoro esa saga, y esa frase me vino como anillo al dedo mientras leía "Bad Moon Rising".. Pero de todas maneras seguramente no saben de qué hablo, qué más da u.u

Muchas, muchas gracias a todos/as aquellos que me llenan de felicidad con sus rw y hacen así, que este fic sea posible (¿?) xD.

Umeki Nara.

Lucy. Panqueque.

Tsubaki Nice.

Isi-san.

Minakushi-chan.

Aniyasha.

Tsukimine12.

De más está decir que me encanta que la lista se siga ampliando xD.

Ya nos los entretengo, gracias por leer. Hasta la próxima ^.^!

-Sayop!-

Pd: Ayúdenme a llegar a los 50 rw. ¿Cómo? solo denle Click al enlace alla abajo, y ESCRIBAN xD