Pov. Dean
Dean observa a Cass un instante. El corazón se detiene en su pecho cuándo ve la media sonrisa que se ha dibujado en su rostro. Lo cierto es que, por un instante, piensa que todo lo que ha vivido le ha llevado hasta Cass, todo su camino lo ha empujado hasta ese Ángel que tiene frente a él.
Dean siempre supo que su vida había sido más dura que la del resto de las personas que conocía, exceptuando a Sammie. Desde los ocho años ha tenido que luchar con monstruos, ha tenido que proteger a Sam. Siempre había pensado que su camino había estado lleno de obstáculos, con piedras cayéndosele encima cada vez que las cosas parecían mejorar. De hecho, muchas veces maldecía su suerte, maldecía su camino. Pero entonces es consciente de que todo ese camino tortuoso, lleno de curvas, de pozos negros sin fondo, lo ha empujado a él. A Castiel, mi Ángel de la Guarda.
Dean piensa, no lo duda, que si ha sobrevivido todo ese tiempo es porque Cass lo ha vigilado. Entiende que su vida no ha sido tan dura, piensa en todos los monstruos que ha vencido, desde los ocho años, y lo comprende.
Si está vivo es por él, si aún se mantiene en pie a pesar de tener el Apocalipsis encima, si es capaz de levantarse cada día de la cama y luchar, es por él.
Porque Dean comprende que Cass es la fuerza que lo empuja, la mano que nunca lo deja caer, los brazos amorosos que lo acunan cuando las cosas están tan jodidas que parece llegar el final. Siempre ha sido su Ángel, por eso Dean nunca se ha sentido sólo e indefenso.
Llega a la conclusión de que le dará las gracias, le declarará su amor incondicional, pero eso tendrá que ser otro día.
Dean ha estado en el futuro, ha visto cómo Sam se convierte en el recipiente de Lucifer y tiene que evitarlo, aunque se rompa su propio corazón, aunque durante un tiempo tenga que aparcar su historia con Cass.
Dean Winchester preferiría seguir su caza en solitario con Cass, pero sabe que no puede hacerlo. Aunque está decidido a confesarle a Castiel, mi Castiel, sus sentimientos, cuando sea el momento.
Le dirá que lo ama.
Le explicará que nunca lo dejará marchar.
Le confesará que todo ha merecido la pena, el largo y doloroso camino de su vida, porque la recompensa ha sido él.
Su Ángel, tan perfecto, tan maravilloso, tan encantador, dulce, tan… tan… sí, tan suyo. Porque Dean por fin reconoce que Cass es la mitad de su alma, sino toda ella entera. Porque su Cass le ha salvado, porque su Ángel se ha entregado desinteresadamente a él y, sobre todo, porque sabe que más tarde o más temprano acabarán juntos.
Es. Nuestro. Destino. Amarnos. Se dice a sí mismo convencido.
No le importa parecer una adolescente ultra hormonada.
No le importa reconocer que tiene mariposas en el estómago.
De hecho, ni siquiera le importará un carajo que su hermano se descojone porque él, blasfemo, canalla, pecador, asesino, torturador, rompecorazones, media alma(porque la otra mitad se quedó en el Infierno), y maldita sea su suerte: romántico empedernido, se haya enamorado por primera vez en su puta vida de un Ángel del Señor.
Sam se reirá de él y Dean Winchester le dará la razón, le dirá que lo llame nenaza si así lo desea, pero que Castiel es mío, por derecho, por nacimiento, por necesidad, punto y final.
Le explicará a Sam que nunca, jamás, permitirá que nadie se lo arrebate. Porque Castiel, mi Cass, es lo único que atesora como propio y nunca, jamás, lo compartirá con nadie, excepto su Padre, a quién le debe su creación.
Y entonces, ¡oh milagro!, ocurre de nuevo.
Dean vuelve a dar las gracias a Dios por haberle otorgado a Cass. Y ora, con todo su corazón, con toda su alma, por primera vez en su vida, Dean Winchester reza de verdad, con el alma descubierta ante Dios.
Dean coge el teléfono, explica a su Cass que tiene que hacer lo que en principio tenía que haber hecho y, maldita sea su suerte, le parte el alma ver la cara de Cass.
Le rompe por dentro ver cómo su Ángel, aunque intenta disimular el disgusto, está triste y quiere consolarlo, quiere abrazarlo y estrujarlo hasta que no le queden aire en los pulmones, como si fuese un puto osito de peluche, pero Dean sabe que aún no es el momento.
Pov. Cass
Cass desea llorar al ver que Dean llama a Sam. Desea recriminarle, desea impedirle que llame otra vez a su hermano.
No. Lo. Soporta.
Por un momento odia a Sam con una furia intensa, el dolor de saber que su Dean, lo va a dejar de lado, le dará una vez más la espalda por Sam, es más de lo que puede soportar.
Quiere llorar.
Quiere maldecir.
Quiere golpear a Sam.
Quiere golpear a Dean.
Quiere descuartizar a Zacharias por llevarse a Dean al futuro.
Quiere causar destrozos masivos a su alrededor.
Quiere gritar.
Quiere… besar a Dean hasta dejarlo sin sentido.
Quiere adueñarse de su cuerpo.
Quiere adueñarse de su alma.
Quiere poseerlo.
Quiere marcarlo.
Quiere hacerlo suyo, quiere… quiere…
Quiere todo de Dean.
Quiere sus labios.
Quiere esos ojos verdes que lo llevan al abismo cada vez que lo mira.
Quiere las 35 pecas que marcó en su nariz.
Quiere la marca de su brazo, por donde lo asió para traerlo de vuelta del Infierno.
Quiere llevarse todas sus pesadillas, confortarlo en la noche.
Quiere empaparse de su esencia.
Quiere oler a él.
Quiere sanar las cicatrices de su alma.
Quiere esa sonrisa de canalla que hace que las mujeres se derritan.
Quiere abrazarlo.
Quiere besarlo.
Quiere todos y cada uno de los músculos que lo sostienen.
Quiere despertarse con él por las mañanas.
Quiere escucharlo reír todos los días durante los próximos cincuenta años de su existencia.
Quiere oírlo cantar, porque le gusta su voz, sólo lo oyó cantar una vez pero… ¡Cómo le gustó!
Lo quiere todo de Dean. Todo.
Cass siente un ligero mareo al comprender la magnitud de sus sentimientos.
Desea gritar al Universo que Dean es suyo y que nadie. Nadie. Se atreva a quitárselo.
Dean es suyo.
Lo fue desde que le devolvió la vida, cuando aún era un bebé.
Lo fue cuando lo arrancó del Purgatorio.
Lo es ahora, cuando el mundo está a punto de irse al garete, cuando el Apocalipsis les está pisando los talones.
Y lo será en el futuro.
Por Siempre Jamás.
Castiel comprende entonces que Dean es la mitad de su alma. Una parte de él estaba incompleta hasta que sus caminos colisionaron.
¡Qué muerto estaba sin ti, que sólo, que vacío y perdido! ¡He vagado millones de años y sólo ahora comprendo lo solo que estaba sin ti, lo inservible de mi existencia hasta que tú te cruzaste en ella, mi Dean Winchester!
Castiel comprende que al final acabará con Dean, el corazón se le aprieta en el pecho un instante, y tiene la certeza de que las cosas tienen que ser así.
Es. Nuestro. Destino. Amarnos.
Se marcha y cuando ve la cara de tristeza de Dean al verlo partir, sabe que no es el único que necesita al otro con intensidad.
Así que, una vez más, la fe de Castiel se renueva. Cada día cree más en su Padre y todo ocurre por ese hombre, ese blasfemo, pecador, al que ama con vehemencia.
Pov. Dean
Dean lleva varias semanas cazando con Sam, como en los viejos tiempos. Pero añora mucho a Castiel, cada día que está lejos de su Ángel siente que se pierde a sí mismo. Dean es consciente de que no puede seguir así, de que tiene que superar la dependencia que tiene con su Cass para poder concentrarse en el trabajo y hallar una solución que termine con el Apocalipsis, aún así, lleva varias semanas sin ver al jodido Ángel, con lo que sus nervios están sumamente alterados. Como el puto Ángel del Señor no haga su aparición en un día, va a tener que llamarlo, obligarlo a venir y darle una paliza de muerte para que no haga esas cosas. Su ausencia angustia a Dean, en unos niveles que nunca antes ha conocido y eso lo está matando.
Dean y Sam se encuentran en Wellington, Ohio, por captar un mensaje extraño sobre un hombre que ha sido asesinado por "El Increíble Hulk".
A los dos Winchesters no les resulta nada difícil comprender que quién se encuentra detrás de ese asesinato es, sin duda, el Trickster. Entonces es cuando Dean decide que es la excusa perfecta para llamar a su Ángel, sin que éste sospeche lo necesitado que está de su compañía. Porque, de todos es sabido, que el Trickster es probablemente un dios pagano y, como tal, la ayuda de un Ángel del Señor sería muy bien recibida.
El corazón bota en el pecho de Dean cuando toma la determinación de llamar a su Cass, pero, para su desgracia, una nueva llamada de socorro alerta a ambos hermanos para que vayan a una fábrica abandonada antes de que le dé tiempo a ponerse en contacto con su Ángel.
Ambos hermanos caminan hacia el lugar de dónde procede el aviso, al llegar se encuentran atrapados en un mundo televisivo y, maldita sea, Dean lamenta mucho no haber llamado a su Cass porque, de haberlo hecho, los dos no se encontrarían en esta situación.
Pov. Cass
Cass lleva más de tres semanas sin ver a Dean, la necesidad de estar con su cazador lo está volviendo loco de remate. Así que, sin pensárselo dos veces, decide que lo llamará por teléfono con cualquier excusa y que cuando Dean le diga dónde se encuentran y qué están cazando, se ofrecerá voluntario para darles apoyo.
Con determinación, el Ángel marca el número de su Dean, pero no contesta. Por un instante, Castiel se plantea si el hijo de puta de Zacharias habrá dado con él. La posibilidad lo aterra mucho más de lo que debería, las ganas de lanzarse a buscar a Dean como un loco por todas partes son incontrolables. Necesita saber que está bien, necesita saber que ni Zacharias, ni Michael han dado con él.
Entonces, Cass recuerda que Sam está con Dean. Suspira aliviado al pensar que, quizás, el teléfono de Dean se ha roto, pero no el de Sam. Llama por teléfono al menor de los Winchester y, maldita sea su suerte, tampoco consigue localizarlo.
Cass se plantea si quizás Lucifer ha dado con Sam, si el menor de los Winchester se ha convertido en una vasija, dejando a su Dean a merced de Satanás. La idea lo aterroriza aún más que la anterior.
Está a punto de salir por la ventana, sin rumbo, desesperado, para ir a buscar a los hermanos cuando cae en la cuenta de que, todavía, puede tratar de localizarlos por medio de Bobby. Cuando el viejo cazador le coge el teléfono, Castiel suspira de alivio.
Bobby le explica que los hermanos se encontraban en Wellington, Ohio, investigando una muerte en extrañas circunstancias de un cazador del pueblo.
Sin apenas pensarlo, cuelga el teléfono y se transporta allí.
En Ohio se dirige a la comisaría de la policía. Piensa por un instante preguntar directamente al Sheriff si ha visto a ambos hermanos, entonces, le llega una inspiración. Remueve entre el raído abrigo de Jimmy y encuentra, menos mal que nunca tiro nada, la falsa placa que Dean le dio cuando buscaron a la tortuga ninja de Raphael.
Pensar en su hermano como una Tortuga Ninja logra que a Castiel se le dibuje una sonrisa de medio labio en el rostro y, alegre, entiende que está empezando a portarse como mi Dean Winchester y, para ser honestos, la idea no le amarga en absoluto.
Pov. Dean
Dean ha perdido la cuenta de cuántos días llevan atrapados en el mundo de la televisión.
Ha estado en una sitcom, en su serie favorita, Doctor Macizo y ahora se encuentra en un programa de una televisión japonesa.
Dean está cansado de jugar con el Trickster, está harto de no saber dónde está su Cass y, sobre todo, le preocupa que por culpa de ese estúpido malnacido del Trickster no vuelva a ver a su Ángel de la Guarda nunca más.
Por si eso fuera poco, Dean no ha parado de pensar si el hijo de puta de Zacharias ha hallado a su Cass, si lo ha encontrado y lo está torturando en el cielo por haber desobedecido sus órdenes, por haber elegido a un simple humano que no merece redención, porque Dean sabe que no la merece, antes que a todos su hermanos.
A eso hay que añadirle que, con tanto tiempo en la caja tonta, la mente de Dean ha ido un paso más allá. Ha recordado a la tortuga ninja Raphael y no ha parado de darle vueltas al hecho de que quizás, ha encontrado a mi bellísimo, perfecto Ángel, y lo ha matado. Dean sabe que Raphael estaba muy, pero que muy cabreado, cuando se separaron de él y, para su desgracia, también ha recordado que ese cabrón juró vengarse de su Castiel, matarlo una vez más.
A Dean esa idea lo aterroriza demasiado, tanto, que no se siente capacitado para investigar un modo de dar con el Trickster y acabar con él.
Porque Dean necesita a Cass.
Necesita verlo, necesita tenerlo cerca para saber que está bien, para saber que nadie lo ha encontrado, para asegurarse de que mi amor, seguir llamándolo Ángel o Cass ahora se me hace insuficiente, sigue vivito y coleando.
Dean sólo desea verlo y confesarle, de una maldita vez, que lo ama.
Pov. Cass
Cass ha hablado con el sheriff de Ohio. El hombre le ha explicado que si vio a sus compañeros, dos días atrás, pero que no los ha vuelto a ver desde entonces.
Castiel pregunta si sabe con quién hablaron porque desde la compañía, le han informado que han perdido el rastro de sus colegas dos días atrás.
Lo cierto es que, Castiel, Ángel del Señor, aún no se explica cómo puede estar mintiéndole tan descaradamente al sheriff y se pregunta por qué todo le resulta más sencillo desde que conoce a Dean. Porque las líneas que antes, nunca jamás se atrevería a cruzar, las cruza sin reparo alguno.
Aunque sabe la respuesta.
Lo hace por Dean, cada impulso, pequeño o grande, que lo asalta últimamente tiene su origen en mi cazador, en mi hombre milagro en mi… amor, seguir llamando a Dean de otra manera me parece insuficiente.
El policía le explica que sus compañeros, antes de desaparecer de la faz de la Tierra, hablaron con la viuda del fallecido aunque, el sheriff insistió mucho en ello: "A esa mujer no se le puede hacer mucho caso porque ha sufrido un shock".
Castiel pregunta la dirección de la viuda, después se despide del policía, pidiéndole que, si sabe algo de sus compañeros, no dude en llamarlo y le deja su número de teléfono.
No tarda en encontrar a la triste esposa, aún muy afectada por la muerte de su marido, quien desconfía de Castiel, que se ve obligado a sacar toda su artillería para conseguir información.
Y su artillería, por primera vez, no consiste en leer su mente sin autorización, sino dedicarle esa sonrisa ladeada que Dean dedica a todas las mujeres aplicando como extra la mirada de cachorrito de Sam, con lo que la mujer se abre como un libro y, antes de despedirse de él, le introduce en el bolsillo de su gabardina su número de teléfono.
¿Qué demonios significa esto?
Lo cierto es que, tras hablar con la pobre viuda, Cass sabe que se está enfrentando a un Trickster y va en busca de él y la trampa en la que tiene atrapado a mi amor y a mi futuro cuñado.
Pov. Dean
Dean está cansado, se siente débil y perdido. Añora a su amor, le duele respirar, le duele pensar, le duele hasta vivir porque su angustia ha subido aún más desde que están en el puto concurso japonés.
¿Y si no vuelve a ver a Cass?
¿Y si se queda atrapado para siempre en ese mundo de cartón piedra sin poder confesar a su amor lo que siente?
Cierra los ojos un instante, piensa en los abismos azules que hacen que todo su cuerpo se estremezca de placer y recuerda todo.
La primera vez que lo vio, que se apareció ante él diciéndole que era un Ángel del Señor, que lo había arrancado del Infierno.
Cuando tuvo que luchar contra el Sahmain, y como al final del día, acabó sentado en un parque con Castiel, su amor, hablándole y aconsejándole. Cuando, por primera vez, Dean descubrió que él le importaba a Cass, que para ese Ángel era algo más que una misión.
Rememora la manera en la que se enfrentó a Uriel, diciéndole que sus órdenes eran hacer lo que Dean quería. Una sonrisa ladeada aparece en sus labios al recordar ese momento.
Piensa en cuando apareció Anna, la manera en que se entregó a ella porque… joder… porque… estaba dolido, muy dolido, de que cada vez que Cass se le aparecía lo hacía con el cabrón de Uriel. Dean tenía unos celos horribles de ese gran hijo de puta, porque siempre estaba con Cass, siempre. A todas horas, a todos minutos, todos los putos días del año y pensó, iluso de él, que si se acostaba con Anna, con otro Ángel, podría olvidar a su puto Ángel de la Guarda.
Aunque descubrió, mientras estaba yaciendo con Anna, que eso ya no funcionaría. Que ya nunca más habría nadie en su corazón, que el espacio vacío de su pecho había quedado ocupado para siempre por mi Ángel de la Guarda, por mi único y verdadero amor.
Dean también recuerda el día en que Jimmy sustituyó a Cass y el sentimiento de pérdida que lo embargó cuando descubrió que su Ángel ya no ocuparía ese cuerpo, que se había ido para siempre. El dolor de esa pérdida todavía es indescriptible para Dean.
Entonces su mente lo lleva al día en que Cass utilizó su propia sangre para arrancarlo de la habitación en la que lo había encerrado Zacharias.
Y, maldita sea su suerte, Dean revive, una vez más, la muerte de Castiel. El dolor estalla en su pecho, haciéndole perder la conciencia, siendo sustituidos todos sus pensamientos por un terror que no conoce nombre, la posibilidad de perder, para siempre, a Cass.
Un ruido lo despierta de su letargo. Cuando la puerta del mundo de cartón piedra se abre y aparece Cass, Dean, una vez más, y ya está convirtiéndose en una puta costumbre, ora por tenerlo de vuelta.
Pov. Cass
Te encontré.
Cass mira a Dean y Sam. Al ver a su amor en perfectas condiciones vuelve a respirar con normalidad. Sonríe para sí mismo cuando sus ojos y los de Dean se cruzan.
La mirada de su amor está llena de ilusión, de esperanza. Una sonrisa amplia se ha dibujado en sus labios cuando lo ha visto aparecer.
Sus ojos se quedan enganchados a los de su Cazador y lee una promesa de amor en su mirada. Una promesa de fidelidad escrita sobre su piel y, la esperanza, lo embarga.
Cass comprende todo.
Que los dos están esperando porque el Apocalipsis se les viene encima.
Que comparten el mismo profundo sentimiento de pertenencia.
Que nunca más se separarán, nunca más serán capaces de amar a otra persona porque se completan uno al otro y forman… La perfección del amor.
Cuando descubre la verdad, se queda un instante en silencio y no es consciente de ninguna otra cosa hasta que Sam le pide que los saque de allí.
En un movimiento rápido, Cass se acerca a ambos Winchester con intención de llevárselos del mundo de la televisión que ha creado el Trickster.
Cuando una fuerza lo empuja lejos de Dean y de Sam, cuando se ve expulsado de ese lugar, Castiel llega a una conclusión.
Ningún Trickster es tan poderoso, con lo cual, ambos Winchester se están enfrentado a otra cosa.
Piensa que, cuando consiga entrar otra vez en el mundo de cartón piedra, tendrá que explicar a los hermanos que la fuerza que los ha atrapado es algo diferente. Un poder demasiado parecido al suyo, lo que, Cass no lo duda, nunca es una buena señal.
Pov. Dean
Cass, gracias a Dios que estás vivo.
Dean ve llegar a Castiel y siente que todo está bien otra vez. Le da igual encontrarse en un concurso de televisión japonesa, con una pelota amenazando su hombría, ver ahí a su amor lo llena de felicidad, de hecho, respira de nuevo.
Le pregunta cómo ha llegado allí. Castiel le contesta, bastante furioso, que los ha estado buscando porque llevan días perdidos.
Dean reconoce en el genuino cabreo de su Ángel, lo muy preocupado que ha estado por él. Lo angustiado que ha debido sentirse sin tener ni la más remota idea de lo qué le había ocurrido.
En aquel momento ocurre algo que deja a Dean descolocado, además de estupefacto. El primogénito de los Winchester descubre que lee los sentimientos de su amor con facilidad. Mira un instante a su Ángel de la Guarda y lee una promesa de amor en su mirada. Una promesa de futuro. Una promesa de fidelidad escrita sobre su piel.
Se tiene que contener para no carcajearse en ese instante.
Porque a Dean se le cae la venda de los ojos, por fin, y comprende las razones de su Cass, comprende por qué ha hecho todo y también, que como él, está esperando a otro momento porque ¡Joder, tenemos el puto Apocalipsis encima no es hora de confesar mutuamente nuestro amor!
Dean ha dejado de pensar, ha dejado de sentir. Ha perdido la conciencia de sí mismo en el instante mismo en que su mirada y la de su Ángel de la Guarda se han cruzado, haciéndose una promesa silenciosa.
La voz del menor de los Winchester interrumpe el momento. A Dean lo que menos le apetece es escuchar a Sam, estar en un concurso japonés o enfrentarse a un Trickster cabrón. Pero Sam pide, a Castiel, que los saque de ese lugar y Dean no puede estar más de acuerdo con su hermano.
Su Cass se aproxima unos segundos a él, sin embargo una fuerza lo empuja lejos, llevándolo a otro lugar.
Dean desea gritar, desea maldecir de pura frustración, por perder de nuevo de vista a su amor, no obstante, el presentador japonés lo interrumpe diciendo que a Trickster no le gustan "los Ángeles bonitos", lo que confunde sobre manera al mayor de los Winchester.
¿Cómo ese dios pagano sabe que Cass es un Ángel del Señor?
Dean que no es tonto, aunque no tenga el privilegiado cerebro de Sam, sabe que algo huele a cuerno chamuscado y que ese Trickster cabrón puede estar ocultando algo importante.
El concurso sigue adelante, con todo, a Dean no le preocupa que sea así porque, ahora lo sabe, su Cass regresará para salvarlos.
Pov. Cass
Castiel no tiene ni la menor idea de dónde está cuando el cabrón que ha atrapado a los Winchester lo envía a otro lugar.
El sitio está vacío, no siente ninguna presencia amiga o enemiga, lo que le lleva a la conclusión de que, lo qué sea que está jugando con su Dean y Sam, se oculta de Ángeles, Demonios y demás criaturas.
Cass se siente reconfortado al saber que su cazador está a salvo y empieza a tantear dónde puede hallarse la salida. Cuando encuentra una brecha por la que salir llega a una desagradable conclusión.
Lo que ha atrapado a los Winchester es un Arcángel, pero ninguno de los que él conoce.
No es Raphael, porque reconocería su esencia aunque estuviese disfrazado.
No es Zacharias, porque ese no es el modus operandi de su antiguo jefe de filas.
No es Lucifer, porque Satanás sólo habría atrapado a Sam en el mundo de la televisión y habría asesinado a Dean.
No es Michael, porque el único recipiente del mayor de sus hermanos es Dean, y hasta que él acepte convertirse en un recipiente, el General de las huestes Angélicas no tiene sus poderes al cien por cien.
Camina por la brecha que ha hallado, llegando, otra vez, al mundo en que su amor está atrapado.
Pov. Dean
Dean está realmente harto del mundo de la televisión. No ayuda el saber que su Ángel ha sido arrojado, a saber a qué lugar, por el tipo que los tiene a él y a Sam atrapados. El hecho es que lleva tanto tiempo en el truco del Trickster que ya casi no diferencia lo que es real, de lo que no. Y la ausencia de Cass.
Lo. Está. Matando.
La angustia le oprime el pecho, ni siquiera es consciente de la forma en la que tiene que actuar, interpretando el rol que se le ha dado en el mundo del Embaucador para poder salir.
Y justo, cuando está a punto de rendirse, su amor aparece nuevamente.
Lo primero que ve Dean es que ha sido golpeado en un ojo, que un reguero de sangre cae por su frente y se muere por encontrar al cabrón que le ha hecho eso a Cass para molerlo a palos.
Le pregunta si está bien, cuando Castiel responde que sí se siente aliviado. Aunque la calma le dura poco, porque, nuevamente, algo golpea a su Ángel hacia una pared.
Pero antes de desvanecerse, su perfecto Ángel, le ha dicho que no se están enfrentando a un Embaucador. Justo en ese instante, el cabrón, hace su estelar aparición.
Con un movimiento hace desaparecer a Cass una vez más. Dean revienta en ese instante. Le reclama que lo saque de allí, le exige que los lleve de vuelta al mundo real porque han ganado en justa linde.
Pero el muy hijo de puta, se desvanece, dejando a Sam con Dean, solos otra vez y sin su amor a la vista.
Pov. Cass
Gabriel.
Es el primer pensamiento que ocupa la mente de Cass cuando por fin aparece el desgraciado que ha encerrado a Dean y Sam en ese mundo virtual.
A Castiel no le sorprende, para nada, que un Ángel del Señor, haya capturado a los dos Winchester.
Lo que le parece increíble es que sea Gabriel, al que todos dieron por muerto. El único de todos sus hermanos que se sentía cómodo con el ser humano. El único, de hecho, que siempre los había defendido a capa y espada, al menos hasta que se produjo la lucha entre Lucifer y Michael.
Se enfurece al ver lo que le está haciendo a Dean.
Un gesto de su hermano le muestra que tiene intención de hacerlo desvanecerse nuevamente.
Mira a Sam, después a Dean.
La mirada que le envía a su cazador es más profunda, más intensa, en ella le comunica todo. Sus sentimientos. Su promesa de volver a por él y el juramento silencioso de que, nunca, jamás lograrán separarlos.
Gabriel lo envía de nuevo hacia otra dimensión, pero Cass ya no se siente solo, porque en la última mirada que le proporcionó Dean le hizo una promesa silenciosa: Te encontraré, Cass.
Pov. Gabriel
Gabriel se queda pasmado al encontrarse a uno de sus hermanos en su mundo virtual.
No le sorprende tanto el hecho de que hayan dado con él, como que haya sido Castiel.
Uno de sus hermanos más pequeños, de hecho, un soldado raso, una categoría bastante inferior, dentro de las filas Angelicales.
Castiel no posee grandes poderes, como Raphael, Zacharias, Michael o Lucifer. De hecho, otra cosa que le sorprende es que ha roto la conexión con la red de Ángeles. Ha perdido la mayor parte de sus poderes, ya no tiene tanta facilidad para sanar sus propias heridas.
Le dio un par de azotes, pero no se ha recuperado de ellos.
Y ni siquiera fueron demasiado fuertes, sería abusar de mi cargo como Arcángel el golpear tan fuerte a un soldado de nivel inferior, un par de golpecitos de nada.
Aunque lo que más le intriga es la mirada que cruza con Dean Winchester. En ella ve algo diferente, distinto, al modo en que todos sus hermanos se relacionan entre sí. Es incluso… casi demasiado humano.
Gabriel ha caminado muchísimo tiempo entre los hombres y, a pesar de ello, aún no comprende demasiado bien su psique. Aún así, puede ver que el modo en que su hermano y Dean Winchester se relacionan es… es…
¿Demonios es posible que sea amor? ¿El más complicado sentimiento de los humanos?
Pov. Dean
Dean ha atrapado al Trickster una vez que ha descubierto que en realidad es un Ángel del Señor.
Y, sí, lo ha deducido él mismo, no su hermano pequeño. Se siente orgulloso de ello, aunque Dean sabe que si lo descubrió es por qué ese maldito tipo le ha dado un salto a su Cass, llevándoselo lejos de él. Algo que, Dean Winchester, no piensa tolerar bajo ningún concepto.
Así que ahora, en un círculo de fuego sagrado, el desgraciado le parece más pequeño, más insignificante y su cabreo ha aumentado a proporciones titánicas.
Primero, porque ese cabrón les ha dicho a él y a su hermano que, tarde o temprano, los hijos de puta de sus hermanos mayores, Michael y Lucifer, poseerán sus cuerpos, obligándolos a matarse entre sí.
Segundo, porque el capullo, no tiene intención de entrometerse en la pelea de sus hermanos, de quienes ha huido como un puñetero gatito asustado.
Tercero, porque ha reconocido claramente que siempre se ha sentido atraído por ellos porque conocía el final al que se enfrentarían.
Y, por último, pero desde luego no menos importante, porque el muy perro le ha dado un salto a su Cass y lo ha herido.
Así que, como no puede ser de otra manera, ante todos esos acontecimientos Dean Winchester explota. Su cabreo pilla por sorpresa a Sammie y a ¿Gabriel?
El primogénito de los Winchester amenaza al Ángel de mierda con embadurnarlo con aceite sagrado si no trae de vuelta, a mi precioso, perfecto, Ángel de la Guarda.
Pov. Gabriel
Así que es cierto, este tipo está enamorado de mi hermano Castiel. ¡Por el amor de mi Padre, de un Ángel del Señor!
No es raro, muchos Ángeles se han enamorado de seres humanos, muchísimos han caído, pero… ¿este tipo machote está colgado de un Ángel con un envoltorio masculino? ¿En serio? ¿Y acaba de llamarle Cass a secas? ¿A un Ángel del Señor?
Gabriel no puede creer lo que ven sus ojos. Ese insignificante humano lo ha amenazado a él, un Arcángel, el nivel más alto de las huestes celestiales, pero lo curioso del asunto es que, ni por un instante, ha dudado que lo matará si no trae de regreso a Castiel.
Entonces ocurre algo que descoloca a Gabriel. Desde el principio, desde siempre, en esta pelea se suponía que participarían los hermanos Winchester, nada más.
Sam en el papel de Lucifer, el hermano rebelde.
Dean como Michael, el hermano fiel a un padre ausente.
Pero, ¿un tercer componente en la batalla? ¿Un tercer miembro al que nadie había llamado? ¿Con el que nadie había contado?
Por un instante, Gabriel se obliga a reconocer que eso cambia las cosas, de forma determinante.
En un gesto trae de vuelta a Castiel para ver la manera en la qué se relaciona con Dean Winchester y, sobre todo, cómo esto puede influir en el desarrollo de la pelea final.
Pov. Cass
Castiel regresa con Dean. Al ver a su cazador lo primero que piensa es que no le ha fallado.
Su cazador lo mira angustiado, le pregunta si está bien. Cass sabe que Dean está realmente preocupado, lee en su expresión facial que necesita saber que está bien, que necesita comprobar por sí mismo si Gabriel no le ha engañado.
Con un cruce de miradas, un par de medias sonrisas dibujadas en sus labios, los dos mantienen una conversación que no necesita de palabras, que no precisa de gestos, porque sus almas comulgan una con la otra de una forma que Cass nunca ha sentido en su vida.
Cass se gira hacia su hermano, lo mira un instante con reproche.
Porque Gabriel, como la mayor parte de sus Hermanos, le ha fallado, huyendo en lugar de enfrentarse a la realidad del Apocalipsis. Escondiéndose, en lugar de colaborar para finalizar con la batalla.
La decepción surca sus facciones. Su hermano lo mira por un instante, con un brillo extraño, al que no le presta atención.
Después habla sobre su Padre, haciendo que Cass deje de intentar comprender lo qué se le pasa por la cabeza a Gabriel.
Pov. Gabriel
Y ahí está, esa cálida mirada, esa media sonrisa dibujada en sus labios. Esa forma de observar a Dean Winchester como si fuera el ser más importante del universo. Como si todo lo demás no existiera.
¡Lo ama profundamente!
Ha tenido el valor de aceptar ese sentimiento, lo ha reconocido ante sí mismo y eso lo convierte en una pieza clave en el tablero de ajedrez.
Porque Castiel, mi hermano, un insignificante soldado raso, jamás permitirá que se produzca la lucha.
No lo hará porque no quiere ver cómo Dean sufre.
No lo hará porque, ¡oh vaya!, piensa que si lo pierde, su propio mundo desaparecerá.
Están ligados, unidos. No hace falta ser Cupido para entender la conexión que hay entre ellos. Sus almas están en comunión.
Sí, todo es posible. Puede que la historia no acabe tan mal como imagino.
Gabriel tiene que ocultar la sonrisa que amenaza con surgir de entre sus labios al entender todo.
Su hermano acaba de darle una lección de humildad. Se siente mal por haberse escondido en lugar de tomar riendas en el problema de su familia, sin embargo no piensa reconocerlo.
Porque Gabriel sí es un bromista, siempre lo ha sido, y la posibilidad de ver cómo se desarrollan los acontecimientos le parece el mejor espectáculo que ha tenido la suerte de mirar en… ¡Milenios!
Gabriel observa a Cass, me gusta cómo suena, percibe la decepción de su hermano. Lee en su alma que está buscando a su Padre, pero también que ha traslucido algo de sus propios sentimientos.
Así que, para impedir que lea en él sus verdaderas intenciones, cambia de tema. Provocándole un pequeño cabreo a su hermano pequeño.
¡Oh, Padre, hacía tantísimo tiempo que no me divertía tanto!
Pov. Dean
Dean lleva tres semanas sin ver a Castiel, pero ya no se siente tan angustiado cuando eso ocurre.
Tras su encuentro con Gabriel está más seguro con respecto a su Ángel. Una parte de sí mismo siente que está en conexión permanente con su Cass a todas horas. Es una información que no ha confesado a su hermano, ni tiene intención de hacerlo, porque le gusta mantener una "relación secreta" con Castiel, aunque ninguno de los dos se atrevería a decirlo en voz alta porque el Apocalipsis está por caer y, en realidad, tampoco han sobrepasado nunca los límites de la amistad.
Por lo pronto siguen como si nada. Se relacionan de la misma manera en la que se han relacionado desde que se conocen. Pero los dos, Dean no lo duda, han entendido que ya no es lo mismo, que ha surgido algo poderoso entre ambos. Un lazo que los mantiene unidos. Un sentimiento que los envuelve y los reconforta cuando las cosas pintan mal.
Él sigue cazando, Cass sigue buscando a Dios. Todo parece igual, pero no lo es en absoluto.
Una llamada de Bobby los ha alertado de que en una ciudad se están produciendo muertes extrañas. De hecho, según les ha explicado dos jóvenes se devoraron mutuamente tras su primera cita. Por lo visto, también una pareja más veterana se asesinó mutuamente.
Así que en ese instante, Sam y él, se encuentran en un depósito, observando lo que parecen los órganos internos de las víctimas.
Para más inri, ese día es San Valentín y su hermano ha bromeado con lo que representa esa fecha.
En otro tiempo, Dean habría estado de acuerdo con las afirmaciones de Sammie, que forman parte del decálogo de fechas en las que se puede cazar una mujer soltera para pillar de Dean Winchester, pero lo cierto es que ahora que está profundamente enamorado, y se sabe correspondido, no le da tanta importancia al 14 de Febrero.
¿Para qué?
Para el primogénito de los Winchester el verdadero día del Amor es el 18 de Septiembre, cuando el dueño de su corazón, Castiel, un Ángel del Señor, lo rescató de los fuegos del Averno.
Aunque, no tenía ninguna intención de confesarle a su hermano todas esas cosas, ya lo haría más adelante cuando todo el lío del puto Apocalipsis se hubiera terminado.
Como Sam lo mira con suspicacia al ver que Dean no ha hecho ningún comentario sarcástico, ni ha apoyado su teoría, coge uno de los corazones que están analizando y le dice a su hermano.
¿Quieres ser mi Valentín?
Pov. Sam
Sam piensa que algo anda mal con Dean. Desde que se cruzaron con Gabriel actúa de manera rara. Está como… no ausente… sino… diferente.
Lleva más de tres semanas sin hablar de conquistas amorosas, tres semanas sin soltar ningún chiste verde poco apropiado para menores de 18 años, sin intentar llevarse a una mujer a la cama.
Y Sam, que desde que tiene uso de razón ha visto que su hermano vivía por y para el sexo, está preocupado por Dean.
¿A qué viene ese celibato? ¿Por qué no bromea sobre tías con delanteras del tamaño del Misisipi?
Encima, justo cuando piensa que ya nada le puede sorprender en Dean Winchester, el mayor le sonríe de forma ladeada, pone un corazón de los que está analizando delante de él y le pide que sea ¿su Valentín?
Sam no pilla la broma, de verdad que no. Sin embargo llega a la conclusión de que su hermano está loco y que necesita un buen revolcón. Se plantea seriamente llevarlo esa noche a un club para que Dean desfogue… es que verlo… tan jodidamente pasota del tema sexual… lo pone nervioso.
¿Se habrá metido el cabrón de Michael en mi hermano sin permiso?
No piensa más sobre ello cuando descubre una cosa que lo deja sorprendido. En los dos corazones que está mirando hay unas marcas en… ¿Enoquiano?
Explica a su hermano lo que ve y Dean llama a Castiel.
Qué cosa tan curiosa Dean parece haberse encendido como una candela
Pov. Cass
Castiel está en la casa de Dean, en Lawrence, pensando en los acontecimientos recientes de sus vidas. Llevan tres semanas sin verse, aunque el Ángel ya no está inquieto por ese hecho, sabe que Dean está a salvo.
Sus almas están en conexión permanente, 24 horas al día, 365 días al año, desde su encuentro con Gabriel.
Cass se estremece de felicidad al recordar ese día, en que todo entre ellos cambió. Todavía no puede creerse lo mucho que han evolucionado las cosas desde su primer encuentro.
Al principio, Castiel sólo era un Ángel de la Guarda, uno más de los miles de millones que hay repartidos por el mundo, entonces se cruzó por primera vez con Mary y su bebé.
A partir de ahí todo se transformó, aunque de forma paulatina, no fue un cambio radical. Al fin y al cabo para los Ángeles el concepto de tiempo era… maleable.
Cass y Dean, se habían encontrado. Se habían enamorado y se habían jurado amor eterno. Bueno, no literalmente, ¡Estamos en pleno Apocalipsis no es cosa de ir contando por ahí lo que hay entre nosotros!
En fin siguen relacionándose, aparentemente, de la misma manera que antes, pero de forma distinta.
A Cass le hace gracia el concepto de "relación" que hay entre los dos. No es algo que hayan reconocido abiertamente, pero ahí está, es lo que tienen. Aunque aún no haya habido besos de por medio o algo más.
Están juntos, en secreto, sin que nadie, salvo ellos dos, sea testigo del acontecimiento.
El Ángel está recostado tranquilamente sobre la antigua cama de Dean. Entre sus manos tiene el móvil y está observando una foto que le sacó a Dean, sin que se diera cuenta, un día mientras dormía.
Le gusta esa foto porque en ella mi cazador está tranquilo, relajado, sin todo el peso del mundo sobre sus hombros.
La manera que más gusta a Cass.
Cuando su móvil suena con el tono de Dean sufre un ligero sobresalto, la alegría lo embarga, siente mariposas en el estómago al saber que su cazador, su Dean Winchester, el amor de su vida, lo está llamando.
¡Qué bien que tengas una excusa para llamarme, amor!
